Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Mozo
-Hombre o mujer de buena presencia-
Antes de su treceavo cumpleaños viajó, en el lapso vacacional, a donde su abuelo. Su madre lo dejó en el aeropuerto con el temor que la hacía colocar la mano debajo de la oreja. A Natsuko le fue difícil acoplar sus horarios de trabajo y tuvo que dejarlo ir solo.
Michel lo esperaba del otro lado del mundo, con la barba hirsuta, la sonrisa y los ojos ansiosos por ver a su nieto. Lo atrapó entre sus brazos, vociferando risotadas.
No lo llevó a descansar a un hotel cercano, como lo hacía siempre que los recogía a él y a su madre en el aeropuerto. Salieron a buscar la motocicleta estacionada afuera y antes de que el motor gruñera, Michel le guiñó un ojo.
Takeru sintió que viajaba en el laberinto de un secreto.
En el trayecto, las canas grises, subiendo apenas por las raíces del cabello, le hicieron corregir la aparente edad de su abuelo. Envejecía, por supuesto que lo hacía. Pero el verlo tan fuerte hacía que lo olvidará.
Estacionaron en una calle de casas coloridas, ventanas con flores y una vista directa al Arc de Triomphe.
—Aquí creció tu madre sus primeros años —fue la primera vez que escuchó su voz agotada—, nunca la vendí y no me apetece usarla. Sin tu abuela es una casa más, como las otras. Prefiero vivir como cuando ella estaba conmigo.
Takeru asintió sin mediar palabra. Fue su gesto más sincero.
—Sabes, Takeru, nunca fui un buen padre ni un buen hombre de familia. Este modo de vida se adapta mejor a mí, ¿no crees? Por eso es necesario que sepas de una cosa muy importante; debes ser un buen mozo. Y yo te enseñaré a serlo. —Volvió a guiñarle un ojo azul, más cómplice que antes.
