Buenas noches.

Ya siento el inmenso hiatus de más de un mes que ha sufrido mi historia. La vida a veces es un poco más complicada de lo que uno quisiera y, entre el trabajo y cuidar de una hija, las horas y los días pasan sin que uno se de cuenta.

Espero que este capítulo os compense de tan larga espera.

Dedicado a todos vosotros, queridos lectores. Disfrutadlo.

Saludos desde el Muro.

Samwell123.

VEX 3

Estoy sentado en una silla en medio del Dal. Al otro lado de la mesa un iracundo Trick, destilando odio por cada poro de su piel, fija sus cansados ojos en mí. Los cuatro cambiaformas que me han atrapado, repartidos por la estancia, vigilan cualquier movimiento extraño.

—Sabes que puedo hacerlo en menos de un minuto, estúpido Mesmer —Trick hace un ademán con las manos, como queriendo señalar algo fuera del Bar—. En menos y nada mi sangre puede cambiar tu futuro. Y te aseguro que será un futuro muy, muy negro. Habéis matado a mi mejor soldado, mi amigo, mi confidente. Y tú y esa puta valquiria a la que en mala hora le regalé sus jodidas vidas lo vais a pagar caro, muy caro.

—No hemos sido nosotros —reafirmo mi versión por cuarta vez mientras intento sacudirme un poco la mano para ver si puedo canalizar mis poderes. No soy capaz de moverla, las ataduras están bien firmes—. Te repito que Dyson ha muerto por intentar matar a Lauren.

—Mientes —Trick da un gran golpe con el puño en la mesa. Uno de los cambiaformas desvía su mirada y la fija en su jefe, como pidiendo permiso para obligarme a decir lo que el Rey de la sangre quiere oír—. El era un soldado leal —Trick continua su letanía—. Yo le mandé traerme a Lauren, no matarla. Y él nunca desobedecería una orden mía.

—Dyson estaba colgado por tu nieta —reafirmo con una sonrisa. Desafiándole—. Y ya sabes que el amor descoloca al más pintado.

Estáis conspirando en mi contra, Vex —Trick sigue sumergido en su paranoia personal—. Liberasteis a Bo y le prometisteis traerle a Lauren a cambio de su ayuda para derrocarme. Por eso la tenías escondida en tu refugio. Ese ha sido tu plan desde el principio. ¿Verdad? —sus ojos inyectados en sangre me taladran, arrancándome un leve estremecimiento—. Aprovechar que Evony es humana para tomar el poder de los faes oscuros y, con la ayuda de Bo, lograr el poder total sobre los faes.

—¡Oh, Trick! — resoplo asombrado por la profundidad de su error. Tan grande es la mentira que se ha creado que está siendo victima de su propio engaño.

—¿Tú o la valquiria? Responde— el grito resuena por todo el Dal—. Da lo mismo —el Rey de la sangre sentencia con un movimiento de cabeza—. Vais a morir los dos. Y ahora dime donde está Bo.

Un golpe seco sacude la puerta del bar y esta, quebrada su cerradura se abre en su totalidad. Giro la cabeza en dirección a la puerta y contemplo a Tamsin parada en medio de la misma, valorando la situación de mis captores. Unos intensos ojos azules brillan en la penumbra del Dal.

—Creo que tu nieta está en la puerta —sentencio aliviado de que Tamsin no haya sido tan tonta de venir a rescatarme sin compañía—. Y no te va a gustar lo que tiene que decirte.

—Hola padre —los ojos azules desmienten con sus palabras mi creencia.

Trick contempla con preocupación a Aife, cuya presencia se hace patente al moverse Tamsin hacia el interior de la estancia. La valquiria se planta en medio del bar y sus facciones cambian, empezando a ofrecer esa terrorífica cara de la que a veces hace gala la princesa de las valquirias. Yo bajo los ojos, consciente de la que se viene encima. Trick, que se las sabe todas, me imita con celeridad. Los cuatro cambia formas apenas tienen tiempo de reaccionar antes de que el efecto Tamsin los deje confundidos y dubitativos.

La madre de Bo es rápida, muy rápida. En menos y nada ha cogido al primer cambiaformas y, sujetándolo por el cuello, le ha sacado toda la energía vital de un intenso y mortal chupetón. Una sombra oscura repta en dirección a la mesa en la que nos encontramos Trick y yo, acompañando en su movimiento a una letal Aife que ya va a por el segundo cambiaformas.

La sombra cobra vida a mi lado. Larga melena morena y chispeantes ojos azules.

—¿Kenzi? —ahora si que estoy sorprendido.

—Ayuda —la morena me guiña un ojo—. Luego hablamos —un cuchillo surge en su mano y de un certero tajo corta mis ligaduras—. Hola Trikster —Kenzi planta el cuchillo en la garganta de Trick un instante después.

Me levanto y me giro con rapidez. Un cambiaformas está disfrutando del tierno beso de la súcubo madre. Tamsin, de vuelta a su pose mas hermosa, acaba de sacar un par de afiladas medias lunas aceradas de su cazadora y las lanza en dirección al tercer cambiaformas. Mis poderes desatados obligan al otro cambiaformas a destrozarse la garganta con sus propias garras y este cae al suelo al mismo tiempo que Aife suelta a su presa desmadejada. Ambos contemplamos el letal vuelo de las medias lunas afiladas, arrancando destellos plateados al pasar por los arcos de suave luz proyectados sobre el bar, en dirección al pecho de un asombrado cambia formas.

—¡Joder! —exclamo asombrado al recibir las salpicaduras de sangre del último enemigo al recibir el brutal impacto en medio del pecho—. El ruido de su cuerpo al golpear el suelo del Dal acompaña mis palabras.

—¡Kenzi! —giro mis ojos y los fijo en la muchacha morena—tu no estabas en…

—El infierno —Kenzi termina la frase con una franca sonrisa—. Más o menos, pero Aife me rescató. Cosas de la conexión que tiene con sus profecías.

—¿Tú? ¿Fuiste tú? —murmura un sorprendido Trick desviando su mirada hacia su hija.

Padre —Aife destila odio en cada una de sus palabras—. ¿Pensaste que una daga, por muy mágica que fuera podría asesinarme? —Aife camina lentamente y se sienta en una silla junto a la mesa. Una señal y Kenzi obliga a Trick a sentarse enfrente suya— Lo único que conseguiste es que no pudiera usar mis poderes y tuviera que sanar como una humana más. Y justo cuando me había sanado el portal se abrió lo suficiente para que los poderes de Arhiman surgieran por breves momentos a través de el. Y ya sabes lo que significa eso.

—Bo —sentenciamos a la vez Tamsin y yo mientras me siento en otra de las sillas y la valquiria se acerca a la mesa—. Los poderes dominaron a Bo.

—Liberaron las memorias perdidas de Aife —Kenzi nos dedica una mirada complacida a todos—. Y mejor que os lo explique yo. Si Aife os lo enseña tal y como hizo conmigo de seguro que os dolerá. Y mucho.

—¿Qué memorias? —la voz de Tamsin está teñida de confusión.

—Aife nunca fue una rebelde —Kenzi busca en la madre de Bo su aprobación para continuar. Aife asiente con un leve movimiento de cabeza—. Fue una victima más de las maquinaciones de Trick. Un intento del rey sangriento, asustado como estaba por el gran poder que emanaba del ser con el que estaba confabulado para dominar el mundo, de eliminar toda certeza de dicha relación.

—Cabrón —Tamsin se adelanta un paso buscando la confrontación con Trick. Aife la detiene con un ligero movimiento de su mano.

Ella y Marcus —Kenzi continua su relato—fueron sus inocentes victimas.

—¿El mismo Marcus que te atrapó y que está persiguiendo a Lauren? —inquiero asombrado.

—El padre de Bo —sentencia Aife con un deje de nostalgia—. Y basta de explicaciones, que el tiempo apremia. Kenzi —Aife fija su mirada en la morena—vete a buscar a mi hija y que te acompañe Tamsin. Por el camino le explicas todo a la valquiria. Tú —Aife me dedica una intensa mirada—me vas a ayudar a contener a mi padre. Él es la clave de todo y nos va a ayudar a revertir esta situación.

—Vamos —Kenzi retira el cuchillo del cuello de Trick y me mira, esperando mi aprobación.

—Lo tengo —le confirmo a la morena tras lanzar mis poderes y dominar a Trick con ellos.

Kenzi pasa al lado de la valquiria y, tras posar una mano en su hombro y dedicarle una intensa y feliz mirada, amabas abandonan el Dal. Aife va tras ellas y cierra la puerta del bar, apuntalándola con una silla para que se mantenga cerrada. Pasa por la barra para recoger una botella y tres chupitos y regresa a la mesa. Con deliberada lentitud llena los tres vasos y nos ofrece uno a mí y otro a Trick. Apura el suyo de un trago y sus ojos empiezan a flamear de un azul intenso de nuevo. Yo apuro mi chupito, temeroso de esa mirada azulada. En verdad la madre de Bo tiene pinta de ser un ser sumamente poderoso. Trick, en cambio, sostiene la mirada de su hija tras apurar la bebida.

—Ya sabes que hay que hacer, padre —la súcubo enfrenta al rey sangriento—. En cuanto venga Bo y de su consentimiento lo vamos a hacer, así que vete preparando. Yo lo he intentado, pero estuve tanto tiempo bajo el influjo de Arhiman que poco puedo hacer que le dañe. Tú estuviste menos tiempo bajo su poder y eres mucho más poderoso que yo. Tú podrás.

—No puedo, hija —Trick dulcifica su voz —¿Crees que no lo he intentado? Eso que me pides es imposible.

—Mientes —el azul de los ojos de Aife se vuelve letal—Tienes miedo y no te atreves a hacerlo.

—Miedo de las consecuencias —Trick se mantiene firme.

—¡Hipócrita! —Aife se mueve con rapidez, posando su cara a escasos centímetros de su padre—. Por un momento estoy seguro de que lo va a dejar seco.

—Y que tal si me explicáis de que estáis hablando —sentencio llenando de nuevo los vasos e intentando poner un poco de cordura en la mesa.

—Trick tiene miedo de perder su poder, como siempre —Aife escupe las palabras con desprecio.

—Ella quiere que cambie el futuro de Bo —Trick rebate a su hija—. Y las consecuencias pueden ser desastrosas.

—¿Cómo de desastrosas? —mi mano libre apura el chupito para insuflarme un poco de valor y empujo con suavidad a Aife del hombro, devolviéndola a su posición.

—Nada —Aife se bebe el licor—. Puede que no pase nada…

—O puede que toda nuestra raza desaparezca, Vex —Trick acaba la frase—. Aife quiere que desate el más que posible fin de los faes.

—¿Me lo explicáis mejor?

—El destino de Bo está ligado al destino de los faes. Uno y otro van de la mano. Si convierto a Bo en algo que Arhiman no pueda usar para sus fines su plan se desmoronará.

—¿En qué quieres convertir a Bo? —poso mi mirada asombrada en Aife.

—En una humana —Aife me mira con gran dolor—. Es en lo único que la podemos convertir para evitar que Arhiman la domine y la use para nuestros fines.

—¿Y nosotros? ¿Nos convertiremos en Humanos también?

—Eso creo —murmura Aife.

—En nada. Nos convertiremos en nada —sentencia Trick—. Nos desharemos en motas de polvo y dejaremos de existir. Tú sabes que eso es lo que va a pasar.

—No, padre. Tu miedo no es desaparecer —Aife por primera vez le habla a su padre con un ligero deje de ternura—. Tu miedo es convertirte en un ser humano y perder todo tu poder. Convertirte en uno más.

—Vex, escúchame —Trick desvía su mirada y la centra en mis ojos, intentando devorarme con su poder de convicción—. Eres el último Mesmer. Lo único que queda de tu especie y no puedes dejar ese futuro en manos de mi hija. Ella está loca y lo único que quiere es destruirnos dominada por sus ansias de venganza. Los ancianos están avisados de tu captura y llegarán aquí de un momento a otro. Ayúdame a controlar a mi hija y te garantizo su perdón y el mío. A ti y a la valquiria. Os liberaré a los dos de todos los cargos y seréis libres de marcharos de aquí y estableceros allá donde queráis. Siempre que sea lejos de esta colonia —desliza la última frase con suavidad, dejando que madure en el ambiente y esperando que cale en mi conciencia—. Es lo más que puedo hacer, y dado la naturaleza de vuestros crímenes mucho es.

—Libertad —murmuro—. Libertad y destierro.

—Destierro no —Trick pelea por convencerme—. Futuro, Vex. La seguridad de que existe un nuevo amanecer. Y eso es algo que mi hija no puede ofrecerte.

—¿Qué te hizo tu padre? —vuelvo la mirada hacia Aife, buscando la confirmación de algo que bulle en mi interior. Algo que se rebela contra una palabra. Destierro, destierro, triste destino para el último Mesmer. Mejor morir que vivir con vergüenza, algo que es lo que llevo toda la vida haciendo. Quizás la hora del cambio haya llegado.

—Mi madre murió por su culpa —Aife señala a Trick—. De aquella maldita emboscada solo sobrevivimos Marcus y yo. Para cuando volvimos al castillo familiar él ya había escrito las leyes de sangre y la profecía que me condenaba a ser la reina de la misma. Escribió mi condena sin titubear, pues Ahriman me convirtió en el centro de su despiadada caza.

—Pensaba que estabas muerta —Trick intenta justificarse.

—Calla —desato mis poderes un poco más y hago enmudecer al mismísimo rey de la sangre.

—Ahriman no tardó en darnos caza a Marcus y a mí —Aife continua su relato— y pase cientos de años presa de su negro poder. Sufriendo lo indecible, pero siempre negándome a ser aquella en que mi padre me había condenado a ser. Ese ser demoníaco llegó incluso al extremo de concederle poderes a Marcus y convertirlo en casi inmortal, para que fuera mudo testigo de mi agonía. Nos torturó y manipulo a los dos, intentando doblegarnos. Pero toda oscuridad tiene su fin, o eso creía. Un día Marcus, con la ayuda de Talyssa…

—El fénix —interrumpo asombrado de la conexión de tan poderoso fae con los acontecimientos.

—Sí —Aife asiente con la cabeza—. Talyssa y Marcus eran amigos y ella le ayudó a liberarme. Después de aquello conseguimos escondernos del poder de Ahriman y logramos disfrutar de una época de felicidad. Tuvimos a nuestra hija, nuestra pequeña Bo. Pero todo era falso, una ilusión. Ahriman había corrompido a Marcus y el precio de mi libertad había sido su tan anhelada reina. Ya que no pudo doblegarme, me hizo concebir un ser impregnado de sus poderes a través de su padre. Entonces huí. Huí lo más lejos que pude y me llevé a Bo conmigo. Atrás dejé al ser amado, consumido por la locura y el dolor de nuestra ausencia. Locura y dolor que se empezaron a instalar en mi —Aife reprime una lágrima y continúa su relato con más fuerza—. Entonces mi padre, que desconocía mi paradero hasta entonces, descubrió el verdadero alcance de lo escrito cientos de años atrás a la tenue luz de una vela. Descubrió el precio de aquellas letras impresas con su sangre maldita.

—Una hija medio loca y una nieta depositaria de los poderes más oscuros concebibles —Trick suspira—. Algo de lo que me he arrepentido siempre.

—Arrepentirte, tú —los ojos de Aife son dos ascuas azuladas. La ira la consume—. ¿Sabes que hizo, Vex? ¿Sabes que hizo el rey de la sangre para ayudar a su estirpe?

—Dime —le sirvo a la súcubo un nuevo trago, confiando en que el alcohol la contenga un poco.

—Desvincularse de todo aquello —Aife apura el licor de un trago—. Ocultar las consecuencias de sus actos, temeroso de perder su poder si los faes sabían de aquella niña concebida al amparo de su profecía. Cambió mi futuro y me convirtió en una loca rebelde a la que ningún fae prestara crédito. Lo justo tuve tiempo de escribir una profecía que protegiera a mi hija de su cruel destino antes de que todos esos recuerdos desaparecieran en una bruma sanguinolenta. Un agujero negro en mi cerebro que, poco a poco he ido llenando.

—Hija —Trick busca algo de misericordia.

—Talyssa, padre. Talyssa también —replica Aife—. No hace falta que me lo confirmes porque lo siento aquí dentro. Siento que tengo razón. Cambiar el futuro del fénix era muy arriesgado. Cambiar el futuro de un fae tan poderoso conllevaría un alto precio, así que buscaste otra solución.

—Talyssa procreó con un humano —Trick intenta evadir su culpa—. Algo penado con la muerte por la leyes faes.

—Yo estaba allá padre. Estaba llegando a su casa a pedir refugio y consuelo cuando vi como la detenían, justo antes de que mi futuro cambiara. Y ahora se que fuiste tú quien mando encontrarla y denunciarla. Con Talyssa muerta, eliminabas todo rastro de tu traición. ¿Sabes que tenía dos hijos?, bastardo.

Trick permanece callado. No creo que le queden argumentos para rebatir las acusaciones de su hija, y si los tiene mejor se los guarda ya que la súcubo arde en ira. Yo por mi parte me reafirmo en mi decisión tomada, casi sin saberlo, hace unos cuantos minutos.

—Esperaremos a Bo —sentencio posando mi mano en el brazo de Aifa y transmitiéndole todo mi apoyo.

Los minutos pasan lentamente. Mi mano casi adormecida debido al esfuerzo de impedir el movimiento de Trick emite una muda protesta. Aife calla. Calla y devora a su padre con sus intensos ojos azules. Trick calla y parece estar dormitando.

Un seco golpe en la puerta nos sobresalta. La voz de Kenzi anunciando su llegada disipa la inquietud de que sean otros los que estén al otro lado de la puerta.

—Abre, Vex. Yo puedo con mi padre —Aife me señala la puerta.

Me dirijo a la puerta y, destrabándola de la silla, la abro para dejar paso libre a Kenzi. Detrás de ella viene Martin y, cerrando el grupo la valquiria. No hay ni rastro de Bo.

Poso mi mirada en Tamsin, buscando alguna explicación a la ausencia de Bo, pero la voz de Aife reclama nuestra atención.

—¿Dónde está Bo? —Aife nos mata con su mirada azulada.

—Bo está… —kenzi se apresura a intentar calmar a la súcubo.

—No —Tamsin detiene a la morena con un gesto de la mano, mientras señala a Trick

—Lo sabía —Trick levanta la cara y, en su mirada sagaz hay una pizca de satisfacción y superioridad—. Tus queridos amigos son unos mentirosos, hija. No están con Bo. Están a su aire, intentando arrebatarme el poder. Te están usando para sus fines y, cuando yo caiga, tu caerás también. Aunque eso no creo que ocurra.

—"Sus manos" —el pensamiento me golpea con rapidez—. Las tiene ocultas.

Emprendo el camino a la mesa mientras intento advertir a Aife de que algo está tramando su padre. Las palabras se niegan a salir de mi boca, mis pasos se hacen lentos, las distancias se alargan. Nadie en el Dal pronuncia palabra alguna, como si el mundo se hubiera congelado en ese mismo momento. Logro atisbar un destello plateado en las manos de Trick un momento antes de que se levante con una letal daga en las manos. De una de sus muñecas mana un fino chorro de sangre. La silla en la que estaba sentado cae al suelo y puedo adivinar unos extraños signos escritos en la misma. Trick ha usado su poder para someternos a todos. Intento lanzar mis poderes, pero me es imposible hacerlo. Lo justo consigo apoyar mis manos en la mesa y dirigir una asustada mirada a una sorprendida Aife.

—Es necesario, hija —la fría voz de Trick acompaña el movimiento de la daga buscando la garganta de Aife.

—Tamsin —susurro sin convicción.

La daga se acerca a su destino. Aife no puede si no mirar como su muerte se aproxima…

Un sordo susurro. Un ligero golpe de aire. Una valquiria en suave movimiento. Su cara es una mueca de dolor inmenso. Sus alas, desplegadas cual capa protectora la guian con lentitud hacia su objetivo. Una media luna plateada destella a la tenue luz del Bar. Su filo acerado promete muerte.

La daga de Trick roza la garganta de Aife. Una pequeña gota de sangre tiñe la punta.

La cabeza de Trick se desplaza, como a cámara lenta hacia atrás. El filo acerado la recorre de punta a punta. La maldita sangre del rey sangriento mancha la mesa. La valquiria ahoga un gruñido profundo. El mundo se acelera y vuelve a su ritmo normal.

—Se acabó —Tamsin deja caer la cabeza de trick sobre la mesa con alivio.

El gorgeo de la sangre de Trick, manamdo de sus venas hinchadas, acompaña el silencio que se ha posado, como un negro manto en el Dal. Trick levanta la mirada, posandola en su hija. Una muda súplica muere en sus labios, igual que mueren sus manos sin llegar a tapar la herida. Todo ha terminado en un instante.

—¿Qué has hecho, valquiria? —AIFE se revuelve. Sus ojos azulados destellan incandescentes.

—Aife —Grito mientras lanzo mis poderes tratando de sujetar a la súcubo.

—Oh, vamos —Tamsin le dedica una sonrisa—. Ahora te haces la indignada. No me digas que no se lo merecía. Kenzi me ha contado toda la historia.

—Yo misma lo hubiera matado si no lo necesitáramos —Aife replica con rabia—. Te das cuenta de que acabas de cortarle la garganta a la única persona capaz de resolver nuestros problemas.

—Aife —Kenzi ha atravesado la habitación en un momento y posa su mano en el hombro de la súcubo, tratando de calmarla—. Hay otra solución, Lauren. Lauren puede convertir a Bo en humana y desligarla de Ahriman. Ella ya lo ha hecho antes. Convirtió a Evony en humana y de seguro que puede hacer lo mismo con Bo. Ahora mismo Bo está yendo a buscarla. Están en Mexico y él —la morena señala a Martin—sabe donde encontrarlas.

—¿Quién es? Y como sabes que podemos fiarnos de él.

—Es Martin. Martin beattie —hago hincapié en el apellido buscando la comprensión de la súcubo—. Es el hermano de Lauren. Son los hijos del fénix. La estirpe de Talyssa…