HORIZONTES DE LUZ

Por Evi

o O o


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EL FUTURO COMIENZA AQUÍ.

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Después de su improvisado desayuno, Rick retó a Lisa a una carrera hasta el lago. Ella no iba a negarse ante semejante reto, además ella conocía el lugar mejor que él y sabía que había atajos. Los dos salieron a toda prisa desde la cima de la colina y corrieron cuesta abajo sin dejar de reír ni de gritar. Aquello les estaba divirtiendo bastante, aunque en varias ocasiones estuvieron a punto de caer o resbalar, pero se repusieron de tus tropiezos, dando traspiés y riendo divertidos mientras se bromeaban mutuamente y trataban de sacar ventaja sobre su contrincante.

Finalmente el lago estuvo frente a ellos y en la recta final, las ropas del piloto comenzaron a quedar regadas a lo largo del camino mientras él se preparaba para el chapuzón que marcaría el fin de la carrera.

- ¡Rick! – Lisa gritaba, yendo a la par que él. - ¡No hagas eso, no puede ser cierto lo que dijiste de que—¡AHHHH!

Lisa lanzó un grito cuando Rick atrapó su mano y brincó al agua, haciendo que ella siguiera su trayectoria y también cayera a las cristalinas aguas del lago que, tocadas por el sol de media mañana, comenzaban a entibiarse. Sobre la superficie aparecieron bastantes burbujas, segundos después la cabeza de Lisa apareció mientras ella tomaba aire y se quitaba el cabello de los ojos. Casi simultáneamente Rick emergió del agua, riendo divertido.

- ¡Te gané! – Anunció a todo pulmón.

- ¡NO ES CIERTO! – Lisa se defendió. – Además pagarás caro por esto, Rick… ¡Me mojaste toda!

- Yo te lo advertí, Lisa. – Rick la estaba salpicando en el rostro con agua. – Si me hubieras hecho caso te hubieras quitado la ropa como yo lo hice.

- ¡Eres un exhibicionista y un pervertido! – Lisa comenzó a echarle agua al rostro también. - ¡Me da vergüenza estar aquí contigo, Rick Hunter!

- ¡Sí, cómo no! – Rick se rió. – Admítelo, Hayes… el solo pensar que tienes a tu piloto favorito desnudo en el agua hace que el corazón se te acelere… ¡Mírate, estás sonrojándote!

- ¡No es verdad!

Rick se sumergió de improviso y Lisa miró a su alrededor, tratando de localizar hacia donde se dirigía. De pronto grito y comenzó a manotear, mientras se hundía momentáneamente en el agua para reaparecer casi de inmediato. Arrojó agua por la boca y enseguida sus ojos brillaron con fuego cuando el rostro sonriente de Rick apareció frente a ella.

- ¡Hunter!

El piloto levantó su trofeo: los pantalones de ejercicio de Lisa. Ella se sonrojó profundamente y se lanzó sobre él, lo que sólo consiguió hacerlo reír aún más y alejarse rápidamente de ella, para después sumergirse y volver a toda prisa para seguir con su ataque despiadado sobre su almirante. Aquello fue una batalla campal durante varios minutos, hasta que Lisa comprendió que era una causa perdida. Cuando la cabeza del piloto volvió a emerger del agua después de varias inmersiones, Lisa lo miró provocativamente a los ojos y lentamente se deshizo de su sudadera. Los ojos de Rick se agrandaron con la sorpresa y una sonrisa traviesa apareció en sus labios al tiempo que se acercaba lentamente a Lisa y la abrazaba por debajo del agua.

- ¿No es mejor rendirse sin pelear, preciosa¿Qué caso tiene tratar de oponerse a mis deseos? Al final tú y yo sabemos que siempre me salgo con la mía.

- ¡Eres una rata! – Lisa se rió contra sus labios. - ¿Sueles nadar desnudo en muchos lagos, Hunter?

- Nope… primera vez. ¿Y tú?

- También para mí.

Los dos comenzaron a besarse suave y traviesamente. Después de unos minutos de besos y caricias ambos se sintieron juguetones y se empezaron a perseguir, a hacerse cosquillas, a sumergirse para besarse debajo del agua, a retarse a carreras y competencias de las que realmente no salía ningún vencedor, pero que los mantuvieron felices y ocupados por horas.

Salieron del agua para descansar un rato mientras, tendidos de espalda al sol, disfrutaban del calor y del toque de sus rayos sobre su piel desnuda, mientras conversaban de mil cosas diferentes, se besaban suavemente, se contemplaban extasiados, sonriéndose con amor y acariciándose con ternura… finalmente terminaron por adormilarse al sol por espacio de una hora, disfrutando de aquel día tan maravilloso y de la alegría de estar juntos.

Después de eso volvieron a entrar al agua y pasaron un par de horas jugueteando y portándose traviesos. Después de nadar, jugar y reírse como locos durante toda la mañana, ambos se sentían exhaustos. Se dieron unos momentos para descansar en un pequeño estanque que se había formado entre unas rocas en la orilla del lago. El agua en ese lugar era un poco más fría que en el lago, pero mientras ellos se besaban y se acariciaban, no parecían sentir el descenso de la temperatura.

A Rick le gustaba el aroma de la piel de Lisa, la manera en como el agua resbalaba por su piel desnuda que olía a pinos, a flores silvestres, a bosque… sus ojos brillaban magníficamente capturando los destellos del sol sobre el agua. Su cuerpo se sentía suave y delicado mientras él lo abrazaba posesivamente contra el suyo y la besaba con pasión y con urgencia. Ella se dejaba consentir, mientras acariciaba el cuerpo fuerte y recio del piloto, trazaba sus músculos bien delineados con la punta de sus dedos y los enredaba en el cabello ensortijado de su nuca. Rick gemía contra sus labios, obviamente disfrutando de aquellas caricias.

Cuando finalmente sus cuerpos les dejaron saber que el agua de aquel pequeño estanque era demasiado fría para ellos, los dos salieron y se fueron a secar al sol. Sentados sobre la hierba, contemplaron el paisaje durante un buen tiempo. Rick se había puesto sus pantalones de ejercicio y Lisa su sudadera. Era delicioso estar en ese lugar, acariciados por la suave brisa del bosque y abrazados por los rayos tibios del sol de la tarde.

Ambos estaban exhaustos y hambrientos y cuando Lisa hizo la sugerencia de que fueran a comer algo, Rick sacudió la cabeza y sonrió traviesamente. Ella lo miró y se preguntó que traería entre manos su piloto ahora.

- Antes de que regresemos a la casa hay algo que me gustaría que hiciéramos, amor.

- ¿Qué cosa, Rick?

- Bueno… espérame aquí, no tardo.

El piloto se puso de pie y recogió su camiseta y sus zapatos tenis, se los puso y se inclinó para besar a Lisa en la frente antes de salir corriendo rumbo a la casa. Ella lo miró alejarse y sonrió al tiempo que sacudía la cabeza y suspiraba. Jamás podría adivinar qué era lo que pasaba por la mente de Rick y aquello la fascinaba. Se puso de pie lentamente y miró a su alrededor, disfrutando del paisaje. Recogió sus pantalones de ejercicio y sus zapatos y se vistió, sacudiendo la cabeza entre apenada y divertida al pensar en las cosas que el piloto la hacía hacer… y las cosas que ella estaba dispuesta a hacer por él.

Sin percatarse de ello Lisa había caminado alrededor del lago, hasta llegar a un antiguo embarcadero semidestruido. No pudo evitar una momentánea expresión de tristeza que apareció en su rostro cuando recordó que ese era el lugar en donde había visto a Karl Riber por última vez el día que él se había ido a despedir de ella.

- A decir verdad fue una despedida fortuita. – Lisa pensó. – En realidad él vino con su padre y yo estaba aquí… no sé cómo hubieran podido ser las cosas de otro modo pero… Karl, siendo totalmente sinceros creo que las cosas sucedieron como debían suceder… durante mucho tiempo tu recuerdo me enveneno el alma y la sangre… pero ya no es así. Creo que de alguna manera debo de despedirme de ti para siempre. El ciclo se cerró y yo… yo estoy donde debo de estar y con quien debo de estar.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se acercó a un árbol cercano al embarcadero y sus ojos fueron capturados por unas marcas en el tronco. Lisa pasó sus dedos por aquellas marcas y sonrió al recordarlas: eran sus iniciales. Ella misma las había grabado en aquel árbol poco antes de partir rumbo a la academia. No recordaba porqué lo había hecho, pero ahí seguían esas dos letras en el tronco del árbol: LH.

Estaba en eso cuando sintió la mano de Rick posarse suavemente en su hombro y sonrió al sentir sus labios besándole cariñosamente la mejilla. Ella puso su mano sobre la de él y se acurrucó contra su cuerpo.

- LH… Lisa Hayes. – Rick sonrió. - ¿Las pusiste tú?

Lisa asintió levemente con la cabeza, sin dejar de observar aquellas letras.

- Me gustaba sentarme debajo de éste árbol y observar el lago y la casa… a veces iba a remar también. Las puse antes de irme a la academia. Supongo que fue una manera de marcar mi territorio. – Lisa se rió.

Rick se movió un poco y Lisa levantó las cejas cuando vio una navaja suiza aparecer mágicamente en la mano de él mientras se acercaba al árbol y con gran precisión comenzaba a grabar sus propias iniciales en el tronco: RH. Ella no pudo evitar el sonreír. Aquello era correcto y se sentía bien. Él la miraba por sobre su hombro de vez en cuando, sonriéndole cariñosamente mientras trabajaba. No le tomó más de diez minutos el tener sus iniciales junto a las de Lisa. Dio un paso atrás para admirar su obra y ambos observaron el tronco en silencio por unos minutos.

- Se ve bien. – Lisa comentó.

- Hmmm… siento que algo les falta.

- ¿Algo como qué?

- Como esto…

Rick volvió a dar un paso al frente y entre las iniciales de ambos grabó un corazón. Lisa sonrió de oreja a oreja y se acercó para abrazar a Rick por la espalda mientras él trabajaba diligentemente en su obra.

- ¡Te amo tanto, Rick! No tienes idea… no puedo explicártelo ni ponerlo en palabras. – Susurró contra su espalda.

El piloto sonrió suavemente y suspiró, bastante complacido con su trabajo. Besó sus dedos y los colocó sobre el corazón antes de mirar a Lisa. Ella tomó aquella mirada como una invitación a hacer lo mismo que él había hecho. También dejó su beso sobre aquel corazón. Enseguida él la besó en medio de los ojos y los dos se sonrieron con amor.

- Yo también te amo, Lisa… y por eso traje algo que va a ser un símbolo de nuestro amor.

- ¿Y qué es?

- Esto…

Lisa miró que a los pies de Rick estaba un pequeño envoltorio… era en realidad un arbolito de apenas un metro de altura con sus raíces dentro de un recipiente especial para transporte de árboles. Ella supo enseguida que él lo había sacado de la reserva ecológica.

- ¿Qué es esto? – Lisa se inclinó para mirar al arbolito de frente y acariciar sus hojas. - ¡Es hermoso!

- Es un cedro. – Rick sonrió. – En realidad no es una especie nativa de esta región y originalmente me iban a dar un abeto pero… me dijeron que podíamos intentar con este arbolito como parte de la campaña de reforestación fuera de la zona de conservación ecológica. Así que aquí lo tienes.

- Pero… - Lisa miró a Rick con una sonrisa. - ¿Para qué?

- Pensé que sería bonito plantar un árbol juntos aquí, en la residencia Hayes… - Rick se encogió de hombros. – Regresar aquí cada año y verlo crecer y fortalecerse, como un símbolo de nuestro amor. Además los de la reserva ecológica me dijeron que el cedro significa la fortaleza del amor eterno. No sé si sea cierto o no, pero a mí me gustó la idea. ¿Qué te parece?

Lisa se puso de pie y se acercó a Rick, deslizándole los brazos por la cintura para abrazarlo estrechamente. Él correspondió a aquel abrazo poniendo sus brazos en torno a su cuerpo y acurrucándola contra su cuerpo.

- Gracias Rick. – Lisa susurró. – Gracias por todo lo que me das, por todo lo que haces por mí… y por ser el hombre más maravilloso y detallista del mundo.

Él se sonrojó levemente pero no pudo responder a eso. Simplemente sonrió e hizo lo que mejor sabía hacer: la besó en los labios. Cuando se separaron, él la tomó de la mano y le dijo que debían buscar un lugar en donde plantar al pequeño. Lisa eligió un lugar cercano a donde estaban en esos momentos. De esa manera, cuando el arbolito creciera, sería visible desde la casa familiar.

Los dos se arrodillaron y comenzaron a hacer el agujero en la tierra con los instrumentos de jardinería que Rick había traído consigo. Aquello les tomó un buen rato, pues la tierra estaba bastante compacta en aquel lugar. Mientras trabajaban los dos hablaban de los planes que ambos tenían para el futuro de la propiedad de los Hayes. Los dos querían restaurarla… no querían que el legado de la familia se perdiera. Además pensaban que ellos eran un nuevo comienzo para la familia, la continuación de la saga de los ahora Hunter-Hayes. Aquellos apellidos sonaban bien juntos y ambos así lo pensaban.

Cuando el agujero estuvo listo, entre los dos liberaron al arbolito de su recipiente plástico y entre los dos lo colocaron en su sitio en la tierra. Una vez que estuvo ahí, lo observaron con interés y con cariño. Rick sacó la cámara fotográfica que llevaba en el bolsillo y le guiñó el ojo a Lisa.

- Creo que es un momento histórico para la familia, amor… ¡Sonríe!

Se tomaron varias fotografías antes de finalmente comenzar a cubrir con tierra las raíces del arbolito, cosa que también hicieron en equipo. Finalmente contemplaron su obra por varios minutos, abrazados y sin dejar de sonreír. Rick miró a Lisa y ella se paró de puntitas para besarlo suavemente en los labios.

- Bien, - Habló la almirante. – El futuro empieza aquí¿no es así?

- Supongo que sí… ¿Te imaginas cuando, dentro de muchos años, estemos de pie aquí mismo, mirando a un árbol de 30 metros de altura y preguntándonos cómo es que el tiempo pasó tan rápido?

- Sí, sí lo imagino. – Lisa se acurrucó contra el cuerpo de él.

- Toda una vida a tu lado. – Rick sonrió. - ¡Lisa, me siento muy feliz¿Te imaginas lo que estaremos pensando en ese entonces¿Los recuerdos que tendremos?

- No lo sé, Rick… prefiero no adelantarme a los hechos. Prefiero vivir aquí y ahora y disfrutar cada segundo a tú lado… piloto.

Rick sonrió enternecido y se inclinó para besar a Lisa larga y profundamente en los labios. Ella correspondió aquel beso cargado de ternura y amor y cuando se separaron se sonrieron. Ella acarició su rostro y lo besó en la punta de la nariz.

Se hacía tarde y ambos estaban hambrientos y muy cansados. Dedicaron un tiempo para recoger todas las cosas que tenían en la colina y alrededor del lago. Luego volvieron a la casa dispuestos a comer una comida abundante y deliciosa… y después darse un baño tibio que ambos necesitaban urgentemente.

Rick estaba tan agotado que el prospecto de pasar el resto de la tarde descansando le pareció una buena idea… hasta que Lisa, desde la cocina, anunció que se sentía algo adolorida y que después del baño que pensaban tomar, nada le caería mejor que un buen masaje. El piloto sonrió radiantemente, sabiendo exactamente a lo que ella se refería con aquello.

- ¿Así que cumplirás con tus pendientes, no es así Hayes? – Preguntó, entrando a la cocina.

- Siempre, mayor Hunter. – Lisa le guiñó el ojo. - ¡Siempre!

Rick la contempló deslumbrado por unos segundos mientras ella se movía por la cocina, preparando la cena. Sonrió traviesamente pero antes de que pudiera hacer o decir nada, un trapo cayó sobre su cabeza.

- ¡Pero primero tendrás que ayudarme, Rick! Esos trastes sucios no se van a lavar solos¿sabes? Y yo estoy muy ocupada preparando nuestra carga de carbohidratos y proteínas.

- ¡A sus órdenes, almirante!

El joven piloto se cuadró formalmente y fue una de esas extrañas ocasiones en las que obedeció las órdenes de su oficial superior sin cuestionarlas.

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La música suave e invitante que provenía del salón de estar apenas y parecía llegar al baño en donde Lisa y Rick disfrutaban de su mutua compañía mientras compartían un tibio baño de burbujas en la tina. Ella, con su espalda recargada en el pecho desnudo de Rick no podía dejar de sonreír mientras sentía los labios del piloto besándola suavemente en los hombros, dándose su tiempo, probando su piel, recorriéndola con sus labios, sintiéndola… adorándola.

- Burbujas… - Lisa murmuró con voz apenas audible. – velas aromáticas… música de jazz… si no te conociera pensaría que estás tratando de seducirme, amor.

Rick sonrió contra su piel y le plantó un beso largo y profundo justo en el punto exacto donde el cuello perfecto de Lisa se unía con su hombro. Una serie de besos lentos y profundos siguieron, dejando un caminito tibio en la piel de ella entre su hombro y su oreja. Finalmente el piloto atrapó el lóbulo de su oreja en sus labios y después de hacerla suspirar de placer, le susurró al oído:

- Ya sé cuál es la razón por la que vine a este mundo, Lisa… para estar contigo.

Lisa sonrió enternecida mientras sentía cómo Rick apartaba su cabello húmedo de su espalda, para dejar al descubierto su cuello de alabastro. Su sonrisa se convirtió en un gesto de placer absoluto cuando sintió los labios de él posándose suave pero posesivamente en la piel de su nuca, provocándole con esto que una corriente eléctrica le recorriera la columna y la obligara a cerrar los ojos y suspirar entrecortadamente. Las sensaciones de placer absoluto se intensificaron cuando sintió cómo Rick le comenzaba a besar la espalda, bajando por su columna lentamente mientras sus dedos le acariciaban levemente los brazos desnudos hasta atrapar sus manos en las de él.

El piloto detuvo sus besos y Lisa se acomodó un poco, para mirarlo al rostro. Él sonreía una sonrisa entre tierna y traviesa. Sus dedos se habían entrelazado y Rick levantó la mano de ella para besarla larga y ardorosamente en la piel delicada del interior de su muñeca y su antebrazo. Lisa no pudo evitar el suave gemido que escapó de lo más profundo de su pecho cuando él comenzó a besarla de esa manera. Sentía que todo su cuerpo estaba respondiendo a aquellos besos y a aquellas caricias. Los labios del él seguían subiendo por su brazo hasta que finalmente regresaron a su oreja y comenzaron a mordisquear su lóbulo juguetonamente, mientras Lisa cerraba los ojos y se entregaba por completo a aquellas sensaciones que le estaban provocando un volcán en erupción en el corazón.

- ¡Te amo, Lisa Hayes! – Rick susurró en su oído, provocando un estremecimiento en el cuerpo de ella. - ¡Eres mi todo!

- ¡Oh, Rick…! – Lisa apenas pudo susurrar.

Él se movió un poco y ella ladeó la cabeza. Sus labios se encontraron en un beso profundo y muy íntimo que hizo que sus almas se encontraran y sus corazones se aceleraran sin control. De pronto y sin mayores explicaciones, Lisa dio por terminado aquel beso y lentamente se puso de pie para salir de la bañera. Rick no podía dejar de admirarla como si se tratara de una diosa. Ella le sonreía traviesamente y él no tuvo ningún reparo en pasear sus ojos por el cuerpo desnudo de ella, deleitándose con sus formas femeninas… por ese cuerpo de diosa que le pertenecía solamente a él.

Lisa se puso su bata de baño y la anudó en su cintura sin romper el contacto visual con su piloto, quien estaba totalmente embelesado observando sus movimientos. Ella le extendió la mano y sonrió suavemente, sus ojos brillando como si fueran un par de esmeraldas tocadas por el fuego. No hubo necesidad de decir palabra, Rick entendió el mensaje. Se puso de pie y lentamente salió de la bañera. Ella lo recibió con una toalla suave y esponjada y comenzó a secarlo con movimientos lentos y seductores que hicieron que Rick comenzara a sentirse totalmente perdido… mientras lo acariciaba con la toalla, Lisa jamás dejó de mirarlo directamente a los ojos ni de sonreírle de una manera que lo hacía sentir mareado. Finalmente le colocó su bata de baño sobre los hombros y Rick la anudó a la cintura con un nudo suelto.

La almirante ya había salido del baño, no sin antes lanzarle una mirada seductora llena de pasión y de promesas que hizo que el piloto terminara de enloquecer. Se apresuró a seguir a Lisa a la habitación, en donde ella lo esperaba sentada a los pies de la cama.

- Si lo que estás tratando de hacer es darme un paro cardiaco, déjame decirte que estás haciendo un muy buen trabajo… ¡Estoy a punto de tener un colapso nervioso! – Rick refunfuñó sin poder dejar de sonreír.

Lisa palmeó la cama a su lado, indicándole que se sentara junto a ella. Él no opuso la más mínima resistencia. Se sentó a su lado y desesperadamente buscó sus labios para besarla. Lisa entrecerró los ojos y acarició el rostro del muchacho mientras él luchaba inútilmente por profundizar aquel beso.

- Yo también tengo mis métodos, Rick Hunter. – Lisa murmuró contra sus labios. – Veamos si mis aceites dan el mismo resultado que tus burbujas.

- ¿Trajiste aceite? – Los ojos de Rick brillaron con deseo.

- Sí… - Lisa le sonrió. – Especial para masaje…

Sin más explicaciones se acercó a él, entreabriendo sus labios y besándolo de una manera profundamente íntima. Él cedió a su voluntad y no hizo ningún esfuerzo por resistirse cuando ella, con el peso de su cuerpo, lo obligó a recostarse de espaldas en la cama, sin dejar de besarlo, mientras comenzaba a deshacer el nudo de la bata de baño del piloto.

Cuando la bata estuvo abierta, Lisa se separó de él para mirarlo a los ojos y sonreírle con una expresión de absoluto amor y arrobamiento en su rostro. Rick suspiró profundamente y cerró sus ojos cuando sintió cómo ella se acercaba a él una vez más y, mientras deslizaba su mano dentro de la bata abierta de él, para acariciar su pecho, comenzaba a cubrirle el rostro con besitos suaves y traviesos. Le besó la frente, los ojos, las comisuras de los labios, la barbilla, el cuello, pero jamás le permitió besarla en los labios, como el piloto tan desesperada y urgentemente lo deseaba.

- ¡Lisa! – Rick gruñó casi desesperadamente. - ¡Por favor…!

Fue el turno de la almirante de atrapar el lóbulo de la oreja del mayor en sus labios para luego susurrarle con voz suave pero provocativa que se diera la vuelta, que se acostara boca abajo para que ella pudiera darle masaje en la espalda. El piloto se despojó de su bata de baño e hizo exactamente lo que ella le pedía. Una vez que lo tuvo totalmente sometido a su voluntad, Lisa tomó el aceite y vació un poco en sus manos, frotándolas por unos segundos para calentarlo.

Rick respiraba entrecortadamente, anticipándose a aquella experiencia. Aquella sesión de masaje prometía ser bastante intensa pero íntima y llena de placer y de mucho amor. Cuando sintió las manos de Lisa posarse en su espalda, no pudo evitar el gruñido profundo que escapó de su garganta. Ella sonrió y comenzó a frotar la espalda del piloto suavemente, pero con firmeza.

El piloto cerró los ojos y suspiró profundamente, permitiéndose perderse en ese mundo de sensaciones que Lisa provocaba en él con el más mínimo toque de sus manos. Una serie de soniditos suaves y profundos comenzaron a escapar de su garganta mientras ella seguía trabajando en su espalda, frotándola de una manera que hacía que él gimiera profundamente de vez en vez. Sus manos eran su paraíso… y cuando comenzaron a bajar para masajear su espalda baja y sus costados, el piloto sintió como si sus entrañas comenzaran a derretirse. La sensación que ella le provocaba con sus caricias era demasiado intensa como para pretender ocultarla… mucho menos ignorarla.

- ¡Lisa…! – Rick gruñó roncamente cuando ella comenzó a frotar con firmeza sus caderas y sus manos bajaron un poco más en su cuerpo.

- ¿Cómo te sientes, amor? – Lisa se inclinó un poco sobre él para susurrarle al oído.

- Bien… - Él apenas pudo hablar. - ¡Lisa, eres… tan perfecta…! Amor… así, mi vida… ¡Que rico se siente!

Rick hizo unos soniditos profundos y roncos cuando las manos de Lisa bajaron por sus piernas, casi como protestando… pero de inmediato una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo y su espalda se arqueó involuntariamente cuando sintió que ella lo besaba suavemente en la parte trasera de sus rodillas, provocándole un gemido profundo que escapó directamente de su alma. Lisa le estaba masajeando las pantorrillas con firmeza, dándose su tiempo… y cuando sus manos llegaron a sus pies, Rick pensó que aquello solo podía ser el paraíso.

Él siempre había tenido cosquillas, y el que Lisa lo estuviera tocando de esa manera había provocado momentáneamente reacciones naturales en su cuerpo. Pero ahora ya estaba relajado y ronroneaba mientras Lisa le aplicaba presión a los puntos tensos que tenía en sus pies. Ella jamás lo había acariciado de una manera tan íntima como en esos momentos lo estaba haciendo pero había una verdad innegable en aquello: el nivel de confianza y la intimidad que habían alcanzado entre ellos había terminado por romper todas las barreras que alguna vez hubiesen existido. Ahora ella sabía que él le pertenecía y no mostraba reparos en demostrar esa posesión… al igual que no tenía ningún problema en entregarse a él por completo, en cuerpo y alma, sabiendo que ese piloto rebelde era el dueño exclusivo de su corazón.

Lisa colocó suavemente los pies de Rick sobre el colchón y comenzó a subir por su cuerpo, besándolo en cada palmo de su piel, acariciándolo suavemente y con amor, provocándole toda clase de sensaciones de placer y haciéndolo sentir amado y deseado. Sus labios vagaron por su espalda desnuda, dándose su tiempo, recorriendo su columna vertebral con su lengua, provocando que él arqueara la espalda y dejara escapar de golpe el aire de sus pulmones. Lisa sonreía traviesamente, sabiéndose capaz de provocar tales reacciones en su piloto. Ella volvió a subir hasta masajear con firmeza los hombros de Rick, mientras se inclinaba sobre él y le susurraba suavemente al oído:

- Date la vuelta, amor.

Lisa sintió a Rick temblar incontrolablemente mientras hacía lo que ella le había pedido. Quedó tendido de espaldas frente a ella, observándola con ojos entreabiertos mientras su pecho subía y bajaba sin control, casi como si el tomar aire le fuera doloroso. Lisa puso sus manos en el pecho de él y se inclinó para besarlo en el rostro.

- Todo está bien, mi vida. – Le susurraba mientras lo besaba con amor.

- ¡Lisa…! – Rick gemía con voz ronca. – Ya no puedo más…

- Tendrás que resistir, piloto. – Ella lo besó traviesamente en la barbilla, sin permitirle que él capturara sus labios. – Tú me pediste un masaje de cuerpo completo y no creo que hayamos terminado todavía.

- ¡Eres muy mala conmigo!

Rick protestó, pero su protesta se convirtió en un gemido profundo cuando las manos de Lisa se deslizaron por sus costados para acariciarlo en esa zona erógena que ella sabía que él tenía justo debajo de sus costillas.

- ¡Lisa…! – El piloto gimió.

Ella se había sentado en sus piernas y lo miraba con adoración destilándole en sus ojos esmeraldas. Sus manos subieron y comenzaron a acariciar su pecho suave pero firmemente, de la misma manera en que lo había hecho en ese mismo lugar hacía dos años. El piloto cerró los ojos y se abandonó completamente a las sensaciones que ella estaba produciendo en su cuerpo. Las manos de Lisa estaban obrando su magia y Rick pensó que si había un cielo, de alguna manera él se las había arreglado para entrar en él esa noche… o quizás era que Lisa era un ángel, pues solo un ángel podría llevarlo al cielo de la manera en la que ella lo estaba haciendo.

La almirante se inclinó sobre él y sus labios comenzaron a recorrerle el pecho, mientras sus manos bajaban peligrosamente por su estómago y se desviaban para recorrer sus piernas. Rick jadeaba sin control y no pudo evitar el quejido que, casi como una protesta, escapó de lo más profundo de su pecho. Sus ojos se entreabrieron y se clavaron en los de ella, que lo miraban insistentemente, queriendo memorizar cada uno de sus rasgos faciales… queriendo observar cada uno de sus gestos y sus reacciones.

Las manos de Lisa bajaron suave pero firmemente por sus piernas y Rick sintió que su corazón se aceleraba aún más, latiéndole salvajemente en el pecho de una manera casi dolorosa. Lo sentía palpitar en cada centímetro de su piel… sentía como ésta ardía en cada lugar en donde las manos o los labios de Lisa se posaban. Aquel masaje debía de haberlo relajado… al menos eso era lo que él pensaba que los masajes hacían… pero al contrario, el deseo, la necesidad y la urgencia que él sentía por Lisa en esos momentos eran más que notorios en su cuerpo.

Lisa se había sonrojado levemente y él tuvo que sonreír al notar lo hermosa que se veía con su cabello húmedo cayéndole sobre el rostro y su bata tentadoramente entreabierta mientras se inclinaba sobre él para volver a acariciarle el pecho.

- No tienes por qué sonrojarte, amor. – Rick habló en un susurro, mientras alargaba su brazo para acariciar el rostro de su prometida. - ¡Dios, eres tan hermosa!

- ¿Te gusta? – Lisa preguntó casi inocentemente, provocando que él sonriera enternecido.

- ¿No es obvio, princesa?

Lisa se rió nerviosamente y sin poder evitarlo se inclinó sobre Rick para ocultar su rostro en su cuello. El piloto se rió también y comenzó a deshacer el nudo de la bata de baño de Lisa.

- Hace dos años… - Le susurró al oído. – Cuando me diste aquel masaje… también en esa ocasión me gustó mucho, amor… también esa vez me emocionaste de esta manera y… admito que me asusté un poco… jamás me había sucedido y yo… bueno, Lisa… ¡Siempre me gustaste mucho! Siempre sentí esta química entre nosotros… soñaba con hacerte el amor… pero no era algo puramente físico, Lisa… yo siempre estuve enamorado de ti.

Los ojos de Lisa se habían abierto desmesuradamente al escuchar las palabras del piloto, quien la había separado un poco de sí para mirarla al rostro con ojos entrecerrados y una sonrisa soñadora en los labios.

- Rick… yo—

- Así fue. – Rick gruñó, mientras tomaba las manos de Lisa y las comenzaba a dirigir sobre su pecho… y rumbo al sur.

- ¿Por eso en esa ocasión tú…?

Rick asintió y se sonrojó levemente, pero sin dejar de sonreír.

- Hay cosas que son demasiado difíciles de ocultar. – Gimió al sentir las manos de Lisa deslizarse sobre su estómago. - ¡Lisa…!

- Rick… - Ella no podía dejar de mirarlo insistentemente al rostro. – Yo… yo no sabía…

- No fue la única vez tampoco. – Rick le guiñó traviesamente el ojo. - ¡Ahora no seas floja y termina tu trabajo! – El piloto siguió guiando las manos de Lisa sobre su cuerpo.

Ella parpadeó un par de veces y se sonrojó profundamente, pero una pequeña sonrisa comenzó a aparecer en sus labios mientras ya por voluntad propia seguía acariciando la piel del piloto, provocando que él jadeara y suspirara pero sin romper el contacto visual con ella en ningún momento.

- ¡Lisa…! – Él gemía mientras las caricias de ella se intensificaban y se volvían más íntimas y profundas.

- Tú lo pediste, piloto. – Ella respondió en un suspiro, arrancándole un gemido de placer desde el fondo del alma a él. - ¡Te amo, Rick Hunter¡Te amo!

El cuerpo del piloto se arqueó involuntariamente de una manera casi salvaje mientras sus manos se aferraban desesperadamente a Lisa, hundiendo sus dedos en la piel suave de la espalda de ella. Con los ojos cerrados comenzó a buscar ávidamente los labios de Lisa, pero ella no le iba a dar ese gusto. Cada vez que sus labios estaban a punto de tocarse, ella lo besaba en alguna otra parte del rostro provocando que el piloto se agitara aún más y que su respiración se convirtiera en una serie de jadeos desacompasados y casi dolorosos.

- ¡Lisa, por favor! – Rick suplicaba. - ¡Te amo, Lisa…¡TE AMO!

El cuerpo del él se sentía caliente debajo del de ella y la manera en como se sacudía y como tiraba de su bata de baño en un intento desesperado por despojarla de ella, le dijo a Lisa que realmente ya no podía resistir mucho más. Contagiada por su desesperación y su necesidad, Lisa atrapó ansiosamente los labios del piloto en los suyos y el gimió profundamente en su boca. Sus brazos abrazaron el cuerpo ya desnudo de Lisa reclamando la posesión absoluta de su mujer mientras que ella sentía cómo entraba en ella con un movimiento que a pesar de la tormenta de pasiones del momento, fue cuidadoso aunque no por ello menos apasionado.

- Esto… - Lisa jadeó. - … no estaba incluido en… el trato.

- ¡No discutas y bésame! – Rick gruñó contra sus labios.

El piloto rodó en la cama para quedar en control. Sentía que ya no podría resistir por mucho tiempo, pero más que su propia satisfacción, más que su necesidad y que su placer, le importaba ella. Rick hizo un esfuerzo sobrehumano por aguantar un poco más, pero la necesidad que tenía de ella era infinita… sin embargo Lisa no era indiferente a todo aquello. Se había aferrado al cuerpo de él, sintiendo cómo cada centímetro de su cuerpo lo deseaba… la necesidad que él sentía en esos momentos era transmitida a su propio cuerpo. La pasión de Rick era la suya propia. Él comenzó a gruñir desesperadamente, sintiéndose como nunca totalmente fuera de control y fuera de sí.

Escuchó a Lisa gemir su nombre una y otra vez y vagamente sintió cómo sus uñas se clavaban en la piel de su espalda mientras él, con un movimiento profundo liberó dentro de ella toda su esencia… todo el amor que sentía por ella en su alma, mientras su corazón se expandía hasta que parecía que hubiese ocupado su cuerpo completo, pues él lo sentía latir en cada rincón de su ser violenta e incontrolablemente. Su nombre escapó de los labios de Lisa y él la sintió sacudirse en sus brazos. La abrazó aún más estrechamente, apretándola con todas sus fuerzas contra su cuerpo de una manera tal que Lisa por un momento se vio privada del vital aire que sus pulmones necesitaban. El piloto sentía que su cuerpo seguía sacudiéndose sin control mientras el cuerpo tibio y suave de ella seguía respondiendo a él con suaves espasmos que él podía sentir en su piel… ¡Así de conectados estaban!

Rick recargó su frente en la de Lisa, sintiendo cómo el sudor resbalaba por su sien y se escurría hasta la piel de ella, mezclándose con el suyo propio. Los dos respiraban entrecortadamente, como si les fuera doloroso hacerlo, incapaces de abrir sus ojos o de controlar sus corazones que seguían latiendo sin control en sus pechos. Durante algunos segundos más sus cuerpos siguieron sacudiéndose levemente, como reflejo a esos sentimientos de paz absoluta y satisfacción total que seguían a aquella experiencia tan placenteramente intensa que ambos habían compartido.

Finalmente él buscó los labios de ella con los suyos y se besaron larga y lánguidamente por varios minutos antes de que él se recostara suavemente sobre su pecho, escuchando el sonido rítmico de su corazón, mientras ella lo acunaba en su abrazo, le acariciaba el cabello y lo besaba repetidamente en la frente sudorosa.

- Después de esto… - Rick jadeaba suavemente. – Creo que comprenderás que—no hay forma de deshacerse de mí… Lisa Hayes, yo te seguiría al fin del mundo.

- Te lo debía, amor… - Lisa respondió en el mismo tono, sin dejar de besarle la frente. – Ya he saldado mi deuda.

El piloto sonrió contra su piel desnuda mientras que, perezosamente acariciaba sus curvas femeninas con un toque suave y delicado.

- En ese caso ahora soy yo quien… está en deuda.

Lisa se rió suavemente y le contestó con voz seria y formal:

- ¡Vaya que lo estás!

Rick levantó su cabeza y miró a Lisa a los ojos. Ambos tenían una mirada adormilada pero llena de paz y de felicidad. Los dos se rieron y no pudieron aguantar las ganas de besarse, suave y largamente.

- ¡Te amo, Lisa! Eres mi vida… eres mi todo… quisiera que pudiera expresarte con palabras… todo lo que me haces sentir… todo lo que siento por ti, mi vida.

- Yo lo sé, Rick… me siento igual… sé que me amas y yo también te amo… tú lo sabes.

- Lo sé. – Rick sonrió adormiladamente contra su pecho. – Siempre lo has hecho… y siempre lo harás.

- Siempre, amor… - Lisa lo besó en la frente y sonrió. - ¡Siempre!

- Me gusta estar en ti… - La voz de Rick era apenas un susurro. – Me gusta estar contigo… me gustas… me gustas mucho… y te amo más que a mi vida… tú—eres mi vida.

En un fugaz momento de conciencia justo antes de quedarse dormida, Lisa sintió el cuerpo de Rick relajarse sobre el suyo mientras instintivamente se movía un poco y se acomodaba a su lado, sus cuerpos perfectamente bien acoplados, sus piernas entrelazadas y sus rostros tan cerca el uno del otro que podían sentir su aliento en el rostro. Lisa no pudo evitar besar suavemente los labios del piloto antes de quedarse profundamente dormida, bebiendo de su aliento, mientras el sonido suave y acompasado de su respiración se sincronizaba y sus almas se dirigían en la misma dirección: la búsqueda del uno por el otro aún en el mundo de los sueños.

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Cuando Rick abrió los ojos se sentía relajado y bien descansado, aunque no estaba seguro de qué hora era o cuanto tiempo había dormido. Lisa estaba tendida a su lado, de espaldas a él, con su cabello color miel contrastando con la blancura inmaculada de la ropa de cama y con su propia piel. El piloto no pudo evitar el sonreír adormiladamente y moverse un poco para abrazarla por la espalda y besarle suave y tibiamente el hombro desnudo.

La almirante hizo algunos ruiditos con su garganta pero no despertó. Él sonrió contra su piel, disfrutando de su suavidad y su calor. Acarició el cabello de Lisa, aspirando su aroma y lo hizo a un lado para tener acceso a su cuello. Le mordisqueó traviesamente la oreja y de ahí comenzó a bajar para posar sus labios en el punto exacto en donde sentía el pulso de ella en su cuello; sintió su sangre fluir acompasada y tranquilamente por debajo de su piel y no pudo evitar el acariciarla suavemente con su lengua.

Aquello provocó cosquillas en la almirante quien, aún media dormida, soltó una risita y se dio la vuelta para mirar a Rick de frente con ojos entrecerrados y una sonrisa adormilada en sus labios que él encontró absolutamente adorable. Le quitó algunos mechones de cabello de la frente y le besó la punta de la nariz.

- No sabía que las almirantes tuvieran un sabor tan delicioso. – Rick murmuró con voz ronca.

- ¡Eres terrible, Hunter! – Lisa se acurrucó contra él y lo regañó con muy poca convicción y con una sonrisa en los labios. – Después de lo de anoche¿todavía tienes—?

Lisa no pudo terminar su frase, pues Rick ya había reclamado sus labios, besándola con urgencia y necesidad. Ella cerró sus ojos y puso sus manos en las mejillas del piloto, sosteniéndolo firmemente mientras se besaban.

- ¿Cuáles son los planes del día? – Lisa preguntó entre besos.

- Hmmm… no sé... ¿Qué tal quedarnos todo el día aquí practicando nuestro deporte favorito?

- Suena tentador, mayor. – Lisa sonrió contra sus labios. – Pero pensé que estarías cansado después de lo de anoche.

- ¡Nah! – Rick se rió sin dejar de besarla. – Yo podría pasar miles de noches en vela como ayer siempre que esté contigo… después de la tercera vez me sentí un poco cansado, lo admito... pero tomé mi segundo aire.

- Cierto... – Lisa también se rió. – Y el segundo aire estuvo muy bien...

Rick se movió para quedar sobre Lisa, soportando el peso de su cuerpo en sus codos mientras la miraba con ternura a los ojos, sonriéndole con cariño y acariciándole el cabello sedoso, enredándolo en sus dedos y disfrutando de la cercanía física con la mujer que amaba.

- Anoche fue una de las mejores noches de mi vida. – Rick habló con sinceridad. – Lisa, inevitablemente me has hecho adicto a ti.

- Pienso lo mismo. – Lisa lo contemplaba con adoración, acariciando su rostro.

- ¿Y sabes que día es hoy?

- Hmmm... – Lisa lo pensó un segundo. – Jueves 21 de junio del 2012.

- ¡Era una pregunta retórica, Lisa! – Rick se rió. - ¡Usted siempre tan específica, almirante!

- Yo respondo a las preguntas directas con respuestas directas, piloto.

Los dos sonrieron y Rick se acercó para besarla en los labios.

- ¡No tontita! – Rick habló cariñosamente, mientras le acariciaba el rostro con la nariz. – Hoy en la noche vamos a tener una cena muy formal... y muy romántica también... y en esa cena usted y yo, señorita Hayes, vamos a formalizar convenios y a firmar acuerdos.

- ¡Que oficial! – Lisa estaba disfrutando de aquellas caricias. - ¿Y de que clase de convenios y acuerdos estamos hablando, mayor Hunter?

- Pues... ya sabe... qué día le gustaría para celebrar una gran fiesta con todos nuestros amigos... en donde usted y yo, almirante Hayes, haremos una alianza eterna... para estar siempre juntos... en donde yo le prometeré solemnemente que seré su compañero en este camino que estamos recorriendo... a cambio de que usted prometa acompañarme a mí también... en donde le jurare que le seré fiel y que mi alma, mi cuerpo, mi mente y mi corazón serán exclusivamente suyos por el resto de la eternidad, almirante... y usted se convertirá en la señora Hunter.

Lisa contemplaba a Rick extasiada mientras él hablaba, mirándola a los ojos y sonriéndole con ternura. La almirante sonrió levemente y lo atrajo para besarlo en los labios.

- La señora Hayes-Hunter.

- No... – Rick la besó. – Quizás serás la almirante Hayes-Hunter... pero vas a ser la señora Hunter a secas. ¡Eres mía, Lisa!

- ¡Posesivo y territorial como siempre, mayor!

- Con usted siempre... – Rick la besó más profundamente.

- De acuerdo. – Lisa le sonrió cuando se separaron. – Seré la señora Hunter... pero creo que comprenderás que al aceptar ser mi esposo estarás aceptando que, sin importar lo que suceda, yo siempre seré tu oficial superior... y no sólo en la base, sino ahora también en la casa.

- Siempre lo has sido, Lisa. – Rick la besó en la frente. – Y siempre lo serás.

- Buena respuesta.

Los dos comenzaron a besarse íntimamente, dándose su tiempo, gozando del momento y de aquella divina calma que los rodeaba en esos momentos. Finalmente se separaron y Rick besó a Lisa en la punta de la nariz.

- Entonces... sobre esa cena...

- Te diré que haremos... yo me encargo de la cena... – Lisa le comenzó a recorrer el pecho desnudo con la punta de su dedos. – Y tú te encargas de preparar la atmósfera perfecta para esta ocasión tan especial.

- ¡Oh! – Los ojos de Rick brillaron. – Ese es un buen acuerdo... de hecho, ya estoy teniendo algunas ideas. ¡Déjamelo a mí, Lisa! Tú asegúrate de que la comida sea buena... yo me encargaré de que la noche sea memorable.

Los dos sonrieron y se besaron levemente en los labios. Enseguida Rick se sentó en la orilla de la cama y se estiró perezosamente. Lisa lo contempló y le comenzó a acariciar la espalda, mirándolo adormilada. Él la miró sobre su hombro y sus ojos brillaron con amor.

- Aún es temprano, princesa... ¿Te sientes con fuerzas suficientes para ir a practicar algún deporte al aire libre?

- Eso depende de qué clase de deporte traigas en mente, travieso... contigo yo nunca sé de qué estás hablando.

- Admito que tengo algunas ideas. – Rick le acarició el rostro. – Pero en realidad estaba pensando que vi unas peñas bastante interesantes desde la colina... hacia el norte... y resulta que casualmente hay un par de equipos de rappel empaquetados en nuestro equipaje.

Lisa sonrió emocionada y se sentó al lado de Rick. Él le apartó el cabello del rostro y acomodó un mechón detrás de su oreja, sin poder evitar el pensar en lo hermosa que ella era. Lisa le besó suavemente la mejilla y luego lo tomó de la mano para besársela con amor.

- ¡Siempre pensando en todo, amor! En realidad hace mucho que no rapeleo... aunque en la academia y durante el entrenamiento siempre me gustó mucho hacerlo.

- ¿Y te gustaría que fuéramos a rapelear?

- Me parece una buena idea.

- En ese caso vístete preciosa. Yo voy a preparar el café para desayunar.

Rick se puso de pie y se puso su pantalón de ejercicio que estaba sobre el respaldo de una silla cercana. Se inclinó sobre Lisa, le guiñó el ojo y la besó en la frente.

- ¡Te amo, Lisa!

- Y yo a ti, Rick.

El piloto salió de la habitación y Lisa suspiró profundamente. Se sentía tan perfectamente feliz esa mañana que pensó que en esos momentos no había nada en el universo que pudiera empañar aquella felicidad que embargaba su corazón. Hubo un tiempo en el que ella sólo parecía conocer el dolor y la tristeza... ahora aquellos tiempos parecían tan lejanos. Poco a poco ella comenzaba a olvidar aquellos sentimientos... poco a poco la soledad iba siendo tan sólo un recuerdo perdido en lo más profundo de su mente... solamente una distante memoria que comenzaba a desvanecerse en los aires del tiempo.

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Aquel fue un día tan memorable para Lisa y Rick como lo habían sido todos los anteriores. Fueron a las peñas que Rick había visto desde la colina y las escalaron hasta el punto más alto. La escalada fue bastante intensa para ambos pues estaban un poco fuera de práctica y aunque fue divertido, por momentos llegó a ser un poco peligroso y atemorizante. Pero los dos eran tercos y no iban a permitir que el otro supiera que estaban asustados o que se sentían incapaces de llegar hasta la cima. Después de una escalada que les tomó más tiempo del que habían anticipado, Rick alcanzó la cúspide y tomó la mano de Lisa para ayudarla a subir. La vista que se tenía desde aquel lugar era impresionante y ambos estuvieron de acuerdo en que sus raspones y moretones bien habían valido la pena.

Descansaron por un buen rato allá arriba, contemplando el paisaje y conversando de mil cosas distintas. No perdieron la oportunidad de hacerse rabiar mutuamente mientras comentaban algunas cosas que habían sucedido durante su escalada. Rick empujaba juguetonamente a Lisa con el hombro y refunfuñaba mientras ella se reía al recordar el rostro asustado del piloto cuando iban subiendo por un tramo particularmente difícil. Él se defendió diciendo que estaba asustado por ella, no por él... y que además, en todo caso, ella había subido con más facilidad que él porque pesaba menos. Lisa respondió diciéndole que con él todo eran pretextos... y que si el problema era el peso, en ese caso debería considerar el ponerse a dieta. Rick la abrazó y comenzó a besarla, mientras le decía que no podía ponerse a dieta, pues dado su gasto diario de calorías por ciertas actividades que estaba practicando, debía de mantener el tanque lleno... pero que por otro lado dichas actividades eran buenas para la salud y eran un buen ejercicio.

Lisa no podía dejar de reírse ni de acusar a Rick de ser un pervertido. Él pretendía estar ofendido, pero la risa lo delataba. Los dos se besaron, se rieron, se bromearon y finalmente decidieron que era hora de bajar de aquella peña. Los dos iban perfectamente equipados con sus arneses y cuerdas. Encontraron un buen punto de anclaje para sus cuerdas y llevaron a cabo la rutina para comenzar a descender. Revisaron su equipo y ajustaron sus arneses y se aseguraron de que los nudos fueran resistentes y seguros.

Cuando estuvieron listos, Lisa miró hacia abajo... las copas de los árboles formaban una mancha verde en las faldas de la peña. Pasó saliva, percatándose de que jamás había bajado de una altura tal, pero Rick ya la estaba mirando con una mirada arrogante y una sonrisa divertida.

- ¿Demasiado para usted, almirante Hayes? Porque no hay problema, Lisa... si quieres puedo bajar, ir por el VF1 y venir a recogerte.

- ¡Muy gracioso Hunter! – Lisa levantó la barbilla e hizo una última revisión rápida de su equipo. – Yo ya estaba rapeleando en la academia cuando tú todavía volabas tus avioncitos de papel en el jardín de niños.

- ¿En serio? – Los ojos del piloto brillaban traviesamente. – Déjame adivinar, en esas épocas en donde no los dejaban salir al patio durante el recreo porque los pisaban los dinosaurios.

- ¡RICK HUNTER! – Lisa protestó.

- No te preocupes, amor. – Rick la besó en la mejilla y le guiñó el ojo. – El tiempo te sienta bien y los clásicos nunca pasan de moda.

Lisa hizo un sonido indignado y se cruzó de brazos, lo que solo provocó que él se riera divertido y que fuera a abrazarla por la espalda.

- ¿Te he dicho que te ves hermosa cuando te enojas? – La besó en la mejilla. – Mi superchica... la que da más miedo que un demonio... ¿Por qué no me muestras de lo que eres capaz, preciosa?

- ¡No tengo que demostrarte nada, Hunter! – Lisa se soltó de su abrazo fingiendo indignación. – Tú bien sabes de lo que soy capaz... sin embargo te voy a dar una lección... observa con atención y aprende cómo se rapelea... quizás aprendas algo.

Rick se rió, fascinado por aquella mujer y sus respuestas. No podía negar que siempre le había divertido pelear y discutir con ella, aunque bien sabía que bajo esas circunstancias todo era un juego. Lisa estaba asegurándose su casco de seguridad y sus guantes. Se colocó sus lentes y revisó rápidamente sus mosquetones para luego mirar a Rick y apuntarle amenazadoramente con el descensor.

- ¡Te veo abajo, piloto!

Él la observó mientras comenzaba a descender con una gracia y seguridad apabullantes. Suspiró y sonrió, sintiéndose orgulloso de ella. Lisa era una mujer excepcional... no se imaginaba haciendo ese tipo de cosas con ninguna otra mujer... pero Lisa, ella siempre estaba abierta a cualquier reto, siempre aceptaba cualquier propuesta que él tuviera. Rick no podía siquiera imaginar su vida al lado de ninguna otra mujer... para él era Lisa, sólo Lisa, siempre Lisa... su amiga, su compañera, su confidente, su amante, su consejera, su cómplice, su mujer... y mucho más que sólo eso... ¡Su vida entera!

La voz de ella lo sacó de sus pensamientos, mientras le preguntaba si iba a quedarse allá arriba todo el día o sí ya se había acobardado.

- Porque si quieres puedo ir por el VF1 y venir a recogerte. – Lisa repitió sus palabras.

- ¡Te estoy dando ventaja deportiva! – Rick le respondió arrogantemente, comenzando con su propio descenso. – Soy un caballero¿sabes?

- No quiero que seas un caballero, piloto... ¡Quiero que me demuestres lo que tienes!

- ¡Tú lo pediste, Lisa! – Rick comenzaba a emparejarse con ella. - ¡Tú lo pediste!

Los dos comenzaron a descender en gran camaradería, discutiendo, riendo, deteniéndose de vez en cuando para descansar un poco y para observar el maravilloso paisaje que se extendía debajo de ellos. La sensación de libertad total que experimentaban era embriagante... casi tanto como esa sensación que les producía el compartir un beso suave y rápido en cada parada que hacían.

Rick traía una cámara desechable consigo y no perdió la oportunidad de tomar todas las fotografías que les fue posible. Aquellas prometían ser espectaculares y Lisa no tuvo problemas para posar para él, queriendo tener testimonio de aquella maravillosa aventura.

Cuando finalmente llegaron a tierra firme, los dos estaban felices y muy orgullosos de ellos mismos y de su compañero. Rick levantó su mano y Lisa chocó la suya con la de él, mientras los dos se reían emocionados y miraban hacia arriba del peñasco. Se felicitaron mutuamente, se tomaron algunas fotografías, recogieron su equipo y después de un beso y un abrazo los dos iniciaron el camino de regreso a casa.

Cuando llegaron al lago los dos decidieron que estaban tan agotados que era una buena idea simplemente dejarse caer en la hierba y tomar una siesta. Y así lo hicieron, de cara al cielo, sus cabezas recargadas en las cuerdas y sus manos entrelazadas entre ellos. Los dos durmieron profundamente por un par de horas, con una enorme sonrisa en los labios y con sus corazones rebosando de amor, de alegría, de paz... de esos sentimientos que solo el uno podía provocar en el corazón del otro.

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Cuando regresaron a la casa los dos se sentían aún algo cansados pero felices, relajados y muy emocionados. Ambos deseaban que la noche llegara pues sabían que sería una noche muy especial para ellos… y un paso adelante en su relación de pareja. Comieron algo muy ligero, sin siquiera sentarse a la mesa y enseguida Lisa se metió a la cocina para comenzar a cocinar la cena. Rick la besó en la mejilla y le dijo que iba a prepara el escenario perfecto para esa noche. Enseguida desapareció del bunker.

Lisa había pensando que cenarían ahí mismo, pero fue obvio por la misteriosa desaparición de su prometido que él tenía otras ideas. Escuchó algo de ruido cuando Rick regresó al refugio por unos minutos solo para llevarse una caja llena de artículos que seguramente necesitaba para lo que tenía en mente. Después Lisa no volvió a saber nada de él por un tiempo lo suficientemente largo como para permitirle cocinar sin interrupciones.

Anticipando esa cena especial habían llevado ingredientes para prepara una comida deliciosa y elegante y Lisa supo como estar a la altura de las circunstancias. Ya tenía en mente lo que iba a preparar y así lo hizo. Si estaban en la residencia de los Hayes, Lisa decidió que lo más apropiado era preparar algunas recetas de familia.

El menú consistía en una entrada de crepas de queso, posteriormente una sopa de hongos tradicional de las cenas en la casa familiar. El plato fuerte consistía en pechugas de pollo en salsa de almendras, que había sido toda una especialidad de su mamá, acompañado de una guarnición de ensalada verde y verduras a la mantequilla y de postre un mousse de chocolate y strudel de manzana.

Lisa había sido bastante previsora e iba preparada, por lo que en realidad no le tomó demasiado tiempo el tener lista la cena. También se había asegurado de tener suficiente agua mineral, aunque sabía que Rick, contrariamente a sus costumbres, había llevado con el un licor suave de frutas.

Un par de horas más tarde Lisa salió de la cocina, con el rostro manchado con harina y limpiándose las manos en su delantal justo cuando Rick iba entrando al bunker totalmente cubierto de polvo. Los dos se detuvieron de golpe cuando se toparon de frente, se miraron en silencio por un segundo y comenzaron a reírse.

- ¿De qué pastel te escapaste, Hayes? – Rick le preguntó, mientras cariñosamente le limpiaba la mejilla con su dedo pulgar.

- ¡No digas nada, Hunter! – Lisa se rió. – Parece que tú estuviste jugando con los ratones.

Los dos volvieron a reírse y después se miraron a los ojos sonriendo.

- Todo listo en mi sector, almirante. – Rick le informó.

- Misión cumplida en el mío, mayor.

- Se nota… - Rick miró hacia la cocina. - ¡Huele delicioso!

- Bien… pues voy a darme un baño y espero que no—

Lisa se detuvo cuando sintió la mano de Rick cerrarse en torno a su muñeca para evitar que se alejara. Lo miró a los ojos y en le sonrió entre travieso y enternecido.

- ¿Necesitas que alguien te frote la espalda, princesa?

Lisa sonrió y se acercó a Rick para pararse de puntitas y besarlo en la nariz. La sonrisa de él se hizo más amplia y brillante. Se notaba que estaba feliz. Sin embargo la manera en la que los ojos de ella resplandecían le dejaba saber al piloto que ella estaba tan feliz como él… ¡Y se veía preciosa con ese pañuelo amarillo que se había puesto en la cabeza para mantener el cabello fuera de su rostro!

Ella no respondió… al menos no con palabras. Tomó a su piloto de la mano y lentamente comenzó a guiarlo al baño, clavando sus ojos profundamente verdes en los de él y sonriéndole de una manera que hizo que Rick sintiera sus piernas debilitarse bajo su peso.

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Después del baño que habían tomado juntos, Rick había desaparecido del bunker una vez más, apenas había tenido puestos sus pantalones de vestir y un suéter. Lisa se había encogido de hombros y había seguido arreglándose para la cena. Para esa ocasión había elegido un vestido corto, color verde botella de terciopelo que resaltaba el color de sus ojos y los hacía parecer de un tono más oscuro y misterioso. Su cabello color miel contrastaba con el color de su ropa, provocando un efecto que seguramente iba a tener repercusiones en la salud mental del Mayor Hunter. Se colocó alrededor del cuello la delicada cadena con la esmeralda que Rick le había dado para su cumpleaños y se aplicó un suave brillo labial. Se miró al espejo y decidió que en realidad no se veía nada mal… sonrió seductoramente y se sacudió el cabello para darle una apariencia casual sin perder su elegancia tan característica.

Cuando Rick volvió al bunker y la miró, de pie en el recibidor esperando por él, sintió que el corazón se le paralizaba por un segundo para luego acelerarse de cero a mil en una fracción de segundo. Sus ojos se agrandaron y levantó sus cejas. Sentía mariposas en el estómago.

- ¡Wow! – Murmuró con voz apenas audible. – Lisa… te ves… ¡Preciosa!

- Tú te ves muy apuesto, amor. – Lisa tomó la mano que él le ofrecía y lo observó de la cabeza a los pies de una manera que hizo que él se sonrojara levemente. - ¿A dónde fuiste? Te extrañé.

- Fui a… llevar la cena arriba… - Rick respondió distraídamente, sin poder dejar de mirarla.

- ¿Por qué no vas por tu saco, mi vida? – Lisa lo besó suavemente en la barbilla. – Para que podamos irnos.

- Sí… claro.

Rick caminó lentamente hasta la habitación, sin quitarle la vista de encima. Lisa bajó la mirada, sintiéndose un poco nerviosa ante la manera en cómo Rick la estaba contemplando. Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y sonrió cuando vio a Rick reaparecer en la sala, acomodándose su saco sport. Lisa asintió, aprobando la apariencia de su piloto y se acercó para acomodarle las solapas del saco y el cabello rebelde.

- ¡Apuesto como siempre, Mayor Hunter!

- ¿Me honraría con su compañía esta noche, almirante Hayes?

Rick le ofreció caballerosamente el brazo a su prometida y ella sonrió, aferrándose a el estrechamente mientras el piloto comenzaba a guiarla hacia fuera del bunker. Una vez que estuvieron en la vieja casona, el piloto se dirigió hacia la escalinata.

- Preparé un sitio especial en el segundo piso, amor. En el antiguo estudio de tu padre, para ser exactos… espero que te guste y quiero que disfrutes de esta noche, princesa… porque esta noche es para ti, única y exclusivamente para ti.

- No, amor. – Lisa negó con la cabeza. – Es para los dos.

Ambos se sonrieron mientras subían por la escalinata sin prisas y dándose su tiempo. Rick se había asegurado de colocar algunas lámparas de seguridad en sitios estratégicos, por lo que el lugar no estaba tan oscuro como Lisa pensó que estaría. Sin embargo nada la había preparado para encontrarse con lo que vio en cuanto traspasaron las puertas del estudio del almirante Hayes.

Lisa se quedó inmóvil en la entrada, su mano se elevó hasta posarse en su pecho y un sonido entrecortado escapó de sus labios cuando sintió que su respiración de detenía momentáneamente… y no era para menos, aquel lugar había sido magníficamente decorado para hacer de ese sitio un rincón muy especial. Rick miraba orgulloso a su prometida, con una arrogante sonrisa llena de satisfacción.

Lisa no podía de observar lo que Rick había preparado para esa noche: había un hermoso fuego ardiendo en la chimenea y por doquier, docenas de velas estaban encendidas, dándole una apariencia de ensueño a aquella destruida habitación. Por un boquete abierto en la pared se podía observar el bosque, el cielo estrellado y la luna elevándose majestuosamente sobre el horizonte. Había algunos arreglos florales – hechos con flores silvestres del bosque, - aquí y allá… y al centro de la habitación estaba puesta una mesa para dos con velas y una vajilla elegante. Complementando aquel escenario, de un punto no muy bien definido de la habitación se escuchaban las notas armónicas, intensas y seductoras de una pieza de jazz a un volumen agradable para el oído.

- ¿Qué te parece? - Rick murmuró en su oído, mientras se inclinaba para besarla.

- ¡Es hermoso! – Lisa respondió sinceramente, sin poder dejar de mirar a su alrededor. - ¡Oh Rick, es maravilloso!

Él la tomó de la mano, le plantó un beso suave en el dorso de la misma y la guió a la mesa, ayudándole a tomar asiento antes de él ir a ocupar su puesto frente a ella.

- Bien... ya estamos aquí. – Rick comentó con una sonrisa. – Creo que tenemos negocios pendientes.

- Sí, los tenemos. – Ella le devolvió la sonrisa. - ¿Qué te parece si los discutimos mientras comemos? No sé tú amor, pero yo me estoy muriendo de hambre.

Rick se puso de pie de un salto antes de que ella pudiera hacerlo y se apresuró a ir a servir la comida. Pero Lisa no iba a dejarlo hacer todo el trabajo. Acercaron a la mesa una pequeña mesita que Rick había traído del refugio, donde había colocado la cena. Así no tendrían que ir muy lejos para servirse. Minutos después los dos estaban sentados frente a frente una vez más, disfrutando de unos platillos que eran un verdadero regocijo al paladar. Esta vez fue Lisa quien trajo el tema a colación, mientras ocultaba un leve sonrojo de emoción detrás de su vaso de agua mineral.

- Entonces Rick... ¿Tienes alguna idea en mente¿Alguna fecha probable?

- Sé que las cosas no se pueden tener listas en dos días, Lisa... sinceramente yo esperaba que pudiéramos acelerarlo todo y casarnos en unas semanas. Cuando estuviste fuera estuve hablando mucho con Max y Miriya... ellos me hicieron darme cuenta de muchas cosas. Quiero que nuestra boda sea algo especial, amor. Antes no me importaba pero ahora sí, porque ahora quiero que el mundo entero sepa lo importante que es para mí ese acontecimiento. Es algo que no pienso tomar a la ligera.

- ¡Oh Rick! – Lisa sonrió enternecida. - ¿Y qué hablaste con los Sterling?

- Bueno, sobre los preparativos... hay muchos detalles que preparar y bueno, también estuvimos revisando la agenda con Kelly. Hablamos con el General Martín y—

- ¿Hasta el General está involucrado en esto?

- ¡Hey, quería asegurarme de todo! No quiero planear una boda solo para enterarme que a los dos días serás enviada a una misión especial del GTU. Detalles, almirante, todo está en los detalles.

- Cierto... – Los ojos de Lisa brillaban con emoción contenida.

- Hay muchas juntas que tienes que atender... Martín dijo que en caso de aprobarse el proyecto de migración espacial vas a estar ocupada con eso por lo menos durante agosto y septiembre... esos son los mismos meses en los que comenzarán a introducirse los VF4 al servicio activo, así que yo también voy a estar muy ocupado. Después de estar revisando la agenda y haciendo mil observaciones... bueno, yo en realidad te traigo una propuesta.

- ¿Sí? – Lisa se inclinó impacientemente sobre la mesa.

Rick se rascó la cabeza, sintiéndose súbitamente nervioso, lo que hizo que Lisa sintiera ternura por él. Luego el piloto se talló la nariz y miró a su prometida con una mirada llena de ilusión y amor, pero también de incertidumbre.

- Pues yo quiero tener todo el tiempo del mundo, Lisa... ya sabes, ir contigo de luna de miel y disfrutarla sin que estemos pensando en lo que está pendiente en Ciudad Macross... ya hicimos arreglos para solicitar 3 semanas de vacaciones... es sólo cuestión de que firmes los papeles si autorizas y—bueno, si aceptas mi propuesta.

Rick la miró a los ojos. Ella no dijo nada, pero su sonrisa y sus ojos, que se habían súbitamente humedecido, le dijeron a él todo lo que quería saber. Sin importar la fecha que él propusiera, Lisa la aceptaría, de eso no había duda.

- ¿Qué te parecería el 10 de octubre? Es miércoles...

Una sonrisa lenta, de esas que comenzaban en sus ojos y estallaban en sus labios comenzó a aparecer en el rostro de Lisa. Él se había inclinado para tomarla de las manos y ahora se las estaba besando repetidamente con amor.

- Es perfecto. – Lisa murmuró, sintiendo que no podría controlar las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos. - ¡Es excelente!

- Sí, bueno... – Rick la volvió a besar en las manos. – Elegí ese día por una razón, mi vida... porque ese día, hace muchos años, yo recibí mi primera medalla Titanium al valor... gracias a ti... y mi primera promoción también. En aquella ocasión yo no lo sabía, pero ese sería el inicio de muchas cosas entre tú y yo, preciosa... es un día especial para mí y pensé que... no lo sé.

- ¡Oh Rick!

- Entonces... – La voz de Rick estaba a punto de quebrarse por la emoción. - ¿Qué te parece¿Aceptas?

- ¡Acepto! – Lisa se rió, ya sin poder controlar sus lágrimas.

Rick sonrió emocionado y se acercó a ella, arrodillándose y tomando sus manos en las suyas mientras la miraba a los ojos con adoración.

- En ese caso... – Rick sorbió sus lágrimas y se rió. – Podemos comenzar la cuenta regresiva... ciento once días y contando, princesa.

Ella no supo que responder. No hubiera podido hablar aunque lo hubiera intentado con todas sus fuerzas. Lo único que hizo fue echarle los brazos al cuello mientras él la abrazaba posesiva, ardorosamente y le besaba el cabello.

- ¡Te amo! – La voz de Lisa se escuchaba apagada contra su cuello. - ¡Rick, te amo! Eres mi vida... eres mi todo... jamás pensé que—

- ¡Shhhh! – Rick le acariciaba el cabello sedoso y la besaba en la sien. – No digas nada Lisa... no tienes que decir nada... solo abrázame... abrázame muy fuerte, amor.

Lisa hizo lo que él le pedía. Lo abrazó tan estrechamente como le fue humanamente posible, tratando de transmitirle por medio de aquel abrazo todo lo que sentía en su corazón en esos momentos. Rick frotó su mejilla contra la de ella en una caricia que se sintió íntima y muy especial. Ninguno de los dos podía controlar las lágrimas que escapaban de sus ojos. Su cercanía física, la manera en cómo sus corazones latían agitadamente uno contra el otro, el sonido profundo y acompasado de su respiración... todo entre ellos era como una sinfonía de amor que sus corazones enamorados interpretaban para el universo.

- El diez de octubre... – Rick murmuró después de un largo silencio. – Ese día finalmente serás mi esposa, preciosa... ¡Dios, el tiempo no se irá lo suficientemente rápido¡Te amo, Lisa! No tienes idea de cuanto te amo...

- Rick... yo lo sé... yo también te amo... más de lo que alguna vez podría expresarte... amor, la vida entera no me va a alcanzar para demostrarte este amor que siento por ti.

- Tenemos la eternidad, Lisa... la eternidad también nos pertenece, mi vida.

El piloto se separó de ella. Los dos sonreían suavemente, mirándose insistentemente a los ojos. Rick limpió las lágrimas del rostro de ella con su dedo pulgar y la besó en medio de la frente. Ella colocó sus manos en las mejillas de él y lo acercó a su rostro para besarle los ojos y con sus besos secarle sus lágrimas.

- La comida se va a enfriar. – Rick se rió, regresando a su lugar y limpiándose el rostro con el puño de su saco. – Sería una pena desperdiciar esta cena tan magnífica... pero creo que ahora es un buen momento para brindar por nuestra boda.

Mientras hablaba, Rick había abierto la botella del licor de frutas y le había servido una copa a Lisa. Ella recibió la botella para servirle a él. Los dos tomaron las copas en sus manos y las elevaron, brindando por un futuro lleno de sueños, de promesas y de esperanzas... un futuro al que llegarían juntos, como pareja y como esposos.

Después de que brindaron, los dos regresaron a la comida. Por alguna razón su apetito se había abierto después de aquella conversación tan importante que habían tenido. Ahora hablaban de mil cosas diferentes, todas relativas a los miles de planes que tenían para su boda.

- ¡Te vas a ver preciosa en tu vestido blanco! – Rick comentaba. – Y una corona de flores en tu cabeza... te imagino con una corona de azahares, son tus flores favoritas.

- Sí... – Lisa sonreía soñadoramente. – Y tú te vas a ver muy apuesto con tu traje... ¿Qué clase de traje te gustaría usar?

- ¿A mí? Lisa, amor... en realidad yo quisiera casarme... ya sabes, con mi uniforme de mayor... el de gala, por supuesto.

- ¿En serio? – Lisa sonrió de oreja a oreja, imaginado lo apuesto que él se vería y lo orgulloso que estaría con todas sus medallas y condecoraciones. – Mi papá se casó en su uniforme de General.

- Bueno, me parece que tendrás que conformarte con un Mayor, princesa... pero yo estoy muy orgulloso de mi rango y si tú estás de acuerdo...

- ¡Me encanta la idea!

Lisa estaba literalmente brincando en su silla y Rick pensó que se veía preciosa con su rostro iluminado por la luz de las velas... y con esa sonrisa... Lisa siempre se veía hermosa cuando sonreía.

- Bien... y ahora pasemos a lo realmente importante. – Rick la miró, sonriendo traviesamente. – Hablemos de nuestra luna de miel... ¿En qué lugar te gustaría pasarla, amor?

- No lo sé. – Lisa se rió emocionada. - ¿Tienes alguna idea en mente?

- Quiero que tú elijas... en realidad para mí el ir a uno u otro lugar no hace ninguna diferencia. Donde sea que vayamos, pienso pasar todo el tiempo en nuestra habitación... ya sabes, encargándome de asuntos sumamente importantes con—con mi esposa.

Rick se rió emocionado al pronunciar la última palabra. ¡Aquello se sentía tan irreal! Lisa también se estaba riendo, pero se había sonrojado levemente.

- ¡Eres un demonio, Rick Hunter! – Le respondió con fuego brillándole en sus ojos verdes.

- Aunque admito que la idea de—bueno, ya sabes... estar en una playa desierta al atardecer... contigo... – Rick subió y bajó sus cejas varias veces rápidamente y luego le guiñó el ojo. – Es una idea bastante tentadora.

- Lo es.

Lisa se acercó a Rick y se sentó en sus piernas, mientras le echaba los brazos al cuello y lo besaba profundamente en los labios.

- ¿Entonces? – Rick preguntó cuando se separaron.

- Creo que una playa será la mejor opción... solo debemos asegurarnos de que sea privada y desierta... – Lisa lo seguía besando en la línea de la mandíbula, provocando que el piloto gimiera suavemente y se estremeciera con aquellas caricias.

- ¡Lisa! – susurró. – Si sigues haciendo eso no podré... llegar al final de esta noche.

- Quizás no quiero que llegues al final de esta noche, Rick Hunter.

Lisa murmuró esas palabras en el oído de Rick para después atraparle el lóbulo de la oreja de manera traviesa y seductora. El piloto la miró con ojos entrecerrados y ella lo besó en los labios.

- Hace un tiempo... – Rick murmuró. – En esta misma habitación tú—me enseñaste a bailar.

- Sí... – Lisa recordó con una sonrisa tierna y lágrimas en los ojos.

- Pero nuestro baile quedó a medias... y nuestro primer beso también… el primer beso que te di sin que nadie me ordenara que lo hiciera… por convicción propia.

- Nuestro primer beso... – Lisa repitió, sonrojándose al recordar cómo habían terminado las cosas en aquella ocasión.

- Y como me parece que dijimos que nos íbamos a encargar de todas las cosas que habíamos dejado pendientes...

Rick se puso de pie y se inclinó formalmente ante Lisa, ofreciéndole su mano.

- Almirante Elizabeth Hayes¿Me honraría con esta pieza?

Lisa puso su mano en la de él y sonrió conmovida, mientras su otra mano se posaba sobre su pecho, como si quisiera calmar el acelerado latir de su corazón.

- Sí, Mayor Richard Hunter... será un placer.

Rick la condujo al centro de la antigua biblioteca de los Hayes. Se miraron a los ojos y él puso su mano en la cintura de ella, mientras que con la otra aprisionaba su mano y la colocaba justo sobre su corazón. Lisa se aferró a él y así, bajo las estrellas y entre la luz mortecina de las docenas de velas que decoraban aquel lugar, Lisa y Rick comenzaron a bailar lentamente al ritmo de la hermosa melodía que en esos momentos inundaba la atmosfera aquella hermosa noche de verano.

Bailaron por horas, suave y cadenciosamente al ritmo de la música, perdiéndose en uno en el otro. Inadvertidamente Rick había deslizado su mano debajo de la tela del vestido de Lisa para acariciar la piel desnuda de su espalda. Ella se aferró más a él, mientras lo besaba suavemente en la mejilla una y otra vez. El piloto cerró los ojos y cerró sus brazos en torno al cuerpo de ella, atrayéndola al suyo para abrazarla estrechamente. Cada centímetro de sus cuerpos estaba en contacto y sentían que el corazón les latía en cada rincón de su ser.

Lisa sintió una corriente de electricidad recorriéndole la columna cuando escuchó que Rick comenzó a cantar suavemente en su oído la canción que en esos momentos estaba sonando en el reproductor de música.

I'll be your dream. - (Seré tu sueño)

I'll be your wish. - (Seré tu deseo)

I'll be your fantasy. - (Seré tu fantasia)

I'll be your hope. - (Seré tu esperanza)

I'll be your love. - (Seré tu amor)

Be everything that you need. - (Seré todo lo que necesitas)

I love you more with every breath. - (Te amo más con cada respiración)

Truly, madly, deeply do… - (Verdaderamente, desesperadamente, profundamente…)

I want to stand with you on a mountain, - (Quiero estar contigo en la cima de una montaña)

I want to bathe with you in the sea. - (Quiero bañarme contigo en el mar)

I want to lay like this forever, - (Quiero estar así para siempre)

Until the sky falls down on me… - (Hasta que los cielos caigan sobre mí)

(Truly, Madly, Deeply – Savage Garden.)

Mientras Rick le cantaba a Lisa en el oído, no había dejado de besarla suavemente, acariciándola con sus labios y abrazándola ardorosamente contra su cuerpo. Ella sentía que había perdido todo contacto con la realidad. En ese momento su universo entero existía ahí, en los brazos de él, totalmente rodeada por su cuerpo, por su calor, por su aroma, con su esencia masculina… en ese instante todo se resumía a él… porque Rick era su vida entera, era cada gota de sangre que corría por sus venas, era cada respiración que tomaba, cada latido de su corazón.

Lisa abrió los ojos, volviendo a la realidad cuando sintió que él la aprisionaba entre la pared a sus espaldas y su cuerpo. Los ojos profundos, terriblemente azules del piloto capturaron los suyos y ella se permitió perderse en su mirada, profunda, peligrosa, encantadora, invitante… tranquila como el cielo de primavera, pero traviesa como las azules aguas del océano. Él la había atrapado entre la pared y su cuerpo. Mantenía una de sus manos posesivamente en la cadera de ella, mientras que con la otra, que había recargado en la pared, le cerraba cualquier vía de escape posible… no que ella fuera a escapar.

Rick la miraba a los ojos profundamente y en silencio. Aquella escena le parecía vagamente familiar a Lisa. Él sonrió y se acercó a ella provocando que su respiración se agitara y que su corazón se volviera loco en su pecho.

- Creo que aún hay un pendiente más del que debemos de ocuparnos…

Rick susurró contra sus labios, con una mirada intensa, llena de pasión y de deseo… la misma mirada que Lisa había visto en sus ojos dos años antes… en ese mismo lugar.

- ¡Mayor Hunter! – Lisa lo detuvo, poniéndole las manos sobre el pecho.

Él la miró con una mirada interrogativa, sin saber por qué ella lo había detenido de esa manera justo cuando estaba por besarla. Ella le sonrió con amor, sus ojos verdes destellando fuego, iluminados por la luz rojiza de la chimenea a sus espaldas.

- ¡Te amo!

Lisa murmuró con una voz cargada de pasión, ternura y amor, mientras atraía a Rick hacia ella y lo besaba profunda y apasionadamente en los labios. Su reacción sorprendió un poco al piloto, pero después sonrió contra los labios de ella y comenzó a responder a ese beso con la misma urgencia y todo el amor que él sentía por ella.

- Me parece… - Rick jadeó contra su piel cuando se separaron, mientras Lisa no dejaba de besarlo en el cuello y en el rostro. – Que sólo hace falta una cosa más para que esta noche sea la noche perfecta.

- ¿Y qué cosa sería eso, amor? – Lisa sonrió, sin dejar de besarlo.

Rick cerró los ojos, entregándose a esas caricias que lo estaban haciendo perder la razón. Finalmente tomó a Lisa por las caderas, apretándola posesivamente contra su cuerpo y mirándola con ojos llenos de deseo y de amor.

- Tú sabes perfectamente bien a qué me refiero, preciosa. – La besó en los labios con urgente pasión. – Tenemos que cerrar esta celebración con broche de oro.

- ¿Con fuegos artificiales y todo lo demás? – Preguntó traviesamente Lisa, mientras le recorría el pecho con la punta de los dedos.

- Tú déjamelo a mí, princesa. – Rick le guiñó el ojo. – Te voy a llevar a la luna y de regreso… con fuegos artificiales incluidos.

- En ese caso… - Lisa lo tomó por la solapa de su saco y lo besó levemente en los labios. - ¿Qué estamos haciendo todavía aquí, mayor Hunter? Me parece que la acción está en otra parte.

Rick se rió, sus ojos ardiendo con amor por esa mujer a la que amaba más que a su vida. Tomó la mano que ella le ofrecía y se dirigieron a las puertas de aquel enorme salón. Antes de salir, él la detuvo y la abrazó, mirándola a los ojos.

- El 10 de octubre serás mi esposa, Elizabeth Hayes-Hunter… ¡Hasta que la muerte nos separe!

- Hmmm… - Lisa se acercó a él para besarlo en la barbilla. – No Mayor, no se librará de mi tan fácilmente… seré su esposa mucho más allá de la muerte… por toda la eternidad.

Rick sonrió y sin poder evitarlo levantó a Lisa en brazos. Ella lanzó un grito de sorpresa, se aferró al cuello de su piloto y escondió su rostro en el cuello de él.

- ¿Qué haces?

- Comienzo a practicar. – Rick se encogió de hombros y la besó en los labios. – Después de todo sólo tenemos 111 días para tener todo listo. No podemos perder un solo segundo.

- ¡Oh Rick! – Lisa se rió.

Él lo hizo también antes de abandonar el viejo estudio del almirante Hayes y dirigirse a sus habitaciones en el nivel inferior. Aquella noche, bajo las estrellas e iluminados por la luz de las velas y el fuego de la chimenea, Lisa y Rick habían dado un paso más en su relación. Se habían hecho la promesa solemne de amarse por toda la vida, de hacer sus vidas una sola y caminar juntos por el sendero de la vida, unidos por su amor, hacia un destino común… una promesa que aunque ya estaba grabada en sus corazones con fuego, harían pública en poco tiempo… en ciento once días para ser exactos… el miércoles 10 de octubre del 2012.

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El Mayor Hunter abrió los ojos y miró adormiladamente su reloj que estaba sobre la mesita de noche al lado de la cama. Aún era temprano y él sonrió, cerrando los ojos y decidiendo que se daría otros cinco minutos de sueño. Lisa descansaba a su lado, totalmente acurrucada contra su cuerpo y profundamente dormida. Él se movió un poco para quedar de frente a ella y recargó su frente en la de ella, al tiempo que sus dedos se enredaban en su cabello sedoso y una sonrisita aparecía en sus labios. Ella no se movió.

- Debe estar agotada. – Rick pensó, sintiendo cierta satisfacción. – Después de nuestras… actividades de anoche… - soltó una risita.

Sus ojos se entreabrieron y se clavaron en el rostro perfecto de su prometida. Mientras la contemplaba embelesado no podía dejar de recordar todo lo que había sucedido la noche anterior… la cena, su conversación tan importante, el baile y… y lo que había venido después.

- No puedo creer que finalmente tengamos una fecha para nuestra boda. – Rick sonreía emocionado. – Ahora las cosas se sienten más reales… más tangibles… ¡Dios santo, me voy a casar con Lisa! Me voy a casar con esta mujer tan hermosa… ella va a ser mi esposa y yo—yo voy a ser su esposo.

Rick no pudo evitarlo y se acercó para besarla suavemente en los labios. Luego la volvió a contemplar con amor, acariciando su rostro, memorizando sus rasgos finos y perfectos, sintiéndose embriagado por su aroma, su calor y su presencia. Todo en ella lo volvía loco. ¡Amaba a Lisa Hayes como jamás pensó que llegaría a amar a nadie en su vida!

- La noche que me diste, amor… - Rick suspiró con una sonrisa soñadora en los labios. – Pensé que sería difícil superar la sesión de masaje de la otra noche, pero me demostraste que estaba equivocado y que—y que la vida a tu lado siempre será una aventura llena de sorpresas… ¡Te amo! Me gusta estar a tu lado… me gustas tú… me gusta sentirme de esta manera… me gusta estar vivo y estar en este mundo, sabiendo que tú estás a mi lado, pequeña… y que siempre lo estarás.

Lisa hizo unos soniditos con su garganta y cambió de posición en la cama. Él la observo absorto, sonriendo con ternura. Se inclinó sobre ella para besarla suavemente en el hombro y acarició su brazo con la yema de los dedos. El nombre de él escapó con un suspiro de los labios de ella y Rick sonrió.

- Estoy aquí, princesa. – Le susurró al oído. – Y jamás me iré.

La besó suavemente en la mejilla y se sentó en la cama. Tomó su bata de baño y se la puso encima. Se puso de pie y mientras se la amarraba a la cintura no podía dejar de contemplar a Lisa. Después salió de la habitación sonriendo y tarareando una canción.

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Lisa se movió en la cama. Aunque despertó, no pudo obligarse a abrir los ojos. Jamás una cama se había sentido tan cómoda ni calientita como aquella y ella deseaba alargar aquella sensación tan plácida y serena tanto como le fuera posible. El aroma de Rick estaba en todos lados en aquella cama y aquello la hacía sentir protegida… pero cuando alargó su mano para buscar a su piloto a su lado se percató de que estaba sola en la cama.

- ¿Rick? – Preguntó, entreabriendo los ojos y mirando a su alrededor.

- ¡Buenos días preciosa!

La voz de él sonó cálida y alegre y llegó hasta ella acompañada del delicioso aroma del desayuno. Lisa se sentó, cubriéndose con la sábana y se talló los ojos mientras él colocaba encima de la cama una charola con un delicioso desayuno para dos, complementado con una hermosa flor natural. El piloto se inclinó sobre ella para besarla en los labios.

- La cuenta regresiva está en T menos ciento diez y contando, almirante. – Rick le informó oficialmente.

- ¡Oh Rick! – Lisa sonrió, sabiendo a lo que él se refería. - ¡Ciento diez días!

- Así es. – El piloto se sentó en la cama con ella. – Te preparé el desayuno… creo que después de la noche de ayer es justo que consienta a mi chica, porque se lo merece.

Él se acercó para besarla en la punta de la nariz y en los ojos. Ella sonrió y puso su mano en la mejilla de él para besarlo en los labios.

- Pues tú no estuviste nada mal, piloto.

- Lo sé. – Contestó el siempre arrogante Mayor Hunter. – Mi desempeño fue perfecto como siempre… no puede quejarse, almirante. Usted obtuvo un modelo de la mejor calidad.

- ¡Eres una rata! – Lisa se rió y lo empujó juguetonamente con su hombro.

- Pero hasta las ratas necesitan comer y después de lo de anoche no sé tú amor, pero yo estoy hambriento… - Rick estaba preparándose un pan tostado con mantequilla.

- ¡Todo se ve delicioso! Gracias Rick… por el desayuno.

- De nada. – Él sonrió. - ¿Sabes? Tengo ganas de recostarme en el sol y no hacer nada… en el equipaje traigo un bote inflable… ¿No te gustaría ir a flotar en el lago un rato? Podríamos seguir haciendo planes porque hay mucho que discutir todavía.

- Me parece una buena idea, amor.

- ¡Entonces no se diga más! Iremos al lago…

Los dos desayunaron entre bromas y risas. Ambos se habían levantado de muy buen humor esa mañana y no era para menos. Se sentían felices, plenos y llenos de vida. Era como si el mundo se hubiera hecho más ancho, como si la luz fuera más brillante y los colores más intensos… todo parecía perfecto.

Después de desayunar los dos se vistieron con ropas ligeras y cómodas que consistían básicamente en un par de bermudas, camiseta y sandalias, y salieron al campo. Caminaron alrededor del lago, tomados de la mano y comentando los pormenores de la cena del día anterior. Después Rick sacó el bote inflable y cuando estuvo listo lo puso en las tranquilas aguas del lago y ayudó a Lisa a subir en él antes de que él mismo brincara a su interior. Dieron una vuelta al lago y luego lo dirigieron al centro del mismo. Una vez ahí ambos se recostaron y así, de cara al cielo, pasaron un par de horas haciendo mil planes para su boda. Hablaron de todo: los lugares en los que podrían llevar a cabo la ceremonia, qué tipo de ceremonia deseaban, en donde podrían hacer la recepción, la clase de comida que servirían, todo era un buen tema de conversación para ellos.

Después ambos se sentaron para mirarse de frente y, tomados de la mano y con sus rostros tan cercanos el uno al del otro que sus palabras apenas eran un murmullo, comenzaron a hacer miles de planes para su luna de miel… y para su vida matrimonial. Hablaron de sus responsabilidades domésticas, de los hijos que les gustaría tener, de la manera en la que planeaban equilibrar su vida profesional con su vida de familia… ambos estaban de acuerdo que entre las dos, su vida familiar siempre sería más importante.

Se besaron largamente, con ternura y con mucho cariño, se acariciaron, se contemplaron y después de varias horas regresaron a la residencia de los Hayes. Los dos tenían hambre y decidieron que comerían los restos de la deliciosa cena que Lisa había preparado para la noche anterior.

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Era la última tarde que pasarían en la residencia de los Hayes y ambos deseaban aprovecharla. Después de la comida Rick le sugirió a Lisa que hicieran un recorrido por la casa. Él se armó de su cámara digital, de un flexómetro láser y de un cuaderno de campo que le entregó a Lisa.

- ¿Para qué es esto? – Ella preguntó interesada.

- ¿No lo imaginas? – Él le respondió con una sonrisa. – Lisa, me gustaría restaurar tú casa familiar. Quisiera volver a verla con la gloria de antaño, como en sus buenos tiempos, cuando tú eras una niña y vivías aquí con tus padres.

- ¡Rick! – Lisa sintió sus ojos súbitamente llenos de lágrimas. - ¡Eso sería maravilloso! Pero… una restauración lleva tiempo y dinero y—

- ¡No importa! – Contestó él, poniendo su mano en la barbilla de Lisa para mirarla a los ojos y sonreírle con ternura. – Lo haremos, amor… te lo prometo. Cueste lo que cueste y aunque nos lleve toda una vida, lo haremos.

Lisa lo besó en los labios y lo miró profundamente a los ojos.

- Rick… sin embargo hay que tener en mente que si las cosas salen de acuerdo a nuestros planes, dentro de unos pocos años saldremos al espacio en nuestra misión y—

- Lo sé. – Rick la silenció besándola en los labios. – Pero no importa. Algún día volveremos¿No es así? Quizás entonces, ya con nuestra misión cumplida, podamos retirarnos a este lugar y pasar el resto de nuestros días juntos… en ese sitio. A mí me gustaría mucho¿a ti no?

- Sí… - Lisa no pudo evitar que una lágrima resbalara por su mejilla. - ¡Rick, eres increíble!

- Lo soy¿no es así? – Respondió el arrogante piloto con una sonrisa traviesa y guiñándole un ojo. – Entonces no llores, mi vida… necesito que me ayudes. Hablé con el director de la restauración del museo del Almirante Hayes sobre este proyecto y me pidió fotografías y medidas para comenzar a armar un proyecto de restauración para este sitio. Así que creo que es una buena manera de pasar nuestra última tarde aquí¿no te parece?

- ¡Absolutamente! - Lisa lo seguía por los abandonados pasillos de la vieja casona y lo contemplaba con amor.

- En realidad no está en tan malas condiciones. – Rick observaba la arquitectura del lugar. – Estas viejas casas realmente eran construidas para perdurar, no como nuestras cajitas de cerillos en la colonia militar de Macross… ¿Qué tan antigua es esta casa, amor?

- Es de finales del siglo XIX. – Lisa respondió. – Todos los títulos de propiedad están entre los documentos resguardados en el museo. Ahí deben de venir las fechas exactas.

- Bien… - Rick ya estaba tomando medidas con el flexómetro láser. - ¿Qué te parece si tomas fotos de esta habitación, preciosa?

- ¡A sus órdenes, mayor Hunter!

Rick se rió y la observó por unos momentos. Súbitamente Lisa parecía haberse perdido en sus recuerdos mientras fotografiaba la habitación. Sus ojos parecían nublados por la bruma del tiempo, como si estuviera contemplando aquel lugar con los ojos de su niñez. Él no quiso interrumpirla pero por otro lado le intrigaba lo que había en la mente de su almirante.

- ¿En qué piensas, mi vida?

- En nada en particular… - Lisa sonrió levemente sobre su hombro. – Sólo recordaba… no sé, cuando era niña y mi mamá… bueno, pasábamos mucho tiempo juntas. Me gustaba estar con ella, era una mujer muy cálida y cariñosa.

- Como tú. – Rick sonrió.

- No, ella no era tan maniática e histérica como yo.

- Tú no eres maniática ni histérica. – Rick la abrazó por la cintura.

- Bueno, eso viene de los labios de la persona que más me ha acusado de ser así.

- ¡Jamás me perdonarás por haber sido un completo estúpido! – Rick se rió y la besó en la mejilla. - ¿No es así?

- No amor, sólo bromeaba. – Lisa le acarició el rostro con su nariz. – Pero admito que tenías razón cuando me decías esas cosas.

- ¡Olvídalo! Mejor concentrémonos en tus recuerdos… - Rick la soltó y siguió tomando medidas. - ¿Qué era lo que más te gustaba hacer con tu mamá?

- Me gustaba escucharla tocar el piano… ella fue concertista antes de casarse con mi padre¿Sabías?

- Sí, me lo habías mencionado… incluso llegamos a ver algunos videos de sus recitales¿recuerdas?

- Cierto… - Lisa sonrió. – Me emocioné mucho cuando ella comenzó a enseñarme a tocar el piano… yo era muy pequeña entonces, pienso que no tenía más de tres años.

Rick dejó de hacer lo que estaba haciendo y lanzó un silbido largo de sorpresa. Miró a Lisa, quien seguía tomando fotografías, pero sus ojos estaban perdidos en el ayer.

- La noche que mi mamá murió yo había tenido mi primer recital de piano… ella ya no pudo ir a escucharme… - Lisa guardó silencio un momento. – Mi papá fue a recogerme más tarde… para mí fue triste saber que ninguno de los dos me había escuchado, porque para mí había sido un momento muy especial pero… cuando llegamos a la casa supe por qué. Esa noche… ella falleció.

Rick la observó con atención tratando de captar cualquier signo de dolor en su rostro. Ella lo miró y trató de sonreír.

- Supongo que cada quien tiene su tiempo determinado y cuando el ciclo se completa…

- Sí… - Rick prosiguió con lo suyo. – Es verdad… siempre es difícil perder a nuestros padres pero— al menos tenemos la satisfacción de pensar que ellos nos criaron bien¿no es así? Gracias a lo que ellos nos enseñaron hemos llegado a ser lo que somos hoy.

- Sí, tienes razón… sin embargo me hubiera gustado poder compartir un poco más de tiempo con ellos… mi padre jamás se recuperó del golpe que fue para él la muerte de mamá.

- Comprendo al almirante, sé que yo tampoco lo haría.

Lisa miró a Rick y él le dirigió una sonrisa amarga.

- ¿Tienes idea de cuantas veces pensé que te había perdido en combate, Lisa¡Fue terrible! Todas y cada una de esas veces fueron horribles… en especial la última.

- ¡Oh Rick! – Lisa tenía los ojos llenos de lágrimas otra vez.

- Pero no es momento de hablar de cosas tristes. – El piloto sonrió, mientras se movían a la siguiente habitación. – Mejor hablemos de lo que viene… de nuestra boda. Tenemos 110 días para planearlo todo así que no hay tiempo que perder, princesa… ¿Sabes? Estaba pensando… sobre nuestros anillos de matrimonio…

- ¿Sí? – Lisa respondió con una sonrisa sincera y emocionada.

- Bueno… me emociona mucho el tener un anillo… que todo el mundo que me vea sepa que soy tuyo, Lisa… mirarlo en mi dedo y saber que es un símbolo de nuestro amor… no lo sé. En fin, Max me dijo que hay una tienda de joyas en Ciudad Monumento y quisiera que fuéramos a visitarla… nos harían los anillos a nuestra medida y además podríamos ponerles una inscripción, nuestros nombres, algo así…

- Supongo que eso significa que tendremos que ir a Ciudad Monumento.

- Un fin de semana por allá no estaría tan mal. – Rick le guiñó el ojo. – Y además estaba pensando, sobre la ceremonia—

Los dos jóvenes pasaron prácticamente toda la tarde haciendo el levantamiento arquitectónico y fotográfico que Rick quería y que los restauradores necesitaban. Ambos tenían muchas ilusiones y muchos sueños para aquella vieja casona y para Lisa era realmente significativo el que Rick tuviera un interés tan particular y personal en la casa de sus ancestros. Él quería echar raíces y Lisa comenzaba a vislumbrar la clase de esposo y de padre que él sería: amoroso, responsable, vigilante… sin duda la clase de hombre que ella siempre había soñado.

Para la última de los Hayes era curioso pensar que todas las cualidades que ella siempre había idealizado cada vez que soñaba con ese hombre ideal que sería su compañero, estuvieran reunidas en alguien como Rick Hunter, un chico sencillo, sin pretensiones, honesto, trabajador y de un estrato social más bien humilde. Lisa se preguntaba qué hubiera pensado su padre de Rick, pero invariablemente la respuesta era la misma, el almirante hubiera adorado al piloto y lo hubiera considerado el hijo que nunca tuvo.

Rick tenía pensamientos similares. Él siempre fue un hombre hambriento de amor, de cariño y de afecto. Su madre había muerto siendo él apenas un niño y el vacío afectivo que ella había dejado en su vida jamás había sido llenado. La sed de ternura y de amor, la necesidad de sentirse amado y protegido era fuerte y profunda… él siempre había tenido mucho amor para dar, pero nadie que quisiera recibirlo, pero a la vez había tenido una necesidad inmensa de amor y de cariño… esa necesidad que sólo Lisa había sido capaz de saciar.

Rick jamás se imaginó que todo lo que él había estado buscando durante toda su vida estaba reunido en una persona: en esa oficial orgullosa, estricta, elegante, de abolengo y terriblemente hermosa que había conocido, no en muy buenos términos, en su primer minuto en el espacio aéreo de la Isla Macross.

Después de que terminaron de tomar las fotografías y medidas básicas para presentarlas a los restauradores, Rick sugirió que subieran al VF1 y fueran a contemplar el atardecer desde el cielo mismo. Aquella idea le pareció demasiado tentadora a Lisa como para rechazarla, por lo que inmediatamente aceptó. El piloto se emocionó y los dos salieron corriendo de la casa, jugando como un par de chiquillos, persiguiéndose, bromeándose y haciéndose cosquillas mientras se dirigían a abordar el VF1 que se erguía imponente cerca de la majestuosa residencia Hayes.

Rick elevó el impresionante aparato con una naturalidad y seguridad nacidas de tantos años de experiencia en combate. El VF1 remontó el vuelo en modo Guardián para luego llevar a cabo una imperceptible transformación a modo caza mientras seguía ascendiendo entre las nubes. El espectáculo que se podía ver desde ahí era impresionante. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y el cielo había adquirido los más espectaculares tonos dorados, carmesíes y azul profundo. Aquella imagen parecía sacada directamente de un sueño y Lisa no pudo evitar el reír emocionada.

- ¿Te gusta? - Preguntó él, con una sonrisa de alegría.

- ¡Es hermoso! – Lisa respondió, poniendo su mano sobre el vidrio de seguridad de la carlinga del VF1. - ¡Es un espectáculo sorprendente!

- Sabía que te iba a gustar, amor. ¿Sabes? Si pudiera, este sería un buen momento para besarte.

Lisa sonrió y desde su lugar en el asiento de copiloto, cerró sus brazos en torno al cuerpo de Rick e hizo un movimiento casi acrobático para besarlo en la mejilla. El piloto se rió y Lisa lo imitó.

- Contigo todo parece posible, Rick. Contigo… incluso el cielo está al alcance de mi mano. ¡Te amo! – Lisa susurró en su oído.

Por alguna razón el joven mayor sintió sus ojos nublarse con lágrimas contenidas mientras su corazón comenzaba a latir en su pecho a una velocidad vertiginosa. A veces el amor que sentía por Lisa se desbordaba con pequeños detalles como aquel y era casi doloroso.

- ¡Dios, Lisa! – Masculló entre dientes mientras se limpiaba los ojos con el dorso de su mano. - ¡Te amo tanto que a veces no sé que hacer con esto que siento por ti!

El piloto extendió su mano sobre su hombro para tomar la de ella y llevársela a los labios; pero aún después de besarla no la soltó y así, con sus manos entrelazadas contemplaron uno de los atardeceres más hermosos que habían visto en sus vidas.

- Esto debe de ser muy cotidiano para ti, Rick. – Lisa comentaba. – Tú vuelas mucho y supongo que ver atardeceres o amaneceres es cosa de todos los días.

- He visto muchos en mi vida, es cierto… pero ninguno tan hermoso como este. Y no lo digo por el atardecer en sí, sino por ti. Cuando estoy contigo, Lisa… todo es perfecto.

- Rick…

- ¿Qué pasa, princesa?

- Esto no es un sueño¿verdad?

- Lo es para mí. – Rick apretó su mano en la suya. – Un sueño que estoy viviendo contigo. Pero es real, Lisa… lo más real que hay en mi vida. A veces pienso que llegará el tiempo en que tendremos que salir al espacio exterior y cumplir con nuestra misión pero después regresaremos… e independientemente de lo que suceda, el saber que tú estarás siempre a mi lado me da seguridad, Lisa… tú eres mi paz.

- Tú eres mi todo, piloto.

Cuando una hora más tarde el VF1 aterrizó a orillas del lago en la residencia de los Hayes, ya estaba oscuro. Rick y Lisa se dedicaron a dar un paseo largo y relajado alrededor de las quietas aguas del lago que reflejaban el cielo nocturno tachonado de estrellas. Caminaron sin prisas, tomados de la mano, disfrutando de su mutua compañía, de la noche, de los sonidos y aromas del bosque. Al día siguiente regresarían a Ciudad Macross pero aquellos días que habían pasado en la residencia de la familia de Lisa eran ya memorables para ellos.

Se detuvieron cerca del embarcadero y se sentaron debajo de un árbol, muy cerca del lugar donde días antes habían sembrado su cedro. Conversaron de todo y de nada en particular. Se relajaron el uno en los brazos del otro, se acariciaron, se besaron, hablaron de todo lo que habían vivido en esos días y de todo lo que estaba por venir. Finalmente comenzaron a adormilarse debajo del manto estelar. Él estaba recargado en el tronco del árbol y ella cómodamente anidada entre los brazos de Rick, su espalda descansando en el pecho de él, mientras él subía y bajaba su mano perezosamente por el brazo de ella, haciéndole cosquillas. Ella acariciaba la mano que él mantenía posesivamente sobre el abdomen de ella. Estaban en silencio, escuchando los sonidos de la noche y el sonido acompasado de la respiración del otro. Era uno de esos momentos que ellos no deseaban que terminaran jamás.

Finalmente decidieron que era hora de volver al bunker, cenar, darse una ducha – juntos, se apresuró a puntualizar el piloto -, y después irse a la cama. Se pusieron de pie pero aún se dieron un tiempo para besarse larga y profundamente antes de iniciar el camino de regreso a la casa. Ella abrazó a Rick alrededor de la cintura y el colocó su brazo protectoramente alrededor de los hombros de ella. Caminaron sin prisas, conversando de mil cosas diferentes y riéndose de las ocurrencias del otro.

Una vez en el bunker, siguieron los planes al pie de la letra. Cenaron, se dieron una ducha y después se retiraron a descansar… aunque descansar no fue precisamente lo que hicieron. Dedicaron gran parte de la noche a una de esas sesiones de amor apasionadamente tiernas e intensas que ellos disfrutaban tanto. Se amaron, se llevaron mutuamente a las puertas del cielo para luego entrar juntos una y otra vez… hasta que ambos, totalmente agotados pero profundamente satisfechos se quedaron dormidos uno en brazos del otro, sus piernas entrelazadas, sus alientos confundidos y sonriendo levemente mientras, aún en sueños, sus almas volvían a encontrarse.

Aquella noche, como casi todas las noches, Lisa soñó con un apuesto piloto de cabellos rebeldes y los ojos azules más hermosos que ella hubiera visto en su vida. Rick por su parte soñó con una hermosa mujer de cabello color miel y ojos profundamente verdes en los que él podía contemplar todos los misterios del universo.

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Amaneció el sábado. Cuando el piloto abrió los ojos, pensando que debían volver a casa y antes de hacerlo tenían muchas cosas que empacar, sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando se sumergió en aquel profundo mar esmeralda que lo contemplaba con adoración y le acariciaba el rostro con esa ternura que sólo ella podía provocar en él.

- Buenos días, princesa…

Rick murmuró con voz ronca y una sonrisa adormilada, mientras luchaba por mantener sus ojos, aún llenos de sueño, abiertos. Lisa se acercó para besarlo justo en los ojos antes de susurrarle con una voz llena de amor:

- Status de la misión, T menos 109… y contando.

El piloto se rió y se golpeó levemente el pecho, indicándole con ese movimiento a Lisa que podía recostarse ahí. Ella lo hizo de inmediato, acurrucándose contra su cuerpo, buscando su calor y escuchando el sonido fuerte y rítmico de su corazón. Estuvieron así por un largo tiempo, sin hablar, solo compartiendo aquel despertar.

Finalmente fue Lisa quien comenzó a acariciar a Rick de una manera que hizo que todas las alarmas se encendieran en el piloto. Cuando sus labios se unieron a sus manos, él supo que ya no había marcha atrás. Él jamás lograría comprender el efecto que Lisa tenía sobre él y esa necesidad inmensa y urgente que sólo ella podía despertar en su cuerpo… esa necesidad de tenerla tan íntimamente cerca como fuera humanamente posible, de ser uno con ella, de fundirse en su cuerpo y llegar a lo más profundo de su alma… ese era uno de los muchos aspectos de su amor… ¡Uno que le encantaba!

Ambos decidieron aprovechar su último día; se entregaron el uno al otro y se dieron su tiempo para amarse. Se levantaron de la cama cuando ya era hora de comer. Había algo entre ellos aquella mañana, algo que los hacía sentirse particularmente enamorados… no podían dejar de mirarse, de acariciarse, de besarse ni de contemplarse mutuamente. Estaban en un estado total de fascinación mutua. Aquellos días de descanso en la antigua residencia familiar de Lisa habían sido buenos para ellos y excelentes para su relación de pareja. Aún después de comer, pasaron un buen rato en la cocina besándose y riéndose de ellos mismos, pues tenían muy poca voluntad para terminar con todo aquello y dedicarse a lo que verdaderamente importaba en esos momentos: recoger las cosas y volver a Ciudad Macross.

Fue doloroso separarse, pero ambos convinieron que dadas las circunstancias era lo mejor. Rick fue a limpiar el antiguo estudio del almirante Hayes, en donde habían tenido su cena formal hacía unas noches, mientras Lisa se encargaba del bunker. Una vez que todo estuvo listo, limpio y empacado, los dos decidieron hacer un último recorrido por las diferentes habitaciones de la mansión, por el lago, el embarcadero y el bosquecillo. Llegaron hasta su cedro y se prometieron mutuamente que irían a verlo en cuanto se casaran. Querían ser testigos del crecimiento de aquel arbolito que era un símbolo tangible de su amor. Se besaron y prometieron que visitarían aquel sitio por lo menos cada año, aunque Rick le aseguró que una vez que comenzara la restauración de la vieja casona, estarían yendo a aquel lugar muy frecuentemente.

Cuando volvieron a la casa, el piloto se dedicó a subir todo al VF1 mientras le daba tiempo a Lisa para que se despidiera en privado de su casa. La almirante estaba de pie ante la residencia ancestral de su familia, pero esta vez no se sentía triste, ni siquiera nostálgica. Ahora sabía que aunque sus raíces estaban arraigadas en aquella tierra a la que tanto amaba, su vida estaba en otro sitio… y su corazón no había echado raíces en un lugar físico, sino en otro corazón… en el de Rick Hunter, el joven piloto rebelde que la esperaba al lado del VF1. Lisa lo miró sobre su hombro y sonrió.

- Mamá, papá… - murmuró. – Yo estoy bien… ahora estoy bien. Estoy con él y estoy feliz. Mi corazón ha encontrado su hogar en el suyo. ¡Los amo!

Lisa se acercó a Rick y él la recibió con los brazos abiertos. Ella se acurrucó contra su pecho y él le besó la frente.

- ¿Estás bien?

- Sí… - Lisa le sonrió. – Y lista para volver a casa.

El piloto asintió y la ayudó a subirse a la cabina del VF1. Enseguida fue a tomar su lugar y mientras comenzaba con los procedimientos rutinarios de despegue, observó la casa de los Hayes por última vez.

- Vamos a volver, Lisa. Te prometo que lo haremos.

- Claro… - ella sonrió. – Rick, estas fueron las mejores vacaciones de mi vida.

- En ese caso, - El arrogante piloto sonrió, mientras comenzaba a elevar el VF1. – Me parece que tendré que lucirme para nuestra luna de miel¿no es así?

- Así parece. – Lisa le siguió el juego. - ¿Crees poder hacerlo?

- ¡No me conoces, Hayes¡Ni te imaginas!

Los dos se rieron divertidos. Miraron la vieja casona que descansaba plácidamente en medio de aquel bosquecito y al lado del lago. Rick mantuvo el VF1 en modo Guardián sobre la casa por algunos minutos, como esperando la autorización de Lisa para alejarse de ahí. Ella así lo entendió, porque finalmente puso su mano sobre el hombro de él y le dio un apretoncito.

- Vamos a casa, amor.

- ¡A la orden, mi almirante!

El VF1 cambió de modalidad y con un poderoso rugido remontó el vuelo por los cielos azules de esa tarde de verano dejando tras de sí una estela de humo blanco, mientras enfilaba de regreso a Ciudad Macross y a la vida que Lisa y Rick habían decidido compartir, caminando el camino juntos, como pareja para toda la eternidad.

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El día había amanecido soleado y tibio pero ni Lisa ni Rick lo habían notado. Desde el momento en que habían vuelto a casa la noche anterior se habían retirado a su habitación a descansar y aunque ya era tarde, ninguno de los dos había despertado todavía. Después de la semana agotadoramente increíble que habían pasado en la Residencia de los Hayes, los dos necesitaban descansar aquel domingo para estar listos para volver al trabajo al día siguiente.

Como casi siempre sucedía, fue Rick el primero en abrir los ojos. Los pajaritos estaban cantando en el jardín y la luz del sol entraba a raudales a través de las finas cortinas blancas de la habitación. El piloto se estiró perezosamente, con una enorme sonrisa en los labios y se talló los ojos para quitarse el sueño de encima. Se pasó la mano por el cabello despeinado mientras bostezaba. Lisa se movió un poco a su lado, incomodada por los súbitos movimientos de él, hizo unos ruiditos con la garganta y se abrazó a su almohada pero no despertó.

Aquello pareció causarle gracia a Rick, quien se rió suavemente y se recargó en su codo, para mirar a Lisa de frente y jugar distraídamente con sus cabellos sedosos y suaves. La contempló en silencio por varios minutos sin poder quitarse la sonrisa de los labios. Fue cuando sus dedos se deslizaron por su brazo desnudo cuando Lisa entreabrió los ojos y lo miró con una sonrisa.

- ¡Buenos días, mi apuesto piloto!

Él sonrió y se inclinó para besarla en la frente. Sus labios permanecieron contra la piel de Lisa por más tiempo del requerido, pero ella se dejó consentir. Cuando él se separó, continuó acariciándole el cabello.

- ¿Descansaste bien?

- Sí, de hecho sí lo hice. – Lisa se tendió de espaldas y se estiró. - ¿Y tú?

- Muy bien. ¿Sabes? Estaba pensando en lo mucho que me gusta dormir contigo y despertar a tú lado... se siente... correcto.

- Sí... – Lisa sonrió adormiladamente, pero enseguida un gesto de reproche apareció en su rostro. – Pero hace falta algo...

- Hmmm... – Rick se rió y se inclinó a besarla en los labios. – No lo he olvidado, princesa... 108 días.

Lisa colocó sus manos en las mejillas de él mientras se besaban. Cuando se separaron el piloto suspiró con frustración.

- ¿Qué sucede, amor?

- No sé... a veces me da mucho coraje el pensar en todo el tiempo que perdimos, Lisa. Es decir, esto es tan correcto, tan hermoso... y nos lo estábamos perdiendo. – Ella iba a decir algo, pero el la silenció colocando un dedo sobre sus labios. – Lisa... aquella nochebuena, cuando fuiste a mi casa a hablar conmigo y—

Rick no pudo terminar su frase, pero Lisa sabía a lo que se refería...

- En fin, quizás es una tontería pero... si hubiéramos podido hablar esa noche... ¿Qué me hubieras dicho, amor?

- No sé. – Lisa respondió con sinceridad. – Realmente no sabía que te iba a decir... Claudia me convenció de ir a verte pero yo no llevaba ningún discurso preparado. Supongo que iba a dejar que las cosas sucedieran como debían de suceder. Pero ¿por qué me preguntas sobre esto así tan de repente?

Rick se encogió de hombros.

- Yo había estado pensando mucho en ti¿sabes? Habían sido semanas muy difíciles y me sentía perdido sin ti... tú no querías hablar conmigo, mucho menos verme... cambiabas tu turno sólo para no toparte conmigo en la base... y yo no podía dejar de pensar en ti. No contestabas mis llamadas, no me saludabas si por casualidad pasabas a mi lado, cuando iba a esperarte a tú casa tú jamás te aparecías... era como si yo hubiera dejado de existir para ti y eso me dolía mucho, Lisa. Mientras patrullaba pensaba en ti, con la esperanza de verte aparecer en el Tacnet pero hasta eso me habías quitado. Esperaba que algún día te aparecieras en mi puerta, que fueras a gritarme, a regañarme, a darme una bofetada, lo que fuera... con tal de saber que todavía existía... que de una u otra manera tú estabas ahí.

- Rick... – Lisa lo miraba a los ojos insistentemente descubriendo la sinceridad en cada una de sus palabras.

- Fueron malos tiempo... pero ya quedaron atrás y por eso quiero que todo sea perfecto entre nosotros ahora, Lisa. Porque sé que duele estar sin ti. Aquel día, todo el día había pensado en ti. Traté de localizarte para invitarte un café pero nunca te encontré. Claudia me ayudó al convencerte de que fueras a hablar conmigo pero... como de costumbre lo eché todo a perder. Lisa, conociste a ese muchacho ingenuo, tonto y torpe que yo era, y aún así creíste en mí. Por eso ahora quiero mostrarte el hombre serio, responsable y comprometido que puedo ser... porque te amo, preciosa.

Lisa sonrió enternecida y conmovida por las palabras de Rick. Había veces que sentía que jamás llegaría a comprender la manera en como funcionaba el cerebro de su piloto, con esos pensamientos tan súbitos que parecían salir de la nada. Pero esa mañana decidió que no iba a cuestionar nada. Lo miró profundamente a los ojos, le sonrió con una de esas sonrisas que siempre hacían que él se quedara sin aliento y le acarició el rostro con amor.

- Te amo, Rick Hunter. – Le dijo con una voz llena de amor y de ternura. – Me gustas... ¡Me gustas mucho y te amo todavía más!

Rick sonrió una sonrisa que quiso ser arrogante, pero terminó por ser tímida. Sus ojos brillaron radiantes y tomó la mano de Lisa para besarla vehementemente.

- Que una mujer tan hermosa como tú me diga eso es bueno para mi ego y mi autoestima, amor... hace que mis piernas se sientan débiles y que a otras partes de mi anatomía les ocurra lo contrario...

Lisa soltó una risa espontánea y acalló al piloto con un beso suave y profundo en los labios, impidiéndole que siguiera hablando.

- ¡Eres un pervertido! – Lisa murmuró contra sus labios, sin dejar de sonreír.

- Es tú culpa Hayes... – Él tampoco dejaba de besarla. – Pero así te gusto...

- Mucho... – Lisa seguía besándolo. - ¡Mucho...!

Rick la hizo girar para recostarla sobre las almohadas y atraparla debajo de su cuerpo, aunque sosteniendo su peso con sus brazos para no incomodarla. Los dos se miraron a los ojos y sonrieron, destilando amor en esas miradas y esas sonrisas.

- Tú también me gustas mucho, Lisa. Eres la mujer más hermosa que he conocido en mi vida... toda tú eres perfecta y tus ojos... – Rick la besó en los ojos. - ¡Son los ojos más bellos del mundo! Me gusta cuando sonríes porque brillan de una manera muy especial... y tú te ves hermosa cuando sonríes.

Sin poder evitarlo una sonrisa esplendorosa apareció en los labios de Lisa iluminando su rostro y haciéndola lucir tan hermosa como Rick le había dicho. Él se rió y la besó en los labios. El beso que empezó suave y tierno comenzó a intensificarse hasta que los dos comenzaron a devorarse mutuamente con una pasión y una necesidad tan poderosa que solo podía ser apagada con la unión intima de sus almas y sus corazones en una expresión física de amor que traspasaba las barreras de lo real para alcanzar regiones etéreas en donde solo parecían existir sus almas, unidas para siempre por los lazos de su amor.

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El día lo pasaron tranquilo en la casa. Se habían vestido con ropas cómodas, básicamente bermudas y camisetas, y se habían dedicado a desempacar. Pero el día tibio y tranquilo los hacía sentir perezosos. Mientras Lisa hablaba por teléfono con Kelly, Rick se había encerrado en el estudio para salir, momentos más tarde, con una hoja de papel laminada que llevó a la cocina.

La almirante terminó su llamada telefónica con su asistente, en la que básicamente la puso al tanto de todo lo que había ocurrido en su ausencia, que no había sido nada importante y le había informado de los pendientes de la semana. Entró a la cocina y vio a Rick colocando algo en la puerta del refrigerador.

- ¿Qué haces, amor?

- Ven a ver. – El piloto sonrió y puso su brazo en torno a los hombros de Lisa cuando la tuvo cerca. – Es un calendario.

Lisa no pudo evitar el reír entre divertida y emocionada con aquella nueva ocurrencia de su piloto. Había hecho un calendario que básicamente consistía en 108 casillas en numeración descendiente hasta el 10 de octubre. Dichas casillas formaban un caminito en un cielo azul y había un pequeño VF1 de juguete con un imán, que irían avanzando día a día.

- ¿Qué te parece?

- ¡Rick! – Lisa se acurrucó contra su cuerpo. - ¿Cómo se te ocurren estas ideas?

- No sé, sólo lo pensé y lo hice. Así no perderemos la cuenta.

- ¡Como si la fuéramos a perder!

Los dos se miraron y se besaron suavemente en los labios con una sonrisa. Cuando se separaron Rick preguntó:

- ¿Qué dice Kelly¿Cómo está la bola de pelos? Y con bola de pelos me refiero al perro, claro.

- ¡Eres terrible! –Lisa se rió y abrió el refrigerador para comenzar a sacar ingredientes para prepara algo de comer. – Está bien, me estuvo diciendo sobre lo que ocurrió en nuestra ausencia, que fue prácticamente nada.

- Eso es bueno¿cierto? – Rick se sentó en la barra y abrió una lata de Petite Cola.

- Sí, lo es... y bueno, ya que lo preguntas, Kelly está feliz con Enkei.

- Se me hizo raro que David no viniera el día de la promoción. – Rick se encogió de hombros.

- Fue muy sorpresivo, amor. Tú te diste cuenta ese mismo día y yo apenas unas horas antes. No hubo tiempo de avisarle pero Kelly me dijo que vino a visitarla en la semana y que se la pasaron muy bien. David quiere llevarla a Nueva Montreal a que conozca a su familia. – Lisa sonrió soñadoramente. - ¿No es fantástico?

- Lo es solamente si David tiene buenas intenciones con mi prima.

- ¡No seas celoso! – Lisa pasó detrás de él y le alborotó el cabello. – Yo sé que David quiere a Kelly y la quiere bien. Y ella, bueno, es más que obvio que está enamorada de él. Además David es un buen hombre, muy serio y formal. Y créeme que no se atrevería a jugar con los sentimientos de la prima del Mayor Hunter.

- La casi-cuñada de la almirante Hayes. – Rick atrajo a Lisa hacia él por la cintura.

Lisa le echó los brazos al cuello y recargó su frente en la suya.

- Así jamás voy a tener la comida lista, amor. – Lisa lo regañó.

- ¿Quién quiere comida, si puedo tener esto?

Rick la besó en los labios. Ella no se resistió a aquel beso, pero casi de inmediato un sonido extraño proveniente del estómago de Rick hizo que los dos se separaran y se rieran divertidos.

- Ahí está la respuesta. – Lisa se soltó de su abrazo y le acarició el estómago, provocándole cosquillas. – Tal vez tú no quieras comida, pero tu pancita sí.

- ¡Aw…! – Rick se rió. - ¡Mi panza me acosa!

Rick le ayudó a Lisa a cocinar algo rápido y sencillo. Después fueron a comer a la terraza de las pérgolas y a disfrutar del clima veraniego de Ciudad Macross. Se relajaron después de la comida y más tarde decidieron darse un chapuzón en la alberca. El día pasó rápido y ellos sabían que tenían que irse a dormir temprano pues al día siguiente había que volver a la base.

Se bañaron, vieron televisión un rato y se adormilaron en el sofá de la estancia, mientras veían en noticiero nocturno. Finalmente decidieron ir a su habitación y dormir. Al día siguiente había que madrugar. Una semana más había pasado y ellos podían decir, sin duda alguna, que había sido una de las mejores de su vida, aunque Rick, arrogante como siempre, le hubiera dicho a Lisa que él se encargaría de mejorar aquella semana… en su luna de miel.

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El lunes por la mañana el despertador se dejó escuchar y Rick gruñó mientras rodaba sobre sí mismo para apagarlo. Cuando lo hizo se percató de que aún se veía oscuro y se le hizo extraño. Entreabrió los ojos y miró la hora al tiempo que dejaba caer la cabeza pesadamente sobre la almohada y lanzaba un suspiro de frustración.

- Media hora… - Gruñó, cubriéndose el rostro con su brazo. – Nos equivocamos y pusimos en despertador media hora antes de tiempo.

Rick sintió que Lisa se incorporaba un poco y se quitó el brazo de los ojos para mirarla. Ella lo observaba con una hermosa sonrisa adormilada en los labios y sus ojos entreabiertos.

- No… - Le susurró Lisa contra sus labios. – No fue una equivocación.

Los ojos de Rick se abrieron desorbitadamente cuando estuchó aquello, pero no tuvo mucho tiempo de pensar, pues Lisa ya lo estaba besando profunda e íntimamente. Él se rió contra sus labios y cerró los ojos para entregarse a ese beso… y a ella.

- Me encantas¿lo sabías? – Susurró sin dejar de besarla.

- Lo sé.

- Jamás dejas de sorprenderme, Lisa.

- De eso se trata, piloto… de sorprenderte y de—iniciar bien la semana.

- ¡A sus órdenes, almirante!

Rick apenas pudo murmurar antes de que su beso se intensificara y ambos perdieran todo contacto con la realidad y las ganas de seguir hablando.

Después de aquel excepcional inicio de semana, los dos se ducharon juntos. Fueron a la cocina y después de mover el pequeño VF1 en su calendario de cuenta regresiva, desayunaron y salieron de su casa con el tiempo suficiente para llegar a la base sin contratiempos.

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Mientras Rick conducía su Freelander hacia la base, los dos comentaban las anécdotas de la semana que habían pasado, se reían, bromeaban y ocasionalmente se ponían a cantar juntos las canciones que estaban sonando en el reproductor de CDs. Aquella mañana estaban felices y totalmente enamorados y no podían ocultarlo… ¡No querían ocultarlo!

Estacionaron la camioneta en el estacionamiento de la base y por más esfuerzos que hicieron, parecía que ninguno de los dos podía lograr actuar marcialmente. Se soltaron de las manos cuando cruzaron los límites de los terrenos militares, pero aún así no podían dejar de mirarse, de sonreír ni de besarse furtivamente cuando pensaban que nadie los veía… aunque en aquel lugar en realidad todos los ojos estaban clavados en ellos.

- ¡Max y Miriya van a estar muy emocionados cuando les digamos que ya tenemos fecha para la boda! – Rick comentaba en el elevador mientras acompañaba a Lisa a su oficina.

- Sí, lo sé. Miriya va a querer que vayamos de inmediato al centro comercial a ver vestidos de novia y todas esas cosas.

- Y Max va a comenzar a presionarme con que prepare la luna de miel.

- Pues más vale que le haga caso, señor.

Los dos se rieron pero no alcanzaron a besarse pues la puerta del ascensor se abrió y los dos salieron al pasillo. Varios oficiales los saludaron oficialmente, pero sin poder ocultar una pequeña sonrisa pícara en los labios. Para nadie era un secreto que la almirante Hayes y el mayor Hunter habían pasado una semana juntos en un lugar privado. Y el verlos tan felices y con las sonrisas que traían en los labios, no era difícil imaginar que la habían pasado muy bien.

Apenas los jóvenes militares entraron a la oficina del almirantazgo, Kelly se lanzó sobre ellos para abrazarlos con gran emoción. Aquel ataque de amor fue tan repentino e inesperado que literalmente sacó el aire de los pulmones a Lisa y Rick.

- ¡A nosotros también nos da gusto verte, Kelly! – Lisa apenas pudo hablar.

- ¡Hey! – Rick se rió. – Creo que Miriya te está mal influenciando, prima.

- ¿Cómo les fue? – Kelly literalmente brincaba alrededor de ellos mientras se dirigían a la oficina de la almirante. - ¿Se la pasaron bien¿Ya tienen fecha para la boda?

- Nos fue muy bien. – Rick se recargó en el escritorio de Lisa y la atrajo contra sí.

- Fue una semana extraordinaria. – Lisa recargó su espalda en el pecho de Rick y le permitió que la besara suavemente en la mejilla.

- ¿Y la fecha de boda? – Los ojos azules de Kelly brillaban con emoción reprimida.

- El diez de octubre. – Lisa y Rick respondieron al unísono.

Kelly lanzó un grito y comenzó a saltar emocionada. Los dos jóvenes enamorados se reían al verla tan feliz. Rick había deslizado sus brazos alrededor del cuerpo de Lisa y la sostenía firmemente contra sí mientras le acariciaba el rostro con sus labios y nariz con ternura. Lisa quería protestar, pero no lograba reunir las fuerzas o la voluntad necesaria para hacerlo.

- ¡Vamos a tener que trabajar mucho porque hay muchas cosas que preparar! – Kelly estaba feliz. - ¿Ya han pensado en dónde van a celebrar la ceremonia¿Y la recepción¿Y tu vestido de novia, Lisa… es decir, almirante?

Lisa no podía dejar de reírse. Aquello parecía irreal. Sin embargo se obligó a recuperar su aire militar y su actitud seria y responsable de almirante de las fuerzas de defensa. Se separó de Rick, aunque le fue casi doloroso hacerlo, y se dirigió a su asistente, mientras iba a sentarse en su sillón detrás del escritorio.

- Estamos trabajando… creo que más tarde tendremos tiempo de hablar de esto.

- ¡Esa es la Lisa Hayes que yo conozco! – Rick se rió. – Mira nada más… tan seria… tan dueña de sí misma… tan profesional… ¿Alguna vez te había dicho que me encantas cuando actúas de esta manera, preciosa? – El piloto le guiñó el ojo.

Lisa trataba de enfocarse en la pila de documentos que tenía sobre su escritorio, pero no pudo evitar el sonreír y sonrojarse un poco con el comentario de Rick. Se aclaró la garganta y adquirió un aire de seriedad mientras se dirigía a su asistente.

- ¿Cuáles son los pendientes del día, teniente Hickson?

- Bien… - Kelly trató de estar a la altura de las circunstancias y adquirió la misma actitud seria de Lisa, mientras revisaba su agenda electrónica. – Los documentos que le dejé sobre su escritorio son prioritarios, almirante. Deben de salir hoy mismo.

- De acuerdo… - Lisa los estaba revisando.

- El coronel Maistroff me pidió que en cuanto regresara le agendara una reunión de trabajo, para que él le rinda el informe y—

Rick sonreía divertido, al ver el cambio de actitud tan intempestivo en aquellas dos mujeres. Sabía que tenía que ir al hangar y que seguramente su trabajo también se había apilado, pero él a diferencia de Lisa no tenía una asistente que le ayudara a organizar su vida. Pensó en todos los horarios de vuelo que tendría que revisar y aprobar, pensó en los informes que debía revisar, en el patrullaje del día, en las horas de simulador, en que tenía que comenzar a preparar su último vuelo de pruebas… tenía mucho que hacer, pero le era difícil ponerse de pie y alejarse de Lisa. Mientras la contemplaba extasiado, en lo único en que podía pensar era que esa mujer tan maravillosa iba a ser su esposa y aquel pensamiento era suficiente para hacer que su corazón se acelerara sin control.

- Básicamente eso es todo lo de hoy, almirante. – Kelly terminó. - ¿Cuáles son sus órdenes?

- Voy a trabajar en estos documentos ahora. Habla con Maistroff y pídele que venga a las 1300 horas y que me entregue un reporte por escrito. Voy a revisar estos memorandums que tengo aquí y en cuanto lo haya hecho te los pasaré para que respondas de enterado a la Oficialía de Partes del GTU, Kelly.

- Sí almirante, iré preparando los formatos.

- Me parece que eso es todo por ahora. – Lisa sonrió.

Kelly asintió con la cabeza y comenzó a dirigirse a la puerta. Rick se puso de pie, pues había estado sentado en la orilla del escritorio. Por más que quisiera quedarse ahí, sabía que tanto él como Lisa tenían trabajo que hacer. Se acercó a ella y se inclinó a su lado tomándola de la mano. Iba a despedirse y a desearle un buen día, cuando la voz de Kelly los interrumpió.

- Por cierto, almirante, casi lo olvidaba…

- ¿Qué sucede, Kelly?

- Hay una persona que ha estado llamando por teléfono desde la semana pasada. Quiere verla y parece urgente. Yo le dije que usted no estaba en la ciudad pero me dijo que iba a quedarse en Macross algunos días y me pidió que le agendara una cita con usted, almirante… y que le avisara en cuanto usted regresara porque le urgía hablar con usted.

- ¿Te dijo su nombre? – Lisa preguntó, sin prestar mucha importancia al asunto, pues Rick se había llevado su mano a sus labios y la estaba besando.

Kelly revisó su agenda y asintió con la cabeza.

- Dijo que era un viejo conocido suyo, almirante… se apellida Riber.

El tiempo pareció detenerse por un segundo para Rick y para Lisa. Ella sintió la mano del piloto ponerse fría y temblar un poco. Lisa parpadeó un par de veces y sacudió la cabeza… súbitamente tenía una jaqueca.

- ¿Riber? – Preguntó Lisa, tratando de mantener su compostura pero sintiendo su boca totalmente seca y con un sabor amargo. - ¿Te dijo su nombre?

- No almirante, sólo su apellido. Habló por lo menos unas 3 o 4 veces en la semana. Era demasiado insistente y me dijo que era urgente. ¿Qué hago?

Lisa pasó saliva y movió negativamente la cabeza. Rick estaba estático, sin poder reaccionar ni salir de su asombro. Su corazón le latía tan de prisa que él podía escucharlo en su cabeza y su pulso se había acelerado. Sentía que no podía respirar y la cabeza le daba vueltas.

- Está bien, Kelly… por ahora es todo.

- De acuerdo, almirante. – Kelly hizo un saludo militar y salió de la oficina.

Lisa levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Rick que la observaban con una mezcla de dolor, incertidumbre, rabia y miedo… sobre todo mucho miedo. Ella apretó su mano con fuerza y se la llevó a los labios para besarla.

- Es imposible, Rick. – Murmuró.

- Al parecer no… al parecer hay personas que se niegan a morir.

- Rick… - Lisa se puso de pie. - ¡Él está muerto y así se va a quedar para siempre¡Mi vida eres tú!

Los dos se miraron profundamente a los ojos. El piloto sacudió la cabeza… aquella era una pesadilla. Era un mal sueño… lo que él siempre había temido. Era como si de pronto todos sus temores y todos sus fantasmas se hubieran materializado ante él.

- ¿Por qué ahora? – Pensaba dolorosamente. - ¿Por qué en este momento?

- Y si no es él¿Entonces quién?

- Quien sea, eso no me importa… esto no cambia las cosas, amor… ¡Yo te amo a ti! – Lisa lo tomó de las manos. - ¡Desde siempre y para siempre!

- Yo lo sé, Lisa… y jamás dudaría de tu amor pero… si es él… cuando lo veas cruzar esa puerta…

- ¡Es que es imposible, Rick¡No puede ser!

- ¿Y si es cierto? – Rick la tomó de los hombros con desesperación. - ¿Qué pasaría, amor?

- ¡No pasaría nada! Cerraríamos un círculo y eso sería todo. Yo te amo a ti. Tú eres mi vida, Rick Hunter… y nada, escúchame bien, nada ni nadie podrá cambiar jamás esa verdad absoluta que existe en mi corazón. ¿Confías en mí?

- ¡Con mi vida, Lisa¡Te amo!

Sus ojos se encontraron. Sus manos estaban entrelazadas entre ellos y ambos se observaban insistentemente con una extraña mezcla de amor absoluto e incertidumbre. Lisa atrajo a Rick a ella y él escondió su rostro en su cuello. Ella le acarició el cabello y lo besó con amor en la mejilla. Se separó un poco de él, para mirarlo a los ojos. Iba a decir algo más, pero la voz de Kelly en el interfón la interrumpió.

- Almirante Hayes… - Su asistente anunció. - El señor Riber está aquí y quiere verla… dice que es importante. ¿Cuáles son sus órdenes, almirante?

Lisa miró a Rick con una determinación y una seguridad que cayeron sobre el corazón del piloto como una pesada losa de mármol. Ella se acercó al interfón y respondió:

- Dame un minuto, Kelly.

- Sí, almirante.

Enseguida volvió a acercarse a Rick, quien estaba de pie, inmóvil al lado del escritorio. Lisa lo tomó de las manos y las colocó sobre su pecho, mirándolo fijamente a los ojos.

- Rick, escúchame… no sabemos quién es la persona que está detrás de estas puertas ni sabemos qué es lo que quiere. Pero lo que menos deseo es que cuando pienses en este momento, me recuerdes a mí corriendo hacia esa puerta, impaciente por encontrarme con quien esté allá afuera con Kelly… yo te amo, Rick… te amo a ti y sólo a ti. Si quieres que abra esa puerta y me encuentre con esa persona, lo voy a hacer… pero quiero que tú te quedes aquí conmigo… pero si quieres que no lo haga, entonces simplemente no lo haré. Eres mi prometido y por respeto a ti y al amor que siento por ti quiero que tú tomes esta decisión. Y escúchame bien, lo que sea que decidas, jamás me arrepentiré de haberte escuchado… y jamás te lo reprocharé.

Rick observaba a Lisa atentamente y al escucharla decir todas esas cosas sus ojos se llenaron de lágrimas. Sentía que su corazón se había vuelto loco en su pecho, le latía tan fuerte que le dolía… su latir era un sonido que retumbaba en su cabeza y le provocaba jaqueca. Sentía que su estómago le dolía y le era difícil respirar.

- ¿Es esto lo que ella sentía cada vez que Minmei aparecía en mi vida? – Rick pensaba. - ¡Dios mío, Lisa… cuánto daño te hice!

Aquel duelo de miradas se extendió por unos minutos que parecieron durar una eternidad. Él no pudo evitar una lágrima rebelde que escapó de la esquina de su ojo y resbaló por su mejilla. Ella le acarició el rostro con amor, para limpiarle aquella lágrima. Amor, eso era lo único que Rick veía en sus ojos… un amor total e incondicional y una confianza que hacía que se sintiera empequeñecido ante aquella mujer tan hermosa, tan buena y tan comprensiva.

El piloto respiró profundamente y se dio un tiempo para exhalar lentamente todo el aire de sus pulmones. Ahora fue su turno de apretar las manos de Lisa contra su pecho después de besarlas ardorosamente.

- Te amo, Lisa… jamás lo olvides… jamás lo dudes. Tú también eres mi vida entera.

- Rick…

- Ahora necesito que tú me escuches a mí, amor… tenemos que cerrar el círculo, tienes razón. Yo confío en este amor que ambos compartimos. Lisa, tú has tenido que soportar muchas cosas de mí… y yo siempre me he comportado como un cretino cabeza dura contigo… no tienes idea de la rabia, los celos, el coraje y el miedo que traigo aquí adentro en estos momentos. – Rick se frotó el pecho sobre el corazón. – Pero es algo que debemos hacer… si tú me permites estar a tu lado…

- Siempre, Rick… ¡Siempre! – Ahora fue Lisa quien no pudo evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.

- ¡No llores, mi vida! – Rick la besó en los ojos. – Estamos juntos en esto… pase lo que pase y venga lo que venga… ¿cierto?

- Sí… - Lisa lo besó en los labios levemente. – Pase lo que pase y venga lo que venga… desde ahora y para siempre.

Ambos se sostuvieron la mirada por unos momentos. Lisa sentía que él estaba temblando levemente. Ella misma sentía su corazón latiendo sin control, pero estaba tranquila y segura de sus sentimientos. Puso su mano en la mejilla del piloto y lo atrajo para besarlo en los labios, más profundamente esta vez. Él cerró los ojos y se entregó en cuerpo y alma a ese beso… los labios de él se sentían fríos y secos y su beso era amargo. Lisa intensificó aquel beso, tratando de poner en él todo el amor que sentía por Rick. Lentamente se separaron y él escondió su rostro en el cuello de ella, que lo abrazaba estrechamente, acariciándole el cabello y la espalda mientras le besaba la mejilla y le susurraba al oído cuánto lo amaba.

- Vamos a estar bien, amor. – Ella le decía.

- Pase lo que pase. – Rick le susurró al oído antes de besarle la mejilla. - ¡Te amo, Lisa!

Los dos se separaron un poco y se miraron a los ojos. El piloto le acarició la barbilla a Lisa, mirándola a los ojos. Había muchas promesas en esa mirada. Los ojos de él se enternecieron, inundándose con todo el amor que sentía por ella. Los ojos profundamente verdes de la almirante brillaron intensamente, como respondiendo a los de él.

Con una ternura infinita él levantó la barbilla de Lisa con sus dedos para besarla suavemente en los labios; fue un beso fugaz pero lleno de amor. Se separaron lentamente y mientras Rick le acariciaba la mejilla con el dorso de su mano, contemplándola extasiado, asintió levemente con la cabeza. Ella, sin soltar la mano de su piloto, oprimió el botón del intercomunicador y habló con voz firme y segura.

- Kelly… puedes decirle al señor Riber que pase… que el Mayor Rick Hunter y yo lo recibiremos en mi oficina.

- ¡Enseguida, almirante! – Kelly respondió.

Lisa miró a Rick, quien trató de sonreírle. Ella tomó aire, aspirando profundamente. Sintió cómo la mano del piloto se cerró estrechamente en torno a la suya y sus dedos se entrelazaron. Ambos estaban de pie frente al escritorio, mirando hacia la puerta de la oficina que en cualquier momento se abriría. - - -

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Notas del autor:

Este capítulo va con una dedicatoria muy especial a una de las personas que realmente ha hecho posible esta y muchas otras historias. Esta dedicado a mi querida Almirante Lisa Hayes en honor a su cumpleaños (3 de Marzo). Siguiendo la cronología de Macross, ella cumpliría 17 años el próximo sábado.

¡Muchas Felicidades Lisa!

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