Aquí un nuevo capítulo, espero lo disfruten.
"¿Segura que va a venir?" Claire se encontraba meciéndose en el columpio, sus brazos extendidos completamente y su cuerpo inclinado hacia atrás; su cabeza era adornada por un gorro color rosa y sus manos por un par de guantes del mismo color y sin dedos. Su cabello rubio se mecía con el viento y sus mejillas poseían un cálido rubor producto del ejercicio y del frío viento. "Mamá nos llevará a Ricky's por un batido."
Samantha estaba sentada en el otro columpio pero sus ojos estaban enfocados en el tránsito, esperando ver a su nueva amiga, "sí, ella me dijo hoy que vendría. Incluso no podía creer que su mamá le hubiera dado permiso."
"¿Por qué? ¿Está castigada o algo?" La voz de la rubia incrementaba y disminuía con el vaivén de su movimiento.
"No, es sólo que Beth es como… uhm…" la otra niña frunció el ceño, tratando de encontrar el mejor adjetivo que describiera el comportamiento de su amiga, "¿una chica mala?"
Claire plantó sus pies en el suelo de forma abrupta, logrando que un poco de tierra se levantara, sus ojos azules observaron con curiosidad a la castaña. "¿Chica mala como en buena onda mala o como mala que le gusta atormentar a otras niñas?"
"No, ella no es una brabucona, es algo tímida pero hace cosas que no debería," respondió Samantha quien ahora miraba a su mejor amiga a los ojos, preocupada de que no aprobara su amistad con Beth. "Creo que no tiene amigas porque otros padres no quieren que sus hijas se junten con ella."
"Y… ¿por qué tú te juntas con ella?"
La castaña se encogió en hombros, "fue la primera que me habló y tenemos cosas en común." La niña observó como Claire desviaba la mirada hacia el frente, su rostro no expresaba sentimiento alguno, lo cual no representó una buena señal para Samantha, pues temía que este pequeño encuentro resultara en un total fracaso, ya que las dos pequeñas rubias eran totalmente lo opuesto, mientras una era jovial y amigable, la otra era tímida y un poco intimidante. "No te molesta que la haya invitado, ¿verdad?"
"¿Qué?" La otra niña miró de inmediato a su amiga con una sonrisa en los labios ya que se notaba genuinamente sorprendida por esa pregunta, "¡claro que no! Sabes que no soy celosa…" Claire frunció el ceño, "debo confesar que estaba un poco preocupada por ti, tú sabes, de que tus nuevas compañeras no fueran gentiles contigo y porque yo no estoy ahí para hacerte compañía."
El rostro de Samantha se iluminó gracias a la gran sonrisa que adornaba su rostro. "No tienes de qué preocuparte, todas han sido gentiles pero Beth es diferente, creo que siempre está triste y, al mismo tiempo, enfadada porque no sabe quién es su verdadera mamá."
"Oh," la rubia se notaba perspicaz, "adoro los misterios, son emocionantes."
La castaña dejó escapar una carcajada, esa actitud era la que más le gustaba de su mejor amiga, pues siempre estaba dispuesta a ayudarla a resolver sus embrollos. "Sabes que tú siempre serás mi mejor amiga, ¿verdad?" Preguntó Samantha, mientras sus ojos observaban como la otra niña reiniciaba sus movimientos en el columpio.
"¡Claro! La primera pero no la única," dijo la rubia como si nada. Quizás Claire no compartía esa complicada historia que identificaba a Beth y a Samantha, su familia era estable, con un padre pediatra y una madre psicóloga, pero su carácter afable y leal era el soporte que la castaña necesitaba para olvidarse un poco de sus problemas – o deshacerse de ellos. Además, Samantha jamás olvidaría que su amiga se había metido en muchos problemas cuando decidió perderse en Nueva York para buscar a su madre, alegando que jamás traicionaría el código de la mejor amiga.
La castaña se distrajo con el sonido de una puerta de automóvil cerrándose, sus ojos observaron a Beth caminando hacia ellas de forma retraída, pues estaba cabizbaja y su andar era muy lento. "¡Hey, Beth!" Exclamó Samantha mientras levantaba la mano para llamar la atención de la recién llegada.
"Siento haberme retrasado," dijo Beth casi murmurando.
Claire saltó del columpio en movimiento, para luego acercarse a las otras dos niñas, "está bien, ahora podemos ir por ese batido," sus ojos azules miraron de forma amigable a la otra rubia, "yo invito… bueno, no, mi mamá invita," dijo la niña al mismo tiempo que señalaba a una mujer muy parecida a ella que las observaba desde cierta distancia.
"Uhm… pero le dije a Shelby que no me movería de aquí," dijo Beth con cautela pues se sentía un poco intimidada por la carácter de Claire.
"De verdad eres tímida," dijo la rubia de ojos azules sin recato alguno y logrando que Samantha la golpeara con el codo en las costillas, "no te preocupes, regresaremos antes de que Shelby venga por ti, sólo vamos a la fuente de sodas que está cruzando la calle. No tienes miedo, ¿o sí?"
Beth frunció el ceño antes de mirar a la castaña con incredulidad y quien también la observaba de forma traviesa, "¡por supuesto que no! Algo tan tonto como ir por un batido no me da miedo."
"Bien, por un momento parecía que sí," dijo Claire mientras se acomodaba el gorro, "hay que irnos, mi mamá parece desesperada."
"Por cierto, soy Beth," dijo la rubia cuando las tres niñas comenzaron a caminar hacia la mujer que ya se había puesto de pie y se acomodaba el bolso café sobre el hombro.
"Lo sé, yo soy Claire, pero eso ya lo sabes," respondió la niña con una amplia sonrisa antes de correr hacia su madre.
Beth parecía cautivada por la chica que ahora había tacleado a su madre y quien, por su parte, la envolvía en un juguetón abrazo. "Me agrada." Esa confesión parecía dirigida más a sí misma que a la niña que caminaba junto a ella.
"Te dije que así sería y también está dispuesta a ayudar con lo de ya sabes qué."
La rubia de ojos avellanados miró a Samantha con una sonrisa, "genial."
…
"Muy bien," dijo la madre de Claire, Michelle, cuando volvió a la mesa que las tres niñas habían ocupado mientras ella compraba las dulces bebidas, "vainilla para Beth, chocolate para Sam y plátano para Claire." Las tres chiquillas parecían hipnotizadas por la apariencia de los batidos, "yo estaré por allá para que platiquen con calma ¿ok?"
Las niñas apenas y notaron la ausencia de Michelle, pues su entera atención ahora se encontraba enfocada en los sabores que invadían sus lenguas.
"¡Esto es delicioso!" Exclamó Beth con emoción para luego beber un poco más de su espeso batido.
Claire alzó una ceja, observando con detenimiento y curiosidad a la niña que estaba sentada frente a ella, "¿jamás habías probado un batido de Ricky's?"
"Su mamá…"
"Mamá adoptiva," corrigió la rubia sin retirar la pajilla de sus labios.
Samantha giró los ojos con un poco de fastidio, "creo que mejor la empiezo a llamar Shelby. Como sea, ella no deja que Beth coma azúcar."
"¿Por qué?" Cuestionó Claire, quien tenía la nariz fruncida, "¿te pone hiperactiva?"
Beth se lamió los labios, como si en ellos aún pudiera saborear un poco de su batido, "ella dice que me pudre los dientes y la terapeuta de la escuela cree que por eso me comporto como una clase de 'delincuente'," la niña sonrió con un poco de malicia, "pero no necesito comer azúcar para hacer eso."
"Sam no me dijo que eras súper buena onda," dijo la otra rubia en medio de risas, "me dan ganas de cambiar de escuela."
"Tú sólo quieres cambiar de escuela para estar rodeada de niñas," acusó Samantha con una sonrisa juguetona sólo para ser golpeada en el rostro por una pelota de papel. "¡Oye!"
Claire estaba totalmente ruborizada por las palabras de su mejor amiga, "te lo mereces por chismosa."
"Pero no estoy diciendo mentiras," respondió la castaña para luego esbozar un puchero.
Beth no podía dejar de reír, nunca se había divertido tanto en compañía de niñas de su edad, quizás porque nunca le interesó convivir con ellas en primer lugar. Debía admitir que conocer a la mejor amiga de Samantha le había preocupado un poco, pues estaba acostumbrada a ser ignorada por sus compañeras de Crawford, pero Samantha y Claire habían demostrado ser diferentes.
"¡Cambio!"
La rubia de ojos avellanados se sobresaltó un poco al escuchar a las otras dos niñas exclamar esa misma palabra al mismo tiempo y apenas tuvo la oportunidad de ver como las copas con batidos eran rotadas. Ahora, frente a ella, estaba la copa de Claire.
"¿Ya pensaste cómo encontrar a tu verdadera mamá?" Preguntó Samantha luego de beber un poco del batido de fresa.
Beth se encontraba ensimismada por el nuevo sabor, era mucho más dulce que el de fresa gracias al chocolate líquido Hershey's que se encontraba en el fondo y su levantaba en espiral sobre toda la pared de cristal de la copa. "Uhm… no sé en dónde empezar, ¿cómo encontraste a la tuya?"
"No fue tan difícil," intervino Claire con cierto brillo en los ojos, "su mamá Britt guarda todo lo que fue de su mamá San, además…" la niña suspiró de forma soñadora al mismo tiempo que jugaba con su pajilla, "su mamá San es súper famosa."
Samantha frunció el ceño, "no hables así de mi mami, ya te dije que es raro."
"Como sea," dijo con desdén la rubia, "creo que será más difícil porque Beth es adoptada y, por lo que he visto en la tele, su mamá biológica no puede acercarse hasta que cumpla 18."
"Pero Shelby dejó que mi papá biológico se acercara, por algo lo conozco desde que tengo memoria."
"¿Le has preguntado por tu mamá?" Inquirió Samantha, con una curiosidad que se incrementaba más y más. "Él debe saber quién es."
Beth se recargó en el asiento color rojo, "siempre que lo veo le pregunto por ella, pero siempre se hace el ocupado o me habla de otra cosa. Me hace enfadar cuando hace eso."
"Los papás nunca te van a decir nada, sino pregúntale a Beth, su mamá nunca le quiso decir nada sobre su otra mamá." Claire abrió los ojos al recordar cómo su mejor amiga encontró el nombre de Santana, "deberías buscar entre las cosas antiguas de tu papá, ahí debe estar la respuesta."
"En su departamento no hay nada y cuando voy a casa de la abuela ella nunca me deja sola, sólo me habla de religión y de cómo nunca seré una judía de verdad." Respondió Beth con un poco de ira en la voz.
Claire y Samantha se miraron mutuamente, pensando en una manera de resolver el problema de su amiga, pero nada les vino a la mente, al menos, no por el momento.
"Lo resolveremos," aseguró Samantha con plena certeza, "sólo hay que encontrar un nombre y la Internet hará el resto."
Beth suspiró con decepción, para luego mirar a las otras dos niñas. En su rostro se dibujó una pequeña sonrisa pues comprendía que por ahora debía disfrutar de la compañía de sus nuevas dos amigas. "¿Cambio?" Preguntó la rubia con un poco de timidez.
"¡Cambio!" Prácticamente gritaron Samantha y Claire.
Quinn estaba totalmente ausente, su cautivante mirada parecía haberse perdido en algún punto sobre la pared y sus músculos se sentían extrañamente entumecidos; sus sentidos parecían estar obstaculizados por los pensamientos que acechaban su mente, pensamientos que giraban alrededor de Rachel y la depresión de la que era prisionera. Era imposible negar la preocupación que sentía por la castaña y la visita de sus padres la tarde anterior era una clara señal de que su ex había tocado fondo.
La rubia sabía que no era recomendable sentir tanta preocupación por Rachel, no cuando ella misma experimentaba una transición que tenía por objetivo sanar sus propias heridas, pero no podía creer que esa talentosa actriz – quien había demostrado tener un poderoso temple – estuviera perdiendo todo por lo que luchó con tanto ahínco por la tristeza. Hasta ahora, nada ni nadie había logrado distraer a Rachel Berry de su objetivo de llegar a Broadway.
Por otro lado, la curiosidad carcomía el interior de Quinn poco a poco, pues tenía la necesidad de saber cómo los Berry tratarían de ayudar a su hija, cómo lograrían que la joven mujer entrara en razón…
"Hey, Q."
La editora se sobresaltó un poco cuando escuchó la voz de Santana. De inmediato volvió su rostro hacia la dirección en la que se encontraba su mejor amiga como si en ese momento hubiera recordado que no estaba sola en la sala de estar, mientras intentaba borrar cualquier señal de desasosiego que le hiciera sospechar a la modelo sobre su estado de ánimo.
"¿Te encuentras bien?" Los ojos oscuros de Santana expresaban suspicacia, como si la hubieran habido estudiado por varios minutos antes de haber tomado la decisión de expresar en voz alta su cuestionamiento.
"Claro," Quinn esbozó una sonrisa forzada que no se reflejaba en sus ojos. "¿Por qué preguntas?"
Por unos cuantos segundos Santana guardó silencio, se limitó a ver a su amiga con intensidad, como si en el acto pudiera ver más allá de esa tensa sonrisa.
"Es sólo que has estado muy distante esta tarde." La latina colocó su tablet junto a ella, "obviamente algo te molesta y sabes que estoy dispuesta a escucharte."
Quinn desvió la mirada hacia la pantalla de su laptop, la cual ya se había oscurecido por la inactividad. Su dedo índice se deslizó sobre el touchpad, con la intención de retomar su trabajo. "Gracias, pero de verdad, me encuentro bien. Lo único que me preocupa en este momento es el tiempo que está tomando la publicación del libro de Aria Montgomery."
"¿Segura que solamente es eso?" Inquirió la morena con una voz que denotaba incredulidad y condescendencia.
"Dios, Santana. ¿Quién te crees? ¿Mi madre?" Respondió Quinn con molestia y con la intención de que la latina la dejara en paz para evitar una confrontación que no tenía sentido.
La morena dejó escapar una pequeña risa humorística, "sea lo que sea que te moleste debe ser algo muy importante." La editora levantó la mirada con fastidio, observando cómo Santana se acomodaba en el sillón para luego cruzar las piernas y colocar su tablet encima de su muslo, "y lamento haberme tomado la molestia de preocuparme por ti, eso me gano por tratar de ser tu amiga."
Quinn cerró los ojos para luego dejar escapar un suspiro arrepentido, "San yo…"
"No está bien," interrumpió la modelo sin levantar la mirada, "sigue con tu trabajo y finge que no dije nada, mientras yo finjo estar sola."
Un sentimiento de culpabilidad invadió a la editora pues sabía que las intenciones de su amiga eran buenas, sabía que Santana se esforzaba en reconstruir su amistad pero Quinn sentía que si expresaba en voz alta todos los sentimientos que la abrumaban en ese momento era como aceptar formalmente que aún sentía intensas cosas por Rachel…
"Ayer los padres de Rachel me vinieron a ver." La morena detuvo el movimiento de su dedo sobre la pantalla de su tablet pero no se atrevió a responder o a enfrentar la mirada de Quinn. "Están preocupados por Rachel y…" la rubia tragó saliva con dificultad antes de continuar, "y yo también."
Santana levantó el rostro con lentitud, su semblante parecía carente de sentimiento alguno, "¿es por los escándalos en los que ha estado envuelta?"
Quinn asintió afirmativamente con la cabeza, "está arruinando su vida y me temo que es por mi culpa."
"Eso no es verdad y lo sabes," dijo con plena seguridad la latina. "¿Para qué querían verte?"
"Ellos pensaron que quizás yo podría ayudarlos a que Rachel entre en razón antes de que…" la editora tensó la mandíbula, "antes de que las cosas se compliquen más pero les dije que no puedo, no estoy lista para verla. A veces pienso que nunca lo estaré."
"No sé si lo que te voy a decir sirva de algo pero hiciste bien," Quinn miró directamente a los ojos de su mejor amiga, quien se acomodó un mechón de cabello tras de su oreja, "no estás en condición de enfrentar a la persona que casi te destruye, es como echar a la basura todo el progreso que has logrado hasta ahora."
"Eso lo tengo claro, San. Es por eso que me negué y ellos lo entendieron y respetaron mi respuesta pero…" la rubia suspiró con frustración al mismo tiempo que intentaba que sus ojos no dejaran escapar las lágrimas que comenzaban a acumularse en ellos, "pero no puedo ignorar el hecho de que Rachel se está destruyendo así misma y tal vez yo tengo el poder de detenerla. Jamás podría personarme si algo le pasa." Finalizó la mujer con una voz que se quebraba poco a poco.
Santana se levantó de su asiento para dirigirse hacia su amiga. Su mente analizaba la situación con detenimiento, conocía la situación a la perfección y, aún cuando no lo admitiera en voz alta, podía identificarse con Rachel y la realidad en la que se encontraba. "El dilema aquí es que nadie puede ayudarla, Q." La morena acarició el cabello de su amiga en señal de consuelo, "a menos que ella se dé cuenta de su propio problema y decida hacer algo al respecto."
Quinn se limpió el par de lágrimas que recorrieron parte de sus mejillas, "¿y si nunca lo admite? Ambas sabemos cuán orgullosa es."
"Estoy de acuerdo, pero ese mismo orgullo le hará darse cuenta que no le queda nada y luchará por recuperarlo y tú y yo sabemos que logrará.
"Espero que tangas razón," dijo la editora con un poco más de optimismo.
Santana acomodó su cabeza sobre el hombro de Quinn, quien cedió a esa caricia colocando su mejilla sobre su amiga. "Yo siempre tengo la razón, sólo que tú nunca quieres admitirlo."
Esa pretenciosa pero juguetona respuesta logró que Quinn dejara escapar una ligera risa, mientras oraba silenciosamente porque su amiga no se equivocara.
"¿Te divertiste?" Preguntó Shelby luego de cerrar la puerta de su departamento y dirigirse a la cocina, en donde Beth se preparaba un plato de cereal.
"Sí," respondió con honestidad la pequeña rubia y con un rostro radiante que era adornado por una sonrisa que su madre no había visto en mucho tiempo, "Sam y Claire son geniales."
Shelby observó a su hija con satisfacción, pues nunca había visto a la niña tan emocionada. Las pequeñas con las que había pasado la tarde parecían agradables y no podía evitar sentir cierta tranquilidad de que por fin Beth estuviera haciendo amigas. Sin embargo, había algo que debía discutir con la niña.
"Beth, hay algo de lo que quiero hablarte," dijo la castaña cuando se sentó frente a su hija en la mesa.
Los ojos avellanados de la niña enfrentaron los de su madre al mismo tiempo que abandonaba su cuchara en el tazón de cereal, "¿acaso hice algo mal otra vez?"
"No, princesa, no pienses eso," respondió Shelby, intentando tomar la mano de su hija pero, como ya era costumbre, Beth la retiró para poder esconderla bajo la mesa. Esa era una reacción que no dejaba de ser dolorosa, pero de alguna manera, era comprensible. "Quiero hablarte acerca de lo que hice hoy en la tarde."
"¿Es algo importante?" Preguntó Beth con la esperanza de que su madre respondiera que no y así poder desechar la conversación.
"Sí," respondió inmediatamente Shelby, "es algo que cambiará un poco nuestras vidas por un tiempo y no quiero que te sientas desplazada cuando suceda, ¿entiendes?"
Beth negó con la cabeza, pues su madre adoptiva no estaba siendo clara en lo más mínimo. Sin embargo, todo ese misterio despertó en la niña una gran curiosidad.
"Primero que nada debo decirte que la próxima semana te quedarás con tu papá por algunos días mientras yo arreglo algo en Nueva York. No sé cuánto tiempo estaré ahí pero debes prometerme que no te meterás en problemas."
Los ojos de Beth se abrieron de par en par al escuchar eso, ya que la relación que tenía con Noah no era la mejor pues siempre se negaba a hablar de su madre biológica, sus conversaciones eran absurdas y odiaba que siempre quisiera tratarla como el bebé que había dejado de ser hacía muchos años. La única ventaja de quedarse con su padre era la facilidad con la que se sometía a cumplir sus absurdas exigencias.
"¿Por qué debo quedarme con él? ¿Por qué no puedo ir contigo?" Inquirió la rubia quien fruncía el ceño al imaginarse días enteros de interacción con su infantil padre.
Shelby apretó los labios al mismo tiempo que bajaba la mirada; su rostro parecía triste y un poco decepcionado. Beth conocía a la perfección ese semblante, ya que era el que su madre expresaba cuando se metía en serios problemas. "El lugar al que voy no es un lugar sano, cariño. Es mejor que te quedes aquí con tu papá."
Beth desvió la mirada con fastidio ante las continuas evasivas que su madre le ofrecía, "no entiendo nada, ¿qué vas hacer en Nueva York?"
Shelby suspiró con detenimiento, no sabía qué hacer ante la disyuntiva que ahora se le presentaba. Bien podía ofrecer una respuesta que le otorgara el tiempo suficiente para encontrar la mejor manera de explicarle a su hija que, bueno, tenía otra hija; o bien, decirle la verdad de una vez por todas. De cualquier forma, Beth se sentiría traicionada y tendría un fuerte argumento para exigir saber la identidad de su madre biológica.
La mujer no estaba preparada para eso, pero luego de su breve encuentro con los Berry esa misma tarde, no podía dejar a Rachel, ya que en ese momento ella debía ofrecerle su entero apoyo… quizás ella podía reivindicar el comportamiento de la joven castaña, en el mejor de los escenarios, quizás podría ayudarla a recuperar el rumbo de su carrera.
"Sé que no he sido la persona más honesta contigo, pero quiero que entiendas que lo hago por tu bien… no quiero que te lleves una decepción, eres muy joven para experimentar algo así…"
"¿Te refieres a mi madre biológica?" Interrumpió la pequeña rubia con una tranquilidad que sobrepasaba la madurez. "¿A eso vas a Nueva York?"
Shelby negó con la cabeza, "no, cariño…" La castaña se acomodó un mechón de cabello tras de su oreja, "pero antes de que te diga la verdad – una verdad sobre mí – te prometo que hablaremos sobre tu madre biológica y, tal vez, y sólo si ella está de acuerdo, te contactaré con ella."
Beth sintió que la mandíbula se le caía cuando escuchó esa noticia, una emoción comenzó a invadir su cuerpo ante la esperanza de por fin conocer a la mujer que le dio la vida, por fin podría tener respuesta a todas las preguntas que se había formulado, por fin sabría por qué renunció a ella. "¿Estás hablando en serio?"
"Beth… no quiero que te ilusiones, ¿de acuerdo? Primero debo solucionar algo y luego hablaremos de tu madre."
"¿Y qué tienes qué solucionar?" La rubia sonrió ampliamente, "¿crees poder hacerlo rápido?"
Los ojos castaños de Shelby se desviaron, pues era un tanto doloroso ver las ansias que su hija experimentaba. "Trataré de solucionar las cosas pero no depende de mí…" la sonrisa de Beth se borró lentamente.
"Pero tú dijiste…"
"Mantendré mi promesa," dijo la mujer con plena sinceridad en la voz, sosteniendo la mirada avellanada de la rubia, esperando que en ellos pudiera ver genuina honestidad. "Hoy me encontré con un par de hombres, ellos son los padres de… uhm," Shelby tragó saliva con dificultad, era ahora o nunca, "de mi hija biológica."
Beth parpadeó un par de veces, no dijo nada, su semblante era estoico y su respirar sereno. Shelby sintió un poco de miedo al ver el hermoso rostro de su hija tan tranquilo, jamás se imaginó que esa sería la reacción de la niña pero luego de un minuto de abismal silencio, por fin Beth logró articular sus palabras. "¿Tienes una hija?"
"Sí. Su nombre es Rachel."
"Pero…" la rubia frunció el ceño conforme iba procesando la pesada confesión, "tú nunca dijiste nada…"
Shelby se acomodó en su asiento, "es porque perdimos contacto luego de que ella se graduó de la preparatoria y se mudara a Nueva York."
"¿Por qué…?" Los ojos avellanados de Beth miraron con intensidad a los de su madre biológica, ¿por qué lo hiciste?"
La vaga pregunta era difícil de entender, pero Shelby sabía a qué se refería su hija. "Los hombres con los que hoy conversé son buenas personas, son una pareja estable y ansiaban criar un bebé, así que yo me ofrecí a ayudarles." Respondió la mujer, omitiendo la parte en donde ella cobraba el precio de su ayuda.
"¿Fue igual conmigo? ¿Tú también necesitaste ayuda para tenerme y mi madre biológica te ayudó?"
Shelby negó sutilmente con la cabeza, "no, nena. La situación fue diferente."
Los ojos de Beth se comenzaron a inundar con lágrimas de decepción. "O sea que ella no me quería," afirmó la niña al mismo tiempo que se ponía de pie.
"Beth quiero que entiendas que tus papás biológicos hicieron lo que creyeron correcto, todo lo hicieron por tu bien."
"¡No es cierto!" Gritó la pequeña rubia, "¡no mientas! S-si me hubieran q-querido no me habrían dado e-en adopción…" sollozó la pequeña con amargura.
Shelby trató de acercarse a su hija y, por primera vez en meses, Beth dejó que su madre la envolviera en un fuerte abrazo. "Las cosas no fueron así, mi amor," la castaña se alejó un poco para poder ver el rostro ruborizado de la niña y limpiar las lágrimas del mismo. "Sé que no me crees, pero te prometo que cuando arregle las cosas con Rachel, buscaremos a tu madre para que ella misma te diga sus razones, ¿te gustaría eso?"
Beth seguía sollozando sin control, por lo que le tomó un momento responder, "ya no estoy segura de querer conocerla…" susurró la rubia al mismo tiempo que se frotaba el ojo.
"Eso dices ahorita pero sé que no te darás por vencida," dijo Shelby sin poder evitar sonreír.
"¿Cuántos años tiene tu hija… Rachel?"
Shelby acarició con reverencia el cabello rubio de Beth, "casi 27."
La niña frunció el ceño, "ya es algo mayor… ¿por qué ella necesita ayuda?"
"Bueno, a veces no importa la edad que uno tenga, siempre se necesitará la ayuda de los padres para poder aconsejarnos y no perdernos en la tristeza y Rachel, en este momento, necesita ayuda para que no se siga hundiendo en la tristeza y en la soledad."
"Mamá…" dijo Beth con timidez y logrando que Shelby se sorprendiera por esa pequeña palabra, "promete que no tardarás."
La castaña abrazó una vez más a su hija mientras un par de lágrimas resbalaban por su rostro, "haré lo posible, cariño. Pero tú debes prometerme que te comportarás mientras estés en casa de Noah, ¿de acuerdo?"
Beth esbozó una media sonrisa que resultaba ser bastante pícara. "Haré lo posible, ma'."
Los nervios invadieron a Brittany toda la mañana del miércoles y se agudizaron más por la tarde. Hacía años que no veía a sus padres a causa de un peculiar orgullo y, quizás, por la decepción de que sus ellos no le hubieran creído cuando confesó que no había padre, sino otra madre. Aún podía escuchar la voz desesperada de su madre diciendo: '¡Ya madura y aprende a asumir la responsabilidad de tus acciones, Brittany!'.
Sin embargo, ahora todo sería diferente, ahora podría enfrentar a sus padres y demostrarles que no sólo pudo ser capaz de criar a su hija sin su ayuda, sino que también tenía las pruebas que señalaban que Samantha era efectivamente la hija de Santana. Por supuesto que la rubia no visitaría a sus padres con el afán de reprocharles o de presumir que siempre tuvo la razón, sus intenciones eran buenas, quería compartir con ellos el milagro que ella y su mejor amiga habían logrado realizar, quería que ellos formaran parte de su vida y que amaran a su nieta tanto como los López lo hacían.
Los ojos azules de Brittany observaron su reflejo, deliberando en si su atuendo era el correcto o no. Era obvio que no quería parecer tan formal después de todo era una simple visita, por lo que la rubia se decidió por un par de skinny jeans grises, un sweater holgado color borgoña de cuello bote y un par de botas de tobillo sin tacón; su cabello estaba suelto y caía con gracia sobre sus hombros, enmarcando su rostro y resaltado el color de sus ojos. Era la vestimenta perfecta, ya que se sentía cómoda y segura consigo misma.
La joven mujer se alejó del espejo para dirigirse hacia donde se encontraba su bolso. Revisó por cuarta vez ese día si tenía la cartera, las llaves del auto y, claro, su móvil. Su mirada se iluminó y sus labios esbozaron una pequeña sonrisa soñadora cuando notó que tenía un texto sin leer de la mujer que le robaba el sueño y una serie de suspiros.
'Sé que estás nerviosa, pero sabes que todo saldrá bien. Si necesitas algo, llámame… xoxo –S'
Brittany no pudo evitar dar un par de saltitos de felicidad, se sentía como toda una adolescente pero nadie podría culparla, no cuando Santana terminaba su texto con besos y abrazos… sabía que podría parecer algo boba, después de todo, la latina la había visitado en el trabajo para entregarle las pruebas de paternidad y, quizás, se robaron uno que otro beso, pero el hecho de ver que su amante estuviera recuperando la confianza que alguna vez compartieron sin tapujos, hacía que el ánimo de la rubia se incrementara día con día.
Sus dedos comenzaron a teclear con gran velocidad las teclas virtuales de su móvil sin que su sonrisa se borrara de su rostro. Su mirada revisó el mensaje y cuando se cercioró de que no hubiera errores, lo envió. Inconscientemente, colocó el aparato sobre su pecho al mismo tiempo que se mordía el labio inferior.
No cabía la menor duda de que se estaba enamorando aún más de su mejor amiga.
Brittany dejó pasar un par de minutos antes de guardar el móvil en su bolso y salir de la habitación.
"¡Sam, ¿ya estás lista?!" Exclamó la rubia cuando caminaba por el pequeño pasillo.
"¡Casi!" Respondió la niña de inmediato.
La bailarina se dirigió al armario para poder extraer su abrigo y su bufanda, ignorando por completo a Artie, quien estaba en la sala, observando cada movimiento con cautela.
"¿Por qué no quieres que las acompañe?" Preguntó de pronto el castaño y logrando que su esposa se sobresaltara por su repentina aparición.
La bailarina respiró profundamente para poder calmar los efectos de su sorpresa. "Ya te dije, es algo que debo hacer yo sola."
"¿Estás segura que lo vas a hacer tú sola o cuando te refieres a ti, Santana está automáticamente implicada?" Los ojos azules de Artie miraban detenidamente a la mujer que ahora estaba cerca de él, era como si el hombre quisiera ver más allá de la superficie, como si quisiera saber todos sus secretos.
Brittany se sintió incómoda bajo el escrutinio de su esposo, quizás era su consciencia la que le susurraba que todo lo que hacía últimamente estaba mal. Jamás había dicho tantas mentiras, jamás se imaginó ser una esposa infiel… pero al ver a Artie en ese instante, recordó todas sus anteriores peleas, todas las actitudes de reproche y la insensibilidad que a veces mostraba. Esas eran acciones y eventos que habían estado presentes desde antes que Santana reapareciera en sus vidas y que, en la lógica de Artie, eran culpa de la morena.
"No, Artie. Santana tampoco irá," dijo con lentitud la bailarina, "¿cuántas veces te tengo que repetir lo mismo?"
"No lo sé," respondió el hombre al mismo tiempo que se encogía en hombros, "tal vez no tendrías que repetirme las cosas si me incluyeras un poco más en tu vida y en la vida de la hija que aún compartimos. Porque, no sé si te acuerdes, pero sigo siendo el padre de Samantha ante la ley."
Inconscientemente, Brittany apretó la mandíbula, esa tensión que comenzaba a acumularse siempre la experimentaba cuando la gente le hablaba con condescendencia, como si ella no fuera capaz de razonar con lógica y bueno, su marido era un experto en hablarle de esa manera siempre que se le presentaba la oportunidad. Sin embargo, el carácter afable de la rubia le permitía suprimir esos sentimientos de amargura y resentimiento.
"No se me olvida y sabes que jamás te he negado ese derecho pero lo que quiero hacer hoy con mis padres es algo personal, algo que no debería de preocuparte. Si las cosas salen bien, la próxima vez podremos visitar a mis padres juntos."
Artie asintió lentamente con la cabeza para luego conducir su silla de ruedas hacia la otra mujer, "y, ¿esa próxima vez será antes o después del turno de Santana?"
"¡¿Qué sucede contigo?!" Siseó Brittany con exasperación para poder evitar que su hija escuchara la pelea. "¿Cuál es tu obsesión con Santana?"
"¿Obsesión?" Repitió Artie con ironía, "no, Brittany, no te confundas. Yo no soy el que está obsesionado, puedo entender que Samantha sienta admiración por su madre, que la ame y sienta la necesidad de pasar tiempo con ella y viceversa. Lo que no me queda claro es tu comportamiento, porque si no lo has notado, nuestro matrimonio sufre una crisis y no veo que tengas la intención de solucionar las cosas entre nosotros…" el hombre en silla de ruedas inhaló con pesadumbre al mismo tiempo que cerraba los ojos, "y no puedo evitar sentir que nuestra relación ya no te interesa en lo más mínimo, al menos, no desde que Santana regresó."
"Debes dejar de culparla," susurró la bailarina, sus ojos se desviaron hacia el suelo ante la culpabilidad que sentía, "porque nosotros dos somos los únicos responsables de que nuestro matrimonio se haya convertido en esto."
Artie dejó escapar una risa forzada, "yo te he apoyado en las buenas y en las malas, de eso soy responsable…"
La mirada celeste de la rubia encaró abruptamente la de su esposo, "pero sólo lo hiciste porque te sentías responsable, porque creíste que Samantha era tu hija aún cuando te dije que no era así. Yo estaba dispuesta a terminar nuestra relación cuando te dije que estaba embarazada."
Entre ambos surgió un incómodo silencio, la tensión crecía considerablemente y lo único que se podía escuchar eran las pesadas respiraciones.
"Quizás lo mejor sería que nos separáramos," dijo de pronto Brittany sin realmente pensar en las consecuencias.
"¿Para qué? ¿Para que puedas correr a Santana?" Artie peinó su cabello castaño con sus dedos, "ella está casada y no creo que quiera divorciarse sólo porque tú así lo deseas."
La rubia sintió que su corazón se sobresaltaba, era como si Artie hubiera enterrado un afilado alfiler en su alma. Sin embargo, era probable que él tuviera razón, nada le garantizaba que su amante quisiera una relación formal con ella, no cuando tenía a una esposa ejemplar a su lado… pero por otro lado, si Santana realmente estuviera enamorada de su mujer, jamás hubiera accedido a iniciar un romance secreto.
"Esto ya no está funcionando," razonó Brittany, "sólo nos estamos haciendo daño, tú estás molesto todo el tiempo y…"
"¡Cómo no voy a estar molesto!"
"¡Baja la voz!" Susurró Brittany al mismo tiempo que miraba hacia el corredor, cuidando de que Samantha no estuviera escuchando la pelea.
Artie respiró profundamente, "estoy molesto porque no quieres que nuestra relación funcione. Antes de que sucediera lo de Nueva York tú me prometiste que trataríamos de solucionar esto, he tratado de encontrar opciones para nuestra relación, incluso te propuse tener un bebé…"
"¿De verdad crees que teniendo otro hijo las cosas se arreglarán?" Cuestionó la rubia con genuina incredulidad.
"Eso pensé," confesó el castaño con tranquilidad, "pero luego reflexioné y me di cuenta de que no lo habrías querido tanto como quieres a Sam, por obvias razones."
"No digas eso," dijo con debilidad Brittany, quien no admitiría que Artie tenía razón. "Yo…"
"¡Ya estoy lista!" Exclamó Samantha de pronto.
Ambos miraron hacia la niña con sorpresa y temor en los ojos.
"¿Estás segura?" Inquirió Brittany mientras trataba de aparentar la incomodidad surgida por la discusión.
Samantha sonrió a manera de afirmación para luego acercarse a su padrastro y darle un pequeño abrazo, "te veo luego."
"¡Diviértete!" Exclamó el hombre, escondiendo con perfección su falta de interés.
"Así será, vamos mamá," Samantha tomó la mano de su madre para halarla hacia la puerta.
Los ojos de Brittany miraron con hesitación a su esposo, prometiéndole de forma silenciosa que esta conversación no había terminado.
Brittany y Samantha bajaron del auto cuando ambas llegaron a la calle en donde se encontraba la casa en donde la rubia pasó su niñez. La imagen no había cambiado mucho desde que abandonó su hogar hacía casi una década. Era inevitable no sentirse nerviosa pero estaba determinada a terminar con esto.
Samantha tomó la mano de su madre, brindándole un poco de seguridad. La niña sabía que esta visita era importante para su mamá y para ella también, después de todo, sus vidas habían cambiado radicalmente desde que regresaron de Nueva York, era como si todo se estuviera transformando en algo que siempre debió ser, como si cada pieza de un rompecabezas estuviera tomando el lugar que le correspondía y con esa certeza, Samantha esperaba que algún día sus madres encontraran el camino que les conduciría a los brazos de la otra.
"Aquí estamos," dijo Brittany cuando ambas llegaron al pórtico de la familia Pierce. Los ojos de la rubia estaban fijos en la puerta de la entrada, pero por alguna razón, no logró mover ninguno de sus músculos, por lo que Samantha tomó la iniciativa y oprimió el timbre. "¿Qué haces?" Siseó Brittany con pánico, "no estaba lista aún."
La niña giró los ojos con fingido fastidio, era la misma reacción que Santana hubiera hecho de haber estado ahí. "Ya estamos aquí, mamá. Además hace frío."
Brittany no logró añadir nada más, ya que la puerta de la entrada ya había sido abierta mostrando a una mujer muy parecida a ella, sólo que alrededor de sus ojos ya era posible ver los signos de la edad. Sus ojos verdes no podían creer lo que veían y por unos segundos, Susan Pierce estudió la imagen de la hija que nunca pensó volver a ver.
"¿Brittany?" Preguntó Susan con titubeo y con lágrimas en los ojos, "¿de verdad eres tú?"
"Hola, mamá." Respondió con timidez la joven rubia; se sentía conmovida por las emociones que su madre le mostraba y, sin pensarlo una segunda vez, soltó la mano de Samantha para envolver a su madre en un anhelado abrazo.
Brittany podía sentir las lágrimas de su madre en su cuello, en donde también se enmudecían los sollozos arrepentidos que salían de su garganta.
"Creí que jamás regresarías," dijo Susan con claridad una vez que se alejó del cálido brazo de su hija mayor; sus manos recorrieron los delgados brazos de su hija de arriba abajo, produciendo una agradable fricción en la joven. "Pero mírate, has madurado y estás preciosa," finalizó la mujer al mismo tiempo que acariciaba la mejilla de Brittany.
La rubia se limpió las lágrimas que recorrían su rostro con la manga de su sweater y en su rostro se dibujó una inocente sonrisa, ya que el recibimiento de su madre le daba un buen presentimiento.
"Te extrañé, mamá," dijo Brittany con tímida sinceridad.
"¿Y quién es esta linda jovencita que viene contigo?" Susan sonrió cuando sus ojos verdes se posaron en Samantha. La pregunta era más un cumplido en vez de una curiosa pregunta. La mujer recordaba haber hablado con ella y su amigo algunas semanas atrás, justo antes de Navidad; recordaba a la perfección la sensación de familiaridad que sintió cuando vio la sonrisa de la pequeña y ahora sabía el porqué.
Brittany tomó la mano de su hija y con orgullo dijo, "esta es mi hija, Samantha Pierce-López." La mirada esmeralda de Susan de inmediato se posó en su hija, "y puedo probarlo esta vez."
La otra mujer guardó silencio por un breve instante. La parte lógica de su mente seguía sin poder creer esa certera afirmación, pero Susan conocía a Artie, aún podía recordarlo con perfecta claridad y no cabía la menor duda de que esta pequeña no estaba emparentada con él en lo más mínimo. Por otro lado, conocía a Santana López desde pequeña y quizás Susan se estaba dejando llevar por la situación, pero Samantha era muy parecida a ella, los mismos hoyuelos al sonreír, la misma nariz, las mismas mejillas…
"¿Por qué no hablamos de esto adentro de la casa?" La mujer envolvió los hombros de la castaña con su brazo, urgiéndola a entrar, "la cena está casi lista y de postre tengo un delicioso pie de queso con fresa."
"¿Quién era Susan?"
Una voz masculina parecía descender las escaleras acompañada por los pesados pasos de un hombre. Unos segundos más tarde, al pie de las escaleras apareció Robert Pierce con el cabello rubio alborotado y la mirada somnolienta; su gentil rostro era adornado por unas gafas de armazón grueso y oscuro pero cuando sus ojos azules se percataron de las visitas, su mirada adquirió un avivado brillo.
"Brittany," suspiró el hombre, para luego dejar escapar una carcajada de alegría. De inmediato se acercó a su hija para poder abrazarla con fuerza, "regresaste y no vienes sola."
Cuando la rubia se alejó de su padre, tomó la mano de su hija obligándola a acercarse a su abuelo, "esta es Samantha, mi hija."
"Hola," dijo la pequeña con gentileza pero estaba sorprendida de ver a la misma pareja del centro comercial.
"¡Te lo dije Susan! Es obvio que tiene la misma sonrisa que Britt." Exclamó Robert, haciendo a un lado a su propia hija de una forma un tanto abrupta, para poder abrazar a su primera nieta, "¡pero mira estas lindas mejillas!" El hombre las besó con cariño, "las mismas que tu mamá."
Susan y Brittany miraron a Robert atónitas…
"Pero…" balbuceó su esposa.
"Oh no me miren así, todos saben que los hoyuelos son hereditarios y nadie en nuestra familia los tiene y si recuerdo bien a… uhm…"
"¿Artie?" Preguntó Brittany con diversión.
"Sí, él… tampoco los tenía y bueno, Sanny los tiene, ¿o no?" Preguntó el hombre a su nieta quien asintió de inmediato.
"Eso quiere decir que, ¿esto ya no es necesario?" Inquirió la joven rubia mientras extraía de su bolso la prueba de paternidad que Santana le había dado esa misma tarde.
Susan tomó la hoja de papel, la cual estudió con detenimiento. La prueba de que su hija mayor no había perdido la cabeza tras la partida de su mejor amiga, la otra madre de su primera nieta. La mujer debía de admitir que sentía un profundo alivio, Santana era una buena chica – algo temerosa de las críticas y los prejuicios – pero finalmente, siempre fue la persona que más cuidó de su hija cuando el mundo trataba de lastimarla.
"¿Está firmado por Carlos López? ¿El hermano de Santana?" Susan frunció el ceño, "¿desde cuándo los López saben de esto?"
"Uhm…" Brittany guardó silencio por un breve instante, "Carlos lo sabe desde septiembre y Ana y León desde Noviembre. Es una larga historia."
Era claro que Susan se sentía herida por la decisión de Brittany pero no podía culparla, no después de prácticamente haberla echado de su propio hogar. Robert había estado igual de molesto por las decisiones que su hija había tomado, pero la mujer estaba segura que su propio esposo le guardaba cierto rencor.
"Porque no dejamos esta historia para otro momento, la cena está lista y yo muero de hambre," dijo Robert para romper con la tensión que comenzaba a surgir, "¡Summer, la cena está lista!" Gritó el rubio desde el pie de la escalera.
Unos ligeros pasos se dejaron escuchar por todo el techo de la casa. Los ojos de Brittany estaban fijos en la escalera, expectantes; la bailarina había dejado de ver a su hermana cuando ella tenía la edad de Samantha, había intentado tener contacto con ella con anterioridad pero Summer había resultado ser terca de carácter, una actitud que quizás adoptó de Santana y la cual era evidente en los pasillos de la preparatoria McKinley cuando Artie se topaba con ella.
Brittany sabía cada aspecto de la vida escolar de su hermana menor, sabía que estaba en el cuadro de honor y no sólo pertenecía al escuadrón de porristas, sino que era la capitana; sabía que sus notas la llevarían lejos – a cualquier Universidad que se propusiera asistir – pero, en palabras de Artie, Summer Pierce era la fusión de Quinn Fabray y Santana López, un indicio de que quizás su hermanita no era feliz del todo.
Cuando Summer hizo su aparición no dijo nada, sus ojos verdes se posaron en la imagen de su hermana como si la estuviera analizando con detenimiento, como si la juzgara de forma silenciosa; su mirada era totalmente distinta a la de los Pierce, era sombría, meticulosa… podía ser similar a la de un peligroso depredador.
"Creo que he perdido el apetito," dijo la chica pero antes de poder subir las escaleras su padre tomó su muñeca.
"Pero Summer, tú siempre estás hambrienta luego de las prácticas. Además, como puedes ver, tenemos una inesperada reunión."
La más joven de los Pierce suspiró con pereza para luego decir entre dientes, "en algunas partes del mundo, aparecer así puede ser considerado una falta de educación."
"Sí, pero estamos en Estados Unidos y no es así. Mucho menos si se trata de un familiar," respondió Susan con una sonrisa.
"Pero esta visita no está completa," en los labios de Summer se dibujó una malvada sonrisa, "no veo por ningún lado al señor Hot Wheels."
"Summer," siseó Susan.
"¿Qué?" La chica se encogió en hombros fingiendo inocencia, "es pura curiosidad."
"Artie se quedó en casa," dijo Brittany para evitar que su madre reprendiera a su hermana menor, "él estuvo de acuerdo en que Sam y yo viniéramos solas porque quería mostrarles a mamá y papá algo."
Los ojos de Summer notaron por primera vez a la niña que estaba cerca de su madre. Estaba tentada a hacer un sarcástico comentario acerca de su apariencia, muy diferente a la de Artie. Sin embargo, algo la detuvo.
"Sí, tu hermana quería presentarnos a su hija…" Robert colocó su brazo alrededor de los hombros de su joven hija, "y sucede que también es hija de Santana López. ¿La recuerdas?"
Summer volvió su rostro hacia su padre, sus ojos abiertos de par en par. "¿Qué?"
"Hija biológica de ambas, según esto," añadió Susan cuando le ofreció las pruebas de ADN a la porrista.
"Esto quiere decir que soy tía de la hija de la súper modelo, Santana López," dijo Summer con una honesta sonrisa en los labios.
"¿Es lo único que tienes que decir?" Inquirió Susan el comportamiento de su hija.
"Mamá, Santana y Quinn son como una leyenda en la preparatoria," Summer se acercó a su sobrina para arrodillarse ante ella, "¿o no que tu mamá es genial?"
Samantha se encogió en hombros, "todo el mundo lo sabe, ¿cierto?"
La mirada esmeralda de la rubia miró a su madre, "ya adoro a esta pequeña. Vamos, hay que comer, de postre hay pie con fresas," añadió Summer al mismo tiempo que tomaba la mano de la niña.
Por su parte, Brittany no podía evitar sentirse excluida, su hermana deliberadamente la había ignorado no sin antes haber intentado herirla con las mordaces palabras que seguramente Sue Sylvester había implantado en su mente.
"Dale tiempo," susurró Robert, "ella fue quien más resintió el distanciamiento."
"De verdad lo siento."
"No, querida," intervino Susan, "yo lo siento."
"Todo estará bien," Robert besó la frente de Brittany con cariño, "ahora estás aquí y eso es lo único que de verdad importa." En los labios del hombre se dibujó una sonrisa, "ahora a cenar antes de que las niñas se coman el postre."
Cuando los señores Pierce se adentraron en el comedor, Brittany se tomo un par de minutos para mirar a su alrededor, admiró los pequeños cambios y reconoció algunas memorias que se encerraban en los objetos más comunes… la rubia jamás se imaginó volver a su hogar, jamás pensó volver a sentir aquella sensación de aceptación y amor incondicional que sólo un padre podía dar. Brittany siempre deseó poder tener una vida como la de sus padres, un matrimonio que a pesar de los años se seguía amando y gracias a eso habían logrado crear vida.
Brittany sabía que estaba muy lejos de que su vida se asemejara a la perfección a la que sus padres la acostumbraron por 17 años, simplemente porque no compartía su vida con su alma gemela.
Sin embargo, la bailarina sabía que la conexión que ella y Santana poseían era única e inusual, por algo su móvil vibró en ese momento…
'¿Todo bien? – S'
Brittany sonrió…
'Ahora sí – B'
TBC...
