Estos días habían sido los más difíciles en el instituto.
No tenía ganas de practicar, de estudiar. De nada. Solo quería acurrucarse en su cama y dormir para siempre.
Sus ánimos estaban por el suelo, su cuerpo dolía y migrañas la atacaban a todas horas. Gianna, incluso Jacob estaban preocupados por ella.
Había disimulado frente a su madre cuando la llamaba, contando cuán feliz estaba y se sentía. Nada parecido a la realidad.
Cada vez que cerraba los ojos, ahí estaba él.
Edward aparecía hasta en sus sueños y no la dejaba tranquila nunca. Había mantenido su teléfono apagado tanto tiempo como podía. Cuando él llamaba, la tentación de escuchar su voz era demasiada, casi no podía contenerse. Pero todavía necesitaba tiempo.
Trató de enfocarse en sus clases, a pesar de todo. No quería, ni necesitaba malas calificaciones.
-¡Estoy harte del profesor Lewis, me pone de tan mal humor!- murmuró Gianna mientras se encaminaban a su clase de artes escénicas. Lewis era un francés de muchos años, con una experiencia invaluable en las artes escénicas y en el ballet. Era un lujo como profesor, pero a veces resultaba demasiado exigente, además de ser un completo idiota.
-Simplemente ignóralo, G. Es un engreído- aseguró quitándole importancia.
-Lo sé, pero no puedo evitar lanzarle rayos láser cada vez que lo veo- comentó suspirando mientras entraban en el gimnasio donde practicaban. Bella la observó divertida.
Cuando todos llegaron, el profesor inició la clase y no se los hizo fácil, como siempre sucedía.
-¡Un, dos, tres! ¡Un, dos, tres!- repetía enérgicamente el francés mientras todo el curso realizaba la secuencia que llevaban trabajando desde hace unas semanas. La música que se escuchaba por los altavoces era estridente y mareaba a cualquiera. Bella sintió como sus piernas pesaban y el agotamiento recaía en sus hombros luego de media hora en movimiento.
-Necesito un segundo- susurró Bella cansada, respirando entrecortadamente. No se sentía muy bien desde la mañana.
-¿Te encuentras bien?- preguntó su amiga en voz baja. Aprovechando que el profesor Lewis no se encontraba mirando en su dirección. Los ojos de la morena se achicaban por segundos.
-Creo que voy a vomitar…- respondió deteniéndose del todo. Necesitaba sentarse un minuto.
Rompiendo la secuencia, se dirigió a las gradas un momento.
-¿Le sucede algo, señorita Swan? Por favor, que sea algo importante si tuvo que arruinar la sucesión- preguntó el profesor indignado. Dieciséis pares de ojos la miraban atentamente. Bella lo miró con dificultad, como si estuviera borroso.
-No me siento bien- contestó parpadeando varias veces. Cuando finalmente sintió algo irrumpir desde su estómago hasta su garganta, corrió rápidamente a los baños. Todo su desayuno y almuerzo fue expulsado en menos de cinco minutos. Sentía la boca amarga y los pies dormidos.
-¡Bella!- gritó Gianna siguiéndola. Estirada sobre los lavabos, se encontraba con un nudo en el estómago.
-Creo que estoy cansada- dijo volviendo a tenderse sobre un costado.
-Vamos, pequeña dormilona. Necesitas descansar-
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Despertó cuando el sol ya se había escondido.
La noche se filtraba por las ventanas y oscurecía la habitación en su totalidad, dándole un aspecto sombrío y solitario.
La escuela le otorgó una semana de reposo absoluto en su dormitorio, y si los dolores y la fatiga persistían, la llevarían a un médico. No quiso contarles a sus padres para que no se preocuparan y llegaran en menos de una hora a su puerta, sobre todo su madre. Solo moría por unos brazos fuertes que la abrazaran, para quitarle el malestar. Extrañaba a Edward mucho más en estos momentos.
Prendió la luz de su mesita y cerró las cortinas. Su estómago gruñía por comida, pero no estaba segura de sí le harían bien. La siesta la había hecho sentir mejor, de todas formas.
-¿Cómo despertó mi enferma preferida?- preguntó Jacob desde la puerta. Llevaba un buzo deportivo y sudor pegado al pecho, al parecer venía del gimnasio. Bella giró sus ojos irónica, ya estaba acostumbrada a sus bromas.
-Mucho mejor, gracias- contestó sobando su abdomen. En verdad se sentía mucho mejor.
-¿Tienes hambre?- inquirió entrando en el baño para preparar su ducha habitual.
-Un poco- respondió. Jacob volvió en su ropa interior a la pieza con un paquete en la mano.
-Esto es definitivamente tuyo- dijo entregándole una caja de tampones- Creo que Gianna las trajo pensando que las necesitarías. Escóndelos de mi vista, por favor- agregó asqueado.
-Eres una niñita- le gritó entre risas, mientras éste huía al baño.
Las dejó sobre su mesa y los miró divertida.
-Hace mucho que no necesito uno de esos- pensó en voz alta. Y era verdad, hace mucho que no le llegaba su periodo.
Esperen. Rápidamente sacó su teléfono y abrió su calendario virtual. Con un nudo en la garganta observó los grandes números en rojo saltar en la pantalla. 64 días de retraso.
No había tenido su periodo por más de dos meses. Era imposible.
¿Cómo no se había dado cuenta?
-Mierda- susurró con sus ojos abiertos. ¿Acaso estaba…? No, no podía ser. Tenía que ser un error.
Los vómitos, mareos y dolores musculares eran por su sobre exigencia, no por estar embarazada. Era una locura siquiera pensarlo.
Sin darse cuenta, Jacob ya había salido listo de su baño y ella seguía mirando absorta su teléfono como si fuera una bomba de tiempo.
-¿Qué te sucede, Swan?- le preguntó entre risas. Su cara era un poema, incluso peor que esa vez cuando la encontró con su novio in fraganti. Se acercó a ella, ya que parecía no escucharle- ¿Bella?- Lo miró aterrada.
-¿Te duele algo?- preguntó confundido tocando su brazo. Estaba helada.
-No pasa nada- contestó finalmente, saliendo de su trance. Tomando su celular y la caja de tampones, se dirigió al baño. Cerró el pestillo fuertemente.
Como si la caja en su mano tuviera la culpa, la tiró al basurero con furia y tomó unas respiraciones con dificultad. Dejó su teléfono a un lado y comenzó a desvestirse.
Dio el agua de la ducha y sin importarle el frío, entró de una vez. Su cabello se pegó a su frente y ella a la pared.
Esto no podía estar pasándole.
Llevó sus manos débilmente hacia su abdomen, sintiendo que necesitaba golpear algo.
-Por favor no. Por favor no. Por favor no- recitaba con lágrimas cayendo por sus mejillas, mezclándose con el agua. Si tenía que rezar, lo haría.-Por favor que no esté embarazada- sentenció.
Tocó con miedo su plano estómago, explorando. No sentía nada.
Pegó una risa histérica. Por supuesto que no sentía nada. No estaba embarazada. No podía estarlo. Su mente le estaba jugando una mala pasada y todo esto era una broma de mal gusto.
Frotó su rostro con los dedos y volvió a recuperar el control de su cuerpo. Le pediría a Gianna que le comprara un test de embarazo para salir de las dudas y todo este momento pasaría a la historia. Todas las chicas pasan por esto alguna vez, no había que tener miedo.
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Gianna no hizo muchas preguntas, lo cual agradeció. Pero percibía su mirada perforarle la espalda y sentía que le debía algún tipo de explicación.
-Solo quiero asegurarme- murmuró nerviosa, mordiendo su labio.- Sé que no lo estoy, pero necesitaba asegurarme- su voz rallaba en la histeria. Habían muchas posibilidades de que sí lo estuviera, pero Gianna no quería perturbarla aún más. Solo le tocó suavemente la espalda en apoyo.
Fueron los tres minutos más angustiantes de su vida.
Sin perder la esperanza, se tranquilizó lo suficiente para ser capaz de ver el resultado y no llorar en el proceso.
-No sé si puedo hacer esto- dijo sintiendo el miedo apoderarse de su cuerpo nuevamente.- ¿Qué haré si sale positivo? ¿Qué voy a hacer?-
-Tranquila, Bella. Si quieres puedo verlo yo- sugirió en ayuda. Bella negó despacio.
-Tengo que poder hacer esto- Se levantó de la cama y caminó lentamente al baño, donde las tres pruebas de embarazo la esperaban.
Una línea por favor. Una línea por favor…
Se armó de valor y dio un paso más cerca.
En los tres palitos se leía claramente dos líneas rojas. Su mundo pareció derrumbarse frente a sus ojos.
Cayó de rodillas en los azulejos verdes y escondió su rostro entre sus manos. No podía estar pasándole esto. Gianna al verla corrió a su lado y la abrazó como pudo. Lloró cerca de media hora antes de poder tranquilizarla lo suficiente para sacarla del baño. La tendió en su cama y trató de acariciar su cabello.
-No es el fin del mundo, Bella- comentó apaciguándola.- Mi prima tiene un bebé y es la cosa más hermosa de la tierra-
-No entiendes, Gianna. Mis padres me matarán. ¡Me sacarán del instituto! Y ni siquiera estoy hablando con Edward. ¿Cómo voy a hacer esto?-
-Lo lamento mucho- susurró consolándola.
-No sé si puedo hacer esto… No sé si puedo ser una madre-
-¡Por supuesto que puedes! Y serás una madre genial- Bella no podía detener sus sollozos, esto era demasiado.
-¿Debería contarle a Edward? No creo que él esté preparado para ser papá- soltó una risa involuntaria. Es que la idea era graciosísima. ¿Edward un padre? Debería ser lo más adorable que haya visto.
-Nadie está preparado, solo sucede- murmuró su amiga, dándole ánimos.
-Gracias por estar aquí- susurró abrazándola. No sabía que hubiera hecho si estuviera sola en estos momentos.
El resto de la tarde se la pasó recostada en su cama, sin poder dormir. No podía. Simplemente no podía hacer esto. Era más de lo que podía soportar. Tenía que decidir qué hacer antes de que fuera demasiado tarde.
