Hola!
¿Como estan?
Tengo que contarles algo que es más fuerte que yo: no puedo dividir capítulos! Este es largo y no terminaba acá, pero imagínense que si lo cortaba en la mitad no iba a contar nada!... solo unos días de demora...:) Sabrán que Kristen S. estuvo en mi país (argentina) y si bien no logre verla, mis días se alborotaron un poco, jaja!
Bueno el siguiente cap será el ultimo así que espero recibir muchas reviews que me animen a escribir un súper capitulo! :D, como no puedo precisar una fecha (será capitulo extra largo y tengo exámenes en el medio) todos aquellos que lo pidan tendrán adelantos a partir del próximo fin de semana...
Saludos a Todos!
(PD: Si algo no se entiende o queda inconcluso no duden en comunicármelo)
CAPITULO 26
DESPEDIDAS, MADUREZ Y PROMESAS...
La decisión había sido tomada. Expresarla en voz alta me sirvió para comprender lo que realmente significaba. Había llegado el día en que debía comenzar mi vida, dejando atrás mi infancia, dejando atrás los juegos de niños, separándome de mis padres, abandonando Forks. Esta nueva etapa de mi vida me traía grandes responsabilidades, tendría que crear mi propia familia y valerme por mi misma. Estoy segura de que todo lo que me han enseñado mis padres será suficiente para poder ser una buena madre y una buena esposa. Si bien las circunstancias ameritan que me valla me hubiese gustado no verme obligada a hacerlo, no así.
La única esperanza de que todo fuera a funcionar bien y a lo que principalmente me aferraba, era que Jacob estaría conmigo. Él aceptó mi elección tranquilamente, como si ya hubiese pensado en ello y solo aguardaba por mi palabra final.
— ¿No necesitas nada Nessie?— oí a la abuela Esme entrando a mi habitación
— No abuela, gracias. Solo llevaré algunas cosas, sé que volveré pronto— dije mientras seguía doblando mi ropa y metiéndola en la maleta. Ella se acercó y se sentó en el borde de la cama observando mis movimientos. Evite verla, casi podía oler como le dolía que su familia cada vez este mas desarmada.
Ayer a la noche, cuando conté a mi familia lo que habíamos decidido con Jacob, y sin que mi padre se los advirtiera, ninguno se mostró sorprendido por mi determinación. Mamá pensaba que era lo mejor, seguía firme con la idea de que yo no este aquí cuando las cosas se pongan difíciles. Por otro lado, papá, si bien lo entendió y lo acepto sin discutir, le costaba tener que dejarme ir. Durante toda mi vida cada cosa que hacia que marcaba mas mi independencia para él era complicado de asimilar, pero ahora, lo que en algunas horas haría, significaba la separación definitiva de mis padres.
— ¿Llevaras esto?— preguntó mi abuela agarrando el alhajero de madera que había dejado a un costado sobre la cama.
—Allí tengo algo de cada uno de ustedes
Ella lo abrió y con sus dedos fue investigando el contenido. En esa cajita de madera tallada que Jacob me había obsequiado cuando era pequeña, guardaba lo regalos que yo mas apreciaba. Tenía muchísimas joyas pero solo algunas llegaban a ser invaluables para mí. El guardapelo dorado de mi madre, la pulsera de cuero de Jacob, el anillo familiar de mis abuelos, el clip de pelo de Rosalie, los aros con forma de lobo de Alice y un diminuto mp3 cargado con las canciones que mi padre me había compuesto durante mi existencia.
— ¿De quien es esto?
Sacó una fina cadena de plata de la que colgaba una exótica piedra.
— De Nahuel— murmuré. Mi mente recordó su rostro al instante.
Mi abuela lo guardó en su lugar y cerró la cajita sin decir nada.
— ¿Ya tienes todo listo Ness?— decía Jake entrando a la habitación con Anthony. Tomé la caja de madera y la metí en la maleta para luego cerrarla, sacando todos los fantasmas de mi cabeza.
— Si, ya estoy lista Jake— dije en tono despreocupado.
— Nonono, deja que yo las llevo amor— había comenzado a alzar el equipaje pero él se acercó y me detuvo. Dejó que cargara al bebé y se ocupó de las maletas.
Una vez que terminamos de meter todo dentro del Volvo que papá nos cedió –porque era más cómodo que mi auto para una familia- y habiendo asegurado a Anthony en su sillita, la peor parte del día llegó: la despedida.
Cerré despacio la puerta trasera del auto. Al darme vuelta todos estaban ahí para saludarnos. A los efusivos abrazos de los chicos de la manada le siguieron los tímidos y fríos de los amigos de Carlisle, Ariadna en cambio se aferró a mí con fuerza, yo le devolví sinceramente el abrazo. Mi abuelos también se acercaron, Carlisle con sus la labios tensos y Esme tratando de respirar normalmente. A papá lo aferré por la cintura escondiendo mi cabeza en su hombro, algo que siempre hice de pequeña.
— Cuídate. Te llamaremos todos los días para saber si estas bien. ¿Tienes tu celular verdad?
— Si, creo que éste será el momento en que empiece a acostumbrarme a llevarlo conmigo
Nos separamos dificultosamente y mamá se abalanzó a mí.
— Te amo hija— dijo entre gimoteos ahogados— prométeme que te cuidaras Reneesme
— Lo haré mamá, no te preocupes— mi voz pesada apenas susurró.
— Bella queremos llegar antes de que anochezca— dijo Jacob luego de un rato en que seguía prendida a mamá. Ella me soltó.
— Cállate... tú... perro— dijo torpemente y lo atrajo hacia ella por el hombro para apresarlo con sus delicados brazos.
— ¿Tanta demostración de afecto en publico venia en el paquete de ser vampiro Edward?—bromeó Jake, observando a mi padre— Bells... estaremos bien
Mamá se despegó de mi marido y papá solo le dio un corto abrazo palmeando su espalda.
— Acuérdate de llamarnos cuando lleguen— le dijo.
— Reneesme tu acuérdate de tratar de ayudar a Anthony con su don... encontraras la manera de explicárselo, y si comienza a hablar en algunas semanas será mucho mas fácil para los dos
— Recuerdan lo que les enseñe ¿verdad?— decía el abuelo Carlisle.
Durante la noche nos enseño algunas cosas básicas que teníamos que saber para ayudar a Anthony si volvía a tener otro de sus colapsos. Mi mente rápida entendió a la perfección como utilizar los aparatos que llevábamos.
— Sí abuelo. Cualquier cosa te llamaremos
— Recuerden alimentarlo y cambiarle su pañal— nos decía papá.
— ¡Edward!
— ¡Papá!
Repudiamos al mismo tiempo Jake y yo.
— ¡Téngannos algo de confianza!...— decía efusivamente Jacob— sabemos como cuidarlo
— Por supuesto, es nuestro hijo, eso sale naturalmente— añadí.
— Solo...— papá bajo su mirada un momento y contrajo levemente una de sus mejillas— solo cuídense, los tres
Entramos en el auto y sin querer voltear mi cabeza una ultima vez, observé como los primero metros de separación comenzaban a aumentar. Nos dirigíamos a Idaho, la familia de Seth tenía una cabaña en los montes Clearwater. Era un bien de familia, su abuelo la había adquirido hace medio siglo y ellos ya la habían dejado de usar y estaban por venderla pero surgió todo esto y esa casita estaba a la distancia necesaria para servir como escondite y en un lugar ideal para que yo pueda alimentarme sin problemas, que Jacob pueda transformarse y que Anthony no llame la atención de ningún humano.
Acostumbrada a las altas velocidades, los kilómetros que Jake atravesaba tan lentamente se me hacían eternos. Tres horas luego de salir de Forks todavía estábamos en medio de Washington...
— Jacob... ¿No era que querías llegar antes del anochecer?— pregunté sin dejar de mirar por el parabrisas.
— No quiero que se despierte el bebé y... llegaremos temprano
Bufé. Cruzada de brazos me resigné a que hiciera lo que le plazca. No había dormido en toda la noche por estar atenta a las lecciones de mi abuelo y ahora mi humor no era el mejor de todos. No quería pelearme con Jake por tonterías así que cerré mis ojos y deje todo el peso de mi cabeza sobre el respaldo de mi asiento.
— Ness... despierta... Nessie— sentía como su mano se aferraba a mi pierna y la movía tratando de despertarme.
Me costaba horrores poder abrir los ojos.
— Amor... llegamos— susurró muy cerca de mi oído. Dio algunos besos en mi cuello, y el estremecimiento que me provocó me despabiló finalmente.
— ¡Jacob!... se hizo de noche. ¿Has llamado a mi casa? Hace rato que tendríamos que haber estado aquí, deben estar preocupados— me exalté al notar lo oscuro de la noche.
— Tranquila. Acomodémonos y luego los llamamos
Giré bruscamente para ver a Anthony.
— Mejor nos apuramos porque se despertara de hambre en cualquier momento
Mire a Jake cariñosamente
— Te amo— le dije.
Él sonrió y acercó sus labios a los míos para besarme dulcemente. Mi cuerpo como un imán lo siguió cuando comenzó a separase. Sus besos eran mi adicción. Puso una mano en mi hombro deteniéndome.
— Ya tendremos tiempo para nosotros, ahora en serio tenemos que entrar— sonreía mientras hablaba.
Con una gran bocanada de aire, opte por salir del auto. Jacob entro rápido todo el equipaje mientras yo con cuidado sacaba a Anthony. Seguí el camino de piedras hacia la casa. Cuando entre todo estaba tapado con telas, había polvo en el suelo y telarañas en las esquinas del techo de madera.
— No me digas nada. Es lo que conseguimos. Hagamos esto: yo limpio un poco este desastre y tú le das la leche a Anthony afuera. Es una noche linda para que tomes algo de aire Ness
Sin objeciones me senté un banco de la entrada y saque del bolso del bebé su biberón, la cubierta térmica aún lo mantenía caliente. Anthony se despertó ni bien la olfateo. Aproveche que mi bebé se valía solo para sostener el biberón y llame a mis padres. Sí estaban preocupados por nuestra demora y estaban por llamar ellos pero yo me adelante. Les conté que tenia a Jacob de mucama mientras yo disfrutaba del aire nocturno con Anthony, no fue precisamente un chiste bien recibido por ellos, simplemente lo hice por querer cambiar el clima después de la demora. Quedaron en llamar al otro día y así sucesivamente. Era difícil reconocer en que punto lo hacían realmente por mí o por ellos.
Jacob nos invito a pasar al terminar de limpiar. Ya había acomodado nuestras pertenencias y encendido todas las luces de la cabaña. Había tres habitaciones, un baño y gran living comedor. Todo era de madera y la decoración era rustica, nada era un juego completo. Sin embargo era muy acogedora. Usamos una habitación para nosotros, una para Anthony y en la otra dejamos preparado el equipo medico que el abuelo nos dio para Anthony.
Se habían hecho las once de la noche, Anthony se había dormido hacia una hora y lo dejamos bien arropado en la cunita que llevamos e instalamos en su cuarto. Jake comió algo que la abuela Esme nos preparó mientras yo doblaba la ropita del bebé y la metía en unos cajones. No tenía apetito, las ansias de la comida normal ya no eran tan frecuentes y todavía tenía en mi sistema la copa de sangre que bebí por la mañana.
Me di una ducha rápida y me puse la ropa de dormir, unos shorts de chándal y una camiseta vieja. Jacob roncaba salvajemente cuando entre en la habitación. Trate de ignorarlo pero pasados varios minutos ya me estaba crispando los nervios. Tapé mi cabeza con la almohada como si eso fuera a aminorar el continuo sonido.
— Jacob— lo llamé moviendo su brazo— Jacob... — lo zamarreé un poco mas violento.
Él reacciono volteándose y ese cambio de posición hizo que dejara de respirar mal. Dejo caer su pesado brazo sobre el costado de mi torso y una de sus piernas envolvió las mías fuertemente. Estaba incomoda con su peso recargado en mi cuerpo pero era mucho mejor que escuchar su ronquido durante toda la noche.
No podía saber qué estaba soñando pero podía llegar a imaginármelo. Su mano acariciando mi espalda tratando de encontrar la terminación de mi camiseta, su pie frotándose contra mi pantorrilla, su boca muy cerca de la mía y sus ronroneos me daban una idea. Seguí su sueño muy a gusto. Me pegué más a él y empecé a besar su cuello y a rozar su piel con mis dedos. Por como su cuerpo se movía contra el mío pensé que se había despertado, detuve mis besos y lo mire. Seguía con sus ojos cerrados y sus manos continuaban tocándome pese a mi momentánea quietud.
Me hubiese gustado y mucho cumplir sus sueños, pero escuche en la habitación de enfrente como Anthony gimoteaba y sabia que a eso le seguía un indudable llanto. Primero suave y después brusco separe a Jacob de mí, lo empuje con demasiada fuerza y lo tire al suelo. El grito de Anthony me llevo hacia él en menos de lo que dura un pestañeo. Lo alcé y lo acuné tratando de que parara de llorar. No deseaba tener que emplear mis recientes conocimientos médicos.
— ¡Nessie ¿Esta bien?— Jacob tenía los mismos miedos que yo al respecto. Ni pregunto por nuestra anterior situación, eso no existía al lado de la incertidumbre que la salud de Anthony nos generaba.
— No puede tener hambre, comió hace una hora. Su pañal esta limpio así que no sé que quiere...—dije un poco desesperada por no saber sobre todo esto.
— Quizás tuvo una pesadilla... ¿Me dejas?— extendió sus brazos.
Le pase al bebé y él lo acuno y lo meció suavemente tatareando una melodía, mientras deambulaba lentamente por la habitación. ¡Genial! Tenía mucho que aprender de él. Anthony de a poco se fue calmando pero yo me asuste cuando se quedo dormido por completo nuevamente.
— No Ness, escucha... esta respirando— decía Jacob en respuesta al espanto que seguro transmitía mi rostro. Anthony seguía respirando normalmente, en realidad la que dejo de hacerlo fui yo.
Esa noche llevamos a Anthony a dormir con nosotros, no nos preguntamos porque salio bien del llanto estábamos muy aliviados de que no haya sucedido nada. A la mañana las cosas no salieron tan bien. Me había despertado por el canto de un pájaro muy cerca de nuestra ventana, sonreí por el hermoso día que se colaba por la ventana pero enseguida arrugue mi nariz por el olor que me rodeaba.
Ya lo decía el refrán "el que se acuesta con niños amanece mojado" pero claro yo no podía haber recordado eso antes dejar a Anthony en nuestra cama toda la noche. Me levante de la cama.
— Ugh...asco— estaba empapada en orín— malditos pañales— mascullé.
Saque a mi bebé de la cama. Lo agarré por las axilas y lo lleve a su habitación con los brazos extendidos. Su olor me daba nauseas, no solo se había hecho lo primero sino también lo segundo.
— ¡¿Cómo puede un niño tan bonito oler así?— reproché entre dientes.
Debí darle un rápido baño, se había mojado de pie a cabeza. Él parecía estar deseoso de que el agua se escurra por su cuerpito y lo limpie. Fue muy fácil darle su primer baño sin ayuda de nadie. Definitivamente tendría que cambiar de marca de pañales, pensé. Luego de dejarlo con su biberón en su cunita, me acorde de alguien que aún no se despertaba y que aún no se daba cuenta de que estaba durmiendo sobre un mar, y no de agua salada precisamente.
— Oh...Jake...amor...ya es de día— decía dulcemente conteniendo mis risas pero sin ocultar mi enorme sonrisa. No pareció escucharme. — ¡Jacob!— grité en seco.
Él se sobresaltó y enseguida se dio cuenta del océano que nuestro hijo había creado en la cama. Empecé a reírme como loca cuando frunció toda su cara y sus manos palpaban sus alrededores confirmando lo que pensaba.
— ¡Nessie!... ¿Por que no has pasado al bebé a su cama?— su carita de repulsión me partía de risa. Apretó las alas de su nariz con sus dedos, él tenía el olfato mucho más agudo que yo, por lo que debió ser mil veces peor que para mí. — ¡Demonios! ¡Estoy bañado en orines!
Saltó de la cama y se sacudió tratando de quitar lo que ya estaba impregnado en su cuerpo.
— ¡No se de que ríes!... ¡Tu tienes hasta el pelo mojado!— estaba indignado por la situación.
— Cállate, tú también lo podrías haber pasado— le recrimine.
— Eres su madre
— Y tu su padre
— Yo voy primero a la ducha— dijo resentido.
— No yo
Salimos como niños hacia el baño, pero el maldito teléfono sonó y sabía que eran mis padres y que debía contestarles enseguida. El celular estaba en dirección opuesta al baño, lo había dejado en la mesada de la cocina. Usando todas mis fuerzas me enrosqué a Jake y lo arrastré conmigo hacia el teléfono.
— ¿Diga?
— Suéltame monstruo— decía Jake, convulsionándose entre mi agarre.
— Hola... ¿Nessie están bien?— la voz de papá al otro lado advirtió el comentario de Jacob.
— ¡Hola papá!... aquí... esta...todo bien— le conteste mientras luchaba con Jacob.
— Tú te lo has buscado— dijo Jacob y comenzó a hacerme cosquillas en mis flancos.
— ¿En serio están bien?— volvió a preguntar papá.
— Si... papá— dije entre risas.
— ¿Que están haciendo?... Oh no ¡por favor no me lo digas!— suplicó.
— ¡Maldición!— exclamé. Jacob me debilito tanto con su táctica de las cosquillas que se libero de mí y salio disparado al baño.
— ¡Reneesme!
— Oh lo siento papá, no era para ti— dije apaciguando mis risas.
— ¿Que no deberían velar por su hijo en vez de andar jugueteando?— se había enfadado un poco.
— ¡Papá!...— reproche— Anthony esta muy tranquilito en su habitación, ya lo bañe, lo cambie y le di su leche...
— Esta bien pequeña, no quise decirlo de esa manera, disculpa
— Ah, por cierto déjame decirte que ayer Anthony lloró y nada paso, así que vallan buscando otras teorías sobre su don
— ¿Creció mas?— dijo después de unos segundo en silencio.
— Como un centímetro
— ¿Tú estas bien?— de nuevo dejo pasar varios segundos.
— Si, acostumbrándome a esta nueva vida
— Bueno hijita cuídate mucho. Acá pensaremos sobre lo que me acabas de contar y luego te llamaremos. Tu mamá les manda saludos y dice que le digas a Jacob que se deje de chiquilinadas
— Descuida, estaremos bien.
— Adiós Nessie
— Adiós papá
Me dirigí al cuarto de baño.
— ¡Puedes entrar y ducharte conmigo si quieres!— gritó Jake muy presumido de si mismo.
— Olvídalo perro
Al echar un vistazo por la habitación de Anthony, quede congelada en el lugar. No podía creer que haya pasado tan rápido.
— Ahora la única apestosa eres tú, caramelito expirado— el tono socarrón de Jake no me saco de mi estado— ¿que le sucedió?— pregunto asustado, cambiando su animo juguetón por uno mas que preocupado. — ¡Oh!
Se sorprendió tanto como yo. Anthony estaba parado en su cuna, con sus manitos aferrándose al barandal, mirando inocentemente como nuestras mandíbulas caían al piso. Sus pies tambalearon un momento después y cayó sentado sobre el colchón, observó sus piernas curiosamente y con una risa angelical comenzó a palmeárselas. ¡Se estaba festejando a él mismo!
Siguiendo su alegría, Jake y yo, nos unimos a él y participamos de la celebración. Mi corazón latía a mil por hora por la emoción. Anthony era un súper bebé, era más de lo que yo había sido, más de lo que cualquiera hubiese creído. Cuando los ojitos de Anthony nos miraron confusos y cuestionantes, acabamos con el festejo. Muy rápido se había cansado de nuestra adulación y se puso serio esperando que nosotros paremos la efusiva fiesta por sus primeros movimientos. Solo le faltaba cruzarse de brazos para dejar mas en claro lo babosos que nos pusimos con nuestro bebé.
Recordé que me debía un baño, y ya no prolongue más mi pestilencia. Salí de la habitación en dirección al cuarto de baño y estaba por entrar cuando oí que Jake le hablaba a Anthony, sentía mucha curiosidad por lo que me quede en el lugar escuchándolos.
— Eres muy especial Tony, no sabes lo feliz que me hace que seas fuerte y que estés bien— Jacob le susurraba dulcemente— pero déjame decirte que no eres como el bebé que imagine tener... ¡jaja!... no te enojes, es una broma. Eres mucho mejor de lo que mi cabezota puede imaginar. ¿Quieres saber una cosa?... te quiero muchísimo hijo... ¡oh! Claro eso ya lo sabias ¿verdad?...— se oyó la risa de Anthony— Solo hay una cosa con la que no estoy de acuerdo ¿Por que creces tan rápido?, ni tu mamá creció así... la infancia es la mejor parte de la vida, muchos desean ser niños por siempre y si tu creces de sobremanera cada día casi no la tendrás... ya sé que no puedes controlarlo pero contigo nunca se sabe quizás puedas hacer algo... ¿Se aburre señor? ¿Le parece bonito mostrar ese interés cuando su padre esta siendo serio con usted?... ¡Auch! ¿Por que me muerdes? ¿Porque todos me usan de mordillo? ¿Tengo pinta de hule?
Reí en silencio bajo un umbral de la puerta. Parecían que ya habían logrado comunicarse, todo lo que Jacob decía era respondido por un tipo distinto de gorjeo por parte de Anthony. Finalmente les di privacidad y entre a bañarme.
El resto del día nos la pasamos jugando con Anthony, quien parecía ser capaz de pasarse horas entreteniéndose con nosotros, riéndose de nuestras voces y escuchando las historias que inventábamos.
Transcurrió una semana un poco cansadora. El primer día los tres solos había sido sencillo para una pareja de padres primerizos pero las cosas fueron empeorando para nuestra salud mental. Anthony crecía rápido y así como su cuerpo lo hacia, aumentaban también sus requerimientos. Con siete días de vida parecía un bebé de seis meses, ya gateaba y se escapaba de la cuna muy ágilmente, empezó a comer comida de bebés porque la leche ya no lo llenaba y muy de vez en cuando se le daba por balbucear algunas silabas ininteligibles. Pero lo que nos ponía los pelos de punta eran sus continuos lloros, le dábamos todo lo que quería y todo lo que teníamos a nuestro alcancé pero nada lo calmaba. Hablamos con Carlisle preocupados de que puede tener algo físico pero siguiendo sus instrucciones lo revisamos y nada tenia, así que la única explicación que mi abuelo encontró es que el desarrollo mental del bebé iba mas avanzado que el de su cuerpo. Según él estaba pasando por la angustia del octavo mes, nos dijo que debíamos ser pacientes que en algunos días se le pasaría. Pero eso no sucedió, ya van cinco días de llanto indiscriminado y caprichoso por las noches, cuando lo poníamos en su habitación, cuando no lo teníamos en brazos, cuando no nos veía a los dos juntos, cuando tratábamos de tener un tiempo para nosotros.
Jacob le tenía una paciencia enorme, yo, en cambio, sufrí algún que otro ataque de histeria.
— ¡Jacob!— grité. Anthony se había quedado dormido en mis brazos y lo puse en su cuna muy cautamente para que no se de cuenta, sin embargo él lo advirtió y largo su agudo –y a estas alturas desquiciante- llanto. Todos los días me preguntaba donde había quedado ese primer llanto suyo, esa melodía de los ángeles que me había fascinado tanto cuando estábamos en Forks. Llegue a pensar que había estado alucinando ese día, nunca se volvió a repetir luego de tanto escucharlo. Salí dejándolo solo y me aovillé en el piso contra el marco de la puerta.
— ¡Ya no lo soporto!...— lloraba. Solo había dormido bien una noche y ya no sabia hace cuanto había pasado. Muchos sentimientos se encontraron dentro de mí. El cansancio y lo mucho que extrañaba a mi familia, me hacían sentir algo perdida.
— Jake...— el ya había entrado a buscar al bebé y lo mecía en sus brazos. Escondí mi rostro entre mis rodillas— soy una mala madre, no sirvo para esto... no puedo estar odiando a mi hijo por que no deja de llorar... — sollozaba enojada, con los dedos en mi cabeza alborotando mi pelo y presionando mi cráneo.
— ¿Quieres salir a tomar aire?
— ¡No Jacob!... ¡Quiero dormir!—chille endemoniada, no me reconocí en ese momento.
Jake se acercó y se sentó en el piso con Anthony. El muy sin vergüenza se había callado y me observaba como si mi aspecto fuera gracioso.
— Yo también quiero dormir Nessie, pero no podemos darle pastillas para dormir al bebé—. Lo miré con desdén
— ¡Pero no puede pretender que estemos pegados a él todo el maldito día!
— Reneesme, Tony te puede escuchar.
— ¡Deja de llamarlo así! ¡Su nombre es Anthony!
— ¡Cielos mujer! Cálmate... ¿Has aprovechado tu don con él?
— ¿Tu te has transformado delante de él?— dije irónicamente. Hasta el momento ninguno había expuesto su naturaleza, lo creíamos muy pequeño como para comprenderlo. Jacob me observó seriamente— sabes que no— agregué.
— Haz el intento— dijo.
Sin pensar levante la mano hacia Anthony. Cobrando noción de lo que iba a hacer me detuve al alcanzar tocarlo.
— ¿Que le muestro que no lo asuste?— estaba tan fastidiosa que sino me hubiese detenido seguro le mostraba todo lo que me hacia sentir la falta de sueño, y eso sí que iba a ser difícil de procesar para el pequeño.
— Prueba los días en Forks...— apoyó su espalda contra la pared y al bebé lo recostó en su regazo. Acaricié el rostro de mi bebé, ya mas en mis cabales— puedes mostrarle los bosques... nuestros juegos en él... preséntale a sus abuelos... y a sus veinte tíos...y... lo... mucho...que...dormir— hablaba bajito y pausado, cada vez mas y más separado, hasta que vi como su cabeza cayo sobre mi hombro y cerró sus ojos. Siempre había tenido esa facilidad para dormir en los lugares menos pensados. Lo envidiaba por ello.
Me concentré y de a poco fui transmitiendo algunas imágenes a Anthony. Cuando abrió sus ojos como platos, me detuve.
— ¿te gusto lo que viste?... yo lo puse en tu cabecita, no te asustes no puede pasarte nada malo
Pase algunos recuerdos más, hasta que se acostumbró y comenzó a sonreír. Le mostré a sus familias que habían quedado en Forks y en La Push, y un par de aventuras de niña que parecieron divertirlo bastante. Entendí que ya era suficiente para el bebé y retire mi mano de su rostro. Él la atizó rápidamente y la volvió a poner en el lugar.
Me di cuenta del error que había cometido. Lo que iba a ser la solución, resulto ser un problema más. Estaba maravillado con mi don y mis proyecciones en su cabeza y ahora demandaría eso todo el largo día. Sentía como de nuevo la histeria empezaba a dominarme, pero opté por respirar hondo y pensar un poco. Él entendió mi don, por lo que tendría que entender también lo que pasábamos con su padre por tener ese ritmo de vida que él había impuesto.
Fui de a poco metiendo pedacitos de estos días en su mente, armándolos de manera explicativa, nada recriminatorias o acusantes, no pretendía que se ponga mal o que absorba mi angustia. Sus ojitos se pusieron serios, supuse que lo había logrado cuando ocultaba su mirada, avergonzado. Sin que todavía se lo pidiera, abrazo mi mano y con un gran bostezo, se durmió. No podía estar segura de que a las dos horas no despertara, pero por el momento en la casa corría un calido silencio. Mi cuerpo en estado somnoliento fue contagiado por el bostezo de mi hijo y sin preocuparme en donde estábamos, recosté mi cabeza sobre la de Jake y deje a mis parpados cerrarse tranquilamente.
Oía a lo lejos a mi bebé llorar y eso fue sacándome del profundo sueño en el que había entrado. Sentía la espalda y el cuello entumecidos, me desperecé dándome cuenta de lo bien que mi humor estaba, de lo calmada que me sentía. Una vez que mis ojos distinguieron todo y mi mente recordó lo último que vivió, me percate de lo sucedido. Había una intensa luz en el ambiente a contraste de la creciente penumbra que recordaba. Mi vista alcanzo a leer un alejado reloj que marcaba las 11 a.m.
¡Habíamos dormido toda la noche y más!
Enseguida me levanté, torpemente y con algunos calambres, y desperté a Jake.
— Jake... ya es hora de despertar grandote— dije cariñosamente, sacando a Anthony de su regazo.
— Oooh— bostezo y estiro sus brazos en toda su extensión.
— Te van a entrar moscas en esa bocaza— bromeé.
— Dime que no estoy soñando dentro de otro sueño— sus ojos temían abrirse, a él también le resultaba increíble.
— No estas soñando, ¡Anthony nos dejo dormir!
Jacob se puso de pie y nos abrazo a mí y al bebé que ahora solo lloriqueaba.
— Pero sigue llorando
— Jake... dormimos mas de doce horas, y él no ha comido nada en ese tiempo...—quede pensativa un rápido segundo— ¿O si?— baje la mirada y le pregunte al bebé. Ya no me iba a parecer raro si se hubiese levantado y preparado su comida, después de haber entendido fácilmente que tenia que parar con sus manías, ya podía ser capaz de algo más.
— No puedo creerlo Anthony... ¡Gracias, gracias, gracias!— le dije besándolo y dando vueltas con él. Mi bebé sonreía con muecas forzadas
— Estas loca amorcito— Jacob nos observaba divertido.
Salí corriendo a la cocina y le prepare una rica comida a Anthony, mientras yo lo alimentaba Jake preparaba su desayuno. Me sentía tan contenta que lo acompañe comiendo lo mismo que él.
Pasamos el día los tres juntos, esta vez sin que nadie imponga a nadie permanecer así. Muy a gusto jugamos un rato con Anthony y luego nos pusimos serios y le contamos con mucho cuidado lo que realmente éramos, una medio vampiro y un licántropo, aunque aun no le decíamos que era él, pensamos que serian muchas cosas juntas y podría confundirse y volver a lo mismo de antes. Su mente estaba bien preparada para comprender un poco su mundo, aun así iríamos muy despacio, temíamos que igualmente se asustará.
A la noche le dimos de comer y luego lo bañamos, Jacob dijo que lo haría dormir y yo aproveche a tomar una ducha.
Mi vida siempre traía alguna sorpresa, pero yo no parecía poder acostúmbrame. Será por que la espera a veces resulta bastante desafiante, reí internamente. Ya con Anthony bajo control esto se pondría mucho, muchísimo más alegre y normal. Aunque me resultaba intrigante como salían mis sentimientos. Recordaba la falta de mis padres constantemente en los días inquietos de Anthony, y hoy, el primer día después de esa etapa que paso, los seguía recordando, pero no sentía que los necesitaba. Estaba muy segura de todo lo que hacia y como me manejaba con mi esposo y mi bebé. También descubrí que hay cosas de mí que no cambiarían, podría pensar como una persona de 80 años o más y hablar con un dialecto perfecto, pero nunca iba a abandonar los juegos, las complicidades y las locuras que con Jake aprendí. Así era yo, muy igualita a él. Por algo éramos almas gemelas.
— ¡Idiota!— ensimismada en mi conciencia salté del espanto cuando sentí una mano en la cintura, pero enseguida lo reconocí.
Me tome de sus hombros. No veía nada, mis parpados fruncidos evitaban que el shampoo entrara en mis ojos y obviamente no los quería abrir.
— No grites, recién se durmió— me dijo.
— ¿Que haces Jacob?— pregunté con inocencia.
Sentí su cuerpo desnudo cuando se acercó al mío totalmente mojado.
— No hablemos ¿si?— susurró en mi oreja.
— ¿Que pretendes?— él me tenía entre sus brazos bajo la lluvia de la ducha.
— Mmm...— rozó su nariz por todo mi cuello y sus manos se movían por mi espalda. Por un momento me sentí un poco débil. Él me sostuvo con fuerza
— Quiero... besarte...— besó mi hombro.
— Tocarte...— acarició uno de mis senos, sus perfectas y cálidas manos se deslizaron con la ayuda del agua que me recorría.
— Amarte...— su mano bajó y agarró por detrás uno de mis muslos, sosteniéndolo alrededor de su cadera.
Jacob me besó, solo como el sabe que me gusta. Con fuerza y dulzura, despacio e intenso. Me distraje del beso y el romance cuando sentí arder mis ojos.
— Jake, suéltame— alcancé a decir entre sus labios— por favor Jacob, déjame
Se quedo duro y confundido. No me importo, a penas me dio algo de espacio metí por completo mi cabeza bajo el agua y refregué mis ojos con mis puños.
— Que imbécil, cómo no me di cuenta, te ayudo amor— revolvió mis cabellos sacando todo resto de shampoo, mientras yo trataba de poder volver a ver después de la quemazón que sufrí.
— ¿Puedes ver?
— Algo— veía las cosas literalmente rosas.
Dio besos en mis ojos entrecerrados
— ¿Ahora?
— Necesitas hacer más que eso para reparar el daño— dije seria.
Y ya no hubo mas charla. Me elevó con sus manos en mi trasero y enrosqué mis piernas en torno a su pelvis. Su fuerza estampó mi espalda contra la pared de cerámica que recubría el baño. Nos besamos e hicimos el amor con todo el deseo y la pasión que veníamos guardando. En los pocos momentos de claridad que tuvo mi mente, rogaba que mi bebé en la habitación contigua no nos escuchara.
Luego de tres días fascinantes con mi familia, en lo que Anthony se portaba como los dioses, ya le habíamos contado absolutamente todo sobre su vida, y Jake y yo teníamos tiempo para estar juntos mientras el bebé dormía, una llamada cambio las cosas y nos trajo de nuevo a la realidad.
Todos los días papá llamaba por la mañana y se aseguraba que las cosas nos vayan bien, que nos estemos acostumbrando con Anthony y que no necesitemos nada, pero esta vez no sucedió. No llamó en todo el día, ni él ni nadie de mi familia. Estuve pendiente del reloj toda la tarde, al principio no quise llamar yo porque pensé que a lo mejor era una trampa para saber si yo aun dependía de ellos y no podía mantenerme sin comunicarme un día, pero en mi corazón había un mal presentimiento que me tenia inquieta y distraída. Algo estaba yendo mal, lo sentía en la piel.
— ¿Hola?... ¿Papá?
— Reneesme— suspiró mamá.
— Déjame a mi Bella— se escucho a papá por detrás como cambiaba de manos el teléfono.
— Hola pequeña... ¿Como estas? Disculpa no haberte llamado hoy, perdí la noción del tiempo— su voz parecía nerviosa, hablaba rápido, simulando tranquilidad.
— Nosotros estamos bien, pero como ustedes no llamaron...
— Si lo sé, perdónanos Reneesme— su voz seguía rara, seria y compungida.
— Papá... presiento que algo va mal— fui directa, no quería seguir adivinando si las cosas eran no o no como yo lo pensaba.
— Todo esta bien Reneesme— eso le costo tanto decirlo que no se lo podía creer ni él.
— Dímelo papá, sabes que tengo que saber todo para poder protegerme— mentí un poco para sacarle la verdad.
— Reneesme...
— Papá, no me mientas, por favor dime que esta pasando allí
— No te quiero que regreses Reneesme, por nada del mundo vuelvas a Forks
Sus palabras me cayeron como un baldazo de agua helada.
— ¿Que...
— En cinco días llegaran los Vulturis con su ejército
Jacob estaba a mi lado y tomé su mano.
— ¿Como... — no podía completar la pregunta.
— Los halcones cuentan con su espíritu guardián que les pronostica el futuro y aseguran que los demonios fríos llegan a nuestro pueblo con el último eclipse solar del año y eso pasara en cinco días... Hijita te suplico que no regreses
— ¿Saben algo de mis tíos?
— No aun. ¿Reneesme harás lo que te pido? ¿Te quedaras ahí con Jacob y el bebé?
— Es muy poco tiempo, todavía no sé como funciona el don de Anthony— pensé en voz alta.
— No vengas Nessie, no quiero arriesgar a ninguno de ustedes
— Esta bien papá, lo haré— mi contestación fue en piloto automático. No sabía bien que debía hacer.
— Debo cortar hija, estamos armando un plan de lucha, te llamaremos mañana sin falta
— Te quiero papá
— Y yo a ti pequeña, adiós
No concilie el sueño el resto de la noche. Me debatía entre lo que debía hacer y lo que quería salvar. Estaba con mi bebé y mi Jacob, pero mi familia corría un gran riesgo.
Trate de sobrellevar la noticia los siguientes amaneceres. A expensas de Jacob, hable con Anthony directamente y le explique su don, mi bebé no hablaba aún y saber bien lo que hacia era complicado si nunca tenia una respuesta. Sin embargo seguí insistiendo en decirle todo lo que nosotros suponíamos, le propuse varias maneras de controlarlo según cada teoría que se me ocurría, pero no tenia manera de corroborar si Anthony lo implementaba y si funcionaria.
Bajo un cielo estrellado con una luna en cuarto creciente, luego de dejar a Anthony dormido en su cama, estaba acurrucada al cuerpo de Jake, saboreando la suave brisa que corría.
— Te amo Reneesme— dijo muy bajito, acaricio mi rostro con el dorso de su mano y por el mentón lo elevó y apoyó sus labios en los míos.
Se me hizo un nudo en la garganta sin que mi conciencia halle ninguna explicación.
— Nessie...— suspiró— Necesito que me prometas algo— tomo un buen sorbo de aire y lo soltó— Prométeme que no me seguirás cuando me valla
— ¿Que dices? ¿A donde te iras? ¡No puedes irte!— algo mareada por su inesperada decisión me levanté de la hierba y camine nerviosa en el lugar.
— Nessie—agarró mi antebrazo y me detuvo frente a él— escúchame un momento, debo ir. No estoy abandonándolos a ustedes dos, eso nunca, lo que busco es proteger nuestro mundo, asegurarle un futuro a Anthony y darte uno a ti
— Mi futuro estará siempre al lado del tuyo— sollocé con lágrimas cayendo por mis mejillas.
— Mira yo te prometo que no voy a arriesgar mi vida, vendré a buscarlos y nos esconderemos juntos si las cosas salen mal, pero tú debes prometerme a mí que no me seguirás, que no arriesgaras a Anthony...
Mi mente no lo concebía y mi corazón era incapaz de comprenderlo. Mire a mí alrededor. Todo era tan ideal, el cielo despejado, la cabaña de madera, el bebé durmiendo, sin embargo iba a acabar en cuestión de horas.
— Nessie, por favor
— Jacob... — no me creí capaz de decirlo pero lo hice— te prometo no ir atrás de ti cuando te vallas a Forks— recite mi promesa dejándola bien en claro— pero tú cumple la tuya ¿si?— rodeé su cintura con mis brazos apoyando mi mejilla humedecida en su hombro. Con sus brazos me aseguró más contra él.
— Por supuesto que lo haré amor
— Te amo— dije contra su piel.
No sé porque no luche contra su decisión, porque no me impuse y discutí con él, porque acepte su promesa, ni porque hice la mía. Obligué a mi mente olvidar aquello para que la última noche que pasaría con él solo fuera para amarnos, sin pensar en nadie mas que nosotros dos, sin esperar por ningún futuro, metiéndonos en una burbuja y escapando de los malos presentimientos y de cualquier cosa mala que pudiera suceder en nuestro alrededor.
En el capitulo final de Claro de Luna...
La lucha interna que atraviesa Reneesme se hace insostenible y la lleva a cometer, quizás el peor error de su vida...
Cuando los Cullen se vean frente a frente con los Vulturis ¿habrá esta vez un dialogo que los haga cambiar de opinión? ¿Estarán vivos los cuatro Cullens desaparecidos? ¿Sobrevivirá Jacob si no hay más opción que una lucha? ¿Quienes son los del ejército de los Vulturis?...
¿Existirá realmente una criatura que pueda vencer toda la maldad que los Vulturis desean esparcir?...
(chan chan chan chaaann... jajaja!)
