N/A: ¡Buenas! ¿Como les va? Espero que de maravillas. Bueno, este capitulo oficialmente vuelve a Enseñando y Aprendiendo una historia completa. Quiero darles las gracias a todas las personas que formaron parte de esta. Quienes comentaban, quienes la agregaron a sus favoritos o le dieron follow o aquellos que simplemente leyeron en silencio. El apoyo igual se siente. Tenía pensada una super nota de autor pero siento que no tengo más para decir que la palabra gracias no consiga resumir. Tal vez, si, una cosilla mas para decir, se que hay persona que leen este fic y nunca comentaron o gente que tal vez esta llegando a este cap habiendo leido todo de una. Espero que no sea demasiado pedir, pero en este cap, si pueden, dejenme sus sentimientos de la historia, si les gusto, si no les gusto etc. Simplemente eso. Y ya había mencionado antes que había comenzando a escribir una historia que no planeo subir hasta que no este medio avanzada pero si quieren saber cuando comenzare a postear denle follow a mi usuario y se enteraran. GRACIAS POR TODO Y QUE LO DISFRUTEN!

Capitulo 25

La habitación estaba cálida gracias a los rayos de sol colándose a través del grueso vidrio. En el momento en que Hermione abrió los ojos se encontró siendo recibida por tres rostros que resaltaban respecto al fondo blanco. Dos cabezas coloradas y una con pelo tan negro como una noche de luna nueva le sonreían con alegría mientras podía sentir como uno de ellos le estaba sosteniendo una mano con más fuerza de lo que a ella le hubiera gustado.

"Hola" saludó a Harry, Ron y Ginny. Enseguida notó lo rasposa que tenía la voz y la lengua se sentía como si estuviera hecha de algodón "¿Hay agua?" preguntó intentando voltear el rostro para ver donde imaginaba una mesa debía encontrarse. En el momento en que giró su cuello una profunda puntada nació en su pómulo y descendió hasta su brazo izquierdo. No le cabía ninguna duda que una mueca de dolor había pasado a hacerse hogar en las líneas de su rostro.

"Aquí tienes" aseguró Ron quien estaba sentado a su izquierda. Harry estaba a su derecha y Ginny se ubicaba al pie de la cama con las manos debajo de sus piernas y una expresión de timidez en el rostro. Ginny era muchas cosas, pero tímida no era una de ellas.

"¿Qué ocurre?" le preguntó Hermione concentrándose en los ojos celestes de su amiga una vez que varios sorbos fríos habían descendido por su garganta y le habían quitado la sequedad de toda la boca.

"Lamento haberte gritado" soltó rápidamente. Hermione enseguida comprendió. Debía de haber estado sufriendo un poco más que el resto pensando que las últimas palabras que podía haberle dicho eran gritos que demandaban espacio y reclusión. Lo que ocurría era que ella no creía que tenía que pedirle disculpas, había sido la reacción que había tenido y Hermione consideraba que no era una reacción ilógica o injusta. Ginny le confiaba todo y ella solía no confiarle nada. Entendía la injusticia en ello.

"Lamento no haberte contado todo, luego de que comenzó a ocurrir" Ginny asintió antes de llevarse una mano al rostro y remover una lagrima con eficiencia "¿Está todo bien?" preguntó a Harry y Ron esperando que la pusieran al día con los sucesos posteriores a su encuentro con Theodore Nott.

"Está todo controlado" le aseguró Ron enseguida antes de darle un beso en la frente como sus padres solían hacerlo. No pudo evitar sonreír ante el gesto y si no hubiera sido porque le dolía todo se hubiera movido hasta acurrucarse a su lado.

"Atrapamos a más de la mitad y gracias a ti tenemos a Theo" elaboró Harry mientras se acomodaba los lentes sobre el tabique de su nariz "los ataques han cesado, ahora tenemos el objetivo de aprehender a los que siguen sueltos y llevarlos frente al wizengamot" Hermione asintió lentamente. Le alegraba escuchar eso. Le alegraba y mucho.

"Gracias por advertirme" recordó el patronus de Harry.

"Lamento no haberlo enviado a tiempo" murmuró él apretando su mano un poco más. Era Harry quien le estaba cortando la circulación.

"Harry, más suave por favor" pidió con una sonrisa.

"¡Oh! ¡Lo siento, Hermione!" exclamó rápidamente. Ella sólo sonrió un poco más antes de recorrer con sus ojos la habitación. Tenía las paredes blancas, el mobiliario blanco y las cortinas blancas. La ventana daba a la parte trasera de Mungo's y agradecía que fuera el caso, de lo contrario los medios estarían como moscas allí afuera y tendría que tener todo cerrado. La mesa al lado de su cama, sin embargo, rebalsaba de arreglos florales, golosinas y tarjetas.

"¿De quién son?" preguntó sorprendida que tantas personas le enviaran cosas a ella.

"De todo tipo de gente, de los profesores y el director de Hogwarts, de amigos tuyos, de ciudadanos que te agradecen, de quien se te ocurra, Hermione" le respondió Ron. Estaba agradecida, estaba infinitamente agradecida, pero si fuera por ella deseaba que nunca más tuvieran una razón para enviarle regalos. No quería salvar al mundo mágico una vez más. No quería pelear por un largo tiempo. Estaba lista para tener una tranquila y aburrida vida. Una vida con… ¿Dónde estaba? Como si le hubiera escuchado el pensamiento la puerta de la habitación se abrió con fuerza revelando un perfectamente peinado cabello platino, rasgos angulosos y tormentosos ojos grises que le brindaban una seguridad que no conseguía en ningún otro lado. Entre sus manos, Draco, sostenía una taza llena con lo que parecía ser té y Hermione temió que fuera a soltarla cuando se encontró con cuatro pares de ojos mirándolo fijamente.

A los primeros que miró fue a Harry y a Ron antes de confirmar que la otra persona era Ginny y eventualmente se concentró en ella. El movimiento hacia arriba de la comisura de sus labios fue prácticamente imperceptible pero lo conocía demasiado como para no notarlo.

"Potter. Weasley" murmuró con cierto asco en la voz. A Hermione le pareció increíble que hubiera despertado hacía minutos y ya estaba rodando los ojos gracias a algo que decía Draco Malfoy. Le costaba decidir si era un talento que él tenía o una maldición.

"Malfoy" dijeron sus amigos con el mismo poco ánimo, ambos a la vez. Los ojos grises de Draco se movieron hasta dar con Ginny quien lo miraba con cautela. Era preocupante cuan parecidos eran en personalidad. Igual de petulantes, igual de renegados e igual de confiables.

"Hola" habló Draco comenzando a sostener la taza con una sola mano y extendiéndole la otra a Ginny "Draco Malfoy" esta asintió lentamente y se la tomó con firmeza.

"Ginevra Weasley" esta vez asintió Draco mientras ambos sacudían el agarre hacia arriba y hacia abajo. Hermione rodó los ojos una vez más mientras incredulidad bañaba el rostro de Harry y Ron que miraban la escena horrorizados.

"Ginny, mejor vamos a ver que necesitaba mamá" murmuró Ron antes de hacerle una caricia en la mano a Hermione, consiguiendo que una sonrisa le nazca en el rostro "Harry, a ti también te necesitaba" Harry asintió con vehemencia mientras se ponía de pie de manera un tanto torpe. Ella pudo notar como Ginny estaba intentando pensar en que era lo que su madre les había dicho antes de caer en la conclusión de que era una excusa para salir de ahí.

"Que estés bien, Hermione" saludó Harry desde la puerta antes de que Ginny acote "mañana volvemos a verte" ella los saludó con la mano derecha a la par que les daba una sonrisa.

"Gracias por venir" las tres cabezas asintieron de manera apresurada antes de desaparecer por la puerta.

"Cual es el propósito de la humanidad en la tierra es una de las grandes incógnitas del universo. Como eres amiga de esos dos está a la misma altura" tenía que ser un talento. Nadie lograba que ruede los ojos tantas veces en tan poco tiempo. Estaba un tanto atontada y temía acabar mareada por la cantidad de tonteras que nacían de la garganta de Draco.

"¿Es para mi?" preguntó señalando la taza que él sostenía en la mano.

"No, es mío" le respondió tomando un sorbo y dándole una sonrisa torcida. Maldito hijo único "no se si puedes tomar, Granger" agregó "si te lo permiten prometo ir a buscarte uno" ella sonrió lentamente mientras él se ubicaba en la silla de plástico blanca al lado de su cama donde había estado sentado Ron.

"Gracias" susurró "¿Llegaste hace mucho?" no tenía ni idea hacía cuanto había llegado ella. Tampoco le importaba demasiado. Estaba feliz de estar entera y despierta una vez más.

"Hace un tiempo" fue su respuesta "tenía que venir a ver como era posible que sólo un par de raspones te dejaran en el hospital" Hermione pensó en responderle de manera un tanto fuerte y agresiva, pero cuando vio la preocupación en los ojos de él supo que era una de sus maneras de restarle importancia a cosas que si le importaban.

"Eso fue lo que dije yo" aseguró ella bromeando "con una bandita ya estoy lista para continuar, pero insistieron a meterme en una de estas habitaciones" ni una sonrisa de parte de él. Lo vio dejar la taza en la mesa llena de regalos antes de ponerse de pie.

"¿Hazme un lugar?" Hermione asintió mientras se corría lentamente al costado de la cama, dejándole la otra mitad a Draco. Este se ubico con la agilidad de alguien que no era actualmente un paciente en el lugar y ella no dudó en acurrucarse a su lado. Su oreja descansaba justo donde el corazón le retumbaba a toda velocidad y en vez de molestarle sintió que la calmaba.

"Gracias por venir" susurró a la par que sentía como los largos y finos dedos de él comenzaban a jugar con su cabello, adormeciéndola con cada segundo que pasaba.

"Cuando me avisaron lo que ocurrió, Granger…" fue como si terminar la oración le generaba un esfuerzo físico que no estaba capacitado de hacer "Deja de ser una maldita Gryffindor, ¿Quieres?" ella asintió con vehemencia. Le gustaría eso. Le gustaría eso y mucho.

"Abrázame más fuerte" se encontró pidiéndole sintiendo como enseguida el agarre del brazo de Draco se volvía mas firme "lamento si te asusté" agregó.

"¿Qué voy a hacer contigo…?" murmuró más para él mismo que para ella.

"Prometo hacer todo a mi alcance para mantenerme alejada de los problemas" y no lo decía por él. Lo decía por ella.

"Déjalos venir todo lo que quieran" dijo Draco de manera determinante "contigo a mi lado, Hermione Granger, le hago frente al mundo" no estaba segura si se trataba de no sentirse en riesgo cuando estaba con él o si por fin estaba bajando a la realidad y tomando conciencia de todo lo que había vivido, pero como si alguien hubiera abierto un grifo las lagrimas comenzaron a caerle de los ojos. Primero una, luego otra y después estaba llorando tan fuerte que no estaba segura si alguna vez iba a poder parar. Sin que diga nada Draco la atrajo aun más contra él y Hermione entendió que tal vez no estaba llorando porque estaba triste o asustada.

Estaba llorando porque estaba feliz.

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"Te juro, Granger, que si me estás llevando a comprar esas pastillas contigo me voy a enojar" ella pensó que si no se iba a enojar por eso, Draco Malfoy, iba a encontrar otra razón por la cual enojarse. Era su hobby favorito después de todo.

"No te estoy llevando allí" soltó ella con fastidio. Ambos iban caminando por una angosta calle en el pequeño pueblo de Hogsmeade. Junio ya había llegado y la usual nieve que solía cubrir los techos, convirtiéndolos en una imagen digna de una postal navideña, le había dado el paso a brillantes y coloridas flores "deja de quejarte" demandó mientras veía a Draco pasarse una mano por el cabello platino volviéndolo un tanto más desaliñado de lo normal.

"Es fácil para ti decirlo. Tú sabes a donde estamos yendo mientras que yo estoy depositando mi confianza en ti. Estoy debatiendo si es una sabia decisión o si acabará liderando a mi muerte" Hermione rodó los ojos de manera tan exagerada que tuvo que pestañear varias veces para poder focalizar la vista una vez más.

Hacía varios minutos que estaba debatiendo si tomarle la mano o no. Draco Malfoy era bastante especial y ella vivía en constante duda si iba a hacer algo que le molestara o no. La ironía era que las veces que se molestaba simplemente lo decía y seguían adelante. Nada de lo que preocuparse. Aun así, su vista se posaba en los largos y finos dedos de la mano de él antes de mirar hacia delante y una vez más a él.

"¡Por Merlín, Granger!" exclamó antes de tomarla de la mano y entrelazar sus dedos con los de ella. Hermione le sonrió como una niña contenta mientras la esquina a la que se estaban dirigiendo aparecía delante de ellos "¿Falta mucho?"

"Es ahí" señaló ella con la mano libre a la bella casa de ladrillo visto que se ubicaba en la esquina de la vereda. Tenía una cerca blanca delante y bellas flores decoraban los dos canteros delanteros. La puerta estaba pintada de color celeste al igual que los postigos en las ventanas.

"¿Venimos a visitar a alguien?" preguntó Draco mientras una expresión de confusión decía presente en su rostro. Hermione negó con la cabeza a la vez que le soltaba la mano para buscar dentro del bolsillo de su saco acuadrillé. Una pequeña llave dorada acompañada por un llavero con forma de torre Eiffel descansaba en su interior y lo tomó con decisión antes de abrir la pequeña cerca blanca y avanzar hasta la puerta de entrada "¿Estamos por robarle a alguien?" volvió a preguntar Draco como si fuera una opción viable. Hermione se encontró tentada de decirle que sí únicamente para molestarlo. Pero en vez de eso negó con la cabeza y se concentró en abrir la puerta.

"Cierra" pidió cuando una cómoda y hogareña sala de estar aparecía delante de ambos. Un sofá rojo de tres cuerpos engalanaba el ambiente, mientras una enorme alfombra en tonos cálidos ocupaba más de la mitad del piso. A su derecha se encontraba una chimenea encendida y el resquebraje de los leños ardiendo le proveían la banda sonora a la escena. El piso de parqué y las paredes cubiertas de paneles de rojiza madera terminaban de convertir la habitación en el perfecto lugar para acurrucarse a la noche luego de una larga jornada de trabajo.

"¿Qué hacemos aquí?" preguntó Draco parándose a su lado e inspeccionando el lugar.

"¿Recuerdas que vendí mi departamento?" preguntó ella caminando hasta dejar la llave sobre la mesa ratona frente a largo sofá y luego dejándose caer sobre este. Lo escuchó avanzar hasta verlo tomar asiento al lado de ella.

"Ocurrió hace un mes, Granger. Por supuesto que lo recuerdo" su departamento pertenecía a Crisselda desde hacía exactamente veinte días. Ella no había conseguido sentirse segura en ese lugar luego de lo allí ocurrido y su antigua alumna estaba buscando irse de la casa de sus padres para tener cierta independencia. El negocio había sido rápido y efectivo y ambas habían acabado felices con el resultado.

"Decidí comprar esta casa" explicó ella "tiene dos dormitorios, una cocina, dos baños, un estudio y esta sala de estar" Draco asintió lentamente con apreciación mientras miraba el lugar.

"Está linda" aseguró él. Hermione sonrió mientras metía su mano en el otro bolsillo de su saco acuadrillé. Esta se cerró al rededor de otra llave igualmente pequeña y dorada.

"Me alegra que te guste" comentó mientras le depositaba la llave sobre las piernas "¡Feliz cumpleaños!" exclamó como una niña pequeña gritando sorpresa. En el rostro de Draco lo que había era confusión.

"¿Es esta tu manera de decirme que no puedes vivir sin mi?" preguntó él mientras una sonrisa torcida decía presente en su rostro.

"Oh, no. Puedo vivir perfectamente sin ti, Draco Malfoy" aseguró ella "lo que ocurre es que no quiero" esperaba que hubiera entendido para ese entonces "no compré la casa para mi sola, es para los dos" él asintió con vehemencia antes de saltar sobre ella como si fuera una animal pudiendo dar el zarpazo final sobre su presa. Una risa se le coló por entre los labios antes de sentir como le rodeaba la boca con la suya de manera voraz. Movió sus manos hasta rodearlo por el cuello y atraerlo contra ella un poco más. "¿Te gusta?" preguntó no estando segura si estaba aceptando mudarse allí con ella o no.

"Te amo" fue su respuesta y Hermione estaba segura que no recordaba como respirar. Los ojos grises de él estaban fijos en ella mientras los rasgos angulosos de su rostro comenzaban a contornearse en una expresión de cautela y cierto miedo. No podía entender como tenía miedo de que ella no sintiera lo mismo. Tenía que ser ciego para no haberse dado cuenta. Hacía mucho tiempo que estaba total y completamente enamorada de él. Con todos sus defectos y sus virtudes. Estaba total y completamente enamorada de Draco Malfoy.

"Nos compré una casa, ¿Tengo que decirlo?" preguntó ella con una sonrisa. Draco asintió lentamente "te amo" le aseguró antes de atraerlo a que la bese aun más fuerte, lo cual fue cumplido sin siquiera chistar.

Ambos estaban vestidos con poca ropa, por lo que el tiempo que tardaron en que esta quede esparcida por el piso fue corto. La habitación estaba envuelta en la calidez del fuego encendido, pero Hermione no pudo evitar pensar que por más que hubiera estado helado allí, no lo hubiera notado. Cada vez que Draco Malfoy la besaba en los lugares que a ella le gustaba, rozaba su piel contra la suya y la llenaba por completo acababa perdiendo todo sentido de la realidad para ser transportada al lugar del que los sueños están hechos. Completo éxtasis y felicidad inundándola.

"Gracias" susurró Draco antes de comenzar a besarle el cuello para acabar descendiendo por el largo de su cuerpo. Hermione enredó los dedos de ambas manos en su cabello platino mientras un suave gemido reemplazaba su respuesta. Pensó que tal vez era mejor respuesta que escucharla decirle 'de nada'.

Siempre le gustaba sentir como sus labios le recorrían cada rincón de piel. Como le encendía los sentidos hasta llevarlos al borde de perder la cordura para luego invadirla completamente. En ese momento, sin embargo, quería sentirlo donde más le gustaba. De esa forma que le daba ganas de gritarle cientos de veces que estaba enamorada de él y que nunca, pero nunca, dejarla de hacerla sentir así.

No supo si se lo dijo o no, pero Draco estaba regresando a besarla con decisión antes de elevarle una pierna para que lo rodee por la cintura y luego invadiéndola por completo. Un nuevo gemido nació de su garganta y esperaba que las paredes fueran lo suficientemente gruesas para que los vecinos no se enteren de ello. Había olvidado poner un hechizo silenciador y en ese momento lo único que quería era sentir cada movimiento de su cadera que la empujaba lentamente hacia el abismo. Al diablo con el decoro. Que aprendieran de que se trataba el paraíso.

Las uñas de Hermione se clavaron en la espalda de él cuando la hizo rodearlo con la otra pierna también. Sabía que iban a quedar las marcas por unos días. Sabía que no eran como las cicatrices que él tenía esparcidas en ciertos lugares de su piel. No como las que ella lucía como medallas de batalla. Ahora tenía una más, en su brazo izquierdo, era gruesa y rosada y había sido por el cristal que hecho hogar de este por un tiempo luego de saltar por la ventana. Casi como si supiera que estaba pensando, los labios de Draco le recorrieron las cicatrices de su pecho antes de pasar a hacerlo con la que descansaba en su brazo. Una enorme sonrisa apareció en su rostro a la par que los movimientos de sus embestidas se aceleraban y la respiración agitada de ambos se convertía en la banda sonora del encuentro.

"Más rápido" pidió ella sintiendo como estaba bien al borde de escaparse de la realidad por un momento. La tensión en su abdomen era casi intolerable y su corazón le latía de manera tan veloz que temía que fuera a salirse de su pecho en cualquier instante. Sus brazos se cerraron con más fuerza al rededor del cuello de él mientras sus dientes tomaban el lóbulo de su oreja con devoción. Abrió la boca para decirle que estaba cerca, pero a cambio lo que sonó fue un agudo gemido de completo y absoluto placer. Una explosión maravillosa estaba naciendo desde su estomago y propagándose por los nervios de su cuerpo que estaban en llamas. Hermione no sabía si había una correlación, pero parecía ser que cuanto más enamorada de él estaba, mejor se sentía todo.

Un grave gruñido se coló por entre los dientes de Draco antes de que lo único que quede sea el sonido de la respiración de ambos. El cuerpo de él descansaba sobre el de ella agotado y lo primero que se le ocurrió hacer fue darle un beso en la frente. Siempre había sentido que estos denotaban un cariño diferente a cualquier otro tipo de beso. Sentía que evocaban una promesa silenciosa de protección. Y ella iba a hacer todo a su alcance para protegerlo de lo que fuera y no dudaba por un segundo que él iba a hacer lo mismo.

"¿Sabes cual es la mejor parte?" preguntó él luego de un rato de permanecer en esa posición. Hermione negó con la cabeza mientras sus dedos jugaban entre el pelo platino de él "queda cerca de Hogwarts" por un instante lo había olvidado. Una enorme sonrisa apareció en su rostro antes de asentir.

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El viejo castillo estaba como ella lo recordaba. Imponente y cautivante. Sus piernas avanzaron a toda velocidad hacia las enormes puertas dobles que guardaban del otro lado una gran cantidad de estudiantes listos para empezar un nuevo año educativo. Inhaló profundamente antes de revelar la escena del otro lado. Cuatro largas mesas engalanaban la mayor parte de la habitación, mientras una perpendicular a estas estaba poblada por viejas caras que no sólo le eran familiar, le eran cercanas. Una sonrisa se expandió por su rostro mientras inhalaba profundamente, empapándose de la alegría que estar allí le causaba.

"¿Quieres que te sople el rostro así hacemos el momento más dramático?" preguntó una voz aburrida y seca a su lado. No pudo evitar rodar los ojos antes de concentrarse en el anguloso rostro de Draco. Negó con la cabeza y comenzó a avanzar entre las mesas de Gryffindor y Ravenclaw hasta el fondo del Gran Comedor. No tuvo que voltear para ver si la seguía, porque pudo sentir sus pasos detrás.

"Es bueno tenerla de vuelta, señorita Granger" aseguró la aguda voz de Pomona Sprout. Hermione le sonrió y asintió. Elizabetta le tiró un beso con la mano y Hagrid se limpió una lagrima mientras le sonreía de manera bonachona.

"Hermione" le recibió con calidez Minerva McGonagall mientras ella se sentaba a su lado.

"Buenas noches, profesora" la eterna mujer de enormes ojos celestes y cabello del color de la plata negó con incredulidad al sentir a quien una vez había sido su alumna aun usar ese termino para referirse a ella. Sintió la silla del otro lado ser ocupada a la par que Flitwick aparecía por la puerta cercana a la mesa de los profesores y se dirigía directamente al atril dorado que era engalanado por un águila dorada.

"¡Alumnos, bienvenidos una vez más a Hogwarts, escuela de magia y hechicería!" la habitación se llenó de un estruendoso vitoreo proveniente de las cuatro casas que conformaban la distribución de los estudiantes "este año hay varios cambios pero dos resuenan más que el resto" agregó mientras los murmullos comenzaban a crecer en el Gran Comedor "una antigua alumna y profesora de esta institución nos ha brindado el privilegio de tenerla de vuelta una vez más. Le damos la bienvenida a la nueva profesora de encantamientos, la señorita Hermione Granger" un aplauso colectivo llenó el lugar mientras los de Gryffindor lo hacían todos puestos de pie. Ni siquiera se mosqueó cuando sintió una mano rodeándole la pierna de manera cariñosa. Ella sonrió antes de apoyar la suya sobre esta "el otro cambio resonante es la incorporación de un prestigioso alumno de esta escuela al grupo de profesores. Por favor, denle la bienvenida a su nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras, el señor Draco Malfoy" Hermione sonrió aun más ampliamente.

Luego de su sentencia en Azkaban, Draco había tenido severas dificultades para conseguir trabajo. No lo necesitaba, la fortuna de su familia era más que suficiente para vivir varias vidas de lujo. El le había explicado que le hacía perder la cabeza el sentirse tan inútil. No tuvo que ni pedirle a Flitwick antes de que una carta arribara a la mansión Malfoy ofreciéndole el puesto de Defensa Contra la Artes Oscuras. Horace estaba viejo y aparentemente quería irse a vivir a una granja de cabras en Noruega. Hermione no quería ser petulante, pero no sólo estaba viejo, estaba un tanto mal de la cabeza también.

"¿Estás listo?" le susurró ella a su lado mientras entrelazaba sus dedos con la mano de él que aun descansaba sobre su pierna. Draco asintió dándole una pequeña sonrisa.

Con el estruendo de los aplausos de los estudiantes. Con la voz de Flitwick invadiendo cada rincón de esa imponente habitación. Con las personas que ella tanto respetaba y quería, terminando de completar esa mesa en la cual ella se sentía privilegiada de estar. Con la persona que amaba a su lado acompañándola día a día. Hermione no pudo evitar recordar aquel instante en que había ingresado al Gran Comedor luego de cuatro años de estar lejos de allí. Había sido una persona frágil y atormentada. Los demonios le acechaban la mente de manera cotidiana y a cada segundo estaba segura que iba a perder la cordura al punto de no retorno. Aun así había aceptado regresar como profesora. Había aceptado regresar para formar a las nuevas generaciones. En ese primero de Septiembre, después de tantas cosas vividas, Hermione no pudo evitar pensar cuan irónico era como todo había comenzado con ella enseñando para acabar con ella aprendiendo.

FIN