Para ser mi primer viaje en carretas fue espantoso. Y a veces olvidaba que no estaba en mi época.
Había protestado varias veces por hacer paradas para que los caballos descansaran, y el jefe de mi guardia no estaba de acuerdo.
-si nos detenemos a cada paso, no le garantizo llegar al tiempo acordado por el Laird- protestó
-los caballos necesitan descansar y para el caso, yo también. Recuerde que los caballos se cansan al igual que todos ¿no tienen otro método?- pregunté
Me miró perplejo, como si no fuera de su época. Y pues es claro que no.
-yo le explicaré a su señoría lo que ocurrió- murmuré para tranquilizar al hombre.
-usted es muy extraña- masculló viéndome reprobatoriamente
Lo miré con una sonrisa y le respondí tranquilamente "siempre me lo dicen".
Había pedido que no me pusieran casa de campaña. No quería perderme la noche estrellada y extrañamente, no podía quitarle los ojos de encima.
-sé que estas mirando las estrellas- pensé sonriendo –porque yo no puedo dejar de mirarlas-
Con ese pensamiento viajando en mi mente, conseguí dormir.
Al día siguiente nos preparábamos para otro viaje y tomamos el desayuno mientras cabalgábamos. Era una nueva experiencia para mí, pero intentaba no ahogarme con el pan. Pregunté hasta donde estaba Edward y me respondió el capitán que era al este de Glasgow
-¿y donde está ubicado el castillo principal?- pregunté dándole a entender que quería saber la ubicación exacta
-en el centro de Glasgow. Señora- gruñó la respuesta
Se fue cabalgando de mala gana. No le di más importancia y en cinco agotadoras horas, ya habíamos a las tierras del extinto jefe Macmurray.
Y en verdad que era bastante pobre. No había ningún campo de cultivo, el lugar estaba deforestado y seco. Vi que habían vacas flacas y sentí tristeza por ellas. Ningún aldeano nos dio la bienvenida. Seguimos cabalgando hasta llegar al camino de piedra que conducía al castillo y vi el escudo de armas de él, solo que el ambiente había cambiado por completo; los soldados de "mi" clan estaban apostados en las murallas y arriba del rastrillo. Hombres practicando tácticas de guerra y el castillo era más grande que él anterior.
En cuanto entramos y desmontamos, fuimos recibidos por una comitiva de al menos unas doce personas.
-buenas tardes señora. Soy Melvin, el administrador del castillo- hizo una breve reverencia que le correspondí según su costumbre, con una inclinación de cabeza.
¿Qué seguía ahora, Que me besara la mano?
-sus habitaciones están listas y el Laird se reunirá con usted en cuanto termine sus asuntos- habló tranquilamente
-¿Qué clase de asuntos?- pregunté
-está revisando las tierras para cultivar, cuantos granos tenemos, los problemas que hay y ayer fue a comprar lana inglesa y conejeras- habló el administrador
-un momento, ¿conejeras para qué?- pregunté
-los campesinos no tienen nada que comer y por eso no hay cobranza de impuestos- su voz salió indignada
Me di cuenta de que me estaba viendo bastante ridícula. Dejamos la carne y los lácteos siglos atrás, ahora era cosa del pasado.
Y yo estaba en el pasado. Que curiosa lógica.
-ah…eh…discúlpeme señor, pero me temo que el viaje me ha fatigado- hablé tranquilamente.
Si Edward estuviera aquí, seguramente se estaría carcajeando hasta orinarse.
Hasta a él le daba un poco de trabajo con mi alimentación.
Puse cara de póquer cuando comenzamos a entrar por el pasillo, Ángela me preguntó si quería darme un baño y le respondí que sí.
Quería darme un tibio baño, relajándome lo suficiente y buscarlo. Añoraba sus ojos, sus caricias, sus besos y su sonrisa cuando la situación le divertía mucho.
Entre a mi habitación sin ponerle atención en cómo estaba decorada y cuando estuve sola, me aventé a la mullida cama y cerré mis ojos.
Ángela me despertó para avisarme que mi baño ya estaba listo.
Me quité la ropa que traía puesta y vi que habían dejado unos jabones aromatizados. Me metí a la humeante tina y mi piel se había erizado, sumergí mi cabeza para humedecerla. Salí del agua y tomé un jabón con aroma a lavanda y lavé mi pelo muy escrupulosamente, después tomé otro jabón con aroma a miel y con eso, finalmente lavé todo mi cuerpo.
Me quedé unos minutos más en el agua y escuché pasos afuera que se detuvieron en la puerta, estaba en estado de alerta y lista para atacar, se abrió la puerta revelando a Edward y que caminó hacia a mí.
-¡mi amor!- murmuró
A grandes zancadas se acercó a la tina y me sacó del agua para abrazarnos.
Cerré la puerta con mi telequinesis para estar más en privado.
-¡te he extrañado mucho¡- hablé con voz ahogada
Nos seguimos besando hasta llegar a la cama, nuestras respiraciones comenzaron ser frenéticas, nuestras manos viajaban sobre nuestros cuerpos. Dejó de besarnos e inclinó su cabeza para lamer las gotas de agua que escurrían de mi cuello hasta más allá de mi cuerpo.
Usando delicadamente su lengua, lamió las gotas de agua de mi pezones, provocando que aspirara aire y luego siguió con mi otro pezón. Sentía que mi centro estaba resbaladizo, doliente de necesidad.
-te he extrañado- murmuré con mi ronca
-lo se mi amor. Y ya nada nos volverá a separar- susurró
Sentía su erección pulsar y calentarse más. Si no estuviera herida, lo hubiéramos hecho pero él se dio cuenta y nos dejamos de besar.
-yo también quiero hacerlo muchacha- su voz era ronca –pero te lastimaré la herida y no quiero eso-
Sus ojos estaban oscurecidos por el deseo. Con mi mente aun nublada por sus besos, pude levitar un paño de lino para secarme completamente. Una idea se formó en mi cabeza y se lo dije.
-hay algo que podríamos hacer- murmuré sonrojada
Comenzó a quitarse la ropa lentamente y con una sonrisa torcida me preguntó qué era lo que se me había ocurrido.
-te sonara un poco raro pero…podemos…tocarnos mutuamente- susurré nerviosa
Rechazó la idea fríamente y terminó de quitarse la ropa hasta quedar completamente desnudo.
Decidí secar mi sensible cuerpo y escuché que se metía a la tina.
Cerré los ojos e imagine que entraba a la tina y comenzaba a devorarlo a besos. Él no se opuso y me recibió de buena gana.
-se lo que quieres- murmuró entre mis labios
Sus dedos ascienden por mi muslo y entran a mi pequeña cavidad. Me hace gemir y me sostengo de su hombro. Comienza a bombear lento y profundo. Cierro los ojos pero él no me lo deja
-¿quieres esto amor?- preguntó con una sonrisa maliciosa
Asiento rápidamente y se mueve un poco rápido. Mis manos viajan hasta mis senos y comienzan a apretar mis pezones.
-me gusta verte así- murmuró sonriendo complacido
Sus dedos se movieron y esa sensación familiar crecía más y más. Besó mi vientre y bajó hasta mi pequeña piedra de placer, atormentándolo sin piedad. Y como era mi imaginación, saqué sus dedos de mí y me incliné hasta sumergirme en el agua y alcanzar su pene. Comencé a masajearlo lentamente por unos momentos…
Me di cuenta de que no era mi imaginación. Lo estaba haciendo real….y me di cuenta de eso cuando sentía todo real, dejé de masajear su miembro y retuve la respiración unos segundos hasta que necesité aire. Salí del agua tosiendo instantes después.
-¿te sientes bien?- preguntó
Un poco más tranquila, le dije que sí.
¿Cómo le decía que en mi imaginación la llevé a cabo?
Se acercó a mí y me volvió a besar, pero esta vez lo hizo con hambre. Poniéndose de pie, me pidió que lo abrazara y después me levantó hasta entrar lento en mí. Siseando de placer, rodeé su cintura con mis piernas y comenzó un lento vaivén.
-¿se siente bien?- preguntó con un hilo de voz
-claro que se siente bien- murmuré en su oído y abrazándolo mas
…..
Cenamos en nuestra habitación, todavía estábamos desnudos y sin necesidad de vestirnos.
-¿Por qué no me dijiste que eras príncipe francés?- pregunté
-no tenía caso decirlo. Soy Laird y con eso es suficiente. Solo que algunas veces me es conveniente decirlo y en otras veces, es mejor callar- murmuró secamente
-cuando me enteré, tenía ansias de golpearte- sonreí
Comenzó a reírse y me dijo con mucha diversión:
-¿Por qué querrías golpearme? ¿Es porque estas celosa?- preguntó
Le aventé una servilleta de lino en la cara. Y entre risas le dije que no
-¿y por eso me lanzaste la servilleta de lino?- preguntó
-tengo que hacer un berrinche cuando me enojo- musité
-¿y que harás ahora?- preguntó
Me acerqué a él y comencé a besarlo lentamente.
Ya veo de donde obtuviste tu habilidad para besar. Pensé sonriendo en sus labios
Rompimos el beso por falta de aire. Me sentía borracha de felicidad y suspiré feliz, expulsando burbujas transparentes en forma de corazón.
-¿Cómo haces eso?- preguntó viendo las burbujas
Las miré también y comencé a refunfuñar.
-nunca he sabido como las hago. La primera vez que soñé contigo, accidentalmente salieron del agua- murmuré enfurruñada
Me senté en el borde de la cama y crucé los brazos. Edward comenzó a reírse entre dientes.
-cálmate pequeña enojona- habló sedosamente
Besó mi pulso del cuello. Alejando mi enojo, me abrazó fuertemente. Nos metimos a las sábanas y nos entrelazamos. Busqué el calor de sus pies, porque los míos siempre estaban fríos.
-¿Por qué tus pies están fríos la mayor parte del tiempo?- susurró cerca de mi oreja
-eso es uno de los grandes misterios del universo. ¿No lo crees?- murmuré bostezando
Y en la seguridad de sus brazos, me dejé vencer por el sueño.
A la mañana siguiente fui despertada por un bello susurro
-buenos días- susurró él
-buenos días- sonreí
Sin abrir los ojos, me acerqué a su lado y lo sentí frio.
-ya no estoy en la cama- habló –hablas dormida-
Me sonrojé furiosamente. Creí que algunas ya habían pasado, pero parece que no.
-¿y que dije?- pregunté abriendo los ojos
-que me amas. Que soy tu cielo y te referiste a mi como un delicioso postre- habló incomodo
-oh señor… ¿eso dije?- pregunté roja como un tomate
Caminó hasta la cama y confirmó con su mirada. Me levanté de la cama y noté que la luz entrante era de color ámbar.
Ese era el color de la felicidad plena. Pensé sonriendo
Con más paciencia, noté que todo estaba decorado en tonos azul pastel y ¿purpura?
-¿Por qué purpura?- pregunté en voz baja
-soy de la realeza- murmuró arrogantemente –el purpura es mi color-
Me vestí y comencé a desenredar mi maraña castaña. Edward me ayudó a desenredarlo y con mucha paciencia, deshizo los nudos de cabello. Después me ayudó a ponerme un vestido color verde y apretó las cintas de mis zapatos cuando vio que tenía problemas y finalmente salimos a desayunar entrelazados de la mano.
Cuando llegamos al gran salón noté que había tensión en el aire.
Era obvio. Había ganado la guerra y con apoyo del rey de escocia.
Nos sentamos en un gran comedor, donde varias personas y soldados nos esperaban. Tomó mi mano amablemente.
-les presento a lady Isabella de Cullen- habló en voz alta y con autoridad
¿Ese era mi nombre ahora?
Hubo vítores por todo el salón y me sonrojé. ¿Y ahora que hacia? Rápidamente opté por hacer solo una breve reverencia.
-y como muestra de pertenencia al clan. Usaras este plaid el día de los esponsales.
¿Qué es un esponsal?
Una mujer rubia se acercó con una tela de cuadros de color azul, purpura y una pequeña hilera de color plata con verde.
Lo miré extrañada por el nuevo cambio de colores. Tomó la tela y me la puso en el hombro derecho y la cruzó en mi cintura. Le colocó su símbolo "real" y después nos sentamos en medio de gritos y vítores. Solo que la sensación no se había ido.
Tomamos el desayuno de manera de relajada, sin que él se levantara a cada minuto porque lo solicitaban. Desayunamos en total tranquilidad.
-necesito que te quedes hoy. Después del desayuno- habló secamente
Y así lo hice. Me quedé en el gran salón y las personas comenzaron a llegar ordenadamente.
Los campesinos y demás habitantes llegaban ante él y le explicaban sus problemas. Edward parecía interesado y sus veredictos eran justos.
Cuando un campesino había matado intencionalmente el buey de otro hombre y no lo recompensó, Edward lo sentenció a tirar del arado él mismo. La misma gente que era juzgada salía satisfecha con los veredictos del nuevo Lord.
-De aquí en adelante, serás conocido como el Lord de la justicia-Declaré riéndome.
El humor brilló en sus ojos. Y comenzó a reírse discretamente.
El juicio que más me sorprendió fue aquel en el que el laird ayudó a dos jóvenes amantes a ganar los deseos de su corazón . Ellos buscaban el permiso del Lord para casarse por encima de las objeciones de sus padres, quienes habían arreglado matrimonios para sus hijos con personas propietarias de tierras, un premio de altísimo valor, (según ellos). Cuando los jóvenes confesaron su amor mutuo y declararon su voluntad de vivir en la pobreza, él permitió no sólo que se casaran, sino que les dio una cabaña y una vaca para comenzar su vida juntos.
La alegría era tan evidente en sus rostros radiantes y su gratitud tan obvia en la manera en que cayeron de rodillas y besaron la mano del Laird.
Esta situación era bastante extraña y digna de ver. Solo que comenzaba a aburrirme y se me escapó un bostezo que por fortuna, nadie notó.
-¿te estas aburriendo?- preguntó
Necesitaba un buen pretexto para salir o si no Edward se daría cuenta de que me estaba aburriendo
-oh no es eso- mentí –es la herida y el viaje de ayer- repuse
-sé que mientes. Vete a reposar- despidió
Emocionada, salté de mi asiento y corrí directo a mi habitación. Buscaba entre mis cosas un camisón para nada que había confeccionado y escuché toques ligeros en la puerta y los invité a pasar.
-no se veía muy animada hace unos momentos- murmuró una voz femenina
Dejé de buscar y me di la vuelta para ver quien me hablaba.
-yo te conozco. Eres la mujer que le dio este plaid- dije agarrando la tela
-parece que todos se han olvidado de lo que ese hombre hizo con la esposa del Laird james- murmuró ácidamente
-y todos olvidan que él fue quien nos atacó primero y sin ningún motivo- hablé en actitud defensiva
-no soy quien para decírselo pero…- murmuró maliciosamente
¿Por qué tienen que usar el tono malicioso para decir algo? ¿Cuál es el misterio?
-habla ya. Mujer- exclamé como Edward solía hacer. Autoritario y cortando el halo de misterio
-le cortó la cabeza a lady victoria y a sus dos hijas pequeñas. Las mandó a la corte de ese rey.
-¿y que se supone que yo tenía que hacer en este caso?- pensé en voz alta
