CAPÍTULO 25: CURACIONES. DECISIONES.
(Voz de Ann)
El tiempo cuando tienes que estar tumbada o sentada dentro de una casa se te hace eterno. Más aún si no te dejan salir fuera para evitar que dejes un rastro de olor que lleve el viento.
"¿Por qué cocinas?" Me pregunta la otra chica que suele estar allí conmigo. "Sabes que no tienes por qué hacerlo."
"Me entretiene de volverme loca aquí dentro." Afirmo. "Esto es como estar en una cárcel."
"Al menos no estás atada." Me dice. "Hummmm… huele de maravilla."
"Gracias, nunca me han dejado cocinar demasiado." Le digo. "Pero al menos algo sé hacer para no morirme."
"¿Y cómo te alimentabas mientras estabas en Volterra?" Me pregunta con curiosidad.
"Normalmente salía a comer fuera cuando el sol no era demasiado fuerte." Le contesto removiendo un poco más el puchero de guiso con ciervo que trajeron anoche y no se comió asado. "A veces iba con Heidi porque le gustaba ver pasar la gente mientras yo comía mi plato de pasta y su ensalada con disimulo para evitar que la gente se diera cuenta que ella no comía."
"Oh, eso es bastante inteligente." Afirma.
"Supongo que siempre pensé que dentro del grupo Félix, Demetri y ella eran algo así como mis amigos." Añado encogiéndome de hombros y probando el caldo. "Le falta algo más…"
"Aún quedan patatas."
Habíamos hecho las patatas, zanahorias y carne que cazaban entre unos y otros nuestra base de alimentación para los lobos, Aidan y yo. Y entre Alice y yo nos encargábamos de que siempre hubiera comida en la mesa para los chicos cuando acabaran sus turnos.
Y eso era otra. Mis amigos vampiros, NUNCA entraban en casa cuando los chicos estaban dentro. Decían que su olor era afixiante y apestoso, cosa que los chicos también decían de ellos. La única que entraba era Milly, y porque con su don, no tenía que temer de nadie a no ser que fuese un 'antídoto', que era como llamábamos nosotros a los que tenían la habilidad defensiva de anular dones. O sea, como Bella Cullen. Pero considerando que ella estaba con Rosalie y Esme en algún lugar bien al norte, en canadá o alaska, no había ese problema, y ella había prometido no usar su poder salvo que fuera necesario. Así que lo usaba para estar segura allí dentro dado que 'una dama no tenía por qué pasarse el tiempo sentada en el tejado porque una manada de lobos malos acampaba a sus anchas por el interior de la casa'.
"Si quieres podría ir a buscar algo al pueblo." Me ofrece. "No hay gran cosa, pero al menos hay más cosas que aquí."
Entonces Alice se queda congelada y con la mirada perdida.
"¿Alice?" La llamo.
No reacciona, al menos no de inmediato. Entonces echa sobre la mesa un puñado de sal y veo cómo con el dedo parece escribir algo en la sal, y de pronto parpadea y nos mira perdida.
"Lo siento." Nos dice sonriéndo. "Es… he visto algo." Afirma para mirar su dedo aún estirado sobre la masa de sal dispersa como formando un lienzo sobre la mesa y lo aparta para mirarnos. "¿Sabéis quién puede ser?"
Ante eso nos agachamos sobre la mesa y miramos el dibujo para mirarnos Milly y yo.
Aunque el dibujo esté hecho apresuradamente entre la sal esparcida en la mesa para formar el lienzo en sal, el dibujo es bastante bueno y claro, se reconoce perfectamente a la persona y ambas podemos reconocerla.
"Monique…" Afirmamos ambas mientras notamos una algarabía fuera.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
"Putain cabots… (Malditos chuchos)" Dice una mujer subida a un árbol mientras nosotros la cercamos para impedir que siga avanzando.
"Eh, yo que vosotros la dejaría pasar." Nos grita otro de los vampiros que están por allí y que ya conocemos, el que parece un pirata, Roberto creo que se llamaba. "Ann se alegrará de verla."
"¿Robegto?" Le llama la mujer suavemente. "Pog qué están estos 'cabots' por aquí."
"Esos chuchos son los amigos de Ann." Le dice él. "Y tampoco a ella le gustaría que les hiciésemos daño."
"Ellos son los que me estában acosándo." Le dice ella.
"No les hagas caso." Le dice él. "Sigue saltando por los árboles, es más seguro para todos."
"¡Yo soy la gran Monique!" Afirma la mujer poniéndose digna. "¡Y la gran Monique no tiene pogqué movegse pog los agboles!"
"Madre mía… eso suena a francesa loca…" Dice alguien en mi mente.
Francesa, eso me suena.
Con cuidado, me destrasformo sentado.
"Eh, tú, Moni-lo-que-sea." Le digo.
"C'est Monique!" Me dice molesta.
"Monique pues." La llamo. "Baja, no te haremos nada."
"No me fío de los cabots." Me dice.
"No sé lo que es eso de cabo-lo que sea." Afirmo. "Pero yo mismo te llevaré a la casa."
"Monique, aunque no lo parezca de ese te puedes fiar." Le dice el tío. "Ce garçon est un chien, mais se sent quelque chose de fort pour Ann. (Este chico es un perro, pero se siente algo fuerte por Ann.) Il te ferá rien. (No te hará nada)."
"Hum… bien." Le dice la chica para bajar de un salto mientras yo me trasformo y voy a ponerme a su par.
"¿En serio vas a llevarla a casa?" Me pregunta mi hermana en la cabeza mientras oigo más voces mostrando disconformidad.
"No me queda otra." Afirmo. "Deben estar cocinando algo, aprovecharé que estoy herido para ayudarla y ver qué pasa con esta mujer."
"¿Vamos?" Me pregunta la mujer con demasiado acento francés.
Como respuesta, asiento y le marco el camino.
"Ah, Monique." Le dice el tío en el árbol divertido. "Yo que tú procuraría no alejarme demasiado de él, no todos los lobos nos aprecian tanto."
"Idiot! Bastard!" Le dice la mujer haciéndole reír y emprendiendo ella el camino a mi lado para ir mascullando algo.
Desde luego, era extraño ver la gente que estaba llegando.
No nos olían bien, había demasiados ojos rojos. Y era todos demasiado extraños. Quedándose en el tejado, caminando por los árboles como si fuesen monos…
"Quel merde… ce n'est pas un maison. (Menuda mierda… eso no es una casa.)" Oigo quejarse a la mujer mientras nos acercamos a trote a la cabaña y vemos que en el tejado siguen estando al menos el tío que nos vendió el coche tumbado y tocando lo que parece un flautín.
Entonces, le doy a la mujer un toque suave de lomo haciéndola quejar con un "Yuuuk!" de disgusto y frotarse las ropas quejándose en francés y haciendo que el tío del tejado se levante parando de tocar el flautín para asomarse por el tejado.
"¡Eh, chicas, aquí fuera hay otra estirada!"
"Estigada ta mère, bastard!" Le dice la mujer.
"Monique, preciosa." Oigo que llaman dentro. "Pasa, estamos dentro."
Como respuesta, la mujer le dice algo en francés y dentro Ann se ríe.
"Seth, Monique es mi médico particular." Me dice. "Déjala pasar, hombre."
"Creo que lo que quiere es que espere un momento." Le dice el del tejado riéndose. "Como si Monique fuera a asustarse por ver un chico desnudo."
"Mon dieux!" Grita la mujer. "¡Que se cambie de una vez!"
"Yo tampoco tengo ganas de que me vea nadie." Le digo escondiéndome en el pequeño cuarto anexo a la cabaña donde guardabamos la ropa limpia para cambiarnos cuando llegábamos y salir a reunirme con la mujer francesa. "Y me llamo Seth, no lo que sea que me llamas."
"Sigues siendo un vulgar cabot." Me dice.
"Monique, eso está muy feo decirlo de alguien que es amigo de uno de tus amigos." Le dice Ann abriendo la puerta mientras Alice le hace las veces de muleta y mira a la mujer.
"Ann, deberías volver a sentarte junto al horno." Le dice Alice entonces. "Los chicos ya saben entrar y salir. Abrir una puerta es fácil."
"Sácre bleu! Ann, estás horrible." Le dice la mujer mirando con cautela a Alice mientras esta le lleva del brazo hasta el horno.
"Los ma... Los Vulturi me intentaron matar." Le dice ella.
"¿En serio?" Le dice la mujer pasando a sentarse cerca de la otra mujer-vampiro que hay por allí a la que saluda dando un par de besos. "¿Los tres grandes señores?"
"No, mandaron a sus mejores unidades." Le dice ella.
"Creo que aún asi sigue siendo un honor." Afirma la otra sonriéndo. "Significa que la consideran suficientemente fuerte o molesta como para mandar a cualquiera. Dile cuántos fueron."
"Cinco." Afirma Ann. "Dos soldados, 1 rastreador y los dos crios."
"¿Han mandado a su gastreador tgas de tí?. ¿Y pog qué no estan ya aquí?"
"Quiero pensar que Félix y Demetri aún me tienen algo de aprecio aunque sea muy en lo hondo." Afirma Ann suavemente mientras yo le enseño las 3 liebres que he matado a dentelladas mientras hacia la guardia y que me he cargado en la alforja que todos llevamos. "A pesar de lo que parezca, son nobles y tienen algo de honor. Probablemente Demetri pudiera haberme rastreado en un momento. Pero debe estar esperando a algo, y mientras tanto... Nosotros les esperamos."
"Trés bien." Le dice la mujer francesa levantando las manos. "Entonces supongo que lo único que queda pog haceg es segte de algo de utilidad, ma petite amíe. Dónde pgefieges que lo hagamos."
"Aquí al lado hay una habitación que usamos para dormir." Le dice Ann. "Son solo un montón de colchones, pero tengo una cama."
"Parfait, allez, allez. Vamos a tgabajag." Afirma. "Que nadie entge mientgas estoy tgabajando."
"De eso nada." Niego. "Nadie se queda solo con ella que no seamos nosotros o su médico."
"Monique, está bien." Le dice Ann suavemente. "Seth solo se preocupa por mí. Sabe que esto me lo ha hecho un vampiro. Sabe que no me fío de nadie ya."
"Parfait!" Le dice ella sonriéndo ámpliamente. "E supongo que no sabe que nosotgos no confiamos en ninguno de los otgos."
"Seth, nosotros somos amigos, pero vamos cada uno a nuestra bola." Me explica Ann mientras entramos los tres en la sala de dormir y la ayudo a acostarse. "Me sorprende mucho que ya haya venido tanta gente."
"Sabes que tú eres la cgeadoga de nuestra red." Le dice ella. "Tu confiaste en nosotgos para decignos qué egas, nosotros en tí paga que no dijegas nada a tus maestgos."
"Pues yo no me fio de ninguno de vosotros." Le digo. "Solo de Ann."
Es curioso, pero Ann parece controlar los otros idiomas que hablan allí, porque cuando la mujer le dice algo mientras Ann se va desenvolviendo las vendas, asiente y le contesta igual para hacerla mirarme y preguntar algo para que ella asienta.
"Yo tampoco lo entiendo, pero es lo que hay." Afirma tras algo en francés.
"¿Tienes título de medicina?" Le pregunto.
"No lo necesito." Afirma para envolver la muñeca de Pam suavemente con sus manos sin tocarla casi y tras unos segundos con los ojos cerrados y ver como Pam parecía aguantarse el dolor, las separa para revelarme que una herida con puntos es en realidad piel rosada pero sana, como si se hubiera rascado nada más.
"Monique tiene el don de la sanación." Me dice Ann.
"Contigo siempgre fue más fácil, ma petite aluette." Le dice sonriéndole. "Y ahoga sé una buena chica y ciegga los ojos. Cuando los abgas estagas como nueva. Solo un poco dolida."
"Ojalá pudieras recomponer corazones también." Le dice ella cerrando los ojos y dándome la mano como buscando consuelo.
"Ah... Ma pettite fille... Sabes que no puedo haceg imposibles." Le dice ella como suspirando.
"Sí... Ya lo he dicho, ojalá." Afirma.
"Mientras tanto yo estoy aquí." Le susurro para besarla la mano y frotarle el dorso suavemente con el pulgar y que ella conteste con un apretón de mano.
"Cgeo que debegías avisag al chien que esto dolegá un poco." Le dice Monique.
"¿Por qué?" Le digo preocupado.
"Porque la última vez que pasé por las manos de Monique, la cama acabó destrozada." Me dice suavemente Ann. "Tenía un par de disparos en la espalda, las costillas los habian parado y me tuvo que curar bocabajo. Mordí la almohada hasta que llegué al colchón y me tragué un par de plumas y el cabecero..."
"Cuesta encontgar piezas del siglo XVIII auténticas." Me dice Monique mientras noto cómo la presión en la mano que sostengo va en aumento mientras veo cómo de las manos de esa mujer sale algo parecido a luz muy tenue.
Se puso a pasar las manos suavemente por todas y cada una de las lesiones y heridas. Descubría las vendas, le ponía las manos como tapando las marcas y luego las quitaba tras unos instantes para mirar el resultado y, en algunas ocasiones, volver a ponerlas arrancando entonces un siseo de labios de Ann mientras yo le frotaba la mano y se la besaba suavemente.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Ann)
"Este chucho te esta besando la mano." Me dice Monique mientras noto como me quema con su poder de sanación.
Su don era impecable, no dejaba marcas, aceleraba la curación de una manera increíble, y tenía por seguro que esta vez, en uno o dos días, estaría de nuevo como nueva.
El problema era que cada vez que un don era tan bueno, siempre traía una contra. En su caso era que su salud se resentía por darnos al resto sanación, en el mío era que el precio a pagar por su curación era el dolor lacerante y ardiente que conllevaba sanar cosas gordas a esa velocidad y un poco de alimentación que pagaba con bolsas o, cuando podía echarles mano, botellas de 'Bloodeux'. Apariencia de botellas de vino, contenido que parecía vino... Pero distaba mucho de ser vino. Era el súmun de la mercancía del tipo 'bebidas aparentemente humanas pero que realmente eran sangre'.
"Espero que no estés cometiendo el error de fiarte de ellos." Me dice. "Son solo mascotas. Uno nunca debe enamorarse de su mascota, son... prescindibles."
"Seth no es mi mascota." Afirmo. "Es mi amigo, es muy importante para mi. Y los chicos son mis amigos también. O al menos lo eran antes de enterarse que mi tarea aquí era casi venderles."
"Supongo que lo que te ha pasado te ha... confundido." Me dice Monique. "Si no puedes volver a Italia, no hay problema. Puedes venir conmigo a París. Tus jefes nunca van por allí, y yo tengo bastante fama por mi boutique."
"Aidan me hizo la misma oferta hace unos días." Le digo. "Así que voy a contestarte lo mismo que a él. Lo pensaré, pero no creo que vaya. Si salgo viva de esto, me gustaría descansar. Estoy... Harta de que todo el mundo espere algo de mí. No sé quién soy, quiero buscarme y saber quién soy por mi misma."
"¿Y no puedes buscarte en París?" Me pregunta. "Es la tierra perfecta para buscar una nueva vida. Esta llena de vida nocturna, vivo en un ático en el centro. No es demasiado pero tiene varios cuartos, y sabes que tengo muy buen gusto, la decoración es..."
"Monique, sé perfectamente cómo y dónde vives." Le digo. "Y ten por seguro que iré a verte alguna vez si cuando acabe sigo viva."
"Pero..." Me dice.
No contesto, no puedo porque de nuevo el dolor es tan intenso que no puedo hablar. Y a mi lado, Seth me sujeta la mano de nuevo despertando supongo que porque, en un espasmo, he debido hacerle daño en la mano despertándole.
"Tranquila, estoy aquí." Me susurra cerca del oído frotándome la frente que tengo limpia de vendas.
"Tganquilo, esta herida es bastante fea." Le dice Monique. "Le costagá unos días cugagla del todo."
"Pero le has curado las otras." Le dice Seth mientras vuelvo a notar un dolor tan fuerte que noto como si me estuviera poniendo un hierro al rojo vivo contra ha herida que tengo en el pecho, de cuando me habian intentado clavar la mano para sacarme el corazon y habian fallado, a medias. En su lugar me habian alcanzado un pulmón. Habia sido una suerte que me hubiera metido yo misma un trozo de abrigo que les habia arrancado para evitar que me supurara llenándome el pulmón de líquido.
Esa herida era tan grave que incluso Carlisle había tenido dudas de si curaría del todo o si no daría mas problemas.
Pero finalmente, todo para, como siempre. Asi que acabo jadeando.
"Mañana volvegemos a dagle otga vuelta." Me dice Monique.
"No le has curado todo." Le dice Seth.
"No todo se cuga fácilmente." Le contesta.
"Creo que ahora mismo voy a descansar un poco y luego me dare un baño." Le digo mirándome la pierna.
"Estagás débil un poco." Afirma. "Pego si te alimentas bien, igás ganando fuerza poco a poco."
"Perfecto, porque hemos hecho un guiso de alce que se me hacía la boca agua mientras lo despiezaba para cocinarlo. De hecho no he podido evitar comer un par de trozos crudos... Necesito una Cola..."
"¿Tienes 'Bloodeaux'?" Me pregunta.
"No." Niego. "Me han conseguido Bloodweiser, Blood-cola... Pero no bloodeaux, lo siento."
"Tomage una cola pues." Me contesta. "Espego que los chien no esten fuega. No puede apgobechar nada si están apestándolo todo con su agoma."
"Monique..." Le riño sonriéndo.
"Pagdon, pagdon..." Me dice sonriendo. "Estagé fuega, con las otgas señogitas."
"Monique, merci beaucoup por ton aide." Le digo.
"Pas de tout." Me responde para salir dejándonos solos a Seth y a mí.
"Seth, siento haberte hecho daño." Le digo observando como se sujeta suavemente la mano que me habia dado.
"No importa." Me dice sonriéndo por fin de esa forma que reconozco de la época en que pensaba que yo era solo Ann, la pobre chica víctima de un ataque que estaba amnésica e indefensa. "A ti parecía dolerte más."
"Es... Cuando Monique usa sus dones para sanarnos, la curación en las heridas causa que la carne se inflame y... La sensación es de que quema. Y eso para un vampiro, aunque sea semi-vampiro, es una tortura."
"Claro, eso explicaria por qué no te gusta el fuego." Me dice asintiéndo suavemente.
"Además de por eso, es también porque hace tiempo me queme, en la noche de San Juan."
"¿Fuiste con...?" Me dice.
"No." Niego suavemente. "A los maestros no les gustaba que participáramos de las fiestas porque llamaría la atención. Pero a menudo solía escaparme y celebrarlo con unos conocidos, humamos, claro."
"Sí, claro." Me dice. "Ya decía yo que no me cuadraba demasiado que unos tios como esos se fueran de fiesta."
"Oh... Tienen sus fiestas." Le digo. "Pero son... Diferentes. Una vez al año reunen a muchos aliados y amigos suyos en los subterráneos y celebran fiestas como las de las películas de época." Añado mientras oigo que la marcha fuera ha crecido. "Seth... Creo que deberias salir, hay comida y salvo Aida que come poco, el resto sois como limas."
"Prefiero no dejarte sola mientras estés asi." Me dice.
"No te preocupes." Le digo. "Voy a bañarme. Alice me dijo que hay un barreño fuera, si lo lleno de agua caliente, podré darme un baño, por fin."
"Supongo que un baño suena prometedor." Me dice.
"No me digas que vosotros no os habéis bañado desde que vinimos." Le digo con ironía.
"No, claro que nos bañamos." Niega. "Pero en aguas al aire libre, y están… ¿heladas? Por suerte tenemos varios grados por encima de lo humano."
"Supongo que un poco de agua fría no viene mal." Le digo. "Pero… mataría por un baño caliente."
"¿Necesitas ayuda?" Me ofrece cogiéndome del brazo para ayudarme a levantar. "Déjame… eso es, déjame que te ayude a llegar."
"Seth… Monique me ha curado casi del todo." Le digo. "Es… estoy bien, puedo llegar a donde sea que esté la bañera."
"No digas tonterías, si para mí es un placer llevarte." Me dice sonriéndo divertido mientras abre la puerta con una sola mano para ver que las chicas están ahí y la rubia con mechas rosas y azules recogidas en un pequeño tupé que responde al nombre de Monique, extiende una mano suavemente hacia Ann con una sonrisa.
"Oí lo del baño." Le dice Alice sonriéndole. "Así que lo he metido dentro y hemos puesto esta tela para que no te vean."
"Vaya, desde luego… sois realmente…" Les digo.
"No nos des las gracias." Me dice Milly sonriéndo.
"El baño es un derecho fundamental de toda mujeg." Añade Monique.
"Creo que con ellas sí voy a poder llevarme bien." Afirma Alice. "Al menos ahora no estaremos tan solas. Ya somos 4."
"Si necesitas ayuda para meterte…" Me ofrece Milly.
"No, gracias a Monique podré valerme sola ya." Afirmo yendo a donde han colgado un par de sábanas de las vigas para hacer un par de paredes en una esquina tras las cuales veo una bañera hecha con un barreño lleno de agua humeante. "Pero gracias de todos modos. Vaya, esto parece un baño de verdad."
"Los hombres pueden ir a bañarse al campo, pero las mujeres, debemos tener por lo menos un baño decente." Me dice Alice sonriéndo mientras me desvisto tras las cortinas improvisadas.
"Pego me sogpgende la falta casi total de pgoductos femeninos aquí." Me dice Monique. "Si me lo hubiegais dicho alguien, podgía habeg tgaido algo de Francia."
"Monique, esto no son unas vacaciones de ocio." Le digo divertida. "Cuando nos encuentren, se liará una bien gorda. El resto están entrenando a ratos ya."
"Yo no peleo, ya lo sabes." Me contesta.
"Ya, pero los chicos sí." Le digo. "Y Milly…"
"Yo ya entreno cuando los lobos entran." Afirma sonriéndo. "Y a veces juego a esquivar con el resto."
Eso me sonaba gracioso. Imaginarme a Milly, la sensual Milly que vestía siempre con mini-faldas tan cortas y escotes tan pronunciados o sugerentes que la comida la buscaba a ella en lugar de tener que ella deslomarse para conseguir comida, jugara a esquibar lobos y otros vampiros mientras el resto jugaban a pegarse sin hacerse demasiado daño entre ellos… esa imagen era algo demasiado raro para poder hacer menos que sonreír al imaginarlo.
Y entonces caigo yo en la cuenta.
Todos están entrenando. Todos se preparan para cuando lleguen los maestros. Todos están dispuestos a dar la cara para protegernos a Nessy y a mí dado que ahora también me buscarán a mí porque saben que he estado suficientemente cerca de ellos como para saber lo suficiente para resultar un peligro si me dejan salir fuera del círculo con vida.
Pero yo… yo qué hacía.
No había entrenado. Sí, corría y me gustaba correr. Sabía tirar con armas, pero en el cuerpo a cuerpo… no tenía una sola oportunidad contra un vampiro completo, y por desgracia, los Vulturi eran eso. Incluso sus soldados y aliados.
¿Dónde encajaba yo en aquella guerra que se estaba fraguando?
Yo volvía a ser el último mono, el eslabón más débil, el objeto de protección.
Pero me había cansado. Mientras me corto la mano sin querer con un trozo de aro de metal que cierra y sujeta la madera formando la barrica, me doy cuenta.
Estoy harta de ser solo la muñequita, el señuelo para cazar o sacar información a cualquiera porque no me veían como una amenaza. Harta de que todo el mundo que me viera me tomara por una frágil humana que no suponía ni una molestia siquiera.
Estaba harta de ser siempre el último mono, poco más que un mueble que se tiene a la espera de que haga su papel.
Yo era Nannuk. Y me daba igual ser solo medio vampiro, que Arik y sus amigos dijeran que era medio-ave o ser medio-humana. NADIE se merecía que le trataron como a mí.
Y ya estába MÁS QUE HARTA de que nadie me considerara nada.
Los Vulturi siempre me habían menospreciado sin que yo me diera cuenta. Me habían engañado, me habían tenido engañada. Félix me había hecho creer que me amaba solo para mantenerme a su lado, para poder tenerme controlada y contenta para que no les abandonara porque les sería de ayuda para acercarme a los lobos y a los Cullen.
Pues se acabó eso. Mientras arrancaba el trozo de metal que me había cortado sabiendo que esos barriles siempre tenían un trozo extra por defecto de construcción y por tanto arrancándole un trozo tan pequeño no rompería el barril; mientras notaba cómo el metal se me clavaba un poco en la palma mientras lo arrancaba con la fuerza superior a lo humano que me daba mi 'medio-naturaleza'… tomé una decisión.
Fueron movimientos rápidos y certeros.
Decidí que me daba igual quien fuera: lobos, Cullen, vampiros, trasformistas, selkies, hijos de la luna o incluso los mismísimos Vulturi.
NADIE volvería a utilizarme.
NADIE volvería a mirarme para ver en mí una niña desvalida que no supusiera una amenaza para nadie.
De ahora en adelante, pensaba ser Nannuk. Y ya me encargaría yo que la gente aprendiera a decir mi nombre. Si hacía falta, conseguiría que cuando la gente oyera la palabra 'Nannuk' agachara la cabeza en reconocimiento.
"Monique." La llamo.
"Oui?"
"Necesito que le digas a Aidan que voy a necesitar que me haga un favor." Le digo tranquilamente.
"D'a… D'accord." Me dice un poco escamada.
"Y dile que a ser posible, preferiría que fuera cuando salga." Afirmo suavemente. "Oh, y ya puestos, dile que si puede prestarme su pastilla de jabón. La hace con hierbas aromáticas del campo y deja buen olor."
"Ah! Pog fin vas a pogtagte como una mujeg!" Me dice feliz.
"Oui." Afirmo suavemente. "Je vais devenir une femme et cesser d'être un enfant."
