¡Al fin actualizo este fic! Muchas gracias por vuestra paciencia y vuestros comentarios.

Este capi es...puro drama. :( Lo arreglaré ...de verdad.

Espero que os guste.


Capítulo 25

-¡Qué contenta estoy de que vuelvas a casa!- debía ser la vigésima vez que su madre decía lo mismo desde que habían salido de Boston. Tenía que haberla mandado en tren en vez de aguantar las horas de viaje con ella como copiloto y repitiendo siempre lo mismo.

-¿Y no vamos a volver más a Boston?- preguntó Henry desde el asiento trasero.

-Iremos a muchos más sitios cuando tengas vacaciones, pero no vas a volver a saltarte el colegio, que ¡vaya semana sabática te has pegado!- contestó prestando atención a la carretera.

-¿Y mamá podría venir?- el pequeño sonaba entusiasmado con la idea de tener próximos viajes.

-Ya veremos…- Regina, así habían sido sus noches de la última semana, pensando en cómo se enfrentaría a Regina. Podría posponer unos días la confrontación, al menos hasta que se hubiese vuelto a instalar en el pueblo, pero no podría evitarla eternamente, porque en algún momento tendrían que hablar de Henry

Cuando llegaron a Storybrooke, Snow insistió en que fueran primero a Granny's. Y cuando entraron Emma supo porqué, medio pueblo estaba allí reunido. Se sintió bien, sintió que sí, que había vuelto a casa. Por lo tanto, era estúpido aquello que un día le dijo a Regina, lo de que si no estaba con ella se iría para no volver, porque ya lo había hecho y ¿qué había conseguido? Sentirse sola, cuando en realidad no tenía razón para ello, porque ahora tenía una familia y unos amigos que la querían.

-Qué guapa estás – le dijo Ruby dándole un abrazo- Me gusta tu nuevo pelo- sabía que se refería a que ya no lo llevaba rizado, sino que ahora su melena era lisa y más larga.

-Tú también estás genial- La verdad es que estaba tan guapa como siempre.

Su padre la tuvo entretenida bastante rato, preguntándole por todo lo que habían hecho durante esa semana, pero ella apenas pudo hablar porque Henry se encargó de relatar con todo tipo de detalles todo lo que habían visto y hecho.

-Henry, -llamó a su hijo después de mirar el reloj- creo que es hora de que te lleve a casa.

-Joooo, ¿por qué?- se quejó el pequeño.

-Porque mañana tienes colegio y tu madre va a matarme si no apareces hoy.

-Bueno….vaaale…- le removió el pelo al chico y se volvió para buscar a Mary Margaret.

-Voy a llevar a Henry- le dijo a la mujer- ¿Me acompañas?- No quería tener que encontrarse con Regina así que si su madre iba con ellos no habría necesidad.

-Vale. David,- Snow se dirigió a su marido- voy a acompañar a Emma a llevar al niño, nos vemos en casa.

-De acuerdo- el hombre le dejó un beso en los labios a su mujer.

Aparcó en la calle frente a la casa de Regina y su madre y su hijo bajaron del coche y cogieron las maletas. Emma se fijó en como llamaban a la puerta, pero parecía ser que nadie les abría. Snow volvió sobre sus pasos y se acercó al auto de nuevo.

-No abre…- le dijo desde el otro lado de la ventanilla.- Y hay luz.

-¿La has llamado por teléfono?- Era extraño que Regina no estuviese pendiente del timbre, porque seguro que estaría ansiosa porque Henry volviese a casa.

-Suena dentro, pero no responde- Snow se encogió de hombros.

-Veamos- abrió la puerta y se bajó de su escarabajo amarillo. Dio unos pasos hacia la mansión y luego cayó en la cuenta de algo- ¡Espera! Porque creo que….- volvió al coche y rebuscó en la guantera- ¡Bingo!- su madre la miró con cara de confusión. Emma le mostró una llave- Nunca se la devolví.- Corrió hacia la casa, metió el objeto en la cerradura y abrió- Esperad aquí- No le apetecía entrar pero tenía que ver si todo estaba bien antes de permitir a Henry quedarse.

Entró algo temblorosa al vestíbulo y siguió la luz que salía de la salita, seguramente estaría ahí y no había escuchado el timbre.

-Regina…- era cierto lo de que fumaba porque había un pestuzo en la casa bastante insoportable.- Regina…-volvió a nombrarla. Se la encontró tumbada en el sofá frente a la chimenea. Parecía profundamente dormida- Se fijó en el vaso y en la botella de coñac que estaba vacía sobre la mesa. Genial, era cierto, ahora le había dado por beber. Volvió sobre sus pasos- Llévate a Henry a casa, yo me quedo.

-¿Qué pasa?- la preocupación iba unida a la pregunta de su madre.

-Ya te contaré.- dijo negando con la cabeza.

-¿Le pasa algo a mamá?- le preguntó Henry.

-No, sólo que se siente un poco mal y es mejor que hoy te quedes con los abuelos, ¿vale, chico?- el niño asintió.

-Si necesitas algo me llamas- le dijo su madre mientras ella le extendía las llaves del coche.

-No te preocupes.- Miró como la mujer y el niño se alejaban de la casa y volvió dentro. Suspiró tras cerrar la puerta tras de sí.

Fue a la cocina y se sirvió un vaso de agua. Se le había quedado la boca seca. ¿En qué demonios estaba pensando Regina con darse al alcohol? Por el amor hermoso, ¡tenía un hijo!

Pasó de nuevo a la habitación en la que estaba la morena y se sentó en el sillón que había frente al sofá. La miró mientras la otra dormía la mona. Llevaba uno de los camisones que solía usar como pijama, tenía la cara libre de maquillaje y parecía estar sumida en un apacible sueño, aunque de vez en cuando daba unos ligeros ronquidos.

Estaba nerviosa así que se puso a recoger; quitó el vaso y la botella de la mesa. Después fue al armario de las bebidas y vació por el fregadero todo lo que había en él. Estaba cerrando la bolsa de basura plagada de cristal cuando oyó unos pasos detrás de ella.

Se volvió y se encontró con la cara de sorpresa de Regina, la cual disimuló rápidamente cambiándola por un gesto de desprecio.

-¿Qué hace en mi casa, señorita Swan?

-Quitar todas las sustancias nocivas- removió la bolsa la cual sonó al chocar las botellas que contenía.

-¿Y quién le ha dado semejante derecho?- Regina se fue acercando a ella amenazante, con ese paso con el que parecía imitar a una pantera a punto de atacar.

-Me lo he tomado yo misma, ya que he traído a Henry y resulta que no has abierto porque estabas durmiendo la mona, así que como comprenderás, no voy a dejar que mi hijo te vea en semejantes condiciones.- no podía mirarla a los ojos mientras hablaba porque se sentía todavía un poco avergonzada por la forma en que se marchó.

-¿Así que ahora es su hijo?- podía percibir que la morena seguía un poco afectada por el alcohol, se le notaba en la voz.

-Yo nunca he dicho que no lo sea, simplemente ignoraba que lo fuese porque alguien decidió ocultármelo.- Sabía que no había sido una madre ejemplar, pero ahora lo estaba intentando y no iba a consentir que Regina lo cuestionase.

-Ya…por eso se fue en cuanto lo supo- Con cada palabra el tono de voz de la otra mujer destilaba veneno puro.

-Lo importante es que he vuelto y me preocupo por él, así que si no te importa intenta controlar tus borracheras cuando sepas que Henry va a estar en tu casa.- supo que le había hecho daño en cuanto vio chispas moradas aparecer por sus ojos. Esperaba que no la atacara con magia porque ahora no tenía nada que la protegiese.

-¡Márchate!- rugió Regina. Antes de poder hacer algo por evitarlo, se vio tirada en el suelo frente a la puerta de la mansión.


Oyó los golpes y las voces de Emma en la entrada. No estaba dispuesta a dejarla pasar de nuevo.

Lanzó una de las sillas del comedor contra la pared más cercana. ¿Qué pretendía Emma presentándose como si nada después de tanto tiempo? Encima la había acusado de ser una alcohólica… Vale que últimamente bebía más que nunca, pero de ahí a decirle eso…

La rubia seguía golpeando la puerta como una posesa.

-¡Regina!¡Ábreme!

-¡Vete!- gritó mientras se acercaba a la entrada.

-No me pienso ir a ningún lado.- Todo el vecindario debía de estar pendiente de la situación.

-Emma, no me obligues a hacer que te vayas por las malas.

-Dame un minuto…- la joven había suavizado el tono de voz- Por favor…

No debía, no se lo merecía, pero lo hizo. Abrió la puerta.

-¿Qué quieres?- preguntó con todo el odio que era capaz de añadir a sus palabras.

-Lo siento…- Emma bajó la mirada- Reconozco que me he pasado, pero es que te he visto así y…-alzó la vista. Los ojos claros expresaban auténtico arrepentimiento- Lo siento, de verdad.

-Márchate…no me apetece tener esta conversación.- se apoyó en el marco de la puerta. No quería tener que discutir con Emma, no quería ni verla así que mucho menos eso.

-¿Estás bien?

-¿En serio me lo preguntas?- alzó el labio en un gesto de desprecio. Emma volvió a mirarse los pies.

-Creo que deberíamos sentarnos a hablar.

-Yo creo que no. – No quería escuchar excusas estúpidas sobre qué impulsó a la rubia a hacer las maletas y huir.

-Tenemos un hijo en común…por él deberíamos llevarnos bien. –La mirada inocente de la chica la estaba poniendo de los nervios.

-Podemos tener una relación cordial, pero bajo ningún concepto pretendas que seamos amigas. –Emma abrió la boca como para hablar- No, déjame acabar. Creo que no te he puesto problema alguno para hablar con él o verle y te aseguro que no pienso hacerlo, Henry te quiere y no voy a hacerle infeliz oponiéndome a que tengáis relación. Pero eso es muy distinto a que yo quiera tener cualquier tipo de contacto contigo.

-Regina, cuando me fui…-comenzó a decir Emma.

-No, no quiero escucharlo. No me importa, ya no…-las lágrimas estaban a punto de hacer aparición, así que hizo acopio de toda su fuerza para controlarlas.

-De acuerdo.- la rubia se metió las manos en los bolsillos traseros del pantalón y se dio la vuelta dispuesta a marcharse.

-Emma,- esta se volvió expectante-dile a Henry que mañana le iré a recoger al colegio.

-Muy bien- esbozó una ligera sonrisa.

Cerró la puerta sin esperar a ver si la chica se iba o no. Se derrumbó en la entrada y lloró desconsoladamente. La quería, creía que ya la había olvidado pero no…la seguía queriendo y eso le resultaba tremendamente doloroso.

Seis meses se había pasado intentado superar aquella historia…Durante semanas se había acostado todas las noches llorando, por eso comenzó a abusar del alcohol, porque le permitía olvidar por un rato lo desastroso que había resultado ser todo.

Cuando Emma entró en su vida creyó que ya le había llegado el momento de ser feliz, pero resulta que cuando salió del hospital después de la explosión, esta se había esfumado. Se había marchado llevándose todo con ella; su alegría, su ilusión , sus ganas de vivir…Pero como siempre, se levantó de nuevo e intentó seguir adelante por Henry, porque a fin de cuentas él no merecía pagar las consecuencias de que ella tuviese el corazón destrozado.

Así que como él no merecía vivir en una mentira, se sentó una noche a su lado y le contó la verdad; que Emma era su madre. Si fuese por ella jamás se lo hubiese dicho, no después de que la rubia había rechazado su papel, marchándose vete tú a saber donde. Pero no podía engañar al niño, él no tenía la culpa.

Tantas noches había escuchado las conversaciones del pequeño con Emma…Conversaciones en las que ella hubiese estado encantada de participar…

Otra vez será…Emma no era para ella. Esa idea se la había grabado a fuego para no culparse acerca de lo sucedido. Pero si existía algún karma, desde luego ella era la única culpable de no llegar nunca a encontrar la felicidad.

Extrañamente comenzó a reírse, si la viesen aquellos que la odiaban tanto…Al final la Reina Malvada había tenido su merecido.

En momentos así, en los que se sentía tan abatida, echaba de menos a su padre, incluso a su madre, a pesar de que esta no la quisiese. Pensó en que todavía no se había atrevido a ir a visitarla a su prisión, aunque la verdad no sabía si la dejarían.

Se levantó del suelo y se encaminó hacia su habitación sin siquiera mirar el minibar del salón ; esta noche ni el alcohol evitaría que se durmiese llorando.


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