Hola hola como vamos? espero que bien
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capítulo 25
No le permitieron hablar con el Ratón. Por lo menos, el lunes dispondría de los informes policiales.
Con el Ratón bajo una férrea vigilancia, resultaba improbable que le ocurriera un accidente similar al de Alec.
Haría un trato con él a cambio de las respuestas que necesitaba, igual que lo establecería con el mismo diablo.
Declaró y, cansada, esperó hasta que lo mecanografiaron para que lo firmara. La noche del sábado, la comisaría estaba a rebosar. Prostitutas y chulos, traficantes y rateros, pandilleros y agobiados defensores públicos. Era la realidad, un aspecto del sistema que ella representaba y en el que creía. Pero se marchó con alivio.
-Ha sido una noche larga -murmuró.
-Lo has sobrellevado muy bien -le acarició la mejilla-. Has de estar agotada.
-De hecho, estoy hambrienta -sonrió-. No llegamos a cenar.
-Te invitaré a una hamburguesa.
Riendo, lo rodeó con los brazos. Pensó que quizá algunas cosas, algunas cosas muy valiosas, podían ser sencillas.
-Mi héroe.
Elle besó el costado del cuello.
-Te invitaré a una docena de hamburguesas -musitó-. Luego, por el amor de Dios, Rosalie, ven a casa conmigo.
-Sí -le ofreció los labios-. Sí.
Sabía cómo preparar el escenario. Cuando entró con él en el dormitorio, la ventana era atravesada por los rayos de luna y la luz de las velas amortiguaba las sombras. El aroma a rosas endulzaba la atmósfera. El romance lo aportaba el sonido de cien violines.
No sabía cómo lo había conseguido con una sola llamada desde la ruidosa cafetería en la que habían cenado. Tampoco le importaba. Bastaba con saber que había pensado en ello.
-Es precioso -se dio cuenta de que estaba nerviosa, algo ridículo después de la pasión de la noche anterior-. Has pensado en todo.
-Solo en ti -le rozó los hombros con los labios antes de servirle una copa de champán-. Te he imaginado aquí más de cien veces. Mil -le ofreció la copa.
-Y yo -le tembló la mano al alzar el cristal. Era el deseo que luchaba por liberarse-. La primera vez que me besaste, en la torre, se me abrieron mundos enteros. Nunca antes había vivido algo parecido.
-A pesar de tu enfado, aquella noche estuve a punto de suplicarte que te quedaras -le quitó los pendientes y dejó que los dedos bajaran por los lóbulos sensibles-. Me pregunto si lo habrías hecho.
-No lo sé. Me habría gustado.
-Con eso casi me basta -dejó los pendientes en una mesa. Despacio, le quitó las horquillas del pelo, sin dejar de mirarla-. Estás temblando.
-Lo sé.
Le quitó la copa de los dedos flojos y continuó soltándole el cabello, sintiendo el susurro de los dedos en su nuca.
-¿Me tienes miedo?
-Temo lo que puedas hacerme.
Algo oscuro y peligroso ardió en los ojos de Emmett. Pero bajó la cabeza para darle un beso suave en la sien.
-Bésame -pidió Rosalie con párpados pesados.
-Lo haré -la boca abrió un sendero por su cara, tentando, sin satisfacerla-. Lo hago.
-No tienes que seducirme -jadeó.
-El placer es mío -y quería que fuera de ella. Le recorrió la espalda con un dedo, y sonrió cuando tembló. Esa noche quería enseñarle el lado más suave del amor. Cuando se apoyó en él, resistió las veloces flechas del deseo. -Hicimos el amor en la oscuridad -musitó mientras le desabrochaba los tres botones que tenía detrás del cuello-. Esta noche quiero verte -el vestido bajó por su cuerpo y quedó como un brillante charco azul a sus pies. Solo llevaba un body de encaje que le alzaba los pechos y descendía hasta las caderas en su transparencia. Su belleza lo dejó sin aliento-. Cada vez que te miro, me vuelvo a enamorar.
-Entonces no dejes de mirar -levantó las manos para deshacerle la pajarita. Luego bajó los dedos para ocuparse de los botones-. No pares nunca -le separó la camisa y luego apoyó la boca en la piel encendida. La punta de la lengua dejó un rastro húmedo antes de apartar la cabeza y echarla hacia atrás en invitación-. Ahora bésame.
Seducido como ella, le marcó los labios con los suyos. Por la habitación se escucharon los gemidos bajos y roncos de ambos. Las manos de Rosalie subieron despacio hasta sus hombros para quitarle la chaqueta del esmoquin. Los dedos se le pusieron laxos cuando Emmett suavizó el beso y luego lo ahondó.
La tomó en brazos como si fuera de cristal frágil. Sin apartar la vista de ella, dejó que durante unos momentos su boca la enloqueciera y atormentara. Continuó con los besos delicados hasta llevarla a la cama.
Se sentó y la depositó a horcajadas sobre el regazo. Con la boca prosiguió la serena devastación de su razón. Casi podía verla flotar. Ella cerró los ojos. La anhelaba de esa manera. Totalmente extasiada. Totalmente suya. A medida que extraía más y más del exótico sabor de su boca, pensó que podría estar horas así. Días.
Rosalie sintió cada contacto tierno, cada caricia de las yemas de sus dedos, el roce de la palma de su mano, la búsqueda paciente de su boca. Sentía el cuerpo ligero como el aire con fragancia a rosas, pero los brazos le resultaban demasiado pesados. La música y los murmullos de Emmett se mezclaron en la mente de ella hasta formar una única melodía de seducción. De fondo estaba el rugido de sus propias palpitaciones.
Sabía que jamás había estado tan vulnerable ni tan dispuesta a ir allí donde él eligiera llevarla.
Y eso era amor... una necesidad más básica que el hambre y la sed.
De sus labios escapó un jadeo desvalido cuando los labios de él susurraron sobre las cumbres de sus pechos. Despacio, eróticamente, la lengua se deslizó bajo el encaje para provocar sus pezones ya endurecidos. Los dedos de Emmett jugaron por la piel que las medias no cubrían, hasta deslizarlas debajo del triángulo reducido que cubría la unión de sus muslos.
Con un único contacto la hizo llegar hasta su primera cima. Rosalie se arqueó como un arco y el placer salió disparado de su interior para clavarse en él. Luego dio la impresión de fundirse en sus brazos.
Jadeante, al borde del delirio, se aferró a Emmett.
-Deja que...
-Lo haré -le cubrió el grito aturdido con la boca. Y mientras ella temblaba, la depositó sobre la cama.
«Ahora», pensó él. Podía tomarla en ese momento mientras yacía encendida y húmeda en su entrega. Su piel era luz de luna. El encaje blanco que llevaba era como una ilusión. Cuando lo miró desde sus tupidas pestañas, vio vibrar un deseo oscuro.
Tenía que enseñarle más.
Le rozó la piel con los nudillos y la hizo temblar al soltarle las medias. Casi con pereza, le bajo una y siguió el rastro con besos suaves con la boca abierta. Deslizó la lengua por la parte de atrás de la rodilla, por la pantorrilla, hasta que la tuvo retorciéndose en entregado placer.
Atrapada en leves capas de sensaciones, ella volvió a alargar los brazos, para que Emmett la eludiera y repitiera esa devastadora delicia sobre su otra pierna. La boca de él ascendió, lenta, deteniéndose, hasta que la encontró. Los labios de ella emitieron su nombre y al borde de las lágrimas lo pegó a su cuerpo.
Y al primer contacto, la fuerza pareció entrar en ella.
Encendidos como un horno, sus pieles se encontraron. Pero no bastaba. Con urgencia los dedos de Rosalie le quitaron la camisa, desgarrándola en su desesperación por buscar más partes de él. Con los dientes le mordisqueó el hombro. Sintió que los músculos del estómago de Emmett se tensaban, oyó su rápido jadeo al tirar de la cintura de sus pantalones. Los botones volaron.
-Te deseo -frenética, lo besó-. Dios, te deseo.
El control que él había mantenido con tanta firmeza se le escurrió entre los dedos. El deseo lo abrumó. Ella lo abrumó con sus manos desesperadas, su boca codiciosa. El aire le quemaba en los pulmones mientras terminaba de desvestirse.
Luego estuvieron de rodillas en la cama deshecha, con los cuerpos temblorosos, sin dejar de mirarse. Le rompió el body por el centro, la aferró por las caderas y la pegó a él.
Durante el acto, Rosalie arqueo la espalda y musitó el nombre de Emmett al caer por el precipicio de la cordura. Tomándola por el pelo, volvió a elevarla, se apoderó de su boca y la siguió.
Débil, yacía en la cama, con un brazo sobre los ojos y el otro laxo en el colchón. Sabía que no podía moverse, no estaba segura de que pudiera hablar y dudaba de que respirara.
Sin embargo, cuando Emmett la besó en el hombro, volvió a temblar.
-Quería que fuera suave.
Rosalie logró abrir los ojos. Tenía su rostro cerca. Sintió que los dedos le acariciaban el pelo.
-Entonces imagino que tendrás que volver a intentarlo hasta que lo consigas.
-Algo me dice que necesitaremos mucho tiempo -sonrió.
-Bien -le perfiló los labios con el dedo-. Te amo, Emmett. Eso es lo único que parece importar esta noche.
-Es lo único que importa -le tomó la mano. Había un lazo en el contacto, tan profundo e íntimo como el acto de amor-. Te traeré una copa de champán.
-Jamás pensé que pudiera ser así -con un suspiro satisfecho, se incorporó mientras él se levantaba-. Jamás pensé que yo pudiera ser así.
-¿Cómo?
Captó una imagen suya en el espejo del otro lado de la habitación, desnuda sobre unas almohadas y con las sábanas arrugadas.
-Tan lasciva, supongo -rio por la elección de las palabras-. En la universidad tenía fama de ser seria, estudiosa e inabordable.
-La universidad se terminó -se sentó en la cama y le entregó una copa, para brindar con la suya.
-Sí. Pero incluso después, cuando empecé a trabajar en la oficina del fiscal, esa reputación me siguió -arrugó la nariz-. La Severa Hale.
-Me gusta cuando eres severa -bebió un trago-. Te imagino en una biblioteca, repasando libros gruesos y polvorientos, tomando notas.
-No es la imagen que prefiero en este momento.
-A mí me gusta -bajó la cabeza para mordisquearle el mentón-. Llevas uno de esos trajes conservadores, con esos colores tan poco conservadores que te gustan -rio entre dientes al ver su expresión-. 'Zapatos cómodos y joyas discretas.
-Haces que parezca que soy una puritana.
-Y debajo algo tenue y sexy -con el dedo levantó una tira del body roto-. Una elección muy personal para una fiscal muy correcta. Luego te pones a citar precedentes y a volverme loco.
-¿Como Warner contra Kowaski?
-Mmm -se concentró en su oreja-. Algo así. Y yo sería el único que sabría que hacen falta seis horquillas para recoger tu pelo en ese moño tan correcto.
-Sé que puedo ser muy seria -murmuró-. Es solo porque lo que hago es importante para mí -contempló el champán-. He de saber que lo que hago está bien. Que el sistema que represento funciona -cuando él se apartó para estudiarla, suspiró-. Sé que una parte es orgullo y ambición, pero otra parte es básica, Emmett, algo que llevo dentro. Por eso me preocupa cómo vamos a resolver tú y yo esto.
-No lo resolveremos esta noche.
-Lo sé, pero...
-Esta noche no -apoyó un dedo sobre los labios de ella-. Esta noche estamos tú y yo. Necesito eso, Rosalie. Y tú también.
-Tienes razón -asintió-. Vuelvo a dejarme llevar por el trabajo.
-Podemos solucionarlo -sonrió y alzó la copa a la luz. El champán tenía burbujas.
-¿Emborrachándonos? -preguntó con una ceja arqueada.
-Más o menos -la miró con ojos risueños-. ¿Por qué no te muestro... una manera menos seria de beber champán? ladeó la copa para verter un chorrito de bebida fría sobre un pecho.
holaaa jeje a poco no son mas lindos cada vez jeje
espero sus coments
