Capítulo 25: El paradero del clon
i.
Zack se encontraba con la mirada puesta en el techo de su camarote, los brazos tras el cuello y la atención en otro lado. Le fue imposible dormir esa noche.
Lo que le había contado Barret le dio qué pensar. Cloud un experimento de clonación. Una idea tan descabellada como lógica. La persecución que sufrieron por parte de Shin-Ra antes de llegar a Midgar lo explicaba, al igual que su inexplicable estado catatónico y la reminiscencia de unos recuerdos que creyó perdidos. Nibelheim resonaba con fuerza, donde dio comienzo su viaje. Aquel laboratorio en las profundidades de la mansión, los tanques de experimentación, la energía Mako... Fue allí de dónde salieron después de cinco años cautivos. ¿Cómo llegó Cloud hasta aquel lugar? ¿Qué le hicieron a él? ¿Era también un experimento de clonación? Imposible; él recordaba todo lo que había vivido. Pero en el caso de Cloud... Nada había que le diera la certeza de que era él. Y si no lo era, ¿dónde estaba el verdadero? ¿Había muerto también? Entonces recordó algo, algo que podría dar una pista sobre su paradero o una explicación por la que estuvieron siendo objetos de experimentación en Nibelheim.
Antes de que le enviaran allí de misión, le fue imposible contactar con Cloud. Ardía en deseos de volver a verle y felicitarle por su ascenso a SOLDADO. Había oído que ascendieron a un par a 1ª Clase también y, con todos los esfuerzos que había hecho en los últimos meses, era evidente que se trataba de él. Le dejó llamadas y mensajes por una semana entera, sin recibir respuesta, y el trabajo no hacía más fácil el que coincidieran. Hasta que un día, topándose con Kunsel en las dependencias de SOLDADO, preguntó por él. Le habló de una misión muy importante a la que le habían asignado, pero aquéllo no explicaba por qué de repente dejó de hablarle. Prácticamente era como si hubiese desaparecido. Y así lo seguía creyendo, pues sin duda, sabía que algo le había ocurrido a Cloud en aquella misión.
Con un suspiro, terminó llevándose las manos al rostro, después de darle vuelta y vueltas a las mismas preguntas. Algo dentro de él le impedía rendirse aún y, hasta que no hallara las respuestas a todas ellas, se negaría a aceptar su muerte.
En ese instante, sin llamar a la puerta, Barret hizo acto de presencia. Con la mano aún sujetando el picaporte, se asomó y le dijo con seriedad:
—Zack, será mejor que nos pongamos en marcha.
Él resopló y, con un pequeño impulso, se sentó en el camastro.
—¿Tienes idea de por dónde vamos a empezar? —preguntó con cansancio.
—Es eso lo que vamos a discutir ahora —le respondió—, pero antes deberías hablar con Tifa.
Zack parpadeó un par de veces, extrañado.
—¿Ha despertado ya?
Barret asintió y soltó la puerta.
—Sí, me ha pedido que te llame —se encogió de hombros—. Parece que es importante. En cualquier caso, cuando acabéis, venid a la sala de operaciones. Hablaremos de lo que vamos a hacer.
No le dio opción alguna y desapareció por el umbral de la puerta, dejando a Zack con la palabra en la boca. Supuso que no había tiempo que perder, ni por el meteorito ni tampoco por el misterio que envolvía a Cloud.
Zack llevaba las últimas horas esperando a que Tifa se recuperara para poder hablar sobre él; necesitaba confirmar de ella lo que Barret soltaba con tanto desprecio. Por eso mismo, no se demoró en presentarse en el ala de enfermería, donde Tifa aguardaba.
Al entrar, la encontró sentada en la camilla, respirando oxígeno desde una mascarilla que ella misma se sujetaba con una mano. Parecía estar bastante estable, dispuesta a continuar el viaje. Zack se quedó en la puerta y se rascó la nuca cuando notó la mirada de Tifa.
—¿Querías verme? —preguntó.
Lo cierto era que él sí quiso verla, pero era raro que Tifa mostrase ese interés de repente. Se suponía que le odiaba o algo así.
Ella asintió y se quitó la mascarilla de la boca.
—Barret me lo ha contado todo... —dijo él con resignación.
Lentamente se adentró más en la habitación. No se atrevió a acercarse demasiado a ella para no importunarla.
—¿Y qué opinas de ello? —preguntó Tifa con miedo—. ¿Crees que pueda ser verdad? Tú... Seguro que fuiste el último en verle antes de lo que ocurrió en Nibelheim.
Zack apretó los labios y se cruzó de brazos. Con la cabeza agachada, trató de ser sincero con ella.
—No sé qué pensar —confesó—. Antes de que me enviaran allí, dejé de tener noticias de él. Llegué a pensar que estaba enfadado conmigo o algo, pero nunca tuve oportunidad de saberlo. Cuando volví a encontrarme con él, fue en... —se llevó una mano a la cabeza— en los laboratorios de Nibelheim. Estaba muy mal y después de que perdiera la memoria... Ha sido imposible. Tal vez éso nos dé una respuesta sobre lo que le pudo pasar, pero ahora...
—No podemos demostrar que Sephiroth y Hojo se equivocan, ¿verdad? —afirmó Tifa con amargura—. Todo apunta a que fue...
Zack alzó la mirada hacia el techo mientras los ojos se le humedecían y se reafirmó en su posición, interrumpiéndola.
—Imposible —dijo algo brusco—. Él recordaba cosas... ¿no? Un clon no puede recordar el pasado de otra persona.
Era lo único que le podía confirmar que Cloud no era un clon. Se suponía que recordaba cosas de Nibelheim: dónde estaba su casa, conocía el pueblo, recordaba a Tifa...
Sin embargo, el silencio de Tifa le inquietó y el tono de su voz le rompió por completo.
—Zack... —le llamó con pesadumbre—. Fue por Jenova. Todo lo que le hemos dicho, todo cuánto le hemos contado del pasado, lo sugestionó y le hizo recordar cosas que no son, como que estuvo realmente en Nibelheim aquel día. ¿Se lo contaste alguna vez?
Zack no había querido darle importancia a ese detalle, pero ahora cobraba sentido.
—Sí, algo así —admitió silencioso—. Cuando viajábamos hacia Midgar le conté muchas cosas. Creí que la confusión en su historia vino por eso, pero jamás imaginé que...
Consternado, se llevó las manos a la cara y aguantó la respiración. Cada indagación en la identidad de Cloud, más los hacía confirmar que se trataba de un clon de Sephiroth. Le dolía con sólo pensarlo.
Tifa agachó la mirada y dejó la mascarilla sobre la camilla. Puso sus manos sobre los muslos y las apretó entre sí, como si intentara canalizar con su fuerza el sentimiento.
—No pudo soportar la verdad —confesó—. Al final descubrió lo que le ocultamos y se desmoronó —su voz se quebró—. Dejó de creer en sí mismo y se rindió a Sephiroth.
Lo que explicaba la indignación de Barret, sin embargo ahora poseía una explicación por la que Cloud obró de esa manera. Zack no dejaba de lamentarse por las decisiones del pasado. Debía dejar de martirizarse por ello, de culpar a Tifa, y asumir que Cloud perdió el rumbo por su exceso de confianza y una mala comunicación con ella.
—Teníamos que habérselo dicho —lamentó Zack—. Habría asimilado mejor la verdad y...
—No —le interrumpió y sacudió la cabeza—. Sabes que habría sucedido lo mismo. Él... —tomó un respiro para controlar la conmoción—. Él ya dudaba cuando visitamos Nibelheim. No puedes imaginar lo frágil que es su seguridad. Estuve a punto de decírselo en más de una ocasión, pero no podía terminar de romperla. Yo... —ocultó su rostro con una mano—. Entiéndeme, Zack. Yo sólo quería protegerle...
Quizás fue injusto al desestimar las decisiones de Tifa en torno a Cloud. Ella, al igual que él, trató de ayudarlo a su manera. Y tenía razón. Con el influjo de Sephiroth y la serie de incongruencias que giraban alrededor de Nibelheim y de ellos, tarde o temprano, habría dejado de creer en sí mismo. Contárselo sólo habría acelerado el proceso.
—Tifa —sorbió por la nariz y se acercó a ella cabizbajo—, lo siento...
Zack la escuchó sollozar en silencio y aquéllo le hizo sentarse a su lado, aguantando el mismo sentimiento de impotencia.
—Tuviste razón desde el principio —admitió él para tranquilizar su posible culpabilidad—, pero da igual lo que hubiésemos hecho. Sephiroth habría tomado control de él de todas maneras.
No quería que se torturara con el pasado.
Entonces, en un intento de superar sus diferencias, Zack le tendió una mano. Tifa, con un triste gesto, aceptó su oferta y se la estrechó. Al menos consiguió que confiara poco a poco en él.
—¿Crees que ha muerto...? —preguntó Zack, aun sabiendo que la respuesta era obvia.
—Suponiendo que sigue siendo Cloud... —tragó saliva con fuerza—. No lo sé, pero creo que es posible encontrarle.
Zack se estremeció y la esperanza brilló en sus ojos.
—¿Cómo?
—Escuché a Hojo hablar sobre ello... —respondió pensativa—. Nos explicó cómo Sephiroth acabó en el cráter y puede que a Cloud le haya pasado lo mismo. El lugar en el que estuvimos se desmoronó y acabó en la corriente vital. Puede que esté vagando en el interior del planeta o haya aparecido por alguna fuga de energía. La pregunta es: dónde exactamente.
Sonaba descabellado, pero era la única pista que tenían sobre el posible paradero de Cloud. Zack no iba a desaprovechar ninguna oportunidad que se le presentase.
—Puede que en Cañón Cosmo averigüemos algo —sugirió Zack.
Tifa asintió, pero en su mirada se veía la duda, algo que le hizo querer indagar:
—¿Ocurre algo?
—Es como si estuviésemos perdiendo el tiempo —dijo ella agachando la cabeza con pesadumbre—. No sabemos si sigue vivo, si es él de verdad...
Aquéllo provocó que Zack se levantara de su lado y se mostrara más firme y seguro.
—Hasta que no lo vea con mis propios ojos, no me creeré ni una palabra de lo que dijeron Sephiroth o Hojo. Tifa, nunca lo sabremos si nos quedamos de brazos cruzados —aseguró con un puño en alto—. Es verdad que ahora corremos peligro, pero no pienso abandonar a un amigo. Ya no me importa si resulta ser un clon o todo lo contrario; sigue siendo nuestro compañero.
Sus palabras parecieron renovar la confianza de Tifa, quien asintió más decidida.
—Tienes razón —dijo tras ponerse en pie—. Cloud nos ha ayudado mucho incluso cuando no nos recordaba. Ni siquiera creo que estuviese cómodo con nosotros, pero siempre ha estado ahí para protegernos.
Zack sonrió con levedad, satisfecho de ver a Tifa llena de convicción.
—Vayamos a hablar con los demás de esto. Deben estar esperándonos.
Los dos, después de que Tifa recibiera la confirmación del enfermero para salir, se dirigieron a la sala de operaciones.
Allí les esperaban el resto del equipo, quienes habían empezado ya a conversar sobre los próximos planes. Todos alrededor de la mesa, Zack apoyó las manos sobre ésta y miró al grupo.
—Chicos, busquemos a Cloud —manifestó de pronto, desestabilizando por completo el curso de la conversación que mantenían.
—¿Qué? —dijo Barret con una mueca—. No hablarás en serio...
Zack no pretendía crear la discordia entre sus compañeros, pero tenía claro lo que quería hacer.
—Barret —le llamó Tifa, quien permanecía al lado de Zack—, es nuestro amigo. No podemos abandonarlo.
De pronto, Barret golpeó la mesa y miró a los dos con severidad.
—Se nos va a caer un meteorito encima —insistió—. ¡Buscarlo nos hará retrasar la misión!
—Me cuesta admitirlo, pero el grandullón tiene razón —afirmó Cid—. Por muy rápido que sea el Highwind, no sirve de nada si no sabemos dónde buscar.
Zack torció el gesto y se inclinó más hacia adelante.
—¡Dejadnos esa tarea a Tifa y a mí entonces! —exclamó—. Creo que tú y el resto podéis abordar lo del meteorito y Sephiroth mientras tanto.
Barret resopló y se apartó de la mesa con hastío.
—Bah —sacudió un brazo—, vais a hacer lo que os dé la gana. ¿Y cómo se supone que vais a encontrarlo?
—Empezaremos por Cañón Cosmo —dijo Tifa—. Bugenhagen sabe mucho sobre el planeta y la corriente vital. Es posible que nos diga dónde poder encontrar a Cloud y seguramente algo para salvar al mundo. En verdad, es una visita que debemos hacer si queremos tener una posibilidad.
La expresión de Barret cambió y acabó cediendo sin remedio.
—Está bien —miró a ambos tras un suspiro—, pero no me hago responsable de lo que pueda ocurrir si lo encontráis.
Zack frunció el ceño.
Sabía lo que quería decir con eso; seguía sin fiarse de Cloud. Hasta cierto punto lo comprendía, pero creía que quedó bastante claro que él no actuaba así a conciencia y, sabiendo todo cuánto había ocurrido, serían capaces de actuar en consecuencia. Siempre que terminaran encontrándolo, claro.
—Dejad de discutir y vayamos a Cañón Cosmo entonces —sentenció Cid.
ii.
Cañón Cosmo no parecía afectado por el enorme meteorito que se aproximaba al planeta. Sus gentes parecían aceptar el destino que les esperaba y realizaban su día a día como si fuera un día cualquiera. Y lo mismo se vio en Bugenhagen y Nanaki cuando llegaron a su casa. La bienvenida habría sido más calurosa de no ser por el inminente final que se aproximaba.
Después de saludarse, todos se sentaron en los cojines esparcidos por el suelo, alrededor de una mesa pequeña. Pronto se hizo presente la ausencia de Cloud y Aerith.
—¿Dónde están? —preguntó Nanaki preocupado.
Mientras Barret fingía estar distraído, Zack agachó la cabeza y fue Tifa quien respondió:
—Aerith murió —reveló con pesar—. Respecto a Cloud... Es por eso que hemos venido. Fue arrastrado por la corriente vital y...
A Nanaki pareció afectarle bastante la noticia. Agachó la mirada y gimió silencioso. Por su parte, Bugenhagen rompió el triste silencio con su sabiduría.
—Así que ha desaparecido y queréis encontrarle —dedujo, mientras se acariciaba la barba—. Es cierto que el planeta alberga un sinfín de lugares donde se concentra la corriente vital, pero la mayoría se encuentra debajo de la superficie y es muy difícil su acceso.
Por un momento, Zack estuvo a punto de tirarse de los pelos. Encontrarlo iba a ser más complicado de lo que creyó en un principio.
—¿Conoces algún lugar en concreto? —preguntó Tifa.
—Sí, había un lugar —se mostró pensativo—. Una isla en el Mar del Sur creada a partir de una fosa marina, pero no recuerdo su nombre.
Zack y Tifa se miraron con la esperanza recuperada. Aquella isla podría ser un punto de partida.
—En cualquier caso —continuó Bugenhagen—, aunque encontrarais a Cloud allí, dudo mucho que haya sobrevivido a la exposición de la corriente espiritual. Ningún humano puede soportar tan inmensa energía.
—Entonces —dijo Barret—, ¿dices que no vale la pena ir a buscarle?
—No he dicho eso —respondió Bugenhagen con los hombros encogidos.
Simplemente la insinuación de Barret hizo que Zack se levantara del suelo con rabia.
—¡Para de una vez, Barret! —le espetó—. Ya sabemos que Cloud te da igual, que has perdido la esperanza en él y que le culpas de todo lo que ha sucedido, ¡pero no voy a abandonarlo! Al menos quiero confirmar que... —apretó los puños y agachó la mirada— ...ha muerto de verdad. Dime, ¿no querrías hacer lo mismo si Tifa desapareciese? ¿O Marlene?
Barret acabó chistando.
—Ellas no son clones creados por Shin-Ra ni han ayudado a Sephiroth... No compares, Zack. Además, estamos muy bien sin él.
Aquello hizo enfurecerlo más y, sin previo aviso, acabó saliendo de la casa con rabia. Fuera, se apoyó contra la barandilla y observó el pueblo de Cañón Cosmo en lo más hondo del cañón. Trataba de contener el enfado y también la negatividad que le contagiaba Barret. ¿Acaso estaba siendo demasiado optimista al creer que darían con él vivo? Podría ser, pero era lo único que le hacía mantener las esperanzas en el planeta y en sí mismo. De nuevo sentía las emociones agolparse en su pecho, sobre todo la rabia de no poder hacer nada por que Cloud y Aerith volviesen. Si no era capaz de salvar a un amigo, ¿cómo iba siquiera a hacerlo con el resto del mundo?
Detrás de él, escuchó la puerta de la casa abrirse, pero no miró hacia atrás. Quería ocultar su estado, sobre todo si se trataba de Barret.
—Zack —le llamó Tifa.
Él sintió cierto alivio de que sólo se tratara de ella.
—Acaba de llamarnos Cait Sith desde el Highwind —continuó—. Quiere hablarnos de algo muy importante.
—Vale... —respondió.
Se separó de la barandilla con cansancio y se giró hacia Tifa con un semblante bastante serio.
—¿Te importa si me adelanto? Ahora mismo no me apetece estar con Barret.
Tifa asintió con las manos unidas a la altura de su vientre.
—Lo entiendo —dijo ella—. Barret se ha pasado un poco, pero no dejes que te afecte.
Pero éso era algo que tenía claro desde el principio. Sólo no podía soportar que hablara así de él, mucho menos en su presencia. Zack forzó una sonrisa para agradecerle el detalle y se tomó la libertad de marchar solo, sin embargo, Tifa le interrumpió de nuevo.
—Espera —corrió hasta situarse a su lado—. No he dejado de pensar en lo que me dijiste antes, lo de que ambos estuvisteis en el laboratorio de Nibelheim —titubeó un poco y le sugirió—: Podríamos volver. Allí había informes sobre experimentos. Puede que encontremos algo sobre Cloud.
Era una buena idea. Posiblemente él hubiese sido objeto de experimentación también; lo había pensado. Pero no era capaz de deducir el qué. Se sentía como siempre y, de haber sido otro clon, ¿no habría tenido los mismos síntomas que Cloud? De todos modos, no estaría de más confirmarlo.
—Está bien —asintió—. Puede que nos tome un tiempo encontrar la isla de la que habla Bugenhagen, así que aprovechémoslo.
Una vez de acuerdo, Zack regresó al Highwind solo. Ya en la cabina de motorización, se reunió con Cid, Cait Sith y Kunsel, quienes parecían bastante ansiosos por contar las noticias. Esperaron a que llegaran Tifa y Barret, éste último bastante malhumorado.
—No me puedo creer que Bugenhagen no sepa cómo salvar el planeta —espetó enfurecido mientras se acercaba, junto a Tifa—. ¿Cómo puede estar tan tranquilo y asumir el final sin más?
—Tranquilízate, Barret —dijo ella cansada.
Frente a frente con el resto del equipo, Cait Sith se aclaró la voz y llamó la atención de todos con un pequeño bote.
—Chicos, escuchad —exclamó—. Shin-Ra está tramando algo. Básicamente quieren destruir el meteorito y acabar con Sephiroth. Para ello, están buscando algo que llaman Megamateria. Al parecer es un tipo de materia trescientas veces más potente que la normal.
De pronto, Zack recordó aquella visita de Scarlet y Tseng al reactor de Gongaga. Sí, debieron hablar de eso en aquel momento.
—Ya han conseguido una en el reactor de Nibelheim y ahora van por una que llevan reclamando desde hace años: en Fuerte Cóndor —finalizó Cait Sith—. Esta vez son capaces de arrasar con todo.
—Vale, no tengo ni idea de lo que quieren hacer con esos trozos de materia, pero —dijo Barret mientras alzaba el puño amenazante— no vamos a dejar que se hagan con tanto poder. Si hay que salvar al planeta, seremos nosotros. Shin-Ra aprovecharía su victoria para reafirmarse y mantener su hegemonía sobre las personas. ¡No podemos permitir eso! —les dedicó una mirada a cada uno—. Además, esas materias deben retener un montón de sabiduría de los Ancianos. Por supuesto, éso lo sabe Shin-Ra y por eso quiere hacerse con ellas. Podríamos usarlas para vencer a Sephiroth. Lo siento, pero no pienso prescindir de lo único que puede hacernos sobrevivir.
—Qué ganas tienes de joderles los planes —dijo Cid con burla al darle una palmada en el brazo a Barret.
—Encargaos vosotros entonces —dijo Zack.
—Oye, ¿es que no vas a venir? —preguntó Cid extrañado.
—Shin-Ra no es nuestra única prioridad —continuó él mientras miraba a Barret con firmeza, para que viera que iba en serio—. Tenemos que encontrar a Cloud y buscar información acerca de él.
—No me jodas, Zack... —espetó Barret con una mano en la cara—. ¡No tenemos tiempo! ¡Y por mucho que me cueste admitirlo, te necesitamos!
—En Fuerte Cóndor no —aseguró—. Allí ya tienen los suficientes efectivos para hacer frente a Shin-Ra. Yo iré a Nibelheim con Tifa para ver qué encontramos.
Barret resopló en desacuerdo, pero en el fondo sabía que no le haría cambiar de parecer.
—¡Mira, haced lo que os dé la gana! Pero como fallemos, será todo culpa tuya.
—Asumiré toda la responsabilidad —contestó seguro de ello.
Entonces Zack se giró hacia Cait Sith y le pidió un favor:
—¿Podrías encargarte de buscar a Cloud? Hay una isla en el Mar del Sur, cerca de alguna fosa marina, en la que es posible que haya llegado a parar.
—Cuenta con ello —dijo éste con un tono bastante ameno.
Después dio un par de pasos hacia Kunsel y le puso una mano en el hombro.
—Y Kunsel, ¿puedes ayudar a Barret en Fuerte Cóndor?
—Claro, si es que no se me ha olvidado cómo blandir una espada —bromeó nervioso.
Finalmente todos aceptaron la tarea que Zack les asignó. Barret dudaba de la eficacia de la misión sin estar todos actuando en el mismo punto, sin embargo, Zack ya había tomado la decisión de hacer todo cuanto estuviese en su mano para dar con Cloud. Sabía que los demás lo veían excesivo, pero estaba completamente seguro de que el riesgo valdría la pena.
Enviaron a Barret y Kunsel en Fuerte Cóndor llegada la mañana y de inmediato pusieron rumbo hacia Nibelheim.
iii.
Era como si en Nibelheim no transcurriera el tiempo. Un pequeño pueblo fantasma que fingía tener la misma vida de antaño. Tifa, incluso en la segunda visita, no terminaba de acostumbrarse a ese ambiente.
Ambos acaban de cruzar la plazoleta del pozo como si se trataran de simples turistas, lo que conllevaba nuevas identidades. Shin-Ra debía estar buscándolos después de la fuga y no podían permitirse exponerse sabiendo que recientemente estuvieron allí. Zack se limitó a seguir a Tifa, quien pretendía mantenerlos escondidos en su casa, lugar que quiso investigar más a fondo. La última vez la encontraron inhabitada y no creían que en dos semanas la situación hubiese cambiado en absoluto. Guiado por Tifa, los dos se encontraron en el interior de su casa, vieja y polvorienta. Zack se paró a observar cada rincón del oscuro lugar hasta llegar al piso superior. Allí encontró a Tifa, en medio del pasillo y con un gesto pensativo.
—Aquí fue dónde encontramos a uno de esos encapuchados... —musitó Tifa después de girarse hacia él—. Aquel día Cloud estaba muy asustado y ahora entiendo por qué.
—De alguna manera se sentía conectado a esos clones, ¿verdad? —dedujo Zack—. Lo teníamos todo enfrente de nuestras narices y no lo vimos venir...
Tifa asintió y agachó la mirada.
—Ojalá le hubiésemos dado más seguridad cuando más nos necesitaba —dijo ella.
Zack se situó a su lado y se puso las manos en las caderas.
—¿Pero cómo lo íbamos a saber? No nos contaba nada... Ni siquiera creo que confiara en nosotros.
—Y cuando lo hizo ya fue demasiado tarde —resopló Tifa—, cuando ya no estabais Aerith ni tú, cuando Barret dejó de confiar en él y yo... Yo sola no pude hacer nada —alzó la mirada hacia Zack—. Vi en sus ojos cómo nos pedía ayuda, pero no supe qué hacer.
Las declaraciones de Tifa provocaron que Zack se mostrara más firme. Posó sus manos sobre los hombros de ella y la miró directamente a los ojos.
—Vamos a arreglar esto —afirmó—. Yo también cometí el error de descuidarle incluso cuando Aerith me sugirió no hacerlo. Pero no volveremos a repetir el mismo error.
Tifa desvió la mirada y volvió a asentir con pesadumbre.
—Espero que aparezca pronto.
Tras lo dicho, ella se separó de Zack y se encaminó a la habitación del fondo. Abrió la puerta y dejó que entrara también. En el interior, pudo ver un dormitorio bastante grande, digna de la hija del antiguo alcalde de Nibelheim. Sin embargo, dudaba que fuese exactamente como ella lo recordaba, así que se guardó de preguntar una obviedad.
Mientras Tifa rebuscaba en los cajones de la cómoda, Zack se tomó la libertad de observar el cuarto. Aunque no fuese el que Tifa recordaba, pudo haber albergado momentos de la infancia. Se preguntaba qué lugar tuvo Cloud en ellos.
—¿Erais muy amigos? —preguntó cuando sus ojos se detuvieron en el piano.
Tifa tardó unos segundos en responder.
—Sí... Siempre quedábamos en mi cuarto para jugar con los demás —respondió.
—Ya veo —se cruzó de brazos—. Cloud siempre fue muy reservado en cuanto a su vida en Nibelheim. Nunca entendí por qué, pero tampoco me atrevía a preguntar.
Ella detuvo la búsqueda y se giró hacia él, extrañada.
—¿De verdad? —prensó los labios y continuó—. Vaya...
—Era bastante callado de todos modos —dijo Zack—. Sólo me pregunté qué tipo de niño fue y cómo era su relación contigo.
A pesar de querer indagar más, Tifa no parecía querer hablar de ello, algo que le descolocaba bastante. Entonces, en un intento de querer cambiar de tema, Zack se acercó al piano y lo observó con curiosidad.
—¿Sabes tocarlo?
—Lo básico —respondió—. Teníamos una maestra que nos enseñaba a mí y a Cloud.
—¿Él también sabía? —preguntó bastante sorprendido por el detalle.
—Sí, mejor que yo —inclinó la cabeza mientras rememoraba—, pero no sé... Tengo mi infancia bastante borrosa.
Antes de que Zack pudiera comentar al respecto, Tifa sacó de los cajones unos extraños documentos referentes a la construcción de la residencia. Ella le señaló con un dedo que se acercara.
—Ven a ver esto —dijo ella mientras observaba los papeles con duda—. No sé cómo no se me ocurrió mirar aquí la última vez.
Zack se inclinó para leer en voz alta.
—Año de construcción... —enfocó la mirada en la fecha y miró a Tifa desconcertado—. Hace cinco años... Y firmado por el presidente Shin-Ra.
Ella no estaba menos asombrada.
—¿Quiere decir que...?
Un ruido proveniente del piso inferior los alertó de inmediato. Tifa volvió a meter los papeles en el cajón sin hacer ruido y ambos se dirigieron a la salida del cuarto. Zack, sin embargo, continuó hasta el rellano, donde se asomó por las escaleras. En la planta inferior pudo ver a una anciana; iba armada con una pistola. Zack consideró la posibilidad de huir por una de las ventanas, pero después de leer aquellos documentos, aquella anciana sería perfecta para un pequeño interrogatorio.
Echó una mirada hacia atrás para señalarle a Tifa que guardara silencio y que se escondiera. Después provocó un sonido en el parqué para llamar la atención de la señora y se ocultó detrás de una de las puertas. Tal y como sospechó, ella subió las escaleras y avanzó por el pasillo, momento que Zack aprovechó para aproximarse por su espalda y quitarle la pistola lo antes posible. No quería hacerle daño, pero no tuvo más opción que retenerla desde el cuello, pero no con demasiada fuerza.
—¡Suéltame! —gritó mientras forcejeaba.
—Tifa, ya puedes salir —dijo Zack, ignorándola.
Tifa salió de su escondite y sus ojos se abrieron un poco más al verla.
—Ella... —la señaló—. Ella es la anciana que estaba en la antigua casa de Cloud.
Zack frunció el ceño y lanzó la pistola lejos de ellos cuando notó a la mujer sacudirse con más fuerza. Era bastante fuerte para ser una anciana.
—Dinos qué pasó aquí —le exigió—. ¡Por qué está el pueblo reconstruido! ¡Por qué fingís todos que no ocurrió nada!
—¡Suéltame y os lo diré!
Tifa y Zack coincidieron miradas. Ella asintió a la propuesta de la anciana y Zack la soltó con lentitud.
—Fuimos contratados para preservar el secreto —respondió con las manos al cuello—. Shin-Ra necesitaba encubrir lo que ocurrió hace cinco años por miedo a los levantamientos populares.
—Cierto —dijo Tifa con el ceño fruncido—, pero igualmente los provocaron. ¿Tiene idea de lo que sucedió aquí?
La anciana negó con la cabeza.
—Sólo soy una empleada, pero ya me da igual todo —suspiró—. Pronto el meteorito se estrellará contra nosotros. No hay nada que hacer.
Por muy surrealista que fuese, el misterio sobre Nibelheim se había desvelado. Zack llegó incluso a dudar de su propia memoria en más de una ocasión, sin embargo ya poseían una explicación. Jamás habría imaginado que Shin-Ra llegase hasta ese punto para encubrir uno de los mayores errores que cometió en toda su historia.
—Por favor, no le cuente a la compañía que nos encontramos aquí —le pidió Tifa—. Queremos poner fin a esta locura, pero no lo conseguiremos si Shin-Ra vuelve a atraparnos.
—Ya no me importa nada —admitió la anciana—. No creo que podamos ser salvados a estas alturas.
Zack miró a Tifa, quien se mostraba bastante decepcionada.
—Deberíamos continuar —le sugirió.
Ella asintió con levedad y, juntos, salieron de la casa.
Zack no sabía muy bien cómo sentirse, si aliviado por descubrir la verdad o enfadado por lo que Shin-Ra había provocado. En cualquier caso, había otras incógnitas alrededor de Nibelheim que estaba dispuesto a averiguar, empezando por la mansión abandonada. Fue allí donde se dirigieron. ¿Desde cuándo no pisaba el interior de aquel lugar? La última vez no se vio capaz de dar más de un paso del vestíbulo y ahora se encontraba en los laboratorios del subterráneo. Sólo hasta ese momento, no supo por qué le costó tanto entrar, pero ahora entendía que había recuerdos que no quería revivir: la humedad, aquel espacio cerrado y oscuro, el sentimiento de asfixia... y la visión de un amigo muerto.
La luz blanca parpadeante del techo iluminaba la gran sala de experimentación, por la que Tifa conseguía caminar libremente. Zack, en cambio, sólo podía contemplar los rincones que más vivos estaban en su memoria. Casi podía escuchar la locura de Sephiroth en el pasillo a la biblioteca; al fondo, los tanques que los contuvieron por cinco agónicos años. Recordaba con total claridad que no respiraba cuando consiguió sacarlo del tanque. Consiguió reanimarlo, sin embargo, lo peor fue hallar a Cloud en un estado de sobredosis por Mako líquido. Tuvo que cuidar de él durante un largo viaje, con la esperanza de que despertaría algún día. Y así lo hizo finalmente, pero no como esperó. Desde que salieron de Nibelheim, Zack se prometió destruir Shin-Ra por lo que había hecho. Ésa fue la razón por la que se dirigió directo a Midgar, trabajaría como mercenario para costearse una vida mientras planeaba un ataque. Quería que Cloud fuese su compañero, pero hasta que no despertara, no podía conocer su opinión. Al final, se confió y los soldados de Shin-Ra dieron con ellos para matarlos.
—La última vez que estuvimos aquí no tuvimos tiempo de leer todo lo que albergaba este lugar —dijo Tifa.
Zack salió de sus pensamientos y caminó alrededor del escritorio. Ella estaba hojeando algunos documentos en busca de algo de interés.
—Sí, lo recuerdo —afirmó él con seriedad.
Tifa tomó un papel entre todos ellos y leyó con detenimiento.
—Si nos hubiésemos parado a leer, habríamos averiguado que esos encapuchados eran clones de Sephiroth —alzó la mirada hacia Zack—. Es exactamente lo que nos explicó Hojo.
Entonces Zack pensó, evitando mirar los tanques de la sala. Apretó los puños y dejó caer la cabeza hacia delante.
—Tifa, Cloud y yo salimos de este laboratorio —le aclaró—. Puede que yo... En verdad no lo tengo muy seguro, pero si es aquí donde crearon los clones, ¿por qué yo soy diferente? ¿Por qué Cloud también?
Sus preguntas hicieron que Tifa guardara silencio y comenzara otra búsqueda intensiva entre todos aquellos informes.
—Tiene que haber alguna respuesta aquí —dijo mientras rebuscaba—, pero son demasiados papeles para encontrar una respuesta exacta. Casi todo es lenguaje científico y los especímenes son referidos en códigos numéricos. En cualquier caso —dejó caer los documentos sobre la mesa y suspiró—, muchos de ellos se han echado a perder por la humedad y la radiación.
Zack observó que muchos estaban incluso verdes por los hongos y manchados por el contacto de insectos.
—Igualmente no nos servirán para encontrar a Cloud —afirmó Zack—. Tenía la esperanza de poder averiguar algo más aquí, pero creo que ya he recordado suficiente.
—Si nos lleváramos todo esto —sugirió ella—, seguro que Cait Sith y Kunsel pueden echar una mano y averiguar qué dicen.
No era mala idea, así que asintió. Posó de nuevo la mirada en el laboratorio y su corazón volvió a contraerse ante el recuerdo. Si tan sólo se hubiese parado a averiguar más en aquel entonces...
—Zack, ¿puedo hacerte una pregunta respecto a Cloud? —preguntó mientras organizaba todos los documentos en sus respectivas carpetas.
Sabía por qué se tomaba la molestia de pedir permiso; él habría hecho lo mismo. Al verla trabajar, se unió con ella para ayudarla.
—Claro.
—¿Erais muy amigos también?
La pregunta le hizo recordar cuánto había perdido desde entonces. Curioso que ahora Tifa mostrara interés de pronto. Era como si aquellas diferencias del principio se hubiesen desvanecido por la pérdida de Cloud.
—Era mi mejor amigo —confesó—. No sé si llegó a ser recíproco, pero sentía que nada nos podía separar. Tuve la esperanza de volver a encontrarme con él después de mi misión aquí, aunque no fue del modo que esperé.
En ese momento se le escapó una sonrisa de añoranza y paró de ordenar para recrearse en los viejos tiempos junto a él.
—Antes de que Cloud fuera a entrenarse para entrar a SOLDADO nos prometimos que trabajaríamos juntos para Shin-Ra. Pediríamos ser enviados a las mismas misiones y aspirábamos a superar a Sephiroth algún día. Queríamos ser tan famosos como él, los mejores SOLDADO de 1ª Clase —rio con amargura y luego sacudió la cabeza—. Éramos unos idiotas. Fue por eso que, tras lo que ocurrió aquí, quise ser mercenario junto a Cloud. Tal vez así cumpliríamos nuestra promesa.
—Sí que estabais muy unidos —comentó Tifa y, con algo de dificultad, prosiguió—. Me alegra mucho de que hayas sido su amigo todo ese tiempo...
Aquello provocó la sorpresa en Zack. En la vida habría esperado palabras amables por parte de ella. Se suponía que odiaba Shin-Ra, SOLDADO, todo lo que tuviera que ver con la empresa, lo que le había incluido en el grupo. Sabía que Tifa le guardaba rencor por el pasado; por eso, estaba agradecido de que dejase aquello a un lado para darle una oportunidad.
—Tifa, yo... —se llevó una mano a la nuca—. Siento mucho lo que sucedió. No pude remediar que Sephiroth arrasara Nibelheim, ni protegerte a ti y a tu padre... —agachó la cabeza con arrepentimiento—. No estuve a la altura del héroe que aspiraba ser y la pifié.
Pero ella sólo se limitó a menear la cabeza y a entregarle una suave sonrisa.
—No te preocupes, Zack —le tranquilizó—. Todo lo que ocurrió fue por Shin-Ra y por Sephiroth. Tú sólo cumplías con tu trabajo. Además, me has demostrado que no eres como ellos. ¿Acaso dar la vida por tu mejor amigo no te convierte en un héroe?
Zack no remedió una tímida sonrisa tampoco.
—Lo que hace preguntarme —continuó Tifa tras girarse completamente hacia él— qué es lo que hace que alguien dé su vida por la de otro. Fue un gesto muy noble por tu parte.
Tal cuestión hizo que Zack permaneciera callado. Quizás no hubiese una razón aparente, pero le hizo pensar.
De pronto, desde el telecomunicador que portaba Tifa en su cinturón, Cait Sith les informaba de algo que, por su modo de hablar, era bastante importante. No obstante, algunas interferencias distorsionaban un poco su voz. En aquel lugar no captaban muy buena señal.
—¡Chi...os! ¡¿Me re...ibís?!
—Sí, más o menos —dijo Tifa—. ¿Ha ocurrido algo?
—¡Creo que he encontrado a Cloud! —exclamó—. Bueno, al menos la isla de la que hablaba Bugenhagen. Se llama Mideel y parece que hace unos tres días un náufrago llegó a sus costas. Hay cierta posibilidad de que se trate de él. ¿Queréis ir a confirmarlo?
La noticia hizo que la mermada esperanza de Zack volviera a llenarse por completo. De repente, se sentía tan feliz... Algo le decía que se trataba de él; era demasiada casualidad.
—¡Pues claro! —alzó ambos puños con energía—. Tifa, salgamos de aquí.
Ella asintió y, entre los dos, cargaron con todas las carpetas que había sobre la mesa.
—Bien, Cid os espera en el mismo sitio donde os dejó —continuó Cait Sith—. Y respecto a Barret y Kunsel, se han enzarzado en una guerrilla con Shin-Ra, pero están bien.
Nada podía ir mejor. Después de recibir golpe tras golpe, parecía que recuperaban la buena racha.
—¿Y la Megamateria? —preguntó Tifa.
—Están en ello —respondió—. Se pondrán en contacto con nosotros cuando la recuperen. Ahora, centraos en volver al Highwind.
Se cortó la comunicación con Cait Sith, momento en el que Zack coincidió la mirada con Tifa. Al igual que ella, no podía contener la emoción. Si resultaba ser Cloud, éso significaba que seguía con vida. No podía esperar a confirmarlo. De esa manera, podrían hablar de lo sucedido, recuperar el tiempo perdido y hacerle saber que todo estaba bien. Al fin era consciente de lo importante que era permanecer juntos a partir de ahora y esperaba que, con el tiempo, Cloud recuperase su verdadero ser... en el caso en que fuese él realmente.
Quizás ésa sería la respuesta más difícil de asimilar.
