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"Biiip" "Biiip" "Biiip" empezó a sonar el móvil al encenderlo.
Tenía más de tres llamadas perdidas: Un par de Hanagata, una del comisario, otra de un número no identificado y dos últimas de Anna.
-¿Qué habrá pasado?- se preguntó Jun mientras marcaba el número de la comisaría, andando tras el resto del pasaje para ir a buscar su maleta.
Tras unos segundos una voz muy grave contestó al otro lado de la línea.
-¿Ha aterrizado ya Jun?
-Sí señor. ¿Qué ha ocurrido? Como es que Hanagata y Fugima no tomaron el vuelo. Hanagata me llamó pero…
-El teniente me ha llamado hace un rato. Los del séquito de Samson apresaron a Sakuragi y Rukawa ayer al llegar a Tokio.
-¿Cómo? No entiendo nada.
-Fujima y Hanagata viajaron en el mismo vuelo que ellos. Supongo que Fujima, o Samson directamente, lo arregló para cambiarles los billetes a última hora.
-Mierda.
-Lo importante ahora es saber hasta qué punto están en peligro. Dese prisa teniente, deje las maletas en el aeropuerto, enviaré a alguien a recogerlas luego. Venga directo a la comisaría. Usted es el único que sabe hasta qué punto Sakuragi y Rukawa están expuestos a los hombres de Takamiya estando con Samson.
-Sí capitán.
Tras colgar no esperó un segundo en llamar a Anna.
Mientras esperaba que respondieran no pudo dejar de pensar que debería haber llamado al inspector al ver que Hanagata no estaba en su mismo vuelo… ¿Cómo lo habrían hecho él y Fujima para embarcar sin que les viera si había estado todo el rato allí para despedir a Rukawa y Sakuragi?
-¿Sí digui?- respondió la voz de Anna al otro lado algo ansiosa, sacándole de sus cavilaciones.
-Anna, soy Jun- dijo él –acabo de ver tu llamada perdida en el móvil.
-Sí. Poco después que tu vuelo saliera me llamó Akira. Se va a entregar, o eso me dijo. Él está bien. De algún modo consiguió llegar a…
-No me lo digas Anna. Prefiero no saberlo. Pero gracias por llamar. Tengo otra llamada al móvil de un número desconocido, quizá fuera él.
-También me dijo que antes de entregarse debía solucionar algo.
-Seguramente Sendoh ha estado preparando algo para protegerse de los hombres de Takamiya en la cárcel, eso o se ha escondido en algún rincón recóndito del planeta…
-No. Sé que se entregará tarde o temprano.
-Espero que sí. Gracias por llamar Anna, pero ahora debo irme. Mi jefe me espera por el informe.
-De nada. Pero llámame en cuanto sepas algo de Akira, por favor.
Después de colgar se metió el teléfono en el bolsillo y antes de salir del edificio de la terminal en dirección al aparcamiento buscó una cabina telefónica.
Desde allí marcó el número desconocido de la memoria de su móvil, no quería arriesgarse a que fuera Sendoh y luego la llamada quedara registrada.
-¿Si diga?- respondió una voz infantil al otro lado.
-Lo siento, creo que me he equivocado.
-¿A quien busca?- preguntó la vocecita.
-No estoy seguro, tenía una llamada perdida de éste número en el móvil.
-¿Eres Jun?- dijo la vocecita.
-Sí. ¿Con quien hablo?
-Entonces no se ha equivocado, espere un momento, tengo un mensaje para usted de parte de Akira Sendoh.
-¿Está él contigo? ¡No! No contestes a eso. Si él está ahí dime sin ponerte nervioso que no está, y si estás sólo dime, no sé, tu comida favorita por ejemplo.
-No entiendo qué quiere. Sendoh me ha dicho que le diga que le espera en la entrada del cementerio de Aoyama mañana al medio día.
-Está bien. ¿Si le ves puedes decirle que Samson ha cogido a Hanamichi y Rukawa, por favor?
Entonces oyó como tapaban el auricular, alguien manipulaba el teléfono de forma torpe.
Esperó un poco y luego una voz, esta vez adulta, dijo:
-¿Cómo que Samson les ha cogido? ¿Qué clase de protección cutre les proporcionasteis?
-Sendoh me alegro de oírte- dijo tranquilo Jun sin ponerse nervioso.
-Déjate de tonterías. ¡¿Sabes en el lío en el que se han metido ésos dos?!
-Esperaba que quisieras colaborar para ayudarles.
-Me cago en…- murmuró Akira nervioso. Respiró hondo y luego dijo: -Llámame en un par de horas.
Y colgó.
Jun colgó también y sonriendo pensó que como mínimo ahora Sendoh no se iría. No creía que se fugara dejando a sus amigos allí solos. Aunque tras meses de preparar esa operación con él todavía le costaba afirmar nada sobre Akira Sendoh, ése hombre se había protegido tanto que le era muy difícil saber cuando se mostraba tal cual era o cuando simplemente fingía.
Sin perder un solo minuto más salió de la terminal y se internó en el aparcamiento para recoger su coche. Sacó la sirena de la guantera y la colocó en el techo del coche para poder correr, la encendió y arrancó el motor sin vacilar.
Menos de media hora después estaría aparcando en el aparcamiento de la comisaría.
