Primero que nada quiero aclarar que la siguiente historia no me pertenece, la historia original es de la autora de fanfics "sistercullen" quien muy amablemente me permitió adaptarla a los personajes de Inuyasha, quienes tampoco me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Decidí pedirle permiso de adaptarla porque me pareció que encajaba muy bien con estos personajes, haber que opinan ustedes…
Una aclaración, el fic tiene contenido lemmon que en algunas partes puede ser considerado fuerte además de un vocabulario bastante "florido" entiéndase vulgar, conste que sobre aviso no hay engaño… Disfruten
D E M O N P R I N C E
Capítulo 44
Hakudoshi caminaba sobre los grandes pasillos de piedra caliza, por los que una vez fue arrastrado y vejado hasta la saciedad. Fuerte, musculoso y con un fuerte armazón de hierro se abrió paso sin tan si quiera llamar, a la habitación donde estaba enclaustrados su otra hija: Rin y su esposo, el bastardo de Sesshomaru.
Ambos se encontraban sentados en un gran camastro, se abrazaban y se podía oír claramente los susurros entrecortados de Rin, sobre el hombro de su marido.
Al notar la presencia extraña, Sesshomaru se separó de su esposa y caminó hacia el ahora nuevo Rey de Los Demonios, con claras intenciones de amedrentarlo. Hakudoshi se carcajeó antes de que el puño de Sesshomaru pudiera estrellarse contra su rostro, esquivándolo como un autentico púgil.
- No se me van las ganas de partirte la cara- siseó Sesshomaru, con la ira brillando en sus intensos ojos carmín- Da gracias que eres el padre de mi amada Rin, que si no…
- ¡Cállate, haz el favor! Da gracias tú, que eres el demonio que ha elegido mi hija, si no estarías haciéndole compañía a tu familia…! pero no es contigo con quien he venido a conversar- Hakudoshi, apartó los ojos de Sesshomaru y los dispuso encima de su otra hija, que lloraba, mientras jugueteaba con mechones de su cabello perfecto- Rin.
Rin giró el rostro y miró a Hakudoshi, ausente.
- Todo lo que tengas que decirme ya lo sé y aunque te entiendo, no te comprendo. – Rin desvió la mirada hacia su esposo que se encontraba de nuevo junto a ella- Sesshomaru es mi confidente, padre. Todo lo que hayas de decirme tendrás que hacerlo delante de él.
Hakudoshi bramó levemente y caminó hacia la pareja, para enfrentarse con ambos cara a cara.
- ¿Eso quiere decir que también sabe lo de Aome?- preguntó terriblemente serio y mirando a su hija sin pestañear si quiera.
- Sesshomaru….no, pero antes de que tú aparecieras por esa puerta yo iba a contárselo…debe de saberlo, Inuyasha debe de saberlo…
Sesshomaru se apartó de su esposa y caminó hacia atrás, algo horrorizado.
- ¿Qué me has escondido, Rin?
Rin elevó los ojos empañados por las lágrimas y sollozó mientras se acomodaba encima de aquel lecho con sábanas blancas.
- Sesshomaru, tu hermana lo sabe, pero le hice jurar que no se lo contaría a nadie. Cuando Aome despareció yo supe en todo momento donde se encontraba y con quién…pero no podía defraudar a mi sangre de nuevo…aunque no estuviese en lo correcto…
- ¡Pero viste como mi hermano sufría! ¡Viste como se iba degradando poco a poco! No puedo creer que tú lo supieses y no contaras nada…al menos a mi hermano…sabes de sobra de la manera que Inuyasha ama a tu hermana. ¡Lo sabes, maldita sea!
Rin, se limpió las lágrimas que bañaban sus mejillas y continuó, con una mueca de sufrimiento en el rostro.
- Déjame terminar, Sesshomaru…yo, sabía en qué situación se encontraba Aome, pero no podía "venderla", era su decisión, ella ha sido la manipulada durante toda su vida…yo supe desde el primer momento quien eras tú, crecí de la mano de tu madre, sabiendo en mi fuero interno que ella no era de este mundo, ni yo tampoco. Mis visiones… tú aparecías en ellas mucho antes de conocerte- Rin negó con la cabeza y prosiguió con los labios temblorosos- Yo sabía que Aome tenía que nacer de nuevo, igual que pronto lo haré yo, pero en su estado todo se aceleró un poco.
Sesshomaru parpadeó sorprendido y miró a Hakudoshi, quien no quitaba la vista de encima de su hija.
- ¿Qué estado? No comprendo nada, Rin- protestó Sesshomaru, acalorado.
- ¡Oh, Sesshomaru! - susurró Rin con la voz entre cortada- lo tuyo mi amor no es pensar mucho, lo sé…- Rin, tragó el pesado nudo que se balanceaba en su garganta y por fin se decidió- Sesshomaru, Aome ha parido un hijo de Inuyasha.
Sesshomaru abrió la boca para hablar, pero no lo hizo. Miró a Hakudoshi, que en ese momento se hallaba de brazos cruzados contemplándolo.
- Se ha quedado sin palabras…- espetó Hakudoshi, sin ninguna expresión en su rostro- Menudo marido que te has buscado, querida.
Sesshomaru, se paseó una mano por el cabello blanco y cerró los ojos fuertemente intentando valorar la situación: Un engaño, una burla…si Rin hubiera hablado cuando hubo de hacerlo nada de esto estaría pasando…¡Inuyasha había sido padre y ni tan si quiera lo sabía!
Volvió el rostro hacia su esposa e hizo una mueca asqueado.
- ¿Sabes que todo esto se podía haber evitado, verdad?- preguntó Sesshomaru, duramente.
Rin asintió, sin mirarlo. No quería sentir el rechazo de sus ojos, de su amor.
- Debo de hablar con Inuyasha…él debe saberlo, tiene todo el derecho de saber que tiene un hijo…
Hakudoshi, agarró a Sesshomaru de los hombros y lo elevó varios centímetros del suelo con una sonrisa cruel dibujada en su rostro.
- Tú no le dirás nada a tu hermanito, yerno. Te quedaras aquí con tu esposa, hasta que a mí me dé la gana. Tu hermano está encarcelado con sales ósea que dudo mucho que pueda sortear ese pequeño elemento. Si por alguna razón, escapas de aquí y llega a oídos de Inuyasha que él es el padre de mi nieta…te juro que te mato. Mi mano no dudará. Mi ego magnánimo se estrellaría contra tus tripas, hasta retorcerlas. ¿Entiendes?
Sesshomaru no dijo nada, pero volvió a sentir el suelo firme bajo sus pies.
- Rin, ven conmigo ya es hora que conozcas a tu madre.
Rin se levantó y siguió a su padre sin mirar a Sesshomaru.
- Tiemblas…pequeña… ¿estás temblando?- el suave susurro de Inuyasha, hizo que Aome asombrada se perdiera por todos los lugares de su rostro. Adorándolo, mamando todo lo que sus ojos le permitían.
- Quiero que entres en mí…no estoy temblando…- sonaba como desesperada, pero eso era lo último que le importaba en aquellos momentos- Quiero que hagas una lenta y honda cabalgada dentro de mí, Inuyasha.
Lo vio ensanchar las aletas de la nariz y sisear como animal. Su cuerpo se mantenía inquieto debajo del de él, pero aún y así con las yemas de los dedos lo conmovía y lo arrastraba junto a ella, hacia aquella locura que no entendía…solo sabía que lo necesitaba a él, con urgencia. Por encima de todo lo que había ocurrido, por encima de todo lo que iba a ocurrir. Su pecho se hinchó al oírlo por milésima vez repetir que la amaba. Sonaba incluso más desesperado que ella, por ser follada, cuando emitía aquellas palabras. En verdad, parecía amarla y eso a ella la confundía, porque con aquel nuevo cuerpo ella también se sentía unida a él con un vínculo mucho más intenso que el odio…
- Ni si quiera, tengo que ayudarme con la mano. Joder..- Aome sintió la punta del falo de Inuyasha en su entrada y se tensó débilmente de emoción. Miró hacia allá abajo, extasiada y morbosamente alucinada por aquel marco de película X que estaban propiciando ambos. La dura lanza de Inuyasha, se movía poco a poco adentrándose en ella, haciéndolo transformar su hermoso rostro en una máscara de placer y lujuria…era tan maravilloso. Ver como él entraba dentro de su cuerpo y salía lentamente, la volvía loca- Eres tan malditamente estrecha…me matas, Aome. Me matas- Volvió a sentir su boca en los labios y la abrió completamente como estaba abierta toda. Para él. Elevó las piernas hacia la cintura de Inuyasha apretó más duramente para que la embistiera más fuerte.
- Dijiste fuerte, duro…- suplicó, ella, enredando entre sus dedos los suaves mechones de aquel cabello extraño.
Inuyasha levantó ligeramente el rostro sin dejar de embestirla y sonrió de manera bestialmente sexy, aquello desarmó a Aome y sintió como un nuevo orgasmo se formaba en su bajo vientre.
- Lo que desee mi Reina.
Se despegó de ella lentamente y esperó a mecerse en aquellas largas pestañas y en sus ojos, bebiendo de aquel rostro que lo tenía al borde de la locura. Estrellando sus bolas fuertemente contra su entrada y emergiendo su verga hinchada y dura por todo aquel canal de terciopelo.
- Júrame que me dejarás seco, Aome- Le preguntó rozando sus labios. Manteniéndose allí dentro de ella, meciendo sus caderas, girándolas para que encontrara el punto G de ella y hacerla estallar en mil pedazos- ¡Oh, nena! Como me ordeñas….eres…eres…
- Inuyasha- habló ella, mirándolo a los ojos con toda la cordura que pudo encontrar- Haz que me olvide de mi nombre.
Él la besó y a continuación su boca se meció hacia su oído.
- Y que nunca olvides el mío.
Inuyasha agarró las rodillas de Aome y las separó, elevó su trasero en forma de corazón ayudándose con las manos y en aquel lugar alojó un cojín mullido, haciendo que la manera en que su miembro entrara y saliese de ella, fuese muchísimo más placentero. Sin tregua, comenzó a embestir sin miedo a dañarla. Hasta la empuñadura casi hasta sus bolas, que empequeñecidas casi se metían por dentro del conducto tibio de ella.
El sonido de la enfurecida lucha era tan morboso, como sexual, La correosa polla de él, salía del centro de ella, cada vez más brillante y lubricada, haciendo las empaladas mucho más eróticas, ya que Inuyasha lograba sacar casi todo su miembro para volver a meterlo con fuerza y restregarse dentro de ella, hondamente y haciendo círculos con sus caderas.
- Esto, es….es…to…es- jadeó ella, mirándolo a los ojos, brillantes por la lujuria y la excitación.
Inuyasha lamió uno de sus pechos, apretándolo con sus dientes y haciendo que ella se arquearse.
- Lo sé mi amor. ¡Argf! ….si..es… increíble…- Salió de ella un momento con su verga brillante y la miró comiéndose con los ojos los pechos inflamados de ella y las crestas ardientes, que sollozaban de punta por algo de atención. Arrastrándose hacia ella, ocupó el lado contrario de la cama y le aporreó la boca suavemente con su verga que tironeó de él, como si tuviese vida propia.
Aome alzó la cabeza unos centímetros y sacó la lengua lentamente, paseándola por sus labios hinchados. Miró a los ojos a Inuyasha y en su boca se formó una sonrisa malvada que hizo que al demonio se le pusieran los vellos de las bolas de punta.
- Te voy a comer entero…..tengo muchas ganas de probarla…es tan dura y a la vez tan tierna….mmmmm- Ella alzó la mano, y tocó con sutileza la punta roma con el dedo índice. Paseando la semilla de él por la cabeza y mordiendo su labio inferior completamente hambrienta por llevársela a la boca. Un gemido salió de sus entrañas y lo arrastró más cerca de ella, para devorar con ansias aquella polla inflamada que vibraba por ella, machacándola con su lengua. Enroscándola, dando firmes toques alrededor de la cabeza y alzando la mirada para jactarse con el rostro encendido de él, que luchaba con todas sus fuerzas por no correrse dentro de la boca de ella. Pero Aome no le daba tregua. Acariciando por los laterales las caderas de él, presionó fuertemente el trasero por ambos cachetes y engulló todo lo largo de su falo, dentro de su boca, haciendo que él mascullara entre dientes y le sujetara el cabello de la coronilla, volviéndose loco y embistiendo dentro de su boca, follándosela como un poseso, adentrándose tanto que creyó estar levitando de puro placer.
- ¡Noooo! - La empujó con fuerza. No quería correrse, dentro de su boca. Deseaba volver a estar dentro de su coño estrecho y palpitante, sentirlo contraerse, ordeñándolo, secándolo….era la puta gloria y él estaba allí para eso.
La tiró al colchón, enderezando su culo en el centro de sus firmes caderas y entró dentro de ella, obligándola a tocar con su torso la cama, bombeando sin descanso y retorciendo su clítoris con los dedos, sin darle tregua.
- Si, así….mi gata….mi gata en celo….Ummmhhh- La notó tensarse bajo sus pelotas de nuevo y se sintió el demonio con más suerte del Universo. El Hex de una hembra era el periodo de celo más intenso. Este aparecía inmediatamente después al el cambio y se sucedía durante cinco o seis días al mes. Ese era el tiempo en que las hembras podían ser fecundadas.
Aunque nunca se producía este misterio durante el primer celo.
- ¡Inu….yasha…..! - gritó ella, muriéndose de nuevo de puro placer- ¡Mas…mas…quiero mas…joder…¡Cuando va a parar esto!
El demonio se separó de ella y con una velocidad demoniaca, la aplastó contra su torso. La espalda de ella tocando el fuerte y duro tronco de él.
- Esto no va a parar…aún, no Aome. ¿No gozas? ¿No hago que tu cuerpo se cure de esa quemazón, orgasmo a orgasmo?
- Si- jadeó ella, con los ojos cerrados, víctima del sensual y erógeno contacto de él.
- Mira…- él le sumergió la punta de la polla, haciéndola sufrir sin remedio- ¿Has visto lo dura que está? Esta así para empalarte las veces que tú quieras. Porque tú eres su dueña, mi dueña. Mi señora. Mi Reina…¿Quieres que te empale profundamente? ¿Qué estocada a estocada, sientas como te pierdas en oleadas de placer, perdiendo el sentido?
Aome giró levemente el rostro y lo miró a los ojos. Sumergiéndose en él y sintiendo todo aquello que él le había dicho con una fuerza sin límites.
- ¿Cómo sabes todo lo que siento, Inuyasha?- preguntó mirándolo con el hambre reflejada en sus pupilas.
- Todo eso mi vida…es lo que yo siento…- Y sin previo aviso la empaló profundamente como le había prometido. Manteniéndola erguida, toqueteando sus pechos y alzando sus caderas, presionándolas contra el firme trasero de ella. Gimiendo y jugueteando con sus pezones erguidos como crestas.
Aome alzó los brazos e intentó tocarle el rosto. Inuyasha le besó el lóbulo de la oreja y ella pudo acariciar aquel rostro de Ángel malvado, con la puntas de los dedos, sintiendo como él los lamía y besaba como si fueran la fruta más exquisita del mundo.
- No puedo más- siseó él, tocando con sus labios su oído derecho- Maldición mi vida, no puedo más…
Un sonido celestial se abrió paso a través de los labios de Aome y rió de una manera que él nunca la oyó. Acariciándolo todo y explotando en su interior como un eterno adolescente.
Furioso con él mismo, la embistió de manera cruenta, haciéndola llegar a ella también de una manera exquisita y bestial.
Jadeantes, sudorosos y sin perder contacto el uno con el otro, esperaron a que sus respiraciones se normalizaran, antes de abalanzarse de nuevo el uno en los brazos del otro y volver a devorarse con ansias renovadas…
Izayoi, cerraba la tienda. Había sido un día duro, últimamente notaba demasiado la falta de Rin, su ayuda encomiable y sus atenciones que nunca había tomado demasiado en cuenta.
Aquella muchacha había podido ser como una hija para ella, pero no lo era.
A su auténtica hija la había abandonado. Igual que a Inuyasha y a Sesshomaru….por eso se había negado a ella misma, amar a aquella muchacha que estaba llena de tanta bondad.
Sin duda, parte del alma de su madre estaba con ella, aquello era innegable.
Le retorcía las entrañas no saber nada del submundo ni de los infiernos, no sabía nada de lo que podía estar pasando y aunque había intentado mantener contacto con Naraku, éste no se había presentado, como solía hacerlo cuando ella lo reclamaba.
La campanilla de la tienda sonó y un fuerte olor a azufre inundó la estancia.
Andaba prendiendo velas en la habitación de las ofrendas y se quedó paralizada ante aquella presencia extraña.
Caminó temerosa y descubrió la cortinilla que daba paso a la pequeña tienda de videncia que la había hecho famosa.
Era aquel muchacho…aquel muchacho…
"Tu existencia no es estar aquí, joven Miroku. Reniega de tu Dios y serás feliz. ¿Oyes como ahí fuera claman tu nombre? Yo sé que eres inocente pero ninguno lo creerá. Da la espalda a tu Dios que nada hará por ti. En cambio el nuestro te entregará algún día su tesoro más preciado…."
"Su tesoro más preciado"
"Su tesoro más preciado"
Izayoi sabía que aquel muchacho estaba condenado a los infiernos, pese a que aquellos crímenes no los había perpetuado con plena conciencia. Lo mecía una especie de sueño etílico de subconciencia y se convertía en el más cruel de los asesinos de jovencitas….
….algo en él le llamó la atención. Quizás sus ojos, su cabello parecido al de un ángel…o aquel sentimiento profundo de la familiaridad.
Una visión explotó en su cabeza y lo vio claro.
Una dulce súcubo perdida en los brazos de aquel muchacho….
Y aquella dulce súcubo, era su hija Sango.
Los ojos de Miroku impactaron con los de Izayoi y comprendiendo todo, después de tantas décadas…después de tantos años. Le hizo un firme reverencia a la señora de su Rey.
- Mi señora, el rey me ha mandado para que cuide de usted.
Miroku vio como ella le sonreía y caminaba un paso hacia él.
- Permite que te bese hijo. Ahora formas parte de mi familia…de mi tesoro más preciado…
Miroku sintió los labios de la mujer en su mejilla y notó su propio rubor, si aquello era posible.
- Mi señora, mi señor me ha encomiado un recado muy importante….
- Dime hijo- apresuró Izayoi, muerta de la curiosidad.
- Las palabras textuales de mi señor son. "Mi Reina, todo va según lo planeado"
