Hola hola! Más rápido que nunca me tenéis actualizando. Todo gracias a que estoy de vacaciones y tengo el arco planificado. Me ha quedado incluso mejor de lo que me esperaba, pues la idea original era otra. Espero que os guste y que me sigáis leyendo…Bienvenida y gracias, Naylar. Tu proposición no tardará mucho en cumplirse jajaja

Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.


Capítulo 24

La Voluntad del Maestro

Segunda parte: Adaptación

"Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga."

Victor Hugo, novelista francés


Las miraba chocar las espadas con fuerza. También veía sus líneas sucesorias activadas. Mikoto se paró para observar a Kushina, con aquellos ojos color sangre con dos tomoes negros en el izquierdo y uno en el derecho. La Uzumaki hizo lo mismo, con las venas alrededor de sus ojos violáceos hinchadas. Ambas jadearon y después se enzarzaron de nuevo. Sus vestimentas eran iguales, una hakama compuesta por unos pantalones negros y la parte superior de un gris oscuro con una camiseta debajo.

Inaba las observaba desde el porche de la casa, con un haori de largas mangas sobre sus hombros de color azul grisáceo con un remolino blanco en el centro de la espalda. De vez en cuando tomaba un sorbo de la taza humeante que tenía entre las manos. La nieve caía a modo de gruesos copos sobre las niñas de trece años, que parecían no sentir el frío en sus pálidas pieles.

Mikoto atacó de frente sin pensarlo dos veces, a sabiendas de que podría esquivar cualquier contraataque de su contrincante. Pero lo que no sabía es que Kushina ya había aprendido el truco y paró la espada de un golpe seco, haciendo que la Uchiha diese un traspiés hacia atrás, desequilibrada. Aquel fue el momento justo para que la pelirroja le diese una patada en su pierna de soporte, haciendo que cayese, y puso la punta de su espada en el cuello de la morena.

-¡Excelente movimiento, Kushina!-Alagó la adulta con una gran sonrisa-Para la próxima no te confíes tanto en tu Sharingan, Mikoto.

-¿Estás bien, Kocchan?-Murmuró la Uzumaki desactivando el Byakugan y tendiéndole una mano.

-Sí, no te preocupes Nacchan-La Uchiha tomó su mano y se levantó, dejando ver de nuevo sus ojos negros.

-Venga, venid. Os merecéis un descanso-Inaba vio cómo se acercaban y se ponía cada una a un lado suyo-Tapaos bien, no quiero que enferméis.

Kushina y Mikoto la obedecieron dócilmente, tomando unos haoris negros. La mujer les pasó una taza con té a cada una y comentó:

-Estáis haciendo progresos a pasos agigantados, pero aún sois un poco lentas. Aunque en cuanto a fuerza de ataque, si no fuese porque las espadas que usáis son de madera, juraría que hoy habría visto mucha sangre.

-Para la próxima no me dejaré vencer tan fácilmente-Se pronunció Mikoto rascándose la nariz-Nacchan ha tenido mucha suerte y…¿Nacchan, qué ocurre?

Inaba imitó a la chica y miró a la pelirroja. Su semblante era totalmente serio, como si estuviese pensando en algo profundamente mientras miraba unas estalactitas que colgaban del gran árbol del jardín. Parpadeó un par de veces y esbozó una leve sonrisa, antes de dar un sorbo de té y comentar:

-Hace un año ya que nos fuimos de Konoha…Al igual que Hana-neesan.

-Creo que Hana-nee estaba feliz de abandonar la aldea-Opinó Mikoto esbozando una gran sonrisa-Aunque fuese su cumpleaños…

-Me pregunto que estará haciendo hoy…Quizás se le haya olvidado que es su cumpleaños, en la última carta que me envió papá comentaba que estaba entrenando muy duro dónde quiera que esté y casi no tenía tiempo de nada.

-Si Midori-nee estuviese aún en la aldea…Estoy segura de que habría acompañado a Hana-nee. O habría obligada a Tsunade-sama a enviarla con ella aunque no fuese a ser ninja-médico. Siempre estaban juntas…

Mikoto bajo la mirada a su regazo, al igual que Kushina. Ambas parecían apenadas de pronto. Pensaban en ese mismo instante lo mismo…¿Qué estaría pasando ahora si Midori no se hubiese marchado?

La mujer de ojos inteligentes las echó un vistazo rápido, en silencio. Vio cómo dejaban las tazas en la tarima y se desprendían de los haori, tomando las espadas de madera y poniéndose una frente a la otra.

El cielo era un oscuro manto aquella noche, dónde lo único que brillaba, eran las estrellas.

-Tenemos que seguir entrenando, Nacchan…

-…debemos superarlas a ambas, Kocchan.

Se sonrieron y se lanzaron a una nueva batalla, esta vez sin activar sus líneas sucesorias para ver mejor en la oscuridad. Inaba las miró con una sonrisa orgullosa.

Tenía el presentimiento de que aquellas dos mocosas llegarían muy lejos a este paso.

-Shannaro!-

-Veamos…Túmbate aquí con cuidado, pequeña.

-¿Podrá hacer algo Ikamuzu-sensei?

-Por supuesto, ahora necesito que salga…

-Mi niña estará bien, se va a curar, ¿verdad?

La desesperada mujer clavó sus ojos como el carbón en los claros ojos de la doctora. Ésta se recogió el largo pelo negro-azulado en una coleta y compuso una suave sonrisa. Tomó de las manos a la mujer que la había hablado y dijo:

-Haré todo lo que esté en mi mano Chiho-san, lo prometo.

-Ella es fuerte, lo superará, ¿verdad Haraiya-san?

El marido de Chiho se adelantó, tomando a su mujer de los hombros, aunque había un brillo de duda en sus ojos.

-Es una de las niñas más fuertes que he visto, así que no me extrañaría verla saltar y correr dentro de un par de días, Kazuto-san.

Los aterrados padres soltaron una breve risa entre lágrimas y la joven de ojos hielo les dejó esperando en la sala de espera de la clínica. Cerró la puerta de la habitación y le dirigió una sonrisa amable a la niña rubia que gimoteaba encima de la camilla, para infundirle valor.

-Dime Natsu-chan, ¿qué ocurrió?

-Y-yo e-estaba jugando con Tonbo-kun en las dunas, cu-cuando…-La niña sorbió por la nariz, intentando que las lágrimas parasen de bajar por su rostro-…me hundí en la a-arena y cu-cuando me intentó sacar pa-papá, algo tiró fuerte de mi hacia abajo…

La joven retiró la falda del yukata que llevaba la niña, quedándose perpleja por lo que veía. Era como ver dos gusanos metidos en las piernas de la niña, que parecían aumentar de tamaño progresivamente.

-…y lu-luego no podía ca-caminar…

-Bueno, ahora quiero que te relajes, voy a comenzar a curarte, ¿de acuerdo?

Natsu asintió, quitándose las lágrimas con la manga del yukata. La joven puso dos dedos en la frente de la niña, que tomaron un resplandor azulado. Se concentró un poco más y susurró:

-Ahora dormirás un largo rato, nos vemos cuando despiertes.

La niña cayó inconsciente y la doctora comenzó a proceder con la operación. Tomó un bisturí, imbuyéndolo en chakra, y comenzó. Iban a ser duro intentar quitarle a la pequeña niña de siete años aquellos insectos explosivos que absorbían poco a poco su chakra.

-ooo-

Horas después, la joven de ojos azules se recostó contra la pared de la clínica y suspiró con una gran sonrisa. Lo había conseguido, había conseguido extraer los insectos y los había metido en frascos para poder analizarlos mejor. Desde que Iwa había declarado aquella rebelión, había montones de trampas en ambos lado de la frontera.

La niña descansaba en esos momentos en la camilla, bajo la atenta mirada de sus padres.

Se llevó una mano dentro del kimono de entrenamiento sencillo que llevaba y sacó una caja metálica. Tomó uno de los cigarrillos que había en su interior y con una cerilla lo prendió. Exhaló el humo de forma tranquila, relajándose. Agradecía que su cantidad natural de chakra fuese tan elevada, al menos su cuerpo no sufriría mucho después de seis horas de operación.

-Cuantas veces te he dicho que estás tomando un mal hábito, ¿eh?-Una voz resonó en sus oídos-Juntarte con tu tío te está mal influenciando.

-Vamos tía Karin, acabo de salvarle la vida a una niña-Comentó con una suave sonrisa, echando la ceniza en un pequeño cuenco-Le he sacado esas cosas de las piernas.

Señaló los frascos que contenían a lo que parecían dos gusanos blancos, manchados aún con un poco de sangre.

-Cada día te vuelves más increíble Hana. Realmente agradezco haberte cogido como segunda doctora, entre tus primos y la casa, no daba abasto.

Karin había entrado en su clínica de la mano de un niño de pelo rojo fuego y ojos aguamarina, que llevaba una pequeña marioneta entre sus manos. La Uzumaki mayor seguía manteniendo aquel extraño peinado liso en un lado y erizado en el otro, aunque en ese momento lo llevaba recogido en un moño, dejando su flequillo caer por su rostro sin llegar a taparle los ojos de un ávido color fuego.

-Buenos días Fudo-kun, ¿qué tal va Kamome?-Preguntó Hana con una sonrisa-Y no hace falta agradecer, prefiero estar aquí que un hospital. Aprendo muchas más cosas.

-Papá y yo estamos montando su cuerpo ahora, pero yo quiero que tú le metas cañones en los brazos que puedan disparar senbon-Comentó el niño con una sonrisa emocionada.

-En todo caso, te daré un bote con senbon para que tu padre los meta, hace tiempo pedí a Suigetsu-san que me enviara los cañones reforzados…Aunque no creo que sepa quién soy.

-De todas formas el tiburón nunca es que haya tenido muchas neuronas. Hiciste bien en pedirlos bajo tu pseudónimo, llega a ponerlo Kankuro y seguro que tarda mucho más tiempo…

Karin cerró su puño, dejando ver que a pesar del paso del tiempo y la gigantesca distancia, su rivalidad con Suigetsu se mantenía. Hana soltó unas cuantas carcajadas y terminó de fumar. Soltó la última bocanada de humo y la mujer pelirroja le comentó:

-¿Qué tal vas con el libro?

-Bastante bien, solo debo visitar un par de lugares más y creo que ya podré promocionarlo.

-Ya lo veo, Ardiente deseo: Crónicas por Haraiya Ikamuzu, la primera saga erótica para mujeres-Se carcajeó Karin-Te puedo asegurar que Temari será una de las primeras en comprarlo cuando llegue a Konoha.

-Más de una pienso yo que lo comprará-La siguió Hana-Para cuando vuelva a la aldea, haré una firma de libros para verles las caras de…

Hubo una súbita explosión de humo en el lugar y encima del escritorio apareció una babosa con una túnica morada y fumando una larga pipa.

-¿¡Qué mierda estás fumando, mocosa!?-Katsura le dio un golpe con la pipa a Hana en la cabeza-Cigarrillos, cigarrillos…¡Te voy a moler a palos!

-¡Katsura-bāchan! Tardaste más de un año en volver, ¿eh?-La Uzumaki se sobó la cabeza-Y no pierdes la costumbre de darme, maldita vieja del…

-No sigas esa frase si no quieres que te dé una paliza, niñata. Y he tardado lo que tenga que tardar. Ahora, tienes algo que enseñarme…

Karin y Fudo, al igual que Katsura, vieron la enorme sonrisa socarrona que se pintó en los labios de Hana. La chica se llevó una mano a la frente, echándose el largo flequillo hacia atrás.

Allí, en la tostada frente de la Uzumaki, un diamante morado se había formado a la perfección.

-¿Dudabas de que no lo consiguiese?

-Hana…Eso no es…no es co-como…

-Sí, muchacha, es el Sello Yin. Y esta niña boba ha conseguido formarlo en un año-Katsura pareció componer una sonrisa orgullosa-Ni Tsunade-chan, ni su discípula lo consiguieron formar tan rápido…Ahora es el momento de que termines tu entrenamiento conmigo.

Los ojos de Hana brillaron emocionados y se puso en pie.

-Tía Karin, gracias por dejarme ayudarte durante todo este tiempo en la clínica-Hana hizo una reverencia-Ha llegado el momento de que vuelva al bosque.

-Sabía que algún día me dirías eso…Aunque sé que pronto nos veremos, te recuerdo que tienes una promesa que cumplir…

Karin tomó por los hombros a Fudo y este miró extrañado a su madre.

-Por supuesto, dame un par de años, volveré.

Dicho eso, Katsura saltó al hombro de la joven Uzumaki y ambas desaparecieron en una nube de humo. Al reaparecer en el Bosque Shikkōtsu, lo hicieron en la cabaña que habitaba la chica. Encima de la mesa baja, había un gran pergamino de tonos ocres y azulados.

-Siéntate-Obedeció lo que dijo la anciana-Ha llegado el momento de que te enseñe algo que ni siquiera Tsunade-chan ha visto.

-¿Qué es Katsura-bāchan?

-Aquí, frente a ti…Se encuentra el pergamino que solo mi querido Hashirama-chan vio y dominó al completo…

Al escuchar el nombre del primer Hokage, Hana llevó su mano al colgante de cristal que llevaba en su cuello.

- …y yo te ayudaré, junto a Katsura-bāchan, a dominarlo a la perfección.

Al darse la vuelta, Hana vislumbró a Katsume en la puerta. Tenía un gran tamaño pero estaba segura de que podía cambiarlo a su gusto.

-Katsume…

-Vamos, después de todo soy tu invocación, tengo que estar ligada a ti.

Hana sonrió a modo de desafío y miró el gran pergamino, abriéndole con cuidado. Algo que solo el primero había visto y dominado.

Y ahora ella también lo conseguiría.

-Shannaro!-

Las calles de Konoha estaban cubiertas de hojas de tonos pardos, acordes a la estación en la que se encontraban. La noche caía oscura y solo la luna se alzaba en su forma completa en el cielo. Recortadas contra ella, dos siluetas se encontraban sobre un tejado.

-¿Estás segura de que estos objetos me servirán?

-Estoy más que segura.

-Confío en ti, Honō.

Midori, aún con los ojos vendados, supo que el rostro de su acompañante estaba iluminado de la emoción. Honō, que llevaba un gran pergamino sujeto en su espalda baja, sonrió socarrona y comenzó a hacer sellos de manos.

Desaparecieron al instante y aparecieron frente a una mansión. Con sigilo, entraron en ella y Honō se separó de Midori, yendo al directamente al sótano.

-Haz lo que tengas que hacer mientras yo los tomo, estoy segura de que porque uses el Sharingan una vez más, tu visión no puede ser peor de lo que ya es.

La Uchiha se retiró el vendaje de los ojos y sus ojos se iluminaron con su característica forma de Mangekyō Sharingan. Recuperó la visión y comenzó a andar por la casa. Sabía que aquello la traería graves consecuencias después, entre ellas un dolor que le recorría la cabeza durante horas, pero la situación lo ameritaba.

No siempre se volvía a casa después de siete años.

En total y absoluto silencio subió las escaleras, recorriendo cada centímetro de la barandilla con un dedo. Paseó por el pasillo superior, hasta llegar al cuarto de Mikoto. ¿Cuánto habría crecido? ¿Tendría el pelo más largo que ella? ¿Querría ir con ella, salir de todo aquello del clan? Al entrar, vio todo absolutamente vacío. Abrió armarios, viendo cómo la ropa de su hermana no estaba allí, ni tampoco las fotos que siempre había tenido encima del pequeño escritorio. Encima de esa mesa de caoba, había un bandana ninja, con una cinta roja. La tomó entre sus manos y la apretó con fuerza, guardándola dentro de la chaqueta negra que llevaba. Empuñó su katana y apretó la mandíbula.

Salió del cuarto sintiendo cómo la rabia comenzaba a recorrerla. ¿Dónde estaba su hermana pequeña? Comenzó a desprender chakra Raiton, haciendo que se escuchasen algunos chasquidos por la forma en que el chakra sonaba al chocar contra las paredes.

Sasuke se levantó de golpe, sudando. ¿Qué era ese chakra tan extraño? Podía reconocerlo, pero era imposible. Miró a Sakura, que dormía profundamente ajena a todo…Había tenido un duro día en el hospital, se la podía ver en las marcas amoratadas que tenía bajo los ojos, aparte de que últimamente no dormía bien.

Cerró los ojos un momento y de pronto sintió el filo de un espada en el cuello. Al abrirlos, el diseño de un Sharingan circular con tres puntos, bastante similar al de Madara Uchiha.

-¿Dónde está Mikoto?-La voz de Midori salió algo áspera-¿Dónde coño está mi hermana pequeña?

-Midori…Es un gusto volver a verte, querida-Susurró Sasuke sin moverse, con voz un tanto socarrona-¿Por qué quieres saber el paradero de tu hermana?

-No te burles de mí, es la única que me importa de esta jodida y envenenada familia-Apretó un poco más el filo contra el cuello del mayor-¿Dónde está?

-¿Envenenada familia? Eso mismo somos…Y jamás te lo diré, ahora ella está a salvo-La sonrisa del hombre se volvió igual que su voz-A salvo de ti, de mí y de, cómo tu misma has dicho, esta envenenada familia…

El chakra de Midori se intensificó a su alrededor y Sasuke realmente temió por su cabeza. Sin apartar el filo del cuello de su padre, Midori dio la vuelta a la cama y se acercó a su madre. Con una sádica sonrisa se pronunció:

-¿Qué tal le vendría a mamá…?

-Ni se te ocurra.

La voz de Sasuke dejó de sonar socarrona para sonar de forma fiera. Sabía lo que su hija tenía en mente.

-¿Quién me lo impedirá? ¿Tú?-Se carcajeó-Veamos qué tal le sienta…Tsukuyomi.

Aquel susurro salió suave de su boca y de inmediato, los ojos verdes de Sakura se abrieron de golpe, observando los de su hija. El Sharingan derecho de Midori giró sobre sí mismo y después comentó:

-Buenas noches, mamá…

Sasuke se deshizo del filo de la katana con su propio brazo y le dio una fuerte patada a Midori que la lanzó a través de la ventana. Activó el Mangekyō Sharingan Eterno, saltando él también por la ventana. Itachi e Ichiro llegaron de inmediato al cuarto de sus padres. El chico de pelo rosado examinó a su madre, que parecía en shock completo por culpa del potente genjutsu. Pero lo que vio Itachi al mirar por la destrozada ventana, no le gustó ni un pelo. Sobre todo cuando aquellas llamas negras que reconocía cómo el Amaterasu estaban haciendo arder el jardín delantero.

-¡Mira tus ojos! ¡Te estás quedando ciega!-Bramó Sasuke a su hija-¿Qué harás cuando eso ocurra?

Itachi bajó de un salto junto a su padre y este le hizo una señal con la mano para que no interviniese. Las llamas negras estaban arrasando todo.

De pronto, Midori prorrumpió en histéricas carcajadas. De su ojo izquierdo salía un enorme camino de sangre.

-¿Qué haré yo?-Chilló entre risas, deteniéndose segundos después-Qué haré…No creo que te importe mucho cuando estés muerto.

Fue en ese momento en el que Honō observó, mientras salía de la mansión Uchiha, cómo un esqueleto enorme se formaba alrededor de Midori. Su color púrpura lo caracterizaba. ¿Cómo había podido adquirir aquella técnica? Vio el rostro de la chica, impregnado de los caminos de sangre que bajaban de sus ojos.

-¡Midori detente, no debes luchar!-Gritó desde su posición.

-Duele…¡Pero este dolor es placentero!-Midori se miró las manos, haciendo que el esqueleto la imitase-Me siento…poderosa.

-¡Itachi, atrás!

Itachi obedeció a su padre casi a tiempo, pues Midori movió una de sus manos asestándole un golpe a Sasuke. Éste se protegió del impacto creando la caja torácica de su Susanoo.

-¡Detente Midori!-Le ordenó el Uchiha mayor-¡Lo único que conseguirás es…!

-Cierra la boca por una puta vez Itachi.

Sin que ninguno se lo esperase, Midori tomó a su hermano con una de las enormes manos de su Susanoo incompleto y le lanzó hacia la calle, haciendo que se estampara contra un muro.

-Si por mi fuera os mataría a todos en este mismo instante-Masculló con una sonrisa astuta Midori-Os haría pagar todo lo que nos hicisteis pasar…¡Os desmembraría uno por uno!

-¡Sasuke!

Midori se giró justo a tiempo para ver cómo Naruto llegaba al lugar con un escuadrón de ANBU. Dicha distracción la aprovechó el líder del clan Uchiha para golpear a su hija con su Susanoo y enviarla lejos. Honō se movió velozmente de tejado en tejado y la capturó en el aire.

Un alarido de dolor salió de la garganta de la chica de diecinueve años. El Susanoo incompleto había desaparecido en su trayectoria y ahora no veía absolutamente nada. Y para colmo, el dolor palpitante que le recorría el cuerpo la impedía casi moverse.

Tsunade, que estaba entre los ANBU, miró a su ahijada. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral al ver su rostro lleno de sangre y su sádica sonrisa a pesar de que sabía que estaba agonizante por el dolor de su cuerpo.

Lo único que pudo susurrar antes de ambas desapareciesen, fue:

-¿Qué te ha ocurrido, Midori?

-Shannaro!-

La tormenta de nieve que acechaba la frontera del País de la Tierra con el País del Rayo era peligrosa aquella noche. Kurotsuchi se mantenía con la vista fija en su objetivo, la gran puerta que servía cómo control fronterizo entre los países.

-Madre…

-Cállate Takara, esos malditos me las pagarán todas juntas.

-Kurotsuchi-sama…Va a provocar una masacre…

-…no solo van a morir ninjas…

-¡Cerrad el pico!

La actual Tsuchikage se dio la vuelta enfurecida. En sus ojos rosáceos se podía ver una chispa de locura o quizás de desesperación. Durante aquellos años, se había vuelto de lo más desconfiada y todo gracias a Honō, la cual actuaba como su consejera actual.

Shitsuchi, Aotsuchi y Takara se miraron entre ellos con miedo. Se mantenían los tres muy juntos, los chicos se aferraban a la mano de la chica como si fuera su salvavidas.

-Me devolverán lo que es mío, ¿os enteráis? Y no pararé hasta que…-Una chispa iluminó aún más sus ojos-Esperad, vosotros…

Se dio la vuelta, apretando la mandíbula. Algo no iba bien.

-Hace más de dos semanas que no os he visto…

-Estuvimos en las montañas, madre, de misión-Se defendió Takara.

-Yo no os mandé a ninguna misión…

-Pero si tu conseje…

-¡Honō está fuera de Iwa desde hace un mes o más! ¡No mientas!

Se quedaron en silencio y ahí fue cuando Takara temió por la salud mental de su madre. De pronto, dos ANBU se posicionaron a cada lado de la cuarta Tsuchikage y ella les preguntó:

-¿Estaréis a mi lado en esto o no?

-Madre, no pienso permitir que cometas esta masacre.

-¿Te estás rebelando contra tu propia madre?

Takara tragó saliva y asintió, llenándose de valor. El valor que había adquirido en el último año junto a la resistencia de Iwa, de la cual era la líder.

-Exacto, te están envenenando, tus aliados simplemente te están usando cóm…

Kurotsuchi le asestó un bofetón a su hija, dejándole una marca rojiza en la mejilla.

-¿Cómo te atreves, niña insolente?-Los ojos rosáceos de Takara se llenaron de lágrimas-Te he pasado por alto muchas cosas, cómo que estuvieses liada cómo una ramera con ellos dos-Señaló a los gemelos de pelo azul-Pero esto no lo permitiré. Te daré un última oportunidad…¿Vas a luchar a mi lado?

Fue ahí cuando Takara se impuso cómo líder que era.

-¡Nunca estaré de tu lado si eso significa acabar con gente inocente! ¡Detendré esto cómo sea!

Los gemelos comenzaron a tironear de su compañera cuando vieron que más ninjas de Iwa se apelotonaban tras la Tsuchikage. Kurotsuchi miraba con dolor a su única hija y cuando habló, lo hizo con lágrimas en los ojos y voz furiosa:

-Por la presente, Takara, Shitsuchi y Aotsuchi de la Roca…Sois considerados traidores a vuestra aldea desde este momento y seréis perseguidos hasta que acaben con vosotros.

El grupo de jōnin tiró tres bombas de humo y comenzó a escapar de la base secreta dónde se encontraban. Un grupo de ninjas les seguía muy de cerca, por orden de la Tsuchikage.

Kurotsuchi volvió a mirar al frente, con las manos entrelazadas, analizando el terreno que en unas cuantas horas atravesarían para atacar Kumo.

La verdadera guerra acababa de empezar.


Wow, hasta yo estoy sin palabras. Y debo decir que me ha emocionado escribir la parte de los Uchiha. En el próximo capítulo, veréis las consecuencias de ese ataque.

Ahora me despido, que llevo un poco de prisa! Espero vuestro preciados reviews(;