¡Hola! Es un gusto volver en un tiempo corto para mí. Mis vacaciones por fin comienzan, así que tendré tiempo de volver más seguid por aquí con esta historia :D muchísimas gracias por todo el apoyo brindado, ya que he estado viendo que cada vez más y más personitas se animan a comentar, espero que siga siendo así :3

Responderé sus hermosos comentarios al final del capítulo.

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Capítulo 25.- Un atisbo de memoria.

—Vaya sorpresa. Vengo a reencontrarme con mi hijo mayor y me encuentro con la noticia que no sólo tiene un trabajo y una vida estable, sino que vive contigo. ¿Quién lo diría? —Loki forzó una sonrisa mediana mientras se sentaba en el sofá de una plaza.

La llegada de Odín a Nueva York, y más precisamente a su casa—con una maleta—no le terminaba de caber en la cabeza. ¿Por qué había aparecido de repente, después de tantos años? Había un asunto serio detrás de la historia, y él lo sabía perfectamente. La pregunta era: ¿Qué?. Había habido un abrazo forzado entre ellos, o al menos de su parte. Después la sonrisa y los abrazos fuertes y varoniles a los que estaban acostumbrados en Asgard fue el que se llevó a cabo entre Thor y su padre. Porque Loki no lo consideraba como suyo. No estaba escuchando para nada la conversación entre esos dos hombres, así que para no verse como una estatua, se puso de pie y fue por el té.

Se agarró a la alacena y se recargó, suspirando y cerrando los ojos. La idea de ese hombre de nuevo en su vida no acababa de caerle encima. Era bastante gris y retorcido para ser verdad. Pero ahí estaba el padre de todo, en su sofá favorito, platicando con su hermano. Y sobre todo, ahora que llegaba para quedarse quién sabe cuánto tiempo, dudaba que las cosas entre él y Thor pudieran arreglarse. Pero, ¿de verdad se podía? ¿En serio podían hacer algo por su relación? Porque él estaba comenzando a sospechar que toda la magia estaba desvaneciéndose entre sus inseguridades, sus miedos, y porqué no: el rencor del pasado. Por otra parte estaba Thor y su nula comprensión.

El sonido de la tetera lo distrajo, y acomodó tres tazas y platitos de porcelana fina en una bandeja de plata, a conjunto con cucharas y el azucarero. Sacó algunas galletas y luego acomodó la tetera y las bolsitas de té. Se le quedó viendo fijamente a la forma en que había acomodado todo, tan perfecto y elegante como Frigga le enseñó en su juventud. Se odió a sí mismo por eso. No por ella, sino por Odín. Él, que nunca se fijó ni siquiera en los intentos que él hacía por ser perfecto, en el empeño que ponía en la escuela por sobresalir, en sus esfuerzos de igualar el cariño. La forma de buscar sus ojos y encontrar mirándolo. Hubiera sentido tanto orgullo si lo hubiera hecho al menos una vez.

Pero ésta vez sintió repulsión y un sentimiento amargo cuando Odín cruzó miradas con él y luego con la bandeja que llevaba en las manos. Sus ojos azules siguieron sus movimientos hasta que él acomodó todo en la mesilla de la forma en que su madre le había enseñado. Hubo un largo período de silencio, y él se sintió incómodo y frustrado. Procuró no sentirse agobiado ante la presencia de un hombre que había formado parte de sus horas más amargas. Lo que quería era gritarle, reprocharle, darle un puñetazo. Pero no lo hacía por respeto a Thor.

—Tal como Frigga. Hay cosas que cuando se aprenden no se olvidan. —sonrió su padre, mirándolo con intensidad mientras tomaba su propia taza y echaba dentro la bolsita saborizante. Thor y Loki imitaron sus movimientos de forma mecánica. No lo había notado, pero el rubio también parecía tenso ante alguien tan imponente.

—¿Cómo está ella? —su lengua se movió ansiosa tras cada palabra que salió de sus labios, regañándose después por el tono de voz que delataba su estado. Ella era la única persona que en verdad extrañaba. Deseaba poder abrazarla fuerte, decirle que la amaba y que la perdonaba, porque era su madre. Ella sí lo era. Evitó aquella intensa mirada clavada en él y se concentró en echar dos cubitos de azúcar a su té y mover constantemente.

—Ella está muy bien, quería venir conmigo para verlos. Sobre todo a ti, Loki. —fue cuando sus miradas chocaron y Loki percibió un deje de tristeza en esos ojos que durante mucho tiempo habían parecido de yeso. Algo estaba mal—. Pero hace algunos meses cayó enferma de gravedad, estuvo en el hospital mucho tiempo y-

—¿Por qué no nos avisaste? —preguntó con tono alarmante y con cierta brusquedad. Su padre lo miró y alzó el mentón como él bien recordaba. Era el gesto que hacía para imponer su voluntad ante los demás cuando iban en su contra. Guardó silencio entonces, todavía con la respiración acelerada. Thor no se movió ni un centímetro de su lugar, casi respirando entre lapsos grandes de tiempo. La tensión se percibía.

—… Ya está mejor. Desde hace un par de meses que volvió a casa. —prosiguió como si aquella pregunta jamás hubiera sido lanzada—. Sigue un tanto indispuesta, y un viaje tan largo como el que he hecho la agotaría de sobremanera. Me ha pedido que los buscara para ver cómo estaban, ya que ustedes no se han dignado a aparecer desde hace años. —soltó con cierto reproche. Sorbió un poco de su té y volvió a intercalar miradas entre ambos—. Me quedaré algunos días para tener información sólida que darle a su madre. Quizá una semana, o menos. Sólo estoy de paso. —

Y Loki lo miró largamente, buscando entre sus palabras algún indicio de mentira. Obviamente no lo encontró, pero sí se dio cuenta que Odín estaba ocultando algo. La verdadera razón estaba oculta tras esos ojos que lo miraban fijamente, como cuchillos afilados.

¿Qué quería Odín de él?

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La inagotable Pepper.

Así solía llamarle algunas veces Tony cuando la veía trabajando hasta altas horas de la noche. Era agotante, sí. Era cansado, estresante tratar con alguien como Stark. Pero también tenía el lado divertido. Pepper estaba continuamente con ojeras, moviéndose de un lado a otro y atendiendo llamadas, con la agenda en el antebrazo persiguiendo a Tony para acudir a sus citas pendientes. Pero también estaba conectada con todas las noticias, chismes de oficina, fiestas, viajes a otros países por negocios. Y aquello lo hacía porque le gustaba. Y Tony era insoportable casi todo el tiempo, sí, pero era su amigo. Su salvador. Y ella haría cualquier cosa por él.

Así que ahí estaba llenando el informe que supuestamente era responsabilidad de Tony, pero de él ni su sombra. Llamó incontables veces a su celular, pero estaba—casualmente—apagado. Una vez se comunicó a la Torre, pero Steve contestó amablemente que iba camino a la oficina, y ella totalmente apenada se había disculpado por gritarle pensando que era el inconsciente de su jefe. Pero ya habían pasado dos horas de esa llamada y el CEO no aparecía. Tampoco creía que le hubiera pasado algo malo.

Suspiró mientras acomodaba un informe y lo colocaba dentro de un folder. Lo dejó a un lado y siguió tecleando hasta que tuvo que detenerse. No podía terminar el balance de Industrias Stark si no tenía todos los datos. Y precisamente los que faltaban eran los de Obadiah Stane. Ese hombre no le gustaba para nada. Siempre la había intimidado de una forma en que no podía ni quería estar cerca de él a menos de cinco metros. En parte era un alivio que no se hubiera presentado en la oficina desde hace dos días. ¿Dónde estaría? La verdad es que no le importaba. Pero ahora sí porque sus papeles eran relevantes para la junta de fin de mes.

Suspiró y arregló su falda recta, bajándola un poco más entre tirones suaves. No le gustaba la forma en que él la miraba cuando estaba cerca. Abrochó todos los botones de su camisa y sin importarle sentirse sofocada por tanta presión en el cuello, entró al elevador y bajó dos pisos hacia la oficina de aquel sujeto. La secretaria le informó que no estaba, y cuando ella pidió los informes de Obadiah, ella no supo decirle dónde estaban. Entró a buscarlos por sí misma a pesar de las tantas trabas que la secretaria pálida le puso, pero haciendo uso de ser la mano derecha del presidente y de la influencia que podía ejercer en sus decisiones—estaba chantajeándola—la mujer por fin la dejó entrar.

La oficina era lúgubre a pesar de que un ventanal tras el escritorio alumbraba todo el lugar. Los muebles color caoba hacían juego con los sillones blancos. La alfombra de oso hizo que un escalofrío la recorriera. Pero se concentró en los papeles que había ido a buscar. Tomó asiento en la silla principal frente al escritorio, buscando entre sus papeles los informes que necesitaba. Sin quererlo le dio un suave empujón al teclado de goma y la pantalla plana de la computadora se encendió. Estuvo a punto de volver a bloquearla, pero leyó algo que la detuvo.

—¿Proyecto ZM? —se cuestionó en voz alta ante el nombre de la carpeta. Iba a dejarlo pasar y seguir buscando, pero la curiosidad la incitó a dar doble click sobre el nombre. Un cuadro con contraseña se abrió. Buscó en el bolsillo de su falda algo que pudiera servirle, y encontró el decodificador que Tony le había dado. Respiró profundo mirando hacia la puerta cerrada, y se dijo a sí misma que checaría rápido y luego se iría. El decodificador descubrió la contraseña al momento que ella lo conectó. La carpeta se abrió mostrando documentos diferentes, y en su mayoría, vídeos. Movió sus dedos sobre el teclado de goma y comenzó a reproducir uno, sin volumen para no ser escuchada. Sus ojos se abrieron ampliamente cuando reconoció la cara de Obadiah en el vídeo, y después otro hombre, sentado frente a él. Parecía de otro país. Entrecerró los ojos y adelantó la cinta. Ellos unían su mano como cerrando un contrato. Dando un vistazo más a la puerta, metió ésta vez su USB y copió todos los archivos de la carpeta que abrió.

Dejó que la maquina trabajara, deseando que acabase ya de copiar todos los datos que tenía ese hombre ahí. Mientras tanto se dedicó a buscar los informes y algo que pudiese servirle, aunque no sabía qué estaba buscando. Siempre había desconfiado de ese hombre, pero creía que ésta vez estaba exagerando. Iba a cancelar la copia de los archivos, pero algo dentro de ella emergió negándoselo. Encontró finalmente los informes y volvió su vista a la computadora. Los archivos se habían acabado de copiar.

—¡Vaya, vaya! ¡Miren a quién tenemos en esta humilde oficina! —la voz que resonó fuerte y demandante desde la puerta, alertó tanto a Pepper que la hizo brincar en el asiento. Sus ojos viajaron rápidamente a Obadiah y su corazón se detuvo. Sus manos temblaron ligeramente. Ella le sonrió forzadamente, presa del pánico—. Mi secretaria me dijo que estabas aquí buscando unos informes, ¿los has encontrado? —cuestionó acercándose al mini-bar que tenía al lado de la puerta de entrada. La rubia agradeció eso. En cuanto él le dio la espalda ella cerró todas las ventanas abiertas.

—Los estaba buscando, pero creo que son estos.—señaló un folder con papeles dentro. El hombre calvo la miró desde su sitio, y le sonrió negando con la cabeza—. Juraría que lo eran. —mencionó falsamente apenada, obviamente había señalado la carpeta incorrecta. El hombre tomó su vaso con licor y se acercó a ella, dejándola inmóvil en su sitio. Se detuvo a medio camino, reflexionando.

—Soy muy maleducado, lo siento. ¿Quiere un trago, señorita Virginia? —ella iba a negar como siempre lo hacía, pero ésta vez, se dijo, era importante ganar tiempo para retirar lo demás. Aceptó con un suave asentimiento de cabeza, y cuando él se giró para servir su trago, ella aprovechó para quitar el decodificador y la USB y meterlas en su bolsillo rápida y sigilosamente. Bloqueó la pantalla del computador y estuvo a punto de levantarse, pero él desde su posición le negó con la mano, acercándose.

—No se levante, Virginia, no hace falta. Usted se ve muy bien ahí sentada. Me atrevo a decir que parece más CEO que Tony. —mencionó con diversión. Potts se vio obligada a reír intentando que su risa no sonara lo bastante falsa para demostrar su incomodidad. A cada paso que él daba en su dirección, más quería ella alejarse. Entonces rodeó el escritorio y observó la pantalla y luego a ella. Estudió todo el lugar, como si supiera que Pepper estaba guardando algo. Al no encontrar nada simplemente le sonrió y se sentó en la orilla del mueble de caoba—. Ah, Tony siempre rodeado de las mejores cosas. —sonrió bebiendo de su vaso, pasándole el suyo a la rubia. Ella tardó en aceptarlo, pero terminó por tomarlo entre sus dedos, indecisa—. Si no te gusta la bebida puedo cambiarlo, no hay problema. Aunque aquí entre nos, es la mejor que tengo, así que no puedes decirle que no. —le sonrió de medio lado, pasando sus ojos por su cuerpo y deteniéndose en sus piernas que—gracias al cielo—estaban cubiertas en su totalidad por la falda.

—Simplemente creo que no es correcto que tome licor en mis horas de trabajo, licenciado Stane. No debí aceptar el trago. —se mostró falsamente arrepentida, como si de verdad lamentara no poder beber a su lado. Lo que lamentaba era simplemente no poderle arrojar el líquido a la cara o romperle el vaso en la cabeza brillante. Él asintió.

—Tiene razón, señorita Virginia. Discúlpeme usted a mí. ¿Sabe? —preguntó, acomodándose un poco más cerca de ella, todavía sentado sobre el escritorio—. Es usted una mujer muy inteligente, eficiente y hermosa. Su grado de paciencia es algo de valor. Tiene mucho porte y personalidad, y el color de sus ojos es brillante y cegador. Quizá Tony no la merezca. —y colocó su mano sobre el hombro de ella, haciendo que el contacto quemara y ella quisiera en verdad picarle los ojos con el bolígrafo. Simplemente sonrió, sin poder decir nada—. ¿Por qué no cambia de puesto por un tiempo? Para relajar la tensión y el estrés, ya sabe. Puede trabajar conmigo un tiempo, seguro que Tony se las arreglará solo. —y se acercó tanto de un modo que ella tuvo que impulsarse un poco hacia atrás para que él no violara su espacio personal. Estaba buscando las palabras correctas para negarse, pero no necesitó hacerlo.

—¿Qué hacen ustedes dos? —la voz de Tony rezumbó de la misma forma que había echo la de Obadiah cuando entró, pero la suya no hizo sino causarle alivio a Pepper. Ella le miró casi agradecida ante la ceja levantada de Stark—. ¿Qué? ¿Acaso están confabulando en mi contra, traidores? —cuestionó con diversión mientras se acercaba y el hombre calvo finalmente retiró su mano del agarre sobre ella. Se saludaron con un fuerte abrazo, mientras Pepper sutilmente se ponía de pie con los informes en la mano.

—En realidad sí. —mencionó él con obviedad—. Le estaba proponiendo dejarte un tiempo, por un mes al menos. Ya sabes Tony, ella está muy estresada por tus inconsistencias la mayor parte del tiempo. Necesitas hacerte responsable de la empresa, es tu obligación. Ella puede estar conmigo aquí. La tendrás dos pisos debajo de tu oficina por cualquier cosa. —y pasó un brazo por sus hombros, pero la sonrisa del millonario se desvaneció.

—Ni lo pienses. —le dijo rudamente. Se volvió hacia Pepper—. Tú tampoco. —la señaló, pero pasó desprevenido totalmente de la mirada de alivio de ella—. No pienso compartir a mi asistente personal y amiga con nadie más. Ella vale oro, más que cinco o seis secretarias juntas. Obi, tengo que denegar esa opción. Pepper se queda conmigo y punto. —y hablaba con un tono juguetón, pero lo empleó para hablar en serio. Él frunció el ceño descontento, pero no comentó nada.Sólo siguió con la vista la mano posesiva de Tony colocada firmemente sobre la espalda de la rubia, aventándola suavemente hacia la puerta. Ambos desaparecieron tras el roble.

Rugió con fastidio. Tony no podía proteger por siempre a esa chica. Y estaba seguro que más temprano que tarde, Virginia Pepper Potts sería suya.

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—¿Ya te sientes mejor, Jarvis? —preguntó mientras le acomodaba las almohadas detrás de la espalda para que el hombre quedase sentado en la gran y acolchonada cama. Acomodó también las cobijas y retiró la charola con patitas de la cama. Él le asintió.

—Muchas gracias señor Rogers, me siento muy apenado con usted. —contestó algo avergonzado. El rubio le había llevado la comida, y no solo eso, le había puesto el aire acondicionado y le ayudó a bañarse y ponerse ropa limpia. Estaba plenamente agradecido—. Es usted un hombre muy bueno. —reconoció.

—Nada de eso, Jarvis. —le restó importancia con un gesto de la mano mientras tomaba asiento a su lado. La indecisión se marcó en su rostro, pero finalmente se decidió a preguntar— ¿Habías tenido este tipo de ataques antes? ¿Dolor en el pecho? ¿Mareos? —pero el mayordomo negaba ante cada pregunta. Él simplemente se quedó callado. Jarvis se acomodó mejor sobre su lugar, algo indeciso también.

—Señor, ¿puedo hacerle una pregunta personal? —y Steve le asintió con una tenue sonrisa— ¿Qué siente usted por el señor Stark? ¿Qué piensa de él? —lo miró esperando una respuesta, con sus intensas gemas grises. Steve abrió la boca y la cerró, sin poder hablar. Esperó una pregunta de cómo era su tiempo, su familia, el paisaje en 1800 quizá, pero no eso. No explicar lo que sentía por Tony. Porque poniéndose a pensar sobre ello, él tampoco lo sabía.

—Bueno, Tony es… —comenzó dubitativamente—. Es un hombre despreocupado, narcisista, egoísta e histérico. La mayor parte del tiempo creo que no le importa lo que les pase a los demás con tal de que él esté bien, pero a veces veo qué bien se ha portado con algunas personas. Luego pienso que es amable con aquellos con los que le interesa serlo, pero entonces descubro que va más allá de eso. —guardó silencio por un momento, con sus ojos azules fijos en las cortinas cerradas. Se sintió abrumado, como si acabar de confesar aquello le hubiera quitado un peso de encima. Sí, pensaba todo eso de Stark—… no lo sé. Es un desastre. —mordió su labio inferior dirigiendo su mirada afligida hacia el mayor.

—Tiene razón en todo, señor Rogers. El señor Stark es todo eso, justamente. —sonrió ligeramente—. Pero también es un hombre fuerte, que ha pasado por muchas adversidades. Ha cometido muchos errores, pero es valiente. Se arriesga por aquellos que ama. —lo miró largamente mientras las pestañas de Steve revoloteaban sobre sus ojos caídos. Jarvis apretujó un poco las sabanas y luego se relamió los labios antes de hacer la siguiente pregunta:—. Cuando el Doctor Banner recomponga el control, ¿se irá? ¿volverá a su época? —un tenso silencio se instaló entre ellos, en medio del cuál, el rubio evitó a toda costa encontrarse con los ojos conocedores del mayordomo.

Steve se quedó viendo a un punto fijo para responder él mismo aquello. Anhelaba más que nada volver con su familia, abrazar a sus tíos y ver a Peggy y a Bucky. Por otra parte, el siglo XXI lo había recibido de maravilla cruzándolo con personas como Tony, Jarvis, Thor, Loki… los había aprendido a conocer y querer. Su tío lo obligaría a casasrse con otra mujer. Una duda surgió desde lo más profundo de su ser, ¿qué quería?, ¿dónde deseaba estar?, ¿con quién?

—Creo que deberías descansar un poco Jarvis. —evadió el tema con una sonrisa un tanto nerviosa—. Cualquier cosa que necesites no dudes en llamarme. —y como si tuviera algo pendiente por hacer, rápidamente salió de la recamara del mayordomo, dejando un tenso silencio que no se fue hasta que Jarvis decidió que la decisión final del militar dependerían directamente sólo las acciones que ocurriesen de ahí en adelante.

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Un jadeo mezclado entre el dolor y el sofoco invadió la sala. Tenuemente iluminada por una lámpara incandescente, daba un toque siniestro al frío lugar donde se encontraban.

—Lo preguntaré una vez más. —se acomodó los anillos de cada dedo, y luego abrió y cerró la mano en forma de puño. Envolvió un reloj alrededor de sus nudillos, y sus ojos verdes viajaron de nuevo al hombre que tenía sentado enfrente, amarrado con una soga que distaba mucho de estar floja. El hombre no podía ni respirar, pero poco le importaba—. ¿Por qué querías matarme? —le ordenó con voz profunda. El hombre levantó la vista y Natasha encontró determinación en sus ojos. Esto no sería fácil, pero ella tenía el don para persuadir gente—. Escucha, esto tampoco es divertido para mí. Entre más pronto me digas, más pronto saldrás de este lugar. —alzó su pie y lo colocó sobre la rodilla de ese hombre. Ejerció presión con el tacón de su bota hasta que él gimió de dolor—. ¿Para quién trabajas? —cuestionó suavemente.

El hombre ahogó un intento de risa que se mezcló con la sangre que salía por su boca. Sus ojos recorrieron el rostro de la espía, y se dio cuenta que ella era hermosa. Con el cabello rojizo y ese traje pegado, era una perfecta modelo. Lástima que su mirada fuera tan fría y sus métodos tan clandestinos. Intentó zafarse del amarre que a esas alturas estaba cortándole la respiración, pero sólo consiguió que aquella mujer le enterrara más el tacón en la rodilla, hasta hacérsela tronar. Se retorció y gritó de dolor mientras la veía con odio—. Hija de puta. —le siseó de forma brusca, con un tono de voz grave y escupiendo la sangre de su boca, como si pudiera alcanzar su rostro. Natasha le sonrió mientras bajaba el pie y ponía su mano sana sobre su cadera.

—Sólo estás tomando malas decisiones desde nuestro encuentro, pedazo de porquería. —y son borra la sonrisa de su rostro, ella sí que le escupió el rostro por tales palabras. En los años que llevaba sonsacando información de este modo, eran contadas con una sola mano las personas que se habían atrevido a insultarla. Recordaba aún al hombre de las costillas rotas, al viejo que le rompió el brazo. Ahogó una pequeña risa mientras tomaba con fuerza el reloj y lo envolvía de nueva cuenta en sus nudillos—. Hazlo como quieras, entonces. Me lo dirás más pronto de lo que crees. —y segundos después de terminar su frase, su puño se estampó contra la boca del sujeto haciéndolo gritar del dolor por el golpe. Escupió un par de dientes y luego cayó inconsciente.

Natasha se acercó a donde estaba y le palmeó el rostro. Sí, quizá se había pasado un poco. Comprobó que un intenso moratón verde comenzaba a surgir con rapidez por la zona donde ella golpeó. Se sentía culpable al ver toda la sangre derramada en el piso blanco. Culpa por la señora de la limpieza. Ella tendría que limpiar ese desastre.

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Cuando Tony Stark atravesó la puerta de su casa, notó inmediatamente a Steve tirado en el sofá con su cuadernillo de dibujos, concentrado totalmente en lo que estaba pintando. Ni siquiera lo había notado llegar. Sonrió un poco mientras se acercaba a paso lento, casi de puntillas.

—¿Cómo te fue en la oficina? —la voz masculina de Rogers inundó toda la habitación, haciendo que Tony resoplara molesto por su segundo intento fallido de espantarlo. A veces se le olvidaba que era un jodido militar entrenado. Steve levantó la vista de su dibujo y miró largamente a Tony mientras éste se desparramaba sobre el sofá de una pieza, más lejos. Lo vio asentir mientras se sobaba las sienes—. La señorita Pepper llamó temprano preguntando por ti. ¿No fuiste al trabajo? —lanzó la pregunta con un toque de enojo que no pudo evitar.

—No pensé que actuaras como una esposa celosa. —le contestó con una sonrisa por demás burlona. Steve lo miró ceñudo—. Sí fui, pero primero pasé a comer algo con Loki. —comentó vagamente recordando el día—. Fue espantoso. Nos encontramos a Thor comiendo con alguien más y se armó una escena tensa que, si no fuera por mí, habría terminado en gritos, celos, escándalo público y comida botada por todas partes. —sonrió, como si aquello le causara gracia. Bien, sí le causaba gracia.

—¿Una mujer castaña y bonita? —preguntó a su vez, enderezándose sobre el sofá y mirando curioso al castaño. Ignoró el hecho de que a Tony le parecía divertida una discusión en presencia de extraños.

—Sí. ¿La conoces? —evadió la palabra que Steve había utilizado para describir a la molesta periodista. No es que le hubiera caído mal, pero a él toda persona que tuviera que ver en el mundo de la farándula no le caía bien. Estaba contento con ser famoso y que todos lo admiraran, pero también necesitaba su espacio personal, y sus días de descanso como una persona normal. Pero ahí estaba ella acechándolo con preguntas ostentosas cuando él la llevó a su trabajo.

—La conocí un día que visité a Thor en el hospital. —murmuró. Sus sospechas habían sido ciertas, entonces. Ella lo quería. Y Thor no se daba cuenta. Los malentendidos generalmente se daban por esa clase de situaciones. Si el rubio de barba no aclaraba con ella que sólo la quería como amiga y que actualmente tenía pareja, iba a perjudicar muchísimas cosas, entre ellas su relación con Loki. Los ojos ansiosos de Tony buscaron las escaleras. Steve sonrió—. No te preocupes, Jarvis ha estado mejorando. Comió perfectamente bien y lo dejé dormido. —y suspiró profundamente mientras cerraba su cuadernillo.

—¿Qué dibujabas? —la curiosidad lo invadió. ¿Pudiera ser que…? Un pensamiento cursi y estúpido llenó su mente bloqueándolo por algunos segundos en los que Steve abrió su cuadernillo en la hoja donde había estado trabajando hacía algunos minutos. Su corazón se aceleró, pero cuando Rogers le mostró el rostro de la persona que estaba plasmando en papel, una ligera decepción lo cubrió. Era muy idiota al pensar que fuese él a quien estuviera dibujando. Steve tenía personas más importantes en su vida. Era un hombre de facciones masculinas, pero claramente guapo. El dibujo terminaba hasta sus hombros, pero era suficiente para ver que traía un traje militar y una gorra del ejército. Probablemente compañeros.

—Él es mi mejor amigo. —susurró con voz distante, mirando también el dibujo que acababa de hacer y que plasmaba la felicidad que él recordaba haberle visto un día en el campamento—. Bucky Barnes. Es el mejor hermano de armas que cualquier soldado haya tenido. Siempre tan fuerte y valiente, sin vacilar jamás. Mi apoyo, mi amigo. Creo que yo no hubiera llegado hasta donde estoy si no fuera por él. Lo conozco de toda la vida. —una sonrisa triste adornó su rostro—. Me sacaba siempre de las peleas y las riñas en que solía meterme.

—Compañero del ejército, ¿eh? —susurró a medias tintas mientras sus ojos color chocolate buscaban un punto en el espacio que no fuera ese hombre. Un pinchazo atravesó su pecho a la altura del corazón, pero se negó a creer que fuera algo tan estúpido como los... ni siquiera podía pensarlo. Simplemente le dolió recordar que Steve tenía personas más importantes en su vida—. ¿Lo visitarás cuando vuelvas a tu época?, ¿está en alguna misión? —trató de fingir interés para que el otro no fuera a enojarse por no escucharlo. No era su especialidad escuchar a los demás, pero si era Steve podía hacer una excepción. Además le interesaba saber más de él. Saber qué se escondía detrás de esas gemas azules.

—No, él… —hizo una pausa pequeña donde tragó la saliva acumulada. Se relamió los labios antes de contestar:—. Murió en batalla hace dos años. —apretó sus puños en un intento por estabilizar los recuerdos que tanto lo atormentaban y pugnaban por salir. Recordar le causaba tanto dolor como si estuviera de nuevo viviendo aquello. Ante el silencio de Tony, comprendió que él quería escucharlo—. Luchábamos contra los franceses en una batalla arriba de un tren de carga. Teníamos que parar el tren o se estrellaría en el pueblo, así que Bucky y yo hicimos todo lo posible junto con los demás. Un hombre nos interceptó a medio camino y comenzamos a luchar. Bucky trató de ayudarme, pero ese hombre le dio una patada y él salió volando por la puerta. —los recuerdos emergían al igual que sus palabras convertidas ya en susurros suaves—. Traté de ayudarlo, pero él resbaló antes de alcanzar mi mano, cayendo al vacío entre las nevadas montañas. —y el dolor fue tan palpable, que Tony sintió cómo también lo atravesaba—. Lo vi caer, y no pude ayudarlo… ese día ganamos la batalla, pero yo perdí a mi amigo. —sus manos temblaron ligeramente cuando él apretó sus rodillas—. Su cuerpo fue encontrado dos días después y enterrado en el mismo cementerio que mis padres. —y cubrió sus ojos con sus manos, apoyando sus codos en las rodillas. Su cuerpo tembló ligeramente al sentir todos los sentimientos encontrados en su interior. Tenía tanto tiempo que no decía aquello, que hacerlo fue como una pequeña liberación. No escuchó nada, salvo el movimiento de los zapatos del millonario.

Tony se acercó lentamente hacia él, dejando que el pinchazo en su corazón clavado como una aguja pasara a segundo término. Estaba más que claro que le dolía. Se sentó a su lado y pasó su brazo por los anchos hombros, reconfortándolo—. No soy bueno con las palabras, y lo sabes. Probablemente si digo algo acabaré por empeorarlo. —una suave risa estrangulada salió de los labios del militar, y Tony pudo deducir que estaba llorando. Tampoco le gustó eso—. Eres el hombre más bueno y honesto que conozco, Steve. No te atrevas a culparte por algo que no pudiste conseguir. Lo intentaste y eso es lo que importa. Pero la vida es así de injusta, ya sabes. Cuando entraste al ejército supiste que morirías en la guerra, al igual que todos. Él ya había elegido, también. —y el temblor más susceptible de Rogers le avisó que era tiempo de huir antes de que la escena se tornara trágica. Él no estaba muy acostumbrado a este tipo de escenas. Las aborrecía, odiaba que la gente se mostrara débil, porque sólo le recordaban que él también lo era. Así que haciendo uso de su nombre, depositó un tierno beso en su nuca y después revolvió cariñosamente su cabello antes de ponerse de pie—. Estaré en mi taller.— y se marchó.

Steve se cubrió el rostro con más fuerza sin evitar ya las lágrimas. Tenía una piedra atorada en la garganta, porque los recuerdos aún le sabían amargos y dolorosos. Tony tenía razón, no era su culpa. Durante un año entero pensó que era el causante de la muerte de su amigo, hasta que entendió que no era de esa forma. Ellos habían elegido morir en batalla, una gran muestra de valentía. Peggy fue quien lo ayudó a superar su muerte, quien estuvo siempre a su lado, ahí para él. Se limpió las lágrimas de los ojos y respiró hondamente, sintiéndolos arder. La culpa le invadió al recordarla, esperándolo.

¿Qué haría Bucky en su lugar? Lo necesitaba a su lado más que nunca.

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Se revolvió en la cama, dándose vuelta para poder dormir. Miró el puesto vacío a su lado. La habitación se sentía solitaria y distante, al igual que su mente. Thor había ocupado la habitación de al lado, alegando que su padre no podía verlos dormir juntos. Porque, como era obvio, Odín no sabía sobre su relación. No sabía nada de ellos desde que se fueron de casa. Se preguntó porqué la vida le apuñaló por la espalda, haciéndole creer que tenía una familia cuando lo cierto es que estaba más solo en el mundo que nadie. Rodó una vez más tratando de conciliar el sueño, pero éste no llegaba. Tantos pensamientos que simplemente no podía cerrar los ojos y dormir.

Se levantó dándole un manotazo a las cobijas y caminó en bóxer a paso lento hasta la cocina. No era muy noche, pero sí lo suficiente como para estar cansado por el día tan agobiante que tuvo. Sobó su cuello con insistencia mientras iba al refrigerador y sacaba de ahí un bote con leche. Bebió de él hasta llenar su estómago, queriendo que aquel líquido cubriera también el vacío sobre su corazón. Estaba más que enojado. Estaba dolido y decepcionado del rubio de barba. Si negaba su relación, entonces no tenía caso seguir juntos, ¿cierto? Pero en el fondo él sabía que no podía vivir sin el estúpido de su hermano, que se había acostumbrado tanto a él y se había adherido a su piel, que si se separaran sería como quitarle un cacho de su vida. ¿Por qué era tan estúpido y simplemente no se alejaba? Estaba autodestruyéndose. No necesitaba pruebas, ahí las tenía. El amor que sentía ya no era tan recíproco como había pensado. Y quizá Jane Foster había llegado de nuevo a su vida para hacérselo saber.

—Pensé que jamás se te pegarían las malas costumbres de Thor. —la voz que provino desde la puerta de la cocina lo hizo saltar. Su corazón acelerado por el susto le recordó que aún tenía uno, y que seguía latiendo. No iba a detenerse. El amor, la decepción y la traición no eran causa para que el corazón dejase de latir, pero sí para dejar de sentirlo. Odín caminó los pasos que los separaban, hasta quedar recargado en el desayunador.

—¿Cuál es la verdadera intención de visitarnos? Porque yo no me trago la idea de que el buen Odín haya decidido buscar a sus hijos para reconciliarse, después de tantos años. —fue directo al asunto. Él no trataba de engañarse a sí mismo diciéndose esas estupideces. Odín quería hablar con él, lo podía notar. Y él también tenía ganas de saber la verdad de una maldita vez.

—Siempre con una lengua tan filosa y acertada. —reconoció con una pequeña sonrisa. Se cruzó de brazos y esperó a que Loki encendiera una lámpara para iluminar un poco la atrapante oscuridad—. Frigga me pidió que los buscara, esa es la verdad, hijo. —

—No es toda la verdad. Y no soy tu hijo, tú te encargaste de hacérmelo notar siempre. —le gruñó con reproche y veneno—. Sé claro y preciso, porque tengo sueño. —le miró retadoramente sin acobardarse cuando aquellos imponentes ojos lo miraron con frialdad. No. Él ya no era un niño cobarde. No era un adolescente callado. No era un idiota que se había dejado engañar por tanto tiempo. Él ahora era un hombre con un pasado del que ese sujeto no formaba los más felices recuerdos.

—Me han llegado rumores. —aclaró, sin despegar su vista del pantano verde que eran ojos del que alguna vez crió bajo su techo—. Estoy alarmado por los chismes que han llegado hasta Asgard y por eso el motivo de mi visita. —y cuando el menor alzó una ceja escéptico, esperando a que continuara, él lo hizo: —. Los chismorreos que han viajado son muy estúpidos. Un conocido me dijo que los vio, a ti y a Thor cuando vino de visita a Nueva York hace un par de meses. Dijo que le sorprendió que estuvieran juntos. —pero tras el rostro indiferente de Loki por sus palabras, agregó: —y no precisamente como hermanos.

—Sabes lo que soy. Nunca te lo oculté. —rebatió con seguridad, siendo que dentro de él todo se desmoronaba poco a poco. Así que un imbécil los había visto en un lugar público besándose y había corrido hacia Odín para contarle. Vaya mundo retorcido. Así que a eso se debía la visita de ese hombre. ¿Convivir y hacer las paces con sus hijos? ¡! —. ¿De qué tienes miedo, Odín?, ¿crees que puedo corromper a tu hijo predilecto? —y sonrió burlón, con el veneno saliendo por cada letra. Odiaba a ese hombre, de verdad que lo aborrecía.

—Sí. —aceptó con alteza—. Y he venido para hacerte una pequeña recomendación, Loki. —se acercó a él, haciendo que el ojiverde luciera tan pequeño e indefenso como en sus años de juventud. Por primera vez sintió su cuerpo temblar con miedo, presa de los recuerdos donde la misma escena se repetía una y otra vez cuando él hacía algo malo y Odín usaba el cinturón caliente de cuero para educarlo—. Más vale que esos estúpidos rumores sean falsos. Cuando muera quiero que el hijo de mi primogénito herede todos mis bienes, y para eso Thor necesita una familia.

—Descuida, Odín. Él ya tiene a alguien. —le aseguró con una sonrisa tan falsa e hipócrita, que le sorprendió que el hombre de barba blanca no lo notara. Pero no estaba mintiendo del todo, porque a su memoria vino la mujer que podía darle todo eso a Thor: Jane. ¿Para eso había regresado? ¿Por ese motivo la vida la cruzó de nuevo en sus caminos?

—Antes de irme me aseguraré que Thor tenga a su lado una mujer que valga. Alguien con quien pueda tener hijos. Alguien que no sea un marica despreciable como tú. —se alejó de él con zancadas, cerrando la puerta de la cocina cuando se marchó. Loki se quedó mudo, con algo atorado en la boca del estómago. Apagó la luz de la pequeña lámpara y vomitó sobre el fregadero la leche y la comida del día. Se enjuagó la boca, y luego se deslizó lentamente por el mueble hasta sentarse en el piso.

Las lágrimas se deslizaron silenciosas y amargas por su rostro, marcándolo. Sus palabras le habían dolido más de lo que nunca pensó. Odín no sólo despreciaba a los gays, sino a él en específico. Sonrió amargamente. La felicidad, después de todo, no era una constante en su vida. Antes de levantarse y subir de nuevo a su habitación, se prometió que terminaría con esa relación que lo estaba llevando al abismo, para que Thor pudiera ser feliz y tener una familia, como siempre deseó.

Después de todo, él era quien salía sobrando. Tenía que apartarse del camino.

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Suspiró cansadamente mientras entraba a su departamento de lujo. La noche ya estaba muy entrada, y él había pasado a un bar a beber un par de copas para celebrar su victoria. O bueno, la pre-victoria. Porque los planes estaban perfectamente acomodados para que él pudiera, por fin, reclamar lo que le pertenecía. Y esta vez nada ni nadie iba a detenerlo.

Sobó su cuello con gesto cansado y anduvo a paso lento hasta las escaleras que lo llevarían al segundo piso. Pronto sería rico, más de lo que ya lo era. Aquello le hizo soltar una risita auto-suficiente. Estaba a mitad de las escaleras ya, cuando su teléfono móvil comenzó a sonar.

—Diga. —gruñó con voz firme y brusca. Odiaba ser molestado. Escuchó atentamente lo que el sujeto al otro lado de la línea telefónica le dijo. Cortó la llamada y la furia inundó sus facciones marcadas por los años—. ¡Maldita sea! —rugió con enojo y aventó el celular con todo el odio que pudo acumular. Sus puños se apretaron iracundos y luego se pasó una mano por el rostro de forma brusca. El hombre que había mandado para asesinar a esa estúpida agente Romanoff había fallado. Y no sólo eso, S.H.I.E.L.D. lo había capturado. Dudaba ciertamente que aguantara la tortura.

Sus ojos azules brillaron en la oscuridad. Tenía que darse prisa con sus planes.

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Cuando la cafetera sonó, Steve cuidadosamente vertió el café dentro de dos tazas. Tony se había metido a su taller sin salir de ahí, y la media noche ya pasaba. Él había estado tan absorto dibujando a Bucky, a sus tíos y a Peggy, que ni cuenta se dio del pasar del tiempo. Ahogó un bostezo al tiempo que tomaba ambas tazas en las manos y bajaba a paso tranquilo las escaleras que lo conducirían hasta el taller del castaño.

Introdujo la contraseña y entró. Sólo había silencio en todo el lugar. Paseó la vista por el perímetro y distinguió al castaño tumbado sobre su silla con los brazos y la cabeza apoyados en la mesa de trabajo. Se acercó y verificó que se había quedado dormido. Dejó las tazas a un lado y paseó sus dedos por entre los rebeldes mechones castaños. Sonrió inevitablemente mientras se decía a sí mismo que ese hombre era una caja de sorpresas. Se veía tan… inocente, tierno.

Salió de su ensimismamiento y guardó la imagen en su memoria para poder dibujarlo más tarde. Llevaba más dibujos de él que de cualquier otra persona, pero eso Tony no tenía por qué saberlo. Así que le revolvió ligeramente el brazo tratando de despertarlo, pero sólo consiguió que el otro apenas y se removiera en su puesto. Tampoco era una opción dejarlo ahí, podría lastimarse.

Así que con determinación, hizo hacia atrás un poco la silla, sólo lo sifuciente para tomar a Stark entre sus brazos estilo princesa. Lo sintió agitarse levemente y murmurar algo que no alcanzó a escuchar, para después caer de nuevo en el sueño profundo que estaba teniendo. Steve lo pegó mejor a su pecho y caminó silenciosamente por toda la casa, subiendo las escaleras a paso tranquilo en la oscuridad. Cuando llegó a la habitación principal, abrió la puerta siendo muy cuidadoso. Se acercó a la cama y depositó ahí al millonario, quitándole los zapatos y la corbata. Desabrochó algunos botones de su camisa para que estuviera más cómodo. Lo arropó entre las cobijas y encendió la pequeña lamparita en el mueble del costado izquierdo.

Se quedó contemplando su rostro, las curvas perfectas que lo hacían masculino y sensual. La forma de sus pómulos, su barbilla, esa nariz respingada y afilada. Sus pestañas espesas cayendo con soltura sobre sus mejillas. Acarició de nuevo su cabello en un movimiento casi inconsciente, suspirando. ¿Por qué ese hombre le atraía tanto? Si era egoísta, sarcástico, narcisista, y todas las demás cosas que le dijo a Jarvis. Él sabía sus defectos, ¿entonces por qué?, ¿por qué no podía apartarse de su lado?, ¿por qué le gustaba verlo dormir? Lo sacó de sus pensamientos una mano que alcanzó la suya y se entrelazó con sus dedos.

—Quédate a dormir, Rogers. —murmuró adormilado, quizá todavía entre sueños. La cálida mano de Tony lo jaló ligeramente para hacerle saber que hablaba en serio. Steve estuvo a punto de negarse, pero lo vio tan indefenso ahí, en medio de esa cama tan grande y solitaria. Lo sabía. Sabía que Tony Stark era un hombre solitario, y que detrás de todas esas sonrisas se escondía alguien oscuro con el alma quebrada. Asintió y sólo se quitó los zapatos. Rodeó la cama y se acostó del otro lado, todavía dudando. El cuerpo del castaño rodó hasta llegar a él y pegarse a su cuerpo, abrazándolo y pegando su rostro en su pecho—. No soy bueno con las palabras y no soporté verte llorar, así que tuve que irme. —murmuró pegando más su rostro al pecho duro y firme. Apretó con sus manos la playera del rubio y pasó su pierna entre las del militar. Sus ojos entrecerrados se volvieron a perder en la oscuridad de la noche.

Steve se quedó sin palabras, contemplándolo desde su posición. Tony era un idiota. ¿Así que ésta era su forma de brindarle su apoyo?, ¿por qué no le sorprendía? El castaño era, claramente, alguien que no mostraba abiertamente sus emociones. Pero esta muestra de afecto y apoyo hizo que algo vibrara cálidamente en su interior—. Gracias, muchas gracias. —murmuró atrayéndolo más a su cuerpo y pasado un brazo por la cintura del menor. Cerró los ojos y depositó un beso sobre su frente. Este era un tipo de intimidad diferente. La intimidad tenía un sonido, pero también un tacto. Y un gusto especiado, goloso, fresco. Tan placentero como una caricia pero tan reconfortante como un beso.

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Espero que les haya gustado, pues éste ha sido uno de mis capítulos favoritos al escribir, le puse mucho empeño :D

Nos veremos muy pronto, ¡un beso enorme!

Chiidory: Muchísimas gracias por tu comentario :D oh, bueno, las consecuencias estarán comenzando a marcarse ya muy pronto tanto en la pareja principal como en la secundaria. Espero que el drama quede bien y no tan exagerado xD ¡un beso enorme!

Guest: Muchísimas gracias por animarte a comentar, eso me hace muy feliz :D Stark es muy terco y no cree que lo que tiene con Steve vaya más allá del sexo. No tachemos tan rápido a Thor de cobarde (aunque sí lo es) ya pondré el porqué de sus acciones. Nosotros, como dices, ya nos hubiéramos largado xD el problema está cuando estás completamente enamorado de esa persona, y aunque te haga daño ahí sigues. En fin, esperemos que su situación se arregle. ¡Un beso enorme!

itsumiminamino1: tu comentario me ha sorprendido bastante, pues el fices bastante largo ya para leerlo todo de corrido xD pero te lo agradezco muchísimo, de verdad :D creo que las preguntas de tu comentario se contestaron todas en este capítulo. No puedo darte spoilers, pero quizá pueda responder alguna preguntilla que tengas por ahí. Cualquier cosa házmela saber para ver si puedo responderla o no xD al menos darte pistas ;) ¡un beso enorme!

xolotlacraciazukey: ¡Hola! Muchísimas gracias por tu comentario, yo estoy perfectamente :D no te preocupes, todos tenemos otras cosas que hacer que muchas veces nos roban el tiempo más de lo necesario. Lo importante es que no olvides ésta historia :D ¡un beso enorme!

Darkmoon: ¡Hola! Siempre es un gusto tenerte por aquí. Yo también he sentido que me estoy centrando mucho en Tony y sus problemas xD pero ya estaremos viendo muy pronto los problemas y demonios de todos los demás. El pasado de Steve también va a salir a la luz así como el de Natasha, por lo pronto quiero acabar ya con el de Tony, quizá es por eso que me he centrado más en él. Sobre tu duda de Thor, en parte sí es así, pero hay algo más. Ya veremos también su versión de la historia un poco más adelante. Loki no perdonará tan fácil a Thor, eso tenlo por seguro. Quizá en este capítulo Odín se vea como un bastardo también xD pero estaremos viendo su punto de vista también un poco más adelante, aunque sí será un padre malo, tengo que advertírtelo. Su pasado con Loki también saldrá a la luz. Sobre Natasha, en la película yo lo interpreté de esa forma, una amistad que se fortalece. Eso me dio más ideas sólidas para fortalecer su relación en mi fic. La pareja de Steve y Natasha es una de mis favoritas dentro del MCU, quisiera que terminaran juntos xD Natasha tiene un tipo de trastorno en el que busca estar ocupada todo el tiempo para no pensar sobre su pasado. Sobre la tercera parte de Sherlock Holmes la verdad es que no lo sabía, pero me encanta la idea :D las películas me gustan mucho, así que a esperar :D ¡un beso enorme!