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Para la hora de almuerzo podemos darnos unos minutos para ir a la panadería a comer algo.

Johanna ha tenido que volver cada día con nosotros, su presencia se ha transformado en la única solución para que la pequeña morenita de Renzo no llore a todo pulmón. Mientras estamos en la mesa, ella tiene a la pequeña en sus piernas y le da de comer de su plato. Hay ratos en que descubro a Renzo con la mirada perdida viendo a la vencedora. Y no soy la única, a ratos Clarisse encuentra mi mirada y me lanza una sonrisa traviesa apuntando disimuladamente al moreno.

Otra presencia, demasiado frecuente para mi gusto, es la de Delly. Se pasa varios minutos charlando con todos, especialmente con Peeta y él, obviamente, se muestra a gusto compartiendo con ella.

Ese detalle me llama más la atención que ninguno. Delly no ha cambiado en lo absoluto su forma de ser, sigue siendo la misma chica alegre y cariñosa que recordaba. ¿Por qué de pronto me pone tan celosa verla con Peeta? Incluso las bromas frecuentes de Johanna me han dejado de molestar, pero Delly, con su gran sonrisa, me vuelca el estómago cada vez que la veo acercarse a mi diente de león.

Cuando regresamos a nuestro puesto las horas se van sumando con normalidad. Clarisse y Renzo, cerca de las cinco, van a la panadería para reponer los productos y Peeta y yo atendemos a los clientes. Tengo que admitir que ando algo cortante con Peeta debido a la constante cercanía de Delly, que ahora fue a ayudar a los zapateros. Es ridículo que me deje con un nudo incómodo en la boca del estómago. Trato, en serio intento no darle mayor importancia pero por algún motivo no puedo.

-¿Tú también, Clarisse? – se escucha la voz de Renzo en la parte trasera del puesto, distrayéndome al fin.

-Es bastante linda y tus pequeños la adoraron al instante

Peeta y yo rodeamos los ojos, desde la aparición de Johanna todos han estado acosando a Renzo para que la invite a alguna cita o a dar una vuelta por la feria.

El moreno y la rubia aparecen en la parte de la tienda y Renzo empieza a ordenar algunas cosas en el mostrador.

-¿Podrían simplemente dejarme tranquilo? – dice ya algo fastidiado.

-Vamos Renzo, deberías darte una oportunidad de conocer a alguien – agrega Clarisse - ¿Desde cuándo que estas solo?

Renzo no responde, lanza un gruñido y continua acomodando las cosas de mala gana.

Desde la ida a su casa, Donzel ha dejado de insistirle, Peeta y yo nos ahorramos los comentarios, al igual que Haymitch, pero Arline, Clarisse y Effie se han empeñado en hacérselo notar.

Para la alegría de Renzo, Haymitch y Effie (enganchada en su brazo) aparecen del otro lado del mostrador.

-Hola a todos. Quiero dos de esas magdalenas con crema. – Dice Haymitch apuntando a una de las que está acomodando Renzo. Él se pone de pie y se las alcanza.

-Son cuatro monedas… - le dice Peeta en broma.

-Idiota.

Nos reímos por lo bajo y empezamos a conversar con ellos. Se han paseado por cada una de los puestos y se han reencontrado con varios personajes que ninguno de los demás sabíamos de su existencia.

Algunos clientes nos interrumpen a ratos pero seguimos hablando entre todos sobre lo bueno que ha sido el festival. Hemos conseguido varios contactos, tanto para materias primas como para enviar nuestras preparaciones, para cafeterías y restaurantes, lo que implica mayor trabajo. Renzo y Peeta han empezado a hablar de hacer otra panadería en el Distrito en algún futuro a largo plazo.

-¡Eh! ¡Chicos! – nos distrae la voz de Donzel a unos cuantos metros.

Todos miramos en su dirección y lo vemos tironeando el brazo de Johanna quien nos da la espalda. Con su otra mano ella sostiene a la pequeña morena y el pequeño está tomado de la mano de Arline quien está conteniendo una risita al otro lado de Donzel.

-Enséñales – le insiste el chico.

-¡No lo haré!

Johanna trata de avanzar unos pasos pero el chico no se lo permite.

Nos quedamos viendo extrañados la escena y todos empezamos a reír mientras forcejean, Donzel tratando de voltearla y Johanna tratando de avanzar.

De pronto Arline toma la mano de la pequeña, quitándosela, y Donzel rodea sus brazos por la cintura de la vencedora. La han pillado de sorpresa por lo que termina volteando hacia nosotros con una expresión memorable.

Hay un segundo en que todos nos quedamos en silencio, apreciándola.

Effie y Clarisse llevan una mano a su boca y lanzan una de sus risitas algo agudas, Renzo queda sorprendido y, en cuanto a Haymitch, Peeta y a mí, nos empezamos a reír a carcajadas.

-¡Seh! ¡Seh! ¡Muy gracioso! – gruñe Johanna,

Voltea a ver a Donzel y lo toma del cuello de su camisa de manera amenazante - ¡Dijiste que también lo harías, enano! ¡Me engañaste!

En vez de intimidarse, Donzel empieza a reírse en su cara.

Ella libera un rugido y lo zarandea, completamente indignada.

-¡Lo siento! ¡No puedo tomarlo en serio cuando estás así! – dice entrecortadamente por su risa.

Todos en la tienda nos lanzamos a reír a carcajadas. En realidad la actitud amenazante de Johanna desentona completamente con su cara pintada de un adorable conejo. Recién vengo a notar que los pequeños también están pintados así, de seguro lo hizo para darles el gusto a ellos.

Johanna vuelve a rugir y prácticamente lanza a Donzel quien no deja de reírse. La vencedora empieza a dar grandes zancadas alejándose de nosotros mientras la pequeña se libera de Arline y le toma la mano. Volvemos a reír cuando vemos a la pequeña morena empezar a imitar sus movimientos y lanza un adorable gruñidito, haciendo reír a Johanna. La levanta en sus brazos y sigue caminando hasta que desaparecen en el tumulto de gente, seguida por Arline y Donzel que llevan al pequeño por ambas manos.

Los vemos alejarse y, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, todas las miradas llegan a Renzo. Él ni siquiera se da cuenta, se queda embobado viendo en la dirección donde desaparecieron

Peeta carraspea y recién Renzo advierte las miradas hacia su persona. Nos parpadea un par de veces y resulta demasiado gracioso verlo algo sonrojado. Sin decir palabra se apresura a arrodillarse nuevamente para continuar poniendo las cosas en el mostrador.

El resto lanzamos una carcajada.

Decido que ya es suficiente de molestarlo y trato de desviar el tema.

-¿Tu sabías que Johanna era tan buena con los niños? – le pregunto a Haymitch mientras aún quedan rastros de nuestras risas.

Él cambia su expresión de repente y mira con cierta nostalgia en la dirección que ella desapareció. – Claro que lo sabía…

No dice nada más que eso. Clarisse, Renzo, Peeta y yo le ponemos toda nuestra atención para ver como continúa esa frase. Da la impresión que hay mucho más para decir.

Sin prestarnos atención, nuestro ex mentor mira a Effie y sacude su codo donde ella está enganchada para llamar su atención - ¿Quieres otro peluche?

Ella sonríe abiertamente y le asiente. Sin más, ambos van en camino opuesto a nosotros mientras Effie le dice que vio un lindo gato de felpa en el juego de pesca.

Nos quedamos pegados siguiéndolos con la mirada, creo que todos compartimos la sensación de vacío que quedó después de la respuesta de Haymitch.

Él conoce a Johanna desde que la proclamaron vencedora. Es lógico que sepa más de ella de lo que sabemos Peeta y yo. Pero esa mirada de nostalgia, poco común de su parte, me deja con cierta ansiedad. Supongo que le preguntaré a Johanna en algún momento… después de nuestra conversación hace unos días puedo decir que nos tenemos cierta confianza.

Pronto nos vemos distraídos con la llegada de más clientes y nos ponemos en movimiento.

Todo va completamente normal, hasta que diviso esa inconfundible cabellera rubia. Delly.

Se acerca a nosotros irradiando su abrazadora alegría y todos la reciben gustosos. Menos yo que simplemente elevo mi mano como un lánguido saludo.

Empieza a hablar animadamente y todos parecen hipnotizados con sus historias, en ese sentido se parece bastante a Peeta. Para quien no los conocen, Clarisse, Peeta y Delly podrían pasar fácilmente como hermanos.

Por mi parte trato de ignorarla, me escabullo disimuladamente hasta una de las sillas que están atrás de nosotros y hago como que me duelen las piernas. Quiero salir de aquí. Su presencia me confunde e irrita por partes iguales.

Trato de buscar algo para ausentarme un rato y me doy cuenta que están por acabarse los bollos de queso.

Me pongo de pie para avisarle a Clarisse. Renzo y Peeta siguen muy entretenidos hablando con la otra rubia. Por mucho que le insista de lo contrario, Clarisse termina por acompañarme.

En la panadería ella me habla de varias cosas sin mucha importancia. En cuanto a mí me sigo cuestionando qué demonios me ocurre con Delly. Ya supere mi trastorno celópata con Clarisse y Johanna… ¿por qué con ella no?

Cuando llegamos de vuelta con las cajas y un bollo de queso en mi boca, Peeta está atendiendo a un cliente y Renzo continua hablado con la rubia.

-¡Delly! – se escucha a lo lejos. Ella voltea a quienquiera que sea quien la llama, prestándole atención - ¡Necesitamos ayuda!

-¡Ya voy! – responde y se vuelve hacia nosotros. A Clarisse y a mí, que estamos más lejos, nos levanta una mano para despedirnos, luego se inclina sobre el mostrador para despedirse de Renzo con un beso en la mejilla y hace lo mismo con Peeta.

La imagen de ella besando la mejilla de Peeta me queda dando vueltas en la cabeza. Incluso después de varios minutos en los que ya se ha ido. No es nada fuera de lo normal, una chica que se despide de un buen amigo con un beso en la mejilla. Hace ese mismo gesto todos los días y con todos por igual, sea hombre o mujer.

De pronto esa imagen se modifica. Peeta deja de tener su expresión despreocupada y pasa a tener los ojos cerrados, al igual que ella. Sus grandes manos pasan a sostener el rostro de Delly y en vez de ser su mejilla la que besa, pasan a ser sus labios.

¿Pero qué demonios?

Dejo de respirar en ese momento y me quedo estática en mi lugar.

No alcanzo a determinar qué siento en concreto con respecto esa imagen cuando unos gritos desde afuera llaman la atención de todos. Nos asentamos cerca del mostrador y vemos el tumulto de gente acumulado en un rincón de la feria. Nos sorprendemos cuando Arline sale de entre el gentío cargando a la pequeña morena de Renzo en brazos y tironea del otro pequeño dirigiéndose a nosotros.

-¡Es Donzel! – grita cuando nos alcanza y no necesita decir más.

Renzo y Clarisse reciben a los pequeños en un acto reflejo y Peeta sale disparado de la tienda. Por puro instinto, lo sigo corriendo hacia el tumulto de gente mientras Arline nos guía a ambos.

Entre empujones y manotazos nos abrimos camino hasta que llegamos al centro de todo el revuelo y vemos a Donzel en el suelo siendo pateado por tres chicos de más o menos de su edad. Johanna está sosteniendo a uno de los chicos y trata de alejarlo de nuestro compañero. El chico que ella sostiene está con la nariz ensangrentada y notoriamente golpeado, lo reconozco de inmediato como Vincent. ¿Qué demonios habrá hecho ahora?

Peeta se apresura a sostener a otro de los chicos y yo me aferro a la cintura del último, consiguiendo al fin que dejen de golpear a Donzel.

-¡Arline! – grita Peeta y ella entiende enseguida el mensaje. Se arrodilla al lado de Donzel y lo ayuda a levantarse para luego alejarse con él camino a la panadería.

Para cuando se confunden entre la gente, y ya con nuestro chico asegurado, los tres vencedores hacemos un poco de alarde de nuestras habilidades y los tres muchachos quedan en el suelo sin necesidad de lastimarlos.

Johanna se queda gritándoles un par de maldiciones pero Peeta y yo nos adelantamos a seguir a nuestros chicos que encontramos a medio camino. Peeta se encarga de llevarlo con mayor rapidez pasando uno de los brazos de Donzel por su hombro y sosteniéndolo por la cintura.

Para cuando llegamos a la panadería, Peeta sienta al chico cerca de la mesita de la tienda y empieza a revisarlo. A pesar de que Donzel se resiste un poco, termina sacándole su abrigo, un chaleco de lana y su camisa para ver su torso. No está tan magullado como esperábamos. Un par de golpes que se pondrán morados y que sanarán en, a lo mucho, en una semana. Su cara es la que parece haber recibido más golpes, ya que lleva un rosón en su ojo izquierdo y un corte en su labio. Pero aun así ni se compara con el rostro ensangrentado que le vimos a Vincent.

Mientras Peeta vuelve a ponerle la camisa, yo me apresuro a buscar un poco de nieve y la envuelvo en un paño para que Donzel sostenga en su ojo amoratado. Es segunda vez que debemos hacer lo mismo después de un encuentro con ese chico.

-Arline, ve por el botiquín que Renzo tiene en nuestro puesto… - dice Peeta sosteniendo el rostro de Donzel.

Arline sale hecha una bala por la puerta de entrada.

Casi al mismo tiempo, Johanna se adentra en la tienda y se reúne con nosotros.

-¿¡Qué demonios fue eso!? – grita cruzándose de brazos, entre preocupada y fastidiada.

Peeta y yo la miramos.

-Con Arline llevamos a los pequeños al baño y cuando salimos él estaba sobre uno de los chicos montando el gran espectáculo. – explica.

Nuestras miradas regresan a Donzel quien gruñe y gira su rostro a un punto aleatorio a su costado.

-No la ha seguido por semanas, tampoco la había molestado en el festival. – Comenta Peeta con su tono autoritario.

Solo recibe un nuevo gruñido de respuesta.

Johanna levanta una ceja, obviamente esa parte de la historia la desconoce.

-¿Molestar a quién?

-Arline – respondo de manera automática, no necesitará más explicación que esa.

-Oh…

Me quedo viendo a Peeta que notoriamente va perdiendo paciencia.

-¿Donzel?

-¡Lo sé! – grita el chico al fin, aún sin mirarnos - ¡Simplemente me tiré encima!

-¿Por qué? – continúa Peeta.

El joven resopla fuertemente y se niega a responder de nuevo.

-¿Qué demonios pasó? – me extraña un poco el tono frío de mi diente de león. Johanna también lo mira con mi misma expresión.

Donzel no responde. Endurece más su mirada haciendo un puño sobre el paño con nieve contra su ojo.

-¿Donzel…?

El chico gruñe con fuerza y por fin mira hacia nosotros – ¡Le oí hablar con sus amigos! ¿Bien? - dice al fin, vomitando las palabras – ¡Todo el espectáculo de perseguir a Arline se trató de una apuesta! ¡El muy idiota quería conquistarla porque ella es la más rebelde y quería probar que incluso ella se rendiría a sus pies!

Nos quedamos en silencio, sorprendidos. Peeta recupera primero el hilo de la conversación.

-Pero no lo consiguió, no es motivo suficiente para ir a golpearlo.

Donzel se queda mirándolo aún más enfurecido.

-Mientras no se acerqu…

-¡Cállate! – grita desafiante.

La reacción del chico nos deja a todos perplejos. El ojo verde visible esta oscurecido por la frustración y parece decidido a hacer callar a cualquiera que lo interrumpa.

-¡Sé que no es suficiente! ¡No soy ningún imbécil!

La vez pasada, cuando vimos a Vincent besar a la fuerza a Arline. Donzel estaba bastante enfadado. Pero su enojo ahora sobrepasa con creces al anterior. Lanza un nuevo gruñido y por fin baja su tono. Johanna está tan extrañada como nosotros de la nueva versión de Donzel.

-Estaba por irme para dejar de escucharlo, ya estaba bastante enojado, pero después siguió hablando.

Inhala y exhala con fuerza antes de continuar.

-Empezó a inventar historias horribles sobre ella, como justificando de que no le haya hecho caso. – Su voz se quiebra un poco –. "Por algo se junta sólo con hombres en la escuela, debe ser toda una profesional" fue una de las cosas que dijo refiriéndose a mis amigos y a mí.

Mi chico rubio al fin baja la guardia y veo sus hombros relajarse.

-Para cuando me di cuenta ya lo estaba golpeando gritándole que eran mentiras. Ni siquiera esperé a que sus amigos se marcharan. – termina de decir entre dientes.

Peeta suspira con fuerza y yo experimento un sentimiento contradictorio. Supongo que yo también me hubiese lanzado sobre ese idiota. Parte de mí, insiste en asimilar a Arline con Prim.

Donzel se queda un par de segundos mirándonos, esperando algún tipo de represalia, pero nos mantenemos en silencio por unos momentos hasta que Peeta decide hablar.

-Supongo que le rompiste la nariz…

Donzel, Johanna y yo lo miramos sorprendidos, más que nada por su tono divertido y su sonrisa torcida.

Johanna lanza una ligera risa – Eso tardará en sanar… - agrega acercándose a Donzel y lo despeina en una caricia algo bruta – Eres más resistente de lo que pensaba, enano.

No puedo evitar sentir cierto grado de orgullo. Me quedo mirando a Donzel por unos segundos y recuerdo que, la primera vez que lo vi, su estatura no sobrepasaba la mía. No me di cuenta en qué momento empecé a elevar mi vista para llegar a verlo a la cara. Por mucho que Johanna lo llame enano, es más por su edad, ahora 15 años, que por su altura. En estos meses el muchacho se ha ido convirtiendo en hombre justo delante de mis ojos.

Casi inconscientemente me uno al gesto de sonrisa torcida y los cuatro nos empezamos a reír.

Peeta lo regaña medianamente por haber hecho ese escándalo, más por parecer el adulto responsable que por realmente querer reprenderlo. Se nota porque con cada frase que dice no puede evitar sonreír.

Para cuando llega Arline con el botiquín, ella se arrodilla frente a Donzel y empieza a limpiar la herida que tiene en la comisura de su boca.

-¿Cómo fue que terminaste así? – pregunta preocupada y Donzel nos da una mirada fugaz de complicidad sin que ella lo note.

-No soporto a ese idiota… - dice a mitad de una mueca y se encoje de hombros restándole importancia.

Arline frunce el ceño y empieza a regañarlo por haberla preocupado tanto. Donzel se niega a darle la verdadera versión de los hechos, sólo se limita a justificar sus actos porque simplemente Vincent no es de su agrado y le hacía falta un adorno rojizo en su bonita cara.

No pasa mucho tiempo hasta que se materializan los demás en la tienda preguntando qué demonios pasó.

Clarisse entra con el pequeño y Renzo con la morenita en brazos.

Apenas la pequeña ve a Johanna empieza a extender sus manitos hacia ella para que la cargue.

-¿Cómo esta Donzel? – pregunta Renzo preocupado.

-Mejor que el otro chico, te lo aseguro… - dice Johanna acercándose a él para tomar a la pequeña.

Renzo se ve notoriamente nervioso cuando se la entrega. Johanna ni siquiera se inmuta. Apenas carga a la pequeña, ésta empieza a reír y a acariciar el rostro de la vencedora.

-Si… si lo vimos. – dice tartamudeando.

Tratando de volver a su compostura mira a Donzel con reproche - ¿Qué hizo ahora?

Donzel obviamente no contará la historia completa frente a Arline. Piensa bastante rápido y parece lanzar lo primero que se le ocurre.

-Deberías pintarte de conejo…

Renzo y los demás lo miramos extrañados.

-Así harían la familia completa.

Apunta a Johanna y a los pequeños que continúan maquillados de esa forma. Con todo el alboroto se me había olvidado.

Renzo se tensa completo y su rostro se empieza a tornar rojo. Johanna simplemente rueda los ojos, supongo que se lo dejará pasar esta vez porque entiende la situación.

Después de un rato, Arline y Clarisse se retiran a su casa y los otros volvemos a ayudar a Renzo a llevar a sus pequeños. El pequeño es cargado por Renzo y obviamente no fue posible despegar a la morenita de Johanna.

Camino a casa de Renzo, Donzel le va contando lo que en realidad pasó.

-Lo siento. No quería que Arline se enterara, dije lo primero que se me ocurrió.

Renzo le sonríe.

-No pasa nada.

Después de todo el asunto de recostar a los pequeños. Regresamos al fin a casa.

Lanzo un suspiro cansada apenas atravieso el umbral de la puerta. Como si el festival no nos diese suficiente trabajo.

-Fue un día bastante largo. – comento adentrándome a la cocina.

-Lo bueno es que ya quedan pocos días para que termine todo el asunto del festival. – Peeta se dirige a la chimenea para encenderla.

-¿Quieres leche?

Peeta me grita un sí desde la otra habitación y empiezo a moverme.

Vierto la leche en una olla pequeña, le echo unas cucharas de miel y empiezo a revolver esperando a que se caliente.

Luego de encender la chimenea, Peeta se adentra a la cocina y se carga en el mesón cerca de la estufa. La temperatura de la casa empieza a ser más agradable por lo que termino quitando mi abrigo para continuar con mi preparación.

Por un buen rato Peeta se me queda mirando sin decirme nada, medianamente lo ignoro concentrándome en la pequeña cacerola, revolviéndola con un cucharón.

Sin previo aviso se acerca a mí y apaga el fuego de la estufa cuando la leche estaba a punto de empezar a hervir.

No alcanzo a mirarlo extrañada porque me atrae a él rodeando sus brazos por mi cintura y sus labios sellan los míos con extrema suavidad. Cosa que me aturde de inmediato. Automáticamente paso mis brazos por su cuello y lo aferro a mí con fuerza correspondiéndole el ardiente beso.

-Te extraño… - dice en mis labios antes de volver a besarme. Mi cuerpo entero me empieza a arder con sus caricias. Hace días que no nos hemos tocado por todo el asunto del festival. Llegamos tan agotados que después del beso de buenas noches caemos dormidos casi de inmediato. Hemos tenido la intención, pero el cansancio nos ha derrotado a ambos.

También extraño sentirlo tan cerca de mí y me empiezo a rendir ante sus toques.

Pero mi mente trae a colación la imagen de la tarde.

Una imagen. Es sólo una imagen en donde veo a Delly de puntilla besando a Peeta. Lo que más me molesta es que no tengo la certeza de que si es real o no. Puede que sea mi imaginación y sólo besa su mejilla y desde mi perspectiva la vi como si besara sus labios.

¿Por eso ahora me molesta la presencia de Delly?

Separo mis labios de los de Peeta, quedando pensativa. Él no nota mi expresión, sus labios descienden hasta mi cuello causándome escalofríos y no puedo contener el suave gemido.

Me consta que no es del tiempo que Peeta ha estado conmigo. Delly no había vuelto al distrito hasta ahora. Supongo que la vio cuando tuvo que volver al Capitolio hace unos meses y puedo asegurar que no pasó nada.

No estoy en posición de recriminarle tampoco. Yo misma busqué a Gale cuando la nueva versión de Peeta llegó después de sus torturas. ¿Puede que él haya buscado consuelo con Delly? Y si fue así ¿Pasó algo más entre ellos?

Me frustra darle importancia a algo que ni siquiera sé si pasó o no.

-¿Qué ocurre?

La pregunta de Peeta me pilla de sorpresa. No había notado el momento en que sus caricias se detuvieron. Peeta había alejado su rostro para mirarme preocupado y acaricia el mío con su pulgar.

Recién soy consciente que mi cuerpo había reaccionado por si sólo y siento que cada centímetro me arde, deseoso por hacer el amor con él.

Estoy dividida en dos. Por una parte quiero llevarlo a la habitación y unirme a él de inmediato, pero por la otra, mis pensamientos no me permiten disfrutar de su cercanía.

-¿Katniss?

No sé de mi expresión, pero obviamente por la suya sé que mi confusión es más que evidente.

No quiero darle más vueltas al asunto. Es obvio que es una ridiculez. Peeta está conmigo, me ama con todas sus fuerzas. No debería importunarme ese tipo de cosas… pero inevitablemente me distraen.

Vuelvo a besarlo rodeando su cuello con mis brazos, estar con él ha sido una manera efectiva de dejar mi mente en blanco y solo concentrarme en mi chico del pan, pero ésta vez él no me corresponde. Me aleja con suavidad para recobrar el contacto de su mirada con la mía.

-Es obvio que estás pensando en algo, Katniss.

-No es nada importante…

Ladea su cabeza y curva una suave sonrisa.

-Eso nada importante te está distrayendo.

Le parpadeo un par de veces. Le dije algo similar cuando aún no sabía de la pesadilla que lo dejaba despierto por las noches. Suspiro resignada, adivinando lo que viene después.

-Tú misma dijiste que te contara las cosas que me pasan… – dice con suavidad sin dejar de acariciar mi rostro.

"Todo lo que usted diga, podrá ser usado en su contra". Esa cláusula debería venir en un manual sobre relaciones de pareja.

Lanzo un suspiro ya resignándome. Peeta besa mi frente y se aleja para volver a encender la estufa. Apenas la leche empieza a hervir, la vierte en unos tazones. Se dirige a la sala y yo lo sigo de cerca. Lo observo sentarse y me hace señas para que me siente a su lado, alcanzándome mi tazón.

La parte de mí que lo quería tener desnudo entre mis brazos está totalmente frustrada. Empiezo a barajar la idea de llevarlo a la habitación de todos modos, pero termino recibiendo mi tazón y sentándome a su lado.

Él deja su taza sobre la mesita de centro para esperar que se enfríe un poco y se recarga en el respaldo del sofá. Imito sus movimientos y lanzo un nuevo suspiro antes de mirarlo directamente los ojos.

-Bien... ¿Qué ocurre?

Me quedo viendo sus ojos que están preocupados y expectantes. Decido que es mejor sacar lo que me está molestando para no seguir carcomiéndolo.

-Hoy… - no sé realmente como empezar - ¿Recuerdas cuando te pregunté de la vez que limpiaste mis heridas?

Me asiente.

-Pues sólo recordaba imágenes… no recordaba lo que había ocurrido realmente.

Hago una pausa buscando las palabras. No sé si quiero saber la respuesta.

-¿Recordaste otra cosa?

Mierda.

Le asiento

-¿Sobre qué?

Lanzo un suspiro.

-No sé si es real o no…

Ladea la cabeza y me mira confundido, prestándome completa atención.

Miro sus preciosos ojos azules. Tengo toda la certeza de que este chico me ama por sobre todos los demás. Es ridículo que una imagen, quizás imaginaria, me cause dudas innecesarias.

-¿Qué es, Katniss? – insiste con calma.

Lanzo un soplido. Quiero terminar con esta charla lo más pronto posible. Que me diga que estoy delirando y vayamos a nuestra habitación a terminar con lo que empezamos.

-Solo una imagen... – me asiente – De tú besando a Delly.

Sus ojos se abren de par en par.

Siento algo romperse en mi pecho. No me mira extrañado, ni me eleva una ceja cuando digo algo absurdo. Lo que implica que sabe perfectamente de lo que estoy hablando.

Al parecer no tiene idea de qué decirme.

-Es cierto ¿Verdad? – digo entrecortadamente.

Su mirada se relaja, pero me mira con cautela.

-Katniss…

No lo está negando. Siento que empiezo a temblar. No esperaba esto. La verdad ni siquiera sé lo que esperaba ni el cómo me sentiría si me lo confirmaba. Mi interior se prepara para lo que continúa.

-Solo fue un beso, Katniss… sólo uno…

Sus palabras hacen eco en mi cabeza. Ahí está la razón por la que no soportaba tener a Delly cerca de Peeta. Mi subconsciente lo sabía y lo gritaba en mi interior hasta que por fin consiguió enviarme esa imagen.

Mi primera reacción es alejarme de él y salir corriendo a cualquier otro rincón de la casa en la que él no se encuentre, pero su mano se aferra firmemente alrededor de mi muñeca y tira de mí hasta que vuelvo a estar sentada a su lado en el sofá. Trato de zafarme pero vuelvo a confirmar por mí misma que soy la estúpida mosca que lucha contra el cristal.

-Fue hace mucho tiempo, Katniss – trata de explicarme pero no estoy dispuesta a escucharlo. – Yo aún no venía a vivir aquí.

Por muy lejano que sea el día, acaba de abrirse paso en mi memoria. Siento como si me estuviera enterando de una infidelidad, cosa que ni siquiera viene al caso. Sigo peleando pero vuelve a tirar de mi muñeca y con la otra mano toma mi rostro para que lo quede viendo a la cara.

-Me escucharás primero – Dice calmado pero severo, con un tono que me deja los ojos abiertos a mí - Después podrás huir a donde quieras

Aturdida por sus palabras, dejo de forcejear contra su agarre y me quedo estática sentada a su lado.

Se queda callado por unos segundos, quizás pensando cómo debe explicarme la situación.

-Fue durante el primer año que regresé al distrito… estaba confundido.

Me trato de recordar que los primeros meses en el distrito son confusos para ambos. Yo había perdido hace poco a mi hermana y él estaba luchando por volver a ser el Peeta de antes.

Se lleva una mano a la cara y acaricia sus sienes – Supongo que tendrá que ser desde un principio. – dice resignado. – Es una larga historia – me advierte.

No le comento nada. Me quedo observándolo mientras él se carga sobre su espalda y echa su cabeza hacia atrás cargándola en el respaldo. No me mira, su mirada queda perdida en algún punto del techo.

-No recuerdo del todo lo que me hicieron en el Capitolio para cambiarme… pero fue un proceso largo y bastante tedioso el volver a recuperar mis recuerdos sobre ti. Poco a poco las imágenes brillantes eran sustituidas por las reales tomadas de los videos. A veces regresan, pero con menor fuerza que al principio….

…Las partes perdidas de mi memoria iban tomando cada una su lugar… pero…

Su agarre en mi muñeca se afianza ligeramente y su mandíbula se aprieta.

-Pude retomar gran parte de mis recuerdos… pero no así mis sentimientos.

Recuerdo sus palabras cuando pudo recordar por primera vez la escena de los panes: "Debí haberte amado mucho". Como si fuese una tontería.

-Recordaba que te seguía a tu casa, pero no entendía el porqué; recordaba verte con Gale en varias situaciones, pero no sabía qué sentía al respecto. Todos me decían cuanto te había amado, que estaba dispuesto a sacrificar mi propia vida por ti. Me mostraban nuestros besos en las entrevistas o en las fiestas, pero no comprendía por qué en las imágenes te miraba embobado siendo que se notaba a kilómetros que para ti era casi indiferente…

…Para cuando llegué al 12, mi primera pregunta fue "¿Qué demonios hago aquí?". Ya no tenía familia que me recibiera en casa, la mayoría de mis amigos; si no habían muerto, se habían ido a otros distritos o me miraban con temor. Me terminé de convencer a mí mismo que mi primera razón para volver, era recuperar la antigua panadería de mis padres. Sin embargo, me descubrí plantando las rosas en tu casa… vine un par de veces para comer aquí. Ni siquiera entendía el por qué. Tú estabas perdida con tus propias pesadillas, era obvio que yo no era prioridad para ti.

Lanza un suspiro

-Es ahí cuando entra Delly.

Siento una fuerte presión en el estómago.

-Aparte de ayudarme a recordar en el 13 y en el Capitolio, por un tiempo. Ella estuvo conmigo la primera vez que fui a ver la panadería. Supongo que tuve un episodio porque cuando retomé la conciencia ella me estaba abrazando en un banco de la plaza. Me contuvo cuando veía de lejos a Thom y otros hombres retirar los cuerpos de mi familia…

…Poco después pasó la escena que recordaste hace unos meses, cuando estaba limpiando tus heridas infectadas. No entendía por qué te había respondido "Siempre" cuando me habías pedido que me quedara contigo. También me cuestionaba el por qué te había detenido cuando intentaste tomar el nightlock.

-Pero la noche que despertaste de la pesadilla…

Peeta gira su rostro para mirarme – Te juro que todo lo que dije esa vez fue cierto, Katniss… - me mira fijamente.

No hay ningún atisbo de duda o titubeo en sus ojos. Comprendo que aún hay historia por escuchar, así que lo dejo continuar. Él vuelve a mirar hacia el techo mientras toma una bocanada de aire.

-En ese tiempo empecé a confundirme. A veces me recibías sonriente y otras con una actitud que estaba alerta para cuando decidieras echarme a patadas. Me decía a mí mismo que no debía regresar tan seguido para verte, que no obtendría respuestas de tu parte ya que tú también te estabas recuperando, pero al día siguiente me encontraba haciendo lo mismo con la excusa de que debía traerte pan y bollos de queso…

…En cuanto a Delly era muy diferente, siempre se alegraba de verme, me ayudaba sin chistar en cualquier cosa que le pidiera, me ayudaba a controlar mis episodios, incluso trataba de hacerme entender lo que alguna vez había sentido por ti. Durante los primeros meses de mi regreso, ella fue un apoyo incondicional para mí.

Libero un gruñido inconscientemente. Que hable de ella así me hace enfurecer por dentro. Trato de removerme pero su agarre en mi muñeca vuelve a afianzarse, por lo que me quedo ahí con el grillete que me hace su mano, resignada.

-Ella llegó a un punto en que no podía soportar el recuerdo de sus padres. Para cuando me dijo que se iría con su hermano a otro distrito, creí que mi mundo se caería. Ella me había ayudado a reconstruir lo poco que era en ese tiempo y pensé que me desmoronaría apenas se fuera…

… Fue entonces cuando empecé a barajar la idea de intentar algo con ella. Incluso empezar con ella en otro Distrito

Mientras mi ira va en aumento él empieza a curvar su boca en una sonrisa, como si se tratara de una broma.

-Cuando se lo dije, me miró como si me hubiese salido otra cabeza. Ahí ocurrió la imagen de la que hablas. Fue en el pórtico de mi casa. No sabía que tú nos habías visto, pero explica el por qué no me dejaste entrar a tu casa por dos semanas.

Empieza a reírse como si se tratara de algo estúpido mientras yo trato de soltarme de él. Por mi parte no puedo más de rabia.

-¡No le veo la gracia! – digo furiosa, pero su sonrisa no desaparece.

Es frustrante que no haga esfuerzo alguno para retenerme mientras yo trato de zafarme con todas mis fuerzas.

-Aún no termino… - me advierte, incluso divertido.

-¡Yo sí!

Después de unos instantes en que me remuevo como puedo para liberarme sin conseguir ningún resultado, lanzo un gruñido frustrada y me vuelvo a acomodar de la misma forma que antes. Supongo que tengo que permitir que termine con toda su historia para que por fin me deje en paz.

-¿¡Luego, qué!? –grito.

-¿Has besado una piedra?

Extrañada, volteo a mirarlo arqueándole una ceja. En primer lugar… ¿Por qué besaría una? Entendiendo que su pregunta es retórica, me quedo callada.

-Fue exacto a lo que sentí con Delly… absolutamente nada. Los dos nos separamos asqueados y nos terminamos riendo. – Empieza a reírse como si se tratara de un mal chiste - Fue completamente ridículo para los dos. En ese momento me quedó claro que siempre nos habíamos visto como hermanos….

…Poco después simplemente la abracé y le desee suerte cuando tomó el tren con su hermano. Me hizo falta su apoyo en algunas ocasiones, pero no tardé en acostumbrarme a su ausencia. Hablábamos de vez en cuando por teléfono y con eso era más que suficiente.

Me quedo parpadeándole un par de veces. Aún no concuerda la versión que me cuenta ahora con lo que me confesó hace unos días.

En ese momento decide liberar mi muñeca, que tengo algo adormecida por su agarre, y cruza sus brazos en su pecho con una suave sonrisa dirigida a mí.

-Ahora puedes irte si quieres…

Medito la opción de largarme y dejarlo hablando solo, pero descubro que quiero unir los cabos sueltos que aún me quedan. ¡Por esa razón empezó de tanto antes! Maldito tramposo…

Lanzo un gruñido y cruzo mis brazos sobre mis rodillas, evitando sus ojos para mirar un punto frente a mí.

Espera un par de minutos en que se me queda mirando. Quizás esperando a que me pare y me vaya. Su sonrisa se amplía cuando se da cuenta que me quedaré en el mismo lugar en el que estoy.

Vuelve a tomar aire.

-Empecé a venir más seguido a verte. Según Sae, te hacía bien que lo hiciera y me sentía de alguna utilidad. Fuera de eso, continué con la reconstrucción de la panadería y a ayudar con las demás viviendas… y toda esa historia que te conté hace tiempo.

-Pero aún en ese tiempo no sabías lo que sentías por mí… - digo cargando mi mentón sobre mis brazos cruzados.

Me tuerce una sonrisa, que me esfuerzo por ignorar, al confirmarle que ahora estoy interesada en su historia. Me siento frustrada ya que por más que intento seguir enfadada con él, no lo consigo.

-Creo que de cierta forma siempre lo supe… pero no me había dado cuenta en ese entonces.

-¿Qué cambió?

-¿No recuerdas cómo te comportabas conmigo?

Le arqueo una ceja sin saber a qué se refiere. Me tuerce una de sus sonrisas que sabe que me aturden.

-Tú también cambiaste, en cierta forma. Siempre has sido testaruda, pero conmigo te comportabas cariñosa. Mientras hubiese otra persona te alejabas, pero bastaba con que Sae se fuera y te acurrucabas a mi lado para ver la televisión, o me besabas cuando me creías dormido.

No puedo evitar sonrojarme un poco, hay algunas veces que recuerdo haberlo hecho, pero como todo lo de los primeros meses, son sólo imágenes.

-Empecé a enamorarme nuevamente de ti, Katniss. Por lo que eres ahora, por la mujer fuerte con la que empecé a vivir después.

…Ni siquiera me di cuenta del cómo empecé a verte diferente, simplemente pasó…

…Las imágenes en mi cabeza empezaron a tener sentido de nuevo, supe por qué te seguía o te observaba en clases, entendí por qué te detuve con el nightlock, no quería, no podía perderte. Todo lo que me habían dicho era cierto, te amé desde la primera vez que te vi, pero esta vez era de una forma algo diferente.

Su sonrisa inevitablemente se me contagia. Está hablando entusiasmado de como yo iba evolucionando y él a la par conmigo. Lo escucho atentamente, sin perder mi sonrisa y de pronto recuerdo otro detalle que él jamás me contó.

-¿Cuándo decidiste llamar a Gale? – le corto a mitad de una historia de cuando empecé con mis intentos de mi guiso.

Me mira extrañado, no me sorprende ya que no sabe que me enteré de esa historia.

-Cuando quisiste convencerlo de regresar aquí…

Sus ojos azules se abren a más no poder. Su boca se abre un par de veces pero no sale sonido alguno. Medita por un par de segundos y luego suspira pesadamente llevando una mano a apretar el puente de su nariz.

-¿Ese idiota te lo contó? – dice derrotado.

-No le quedó opción… - me encojo de hombros sin dejar de sonreír – Lo oí hablar con Haymitch el día que nos contó del embarazo de Marina.

-¿Qué será de esos dos ahora? – intenta cambiarme el tema.

Casi lo consigue pues también tengo esa duda, pero no pretendo permitírselo esta vez.

-Peeta… - le arqueo una ceja

Chasquea los dientes y se pasa la mano por el cabello. Me mira por unos segundos y reconoce que no podrá sacarme de esa línea.

-Tuve un par de episodios estando en mi casa, en los que destruía todo a mi alrededor. Cuando retomaba la conciencia todo era un caos; cortinas despedazadas, muebles hechos pedazos, platos rotos, etc. Cuando me di cuenta de lo que en realidad sentía por ti, empecé a aterrarme. Quería permanecer a tu lado pero no quería llegar a lastimarte. Intenté alejarme de ti varias veces, el abrir la panadería me sirvió en varias ocasiones de excusa para evadirte, pero sabía que no me lo permitirías si no conseguía otra forma de distraerte. Pero… como supongo que sabes... Gale me trató de enfermo y por más que lo intenté no me hizo caso.

...Todo empeoró cuando le cedí mi casa a Donzel y su familia. Haymitch no me dejó opción más que quedarme aquí en tu casa. Era eso o dormir a la intemperie. – Medita un poco – en un momento llegué a considerarlo. Otra opción hubiese sido remodelar mi antigua casa sobre la panadería, pero eso me hubiese traído demasiados recuerdos dolorosos de mi familia… así fue como terminé aquí. Cuando estabas de caza seguí intentando convencerlo pero luego me habló de Marina y dejé de llamarlo para eso. – Se ríe un poco - Medio me acostumbre a hablar con él cada cierto tiempo. Así fue como nos terminamos haciendo algo así como amigos – Rueda los ojos – fue algo irónico.

Suspira con fuerza y vuelve a sonreír – Por un momento pensé incluso en Thom… pero justo cuando se me pasó por la cabeza ya se había fijado en Clarisse y tuve que resignarme. – agrega como dato curioso.

Yo solo le meneo la cabeza como si fuese un caso sin remedio.

-Trataba de evitarte como podía y sólo me recostaba contigo cuando te oía gritar por las pesadillas. Temía que…

Lo interrumpo de repente tomando su rostro entre mis manos y lo callo con mis labios. Ese punto de la historia en adelante ya puedo rellenarlo por mí misma. Meses después, lo besé en este mismo sofá, como primer paso de nuestra nueva relación.

No puedo culparlo tampoco por lo que pasó con Delly. Comprendo su confusión y el sentimiento de besar a una piedra... algo parecido sentí cuando besé a Gale alguna vez. Ni siquiera puedo compararlo con el delicioso cosquilleo que recorre mi cuerpo cuando mis labios encuentran los de Peeta.

-Hablas mucho… - digo en sus labios.

Completamente de acuerdo conmigo, rodea mi cintura, me acerca más a él y me besa de esa forma que me roba el aliento.

La necesidad nace por ambos bandos. Sin separar nuestros labios, nos ponemos de pie y subidos la escaleras a trompicones.

Me siento más tranquila después de toda la charla. No creo que los celos por tener a Delly cerca de Peeta desaparezcan de inmediato, pero sé que no debo tener más inseguridades respecto a ella.

Llegamos a la habitación y Peeta me recuesta en la cama mientras se recuesta a mi lado, acaricia mi rostro besándome con suavidad. Nos separamos para ver nuestros ojos brillantes y, como un acuerdo mutuo, ambos bostezamos.

Nos quedamos mirando y lanzamos una carcajada. Con toda la charla ya son casi las tres de la mañana. Por más que el deseo es palpable, el cansancio acumulado nos vuelve a hacer la misma broma pesada de noches anteriores.

Lo intentamos, juro que lo intentamos, pero no pasó mucho tiempo antes que nos quedáramos dormidos, medio desnudos y mi cabeza recargada en su pecho.


CONTINUARÁ…


N/A

Hola mis pequeñas. Estaba media floja la imaginación, pero aquí les entrego un nuevo capitulo. Tengo varias ideas escritas pero me demoro en ordenarlas, perdon xS

No sé cuando terminaré este fic... la verdad no pensé que serían más de 10 caps ... ahora ya no se nada xD

Ya volveremos a más terreno donde estos tortolitos esten haciendo cosas malas por ahí... para variar... me volvi a desviar del tema xD (Maldito deficit atencional)

Como siempre, les agradezco a todos los que siguen mi historia, especialmente a aquiellos que se dan el tiempo de dejarme uno que otro mensajito para darme ánimo (bienvenidos los nuevos :)). Un fuerte abrazo a todos y espero continúen disfrutando.

Una nota aparte: con mi amiga Himeichigo, estamos empezando un nuevo fic sobre esta parejita. A medida que avance éste le iré dejando una que otra reseña a ver si engancharán. Aun esta en proceso así que creo que terminaré de entregarles éste y luego empezaremos a publicar el proximo ;).

Un gran abrazo de oso a todos y muchas gracias por darse el tiempo de leer :3

¡Hasta el próximo capítulo!