Disclaimer: Los nórdicos le pertenecen a Himaruya-sensei. Las cuatro danesas son de mi autoría :)
Hola! Aquí les traigo el nuevo capítulo.
¡Lean y comenten! :)
Spoiler: Is regresa después de unas prolongadas vacaciones...
-¡Es Is! ¡Está bie~n! -chilló Finlandia, jubiloso, mientras asomaba la cabeza al interior del lugar. -Y yo diría más que bien... -balbuceó, atontado, al ver que el islandés, que de alguna manera parecía diferente, estaba rodeado por cuatro chicas rubias que parecían a primera vista un grupo valquirias salidas de algún relato vikingo.
-Tsk... querrás decir que estaba bien... hasta que tú, 'acentito raro', y tu amigo, el arrebatado con esa cosa rara que flota al costado de su cabeza, aparecieron...
El finés y el noruego parpadearon dos veces, y entonces se miraron, completamente desencajados.
El Islandia que se hallaba frente a ellos tenía el cabello plateado, los ojos azules y la piel pálida de siempre. Pero... definitivamente no era el mismo...
-'Is es demasiado tímido como para estar con tantas chicas juntas...' -pensó Finlandia.
-'Mi hermano no es tan irritante... Y tampoco habla con aires de superioridad...' -razonó por su parte Noruega.
-Además, ¿cómo se les ocurre tirar la puerta abajo? ¿Acaso no ven que estamos en medio de una tormenta de nieve...? -les reprochó el islandés, fastidiado.
-Ajajajá... Nor... en eso tiene razón... -apoyó la protesta el finés. -Deberíamos levantarla y volver a ponerla en su lugar -propuso entonces.
-Mmmmmmmm... -murmuró por su parte el noruego, al cual la tormenta de nieve y la puerta caída le daban francamente igual. Lo que más le preocupaba en aquel momento era el hecho de que Islandia, con el cual tanto había anhelado reencontrarse, ahora parecía no reconocerlo en absoluto. Lo que era más... él mismo se sentía incapaz de reconocer a su hermano...
Desconcertado, se quedó observándolo de pies a cabeza por un largo rato, tratando de descifrar la inexplicable situación...
-¿Qué tanto me miras? ¿Acaso te gusto...? -preguntó de muy mala manera el menor, sintiéndose acosado.
-Grrrrrr... -gruñó el nórdico del rizo pensando que, de no ser porque el albino era su hermano menor y de que muy en el fondo estaba feliz de verlo a salvo, le hubiese partido la cara en dos sin dudarlo...
-¡NOR! ¡Tenemos que levantar la puerta! -insistió Finlandia, molesto ante la indiferencia noruega, tras lo cual rió nerviosamente, algo abochornado por la perplejidad con la cual se les habían quedado mirando las anfitrionas de casa. -Jejeje... este... chicas... realmente... realmente lamentamos haber echado su puerta abajo... -pidió perdón entonces, con la sinceridad e inocencia que siempre le habían caracterizado.
Las cuatros rubias se miraron entre sí, tras lo cual rieron de buena gana.
-¡No tienen que preocuparse! ¡Nosotras la levantaremos...! -contestó la que parecía la mayor, con un marcado acento danés.
-Pe...pero... ¿están seguras de que pueden hacerlo solas? -preguntó el finlandés, pensando que aquellas tarea parecía demasiado dura para aquellas muchachas que, a primera vista, lucían tan delicadas...
-Ja...! ¡Descuiden! ¡Estamos acostumbrados! ¡Es la tercera vez que nos pasa lo mismo en lo que va de los últimos meses! -explicó la más alta de las cuatro, con una sonrisa alegre.
-¿Es... es en serio...? -preguntó Finlandia, algo sorprendido.
-Ja! ¡Por culpa del viento, del frío y de la humedad las bisagras suelen desgastarse, así que es inevitable que las puertas se caigan de vez en cuando! -acotó la que parecía la menor del grupo, con mucha soltura.
-'Oigan, oigan... ¿cómo es posible que se tomen este asunto con tanta tranquilidad...?' -pensó por su parte el finés, mientras soltaba su tercera sonrisa nerviosa de la noche. -De... de todas maneras... si desean puedo ayudarles y...
-¡No es necesario...!
Finlandia se quedó de una pieza cuando vio que las muchachas, sin hacer casi el mínimo esfuerzo, levantaron la pesadísima puerta de un tirón y la acomodaron en su sitio en un santiamén. -Ehhhhhhh... 'Ahora veo porqué dicen que las mujeres danesas son increíblemente fuertes...' -balbuceó para sus adentros.
-¡No estés tan sorprendido! ¡Nuestros padres nos enseñaron a trabajar y a ser rudas desde pequeñas! ¡Incluso sabemos talar leña y podemos manejar el revólver tan bien como lo haría un hombre! -aseguró la mayor de todas.
-¿Es... es en serio...? -preguntó el finés, anonadado.
-Ja! -le respondió la chica, con una enorme sonrisa-. Por cierto, tu acento es muy bonito... -le susurró entonces, tras lo cual soltó un risita abochornada.
-¡Ahhhhhhhh! ¡Mi acento! ¡Jajajaja...! -se rió en correspondencia Finlandia, sonrojado por el cumplido-. ¡Es que, verás, lo que pasa es que yo soy de...!
-¡De Rusland (Rusia)! ¡Ya lo sabía!
Ante aquellas palabras, el finés se quedó de una pieza. Shockeado, empezó a tambalearse de un lado para el otro. -Venäjä... Ella... ella cree... cree que soy de Venäjä... -balbuceó en aquel momento, ido por completo.
-Jiiji... ¿eh? Oye... oye russisk... ¿estás bien...? -preguntó la danesa, algo preocupada.
-¡Gyah ¡No me digas russisk! ¡Ni siquiera me parezco a Venäjä! ¡Ambos somos muy diferentes! ¡Mi personalidad es muy distinta a la suya! ¡Mi acento es completamente distinto al suyo! ¡Y mi territorio es abismalmente diferente al suyo~! -chilló Finlandia, algo histérico.
-¿T...territorio...? -replicó la chica, absolutamente confundida.
-Sí, sí... Russland es mucho más grande y fuerte en comparación... -intervino Noruega, que había dejado el tema de Islandia a un lado por el momento.
-¡Así e~s! -chilló el finés, tras lo cual comprendió el trasfondo de aquellas palabras y se irritó un poco. -¡Nor! ¡No me 'apoyes'! -exigió a los gritos.
-¿Nor? ¿Se llama... Nor...? -preguntó la menor, con algo de curiosidad.
-¡Pues claro! -asintió Finlandia-. ¡Él es Nor, y yo soy... mph... mph... mph...! -sin embargo, no pudo continuar porque el noruego le cubrió la boca con una de sus manos al darse cuenta de que este estaba hablando de más.
-¿Tú eres...? -quiso saber la chica, expectante.
-Ajam... lo que él quiere decir es que en realidad... nosotros... él... nosotros... él... él es... -tartamudeó Noruega, sin saber exactamente qué decir para arreglar la situación.
-Oh, vamos... es obvio que el acento del más tierno lo delata como finlandés y el del más serio como noruego... -aclaró la más alta, algo irritado por todo el asunto.
-¡OHHHHHHHHHHHH! ¡Tienes razón! -exclamaron las otras tres, a coro.
-De todas maneras... ambos son sexys... -se rió de manera coqueta la más baja.
-¡Dime, hermana! ¿Cómo supiste que el más expresivo era finés y no ruso? -preguntó la menor.
-Es obvio, querida. Los rusos ponen más fuerza al pronunciar la 'erre' mientras que los fineses son más cantarines...
-¿Ca...cantarines...? -balbuceó Finlandia, al cual el noruego ya había liberado, pensando que, en toda su historia, nadie lo había llamado de esa manera...
-'Esta danesa nos ha rescatado...' -suspiró Noruega, aliviado-. 'Tsk... por poco y descubren nuestra verdadera ident...' O...ye... Su...elta... mi... ri...zo... -exigió entonces, más nervioso que de costumbre al darse cuenta de que su 'salvadora' estaba toqueteando 'los fiordos'.
-Jeg beklager (lo siento)! -exclamó esta, obedeciendo de inmediato. -Es que... es tan curioso... Nunca había visto un rizo que flotase de esta manera... -añadió, anonadada, sin quitar los ojos del mechón ondulado de cabello.
-'Danmit!' -maldijo el noruego para sus adentros, pensando que se había olvidado de ocultar ese 'pequeño' detalle.
-¡Ahhhhhh! ¡Pues eso es muy normal! ¡Nor lo tiene desde que nació, y es que ese rizo representa a los...!
-¡Oigan, ustedes dos! ¡Dejen de robarse la atención de mis chicas! -interrumpió súbitamente un rabioso islandés a un atónito finés, tras lo cual se llevó a las sonrientes muchachas al otro lado de la habitación, para alivio de Noruega, feliz de que la atención se hubiese desviado de 'aquella' parte de su cabello.
-Uffffffffffff... Al menos ese mocoso ha hecho algo útil... -suspiró entonces, tras lo cual le quitó a Finlandia la gorra blanca que llevaba y se la puso sobre su propia cabeza, en un desesperado intento por ocultar 'ese' mechón de pelo tan comprometedor.
-O...oye Nor... ¿le... le has dicho a tu hermano... 'mo...mocoso'...? -preguntó Finlandia, algo impactado. Aunque hubiese estado muy molesto, el noruego JAMÁS había llamado a Islandia de aquella manera...
-Ese chiquillo estirado y sobre hormonado no es mi hermano... -replicó Noruega, de mal humor.
-¿E~HHHHHHHHHH? ¡P...pe...pero No~r! -protestó el finlandés pensando que, por más que el islandés estuviese comportándose de forma inusual y vistiese una ropa diferente a la que llevaba hace dos días, no había duda de que se trataba de él. -¿Acaso no te has dado cuenta de que aparenta la misma edad, tiene el mismo tono de voz y habla con el mismo acento que tu lillebro~r? -trató de hacerlo entrar en razón.
-Sí, sí... y además tiene esa cicatriz en la parte baja del cuello que se hizo cuando era pequeño... -bufó de mala manera el noruego, mientras se volteaba a ver al susodicho que ahora coqueteaba de forma descarada con las danesas. -No me malinterpretes... Estoy absolutamente seguro de que esa persona es Is... De todas maneras... su cambio de personalidad es algo... difícil de aceptar... -se lamentó.
-¿C...cambió de personalidad...? ¡GYA~H! ¡No me digas que yo tenía razón, y los extraterrestres lo secuestraron y le cambiaron el cerebro por el de alguien desagradable, quizás con el del italiano maleducado que siempre anda con Espanja (España) y que...!
-Fin... para con las estupideces por un momento, ¿quieres...? -le exigió Noruega, mientras se masajeaba las sienes adoloridas. -¿Acaso no viste el moretón que tiene en la parte superior de la frente? Es obvio que se golpeó la cabeza...
-Se... ¿se golpeó la cabeza...? -preguntó Finlandia, sorprendido.
-Sí... probablemente mientras huía de la avalancha... -contestó el noruego, a secas.
-Y los golpes en la cabeza... ¿te cambian la personalidad...?
-Definitivamente... hay casos en los que ocurre, pero...
-¡GYA~H! ¡Is se quedará así... PARA SIEMPRE~! -vociferó el finés, al borde la histeria de solo pensar en tener que aguantar los malos modales de un insoportable Islandia por el resto de su historia.
-Oye, oye... deja de exagerar, dum... -le exigió Noruega, molesto por el dramatismo finlandés. -La mayoría de los casos son leves, y se solucionan pronto con algo de terapia... -añadió, en tono esperanzado. -De todas maneras, él parece no reconocernos, por lo que su caso debe de haberse complicado con algo de amnesia temporal...
-¿Amnesia? ¿Quieres decir que... que todos los recuerdos de su pasado... se han borrado...?
-Sí... es lo más probable...
-¡¿INCLUSO EL HECHO DE QUE ES UNA NACIÓN DE CASI MIL AÑOS DE EDAD?! -lloriqueó Finlandia, al borde del colapso.
-Sí, sí... pero antes de que empieces a hacer una tragedia nuevamente, déjame decirte que esto también es momentáneo...
-Ufffffffff... qué bueno... -suspiró el finés, aliviado. -Pero por ahora, ¿qué hacemos...?
-En primer lugar... ayudarías mucho si dejaras de complicar la situación... -espetó el noruego, mientras lo miraba de muy mala manera y emanaba un aura tan fría que lo dejó completamente petrificado.
-¡GYA~H! ¿A... a... a qué te refieres...? -quiso saber el pobre Finlandia, temblando de miedo.
-A que dejes de insinuar que somos naciones... -bufó Noruega.
-¿Eh? ¿Por qué~? -lloriqueó el finés, sin entender la razón por la cual debía ocultar su verdadera identidad.
-Porque Is ha perdido la memoria, y no podemos echarle la verdad encima como si de un baldazo de agua helada se tratase, ¿entiendes? Además... si les decimos a esas chicas que somos la personificación de tres países vecinos que salieron a pasear por las montañas porque la estúpida encarnación de su país los invitó...
-Ellas podrían creer que estamos locos, ¿verdad...? -completó la oración Finlandia, que ya empezaba a entender las circunstancias.
-Sí... y eso únicamente conseguiría hacerlo todo más difícil...
-Entonces, ¿quiénes les decimos que somos?
-Mmmm... pues... se me ocurre que... -el noruego empezó a susurrar algo al oído del finlandés.
-¡Ohhhhh! ¡Me parece genial! Pero... ¿y si nos preguntan cómo nos llamamos? -inquirió este último-. No puedo decirles simplemente: ¡Mi nombre es Suomi!, ¿verdad? -añadió, algo preocupado.
-Mmm... pues... en ese caso... me temo que tendremos que utilizar nuestros... nombres humanos... -suspiró Noruega, resignado.
-¿Nombres... humanos...? -preguntó Finlandia, algo desubicado.
-Sí, sí... Cuando vas a un hotel y te registras, no lo haces a nombre de 'Finland', ¿verdad?
-¡No, claro que no! ¡Eso dificultaría todo! -chilló el finés-. ¡Por eso, hace tiempo, uno de mis jefes me dijo que debía usar un alias para efectuar cierto tipo de trámites! -explicó.
-¿Y cuál es ese alías?
-Pues... creo que era... Tino... ¡Tino Väinämöinen! -exclamó Finlandia, con mucha energía.
-¿Vaina... qué...? -preguntó el noruego, confundido.
-¡Väinämöinen! ¡Oh, vamos! ¡Mi apellido no puede ser tan difícil de pronunciar!
-No... claro que no... -replicó Noruega con sarcasmo. -A todo esto, ¿por qué escogiste un nombre italiano? -añadió curioso.
-¡Tino no es italiano! -protestó el finlandés.
-Sí que lo es...
-¡Te digo que es nórdico! -explotó un fastidiado Finlandia-. Por cierto... ¿cuál es tu alias, Nor?
-Ahhh... pues el mío es...
-¡Oigan, chicos! ¿Por qué no se sientan a la mesa? ¡Mis hermanas y yo les prepararemos algo de comer! -intervino de pronto la mayor de las danesas, que se había zafado del 'monopolio' islandés por un momento. -Al fin y al cabo... ustedes se ven tan cansados... susurró tiernamente, mientras le acariciaba sugestivamente la barbilla al finés.
-Ahhhh... sí... comida... con... ustedes... -empezó a balbucear este, medio atontado, mientras seguía a su anfitriona como si estuviera hipnotizado.
-Oye, oye... -le detuvo de un jalón el noruego-. Controla a tus hormonas, danmit... -le exigió entonces, molesto.
-Pe...pe...¿pero por qué...? -gimoteó Finlandia.
-Porque estamos en medio de un asunto importante, porque somos países y no podemos involucrarnos con humanas y porque ellas son demasiado altas para ti...
-¡Nor! ¡No tenías por qué meterte con mi estatura! ¡Además tú no me llevas más que cinco centímetros! -protestó a los gritos un ofendido finés.
-De cualquier manera, deja de actuar por tu cuenta -le exhortó Noruega. -Escuchen señoritas... -se dirigió entonces a las dueñas de casa- Realmente nos encantaría quedarnos, pero no podemos...
-¿Eh? ¿Por qué~? -preguntaron a coro unas decepcionadas danesas.
-¡Sí! ¿Por qué~? -se les unió Finlandia, provocando que el noruego le lanzara una mirada de molestia.
-Porque tenemos algunos asuntos de urgencia que debemos solucionar lo antes posible...
-Jum... ¡hasta que por fin! Creí que nunca se irían... -espetó Islandia de mala manera.
-Y en cuanto a ti, tú vienes con nosotros... -dictaminó Noruega con mucha autoridad -al fin y al cabo, él era el mayor.
-Sí claro... ¡¿QUÉ?! -vociferó el islandés, que no se esperaba aquello.
-Que vienes con nosotros...
-Tsk... ¿acaso estás demente? ¿Por qué tendría que ir contigo, norsk? -inquirió con rudeza Islandia,
-Porque yo te lo ordeno... -respondió sencillamente el noruego, malhumorado, provocando que todos los presentes le miraran algo extrañados. De un momento a otro, el islandés estalló en sonoras carcajadas.
-¡Jajajaja! ¡Este sujeto sí que está completamente desubicado! ¡Primero viene y derriba la puerta de una patada, luego me mira como si me conociera de toda la vida y luego exige que me vaya con él...!
-Definitivamente, el chico parece algo perturbado...
-Ahora que lo recuerdo, escuché en la radio que ayer se escapó un chico lindo, pero algo loquito del manicomio local...
-¡Ah! ¡Tienes razón! ¡Y, además, dicen que tiene un compañero! -empezaron a murmurar las mujeres entre sí, mientras miraban a los dos nórdicos recién llegados con sospecha.
-O...oye Nor... creo que primero deberías explicarle a Is las circunstancias... tal y como lo planeamos, ¿recuerdas...? -intervino Finlandia, algo nervioso por la situación.
-Ahhhhhh... ya qué más da... -suspiró Noruega, absolutamente irritado-. Escuchen, ustedes... No soy ningún lunático, no me escapé del manicomio, y el chico que está conmigo no es mi cómplice... La... la verdad... la verdad... la verdad... es que...
-¿Qué? -quiso saber Islandia, completamente exasperado.
-La verdad es que tú... tú eres... tú eres... -balbuceó el noruego, pasando de estar absolutamente seguro de sí mismo a temblar de pies a cabeza por los nervios. -Tú... tú eres... tú eres... tú... tú... tú eres...
-¡Tú eres su hermano meno~r! -explotó el finés, sin poder contenerse más tiempo-. ¡Te llamas...! Este... ¿cómo era que te llamabas...? -preguntó, dándose cuenta de que se había apresurado y de que ni siquiera sabía cuál era el alias del peliplateado.
-Se llama Emil... -bufó Noruega, rogando porque Finlandia no siguiera 'arreglando' las cosas.
-¡Ah! ¡Sí! ¡Emil! ¡Y el chico que viene conmigo es tu hermano mayor...! E...ste... ¿cu...cuál era su nombre humano... ¡digo! ...su nombre...? -inquirió para sí mismo, con una risita nerviosa.
-El nombre 'humano' del hermano mayor es Lukas... -gruñó Noruega, sintiendo que ya no podía contener su irritación ni un segundo más.
-¡Lukas! ¡Y yo soy tu primo lejano, Tino! -anunció con una sonrisa, tras lo cual corrió a abrazar a un sorprendido islandés.
-Q...q...¡¿qué dices?! -fue la lógica pregunta que hizo este, desubicado ante tan sorpresiva información, mientras trataba de apartar por todos los medios a un insistente Finlandia.
-¡Que somos tu familia! ¡Y hemos venido a por ti! ¡No tienes idea de lo preocupados que nos has tenido! -empezó a lloriquear el finés.
-¡Awwwwww! ¡Es tan tierno~! -exclamaron las danesas a coro.
-U...ustedes... ¿de verdad afrontaron esa tormenta de nieve solo... solo para ver si... si yo estaba bien...? -preguntó el islandés, conmovido en el fondo pero tratando por todos los medios de ocultarlo.
-¡Claro que sí~! -respondió Finlandia con efusividad, tras lo cual fijó la vista en Noruega-. ¿No es verdad, Nor...? ¡Digo, Lukas! -le solicitó con la mirada que corroborara sus palabras.
-Ehhh... sí... es tal y como Fin... ¡esto...! Flo...Florentino ha dicho... -fue lo único que atinó a decir un frío noruego.
-¡Es sencillamente Tino! Y... jejejeje... Lu...Lukas... por qué no vienes y le demuestras a tu hermano la inmensa felicidad que sientes al haberlo encontrado sano y salvo... con un fuerte abrazo... -le instó el finés con cara de '¡deja tu maldita inexpresividad a un lado por un momento y trata de colaborar conmigo!', tras lo cual rió nerviosamente.
-Ahhh... cla...claro... -tartamudeó el noruego, algo cohibido, tras lo cual se acercó a Islandia a pasos lentos, le puso una mano en el hombro como si apenas quisiera tocarlo y dejó salir un sequísimo 'me alegro de que estés bien'. Entonces, se retiró hacía toda a prisa a su lugar anterior, a un par de metros de distancia.
-'Oye, oye, ¿qué diablos fue eso?' -fue la lógica pregunta que se hizo un decepcionado Finlandia. Entonces, se dirigió al islandés con una nueva risita nerviosa. -L...lo que pasa es que es un poco tímido... Iré... iré a hablar con él... -fue lo único que se le ocurrió decir para disculparse.
-Tsk... cómo si de verdad me importara... -bufó el menor, haciéndose el duro.
-¡Nor! ¡¿Qué diablos es lo que te pasa?! -le recriminó el finés a Noruega en cuanto estuvo a solas con él.- ¡Creí que estabas loco por ver a Is de nuevo! -añadió.
-Cl...claro que lo estaba... pero... soy malo para estas cosas... -confesó el noruego, algo frustrado.
-¿Estás... cosas...? -preguntó Finlandia, confundido.
-Para los recuentros... y... todo ese asunto...
-'Maldición... este tipo es peor que Ruotsi...' -soltó el finlandés un suspiro de desesperación-. ¡De todas maneras, tienes que esforzarte un poco y...!
-No es necesario que lo presiones... ni siquiera de esa manera podrás mantener en pie toda esta farsa, 'chico cantarín...' -intervino de repente el islandés, que se había acercado sigilosamente a ambos y los había cogido desprevenidos.
-¿F...farsa...? -replicó Finlandia, algo desubicado.
-¡Dejen de fingir! ¡No me quieran tomar por tonto! ¡No sé por qué, pero es obvio que no me están diciendo toda la verdad! -estalló de repente Islandia. -Ahora, por qué no nos hacen un favor y se largan de aquí... -exigió con rudeza.
-No nos vamos a ningún lado -replicó Noruega con mucha convicción-. El 'chico cantarín' tiene razón... Tú eres mi hermano... -añadió, con una intensidad tal que dejó al islandés mudo. -Y sé que, en el fondo, tú lo sabes...
-Jum... -bufó el islandés, que insistía en hacerse el duro. -No tengo idea de lo que estás diciendo... -soltó al fin.
-Ahhhhhhhhhh... -suspiró el noruego, irritado ante la terquedad de Islandia. Entonces, trató de calmarse, esforzándose al máximo por resistir la tentación de convertir a su hermano menor en renacuajo o en algo peor-. Te entiendo... -susurró de repente, dejando al albino todavía más confundido.
-¿Eh? -fue la lógica pregunta que este se hizo.
-Que te entiendo... Al fin y al cabo, te golpeaste a cabeza... Es probable que ni siquiera recuerdes quién eres tú mismo... así que no me sorprende que no me recuerdes a mí... -afirmó Noruega, con toda la empatía que pudo.
-¿Se... se golpeó la cabeza...? -preguntó la menor de las danesas, algo sorprendida.
-¿Y ha perdido la memoria...? -la imitó la más alta.
-¡Tsk! ¡Claro que no! -rebatió enérgicamente el islandés-. ¡Yo sé perfectamente quién soy y...!
-¡POBRECITO~! -exclamaron las cuatro chicas a coro, interrumpiéndole, tras lo cual fueron a abrazarle efusivamente.
-Ahhh... esto sí que me gusta... -balbuceó Islandia, atontado-. Y... como iba diciendo... ¡no estoy seguro de cuándo, pero hace poco me golpeé la cabeza, y ahora no recuerdo nada...! -lloriqueó entonces, sobreactuando su tragedia.
-¡Ohhhh... qué pena...! -le siguieron la corriente las cuatro chicas.
-Claro que es una pena... -apareció de repente el noruego, emanando un aura más que malévola que terminó por espantarlas. Entonces, le hizo una seña al finés para que las distrajera, orden que él obedeció de inmediato.
-¡Oye! ¿Por qué hiciste eso? -rabió el islandés.
-Porque te estás tomando a la ligera un asunto demasiado serio...
-¿Serio? -replicó sarcásticamente Islandia.
-Yo sé que no recuerdas nada... ni cómo te llamas, ni quién eres, ni ningún detalle importante acerca de tu pasado... ¿No te parece algo lo suficientemente serio como para estar bromeando sobre ello...?
-Sé que me llamo Emil... y que tú... tú eres mi hermano mayor... -berreó el islandés, como niño malcriado.
-Porque acaba de decírtelo Valentino, pero ni siquiera estás seguro de eso...
-Mph... -bufó Islandia, tras lo cual giró la cabeza a un lado. Entonces, soltó un suspiro de derrota. -E...está bien... Tú ganas... No... no sé quién soy... No sé a dónde voy... No tengo una maldita idea de nada... Y es por eso que me siento... terriblemente frustrado... -confesó, con gran sinceridad, dejándose caer de un tirón en el sillón que tenía a su costado.
-Las cosas no tienen por qué seguir así. Escucha Is... Emil... Si tú... si tú vienes con nosotros, te prometo que todos tus recuerdos volverán, y que tú podrás ser otra vez quién siempre has sido...
-¡¿Por qué debería confiar en ustedes?! -explotó el islandés malhumorado.
-Porque somos tu familia...
-¡Eso no me consta!
-Pues entonces tendrás que hacer un acto de fe...
-¡No quiero hacer eso!
-¿Acaso te queda otra opción? -preguntó Noruega, con una calidez que solo su hermano menor lograba hacerle aflorar.
Islandia, sintiendo que su interior estaba a punto de quebrarse, solo atinó a negar con la cabeza. Entonces, soltó un suspiro de resignación, e hizo un espacio a su costado para que el noruego pudiera sentarse.
-Gracias... -susurró este último, aceptando de inmediato la silenciosa invitación.
-Olvídalo... -bufó el islandés-. Ahora, si realmente eres mi hermano mayor... ¿p...podrías contarme algunas cosas sobre... mí...? -preguntó, cambiando repentinamente su rudeza por timidez.
-Claro... -respondió el noruego, con una media sonrisa-. Pues... E...Emil... desde pequeño... siempre tuviste un carácter bastante especial...
-¿Especial?
-Sí... especial... -remarcó Noruega, con algo de ternura.- ...siempre aparentando ser frío, indiferente y serio, pero tratando en el fondo de esconder tus intensas emociones que luchaban a cada momento por estallar... como un volcán...
-Eso... ¡eso no puede ser verdad...! -protestó a los gritos un sonrojado Islandia.
-Esto es precisamente a lo que me refiero... -rió por lo bajo el noruego, pensando que, después de todo, el cambio de personalidad de su hermano no había sido tan radical como él pensaba ya que seguía conservando muchos de los rasgos distintivos de su forma de ser anterior. -'Probablemente solo se sentía confundido y frustrado... y por eso actuaba de forma tan diferente cuando recién llegué...'
-¡Ya basta! -rabió el islandés-. ¡Por qué mejor no hablas de cosas menos vergonzosas! -exigió.
-De acuerdo, de acuerdo... En ese caso... será mejor que pase al tema de la inmensa admiración que sientes por mí como tú hermano mayor...
-¡Dije cosas MENOS vergonzosas! -chilló de inmediato Islandia.
-Eso no es algo de lo cual avergonzarse... -replicó Noruega.
-¡Para mí lo es! ¡Ahora, cambia de asunto!
-Mph... -gruñó el noruego, algo contrariado. -Como tú quieras... -suspiró después de un momento, resignado-. Hablemos entonces sobre tus aficiones...
-No necesito que me hables sobre eso. Yo ya sé perfectamente cuáles son... -afirmó el islandés, muy seguro de lo que decía.
-¿De... de veras...? -preguntó Noruega, sorprendido.
-Pues claro... si es obvio que la principal es... ¡COQUETEAR CON LAS CHICAS...! -exclamó melosamente, mientras se giraba a ver a las cuatro muchachas que en aquel momento se hallaban entretenidas hablando con Finlandia sobre el sauna, la navidad y la gastronomía finesa.
-¡CLARO QUE NO~! -rebatió enérgicamente el noruego, al borde del colapso.
-¿N...no...? -preguntó Islandia, desubicado.
-No -reiteró tajantemente Noruega. -Es más... eres tan tímido que casi nunca les hablas...
-¿E...es en serio...? -parpadeó el islandés, estupefacto.
-Muy en serio -respondió el noruego.
-Bah... que aburrido soy... -se lamentó Islandia, decepcionado.
-No eres aburrido... -replicó Noruega.
-Tsk... si tú lo dices... De... de todas maneras... si no me gusta conquistar mujeres guapas... ¿cuáles son mis aficiones...?
-Pues... yo diría que pescar, escribir libros y observar los géiseres de tu país con el frailecillo que tienes...
-¿F...frailecillo...?
-Sí. Es pequeño, algo malcriado y tiene una cinta roja atada al cuello. ¿Te acuerdas de él?
-Quién sabe... al fin y al cabo yo creí que las aves solo me gustaban sazonadas y bien rostizadas... -comentó el islandés, de mala gana.
-O...oye... -balbuceó el noruego, pensando en que el pobre Mr. Puffin estaría, literalmente, 'frito' si es que no conseguía que su hermano recuperase la memoria y todos los rasgos de su personalidad anterior pronto. -A ti no te gusta comer aves. En vez de eso, prefieres la Coca-Cola, el bacalao y los caramelos de regaliz.
-¿Ca...ramelos de regaliz...? -preguntó Islandia, algo desubicado.
-Sí. Son oscuros y agridulces. Te fascinan... es más, apostaría que tienes una bolsa llena de ellos en tu abrigo justo ahora...
-Ahhhhh... te refieres a estas 'gomitas'... -musitó el islandés, como sacar el empaque de golosinas del interior de la gabardina que tenía puesta. -Comí un poco ayer... y... la verdad es que no sabían tan mal...
-¿Y bien? ¿Te he convencido? -preguntó Noruega algo expectante.
-Mmmm... -se hizo el difícil Islandia-. Casi... pero todavía no... -respondió al fin.
-¿Por qué no? -preguntó el noruego, algo decepcionado.
-Porque hay un par de cosas que aún quiero que me aclares. Primero... ¿cómo es posible que un noruego como tú y un islandés como yo seamos hermanos...? -quiso saber el menor, con algo de desconfianza.
-Ehhhhhhhh... -balbuceó un nervioso Noruega, al cual la súbita pregunta le había tomado completamente desprevenido-. Pu...pues...
-¿Eh? ¿Por qué titubeas? -inquirió un suspicaz Islandia.
-Ajam... por nada... -trató de fingir serenidad el noruego-. Y... la verdad es que... la respuesta a tu pregunta tiene mucho que ver con nuestra complicada historia familiar...
-Pues quiero escucharla...
-Cla...claro... Verás... la verdad es que... nuestra madre era islandesa y... nuestro padre, noruego... -fue lo único que atinó a decir Noruega como explicación.
-¿O...sea que nosotros... somos noruego-islandeses...? -inquirió Islandia, algo sorprendido. -Oye... un segundo... ¿por qué hablas de nuestros padres en pasado...?
-Pues... ahhhhhhhhh... -suspiró el noruego, fingiendo enorme tristeza.
-¿Qué... que pasa? Q...quiero saber...
-No... la historia es demasiado dolorosa y... no quiero cargarte emocionalmente con ella...
-¡Pero tengo derecho a conocerla!
-Ahhhh... lo haré si insistes... -Noruega tomó aire y tras lanzar otro suspiro, se dispuso a continuar-. Emil... nuestros padres murieron en accidente cuando ambos éramos todavía muy pequeños...
-'¡¿Pero qué clase de historia se está inventando No~r?!' -se escandalizó para sus adentros el finés, que había estado escuchando disimuladamente desde donde se encontraba. -'¡No tenía que ser tan trágico~!'
-¡Hey, Tino! ¡Síguenos hablando de las costumbres navideñas en tu país! -le solicitó la mayor de las danesas, sacándolo súbitamente de sus pensamientos.
-¡Ah! ¡Sí! ¡Lo siento...!
-Es... ¿es en serio...? -preguntó Islandia, visiblemente afectado.
El noruego asintió melancólicamente con la cabeza. -Después de aquello, tú te fuiste a vivir con nuestros abuelos maternos. Por eso es que tienes acento islandés. Yo me quedé con el hermano de papá. Por eso tengo acento noruego...
-Así que... en pocas palabras... tú eres la única persona con la cual comparto lazos sanguíneos directos... -musitó Islandia, algo abatido.
-Así... así es...
-Y aun así vives lejos de mí, en otro país... añadió tristemente el islandés, destrozando por completo a Noruega ante la veracidad de aquel par de palabras. -Debo de ser una persona realmente solitaria...
-I...Is... no digas eso... -le suplicó, olvidando por un momento la situación.
-¿Is? ¿Por qué me dices Is? -preguntó Islandia, algo confundido.
-Porque... porque ese es tu apodo...
-¿Mi apodo?
-Sí. Es una abreviación de... 'islandés...' y... técnicamente... tu alias... -fue lo único que atinó a decir Noruega como explicación.
-Es... ¿es en serio...? -replicó Islandia, con una ceja levantada y algo incrédulo. -Parece una manera extraña de escoger un sobrenombre para alguien...
-E...es...es... únicamente porque has perdido la me...memoria... de... de lo contrario... te parecería lo más normal del mundo... -argumentó el mayor, más nervioso que de costumbre.
-Pues... supongo que sí... -musitó el menor, tras lo cual soltó un suspiro de resignación-. Imagino que esa es la misma razón por la cual Tino te dice Nor... como abreviación de 'noruego', he de figurarme...
-E...xactamente... -asintió el mayor, un tanto inquieto. De repente, su teléfono móvil empezó a sonar, rompiendo de golpe la incómoda situación que se había generado. -¿Eh? ¿Llamada? -se preguntó, algo atónito, y cayendo en cuenta de que, como había sido incapaz de usar su Smartphone durante los últimos tres días debido a la ausencia de señal, casi se había olvidado de que poseía uno.
-¡Vaya! ¡Es increíble que haya entrado una llamada durante una tormenta de nieve! -exclamó la más alta de las danesas, mientras dejaba de lado la animada conversación grupal con el finés y sus hermanas.
-¡Ella tiene razón! ¡Es algo realmente sorprendente! -agregó la mayor, en imitación de su hermana.
-E...¿England...? -leyó en voz alta Noruega el nombre del emisor.
-¿Tienes un amigo... que se llama England...? -preguntó la menor, algo sorprendida.
-¿Eh? C...claro que no... Lo que quise decir es que... tengo una llamada desde England... -trató de arreglar la situación un tenso noruego.
-¡Ahhhhhhhh! -exclamaron a coro las cuatro anfitrionas.
-'Maldición... ¿qué querrá ahora...?' -se preguntó para sus adentros Noruega, pensando que no iba a ir a ayudarlo si otra vez había hecho explotar su casa por inventar una nueva pócima. Entonces, resignado, decidió apretar el botón de 'responder'. -Hola... A...rthur... ¿qué pasa...?
-¡He estado intentando llamarte desde hace dos hora~s! ¡¿Dónde diablos te encuentra~s?! ¡¿Y quién rayos es ese tal Arthu~r?! -chilló el inglés fuera de sí, a tal grado que el pobre noruego tuvo que alejar el teléfono medio metro de su oído para no quedarse sordo.
-Oye, sé más educado... estoy con 'nuevas amigas' ¿entiendes...? -explicó Noruega, rogando porque Inglaterra captara la indirecta-. Y deja de hacer bromas pesadas... Ar-thu-r... -le exigió algo molesto, remarcando la última parte.
-¿A...amigas...? Oye, no me digas que otra vez te fuiste de excursión y ahora estás acampado con un grupo de ninfas... ¡aún cuando te he advertido más de una vez de lo peligrosas que so~n!
-No son ninfas... son danesas... humanas danesas... -aclaró el noruego, más irritado que en un principio-. Ahora si volviste a perder a Mint-Bunny en el jardín de tu casa, pues entonces pídele a Romania... digo... a... V...Vlad.. que te ayude a encontrarlo. Yo me encuentro algo ocupado...
-'¿Vlad? ¡El nombre humano de Romania es igual que el nombre humano del Conde Drácula!(1)' -se estremeció para sus adentros Finlandia, más que horrorizado pensando que, fueran reales o imaginarios, los amigos de Noruega siempre daban miedo.
-¿M...Mint-Bunny...? -preguntó el inglés, algo desubicado. -¡Esto no tiene nada nada que ver con él! -vociferó entonces-. ¡Esta es una emergencia real! ¡Escucha, lo que pasa es que ...u ve...no... r...d...o e...á a p...n...o ...e ...t...r e... e...a...o ...e e...rg...c...!
-Oye, oye... no entiendo nada de lo que dices...
-¡Te digo que t... ...ci... rui...so ...tá a ...nto d... en...ar ...n ...ta... d... ...er...ia...!
De repente, la llamada se cortó de golpe. Al mirar la barra de señal cubierta por una 'x', el noruego comprendió la razón.
-Hey, ¿se trata de algo grave? -preguntó el finés, que se le había acercado disimuladamente.
-Yo que sé... no pude entenderle nada... -se limitó a responder el noruego. -Quizás simplemente Russland volvió a romperle su silla maldita... -añadió, tras lo cual procedió a retomar asiento al lado de su hermano.
-'E...¡¿Englanti tiene una silla maldita...?! ¡¿Y Ve...Venäjä es más fuerte que ella...?!' -empezó a temblar Finlandia, a punto de entrar en crisis nerviosa.
-O...oye... ¿podrías prestarme el aparato que acabas de usar...? -le solicitó el islandés a su hermano con algo de curiosidad.
-¿Mi Smartphone? Pues si quieres...
Una vez que Islandia tuvo el celular en sus manos, empezó a mirarlo de arriba abajo, de cabo a rabo con los ojos tan abiertos y tal expresión de absorción absoluta que Noruega fue incapaz de contenerse una risita.
-¡¿Qué?! -fue la iracunda pregunta que hizo un irritado islandés.
-Oye, oye, no te enojes... Lo que pasa es que... me has hecho recordar lo observador que siempre has sido desde que eras de pequeño...
Islandia no pudo evitar sonrojarse ante aquello. Entonces, carraspeó y trató de hacerse el desentendido. -No sé de qué hablas -bufó-. Yo solo quería investigar cómo funciona este aparato parlante... -aclaró mientras acercaba el celular a su oído- Aunque es raro... ahora mismo no sale la voz de nadie...
-¿Voz? -preguntó el noruego, mientras alzaba una ceja. -Pues... eso es porque nadie está llamándome en este momento, pero...
-Y lo más extraño es que, cuando si salía una voz, no era la de una chica... sino la de un chico... -añadió el islandés, sin escuchar lo que su hermano acaba de decir.
-¡Eso no es nada extraño! ¡La única voz de chica que alguna vez ha salido del celular de Nor es la de la contestadora telefónica! -intervino de repente el finés, provocando una risita de parte las chicas y haciendo que Noruega se sonrojara de pies a cabeza.
-Eso... no es verdad... -balbuceó este último, algo abochornado. -Ungarn (Hungría) me llamó una vez para solicitarme que le envíe su sartén, que olvidó sobre el mueble de mi sala... Ukraina (Ucrania) para pedirme que le preste dinero... y Hviterussland (Bielorrusia) para exigirme que me aleje de su hermano, tan solo porque el día anterior me había sentado junto a Russland en una de las conferencias mundiales...
-¿Quiénes? ¿En dónde? -preguntaron las chicas, mientras arqueaban una ceja.
-Elizabeta... Yekaterina... Natalia... Ivan... conferencia de trabajo... -se rectificó el noruego a toda prisa, con una enorme gota de sudor rodándole por la frente.
-¿Y cómo es que esa tal Elizabeta olvidó su sartén sobre tu mueble...? -preguntó la más alta de las danesas, con algo de curiosidad.- Ohhhhhh... ya entiendo... -le codeó entonces, como lanzarle una mirada pícara.
-Oye, oye... No es lo que estás pensando... -rebatió Noruega, pensando que él y la húngara no pegaban ni con cola.
-Oh vamos norsk, no te avergüences, que tener novia no es un pecado... -aseguró la menor.
-Ya lo sé... pero... aun así...
-¡Vaya! ¿La persona plasmada aquí no será Elizabeta...? -le interrumpió la más baja de las chicas, que había logrado sacar el misterioso retrato que el noruego observaba temprano por la mañana del bolsillo de su abrigo. ¡Ohhhh... es tan bonita...! -comentó entonces con mucha dulzura.
-¡Devuélveme eso! -exigió Noruego, inusualmente fuera de sus casillas, mientras forcejeaba con la danesa.
-¿Por qué? -lloriqueó ella.
-Porque no te he dado permiso para verlo, porque estás invadiendo mi espacio personal y porque es una falta de respeto... -bufó él, irritado, tirando con fuerza y logrando vencer. -Tsk... ya lo arrugaste... -le recriminó, mientras estiraba la hoja en un esfuerzo desesperado por devolver a la normalidad aquel pedazo de papel que, por alguna razón que solo él conocía, le significaba tanto. -Al menos no quedó tan mal... -suspiró, mientras lo doblaba a la mitad y lo guardaba con mucho cuidado en su abrigo. De repente, al girarse, vio los ojos de la chica llenos de lágrimas pequeñas a punto de salir. -Oh...oh... -se lamentó, dándose cuenta de que se había propasado y de que la había tratado con tanta rudeza como lo hubiese hecho con Dinamarca en persona. -O...oye... no llores...
-Es que tienes... toda la razón... ¡Soy muy mala persona~! -gimoteó ella, mientras se cubría la cara con ambas manos y empezaba a sacudirse.
-'Idioter...' -se insultó a sí mismo el noruego, pensando que lo único que le faltaba era provocar que una mujer llorase. Ni siquiera de vikingo lo había hecho -su limitado honor no era tan escaso como para permitirle una acción tan baja. Entonces, dándose cuenta de que debía arreglar la situación de alguna manera, respiró hondo y se armó de valor para hacer algo sin precedentes: acercarse más de medio metro a una extraña. Algo indeciso, tomó a la chica por los hombros y dejó salir un tímido 'lo siento'.
-No... soy yo la que lo siente, por pasarme del límite... -replicó la chica, mientras se limpiaba los ojos. -De todas maneras, ¿por qué no olvidamos todo, hacemos las paces y luego nos damos un FUERTE abrazo? -pasó a proponer, con gran entusiasmo, a la vez que tomaba las manos de Noruega y las oprimía con fuerza.
-Oye... oye... tampoco te aproveches... -balbuceó este, pensando que aquella recuperación había sido demasiado rápida. Entonces, mientras intentaba liberarse con mucho esfuerzo del apretón una chispa en la mirada de la danesa casi le corta la respiración. En un poco común acto impulsivo sacó el retrato que acaba de guardar en su bolsillo y empezó a mirar alternativamente el rostro de la chica y el papel que tenía en la mano, una y otra vez.
-P...¿Pasa algo...? -preguntó ella, algo extrañada por el repentino comportamiento.
-¿N...nos conocemos... de antes...? -preguntó él, sintiendo que, por alguna razón, el corazón empezaba a latirle con fuerza.
-¿Conocernos? ¡Pues a menos que hayas visitado Hals o sus alrededores anteriormente, porque yo nunca he salido de aquí! -le respondo ella con mucha jovialidad.
-S...sí... debí suponerlo... -musitó él, algo decepcionado, mientras devolvía el retrato en cuestión a su lugar. -De todos modos... es algo imposible...
-¿Es imposible que tengas novia? -intervino de repente la más alta, con los ojos muy abiertos.
-L...la verdad es que yo no me refería a eso... -tartamudeó el noruego, más nervioso que de costumbre.- Lo que quise decir es que...
-¡La respuesta es un rotundo sí~! ¡Lukas detesta el contacto social con cualquier tipo de persona! ¡Siendo honestos, el único al cual soporta es a Tans... digo, a nuestro primo danés...! -volvió a interrumpirle Finlandia, ganándose una mirada furiosa de su parte por hablar de más.
-¿Tienen un primo danés? -preguntaron con gran entusiasmo las mujeres.
-Sí... lo tenemos... -respondió Noruega de mala gana. -Y antes de que empiecen a bombardearme con preguntas, les aclaro que se llama Mathias, que vive en la capital de este país y que es un completo idiota adicto a la cerveza...
-'Oye, oye... no tenías que ser tan descriptivo...' -pensó para sus adentros el finés, compadeciendo al pobre Dinamarca donde quiera que estuviese.
-¡Adicto a la cerveza! ¡Igual que nosotra~s! -chillaron las chicas a coro.
-U...¿Ustedes...? -replicó el noruego, mientras alzaba una ceja.
-¡SÍ~! ¡Miren! -solicitaron ellas, como abrir la puerta del refrigerador, que se encontraba cerca.
-¡Wow! ¡Ese es el paraíso! -exclamó Finlandia, atónito al ver el interior lleno de tarros y botellas de todos los tamaños y colores que contenían la bebida hecha a base de cebada.
-D...debí suponerlo... -rió Noruega, sintiendo por un segundo que estaba en la cocina de su amigo danés y recriminándose por no haber tenido en cuenta la nacionalidad de sus anfitrionas antes.
-De todas maneras, ¡deberíamos ofrecerles un poco! ¡Tenemos suficientes botellas para todos! -exclamó la mayor de las nórdicas,
-¡Yo quiero! ¡Yo quiero! ¡YO QUIERO~! -vociferó frenéticamente Finlandia, teniendo que ser contenido por noruega para no abalanzarse sobre las latas que la chica acababa de sacar y que ahora exhibía en una de sus manos.
-Tú no puedes... -le reprendió este, inmovilizándolo por la chaqueta.
-¡P...p...pero N~or...! -berreó el finés, como niño malcriado.
-No. Lo prometiste... -le recordó Noruega, como lanzarle una mirada 'algo' intimidante que, aunque nunca llegaría al nivel de la de Suecia, sí que puso a Finlandia a temblar.
-¡GYA~H! ¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Me retracto~! -lloriqueó este último, tras lo cual respiró hondo y trató de hacer un esfuerzo sobrehumano por contenerse.
-Bueno, bueno... si Tino no puede... ¿por qué no pruebas un poco en su lugar, Lukas...?
-Ni hablar... ya tuve suficiente con la resaca de hoy por la mañana... que por cierto todavía está me afectando... aseguró el noruego, como llevarse una mano a la cabeza adolorida.
-¿Te emborrachaste anoche? -preguntó la mujer, con los ojos muy abiertos.
-Sí... pero no fue intencional... La verdad es que yo soy abstem...
-¿Pueden creerlo? ¡Se embriagó tomando solo dos botellas de café mezclado con cerveza y...! mph... mph...
-Ya... basta... -exigió Noruega, irritado, mientras le cubría la boca a su impertinente colega finés.
Sin embargo, esto no impidió que las chicas soltaran una risita, divertidas ante tal revelación.
-Jujuju... a mí no me habría hecho ni cosquillas... -comentó una.
-¡A mí tampoco! -añadió otra.
-De todos modos, es algo tierno, ¿no les parece? Yo ya estoy harta de los chicos que presumen de tomar jarra tras jarra de licor como si de agua se tratase...
-Ahhh... sí~... Es tierno~... -suspiraron las otras tres, como clavar la mirada en un sonrojado noruego.
-Oigan, oigan... Ya basta... Estoy empezando a sentirme acosado... e intimidado... -fue lo único que atinó a balbucear este último, mientras se ocultaba avergonzado detrás de Finlandia.
-Oye, Emil... ¿no quieres tú la lata que tu hermano mayor y tu primo han rechazado? -ofreció la danesa de más edad, mientras se acercaba a Islandia.
-¿Eh? ¿Yo? -preguntó el chico, saliendo de golpe de su atenta y meticulosa investigación sobre el celular de Noruega. -Este... ¿lata de qué...? -quiso saber, tras lo cual dejó el Smartphone aun lado y tomó el tarro entre sus manos, convirtiéndolo en su nuevo objeto de examen.
-¡Pues de cerveza, niño!
-Ah, claro. ¿Qué es cerveza? -preguntó el islandés, mientras parpadeaba dos veces.
-Algo que los menores de edad no pueden tomar... -intervino el noruego, como arrebatarle la lata y devolvérsela la chica.
-¿Es menor de edad? -inquirió esta, sorprendida.
-Sí que lo es... al menos en este país... Apenas tiene 15 (2)...
-¡Lo lamento, que no lo sabía! -se disculpó ella-. De todas maneras, yo le ponía unos 18 ó 19...
-Te digo que tiene 15... -insistió Noruega, algo molesto.
-¿Qué es ser menor de edad? -quiso saber Islandia.
-Ahh... pues... eso significa que todavía no tienes la madurez suficiente para tomar ciertas decisiones, y que mientras tanto yo...
-¡Mientras tanto tu hermano mayor tiene la potestad de decirte que puedes hacer y qué no, qué ponerte y qué no, con quiénes andar y con quiénes no... controlando así cada pequeño aspecto de tu vida y sobreprotegiéndote hasta el punto de casi asfixiarte y... mph... mph... ¡mhp...!
-Mira Fin... a la próxima te juro que se me sale el vikingo... -le susurró el noruego al finés con una cara de los mil infiernos.
-Rayos... si ese es el caso, entonces no quiero ser menor de edad... -aseguró el islandés, algo desanimado.
-No le hagas caso a Agustino... él no tiene idea de lo que dice... -trató de calmarlo Noruega. -Por cierto... ¿a qué te referías hace un rato cuando dijiste que te extrañaba el hecho de que de mi celular no saliera la voz de una chica, sino la de un chico...? -quiso saber, con algo de curiosidad.
-Ahhhhh... Pues es solo que me pareció insólito... ya que yo encontré en mi bolsillo una máquina parlante muy similar a la tuya, pero de la cual SIEMPRE sale la voz de una mujer...
-¿Será acaso su novia? -preguntó la más alta.
-Ahhh... y yo que creí que no tenía pareja... -se lamentó la menor.
-Él no tiene pareja -aclaró un tajante noruego.
-¿Y tú como estás tan seguro, si al fin y al cabo vivimos en países diferentes? -inquirió Islandia, mientras arqueaba una ceja.
-Porque te conozco y, como mencioné hace un rato, tú no eres esa clase de chico...
-Sí... debí recordarlo... Además, no creo que fuera la voz de mi novia... al fin y al cabo, ella solo me daba órdenes...
-¿Es en serio? Pues entonces Emil, puedes dar por hecho que sí lo era... -intervino de repente Finlandia.
-Oye, oye, ¿tú qué sabes de novias? ¿Me dirás que alguna vez has tenido una? -le susurró al oído el noruego.
-¡Tengo más de mil años, digo...! ¡Soy mayor de edad! ¡Es obvio que sí! -fue la inmediata respuesta del finés.
-Ohhh... espero que Sve... es decir, Berwald no se entere de eso... -empezó a fastidiarle Noruega, con una sonrisa pícara.
-¡Nor! ¡Ya te he dicho que Ru... Ru... Berwald es solo mi amigo! ¡Deja de insinuar cosas raras! -exigió un irritado Finlandia.
-Ya, ya... tampoco te pongas así...
Ti...ti...ti...
-Tiene un mensaje nuevo sin escuchar... mensaje recibido... ayer a las 15 horas... 12 minutos... -salió de pronto del celular del noruego.
-'¿M...mensaje...?' -se preguntó este, algo sorprendido.
-Bip- ¡¿Qué hay, Norway?! ¡Solo quería decirte que acabo de enviarte los cazabombarderos que me pediste para defenderte en caso de que al villano de Russia se le ocurra atacarte (3)! ¡Te llamo luego para acordar sobre el pago! ¡Bye, bye! -Bip...
-'¡Maldición! ¡Tenía que ser el mocoso inoportuno de USA...!' -sudó frío y caliente Noruega, mientras le arrebataba el celular a su hermano menor y apagaba el buzón de voz. -Emil, ¿qué hiciste? -inquirió entonces.
-Pues... yo solo aplasté un par de teclas y luego...
-¡Nor! ¡¿Estás comprando armamento a nuestras espaldas?! ¡¿Es que acaso Venäjä te está amenazando?! ¡¿Es que acaso piensas intervenir en Syyria?! ¡¿Es acaso que confías más en Yhdysvallat (Estados Unidos) que en nosotros?! ¡Dime Nor, dime, dime, dime! -interrumpió la explicación del peliplateado un desencajado Finlandia.
-Oye... oye... no te hagas el dramático... ni tampoco el desentendido... He escuchado que tú también estás reequipando a tu ejército (4)... -replicó el nórdico del rizo, olvidando por un momento la situación.
-¿¡Quién te lo dijo?! -chilló el finés al verse descubierto-. Es decir... es decir... es decir... -titubeó entonces, nervioso-. ¡Pues es verdad! ¡Y tengo mis razones! ¡Yo sé mejor que ninguno de los cinco lo que es verse bajo asedio soviético y esta vez, no pienso correr absolutamente ningún riesgo...!
-Oigan... ¿de qué rayos están hablando? -preguntó el islandés, más que confundido.
-¡Ahhhhhhh...! ¡P...pues... acerca de... de... de...! -tartamudeó el finés, sin saber qué rayos decir, sintiéndose acosado por las miradas inquisitorias de las cuatro chicas y de su 'primo' menor. -¡Nor! ¡Diles tú! -explotó al fin.
-Se trata de un juego de rol... -se inventó casi de inmediato el noruego.
-¿Juego de rol? -replicó Islandia, sin entender nada.
-Sí... participamos un grupo de amigos de varias nacionalidades y... fingimos que representamos al país de donde cada cual proviene...
-¡Oh, sí! ¡Nosotras también nos involucramos en un juego similar en una ocasión! ¡Solo que, en vez de naciones, éramos los personajes de una popular película americana! -afirmó la más alta.
-¡Es verdad! ¡Fue genial! -añadió la mayor.
-Sí, sí, lo imagino... Ahora, dejando eso a un lado, ¿quieres mostrarme la máquina parlante que tienes en el bolsillo? -le solicitó Noruega a su hermano, tratando de cambiar el incómodo tema.
-Ahhh... sí... -empezó a hurgar en el abrigo que tenía puesto-. Aquí está...
-¡Hey! ¡Pero si ese no es un Smartphone! ¡Es un GPS! -exclamó Finlandia.
-¿GPS? -replicó el islandés, mientras arqueaba una ceja-. Entonces... ¿no es el mismo artefacto que mi hermano tiene en la mano?
-No... en realidad es bastante diferente... -explicó el noruego-. De todas maneras, tú tenías un celular la última vez que nos vimos... ¿Estás seguro de que no has encontrado ningún otro aparato parlante aparte del GPS en alguno de tus bolsillos?
-Pues... la verdad es que no... -respondió Islandia, tras hacer memoria por un rato.
-Entonces debes de haberlo perdido... Eso explicaría por qué no has contestado a ninguna de las llamadas que te he venido haciendo desde ayer por la tarde...
-Quizás... quizás se me cayó cuando trataba de escapar del montón de nieve que me tenía atrapado y...
-¿Estuviste atrapado... ¡bajo un montón de nieve...!? -le interrumpió de pronto el mayor, exageradamente preocupado. -'P...pudo aturdirse por completo... p...pudo asfixiarse... ¡p...pudo quedarse enterrado ahí para siempre...! -pasó en un segundo por su conmocionada mente.
-O...oye... no es para tanto... Al fin y al cabo estoy bien, ¿verdad? -trató de tranquilizarlo el menor, al ver cómo es que el rostro del noruego se había desencajado de un momento al otro. -'¿Realmente será tan dramático siempre?' -se preguntó, mientras lanzaba un suspiro.
-¡Ahora que lo recuerdo! ¡Emil tenía un pie lesionado! -intervino el finés, en tono preocupado.
-Es... es verdad... -balbuceó Noruega, recriminándose interiormente por no haber recordado aquel 'detalle' antes.
En menos de un minuto, el nórdico del rizo se halló inspeccionando el tobillo de su hermanito de arriba abajo y de derecha a izquierda, absolutamente intranquilo. -Un segundo... esta no es la misma venda que yo te coloqué hace tres días... -comentó de repente.
-¡Pues claro que no, porque esa se la pusimos nosotras! -explicó la mayor de las chicas.
-U... ¿ustedes...? -preguntó el noruego, algo sorprendido.
-¡Sí! ¡Cuando el pobre Emil llegó la otra tarde a nuestra cabaña desorientado, pálido, maltrecho y cojeando nosotras le tuvimos tanta lástima que, aunque estábamos a punto de regresar al pueblo en el auto, retrasamos nuestra partida para frotarle el pie con una pomada y vendárselo! -relató la menor.
-¡Es verdad! ¡Y luego le suministramos varios calmantes del botiquín junto a una sopa y café calientes! -añadió la más baja.
-¡Y como la ropa del pobre se había llenado de nieve, no tuvimos más opción que prestarle algunas prendas de nuestro hermano mayor! –agregó la más alta.
-Y... ¿cómo cuanto mide su hermano mayor...? -preguntó Finlandia, al notar que la ropa le quedaba al islandés visiblemente floja y que habían tenido que darle varios dobleces al abrigo en la zona de las mangas y al pantalón en las vastas.
-¡Un metro ochenta y cinco~! contestaron las cuatro a coro.
-De...debí sospecharlo... -balbuceó el finés, recordando la vez que tuvo que ponerse la ropa de Suecia y que esta se le arrastraba y le pesaba tanto que al final no la pudo usar. -'Y pensar que este sujeto es tres centímetros más alto que Ruotsi...' -compadeció para sus adentros a Islandia.
-¡Al final, cuando Emil se veía mejor, decidimos emprender la marcha! ¡Nos pareció una increíble coincidencia que el lugar que marcaba su GPS fuese precisamente el pueblo donde nosotras vivimos, y a donde nos dirigíamos! ¡Así que lo dejamos subir al auto y lo trajimos desde la cabaña hasta aquí!
-Y supongo que la distancia que recorrieron fue exactamente de 15 kilómetros... -intervino de repente el noruego.
-¡Sí! ¿Cómo lo sabes? -preguntó la menor, visiblemente sorprendida.
-Porque mientras rastreábamos las huellas de Emil, que se hallaba perdido, dimos con su cabaña...
-Es... ¿es en serio...? -preguntó la mayor.
-S...sí... -contestó tímidamente Noruega-. También deben saber que pasamos ahí la noche... y que causamos 'algunos' estragos... -añadió entonces, mirando de reojo al finés.
-¡Ahhhh...! ¡Esa fue mi culpa...! ¡Pero les prometo que las compensaré por todo...! -se disculpé de inmediato este, más que abochornado, provocando una risita de parte de las danesas.
-¡Ya olvídalo! ¡Solo utilizamos esa cabaña una vez al mes, cuando queremos desconectar de la rutina y pasar un par de días en el campo abierto! -le tranquilizó la más alta.
-Por casualidad, ese revólver que usaste para apuntarnos después de derribar la puerta ¿acaso lo encontraste tirado junto a la chimenea? -le preguntó tranquilamente la mayor al noruego.
-Ah... sí... -balbuceó el noruego, completamente avergonzado, mientras sacaba el arma y la entregaba a la danesa-. Lo tomé porque creí que sería útil para defendernos de los animales salvajes pero... nunca creí que terminaría amenazando con él a sus propias dueñas...
-¡Descuida! -exclamó ella, mientras recibía el revólver-. ¡Yo hubiese actuado exactamente igual que tú de haber creído que mis hermanitas están en peligro, entrando intempestivamente y apuntándole así al sospechoso...! -aseguró, como poner la punta de su revólver en la frente de Noruega.
-D...de acuerdo... ya... entendí... Ahora, ¿p...podrías por favor bajar el arma...? -solicitó este, con la voz entrecortada.
-¿Por qué? ¿Acaso te pone nervioso? -preguntó ella, con los ojos muy abiertos.
-No... cómo crees... El que me apuntes directamente con un revólver cargado me hace sentir de lo más cómodo... lo que pasa es que el extremo metálico está tan helado que me provoca escalofríos... -le respondió el nórdico del rizo, con su afilado sarcasmo de siempre.
-¡Ahhhhh! ¡Así que era eso! -se limitó ella a reír y a guardar el arma en su bolsillo, sin captar en absoluto el trasfondo de la ironía noruega. -¡Si quieres, puedo darte mi bufanda, para que ya no sientas más frío! -le propuso entonces, con mucha amabilidad.
-No... gracias... -se limitó a responder el chico, mientras arqueaba una ceja.- 'Ya... es en serio... entiendo que sean danesas, pero no por eso tienen que parecerse tanto al dum de Dan...' -refunfuñó para sus adentros, pensando que Dinamarca tampoco lograba entender ni una sola de todas las indirectas y golpes bajos que le daba. -'Por ejemplo, no todos los noruegos se parecen a mí... y si no hay que ver a Ylvis y su estúpida canc...(5)'
-¡Por cierto! ¡Todavía no nos han contado cómo es que ustedes dos terminaron separándose de Emil! -interrumpió de golpe sus pensamientos la menor.
-¡Es verdad! ¡Tampoco sabemos bajo qué circunstancias el pobre perdió la memoria y acabó enterrado bajo un montón de nieve! -añadió la más alta.
-¡Y ni qué decir de la razón por la cual ambos resultaron en un estado tan lastimero... pálidos, demacrados y llenos de nieve...! ¡Y con el rostro lleno de raspones...! -compadeció la mayor a Finlandia, mientras le pasaba la mano por la mejilla.
-Ahhh... creo que me haré heridas en la cara con más frecuencia... -balbuceó este, completamente embelesado.
-Pues... pueden echarle la culpa de todo a la avalancha... -suspiró Noruega- ...la avalancha que nos sorprendió mientras escalábamos...
-¡¿AVALANCHA?! -le interrumpieron histéricamente las cuatro chicas y el islandés.
-¡Ahora que lo recuerdo! ¡Alguien dijo que había ocurrido un enorme deslizamiento a un par de kilómetros de nuestra cabaña! -exclamó la menor.
-¡Ja! ¡También comentaron que este había sido tan fuerte que ocasionó un terrible derrumbe y el consiguiente bloqueo de uno de los caminos que conduce a la montaña principal! -añadió la más alta.
-¡OH! ¡Debió de ser ta~n horrible! ¡Es un milagro que estén bie~n! -lloriqueó la mayor, mientras abrazaba al finés con todas sus fuerzas.
-Pero valió la pena... -aseguró este, con una sonrisa tonta.
-Oigan... por simple curiosidad... ¿qué es una avalancha? -preguntó Islandia, provocando que todos lo miraran, algo anonadados.
-'Oye, oye... si no sabes el significado de algo entonces no hagas tanto escándalo...' -refunfuñó el noruego para sus adentros, tras lo cual lanzó un suspiro y decidió armarse de paciencia. -Escucha Emil... una avalancha es un deslizamiento muy grande de nieve...
-¿Es peligroso?
-Lo es, ya que arrastra todo lo que encuentra a su paso... incluyendo casas, autos y personas...
-¿Y las personas que son arrastradas por una avalancha pueden morir? -preguntó el islandés, con los ojos muy abiertos.
-S...sí... pueden... mo...morir... -le contestó Noruega, con la voz entrecortada de tan solo pensar en la posibilidad de que eso le hubiera podido pasar a su hermano.
-¿Y cómo es que terminaron en medio de esa avalancha en una época en que la mayoría de las personas permanece refugiada en su casa? -preguntó la menor con curiosidad.
-¡Ah! ¡Pues resulta que Mathias, su compatriota, decidió invitarnos a caminar con él a través de la nieve! ¡Él creyó que sería emocionante y que así los cinco podríamos reafirmar nuestros lazos! -respondió Finlandia de muy buen humor.
-¿Cinco? ¿Acaso hay uno de ustedes que aún no conocemos? -preguntó la mayor de ellas.
-Y dudo que lo quieran conocer... -murmuró el finés por lo bajo.
-¿Disculpa?
-¡Que es nuestro primo sueco y se llama Berwald! La verdad es que... no hemos sabido nada de él después de la avalancha... -susurró para sí mismo Finlandia, algo preocupado.
-¡Y me imagino que tampoco de Math! -exclamó la más alta, algo alarmada.
-No... tampoco... -corroboró el noruego. -'Oye, oye, ni siquiera lo conoces, ¿y ya le dices Math...?' -la criticó para sus adentros por confianzuda.
-¡De todas maneras, no hay de qué preocuparse! ¡Ambos son muy fuertes, y son unos expertos en sobrevivir a condiciones extremas! -aseguró el finés. -¡Además, ellos...!
-¡Oh, pobrecito! ¡Debió de caerte una enorme roca encima como para hacerte un chinchón tan grande justo aquí...! -le interrumpió la mayor, que ahora masajeaba la parte superior de la cabeza de Finlandia.
-Ahhh... du...duele... -se quejó este casi de inmediato.
-¡Oh, lo siento! ¿Quieres que pare?
-¡No, claro que no! ¡Digo! Me dolía... pero con tus caricias ahora todo se siente... ¡HEY...! -protestó el finés al ser arrastrado súbitamente por Noruega. -¿Qué haces? -le recriminó entonces.
-¿Qué es lo que te he dicho acerca de NO involucrarte con ellas? -le recriminó el noruego, molesto.
-¡Pero Nor! -lloriqueó Finlandia, como niño malcriado.
-Pero nada. Ahora, para tu rabieta antes de que te haga otro chinchón en la cabeza...
-¡Ah! ¡Ahora que lo recuerdo! ¡No fue la avalancha... fuiste tú quién me lo hizo...! -le reclamó el finés, indignado.
-Tú me obligaste... y no quiero que eso vuelva a pasar... -le susurró Noruega con mucha seriedad. A continuación, se dirigió a las muchachas. -Señoritas, les agradezco infinitamente por haber cuidado a mi hermano. No sé en qué condición habría terminado de no ser por ustedes... Ahora, que supongo ya están satisfechas al haber oído nuestra historia, me temo que debemos despedirnos...
-¡¿EH?! ¡¿POR QUÉ~?! -lloriquearon las cuatro chicas.
-Porque tenemos que volver a nuestro lugar de origen, descansar un poco y tratar de recuperarnos de esta agotadora experiencia...
-¡Pero pueden hospedarse aquí! ¡La habitación de nuestro hermano mayor está disponible!
-¡Ja! ¡Y también la de nuestros padres, que viajaron a visitar a unos familiares y no volverán hasta dentro de una semana!
-¡Qué conveniente! -exclamó Finlandia, jubiloso.- ¡Yo quiero quedarme y... OGYA~H! -chilló ante la mirada de pocos amigos que le estaba lanzando el noruego.
-Lo siento, pero está decidido. Nos vamos... -dictaminó este, tajante.
-¡Pero yo quería ir con Tino al baile de invierno de esta noche! ¡Es muy cabelloroso y me gusta su sonrisa y su forma de hablar! -lloriqueó la mayor, mientras se aferraba dramáticamente al brazo derecho del finés.
-¿Ba...baile de invierno...? -tartamudeó Noruega, mientras arqueaba una ceja-. 'Así que la única razón por la cual se empeñaban tanto en detenernos era que querían ir con un extranjero como pareja...' -razonó para sus adentros, tras lo cual lanzó un suspiro.
-¡Hey! ¡Su acento me cautivó a mí primero! ¡Además, tú lo confundiste con un ruso! -replicó la más alta, asiéndose del izquierdo.
-¡Eso no le importó! ¡Por otro lado, tu metro setenta y cinco es demasiado para él! -objetó la primera.
-¡Claro que no, porque de seguro le gustan las chicas altas, tal y como a mí me gustan los chicos bajo~s! -argumentó la segunda.
-Oigan, oigan... cálmense... -les interrumpió Finlandia, algo nervioso.- ¿Por qué no arreglamos las cosas salomónicamente... ¡y ambas van al baile conmigo!? -propuso, con una enorme sonrisa.
-¡YAY! ¡Eres un genio! -celebraron las dos chicas, mientras lo abrazaban efusivamente.
-'Serás de aprovechado...' -le recriminó internamente Noruega. Estaba a punto de decir algo, cuando la más baja de las danesas lo tomó de repente por la cintura. -¡Por favor, quédate solo esta noche, y acompáñame al baile! -le suplicó-. ¡La verdad es que siempre me han atraído los chicos fríos e inexpresivos como tú~! -añadió.
-¡Y yo quiero ir con el islandés! ¡No importa si ha perdido la memoria, es bastante lindo! ¡Y su cabello plateado me fascina! -aseguró la menor de todas, mientras se colgaba del cuello del albino.
-Eso lo decide todo... -masculló el noruego, como lanzar una mirada aterradora que les dio escalofríos a todos.- Nos vamos...
Aunque las chicas -y el finés- habían rogado y rogado por más de quince minutos, Noruega había permanecido inflexible, y lo único a lo cual habían conseguido hacerle acceder era a quedarse media hora más para tomar algo de café con galletas.
-Así que... eso de que no te gusta el contacto social al final ha resultado ser más que cierto... -comentó Islandia, sentado en el sofá junto a su hermano, con una risita algo burlona.
-No te mofes... tú eres igual que yo... o tal vez peor... -replicó el noruego, observando con el rabillo del ojo al finés que, en una pequeña habitación contigua, ayudaba a las chicas con los quehaceres.
-Pues... mirando la expresión que traigo en esa imagen que tienes en tu 'Smartphone'... quizás tengas algo de razón...
-I...¿Imagen? -preguntó Noruega, algo sorprendido.
-Sí... esa que aparece en cuanto lo enciendes... en donde ambos estamos a...abrazados... -tartamudeó el islandés, completamente sonrojado.
-Ahhhhh... te refieres a mi foto de portada...
-¿Foto de portada? ¿Es así cómo se llama? -quiso saber un curioso Islandia.
-Pues... sí...
-De cualquier manera... en ella ambos parecemos dos muñecos de cera... ni una sonrisa, ni una mueca, ni un gesto... -aseguró Islandia.
-Jujuju... y eso que no has visto la cara de Berwald...
-¿Ber...? ¡Ah! Te refieres a nuestro primo sueco... Él... ¿él es todavía más antisocial e inexpresivo... que tú y que yo...? -preguntó el islandés, más que sorprendido.
-No tienes idea... -respondió el noruego, como encender su celular-. Y si no me crees, míralo aquí... -le solicitó a su hermano mientras le extendía su móvil. -Él es el del extremo derecho...
-¿Eh? ¡¿EH...?! A...a...¿acaso está a punto de asesinar a alguien...? -preguntó Islandia, al borde de la histeria.
-Oye, oye... no te asustes... Te aseguro que él es la persona más pacífica del mundo... es sólo que su cara no le ayuda... para nada...
-Ni que lo digas... No me sorprende que el pobre Tino, que está a su costado, salga con cara de espantado... -comentó el islandés, compadeciendo a su 'primo'-. Y bien... el que está al centro soy yo... a mi lado estás tú... y... debo suponer que el chico del extremo izquierdo es Mathias...
-Sí... ese idioter... -bufó ásperamente Noruega.
-Vaya... se nota que hay cariño entre ustedes dos... -comentó con ironía un divertido Islandia.
-Solo de él hacia mí... yo no lo quiero ni ver...
-Ahhh... amor no correspondido... ¿Y eso por qué...?
-No lo llames así... -exigió un molesto noruego.
-No has respondido a mi pregunta...
-Y no pienso hacerlo. Cambiemos de tema -dictaminó tajante Noruega.- ¿Ves la masa de agua que está en la parte posterior? -preguntó a continuación.
-Ahhh... pues sí...
-Es un lago de tu nación...
-¿Es... es en serio...? Vaya... mi país es realmente bello... -comentó un fascinado islandés, provocando una risita de parte del noruego, que pensaba que aquello había sido narcisismo involuntario. -¿Tienes más fotos de nosotros? -solicitó entonces el menor, emocionado.
-Sí... y muchas... -respondió Noruega, mientras presionaba un par de teclas y le daba algunos toquecitos a la pantalla. -Por ejemplo... esta nos la tomamos durante la época de la aura boreal... y esta después de jugar jockey... y la siguiente mientras te visitábamos al hospital, en donde te recuperabas de una fractura de brazo...
-¿Me... fracturé el brazo...? -
-Sí, mientras esquiabas...
-Ya veo... Soy muy propenso a accidentarme, ¿verdad...? -preguntó Islandia, algo desanimado.
-D...desde pequeño... -respondió su hermano, recordando con algo de ternura todas las veces en que había tenido que vendarle los raspones en la rodilla, ponerle paños en la frente para calmar las fiebres y ajustarle alguno que otro hueso que se salía de su lugar...
-Pues debí suponerlo... ya que me golpeé la cabeza, perdí la memoria, y me disloqué el tobillo...
-¡El café está listo! ¿Quieren pasar a la mesa, que está en la división del costado y servirse? -invitaron las de menor y mayor estatura de las chicas, apareciendo de repente.
-Sí... claro... -respondieron ambos chicos, algo irritados por la repentina interrupción.
-Me gustaría enseñarte las demás luego... -ofreció el noruego, mientras se incorporaba. -Al fin y al cabo... tengo varios álbumes que pueden serte increíblemente útiles para recuperar la memoria y... ¡ahh...!
De un momento a otro, una punzada en el pecho, similar a la que había sentido hacía casi una hora atrás, obligó a Noruega a dejarse caer sobre el mueble, completamente destrozado.
-¡Lukas! ¿Estás bien? -preguntaron preocupadas las danesas.
-¡Hermano! ¿Qué es lo que te pasa? -quiso saber Islandia, algo asustado.
-N...no es nada... -respondió a duras penas el noruego, mientras varias gotas de sudor le corrían por frente. Entonces, en un esfuerzo por conseguir que el islandés se tranquilizara, hizo acopio de todas sus energías para ocultar su malestar y ponerse de pie. Pero, en cuanto hubo dado un par de pasos, el dolor se le hizo tres veces más fuerte. En ese momento, sintió que las fuerzas le fallaron y, sin poder aguantar más, se vino abajo...
Noruega hubiera chocado fuertemente contra el piso, de no ser porque las muchachas lo sujetaron con fuerza...
Islandia quiso hacer lo mismo pero en aquel momento, debido al movimiento brusco, el libro que su hermano había encontrado en la cabaña la noche anterior y que había guardado en su abrigo salió despedido por los aires y, por la fuerza de gravedad, fue a dar contra su cara...
-¿Eh? ¿Tú otra vez? -preguntó el chico, quitándose la publicación del rostro más que fastidiado. Estaba por tirarla a un lado cuando esta volvió a abrirse en la última página... y un renglón, casi al final, llamó su entera atención... -'Hasta... Noregur... que normalmente estaría acosándome... para que le diga elsti bróðir... está con un humor de los mil diablos... y creo que se ha olvidado... por completo... de que existo…' -pudo leer, con mucha más facilidad que la mañana anterior... -No...¿Noregur...? ¿E...elsti bróðir...?
De repente, un sinfín de recuerdos empezaron a agolparse en su cabeza, uno tras otro, tras otro y tras otro...
Al fin y al cabo... mil años de historia no podían tenerse en poco...
-¡NOR! -exclamó el islandés, tratando de aproximarse a su hermano, pero siendo incapaz al tener la cabeza adolorida.
-¿Qué ha pasado aquí? -preguntó la mayor de las danesas, que acababa de entrar, atraída por el escándalo.
-¿Emil? ¿Estás bien? -la imitó una angustiada menor, mientras se acercaba a Islandia.
-Sí... solo algo mareado porque acabo de recuperar la memoria... el verdadero problema es... mi bróðir... -aseguró en un hilo de voz.
-¡Nor! ¡Ha vuelto a ponerse mal! -exclamó Finlandia, ingresando al lugar, completamente desencajado al notar como es que las mejillas de Noruega habían pasado de estar completamente sonrosadas a una palidez que casi rozaba la de un muerto; como es que de a pocos, aquellos marcados gestos de dolor en su rostro iban desvaneciéndose al grado que él perdía el conocimiento; y como es que su agitadísima respiración se transformaba en un débil e insonoro resoplido...
-Sigh... sigh... si... si no es Is... entonces... entonces tiene que ser él... -fueron las indescifrables palabras que, a duras penas, salieron de su boca...
-¿Él? ¿De quién estás hablando...? -inquirió un confundido finés, que había tomado su gorra blanca de la cabeza del noruego y ahora la usaba para darle aire.
-É...él... él... él... está... en... pe...li...gro... -añadió, antes de ser envuelto por un par de delgados brazos...
-Tranquilízate, Nor... Es cierto que él está en peligro... Pero tú deberás sobreponerte para ayudarlo...
-¡Tú...! -exclamó él, pero ella le cubrió los labios con un uno de sus dedos...
-Gracias... por guardar mi retrato todos estos años... -fue el último que susurro que el noruego escuchó antes de irse por completo..
(1) Vlad Tepes, Vlad Drăculea, Vlad III o Vlad el Empalador fue príncipe de Valaquia, hoy el sur de Rumania, entre 1456 y 1462. Llegó a ser conocido por su terrible manera de castigar a sus enemigos y traidores, en la gran mayoría de las ocasiones empalándolos vivos. El escritor irlandés Bram Stoker se inspiró en él para crear a su popular personaje: el vampiro Conde Drácula. (Aprovecho para acotar que Vlad no es el nombre oficial de Rumanía, pero si es el más popular en el fandom).
(2) Según el capítulo 3 de The World Twinkle, los menores de 16 años no pueden tomar licor en Dinamarca (y por eso Noruega le da a Islandia una botella de yogurt... hahaha... es tan kawaii...)
(3) Pues en una noticia del 22 de septiembre leí que 'Noruega planea comprar a Estados Unidos 52 cazabombarderos de quinta generación F-35 en 2017 por un importe de 10.000 millones de dólares', la cual de hecho sería la compra de armamento más grande en la historia del país. La razón, según la ministra de Defensa noruega, es una supuesta "proyección evidente de poder" por parte de Rusia en la región del Mar Báltico.
(4) En otra noticia reciente leí que Finlandia planea reequipar su ejército e incrementar su gasto militar un 8.4% hasta los 2.519 millones de euros durante los siguientes meses ante una eventual amenaza rusa.
(5) Ylvis es un dúo de comedia de Bergen, Noruega compuesto por los hermanos Vegard y Bård Ylvisaker. Son muy conocidos desde que lanzaron en 2013 la canción What Does the Fox Say? Ya, en serio, para mí es casi imposible de imaginar al serio e inexpresivo Noruega enfundado en un disfraz de zorro y bailando como loco mientras canta: 'Fraka-kaka-kaka-kaka-kow...! Fraka-kaka-kaka-kaka-kow…! Fraka-kaka-kaka-kaka-kow…! What the fox say…?' (¡Rayo~s! ¡Ahora tendré esa melodía pegajosa resonando en mi mente por el resto de día~)!
Redvelvetcupcakes00: Jijiji, pues ya ves que Is está bien, lamento haberte tenido en suspenso durante tanto tiempo. Gracias por tu comentario, y por los ánimos, seguiré esforzándome. ¡Saludos!
Shiro Honda OwO9: Hola! La verdad es que traté hacer el capítulo 23 lo más intenso que pude, me alegra que te haya parecido interesante. Por cierto, ¡volví a incluir el tema del primer amor de Noruega (no estaba dentro de los planes, pero tú me diste la idea y me pareció genial encajarla de alguna manera)! Pues dile a tu hermana que si insiste en no avisarte, Noruega le mandará a su trol (jajaja, broma, broma) Saludos!
Espero que les haya gustado el capítulo. Me tardé un poco, sí, pero como compensación lo hice más largo de lo habitual.
En el siguiente me centraré en Dan y Sve. Espero no tardarme tanto...
¡Saludos, y gracias por leer, seguir y comentar este fic!
:) :) :)
