Un chico, perdido para siempre
Capítulo 25 – Ninguno de los dos puede vivir…
El ED estaba luchando una batalla perdida, todos en el campo de combate eran conscientes de eso. Simplemente había demasiadas creaturas oscuras y demasiados mortífagos, la superioridad numérica del enemigo era abrumadora. Así y todo continuaban, porque tal como Remus Lupin lo gritaba a cada instante, los refuerzos estaban en camino. Sólo hacía falta que aguataran un poco más, sólo un poco más.
Pero el número de caídos aumentaba rápidamente y las esperanzas empezaban a flaquear. La gran cantidad de magia que surcaba y llenaba la atmósfera por fuera de las defensas restantes mareaba y trastornaba. Destilaba oscuridad, apestaba a dolor y muerte. Y morían chicos… por mano de adultos —muchos de los cuales también eran padres— que habían elegido someterse a la voluntad de un señor oscuro enajenado. Ellos eran los perpetradores de tal injusticia.
Asombroso, pensaba Lupin, son chicos pero demuestran tanta decisión, tanta valentía, tanto carácter.
Luchadores arrojados y tenaces disfrazados en cuerpos de chicos. Con nervios de acero… ponían en juego sus vidas para defender la escuela, para defender a los que se refugiaban en ella… hermanos menores y amigos… para salvarlos de la masacre. Resistían con ardor admirable aunque estaban en franca minoría.
Pero Lupin los veía caer, muchos yacían abatidos en el campo de batalla. Llantos, gritos de clemencia… muchos llamaban a sus padres. Y Lupin luchaba con mayor denuedo para terminar con esa locura pero nada era suficiente.
Fue entonces que aparecieron los primeros espíritus vaporosos. Y poco después toda una armada de ellos. No eran fantasmas que se hubieran demorado en esta dimensión, eran espíritus que habían regresado de la muerte. Envolvían a los mortífagos atacantes con volutas sutiles que los helaban hasta la médula. Y los aplastaban con fuerza tangible también. Giraban alrededor de ellos como tornados, los alzaban en el aire; la fuerza del remolino les quebraba las varitas, les hacía saltar los ojos de las órbitas. Aterrorizaban y confundían a los trolls y a los gigantes.
Luego llegó el escuadrón de esqueletos. Tantas veces identificados con la imagen de la Muerte misma… y sin embargo, filosofaba Lupin, en ese momento eran los que aportaban nuevas esperanza de vida. Apuñalaban con los dedos la carne maligna viviente. Y las maldiciones los traspasaban sin afectarlos. ¿Cómo se mata a algo que ya está muerto?
Poco después empezaron a oírse los ¡cracs! Una cohorte de elfos domésticos se materializó en formación. Al frente de ellos, capitaneándolos, uno en particular que sólo se diferenciaba de los otros por los gorros de lana que llevaba encimados sobre la cabeza. —¡Elfos Domésticos de Hogwarts, nos dieron permiso para venir a defender lo que es nuestro! —chilló animoso.
Un gran alarido brotó de sus bocas cual grito de batalla y de inmediato pusieron en acción su magia poderosa para ponerle freno al enemigo.
El escenario había cambiado en unos pocos minutos, el tablero se había dado vuelta y el resultado de la batalla ya no era tan sombrío como antes.
oOo
Harry se clavaba las uñas en el cuero cabelludo, tironeándose los pelos hasta sacarse sangre. Las potentes sondas de Legilimencia de los tres Voldemorts era más de lo que podía bloquear. Pero las carcajadas eran aun peor. La risa retorcida de Bellatrix, la rastrera de Wormtail, la aguda y espeluznante de Voldemort.
El dolor le incineraba el cerebro, la cicatriz de la frente le ardía como si la estuvieran aplastando con un hierro al rojo vivo. Habían ya logrado derribarle las defensas y procuraban ahora destruirle la mente usando sus propios recuerdos como armas para autodestruirse. Dolor, miedo, humillación, fracaso… y con cada imagen que se apoderaba de su mente el estruendo de risas ganaba mayor intensidad.
Fue entonces que una imagen/memoria quedó expuesta al frente de su mente. En pánico, Harry trató de suprimirla… sabía que sólo podía empeorar aun más todo, si cabe. Pero carecía de todo control… y la imagen persistió, se intensificó… se volvió casi tangible.
Las risas cesaron.
Harry/Severus suspendido en el aire, abierto en canal y con las tripas afuera.
—Pero… ¿cómo es esto, Severus? —se oyó la voz entre enojada y regocijada de Bellatrix— No nos habías dicho nada de que habías establecido un vínculo con el chico.
Los tres Voldemorts dirigieron su atención a Severus. Harry pareció recordar recién entonces que no estaba solo en el claro. Aislado en su cabeza se había olvidado de que el combate continuaba. Hermione y Neville seguían en duelo, muy desparejo, contra un grupo de mortífagos. Y las varitas de los tres Voldemorts pasaron a ensañarse con el profesor de Pociones.
¡Lo había traicionado! ¡Lo había expuesto! ¡Había revelado el secreto!
—Ah… —otra vez la voz de Bellatrix—…significa mucho para vos, ¿no es verdad?
—¡No! ¡No! ¡NOOO! —aulló Harry. Era imprescindible que recuperara el control. Voldemort se volvió a mirarlo con una sonrisa obscena, pero el rostro era el de James Potter… y otra imagen quedó expuesta al frente viendo a Bellatrix apuntando a Severus… Sirius cayendo a través del velo…
—¡Basta! —bramó Neville que de repente se había materializado a su lado, con la varita apuntando a Bellatrix.
Bellatrix giró la cabeza y sonrió con dulzura como ante un bebé. —Lucius, querido… si me hacés el favor y te ocupás de Severus mientras yo atiendo este otro asunto… mantenelo entretenido… —Lucius se avino con una gentil reverencia.
Neville cuadró los hombros, Harry alzó su varita, pero sólo por hacer algo. Se sentía inútil… no iba a ser capaz de detener a Bellatrix… y Bellatrix iba a matar a Neville.
Ella se adelantó un par de pasos e hizo un pucherito con los labios. —Oh… el pequeñín Wongbottom ha venido a vengar a su papito y a su mamita…
La varita de Neville empezó a temblar en su mano, ondas de rabia y odio lo recorrían.
—¿Querés hacerme sufrir lo que yo les hice sufrir a ellos? —prosiguió desdeñosa— ¿Querés mandarme al pabellón de dementes de St. Mungo? ¿Para hacerles compañía a papi y mami?
—¡Incendio! —lanzó Neville, pero ella neutralizó el hechizo sin dificultad y contraatacó con otro que hizo caer a Neville.
—Decime, Longbottom… —continuó ella con un tono escalofriante que era el propio pero que también tenía notas del de Voldemort— ¿Te gustaría probar un poco de la tortura de tus padres?
Neville no llegó a responder, el Cruciatus lo alcanzó una fracción de segundo después y de su boca sólo brotaron alaridos. Harry hizo ademán de defenderlo pero Wormtail y Voldemort se lo impidieron con otro asalto a su mente, tan violento al punto de hacerlo caer de rodillas.
Los gritos desgarradores de Neville parecían que iban a prolongarse indefinidamente hasta que su mente claudicara, hasta que terminara como sus padres… pero Bellatrix tenía otros planes. Interrumpió el Cruciatus y esperó con paciencia a que se recuperara un poco… y lo atacó con otra maldición.
—¡Imperio! —los ojos de Neville se tornaron vidriosos al instante y una tenue sonrisa se dibujó en sus labios. Se incorporó con dificultad y fijó una mirada vacua en Bellatrix.
—¡Besame los pies, Longbottom! —ordenó. Neville se postró, gateó hasta ella y le besó las botas embarradas.
—Y los pies de Lord Voldemort. —Neville obedeció. El Señor Oscuro asintió con aprobación.
—Parate… frente a mí. —lo instruyó ella y Neville así lo hizo.
—Declará en voz alta que tus padres se merecían la suerte que les tocó. —comandó ella con voz grave. Neville titubeó.
Indignada, ella bramó: —¡Imperio! —Neville tambaleó… pero permaneció callado. Los rasgos se le habían desfigurado por el esfuerzo de resistir la Imperdonable.
Bellatrix volaba de furia… ¿¡Cómo se atrevía!? ¿¡Cómo tenía la insolencia…?! Decidió probar con otra cosa. —¡Lanzá la Maldición Mortal sobre Harry Potter!
Voldemort alzó una ceja y refrenó el ataque sobre la mente del joven héroe postrado en el suelo. Quería que pudiera disfrutar de esos sus últimos momentos sin obstáculos ni interferencias. A su vez le envió una potente sugestión… que se defendiera matando antes a Longbottom. Estaba muy interesado en saber cómo reaccionaría El Niño Que Sobrevivió… ¿mataría a su amigo?
Harry, libre de la presión en su mente, apuntó la varita hacia Neville… pero no… no podía… estaba mal…
Neville trataba de resistir… gruesas gotas de sudor le perlaban la frente y le caían desde las sienes… la compulsión de la maldición de Bellatrix era potentísima sin embargo…
—Avada…
Tenía que resistir… pero no podía… la presión era abrumadora… Harry se dio cuenta de que le iba resultar imposible, cerró los ojos aceptando resignado su destino…
—…Kedavra…
Alcanzó a ver algo del destello verde a través de los párpados… pero nada ocurrió… al menos a él nada le había ocurrido. Abrió los ojos. Neville sostenía la varita en su mano temblorosa. Bellatrix Lestrange yacía sobre el suelo… muerta.
Una especie de onda violenta sacudió el bosque y el claro. Harry se estremeció, el corazón pareció estrujársele… la magia oscura densa que flotaba en la atmósfera del claro se concentró sobre el cadáver de Bellatrix… y su espíritu fue desprendiéndose, elevándose vaporoso de la carne muerta.
Harry empezaba a entender… para salvaguardarse de las intrusiones, Voldemort había depositado partes de sí mismo en los otros dos, Bellatrix y Wormtail… mediante algún tipo pútrido de magia oscura… la fuerza, la mente, el alma de sus más fieles servidores… Voldemort las había amalgamado con las suyas. Muerta Bellatrix, esa esencia retornaba a Voldemort.
Un silencio ensordecedor se había enseñoreado del claro, el asalto a su mente se había interrumpido… Harry sentía que iba recuperando control, podía leer todo el plan en la mente de Voldemort… y podía ver la esencia de Bellatrix absorbiéndose en el Señor Oscuro.
No se dé por vencido, Potter. —incluso sometido a la tortura de Lucius, Severus venía a socorrerlo y a alentarlo— Recuerde cuál es su misión. Ud. es más fuerte que el dolor y el miedo. Los conoce, ya tuvo que soportarlos en el pasado.
Pero es que… me siento perdido… no tengo fuerzas… no voy a poder…
Use entonces mis fuerzas. Y Severus volvió a reimplantarle muchas de las memorias que Harry había apartado y guardado en el pensieve.
—Niño estúpido… —se oyó la voz llena de reproche de Wormtail dirigiéndose a Neville.
Neville todavía no salía del shock que le había provocado todo lo que había pasado instantes antes.
Wormtail floreó la muñeca y comenzó a pronunciar la maldición: —Avada…
Harry se incorporó de un salto y se interpuso entre Neville y Wormtail. Las palabras murieron en los labios de Pettigrew. Los ojos se le dilataron, la tensión se apoderó de sus rasgos. La mirada taladrante de Harry lo paralizaba, los llameantes ojos verdes lo quemaban.
Hizo un esfuerzo para abrir la boca pero no podía. El ardor de la culpa lo consumía… la terrible culpa de la traición… sus dos amigos, Lily y James, muertos por su culpa… y una deuda de vida… Harry defendiéndolo, salvándolo de la ira de Sirius…
—¡Avada Kedavra!
Voldemort no estaba dispuesto a tolerar ese tipo de vacilaciones. El haz verde impactó en su servidor. Wormtail se desplomó muerto al suelo.
Se registró el mismo temblor en todo bosque. El mismo que un par de minutos antes.
—¡Neville, andate ya mismo! —ordenó Harry empujándolo.
—Harry… no puedo dejarte solo…
Harry lo empujó una vez más. —Esto es entre Voldemort y yo. ¡Andate!
—Pero…
—Neville… ¡anda al lado de Ginny y protegela!
Con renuencia, Neville asintió y obedeció.
Harry quedó solo y alcanzó a presenciar la última etapa del proceso del que había sido testigo poco antes, el espíritu de Wormtail reinsertándose en Voldemort.
El Señor Oscuro lanzó un nuevo ataque sobre la mente de Harry. Pero las cosas habían cambiado… sus escudos de Oclumencia resistieron la embestida. El fracaso no era una opción. Todo se definía. Todo llegaba a su fin.
El duelo no iba a ser fácil… no sólo se trata de ser poderoso, había dicho Nicolas.
La hora era llegada.
Harry expandió su consciencia para abarcar todo el claro, para percibir toda la magia que impregnaba la atmósfera pero principalmente se concentró en su enemigo… la respiración de su enemigo, el odio de su enemigo, las intenciones de su enemigo…
Voldemort quería destruirlo… descuartizarlo… casi había logrado despedazarle la mente, casi había conseguido hundirlo en el abismo de la demencia… y volvía a intentarlo… tanteándolo con dedos invisibles… pero no, Harry no se lo iba permitir… ya no… ahora podía defenderse.
Los ojos de Voldemort brillaron con mayor intensidad, una sonrisa comenzó a emerger en sus labios… Harry se dio cuenta de que estaba subestimándolo… peor para él… era algo que iba a utilizar para sacarle ventaja… estaba a punto de abrir la boca para escupirle palabras de provocación, pero se contuvo… había detectado un cambio repentino en la textura del ambiente.
Algo estaba pasando.
Sin embargo no se trataba de una amenaza, estaba seguro… no lo sentía como tal. Así y todo no dejó de asombrarse cuando dos espíritus aparecieron detrás de Voldemort, avanzaron flotando, lo atravesaron y terminaron deteniéndose entre el Señor Oscuro y Harry.
—¡Mi señor Slytherin! —dijo Voldemort… y bajó los ojos en sumisión… ¡y se arrodilló!
Los espíritus eran dos figuras ancianas, envueltos en vestiduras medievales y tocados con característicos sombreros cónicos. Los dos de cabellos largos y de pobladas barbas. Eran a la vez parecidos y distintos. Uno era alto y esbelto, el otro, un poco más bajo y más fornido, de hombros anchos y frente amplia. A Harry le resultaban extrañamente familiares.
El más alto miró a Voldemort y frunció el ceño con disgusto.
—Así que en esto vino a terminar mi linaje. —se quejó con tono avergonzado.
Harry se dio cuenta entonces, alguna vez había visto las imágenes en los grabados de Hogwarts, una historia, quizá. Eran Salazar Slytherin y Godric Gryffindor… eh… sus espectros para ser más precisos.
—¡Mi Señor! —clamó Voldemort— Dentro de diez días todo el mundo mágico estará bajo mi potestad.
—¡Eres una vergüenza para mi estirpe! ¡Un perro sarnoso de sangre impura! —gritó Slytherin— Has retorcido y denigrado todos y cada uno de mis principios. Has puesto a todo el mundo mágico en tu contra.
—¡El mundo mágico me venera! —se justificó Voldemort poniéndose de pie— El mundo mágico me teme y me respeta. ¡Yo soy el único que puede guiarlos a la salvación!
Gryffindor ladró de risa y se desplazó hasta quedar junto a Harry. —Mala fortuna con los herederos, Sal. —dijo apoyando una mano etérea y fría sobre el hombro de Harry— quizá tengas mejor suerte en el próximo milenio.
Voldemort se volvió hacia él alzando la varita. —¡Usted, cállese!
Los dos espíritus se arremolinaron velozmente a su alrededor. Voldemort retrocedió un par de pasos pero mantenía la varita en alto y apretó los dientes desafiante.
—El mundo no te respeta, Tom. —rugió Gryffindor.
—Te odian. —siseó Slytherin en pársel— Todos están en tu contra.
—Prefieren seguir a mi heredero adolescente. —acotó Gryffindor.
—Preferirían MORIR antes que seguirte. —agregó Slytherin.
Los ojos rojos relumbraron de furia. Harry experimentó una onda de pánico recordando lo que decían las profecías. Voldemort ansiaba lealtad… lealtad y servidumbre. Y una vez que las obtuviera moldearía al mundo y lo transformaría en un paraíso. Con él imperando por encima de todos. Voldemort estaba convencido de que el mundo estaría dispuesto a alinearse detrás de él de buen grado… y le estaban enrostrando justamente lo contrario… que todos lo odiaban… se sentía traicionado.
Para Voldemort no había nada peor que la muerte. Y que el mundo mágico —su gente, su pueblo— prefiriera la muerte antes que seguirlo… ¡era una traición suprema! Voldemort mataba a los traidores. ¡Los torturaría! ¡Los destruiría a todos! ¡Los mataría de la forma más dolorosa posible!
Harry pudo leerle todo eso en la mente. Su deseo de conquistar y de controlar se había trocado en un ansia enfermiza de diezmar y devastar.
Voldemort se volvió hacia su ancestro y siseó venenoso: —¡Si no quieren seguirme… que así sea! ¡Mas tendrán que atenerse a las consecuencias!
Apuntó la varita hacia lo alto y rugió: —¡Morsmordre!
La Marca Oscura se elevó por encima de los árboles y flameó en el cielo acompañada por la inscripción: Para vos, Harry Potter.
Un frío intenso se apoderó de la mente, el cuerpo y el corazón de Harry. El aire pareció congelarse, un grupo de dementors descendía hasta el claro planeando en círculos. Voldemort desplegó su magia con toda potencia y espantó a los espíritus de los fundadores. Los dementors podían incluso succionar las almas de los espíritus.
—¡Valor, Harry Potter! —lo animó Gryffindor alejándose— ¡Coraje y fortaleza de corazón!
Valor… coraje… las palabras siguieron resonándole. En contraposición a… miedo. Hermione lo había repetido insistentemente, el miedo era una entidad recurrente, constante en las profecías. Harry tenía que vencer el miedo… el miedo a los dementors… y el miedo al Voldemort más temible que jamás le había tocado enfrentar.
Dementors…
Hermione se lo había relatado: En una época milenaria no especificada, habría existido un mago oscuro que buscaba lo mismo que nosotros… una forma para destruir almas. Sus "experimentos" habrían desembocado en la creación de los dementors… creaturas carentes de alma y ávidas de tragarse cualquiera que tuvieran cerca. La primera víctima habría sido el alma del creador mismo.
Dementors… creaturas viles… repugnantes… había dicho Harry estremeciéndose.
Y además están del lado de Voldemort… si no fuera así quizá… había apuntado Ron.
¿Y si pudiera usarlos en su contra? ¿Sería posible? Lo primero era dominar el miedo… porque ya tenía a un dementor casi a su lado… prácticamente le estaba posando una mano podrida sobre el hombro… se le ocurrió una idea… era riesgosa, era una locura en realidad… y así y todo…
Apuntó la varita hacia Voldemort y pronunció el primer hechizo que se le vino a la mente: —¡Stupefy!
Voldemort aulló ¡Crucio! simultáneamente.
Los haces chocaron uno con el otro a mitad de camino. Se repitió el mismo fenómeno que en el cementerio. Harry sacó fuerzas del trinar potente del fénix que en ese momento partió el aire, el gorjeo lo llenó de regocijo y de seguridad.
Dentro de la jaula dorada quedaron atrapados los tres. Voldemort, Harry… y el dementor. Éste último al parecer muy trastornado por el canto del fénix.
Harry sostenía la varita con las dos manos, esforzándose al máximo para mantener a raya el haz de la maldición de Voldemort. Pero el Señor Oscura tenía escondido un as en la manga… o mejor dicho, otra varita en uno de sus bolsillos… se apresuró a sacarla.
Pero antes de que pudiera pronunciar nada, Harry liberó una mano y susurró ¡Accio! y la segunda varita de Voldemort voló a su mano. Harry la quebró en el acto con un diestro movimiento de dedos, dejó caer los fragmentos al suelo.
Los ojos de Voldemort llamearon de rabia. —Veo que podés lanzar encantamientos sin varita. —siseó en pársel.
—Así es.
—¿Vas a matarme ahora? —inquirió Voldemort con una sonrisa.
—Precisamente. —respondió Harry con voz temblorosa. En realidad no quería hacer lo que estaba por hacer. Pero lo iba a hacer.
Voldemort confundió el tono de Harry con inseguridad, sonrió malicioso otra vez. —No podés matarme, Harry. Mi carne puede morir, pero mi alma seguirá viva. —enfatizó triunfal— Y voy a atormentarte cada uno de los días de tu vida… hasta destruirte por completo.
¡Valor…! ¡Coraje y fortaleza de corazón! Era el momento de demostrárselos.
—¡No podés controlar a mis dementors, niño necio! —bramó Voldemort.
Quizá no… y malditas las ganas que tenía de hacerlo… pero igual lo intentaría. Miró a Voldemort con tristeza en los ojos. Y por primera vez creyó adivinar una chispa de miedo en las ranuras rojas.
Harry entró en la mente del dementor… todo era oscuridad… y pestilencia… y podredumbre… era como zambullirse en un mar de inmundicias… pero tenía que resistir… en cierta forma el dementor le estaba absorbiendo el alma después de todo… sentía la sangre helada, los huesos helados, la mente helada, el corazón helado… la vida, su alma, parecía abandonarlo…
Tenía que resistir, sin embargo… recurrió a las memorias de Severus… de ellas sacaría las fuerzas que necesitaba… para ganar el control… pero no parecían alcanzarle… ¡y peor, las memorias de torturas fortalecían al dementor…!
Sintió una sensación cálida en el pecho, volutas blancas se desprendían del relicario y lo rodeaban. Y lo colmaban de los más maravillosos sentimientos de regocijo y de felicidad… mejores incluso que los no muy frecuentes que había tenido la dicha de experimentar en su vida.
Sintió que se llenaba de fuerzas… la fuerza del amor que lo había protegido en tantas circunstancias. Recordó a Nicolas y Perenelle regalándole el relicario. Recordó a Sirius pidiéndole que fuera a vivir con él. Recordó a Remus diciéndole que lo consideraba como a un hijo. Recordó a Hermione… y a Ron… y a Ginny, su adorada gemela. Recordó a los Weasley, que le habían abierto los brazos integrándolo a la familia. Recordó a Severus, su mentor y amigo. Se recordó a sí mismo a través de las memorias de Severus, y cómo el aborrecimiento que el mocoso insufrible le había inspirado desde un principio se había transformado en amor profundo por el hombre que había llegado a ser. Y recordó a Malfoy, acurrucado a su lado, sonrojándose por haber sido descubierto arrobado mirándolo dormir… y su sonrisa, y sus celos… y sus ojos misteriosos, complejos… y su arrogancia, y su ácido sentido del humor. Malfoy… que lo había elegido a él… Draco, que le había vuelto la espalda a su padre y lo había elegido a él.
Y una vez más… Harry recuperó el control.
Harry Potter estaba en la repugnante mente del dementor… y Harry Potter era quien la controlaba.
La vil creatura voló como un predador hacia el mago de rasgos ofidios…
—¡No… no es posible! —clamó Voldemort desesperado.
—Todo se terminó, Tom. —sentenció Harry.
Voldemor sacudía la cabeza. —¡No! ¡No puede ser! ¡No podés…!
El dementor/Harry ya estaba encima de él a punto de vaciarlo de alma.
Voldemort seguía negándose a aceptarlo. —¡No es posible! —gemía desamparado— ¡Los magos no pueden poseer a creaturas no humanas! ¡No podés…! ¡Ese tipo de magia es imposible! ¡Esto no puede estar ocurriendo!
Harry/dementor se echó la capucha hacia atrás revelándole el rostro de la muerte… no, el rostro de algo peor que la muerte. Nada quedaba después del beso del dementor.
Y empezó a chupar, a absorber implacable. Voldemort perdió todo control de su magia. Y había tanto dolor, tanta tortura, tanta impiedad, tanta muerte dentro de Voldemort… para Harry/dementor era un verdadero banquete. La oscuridad era la carne, el epítome de la existencia. El dolor era el propósito. El dolor era real. Y el odio… y la venganza… y la desolación… y el asco… Voldemort tenía tanto que ofrecer… y Harry/dementor se alimentaba hasta el hartazgo de todo eso.
Y por un segundo Harry/dementor sintió que el alma ingresaba en su interior y lo llenaba de sensaciones y de vida… pero sólo fue un instante… y después de nuevo la putrescencia vacua… repugnante… carente de existencia.
El cuerpo de Voldemort se desplomó inceremoniosamente al suelo.
Harry escapó de la mente del dementor y retornó a su cuerpo confortado por los efluvios protectores del relicario.
El cuerpo de Voldemort era un bulto informe. La varita había caído a su lado. La jaula dorada había desaparecido. Pero había sido reemplazada por otra luz brillante. Una manada de patroni invadía el claro y espantaba a los dementors. Sintió un ligero tironeo del relicario, supo entonces que Perenelle y Nicolas estaban cerca.
Harry dio un paso y sus rodillas cedieron. Cayó en tierra. Se sentía exhausto, drenado por completo. No quería ni siquiera ponerse a pensar en la ingente cantidad de magia que había tenido que desplegar. Pero sabía que todavía le quedaba una maldición más que tenía que lanzar.
A gatas avanzó hasta el cuerpo de Voldemort. Miró a los ojos semiabiertos y faltos de vida. Sintió algo que podría haberse identificado con remordimiento. Repasó los recuerdos que tenía de Tom Riddle. Las cosas podrían haber sido muy diferentes si hubiese elegido otro derrotero en su vida… podrían haber sido mucho mejor… o mucho peor.
—Ninguno de los dos puede vivir…
Todo terminaba reduciéndose a eso… la profecía… diecisiete años más tarde… el vaticinio se cumplía…
Harry apuntó la varita. Era algo que tenía que hacerse. Trató de reunir fuerzas y suspiró profundamente. —Avada Kedavra. —formuló con un sutil giro de muñeca. Un relámpago verde. —Todo se ha cumplido.
—Adiós. —susurró y cayó de espaldas, consciente de que su propio corazón parecía haberse detenido. Una exclamación contenida se le escapó de la garganta, el cuerpo se le estremeció y rompió en llanto.
Las volutas blancas del relicario seguían rodeándolo, pero ya no le quedaban fuerzas… excepto para la pena. Voldemort había sido el propósito de su existencia… haberlo matado era como haber cometido suicidio. Ya no quedaba nada más… nada más…
Harry, ¿dónde estás?
Era la voz de Ginny… apenas consciente… pero cerca… llamándolo. Harry se aferró al vínculo, como a un cabo de auxilio que significaba la diferencia entre la vida y la muerte. Rodó sobre su estómago y fue arrastrándose… a lo largo de una hebra invisible que lo guiaba hacia ella.
Se arrastró por el claro, entre patroni, entre cuerpos de mortífagos y de estudiantes abatidos, que quizá estaban muertos o quizá no… entre las piernas de miembros de Orden y de otros refuerzos venidos de todas partes y que hablaban en lenguas extrañas. Se arrastró sin detenerse hasta llegar a Ginny.
Neville estaba a su lado, cuidándola, sosteniéndole una mano.
—¡Harry! —chilló Neville—¡Lo conseguiste! ¿Qué fue lo que pasó? No alcancé a ver nada.
Harry se acurrucó con mucho cuidado al lado de su gemela. No quería dañarla aun más de lo que estaba pero necesitaba desesperadamente el contacto.
¿Lo cagaste a palos? —le preguntó mentalmente. Harry casi sonrió.
—Sí. —respondió en voz alta— Voldemort está muerto.
Neville estaba diciendo algo pero Harry no alcanzaba a entender de qué hablaba, toda su atención estaba concentrada en su gemela. Un momento después sintió que alguien más lo estaba tocando. Alguien más pronunciaba su nombre. Y era una sensación tan confortante. Pero no era Severus…
¿Sev…? —sondeó. Pero no le llegó ninguna respuesta.
Sepultó la cara en el hombro de Ginny. Y un instante más tarde se hundió en la inconsciencia.
oOo
