La no-tan-pronto esperada llegada.

Un hijo.

Bella había adoptado a un niño de ocho años cuando aún vivía aquí conmigo y yo no sabía nada. Un niño el cual legalmente era mi hijo porque llevaba mi apellido en todas las actas que ella había puesto para él.

Bajé la mirada una vez más a los papeles que estaban en mis manos.

Orfanato de Los Angeles.

"Alltogether"

Nombre: Mark Cullen. Sexo: Masculino. Edad: Ocho años.

Fecha de nacimiento: Veintiséis de Junio de Dos mil cuatro.

Ciudad de nacimiento: Seattle.

Hospital en el que nació: Harborview Medical Center

Año que cursa: Tercer año - 2012.

Tipo de sangre: A+

Enfermedades: Ninguna.

Ciudad en la que habita: Chicago, Estados Unidos.

Nombre de la madre biológica: Desconocido. Edad: Desconocida.

Nombre del padre biológico: Desconocido. Edad: Desconocida.

Nombre de la madre actual: Isabella Cullen. Edad: Veinticuatro años.

Trabajo actual: Empresaria; Companies Swan. Licenciada en Literatura Inglesa.

Nombre del padre actual: Edward Cullen. Edad: Veinticuatro años.

Trabajo actual: Dueño de empresas; Companies Swan. Companies Cullen.

Estaban esos documentos y, junto a ellos, una foto del niño. Probablemente tenía un año allí.

Sus ojos eran de un color azul intenso, casi eléctrico, y su cabello pelirrojo, casi como una zanahoria o algo así. Era un niño… muy… ¿adorable? Esa era la palabra para describirle tal vez.

La ciudad en la que habitaba el pequeño Mark definitivamente no era Chicago. La maldita ciudad en la que habitaba era desconocida. ¿No podía tener las cosas de manera fácil y ya? ¿No?

Mis manos picaban por tomar la computadora, colocar el número de la tarjeta de Bella y saber dónde hizo los últimos movimientos. O simplemente buscar algún registro de Mark en internet y tendría todo solucionado. Pero estaba claro que no lo haría.

No lo haría porque le había prometido a Bella que no le buscaría. Y ya habían pasado al menos dos meses de que me había enterado de esta noticia. No podía simplemente dejarle pasar. El papel que estaba entre mis manos estaba más arrugado que nada de tanto abrir y cerrar.

Miré una vez más el calendario que estaba sobre mi escritorio: 28 de Febrero. Mañana seria Marzo ya y yo tenía que comenzar a mirar sobre la exportación de cualquier material que comenzara a llegar a la empresa.

También estaba preocupado. Si, preocupado por Tia, casi completaba ya el tercer trimestre de embarazo y eso está causándome nervios. Tal vez debía tenerla aquí en la casa todo el tiempo, no debí dejarla en aquel departamento.

Ella se había habitado bastante bien. Demasiado bien diría yo. El acuerdo era dejar que el bebé creciera un poco, al menos tres meses más y después le mandaría a Europa de nuevo. Allá estaría bien con su familia, por ahora claro que no estaba trabajando debido a su estado. No había problema con ello porque cada vez que la veía me recordaba a Bella.

¿Qué estaría pasando con ella en estos momentos? ¿Cómo estaría llevando el embarazo? ¿También tendría los mismos dolores que tenía Tia o Rosalie de vez en cuando? A Tia la había acompañado al menos una vez al doctor. Me sentía con bastante responsabilidad y desconocía el motivo.

Pero no podía bajar ahora mismo mi mascara de persona fuerte. No tenía porque. No tenía ningún motivo para no tener ese tipo de actitud con la persona.

El mercado estaba yendo más que bien, y con la ayuda de Emmett en todo ahora mismo estaba haciendo que las cosas fueran de viento en popa.

Resultó ser que Rosalie se había cansado de la ayuda de Emmett y había pensado en porque ella no era independiente. Así que mando a Emmett a trabajar y ahora estaríamos abriendo una nueva empresa de exportaciones. Teníamos los contactos, solo nos faltaba firmar y listo.

En las revistas había bastantes rumores acerca de: "Empresas Cullen agrandan sus dominios", "Una gran revolución para el mundo de las empresas". Y claro que también se había filtrado la noticia de que Isabella Cullen había desaparecido por completo, no se sabía nada de ella. Y no es que a mí no me importara quien haya dado la noticia o quien haya dicho algo sobre eso. Me daba igual… no estaba dispuesto a investigar algo así lo que era lógicamente inevitable.

Rosalie, Emmett, Alice, Esme, Carlisle, Charlie y Renée sabían que Bella había desaparecido. Los más afectados creo que fueron Renée y Charlie, creo, no estaba muy seguro de eso. De lo que si estaba muy seguro era de cómo estaba Renée cuando le dije la noticia de que Bella había decidido irse de la casa a hacer su vida sin que nadie más se metiera con ella porque estaba harta de los que sucedía a su alrededor.

La pobre señora se puso demasiado pálida y el aire comenzó a faltarle, eso era la faceta de "no lo puedo creer" después, claro, llegó la faceta de llanto, nadie podía calmarla aunque en realidad nadie estaba el intento de calmarla ya que en la habitación solo éramos Charlie, Renée y yo. Tenía que decírselos personalmente. Ella me había contactado por teléfono pidiendo alguna noticia de ella hacía cuatro semanas. Eso era el colmo en definitiva.

Sin embargo, nunca vi algún arrepentimiento o tipo de preocupación por parte de Charlie. No es como si lo esperaba porque conocía al hombre sino que me daba un poco de pena. En pocas horas tenía una cita con él para hablar sobre lo que le pertenecía y lo que le pertenecía a Bella si es que decidía volver.

Ojala decidiera volver.

Ojala ella decidiera volver por cuenta propia. Pero había muy pocas probabilidades de que eso sucediera, al menos en un noventa y siete por ciento. ¿Por qué tendría algunas posibilidades de volver? Tal vez esas razones solo sean el ver a su familia y nada más. No podría tener ningún otro interés por ninguna otra persona, por nadie, ni por su casa, ni por nada.

Hacia dos semanas se había mandado el cheque a Jason sobre su sueldo de cada mes. Como siempre yo desconocía la dirección. El único que sabía de eso era Lionks, y nada más él. Joder, ni siquiera le tenía permitido hablar del tema porque yo mismo me estaba torturando con eso.

Con hacer un leve movimiento podría saber la ubicación de ella pero eso ya era ir bastante lejos.

Sacudí la cabeza un par de veces. Necesitaba concentrarme en los documentos que tenía al frente.

El dinero de Stefan estaba casi completo. No había sido bastante difícil, de hecho había sido de los más fácil juntarlo solo necesitaba un poco más de tiempo. Y ahora más que nunca las empresas se estaban llenando de dinero por todos lados. He ahí el motivo por el cual Emmett tuvo la brillante idea de las exportaciones.

La voz de mi secretaria se coló por al altavoz del teléfono.

-Señor Cullen, su hermano en la línea dos.

No le di ninguna respuesta simplemente toqué el pequeño botón del cual disponía para tener contacto con mi hermano.

-Habla – le dije en voz alta, tenía ocupadas las manos como para levantar el teléfono en estos momentos, así que simplemente escuché.

-El abogado irá en veinte minutos a tu oficina para que firmes el contrato sobre los exportaciones, tenemos que comenzar a buscar los trabajadores si es que planteas tu firma en ese pedazo de papel – habló con gesto distraído – Sabes lo que nos conviene, Edward. Esto tendrá éxito, Newton está bajando realmente sus cifras, nos toca a nosotros alzarnos. Muchos nos conocen y sé que seremos grandes.

-Deja de decir tantas estupideces, Emmett – rodé los ojos por lo que había escuchado decir a mi hermano. Claro que sabía lo que nos esperaría – Debes saber que me hago cargo de dos empresas yo solo, y sé que tu hijo va a nacer en poco tiempo también. Hemos hablado de eso –aclaré mi garganta una vez más- No me voy a hacer cargo yo solo. Si eso pasa simplemente quedas fuera. Negocios son negocios.

Esperaba que de verdad lo entendiera. O tal vez él estaba esperando que yo le entendiera. Sabía que estaba a punto de ser papá, sabía que pronto tendría que tener más tiempo para pasarla con Rosalie con su bebé pero no podía descuidar el trabajo así como así porque simplemente eso no era profesional. No por tener un hermano metido en ese negocio también dejaría de darle bastante importancia. Simplemente eso era una mierda y ya.

Escuché un suspiró al oro lado de la línea.

-Sé que para ti la familia no importa cuando se trata de trabajo – él lo sabía – estaré disponibles las veces que se necesite.

-Estarás disponibles porque iniciar así de la nada y sin ningún otro apoyo no será nada fácil –coloqué las manos sobre mi rostro con gesto de exasperación – Ahora, será mejor que siga con mi trabajo antes de que llegue el abogado con esos papeles.

Diez minutos después entró por la puerta de mi oficina un hombre de avanzada edad, y un gran maletín. Me dijo todo lo que debía saber acerca del contrato, acerca de las importaciones y todo lo que se estaba jugando y acerca de la confidencialidad. Simplemente garabatee mi firma un par de veces y la empresa se había hecho mía.

Oh el dulce olor de la victoria, del triunfo, del dinero y del poder.

Había resultado un tanto abrumador todo esto. Los últimos días la estaba pasando de lo peor. Bastante trabajo por todos lados y todavía debían remodelar la casa en Miami. Necesitaba un maldito arquitecto para eso y el único que conocía hasta ahora había desaparecido también.

Jasper Whitlock había sido visto a mediados de enero en Los Angeles para recoger algunos papeles en las empresas Vulturi y en sus áreas de por allí. Sabía que él tenía trabajo con ellos pero no sabía que tanto y con qué frecuencia trabajaba para ellos. No es que me importara tanto, confiaba en que ese chico pudiera hacer algo bueno en cualquiera de mis propiedades. Confiaba en que fuera así… o simplemente necesitaba saber si él, como el maldito acosador que era, sabía o estaba al tanto de lo que sucedía con la chica desaparecida.

Dos horas después salí del edificio y me dirigí hacia el restaurante con el que había quedado con Charlie. No estaba muy seguro de que era lo que él quería escuchar y la verdad es que no me interesaba lo que necesitaba escuchar. Tanto él y como Renée le había cedido todo a su hija. A él no le tocaba ninguna parte mar que su dinero de retiro.

Había apagado el teléfono porque últimamente llevaba sonando muy seguido y me sacaba de quicio. Era mejor de esta manera.

Cuando llegué al restaurante di el nombre de la reservación, me adentré al lugar y pude ver que en una mesa, alejada de todos los demás se encontraba Charlie Swan, vestido con su traje negro que tanto le caracterizaba. Se le veía tenso y realmente preocupado.

-Buenas tardes, Charlie – estreché su mano. Él me correspondió con un saludo sordo, tan solo un asentimiento de cabeza.

-Espero que hayas tenido una excelente tarde, Edward – me dijo con su voz gruesa, ronca, una voz de viejo sin nada que aportar más que su respiración a este mundo.

-He tenido mejores, y creo que mejorara una vez que me digas que es lo que quieres.

-Quiero mi dinero – fue lo único que dijo, y lo dijo con voz firme, seguro de sí mismo. Como si de verdad creyera que yo aceptaría sus palabras.

-Oh, qué bien. Está bien que lo quieras –asentí un par de veces – Yo también quiero el mío, suelo ganármelo con muchas horas de trabajo. ¿Algo más que quieras informarme?

-Debes dejar de jugar así, muchacho.

Oh vamos. Sabía que estaba jugando y sabía a lo que se estaba refiriendo pero es que Charlie no tenía ningún tipo de dinero. Yo no tenía ningún dinero que a él le correspondiera. Si él creía que el contrato que había firmado le daría alguna conveniencia estaba muy equivocado. Él se había retirado con anticipación, en al menos dos o cinco meses atrás y claro. No había ningún problema porque Bella estaba aquí para que se le diera cualquier tipo de pago porque ella era quien estaba dispuesta a darle alguna parte de lo que le pertenecía a su padre.

Pero algo había cambiado hacia tres meses: Bella se había marchado.

-No tengo que darte nada –mencioné con voz decidida. Por ser mayor que yo al menos veinte o treinta años no me iba a decir que hacer – Te recuerdo que firmaste un contrato.

-En el contrato dice que cierta parte me pertenece, a mí y a mi esposa.

-Eso –asentí – en el contrato dice eso, pero dice que te pertenece cierta parte solo si Isabella Swan está de acuerdo con eso y ésta dispuesta a supervisarlo –negué un par de veces al ver que él iba a hablar – Tanto años firmando contratos Charlie y tú no te das cuenta de tantas cosas y no lees entre líneas. Que mal, me he llevado una gran decepción de ti, en serio.

Él me miró alarmado. Realmente no tenía ni idea en lo que se había metido.

-No puedes dejarme en la calle –se apresuró a decir- no puedes dejarme en la ruina. Nosotros te hemos ayudado bastante.

-¿Dónde está todo ese dinero que te cedió Isabella? Porque tengo entendido de que te daba una gran parte de la cantidad que a ella le tocaba. Ella prácticamente vivía de mi –sacudí la cabeza- y no es algo que me molestara, sino al contrario. Pero yo era consiente de todo lo que te cedía. ¿Dónde está ese dinero?

Aquel hombre se quedó sin palabras. Sabía que él lo había desperdiciado todo. La cantidad de dinero que les era otorgado después de que se retiró, para él, no era exactamente suficiente, según él, no podía vivir con tan poco dinero pero es que la verdad a mí me daba igual. No había sido mi problema.

-Parece ser que no puedes contestar eso ¿no? – Di un gran suspiro, llamando su atención – Si esto te hace sentir mejor… mi papá tampoco tiene ningún centavo. No te sientas único en esta situación.

Su rostro tenía un gran signo de interrogación que pedía ser borrado de allí con algunas de mis explicaciones pero realmente lamentaba que eso no fuera así. No es como si estuviera contando a cualquiera mis problemas.

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó.

-Asunto de familia y negocios. Sé que no debo relacionarlos pero así resultó ser todo –miré mi reloj – tengo que irme, necesito arreglar algunas cosas para mi siguiente movida. Ten mucha suerte Charlie.

Me levanté de mi lugar y me dispuse a salir de allí. Sabía que la noche había caído ya, y el frio era aún peor. La primavera comenzaría en poco tiempo pero sin duda todas las noches estaban frías. Subí al auto al momento en el que encendía el teléfono. Podía ver que tenía varias llamadas de algún número desconocido. Justo cuando estaba a punto de entrar a la bandeja de llamadas cuando el teléfono sonó de nuevo. Lo miré con cierto recelo pero al tercer timbrazo conteste.

-Edward Cullen – arranqué el auto esperando alguna respuesta del otro lado de la línea.

-Señor Cullen, habla la enfermera Letty, del Hospital Central DuPage para informarle que la señorita Tia Petrov acaba de tener a su bebé – dijo con voz apresurada- entró en labor de parto hacia tres horas. Estábamos llamando pero no nos contestaba. Necesitamos que venga porque usted es el único que conoce ella en este lugar. Alguien necesita hacerse cargo de ella por ahora.

Me había quedado allí, sin avanzar más con el auto, en medio de la carretera cuando escuché que Tia había tenido a su bebé. ¿Cómo mierda era posible eso? Aun le faltaba un mes y medio. ¿Cómo es que no estuvo previsto? Joder, tenía tanto trabajo por hacer, no me podía encargar de aquella mujer y su bebé en esos momentos.

-¿Señor Cullen? –volvió a hablar la enfermera.

-Sí, sí, he escuchado, en unos momentos por para allá.

Y colgué. Estaba realmente enojado por todo esto. Odiaba las cosas de último minuto y ahora… joder, era un hombre que odiaba a los niños, ¿Cómo voy a estar en un lugar donde muchas mujeres acababan de dar a luz a un bebé? De tan solo pensarlo me daba escalofríos.

Debía contratar alguna nana para que se hiciera cargo de ellos. Si, debía hacerlo, peor tenia ni idea de dónde.

Marqué el número de la oficina al momento que conducía como loco hacia el hospital donde Tia se encontraba. ¿Qué demonios haría cuando llegara?

-Señor Cullen, buenas tardes –escuché como contestaba Zafrina el teléfono - ¿puedo ayudarle en algo?

Odiaba que preguntara eso. Si llamaba por alguna razón era porque quería algo no simplemente porque quisiera escuchar su rara voz femenina. Bufé por lo que estaba pensando en estos momentos.

-Necesito que investigues una agencia de niñeras o lo que sea; de tiempo completo, para esta noche o a más tardar a mañana en la noche. Que tenga alguna especialidad para cuidar a niños recién nacidos o esas cosas.

-Enseguida, señor – dijo con total atención - ¿algo más en que pueda ayudarle?

-Nada mas –contesté y me estacioné en el lugar libre que había encontrado – Gracias, Zafrina.

Guardé el teléfono en el bolsillo de mi saco y salí de manera apresurada del auto hacia las puertas del hospital. Mucha gente estaba entrando y saliendo de allí. Estaba a punto de maldecir a Tia por no haber acudido a un hospital privado pero recordé que estaba sola y no le había dejado el dinero suficiente para trasladarse.

Igual… eso me estaba enfadando bastante.

Al llegar a la recepción pregunté por Tia Petrov, e inmediato me dijeron en que habitación estaba. Tan rápido como pude acudí allí sin tener ningún cuidado en toparme con algún anciano o niño enfermo. Necesitaba terminar ya con esto.

Antes de entrar a aquel dichoso cuarto las enfermeras me revisaron esperando a que no tuviera ningún objeto con el cual pudiera lastimar. Estaban a punto de quitarme las llaves de mi auto. Me contuve bastante para no maldecirles. Finalmente me dejaron entrar.

Había al menos seis mujeres en esa habitación, muchas tenían a su lado un carrito, en ese carrito estaba un bulto de color blanco que tenía vida propia y se movía. Suponía que esa era la cosa llamada bebé.

En medio de dos mujeres de entre veintiséis años y treinta y ocho, estaba Tia, en sus brazos tenía un bulto también que se movía. Su vista estaba fija en él, no había notado mi presencia.

Estaba demasiado concentrada en esa cosa que de verdad me di cuenta de que quería a su bebé. Pudo haber pasado todos estos meses odiándole pero de verdad le quería. Porque era su hijo.

Al parecer en aquel lugar no dejaban entrar hombres, porque además de ser el único allí, las mujeres tenían sus pechos al aire para darles de comer a sus hijos, así como estaba Tia en esos momentos. Ella hacia extraños gestos de dolor mientras miraba al bebé alimentarse. Ignoraba el motivo por el cual hacia eso.

Las mujeres que estaban alrededor no apartaban la vista de mí y no es que me pusiera incomodo pues eso pasaba bastante seguido donde quiera que fuera sino que… me miraban, porque era el único hombre adulto en la sala y era extraño porque estaban pensando cosas extrañas de mi mientras sus hijos se alimentaban de ellas. Diablos.

Me acerqué donde estaba Tia, entonces, cuando notó mi presencia alzó la mirada. Se le notaba realmente cansada, estaba un poco más pálida. Le había visto hacia tres días, y se veía bien y el niño todavía estaba dentro de ella. Ahora estaba pálida, parecía que le habían succionado toda la sangre del rostro.

-Hola – me dijo con voz débil. Yo le fruncí el ceño porque odiaba que se comportara de manera tierna o simpática – lamento haberte molestado pero…

-…No tenías a quien acudir –terminé por ella – sí, lose, no te preocupes – me encogí de hombros y le eché un vistazo al pedazo de humano que estaba envuelto en las mantas – Necesito que me expliques que rayos fue lo que paso, porque se suponía que esto pasaría varias semanas más tarde.

Ella asintió un par de veces. Miró hacia su hijo y lo apartó de ella. Lo colocó con demasiado cuidado de forma vertical haciendo que su pequeña cabeza descansara en el hombro de ella. Comenzó a darle palmadas en la espalda.

-Tal vez llevaba mal la cuenta del embarazo – se cogió apenas de hombros y reajustó su ropa – Simplemente sucedió, el niño está lo suficientemente saludable como para parecer prematuro. Algunas veces esto suele suceder.

-¿Y cómo…?

-Fue por parto natural – dijo ella antes de que terminara de formular mi preguntar – rompí fuente justo cuando iba por algo de comida a la calle. Estaba a punto de sufrir algún ataque de pánico. Por suerte un taxi pasó por allí y accedió a traerme aquí, gratis – negó con la cabeza – después tuve que hacerme cargo yo de lo demás y ahora estoy aquí. No fue una labor de parto demasiado tardada y estuvo bien.

No podía creer lo que ella me estaba diciendo. Todo esto había sido bastante rápido, mas rápido de lo que pude imaginar, verdaderamente.

-¿Cómo es que nunca has obtenido nada para el bebé?

-El dinero esta guardado debajo del colchón –se apresuró a decir- no podía regresar a la casa por eso, me dolía –frunció el ceño – estaba planeando comprarlo la semana que viene pero al parecer las cosas se complicaron y fue peor.

Asentí sin saber muy bien en lo que debía decir. Todo estaba en demasiado silencio excepto por algunos quejidos de bebés.

-Y… -carraspee- ¿Cuál es su nombre?

Ella me miró por unos momentos, estudiando mi expresión. Al parecer no sabía que responderme, estaba dudándolo demasiado y eso me estaba sacando de quicio. Por favor, era solo un estúpido nombre, que lo dijera y ya.

-Estaba pensando en… tal vez, ponerle el nombre de mi padre, Alexey… -frunció los labios no realmente convencida con lo que estaba diciendo – o… Edward.

Wow.

Comencé a negar con la cabeza varias veces. No podía llamar a su hijo como yo. Eso sería, prácticamente, mucha muestra de afecto. Tan solo era un niño que no tenía la culpa.

-No puedes llamarle de esa manera –le dije con gesto serio. Iba a sacarme de mis casillas muy pronto si decía alguna de sus barbaridades.

-¿Por qué no?

-Porque simplemente no puedes hacer eso.

-Tú me has ayudado bastante con él –contraatacó- no puedes decirme como debo llamar a mi hijo y como no. Es una forma de agradecértelo.

-No necesito que me lo agradezcas –me apresuré a decir- Y si llamas a tu hijo de esa manera haré que te vayas de donde viniste en cuanto salgas de aquí y te olvidaras de mi así de fácil. ¿Es eso lo que quieres?

Me miró con enojo. Realmente le había molestado que dijera eso pero a mí me había molestado también el hecho de que ella quisiera llamarle así a su hijo. ¿No podía pensar en otros nombres? había bastantes nombres en el mundo como para llamarle como yo. De hecho podía inventarse su propio nombre. El nombre de su padre estaba bien, era estúpido, claro, pero no podía llamarle como yo.

Decidí cambiar de tema.

-He mandado a que contraten una niñera para ti y el niño en cuanto salgas de este lugar. Es para que estés más cómoda y puedas adaptarte mejor. Tiene experiencia con los niños recién nacidos.

-Gracias – me susurró y volvió la vista al niño – Algún día debo pagarte todo esto que estás haciendo.

-No es necesario, Tia, simplemente lo hago porque lo necesitas – me encogí de hombros.

-¿Quieres cargarlo? – alzó al bebé levemente para que pudiera verle mejor.

-No creo que sea una buena idea… -comencé a decir y me alejé al menos dos pasos. Todas las mamás de nuestro alrededor me veían con molestia.

-Por favor, estoy segura de que le caerás bien.

Dos minutos, varias movidas de brazos después, el pequeño hombre estaba en mis brazos. Era un recién nacido, no podía abrir los ojos aun ¿o sí? No lo sabía, y no es que me importara saberlo, solamente me dediqué a mirarlo. Su piel era morena, como la de su madre y tenía bastante pelo, sus ojos eran de un color oscuro.

Bien, ya habían asado cinco minutos con ese bebé en mis brazos, era bastante. Me acerqué a Tia y se lo devolví tan rápido como pude.

-Es todo lo que puedo soportar –le dije de manera secante. Tia tenía una gran sonrisa en el rostro.

-Me parece suficiente.

-Señor Cullen –me voltee hacía el llamado de la enfermera – Su tiempo ha terminado, puede venir mañana por la señora Petrov, estoy segura de que le darán de alta mañana.

Asentí en modo de respuesta.

-Nos vemos luego – le dije a Tia.

Salí de ese lugar tan pronto como pude, con la imagen de Tia y el bebé y mil cosas en mi cabeza. Me había metido en grandes asuntos.


¡Hola! Creí que no subiría este capítulo en el 2012, porque para mi todavía es el 2012. Éste es el último capítulo del año, no se... es extraño, llevo dos años con éste fic y no puedo terminarlo, debo ponerme las pilas porque tengo varios proyectos.

Ahora si, me dejo de cursilerias... ¿Qué les pareció el capítulo? Lo terminé todo hoy, soy genial y lo hubiera terminado antes pero mi hermana tuvo un arranque de ira y lanzó mi teclado al suelo y murió. Pero mi mami me compró otro, la amo demasiado.. en fin...

Una aclaración: Bella no era virgen cuando pasó la noche con Edward en aquella fiesta. Edward está en lo cierto cuando dice que Bella pasaba por todos los chicos del instituto.

Muchísimas gracias a:

anaprinces25, Lucero Mendozaa, felicytas, Haruhi23, viivii alice, csuhayl, Tanya Masen Cullen, manligrez, mafere, Estelaa, Suiza19, DANIELADRIAN, Laura Katherine, marah2221, Gabs, Lulu, yolabertay, Alicy Garcia, Maryrod, ashleyswan, anilla09, Melania, Directioner, CAMILA, Fle-ARG, alimago, Wendy, ludwikacullen, camiTomlinson.

Por sus reviews. También, gracias a los demás por agregarme a alertas y favoritos.

¡Feliz año nuevo, mis mejores deseos para ustedes!

Noes leemos el próximo año ;D