Stupid me says: Es muy malo tener una jefa (o directora de tesis, como le quieran llamar) bipolar. He tenido unas de las peores semanas de mi vida por culpa de ella, ju. Por eso me sigo tardando con el fanfic, porque estoy redactando mi tesis casi todo el día, pero no puedo dejar de escribir Apóstol, lo siento (además, mi jefa sólo quiere que acabe pronto para poder cobrarse un dinero con mi trabajo, grr). Ese es mi intento disculpa de esta vez por la tardancia (palabra inventada, lol), apenas podía escribir unas quinientas palabras al día. Soy lentísima *llora*. Perdón.

Gracias a todos por sus reviews, sobre todo a Himutako Mizumi por su dibujo tan hermoso *feliz*. Muchísimas gracias, no lo merezco, soy torpe siempre; pero de que estoy feliz lo estoy. Otra cosa, desde hacía tiempo quería escribir este lemon (junto con el pasado, aún si no quedó tan perve como esperaba, jum). Disfrútenlo todos, este es el otro lemon que te debía, Kassy (este y todos los demás).

Notas especiales para el capítulo: Fluff y por lo tanto OOC. ¡Ah! Y lemon, lemon con la misma advertencia del pasado, je. Un poco de Lavi/Lenalee involuntario. Err.. y un insinuado Kanda/Lenalee (¿Heterosexualidad? ¿En mi fanfic? Más de lo que yo misma quiero creer...).

Rating: M

DISCLAIMER: D Gray-man no me pertenece, es de Hoshino Katsura-senseii. Si me perteneciera, los lectores mandarían juguetes para Allen en su cumpleaños. Sí, esos que pueda compartir con Kanda durante sus sesiones privadas (sonrisa perversa).

Apóstol de Dios

25. Enfermedad aceptada

Apenas estaba terminando de hacer su equipaje. Usualmente no viajaba con tantas cosas encima, mucho menos cuando se trataba de las misiones, pero el clima en Rusia no era precisamente algo que se podría llamar agradable y había tenido que llevar ropa extra. Por eso mismo había perdido tanto tiempo. Eso y que había salido muy temprano por la mañana para ir de compras. Sonrió para sí misma, sintiéndose dichosa al extender la ropita de bebé frente a ella. Un regalo para su sobrina, la hija de Allen y Kanda, esa que nacería dentro de poco. Sólo esperaba estar presente, no perderse ese momento por alguna misión. Tal vez podría convencer a su hermano que la dejara estar ahí. No debería de tener esos pensamientos egoístas, pero ella era así. Su pequeño mundo estaba a punto de engrandecerse un poquito más para darle la bienvenida a ese nuevo miembro de su familia y quería estar ahí cuando ocurriera.

Y se moría de curiosidad. ¿Sería parecida a Allen o a Kanda? Bueno, más bien debía parecerse a los dos, pero alguna personalidad debía ser dominante. Aunque no importaba mucho. Si Allen había sido capaz de domar a Kanda, entonces podría encargarse de su hija si resultaba con el mismo mal carácter de su padre. Kanda de papá. Eso sí que era difícil de imaginar. No sabía cómo reaccionaría el japonés ante esa situación aún si estaba segura que Kanda ya amaba a esa bebé tanto como amaba a Allen. Sonrió, abrazando uno de esos pequeños trajecitos que había comprado para su sobrina.

Saber que Kanda sentía algo tan puro y fuerte por alguien le hacía sentirse muy feliz, aunque fuera así, con Allen. Aunque estuvieran condenándose al infierno mutúamente. Esperaba que Dios tuviera un poco de misericordia para con ellos, aunque fuera por esa criatura inocente que aún estaba dentro del menor. Empacó lo último de sus prendas, colocando las ropitas del bebé arriba para mostrárselas a Allen nada más llegar. Como el inglés no podía salir, era obvio que no tendría muchas cosas para darle a su niña en cuanto naciera. Sabía que el general Tiedoll le mandaba regalos de vez en cuando, pero ella hubiera preferido llevar de compras a Allen alguna vez. Eso hubiera sido divertido y tierno a la vez, ver al pobre chico intentar sobrevivir a la vergüenza de su situación en público; claro que le ayudaría, era como su hermana mayor después de todo. Antes de que Allen llegara, ella era la pequeña a la que todos querían cuidar; y ahora estaba ese chico que era más joven que ella, al que quería proteger con todas sus fuerzas. Aún y cuando sabía que el chiquillo era más orgulloso de lo que quería mostrarle a sus amigos. Simplemente era demasiado educado como para demostrarlo abiertamente. Lo contrario a Kanda.

Pero sabía que ambos serían buenos padres. Ella les ayudaría, claro. Después de todo, los dos eran hombres. Necesitaban un toque femenino; ella y Miranda les darían eso, aún si la alemana estaría completamente nerviosa por estar bajo la mirada de Kanda. Soltó una risita, cerrando sus maletas. Era temprano todavía, tal vez debía haber intentado dormir un poco más; pero la idea de volver a la Orden le mantenía despierta y ansiosa. Cosa irónica, por cierto. Después de todo ese tiempo que había pasado en la Torre, y apenas había tenido la oportunidad de salir y ya quería regresar. Seguramente Allen daría lo que fuera con tal de ser él quien estuviera en su lugar, seguir acabando con akuma y salvando a la humanidad. Apenas ayer habían recuperado una Inocencia, habían acabado con muchos akuma, demasiados; cosa que le hacía recordar que casi todos los habitantes de Japón eran demonios ahora y que eso significaba más misiones, más salidas de casa.

Tragó saliva, sentándose en la cama mientras observaba sus piernas.

Sus tobillos, más bien. Esos tobillos que ahora estaban rodeados por ese aro rojizo que era su Inocencia y su sangre a la vez. Tipo cristalizado, le había dicho su hermano. Tipo Cristal. Ya no era tipo equipo, pero tampoco era tipo parásito. Necesitaba más tiempo para entender lo que pasaba, sobretodo porque no tenía ni idea de lo que significaba esto. Komui tendría la respuesta, en cuanto volviera, le explicaría todo lo que tenía que saber. Aún si extrañaba el no tener ese peso adicional que implicaba su Inocencia.

Aún estaba perdida en sus pensamientos cuando oyó que llamaban a la puerta, sacándola de sus variados pensamientos. Se levantó de la cama rápidamente, preguntándose si sería alguien del hotel. Abrió la puerta, sonriendo educadamente antes de darse cuenta de que se trataba de Lavi. Parpadeó un par de veces, sabiendo que si Komui se llegaba a enterar que un chico estaba ahora en su habitación le iría bastante mal al pobre incauto.

- ¿Lavi?

- Buenos días, Lena. ¿Pudiste dormir bien? Porque yo prácticamente no pude pegar el ojo. Kuro-chan habla en sueños y muy alto.

El pelirrojo estaba sonriendo, sin moverse de la entrada. Ladeó el rostro luego de susurrar un suave saludo, sin entender por qué a Lavi le había dado por ir a su habitación.

- ¿No me invitarás a pasar? ¡Prometo no hacer nada raro!

- ¿Eh? - sonrió, divertida - ¿Planeabas hacer algo como eso? ¿No valoras tu vida?

- ¡¿Ah?! ¿Le dirás a Komui que me atreví a acosar a su querida hermanita?

Rio suavemente, abriendo la puerta del todo para que el otro exorcista pasara. No quería imaginarse lo que Komui le haría a Lavi si se llegaba a enterar lo que habían hecho. No era como si la culpa fuera exclusivamente del chico del parche, ya que ella se consideraba la principal responsable del hecho. Pero no creía que el supervisor se pusiera a razonar antes de llamar a algunos de sus robots para acabar con el que se había aprovechado de su "ingenuidad". Suspiró suavemente, sentándose en la cama nuevamente.

- ¿Has venido solamente a decirme que Krory no te deja dormir? - le preguntó con curiosidad, apartando un mechón de su cabello al colocarlo tras su oreja izquierda - ¿Ocurre algo, Lavi?

No pudo evitar el gesto de preocupación a pesar de que el hombre se había sentado tranquilamente en una de las sillas que había en el cuarto de alquiler, como si mirara distraídamente la decoración en las paredes. Se sintió algo inquieta por no recibir respuesta inmediata; incluso iba a repetir su última pregunta antes de darse cuenta de que el ojo de Lavi la observaba analíticamente. Tal y como solía hacerlo con todos.

- Te ha crecido mucho el cabello, ¿sabes?

Parpadeó nuevamente, llevándose una de las manos hacia su pelo, tirando ligeramente de él con sus dedos. Aún no le llegaba a los hombros, pero era un gran cambio a comparación de lo corto que lo tenía en un principio después de que se quemara al pelear contra ese nivel tres. Sonrió suavemente, recordando que se había prometido a sí misma que dejaría que su cabello creciera de nuevo, justo como se lo había pedido Anita. Dejó de pensar en su cabellera para mirar a Lavi otra vez, sin entender aún el punto de esta visita cuando en unas cuantas horas estarían ya en la Orden.

- Quiero que me hagas un favor, Lenalee. Es sobre Yu-chan y el Moyashi-chan.

Al fin, algo que podía identificar. Sonrió. Asintió, gustosa, aún sin saber de qué se trataba. Sólo sabía que, si tenía que ver con su familia, haría todo lo que fuera necesario.

- ¿Qué quieres que haga por ellos?

- Bueno, más bien es algo para mí. Eh, no importa - le oyó soltar una carcajada, seguramente dándose cuenta de que la estaba confundiendo aún más -. El caso es que me quedaré pobre si sigo comprándole tanto de eso.

- ¿Eso? - ladeó el rostro ligeramente, pidiendo silenciosamente una explicación verdadera.

- Eh, sí. Digamos que lo utilizan para hacer sus cosas - dijo Lavi, llevándose una mano a la cabeza, luciendo avergonzado por primera vez en mucho tiempo -. El caso es que Yu-chan abusa de mí tanto como abusa del Moyashi-chan.

Se sonrojó levemente, recordando que la unión de Kanda y Allen era de esa naturaleza después de todo. Sexo. Bueno, Lavi podría habérselo dicho así, ¿qué no era específicamente él quien debería de saber que ella no era precisamente "inocente"? Aún si todavía le resultaba algo perturbador que dos de sus mejores amigos tuvieran ese tipo de intimidad, no sólo porque eran hombres, sino por la condición de Allen.

- Hum - pensó un momento lo que iba a decir, sin poder bajarse el sonrojo de las mejillas; tragó saliva -. ¿Por qué no lo cargas a la cuenta de la Orden?

- No creo que esa sea buena idea.

Se tapó la boca, sonrojándose al doble. Cierto, no era como si se pudiera comprar ese tipo de cosas con el dinero de la Iglesia. Eso sí que era un boleto directo para el Infierno. Iba a disculparse por decir algo tan tonto cuando escuchó la risa de Lavi, cosa que le hizo enfadar un poco. Estuvo a punto de hacer un ligero puchero cuando sintió que Lavi le acariciaba la cabeza, desordenando un poco su cabello. Parpadeó, mirándole entre algunos mechones verdes que le tapaban los ojos, extrañada.

- No sabes el gusto que me da que los apoyes también, Lenalee. Sobre todo después de haber crecido con las creencias que te han enseñado.

Con que era algo como eso. Sonrió tímidamente.

- Tonto, claro que los apoyo. Son mi familia también. Aún y cuando sean algo estúpidos y descuidados.

Volvió a escuchar la risa de Lavi.

- Debe ser la primera vez que te oigo hablar así, Lena.

- A veces se lo merecen. Sobre todo Kanda - agregó, aún con una gran sonrisa dibujada en su rostro.

- ¡Tienes toda la razón!

Se abrazó al aprendiz de bookman, sacándolo un poco de balance. Estaba tan feliz, aún y cuando todo esto estuviera prohibido por la Iglesia Católica. Sus amigos se amaban, y ella y Lavi cuidarían de ellos. Cerró los ojos con alegría al sentir que su abrazo era correspondido. Saber que contaba con alguien más que no juzgaba le hacía sentirse dichosa, aún si al principio le había reclamado por no decirle antes sobre la relación que tenían los otros dos exorcistas.

- ¿Entonces me ayudarás? - volvió a preguntar el chico, logrando que ella se riera ante esa insistencia - Tienes que ser tú, porque a mí Yu-chan me mata si tan siquiera se lo insinuo.

- ¿Qué cosa?

Cuando Lavi se separó y le miró directamente a los ojos supo que tenía una misión especial impuesta por el pelirrojo. Y al parecer era algo que el muchacho se tomaba muy en serio, porque su mirada seria le impactó un poco.

- Esto harás...

Misión importante o no; no pudo evitar reírse mientras Lavi le informaba lo que quería que hiciera. Aún y cuando el sonrojo en sus mejillas no hacía más que aumentar a cada palabra del bookman junior. Esta misión sí que sería difícil de cumplir.

-o-o-o-o-o-o-

Miró con el ceño fruncido a la prenda frente a él. Se arropó con el suéter, cruzándose de brazos y haciendo un pequeño puchero. Se sentía estúpido, un niñito; pero de ninguna manera iba a permitir que le pusieran eso. Iba a resistirse lo más que pudiera. Aunque todo esto era culpa de Bakanda, eso.

Vio a Johnny de reojo, sintiendo que sus mejillas ardían ligeramente. El científico le sonreía, como si esperara recibir algún comentario al respecto. Pero él no podía decir nada; la vergüenza que sentía era demasiada como para inventarse alguna excusa para no usar esa maldita cosa.

- Tal vez uno de los primeros sujetadores de Lenalee le quede mejor, ¿no? - exclamó de pronto el norteamericano, como si con eso lo fuera a convencer. De hecho, eso era mucho peor. Muchísimo peor. El color rojizo en sus mejillas se intensificó, por lo que sólo miró a un lado, intentando que nadie se enterara.

Cosa imposible, obviamente.

Sólo que el grito de Komui, quien se negó rotundamente a dejar que alguien se atreviera a usar la ropa de su amada hermana incluso amenazando con violencia si era necesario, le salvó de esa humillación. Eso sí que le daba gusto. De ninguna manera haría algo como usar la ropa de Lenalee, mucho menos la interior. Resopló, aún avergonzado porque sus mejillas seguían totalmente rojas sin que pudiera hacer nada para remediarlo.

¿Tenían que estar todos ellos aquí? Apenas iba a empezar con su tratamiento, lo que significaba que no le dejarían en paz durante todo ese tiempo. Observó a la enfermera haciendo todos los preparativos, luciendo más nerviosa de lo común. Se preguntó si sería porque había demasiada gente en esa habitación, incluso más de la que debía estar acostumbrada.

Timcanpy se acurrucó en su vientre, justo como lo había hecho en la mañana cuando lo encontró ahí después de haber desaparecido por mucho tiempo. Le regañó, por supuesto, sólo para después darse cuenta de que su ropa se había manchado nuevamente. Había maldecido entre dientes, todo ante la mirada muy atenta de su golem dorado, quien parecía no entender el motivo de su enojo; pero es que estaba furioso, de nuevo habís ocurrido eso y todo era culpa de ese sujeto. Por eso iba a golpear a Kanda, a decirle que no se atreviera a tocarle así nuevamente, que incluso estaba bien si quería tirárselo tres veces al día; pero eso otra vez no, nunca. Pero se encontró con que el japonés no estaba a su lado en la cama, provocando que se alarmara por alguna razón que estaba fuera de su entendimiento. Fue hasta que el bastardo abrió la puerta para entrar que logró que su corazón dejara de latir tan rápidamente. Claro, había ido a entrenar, ¿a dónde más? Se sintió más avergonzado de sí mismo, sobre todo al tener que sufrir esas mismas burlas una vez más. Maldito Kanda.

Usualmente no era de las personas que se preguntaban el tan típico '¿por qué yo?', pero esto lo tenía al borde del colapso. Estaba bien, ya había aceptado que tal vez el bebé necesitaría comer de eso, de acuerdo (aunque de sólo pensarlo se mareaba); sin embargo, una cosa muy diferente era que le quisieran obligar a usar sostén. Y que Kanda se aprovechara de eso. Observó al susodicho detenidamente, convencido por alguna razón estúpida de que si le sostenía la mirada el tiempo suficiente le afectaría de alguna manera. Pero, claro, el maldito bastardo sólo seguía apoyado en la pared de la habitación, fingiendo leer un maldito libro como si no se estuviera divirtiendo de lo lindo con la humillación a la que el menor estaba siendo sometido.

- Este celeste puede funcionar muy bien, o tal vez este negro; de todas formas, Allen usa ropa oscura y...

Lo dicho: total humillación.

Resopló entrecortadamente cuando al fin le fue colocado el suero en el brazo derecho. Tenía muchos moretones en ese lugar, todo por sus movimientos bruscos durante la siesta que a veces tomaba ahí por descuidado y porque los doctores no sabían si también podían utilizar su brazo izquierdo para administrar esas sustancias. No querían arriesgarse, no cuando el embarazo estaba por terminar. Suspiró quedamente, recostándose en la cama, aún sintiendo a Tim caminar sobre su abdomen como si lo analizara sin poder creerse lo mucho que había crecido. Al menos el bebé estaba durmiendo, así que no molestaría al golem y éste no trataría de moderle para responder. Por Dios, esperaba que Tim supiera llevarse bien con el niño o tendría otro problema agregado a la larga lista de cosas que ya tenía en su cabeza.

Ladeó el rostro, acariciando a Timcanpy con dos de sus dedos con tal de ignorar a Komui, Johnny y Tup hablando de su nueva ropa interior. Podía imaginar pocas cosas más humillantes que esta, y lo peor es que apenas había comenzado. Aunque, viéndolo por el lado positivo, al menos ya no le estaban pidiendo su opinión; no quería contestarles groseramente porque seguía siendo educado después de todo, aún si habían cosas como esta que lo molestaban a niveles indecibles. Vio a Link sentarse en la silla de siempre, esa que ocupaba desde que Allen empezó con su misión. Parpadeó, dándose cuenta de que había algo diferente en la expresión del inspector. Tal vez no era gran cosa, ni siquiera era muy notorio, pero se le notaba preocupado. ¿Preocupado? Eso era difícil de creer, aunque no tenía idea de cuáles eran las otras obligaciones de Link aparte de vigilarlo de cerca. Después de todo, esa parecía ser una ocupación de tiempo completo; cuidar de él debía ser bastante problemático como para aparte tener otro trabajo. Aunque se ausentaba mucho últimamente; pero todo podía ser porque Link quería darles espacio a él y a Kanda. Algo difícil de creer.

También podía ser porque el alemán sentía asco de los dos, así que mientras más lejos estuviera de ellos, sería mejor para salud mental. Ya era bastante con que los encubriera; no podía culparlo por sentirse enfermo al saber lo que Kanda y él hacían tras la puerta de la habitación del mayor. Pero de nuevo estaba pensando demasiado.

El tiempo pasó lentamente, todo mientras intentaba ignorar a Komui ya que los dos científicos se habían marchado luego de darse cuenta de lo tarde que era y que estaban atrasados en su trabajo (como siempre). De todas maneras habían dejado esas prendas tan vergonzosas atrás, todo para que él las usara aún si se seguía negando, cosa que no tenía caso ya. Al menos faltaba poco para que su bebé naciera, no tendría que soportar esto mucho más. De pronto, otra idea llegó a su mente. Tan fuera de lugar que le hizo sonrojarse notoriamente, apenado por lo que él mismo pensaba. Se talló el rostro, con la esperanza de que nadie le hubiera visto así. Especialmente Kanda. Qué tontería.

Logró controlarse sólo hasta que el tratamiento hubo terminado. Eso y que Reever había llegado para llevarse al supervisor a pesar de los lloriqueos y súplicas de éste al afirmar que Allen lo necesitaba para mejorar su situación, que había prometido hacer todo lo que estuviera en sus manos para que estuviera lo más cómodo posible. Claro que lograba lo contrario, pero eso era ya una constante con el supervisor. Sonrió, algo apenado. No debía de mostrarse tan malagradecido. Todos le estaban ayudando; estaba seguro que eso no era para molestarlo. Tenía que soportarlo. Aún si era bochornoso. Esto no era nada comparado con lo que había pasado antes.

Se levantó cuidadosamente de la cama siendo ayudado por la enfermera, agradeciéndoselo amablemente para después arreglarse la ropa. Observó nuevamente una de esas molestas prendas, decidiéndose por fin a tomarlas, sintiendo como sus mejillas se teñían de rojo. Ahora tenía que ir a cambiarse en su habitación, no tenía caso esperar más y retrasar lo inevitable. Aún si sabía que Kanda no le dejaría en paz nunca más después de que le viera con sostén. Tragó saliva ruidosamente, caminando lo más rápido que podía. Luchaba por no concentrarse en las miradas que le dirigían las personas, sólo porque se sentía incómodo y le hacía sentirse aún más lento.

Dio un respingo cuando sintió la mano de Kanda en su espalda, empujándole para que siguiera caminando. Estúpido Kanda. Eso en realidad no lo ayudaba mucho, de hecho, le hacía sentirse más presionado. Pero no decía nada porque entendía la desesperación del mayor mejor que nadie; eso y que estaban en público. Ya le reclamaría después, si es que lograba recordarlo después de las acostumbradas sesiones de sexo que tenían. Sexo. Aún le era tan extraño pensarlo, aún si llevaba prácticamente seis meses acostándose con Kanda casi ininterrumpidamente. Nunca se imaginó en esta situación, y no hablaba de su embarazo, sino de estar tan íntimamente ligado con otro ser humano. Con un hombre, precisamente con Yu Kanda.

- Che. Moyashi. Deja de pensar tanto y camina, joder.

- Cállate, idiota - le dijo, frunciendo el ceño.

Como siempre, Kanda no mostraba ni la más mínima señal de un intento de empatía por su condición. Pero ya debería de haberse acostumbrado a lo egoísta que era este sujeto, pensando primero en él mismo y siempre en él mismo. Lo malo era que a veces quería que Kanda pensara un poco más en él, en Allen. En el bebé de ambos. No. Si de algo podía estar seguro era que Kanda quería a ese niño, aún antes de que él cuando se suponía que debería de quererlo porque él lo llevaba en su interior. Por eso iba a cuidarlo, porque Kanda quería un hijo después de todo. O al menos eso había entendido desde aquella vez que hablaron por primera vez en la habitación del japonés. Por primera vez se preguntó si Kanda sería buen padre, eso era lo que todos esperaban de él después de todo. Aunque sabía que a ese presuntuoso espadachín le tenía sin cuidado lo que los demás quisieran de él. Era tan egoísta, simplemente egoísta.

Elevó la mirada cuando llegaron a su habitación, abriendo la puerta él mismo luego de un par de segundos de dudar, de recordar por qué había vuelto aquí en lugar de ir directamente a la cafetería como solía hacerlo luego del tratamiento diario. Entró en su habitación, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo. Ahí estaban Link, Timcanpy y Kanda, por supuesto. Se dio la vuelta, encarándolos con el gesto más intimidante que pudo dibujar.

- ¿Podrían salir unos minutos, por favor?

Link arqueó una ceja, aunque en lugar de mirarle a él estaba observando a Kanda, casi como si el inspector esperara que el japonés intentara algún movimiento perverso. Y, francamente, él también esperaba algo como eso. Era Bakanda después de todo. Pero el pelinegro sólo le miró fijamente por unos segundos antes de cruzarse de brazos y chasquear la lengua. De todas formas se quedó esperando hasta que Link saliera de la habitación antes que él, como si quisiera asegurarse de que nadie más viera a Allen, nadie más que él.

Volvió a tragar saliva, temblando ligeramente al ver la puerta cerrarse tras los dos hombres. Se sentó en la cama, recostándose casi de inmediato. Tal vez podía fingir demencia y dormir un poco, aprovechar que Kanda no estaba ahí en ese instante para descansar un poco. Pero descartó la idea de inmediato al recordar que era mucho peor eso, que si el mayor le veía así no le iba a importar en lo absoluto lo cansado que Allen se sintiera. Ya lo había hecho antes, eso de manosearlo mientras dormitaba. Además, le había obligado a... Se sonrojó furiosamente, sintiendo que la vergüenza regresaba al recordar lo pervertido que era ese tipo desgraciado. Estaba casi seguro de que lo que hacía el mayor era porque éste sabía que le molestaba muchísimo ese despliegue de demostraciones perversas, que de hecho Kanda no era tan pervertido como se mostraba, que sólo lo hacía porque era con él. Negó con la cabeza, dándose cuenta de que se estaba dando demasiada importancia otra vez. Sonrió con ironía. Ya, como si Kanda fuera a admitir algo como eso. Otra tontería.

Terminó por colocarse el sostén a fin de cuentas, lo más rápido que pudo. Bochornoso, pocas veces se había sentido tan avergonzado y eso que era bastante penoso para ese tipo de cosas, aún si no recordaba desde cuándo tenía esa actitud. Le quedaba algo grande, pero no sabía si debía alegrarse por eso o no. Bueno, esto sólo era para ya no mancharse la ropa, eso. Y porque dolería menos el que no estuviera en contacto directo con su ropa. Resopló, acomodándose el vestido con una lentitud exasperante hasta para él mismo. Miró hacia una esquina de su habitación, dibujando un gesto de enfado al ver ese paquete que le había dado Johnny. Esas cosas que lo hacían verse como mujer, otras cosas que insultaban su masculinidad. Al menos Kanda no lo había obligado a llevar medias en público. Aunque no descartaba la posibilidad.

Se tiró en la cama nuevamente, encogiéndose lo más que su abdomen le permitía. Estaba tan cansado y, por primera vez, el bebé parecía estar con él porque seguía dormido. Así que decidió aprovechar esta oportunidad acomodándose del todo en la cama, apoyar su cabeza sobre las almohadas para después bostezar. Cerró los ojos, intentando ignorar que también su cama estaba impregnada con ese extraño olor que desprendía Kanda, ese que no lograba identificar pero que le encantaba. Debía ser por todas las noches que había pasado ahí con él, todas esas en las cuales no podían hacerlo porque Link estaba ahí. Todo hasta que a Bakanda se le había ocurrido tirárselo ahí, en su propia habitación.

De nuevo se sonrojó, acurrucándose en la comodidad de su cama sin darse cuenta de que no se había asegurado de que cierto golem dorado saliera de la habitación también.

-o-o-o-o-o-o-

Estaba emocionado. Bastante emocionado.

Todo porque sabía que Lavi, Lenalee y Krory regresarían ese día. Unos cuantos minutos, todo estaba perfectamente calculado desde que tenían el Arca a sus servicios. Por eso los esperaba pacientemente en el comedor desde que no podía ir a las puertas del Arca si no era para seguir órdenes; tenía terminantemente prohibido acercarse a ese lugar si no era por eso. Otra cosa que le frustraba mucho.

De todas maneras había recuperado el apetito después de dormir un par de horas, por lo que casi se había terminado toda la comida que Jeryy le había preparado (incluso le agradeció a pesar de que el cocinero se esforzaba en recordarle que sería "una linda mamá"). Pero lo que le extrañaba era que Kanda le hubiera dejado dormir, que incluso le estuviera esperando sentado en la cama sin hacerle nada. Aunque tal vez podía ser porque Link seguía ahí, aún si era difícil de creer que al japonés le importara eso cuando ya había dicho varias veces que no le preocupaba en lo más mínimo lo que el inspector pensara. Como si no hubiera entendido eso de que tenían que ser más cuidadosos desde que los habían descubierto besándose en uno de los pasillos. No importaba, seguramente Kanda le haría recompensarlo por la noche, siempre pasaba eso después de todo. Se mordió el labio inferior, tratando de no pensar más en esas cosas porque sabía que se sonrojaría y que sería peor para él. Había demasiada gente en la cafetería y la mayoría le miraban penetrantemente de vez en cuando, hablando entre ellos en voz baja, prácticamente señalándolo. No debía hacer nada que fuera sospechoso.

Suspiró, terminando de comer la tercera rebanada de pastel de fresas. Se estaban tardando. Negó con la cabeza, dándose cuenta de que se estaba comportando infantilmente. Luego terminaría fastidiándose y querría regresar al lado de Kanda otra vez, para estar a solas con él y escapar de los tratos de los demás. Porque sentía que aún estaban heridos después de lo que pasó con la invasión en la Orden, que lo trataban con más cuidado y no sólo era por su embarazo. También podían ser imaginaciones suyas, no sería la primera vez que pasaba.

- ¡Moyashi-chan! ¡Yu-chan!

Sonrió alegremente al identificar la inconfundible voz de Lavi (y ese apodo que tanto le molestaba). Además, también Lenalee y Krory le llamaron, con una gran felicidad dibujada en su rostro. Parecía que no se hubieran visto en varios meses, aún si había sido tan sólo dos semanas desde que se fueron. Se levantó poco a poco, ignorando por completo el gesto de profundo enfado en el rostro de Kanda.

Lenalee fue la primera en abrazarle con fuerza, murmurándole algo sobre una ropa que quería darle; aunque no logró entenderle del todo porque Lavi prácticamente se había lanzado contra él, incluso logrando que perdiera un poco el equilibrio de no ser porque Krory le ayudó a sostenerse. De pronto se sintió rodeado por todos y, aunque no le molestaba del todo, le hacía sentirse un poco incómodo, seguramente porque hacía mucho que no estaba rodeado de tanta gente. Eso y que su abdomen estaba mucho más grande desde la última ocasión en que ocurrió eso.

- ¡Vaya, Moyashi-chan! Estás enorme, ¿seguro que es sólo un bebé? - exclamó el pelirrojo, con una mueca divertida en el rostro.

- Sí. Y no me llames así, por favor - masculló, suponiendo que el aprendiz de bookman debía extrañar mucho meterse con él, sobre todo porque era él quien le decía que no se sintiera mal con respecto a su figura.

- Deja de molestar a Allen-kun, Lavi - exclamó Lenalee, regañando al pelirrojo mientras le miraba con reprobación.

- ¿De verdad su estómago está muy grande? Pero aún le faltan como dos meses, ¿no? - preguntó de pronto Krory con un aire inocente, recordándole a Allen que el rumano seguía pensando que su embarazo era de lo más normal. Algo raro de por sí.

- ¡Oh, sí! Crecerá más. ¿Y nos dejarás tocar, verdad?

De ninguna manera. Ya se había dicho a sí mismo que no dejaría que nadie más que Kanda tocara. Y, hablando de Kanda, ¿por qué no había aparecido de pronto tras de él con su actitud celosa y sobreprotectora? Le extrañó un poco, logrando que volteara hacia atrás para encontrarse con el mayor. Pero Kanda seguía sentado en la mesa, eso sí, con una mirada de completa furia y odio. ¿Acaso estaba tratando de controlarse? ¿Por él?

- ¡Vamos a la mesa, Allen-kun! - escuchó decir a Lenalee, todo mientras era prácticamente arrrastrado por la china. Al parecer estaba muy emocionada por algo, tanto como para actuar de esa manera cuando usualmente era del tipo más amable que energética.

Se sentó al lado de Kanda, aunque éste ni siquiera le miró. Iba a hacer un pequeño puchero cuando recordó que ahí estaban todos los demás. Y que habían empezado a hablar, sobre él, por supuesto. Pero prefería escucharlos a ellos, a sus amigos, hablando de su embarazo que a otras personas susurrando su nombre a escondidas. No quería recordar lo cerca que había estado (lo que seguía estando) que le separaran de Kanda y de su bebé por las cosas que habían pasado.

De nuevo se había distraído hasta que Lenalee se paró junto a él. Parpadeó un par de veces, intentando identificar el por qué ella se veía tan feliz. Tal vez salir de la Torre sí había sido bueno para ella, así como sabía que él se sentiría parecido si le dejaran estar afuera aunque fuera sólo en el bosque. Lo que no esperaba era que la de cabellos verdes extendiera ante sus ojos unas pequeñas prendas, prácticamente diminutas. Tardó un poco en entender lo que pasaba, de hecho, ladeó el rostro como si buscara una explicación. Extendió una de sus manos, al fin entendiendo que esa era ropa para su bebé. Abrió la boca para agradecer a Lenalee, aún y cuando ella ya había empezado a hablar de lo emocionada que estaba porque el bebé iba a nacer pronto.

Luego oyó risas, algunos comentarios por parte de Krory y Lavi, la chica señalando variados detalles acerca de la ropita y cómo debía ponérsela al pequeño. Le hizo sonreír. La manera en que hablaban de su niño como si fuera ya parte de su familia, como si lo quisieran solamente porque era hijo suyo. Suyo y de Kanda. Quiso mirar al samurái para tratar de adivinar qué estaba pensando, cómo estaría actuando al escuchar todo eso, al ver el regalo que Lenalee les había dado. Pero no lo hizo porque escuchó que la muchacha le llamaba nuevamente, sintiéndose avergonzado porque lo único que había captado había sido su nombre.

- ¿Disculpa...?

- Pregunté que si te gustó lo que te traje, Allen-kun - volvió a repetir Lenalee, aunque no sonaba enfadada en lo absoluto, sino que más bien le veía con una gran sonrisa en el rostro.

- ¿Eh? ¡Claro que sí! Muchas gracias, Lenalee - contestó, con una cálida sonrisa en el rostro, aunque agregando algo sin pensar -. Aunque no sé si al niño le gustará el que es de color rosa.

Parpadeó notoriamente cuando percibió el repentino silencio. Estuvo a punto de llevarse una mano a la boca, recordando que a la única persona a la que le había dicho que su bebé era hombre era a Kanda. Pero estaba segurísimo de ello, así que nunca había pensado en que tendría que discutirlo con nadie más.

- Allen-kun - esta vez la china sí había fruncido el ceño, cosa que le provocó que pasara saliva con nerviosismo -, tu bebé es una niña, ¿no? Eso fue lo que dijo mi hermano.

- Eh, sí, pero...

- ¡Ja! ¡El Moyashi-chan quiere un niño! Cosa rara porque siempre pensé que preferirías una niña por alguna razón - señaló Lavi, como si estuviera diciendo algo sumamente serio.

- ¿Es eso muy importante? - quiso saber Krory, logrando que Lavi asintiera gravemente como un sabelotodo.

Pero no era que él quisiera un niño. Es que era un niño. Así de simple. Una pequeña hubiera sido bienvenida también. Lo único que le hacía feliz era que iba a conocer a su bebé a pesar de ese terrible error que cometió. Se mordió el labio inferior, intentando borrar cuanto antes ese doloroso recuerdo.

- ¿Y tú qué dices, Yu-chan? ¿Quieres una niña?

Hubo un momento de silencio, cosa que le extrañó por completo. Kanda contestaría pronto a eso, no diciendo nada acerca de lo que preguntaba Lavi, pero al menos amenazándolo de muerte por haberle llamado así una vez más. Y, en lugar de eso, el japonés se había quedado callado.

- ¡Ah! ¡Yu-chan quiere una niña!

Parpadeó una vez más.

- ¿E-es verdad, Kanda? - tartamudeó, incrédulo.

- Aww. Qué lindo de tu parte, Yu-...

- No vuelvas a llamarse así, conejo - de pronto Kanda había reaccionado después de unos cuantos segundos, tomando a Mugen por la empuñadora como si fuera a atacar a Lavi en cualquier momento. Dejó de observar a Kanda porque le hacía sentirse avergonzado. No debió preguntarle nada, seguramente todo esto era porque el aprendiz de bookman quería meterse con el japonés también. Seguro que era eso, que había tomado desprevenido al pelinegro y por eso no había sabido responder rápido.

Resopló. Ya debía de aprender la lección, esa de no intentar adivinar los pensamientos de Kanda. Porque ahora mismo el susodicho se había puesto de pie y lo jalaba para que hiciera lo mismo, claro, sin tomar en cuenta una vez más que no era tan ágil en estas condiciones como para seguirle el ritmo.

- ¡Bakanda!

- Che. Vamos a mi habitación.

No pudo evitar sonrojarse. Maldita sea. ¿Qué no tenía pena alguna? Vale que tal vez Krory no entendía la situación, pero Lavi y Lenalee sí (sin mencionar a Link, claro). Ellos sabían perfectamente lo que hacían cuando estaban a solas y era incómodo para él saber que podía provocarles imágenes mentales a sus amigos. Imágenes de las que no se quería enterar, por supuesto. Además, anunciarlo en voz tan alta, como para que todo mundo en el comedor escuchara le hacía sentirse peor. Estúpido Bakanda.

- ¡Ah, Kanda! Quiero pedirte un favor, ¿sí?

Sus ojos plateados volvieron a posarse en Lenalee, algo extrañado porque había hablado de pronto. ¿Un favor? Ladeó la cabeza, esperando que el idiota de Kanda fuera lo suficientemente educado como para contestarle a Lenalee de buena manera.

- Che. ¿Qué quieres? Habla de una vez, carajo.

Olvídenlo. Era imposible pedirle educación a Bakanda. Suspiró bajito, avergonzado por la actitud del japonés. Seguramente el general Tiedoll le debía haber enseñado modales, aunque lo más probable era que a Kanda no le hubieran importado en lo más mínimo.

- Mi hermano dice que no has ayudado nada con la mudanza y aún quedan muchas cosas qué mover en los laboratorios del equipo científico. ¿Podrías ayudarnos, por favor?

Allen pensó que Kanda se lanzaría contra la china por la mirada furiosa que le dirigió. Cosa que le horrorizó por completo. Una cosa era amenazar a Lavi (él también lo hacía cuando el pelirrojo se pasaba, cosa que pasaba seguido), pero otra muy diferente era comportarse así con una mujer.

- ¡Anda, Kanda! Lavi y Krory también ayudarán - sonrió la de cabellos verdes, haciendo que su neviosismo aumentara. Era raro, ¿qué Lenalee no sabía del horrible temperamento de Bakanda? Pero, bueno, nunca antes había visto a Kanda hacer algo en contra de la chica, aún y cuando estuviera enfadado con ella por algo.

Aún así se sorprendió cuando Kanda chasqueó la lengua para luego asentir con el mismo gesto de fastidio en su rostro. ¿Eso significaba que sí iba a ayudar? Sonrió a pesar de sí mismo. Bakanda estaba aprendiendo a controlarse después de todo.

- Tú puedes ir a descansar, Allen-kun.

- ¿Eh?

Cierto, no podía servirles de mucho, no si no podía cargar cosas pesadas. Frunció el ceño. Él también quería ser de utilidad, pero una vez más le era impedido por su condición.

- ¿Pero puedo ir, verdad? - preguntó, algo esperanzado por alguna razón que desconocía.

- Hum, no creo que sea bueno para ti, Moyashi-chan - oyó decir a Lavi -. Son cosas del departamento científico. Sabe Dios qué porquerías tendrá Komui ahí, sin contar el polvo acumulado y demás que pueden hacerte daño.

Por alguna razón, eso le hizo sentirse triste. No sabía por qué, pero se sentía decepcionado. No debía, porque eso significaba que podría descansar un poco más sin necesidad de preocuparse por Kanda intentando meterle mano a la menor oportunidad posible.

- ¡Entonces nos vamos! Cuide mucho de Allen-kun, Link-san - exclamó sonriente la chica, haciendo una pequeña reverencia para enfatizar esa petición al alemán.

Pero él no sabía qué hacer. Ni siquiera cuando Link lo guió a su habitación nuevamente, ni cuando no pudo ni despedirse de Kanda. Algo de esto le incomodaba, pero no sabía definir el por qué. Por qué se sentía tan mal por ver a Lenalee tan cerca de Kanda una vez más.

-o-o-o-o-o-o-

Diez días. Habían pasado diez días y dentro de poco tendría ya ocho meses de gestación. Y si antes le era difícil moverse, ahora había empeorado como no lo esperaba. Sin embargo, no pensaba tanto en eso, aún si maldecía de vez en cuando por sus limitaciones físicas.

Porque no podía dejar de pensar en otra cosa. Desde hacía diez días pasaba muy poco tiempo con Kanda. Sí, dormían juntos y seguían teniendo sexo. Pero casi no estaban juntos en el resto del día como solían hacerlo desde aquello. Además, los encuentros sexuales eran más cortos de lo común. Claro que Bakanda seguía siendo un maldito pervertido y hacía todo lo que a Allen le disgustaba más, pero era un poco diferente. Como si Kanda estuviera cansado y por eso no era igual.

Bueno, debía de estarlo con todo el trabajo que le habían dado. Estaba ayudando con la mudanza y otras cosas de las cuales no se había enterado porque rara vez tenía la oportunidad de preguntarle a alguien. Todos estaban demasiado ocupados, como si les hubieran dado la orden de desalojar rápido el lugar. Así que la mayor parte del tiempo la pasaba en su habitación, con Link y con Timcanpy, todo mientras miraba las horas pasar sin poder hacer nada al respecto.

Ahora estaba en la habitación de Kanda. Sí, se suponía que era el tiempo "oficial" del día que pasaba con el japonés, ese que Komui había recomendado. Pero Kanda no estaba, aún no había llegado a la hora que se suponía debía llegar. Link lo había dejado ahí encerrado, diciendo que tenía cosas que hacer nuevamente, de nuevo provocándole un deje de curiosidad por lo que su inspector hacía. Aunque no podía concentrarse demasiado en aquello porque seguía pensando en Bakanda todo el tiempo.

Cerró uno de sus ojos con incomodidad al sentir los movimientos de su bebé. Es que no eran patadas, era como si se estuviera acomodando ahí adentro o algo así. Debía estar inquieto porque ya no cabía o, seguía pensando lo mismo, porque Kanda no estaba cuando debería. Acarició su vientre, tratando de tranquilizar al niño aún si estaba seguro de que no lograría mucho. De hecho, lo único que consiguió fue un golpe en las costillas por lo brusco de los movimientos del pequeño. Resopló.

Ya estaba. Se levantó de la cama, dispuesto a buscar a Kanda a pesar de que se suponía que no debía de salir de ahí. Pero ya no podía esperar más. Extrañaba a Kanda. No iba a admitirlo ante él, pero lo extrañaba. Siempre podía excusarse con el hecho de que su niño seguía moviéndose tan violentamente y que era porque quería a su papá cerca. Se mordió el labio inferior, pasando ambas manos por su abdomen, murmurando algunas palabras para calmar al bebé aún si no estaba del todo seguro que lo fuera a escuchar.

Cerró la puerta tras de él con mucho cuidado, procurando no hacer mucho ruido por si acaso alguien pasaba cerca. Lo de siempre, no quería enfrentarse a nadie más que no fueran sus amigos. Caminó por los pasillos silenciosamente, pasar desapercibido aunque fuera muy difícil, cosa que de por sí le era casi imposible hacerlo por su apariencia física desde antes de que empezara con su misión.

- ¡Moyashi-chan!

Dio un respingo cuando sintió que Lavi le abrazaba por la espalda al llamarle de esa manera que tanto le disgustaba. Porque se suponía que "Moyashi" era el nombre que Kanda usaba y nada más, aún si lo detestaba porque una de las cosas que más deseaba era que el mayor le llamara por su nombre. Pero ahora estaba pensando en Lavi y en cómo detener los rápidos latidos de su corazón por el susto provocado por el pelirrojo; además que el susto provocado había hecho que su bebé se pusiera aún más inquieto.

- ¡Lavi! ¡No vuelvas a hacer eso! - le reclamó, frunciendo el ceño al tiempo que se arropaba con su usual suéter e intentaba recuperar el aliento.

- Aw. No te enfades, Moyashi-chan - escuchó decir al otro exorcista, viendo de reojo como levantaba algunos libros que había dejado en el suelo -. Puede ser malo para el bebé.

- Es más malo si me saltas encima de esa forma - gruñó por lo bajo, aún si estaba seguro de que Lavi nunca haría nada para lastimarlos a él o a su bebé. Sólo no le gustaba el contacto aún, con nadie. Con nadie que no fuera Kanda.

- Vaya, tu bebé se está moviendo mucho, ¿no? ¡Eso es tan lindo! Sólo esperemos que no tenga el carácter de su papá o tendrás problemas, Moyashi-chan.

Se sonrojó. Pero esta vez era algo entre vergüenza, incomodidad y enfado porque el aprendiz de bookman estaba acariciando su vientre con la mano que tenía libre. Apretó ligeramente los dientes.

- Lavi, tú...

- ¿Estás buscando a Yu?

Parpadeó, olvidándose por completo del asunto en cuanto el del parche mencionó el nombre de Kanda (eso y que había dejado de tocarle después de todo).

- ¿Sabes dónde está?

- Mhmm... Debe estar ocupado con Lena. Ha pasado todo este tiempo ayudándola con cuanto trabajo le pide - dijo Lavi, llevándose una mano a la barbilla como si hiciera memoria para después tomar los libros con ambos brazos de una vez.

Aunque por la mente de Allen pasaba otra cosa. Una cosa tonta. Porque se sintió sumamente extraño cuando escuchó que Kanda había estado con Lenalee desde la petición de la chica. Le hacía sentirse mal consigo mismo por tan siquiera pensar en algo como eso. Es que volvían los recuerdos de cuando pensaba que Kanda había tenido que ver con Lenalee, esos cuando la muchacha le habló de su primera vez al tiempo que él le confesaba sus temores acerca del asunto a medias. Cuando ella le confesó que había tenido que ver con Lavi y no con el samurái. Pero ella sólo había hablado de su primera vez, no de... Y Kanda, él y su experiencia en la cama, todo. Tragó saliva, sintiéndose terriblemente avergonzado.

- ¿Pasa algo?

Se volvió hacia el mayor, tratando de sonreír para tranquilizarlo como solía hacerlo con todos. Y algo así hizo, aunque su sonrisa no hubiera sido tan perfecta como quería. Eso sin contar que Lavi tenía la habilidad de analizar a fondo a todos, especialmente a él. Todo por ser un sucesor de bookman y por tener esas habilidades que ya antes les habían sido de utilidad a los exorcistas.

Pero Lavi también le sonrió, cosa realmente extraña porque estaba seguro de que el pelirrojo no se había tragado para nada que todo estaba bien como para sonreír de esa manera.

- ¿Me acompañas a la biblioteca? - le preguntó Lavi, mostrándose todavía relajado mientras cargaba los libros sin problema.

Asintió rápidamente, aún extrañado por la actitud del pelirrojo. Le siguió de cerca, agradeciendo que bookman junior fuera un poco más considerado que Kanda y caminara más despacio con tal de que pudiera andar a su lado.

- Es una lástima que no podamos celebrar tu cumpleaños, Moyashi-chan. No con todo este movimiento de mudarse y reacomodar cosas mientras nos asignan un nuevo cuartel.

- ¿Eh? ¿Mi cumpleaños?

Pronto cumpliría sus dieciseis años, al menos en su tiempo de vida estimado. Claro que nunca olvidaría que había sido un 25 de diciembre que Mana lo había encontrado, pero había perdido el sentido del tiempo desde que era el propio Lavi quien se encargaba de recordarle cuántas semanas de embarazo tenía.

- Ah, dieciseis años. Aún eres un niñito, Moyashi-chan - frunció el ceño al escucharle decir eso, pero no lo interrumpió porque quería saber qué seguía -. Aunque Yu-chan ya tiene diecinueve y se sigue comportando como un malcriado a veces.

- ¿Kanda ya ha cumplido años? La última vez supe que tenía dieciocho y...

- Eres tan adorable, Moyashi-chan.

Dibujó un gesto de enfado de nuevo. Lavi seguía metiéndose con él sin razón alguna; aunque hasta ahora se daba cuenta de que no se había enterado de cuándo cumplía años el japonés. No iba a preguntárselo de todas maneras, así que no importaba. Aún si, tal vez, hubiera sido amable de su parte felicitarle o algo. Se mordió el labio inferior, reflexionando en lo mucho que le estaba afectando algo tan estúpido como esto. Hormonas o alguna otra cosa, no sabía; sólo sabía se sentía inseguro y abandonado, tanto que tenía rabia contra sí mismo por sentirse de esa forma tan patética.

- ¡Ya llegamos a la biblioteca! Por cierto, ¿por qué no está Dos-Puntos contigo? ¿Te has escapado o te ha liberado por buena conducta?

Le miró con cierto enojo, pero realmente no le importaba. Estaba demasiado ocupado lamentándose por esas estúpidas sensaciones molestas en su cuerpo. Eso y que el niño seguía moviéndose bastante y era algo incómodo caminar así.

- Vaya, de saber que te pondrías así por no ver a Yu-chan no le hubiera pedido a Lenalee que..

- ¿Qué? ¿De qué hablas, Lavi? - se sorprendió al escuchar algo como eso, algo que parecía no tener relación con la conversación (o monólogo) anterior.

- ¿Yo? ¡De nada, no hablo de nada! - se sobresaltó al oír la risa nerviosa del otro exorcista - Bueno, nos vemos, Moyashi-chan. Estoy atrasado y el Panda me matará si me entretengo por más tiempo. ¡Adiós!

- ¡Hey! ¿Qué es lo que querías decir con...? - nada, Lavi le había cerrado las puertas de la biblioteca en un intento descarado por negarse a contestar lo que fuera que Allen preguntara.

Y, aunque podría haber entrado fácilmente, prefirió no hacerlo. No sabía qué tantas personas estarían ahí y no quería enfrentarse a nadie, no cuando su niño estaba tan inquieto por ver a su papá.

Por eso prefirió seguir caminando. Quería regresar a la habitación de Kanda, tal vez el idiota al final había decidido llegar después de todo. Suspiró, esperando no perderse de camino al lugar deseado.

Pero algo lo distrajo. Era la voz de Lenalee, tan identificable como siempre. Había soñado con ella alguna vez, a la exorcista llorando en medio de unas ruinas que le eran tan familiares. Luego, esa sombra aparecía antes de que pudiera llegar hasta ella. Esa figura oscura que sólo Kanda y él podían ver. Algo que sólo Kanda y él compartían. Negó con la cabeza, intentando despejarse para seguir el origen de esa voz. Esa voz en esta situación tan mundana que poco tenía que ver con los misterios que envolvían su propia existencia, la del Arca, la del Catorceavo. Ahora lo único que sentía era una extraña presión en el pecho que le era tan desagradable porque lograba reconocerla por mucho que se negara a hacerlo.

Provenía de un salón, uno de los salones de entrenamiento que eran más bien utilizados para meditar que para cualquier otra cosa. Allen los conocía, aunque no solía utilizarlos porque, después de todo, su estilo de entrenamiento no se basaba en la meditación. Sabía qué eran porque Kanda los usaba, porque había estado unos cuantos minutos en alguno de ellos a pesar del miedo de que al japonés se le fuera a ocurrir violarlo en cualquier momento.

Sin embargo, la que estaba ahí adentro con Kanda era Lenalee, no él. Así que la chica también sabía en dónde meditaba el pelinegro cuando no podía salir de la Torre por el mal tiempo o por alguna otra razón. La sensación desagradable en el pecho aumentó. Esto no podía estar pasándole. Era tan estúpido que le molestaba, porque no tenía punto de comparación con sus otros problemas como para que éste fuera el que ocupara su mente ahora.

Se acercó a la puerta entreabierta, pensando un par de veces para llamar. Y no lo hizo. Seguía siendo tan ridículo que no lo hizo. Se mordió con fuerza el labio inferior, maldiciéndose a sí mismo todavía. Aún así, su curiosidad pudo más que cualquier cosa, porque se había inclinado para visualizar lo que pasaba en el interior del salón, esperando no ser descubierto por Kanda porque eso significaba que las burlas estarían a la orden del día.

Parpadeó para luego enfocar a las dos figuras que estaban ahí. Kanda estaba de espaldas, así que no podía ver los gestos del japonés y eso le frustraba. Pero Lenalee estaba sonriendo, riendo de vez en cuando mientras hablaba con Kanda de cosas que no alcanzaba a entender. No porque no pudiera escucharlos, sino porque hablaban de algo que parecía ser una historia que ambos compartían. Tal vez de su infancia, una que Allen desconocía por completo.

Estuvo a punto de golpearse a sí mismo en la cabeza, justo como lo hacía Kanda para callarlo cuando estaba por decir alguna estupidez. Resopló suavemente para después cerrar los ojos en una mueca de dolor. Tomó aire, utilizando sus manos para hacer un intento más por evitar los golpes en las costillas. No podía ser que el bebé supiera que su papá estaba frente a él, pero que Allen se negaba a entrar porque no quería enfrentarse a Kanda si estaba con Lenalee. No podría decir todo lo que quería, ni podría pedirle que le acariciara para tranquilizar a su hijo. Eso y que no quería seguir pensando más en esas cosas tontas que le hacían sentirse tan mal.

Fue hasta que la china abrazó a Kanda que se olvidó de disimular para sí mismo que no sabía lo que sentía, que la sensación desagradable en su pecho no tenía nombre.

Estaba celoso.

Y sentía náuseas. Demonios.

Se alejó de ahí lo más rápido que pudo. No era que Kanda lo estuviera engañando (si es que podía llamársele así, después de todo, Kanda y él no eran nada, ¿verdad?), era que de nuevo le llegaba la frustración. Lenalee y Kanda podrían estar juntos sin que nadie se horrorizara por verlos (tal vez Komui, pero esa era otra historia), eran hombre y mujer después de todo. Y Kanda seguía tratando relativamente bien a la chica, era hasta más o menos respetuoso con ella. Al menos la soportaba mejor que a cualquier otro ser que se acerca a él, incluyendo a Allen, por supuesto. Por eso se sentía así, no por lo que acababa de ver, sino porque su mente estaba constuyendo algo que no había pasado. O era justo por lo que creía que había pasado.

Dolía, ver a Kanda siendo cercano con otra persona le dolía mucho. Y no sabía cómo controlarlo, cómo podía borrar ese dolor infundado sin pensarlo demasiado.

- Será mejor que vaya a mi habitación - murmuró para sí mismo, cabizbajo, dejando que el cabello le cubriera los ojos.

Caminó derecho, esperando no perderse. ¿Dónde estaba Timcanpy cuando lo necesitaba para guiarlo? Frunció el ceño, mirando a su alrededor como si intentara distraerse de lo obvio. Que sentía algo desagradable, que estaba apenado por tan siquiera sentirlo y que su niño había vuelto a la carga con los golpes.

Otro largo día añorando la rutina a la que ya se había acostumbrado. Definitivamente extrañaba a Bakanda. Lo extrañaba y ya ni siquiera pensaba negarlo si le preguntaban. Y mucho menos negárselo a sí mismo.

-o-o-o-o-o-o-

Esos días habían sido una jodida porquería.

Estar con Lenalee Lee era, por decirlo educadamente, insoportable. Hablaba demasiado, sonreía demasiado y se ofrecía a ayudar demasiado. Era como una maldita versión femenina del Moyashi, aún más femenina, eso había que decirlo. Sólo que el idiota sabía recompensarlo por las noches luego de pararle para que no matara a nadie durante el día. Eso y que la verdadera personalidad del niño era muy diferente a la que mostraba con los demás.

Pero sobre Lenalee no sabía mucho porque no le interesaba. Así era: si algo no le importaba, entonces no se tomaba el tiempo en intentar entenderlo. Y Lenalee era una de esas cosas que le tenían sin cuidado, aún si de cierta manera la apreciaba porque era una compañera exorcista y porque era la hermana del estúpido supervisor. Pero de apreciarla a querer pasar tiempo con ella había un gran trecho. No le molestaba del todo que estuviera en el mismo lugar que él mientras no se metiera en sus asuntos, era una de las pocas personas que no le provocaban querer cometer un asesinato.

Sin embargo, por alguna razón a la china le había dado por acaparar todo su tiempo con la excusa de que necesitaba ayudar con la mudanza porque no había hecho nada por el equipo científico. Se negó, por supuesto. Se negó y estuvo a punto de largarse y dejar a la chica hablando cuando la muchacha le advirtió que si no estaba con ella, que su compañero sería Lavi, pero que de todas maneras tendría que ayudar. Así que, entre el jodido conejo y la niña molesta, eligió a la chica. Varias veces iba a mandarlo todo al carajo, pero la maldita mujer siempre inventaba algo para salirse con la suya.

Lo peor era que terminaba fastidiado de todo y follarse al Moyashi en esas condiciones no era lo mejor. No quería volver a lastimar al pequeño idiota, no cuando estaba a punto de tener al bebé. Las revisiones médicas eran cada vez más seguidas y Allen se notaba bastante incómodo luego de éstas. La verdad, a él también le jodía el ver a alguien más tocando a su Moyashi, aún si sólo era un médico que estaba haciendo su supuesto trabajo. El caso era que no quería herirlo porque se darían cuenta de lo que pasaba, lo cual los metería en unos problemas que no podían darse el lujo de tener. Chasqueó la lengua, dándose cuenta de que por fin empezaba a despejarse luego de la calentura hormonal que había sufrido todo este tiempo. Claro, eso no significaba que no quisiera follarse al niñito hasta varias veces al día, lo seguía deseando como siempre si no era que más; era que había otra cosa que ocupaba su mente y esa era la realidad que se enfrentaba con respecto al bebé de ambos.

Ni siquiera sabía si los dejarían quedarse con el niño. Nunca había hablando con Allen sobre eso y prefería no hacerlo para no tener que soportar los lamentos y depresiones que el tema acarrearía al chiquillo. Aunque Komui insistía que él se haría cargo del asunto y que prefería que Allen no supiera mucho al respecto. Kanda estaba de acuerdo por primera vez en mucho tiempo con el inútil del supervisor. Desde hacía poco que el Moyashi se había encariñado con el bebé y no iba a permitir que se los quitaran así como así. Ya encontraría una manera de obtener lo que quería ese mocoso infantil para poder sentirse feliz.

Joder, ¿desde cuándo se había propuesto hacer que el idiota se sintiera bien? No tenía idea, pero el hecho era que así pasaba, aún si era de manera incosciente; quería asegurarse de que Allen se sintiera mejor, que pasara los últimos días de su embarazo en calma y sin estresarse más. Todo descontando los encuentros sexuales; a esos no renunciaría nunca. Y ahora era mucho mejor, porque el Moyashi no tenía mucha agilidad como para escapar de él, después de todo, su torpeza natural había aumentado considerablemente. Eso lo hacía verse tan apetitoso que para Kanda era imposible dejar pasar la oportunidad de darle placer ya que no podía resistirse mucho.

Eso antes de que empezara el tema inicial, ese de la chica loca que lo tenía como su maldito esclavo.

Extrañaba los asaltos vespertinos al Moyashi, esos en los cuales sabía que el maldito inspector podía intervenir (así podría mandarlo al carajo nuevamente). Aunque tener al mocoso dormido en sus brazos luego de habérselo cogido era una sensación indescriptible, la mejor manera de terminar el día: ver esas mejillas aún sonrojadas a pesar del tiempo que haya pasado, a pesar de su empeño estúpido por darse una ducha luego de follar, y tenerlo sólo para él y nada más para él. Era una visión que nadie más tendría de este niño, ese que era tan contrastante como sólo él podía serlo.

Pensaba en eso ese día, el cómo se tiraría al menor nuevamente y cómo lo haría retorcese de placer bajo su cuerpo, cuando Lenalee le llamó de nuevo. Otro trabajo más que le dejaría más fastidiado que de costumbre. Entonces se desquitaría con el Moyashi en la cama, ¿qué acaso la mujer no entendía eso? Seguro que no. Ella seguía viendo la relación de ambos como algo prohibido aunque "romántico" de cierta manera. Suponía que a las mujeres les gustaba eso de los amores imposibles y los finales felices luego del martirio de los protagonistas. Lástima que en su historia no había nada de eso.

- ¿Amas mucho a Allen-kun? - le había preguntado de pronto mientras él cargaba otro par de cajas con más porquería del inútil de Komui.

Él había arqueado una ceja, mirándole con incredúlidad, por si con eso la convencía de que era una pregunta estúpida. Una que nunca contestaría, claro. Pensaba que ya había quedado claro con la mujer esta que estaba enamorado del Moyashi idiota y que no era algo que le hacía sentirse orgulloso al respecto. Era una debilidad después de todo, una jodida debilidad que le perseguiría por el resto de su vida. Al ver que la china no entendía la maldita indirecta había chasqueado la lengua, indicándole claramente en su idioma que le dejara en paz. Pero a veces ella demostraba que era hermana de Komui por algo.

- Supongo que es cierto lo que dicen: del odio al amor hay un solo paso.

Más sonrisas melosas que le causaban náuseas. La única sonrisa que le jodía y le gustaba al mismo tiempo era la de su Moyashi, la única que podía soportar porque sabía cómo borrarla para convertirla en una mueca de placer. Pero la sonrisa de esta mujer no le agradaba en lo más mínimo, aún si era su compañera exorcista y que la conocía desde hacía bastante tiempo. Ambos llegaron muy jóvenes a la Orden, aún eran niños. Niños exorcistas.

Así como su hijo lo sería. Frunció el ceño levemente, dándose cuenta de lo mucho que le afectaba el saber aquello aún si no quisiera reconocerlo por completo. Saber que su hijo sería un exorcista tipo parásito como Allen, solamente saber que sería exorcista, le molestaba de cierta forma.

Lenalee pareció notar que algo no estaba bien, porque de inmediato volvió a hablarle, aunque cambiando por completo el tema de conversación:

- Recuerdo que cuando llegaste a la Orden pensé que eras una chica, Kanda - había dicho Lenalee, sonriente, provocando que las venas en su sien se inflamaran con ira. Maldita niñata. Lamentaba que la china fuera mujer, porque sin dudarlo la hubiera dejado incosciente (o muerta) de ser hombre. Aunque el Moyashi igual se molestaría con él por agredir a alguno de sus amigos, aún y cuando no hubiera mucho que el chiquillo pudiera hacer al respecto ahora que prácticamente no podía moverse. Sonrió maliciosamente.

Luego, se había dado cuenta de que Lenalee lo había conducido hasta uno de los salones de entrenamiento para que acomodara algunas cosas que quedaban ahí, dejando las cajas que llevaba arrinconadas en algún lugar al azar. La chica seguía hablando y riendo, cosa que le había extrañado porque, una de las pocas cosas que sabía de Lenalee, era que era más bien del tipo amable pero callado. No era normal que hiciera todo ese ruido.

Por primera vez se había decidido a preguntarle por cuál era su maldito problema cuando la muchacha había parado de hablar. Él también se había quedado quieto, como esperando lo que la otra exorcista tuviera qué decir con tal de poder volver a sus pensamientos sobre lo que le haría al Moyashi en cuanto pudiera zafarse de esto. Lenalee le había mirado con ternura para luego abrazarle, sacándolo por completo de balance. Le decía algo acerca de lo feliz que estaba porque hubiera encontrado a alguien, cosas que ya le había dicho antes un par de veces. Era como si aún no se terminara de tragar que Kanda podía sentir algo que no fuera odio contra toda la humanidad.

Había dejado que le abrazara por unos segundos más, sin apartarse porque no quería que luego ella encontrara más excusas para hablarle sobre el tema. No le gustaba el contacto físico, tal y como se lo había dicho al Moyashi en aquella ocasión; sólo si venía del estúpido niñito o de las respuestas del bebé en forma de patadas cuando acariciaba el vientre del menor. Y aún así había dejado que siguiera abrazándole hasta que quedara satisfecha, para que no se metiera más en un asunto que en realidad no tenía demasiada profundidad.

- ¿De verdad quieres una niña o solamente son ocurrencias de Lavi?

Esa había sido una pregunta que no quería responder, porque no tenía una razón lógica y eso le molestaba. Lo que quería era tan vago que le recordaba al Moyashi, todo porque el chiquillo se guiaba por sus sentimientos y no razonaba del todo cuando peleaba. Allen pensaba, sí (aunque muchas veces lo dudara); pero cuando se trataba de ciertas cosas era difícil creer que había un cerebro ahí adentro. Pero no importaba. En realidad no le preocupaba el sexo del bebé con tal de que les dejaran tenerlo aunque fuera por un tiempo. Maldijo entre dientes, otra vez estaba pensando en cómo hacer feliz al idiota del Moyashi.

No recordaba nada más de eso, nada más que Lenalee volviéndole a preguntar lo mismo sólo para que él la ignorara una vez más.

Después de que los otros exorcistas habían regresado a la Orden no había podido estar demasido tiempo con Allen. Además, desde que llegaron habían abrazado al Moyashi, lo habían manoseado y lo habían apartado de él. Los detestaba por eso, mucho más de lo que ya le fastidiaban por el sólo hecho de existir (sobre todo el jodido conejo), el como ellos podían pegarse al niñito como si no supieran que los asesinaría si pudiera. Excepto el maldito vampiro, no creía que tuviera suficiente inteligencia como para darse cuenta de que quería matarlo por tan sólo mirar al pequeño idiota o por haber sido el primer candidato para ser el padre de la criatura que crecía dentro de su Moyashi.

Desde que habían llegado esos tipos, no había podido estar con Allen, mucho menos tener la oportunidad de jodérselo como quisiera. Más frustración aún.

Alejó todas esas idioteces de su mente cuando vio al Moyashi en el pasillo. Era difícil no distinguirlo, ya no sólo por su cabello, sino por la forma en que caminaba. Sonrió burlonamente, sin importarle en lo más mínimo que Link estuviera ahí acompañando al chiquillo. Iba a ir tras el niño cuando Lenalee y Lavi le salieron al paso. Maldijo en voz alta, a punto de matarlos sin importarle que Komui soltara a todos sus jodidos experimentos contra él.

- ¡Hey, Yu-chan! ¿Sabes qué día es hoy?

- Che. Si no te quitas de enme-

- ¡No puede ser que no sepas, Kanda! - la chica ahora era quien le hablaba, provocando que arqueara una ceja; no por curiosidad, sino porque no podía creer que le estuvieran estorbando ahora, justo cuando había "convencido" a Komui de que ya había hecho suficiente por ayudar con la mudanza (eso y amenazar con Mugen siempre funcionaba cuando se trataba del supervisor).

- Debe ser porque ahora no pudimos poner la decoración, Lena. Recuerda que Yu-chan rara vez se da cuenta de algo aún si lo tiene frente a su nariz - rio el conejo, como si hubiera hecho un gran chiste.

Chasqueó la lengua, aún maldiciendo entre dientes. ¿Qué coño les pasaba a estos locos? En estos momentos ya ni siquiera sabía si prefería que lo acosaran a él o si hubiera querido que estuvieran con el Moyashi, quien al menos podía soportarlos. Aunque no sabía si podría con los celos; los malditos celos que le asaltaban cada vez que veía a su Moyashi con alguien más en una actitud demasiado cercana. Y no le importaba que el chiquillo no tuviera las agallas para quejarse, aún les decía educadamente a las personas que no le tocaran en lugar de apartarse de inmediato. Estúpido niñito.

Iba a lanzar un gruñido cuando la muchacha le tomó del brazo, como si le quisiera obligar a inclinarse para decirle algo en secreto, pero algo lo distrajo.

Allen le estaba mirando detenidamente, demasiado cerca de donde estaba, extrañándole por completo porque le había visto caminar justo al lado contrario. Aunque eso no fue nada comparado con lo que vino después.

El Moyashi le tomó de la muñeca derecha, del brazo que no estaba siendo ocupado por Lenalee. Y, al parecer, también los otros estaban tan sorprendidos como él; porque ninguno dijo nada ni se movió mientras Allen le obligaba a caminar. Joder, ni siquiera había podido burlarse a pesar de lo ridícula que era la situación, a pesar de que estaba seguro que el niñito estaba completamente sonrojado. No escuchó lo que dijeron Lenalee y Lavi, pero estaba seguro de que habían hecho algún comentario al respecto del inusual comportamiento del menor.

No dijo palabra alguna hasta que Allen lo llevó hasta donde quería: hasta su propia habitación. El más joven se apartó de él casi de inmediato, como si se arrepintiera de haber hecho eso. Incluso Kanda se preguntaba por qué demonios al niño le había dado por actuar así, no era propio de él después de todo. Aunque no le molestaba en lo absoluto, claro que no. Sonrió de lado, al fin dándose cuenta de que estaban a solas y que la situación estaba servida en charola de plata por el mismo Moyashi. El mocoso no tendría derecho de quejarse porque él mismo se había metido a la boca del lobo.

- Kanda, yo...

Parpadeó. Allen le había dado la espalda luego de intentar hablarle, llevándose ambas manos al rostro como si estuviera completamente avergonzado. Con que había sido algo impulsivo, ¿eh? Sonrió con malicia. El Moyashi se dejaba llevar demasiado por sus sentimientos, con esto no hacía más que comprobarle sus teorías de lo idiota que era.

- Yo quiero... hum...

Estaba tartamudeando. El maldito niño estaba tartamudeando y no se daba cuenta de lo tentador que se veía al temblar ligeramente. Quería follárselo ya, ahora. Pero este Moyashi al parecer estaba dispuesto a sorprenderle una vez más, porque fue él mismo quien se acercó para posar un suave beso sobre sus labios, juntando ligeramente sus cuerpos aunque la unión no era tan íntima como hubiera querido. Por eso le tomó de la nuca, obligándole a besarle más profundamente para con el brazo libre para que la distancia se redujera al mínimo.

Cuando al fin le dejó ir pudo ver al niño respirando agitadamente, con las mejillas tan rojas como imaginó que estarían luego de lo hecho, no tanto por el beso, sino por esa extraña demostración pública que había dado hacía unos momentos. Se inclinó ligeramente hacia él, todo para susurrarle al oído, aún sosteniéndole para que no se le ocurriera separarse:

- ¿Quieres que te folle, Moyashi?

Le oyó tragar saliva ruidosamente a la vez que sintió como los dedos del niñito se aferraban con fuerza de sus brazos. Podía sentir los cabello del menor rozando su rostro, por lo que se dio cuenta con más facilidad que el pequeño había asentido nerviosamente. Vaya, esto era más de lo que Kanda esperaba obtener alguna vez; que el niño admitiera que deseaba que deseaba ser poseído por él. Definitivamente esto se ponía mejor conforme pasaba el tiempo. Aún se preguntaba el por qué de este comportamiento cuando el chiquillo lo abrazó, como si no lo hubiera visto en muchísimo tiempo.

- ¿Moyashi?

- El bebé te extrañó, Bakanda.

Arqueó una ceja, divertido. ¿Así que el bebé le había extrañado, no? Aunque no pasaran tanto tiempo juntos como antes, seguían viéndose todos los días; además, no era como si el bebé se diera cuenta de lo que pasaba, aún si Allen insistía en que así era. No lo contradecía porque le parecía que pensar en eso lograba que el Moyashi se relajara un poco y sintiera un poco de control sobre una situación en la que prácticamente no tenía poder alguno.

Así que no le rebatió. Mordió el lóbulo de la oreja del chiquillo, sabiendo perfectamente las reacciones que esa acción provocaba en el cuerpo del otro, pudo sentirlo al estar tan cercano a él. El niño se había estremecido ligeramente, acercándose un poco más a su cuerpo. Era tan divertido verle tan nervioso, como si no hubieran cogido tantas veces antes.

Lo alejó un poco, todo para observarle directamente al rostro, aunque el mocoso se negó al desviar la mirada y dejar que sus cabellos cubrieran sus ojos. Chasqueó la lengua, apartando algunos mechones blancos para poder besar esa cicatriz que marcaba su mejilla izquierda. Pero el gesto aparentemente inocente no tenía nada que ver con las caricias que ya estaba dándole al acariciar el trasero del menor, apretando sus nalgas sólo un poco para escuchar los ligeros gemidos que escapaban de sus labios a pesar de que sabía que el otro se resistía.

Iba a disfrutar de este niño sin interrupciones, sin importarle que el maldito inspector se apareciera de pronto. Aunque ya estaba anocheciendo y esta era una de las noches que podían estar juntos. No estaba cansado en lo absoluto y todo el fastidio que había experimentado ese día se había convertido en lujuria pura.

Caminó hacia la cama, dejando al Moyashi parado cerca de la puerta. El chiquillo lucía confundido, como si estuviera preguntándose el por qué repentinamente se había alejado por completo luego de tocarle de esa manera. Sonrió otra vez al ver el brillante color rojizo que se dibujó en el rostro del otro cuando bajó el cierre de sus pantalones para después sentarse en la cama. Claro, el niño sabía lo que eso significaba y por eso estaba tan avergonzado además de ligeramente molesto a pesar de todo. Siempre se ponía así cuando le pedía aquello, lo cual lo hacía aún más excitante para él.

- Vamos, Moyashi.

No apartó la mirada ni un instante en cuanto el otro exorcista se acercó a pasos lentos hacia él, como si se resistiera aún y cuando había sido el mismo niñito quien lo había incitado a esto.

- ¿Qué pasa? ¿No quieres chupármela?

Estuvo tentado a soltar una carcajada en la cara del niño para burlarse del gesto ofendido que mostró ante sus palabras. Acarició el rostro del pequeño una vez que le tuvo cerca, fascinado por el lindo color rojizo que se extendía por esas mejillas. Era cruel obligarlo a hacer algo como eso, sabía lo mucho que detestaba hacerlo por el maldito orgullo que el Moyashi se cargaba, pero la verdad le daba igual. Es más, se le hacía aún más divertido verle en esas condiciones.

Terminó por obligarle a arrodillarse en la cama para que estuviera en una posición más o menos cómoda y no tenerlo quejándose a cada instante. Claro que no pudo evitar que Allen desviara la mirada de inmediato en cuanto liberó su miembro excitado; ese niño seguía sintiendo una vergüenza enorme por tan sólo estar cerca de él en ese estado. Como si no supiera que era precisamente él quien le provocaba esas reacciones en su cuerpo. Acarició su cabello para que se decidiera a acercarse del todo, para que le tomara en sus labios de una vez.

Tuvo que esperar unos momentos más para sentir la suave y cálida lengua del pequeño en su erección, lamiendo desde la base hasta la punta tímidamente, como si le costara un gran trabajo hacerlo a pesar de que no era exactamente la primera vez que pasaba. Soltó un ligero gruñido, apretando con más fuerza el cabello del otro cuando la atención se concentró en la cabeza de su miembro, aún y cuando sólo seguía utilizando la lengua con mucha delicadeza.

- Che. Mételo en tu boca, Moyashi.

Sintió que el chiquillo había parado con sus administraciones, alejándose un poco para mirar hacia un lado. Estaba completamente sonrojado, más apetitoso como nunca antes lo había estado. Le tomó bruscamente de la barbilla para guiarlo nuevamente a donde quería. Podía sentirle temblar y eso le gustaba. El niñito temblando y nervioso, prácticamente indefenso ahora que no podía activar su Inocencia o tan siquiera moverse con facilidad. Totalmente a su merced.

Se relamió los labios cuando al fin el Moyashi entreabrió la boca, introduciendo poco a poco su pene dolorosamente erecto en esa húmedad tan cálida. Siseó suavemente, tragando saliva en cuando el niño se decidió a usar su lengua una vez que ya lo tenía dentro, brindándole nuevas sensaciones placenteras que aumentaban su necesidad por más y más de este chiquillo.

Lo empujó un poco hacia abajo, obligándole a tomar un poco más de su excitación, escuchando un sonido ahogado de protesta por parte del menor. Siempre ocurría esto; siempre se oponía a darle placer oral en un principio y terminaba arrodillado frente a él con la boca ocupada. El ligero sonrojo que lucía su rostro no era nada comparado con el intenso color rojizo de las mejillas del mocoso, las cuales estaban ya húmedas por las lágrimas derramadas. Esa hermosa visión tan perversa le encantaba.

Bajó con una de sus manos, acariciando el cuerpo del que estaba frente a él, con mucho cuidado, casi como si intentara que el menor no se percatara de lo que pretendia. Fue hasta que atacó su pecho sobre la tela del vestido que el chico reaccionó, apartándose rápidamente de él.

- ¿Qué jodidos pasa ahora?

- Maldito Bakanda - le oyó mascullar, como si hubiera hecho algo horrible.

Cosa que le hizo sonreír, por supuesto. Le tomó de los hombros a pesar de la resistencia inicial, robándole un beso para tranquilizarlo y para que se decidiera a seguir con lo que hacía. Acarició el rostro del niño otra vez, y, de nuevo, le hizo inclinarse sobre él para que tomara su erección hasta donde más podía, oyendo una nueva queja por parte del pequeño mientras él lanzó un ligero gemido al sentir la punta de su miembro rozando el paladar del chiquillo. El mocoso había empezado a mover su cabeza, como si al fin se hubiera percatado de que mientras más pronto lograra hacer que se corriera, más pronto podría dejar de hacer algo que tanto detestaba. Así que volvió a la carga, acariciando uno de los pequeños pechos del pequeño, asegurándose estaba vez que su mano izquierda estuviera sobre la cabeza del Moyashi para que no volviera a apartarse. Y funcionó: cuando Allen quiso alejarse para reclamar, le empujó de vuelta a su erección para que siguiera complaciéndole. Le encantó el gemido ahogado del niño, seguido de una queja notoria a pesar de la posición cuando apretó suavemente el pecho derecho del chiquillo.

Su respiración se volvía más agitada conforme el tiempo pasaba, aprovechando lo ocupado que estaba el niñito en hacer que se corriera rápido que podía acariciar el restro de ese pequeño cuerpo y deleitarse con los sonidos que salían de los labios del otro. Pero decidió que no quería llegar al orgasmo en el rostro del niño, aún y cuando la imagen su semen resbalando por esas mejillas sonrojadas fuera tan tentadora. Quería hacerlo otra vez; quería correrse dentro del mocoso porque sabía que lo odiaba. Era tan divertido oírle quejarse y verle tan avergonzado que... Sonrió, apartando al Moyashi de una vez, quien tragó saliva para luego observarle con curiosidad, todo con un adorable sonrojo y el ceño ligeramente fruncido aún.

- ¿Kanda...?

No dijo nada cuando le ayudó a arrodillarse en la cama, sosteniéndole de la cintura y acercándolo a su cuerpo. Le sintió dar un respingo cuando le bajó los pantalones y la ropa interior, aprovechando la posición en la que se encontraban. Sacó el lubricante de uno de los bolsillos de su pantalón al recordar que acostumbraba a cargar con él desde que el conejo se lo había traído. El Moyashi se estremeció de nuevo cuando acarició su espalda baja, volviendo a apretar el trasero del chiquillo con su mano libre para luego apartarla y poner un poco de lubricante para entibiarlo y así evitar quejas por parte del mocoso.

Aunque las quejas volvieron en forma de gemidos dolorosos cuando deslizó uno de sus dedos en el interior del niño, preparándole en esa posición que al parecer avergonzaba mucho al otro porque se había recargado en uno de sus hombros para esconder su rostro. Ingenuo chiquillo. De nuevo tembló entre sus brazos cuando introdujo un segundo dedo dentro del menor, tratando de que se relajara al separar sus dedos en su interior. Allen se aferró con fuerza, soltando un pequeño gemido en su oído. Sonrió maliciosamente, introduciendo más a fondo sus dedos para encontrar ese punto que provocaba descargas de placer en el pequeño cuerpo frente a él.

Fueron unos cuandos minutos de sacar y meter sus dedos hasta los nudillos, de sentir los temblores y escuchar los quejidos del niñito. Le gustaba que sus protestas fueran así: silenciosas y provocativas, aún y cuando el Moyashi seguro no se percataba de eso pues sabía que dejaría de hacerlo de inmediato de saber que sólo lograba que Kanda se excitara aún más. Se las arregló para quitarle del todo los pantalones con un poco de su cooperación, para despojarle del suéter con la mano libre mientras seguía preparándole para lo que venía. Después retiró sus dedos, abandonando la calidez del otro exorcista al tiempo que éste se apoyaba nuevamente en él para respirar con dificultad. Este niñito tan débil, que no podía sostenerse a pesar de que no había sido para tanto lo que había pasado. Que apenas empezaba.

Se relamió de nuevo los labios cuando logró que se separara de él, viéndole apoyarse en la cama, con las manos entre sus piernas a pesar de su gran vientre. Luego le hizo retroceder un poco para poder acomodarse mejor. Allen le observó, intrigado, pero sólo hasta que decidió volverse a meter con él.

- Espero que me hayas ensalivado bien, Moyashi, porque así tendrás que disfrutarlo.

El gesto del niño había sido memorable, tanto que no pudo reclamarle o insultarle porque se había quedado sin habla. Y apenas pudo reaccionar cuando le tomó de las caderas, obligándole a colocarse sobre él. El Moyashi le miró con algo parecido al temor, como si se preguntara qué demonios se proponía.

- Pe-pero Kanda...

- ¿Qué quieres?

Allen no le contestó, sólo le observó desde donde estaba, como si no se decidiera a decir lo que quería.

- Pensé que habías dicho que esto nos estobaría.

Oh, al fin se había percatado de qué era lo que quería decir. Estaba hablando de su abdomen, que se interponía entre los dos como para hacerlo cómodamente.

- Che. No te preocupes por eso.

El inglés le miró con curiosidad nuevamente, todo hasta que se recostó en la cama, descubriendo para su felicidad que el Moyashi lucía avergonzado nuevamente al verle así.

- Dejaré que lleves el control ahora, mocoso. ¿No te da gusto? - le dijo, sonriendo cinícamente ante la mirada incrédula del menor.

El chiquillo negó con la cabeza, sonrojándose al doble, pero poco pudo hacer porque ya lo había guiado hasta donde estaba su miembro, sosteniéndole con fuerza de las caderas para obligarle a sentarse sobre él. Le oyó gemir nuevamente, seguramente adolorido al sentirse atravesado en contra de su completa voluntad. La verdad Kanda no tenía idea del por qué el mocoso se avergonzaba tanto por estar así. Ya se había sentado sobre él antes, aunque igual siempre terminaba quejándose por estar así.

- Así no me gusta, Bakanda. Así no me-

No le dejó continuar, porque le hizo elevar sus caderas para luego dejarlo caer sobre su erección, arrancándole un gemido bastante notorio que el otro no pudo ahogar. Era una buena vista tenerlo así: podía observar todo el cuerpo de su Moyashi, verle desde abajo para tomar nota mental de todo lo que significaba tenerlo así, invadiendo su cuerpo otra vez. Se le veía tan tentador al tener sólo el vestido que le había dado ese científico, tapando un poco las caderas del chiquillo y hasta la misma unión entre sus cuerpos; dándole un aire algo inocente y perverso al mismo tiempo. Sí que era un enfermo.

- Ah... Bakanda.

- Muévete, pequeño idiota. Usa tus caderas para satisfacerte.

- Maldito bastardo.

No pudo evitar reírse esta vez cuando escuchó los nuevos gemidos que escaparon de los labios del menor cuando repitió la acción, esta vez elevando él mismo sus caderas para encontrarse con las del Moyashi. Allen se apoyó en su cuerpo por fin, inclinándose ligeramente para sostenerse porque había empezado a embestirle una y otra vez. Pero luego se quedó quieto, observando al mocoso respirar agitadamente, desviando la mirada nuevamente para evitar que sus ojos se encontraran. Era tan estúpido. Los pequeños movimientos que el otro hacía inconscientemente le provocaban un gran placer al apretar ligeramente su erección entre las piernas, porque el muchachito de vez en cuando se mordía el labio inferior para no soltar otro gemido más al revolverse sobre Kanda. Notaba lo nervioso que estaba, lo ansioso que se mostraba por estar en esa posición que le era tan incómoda. Y se veía tan desesperado, como si todo fuera desagradable para él. Aunque, por eso mismo, quería que siguiera así. Que se decidiera a mover sus caderas si es que quería salir de esta.

- El conejo dijo que esta posición sería más cómoda para ti - comentó, acariciando las piernas del pequeño, quien aún respiraba agitadamente e intentaba moverse lo menos posible -. Deberías sentirte mejor así.

- Idiota desgraciado. Sabes bien que yo...

Una nueva embestida lo acalló nuevamente, aunque esta vez el Moyashi parecía tratar de aparentar que aquello no lo había tomado por sorpresa. El chiquillo se había inclinado ligeramente hacia él, aún desviando la mirada debido a la profunda pena que debía estar sintiendo al verse en esa posición. Claro que sabía que al niño le disgustaba aquello; se quejaba de casi todo cuando era él quien había aceptado ser follado. Se quejaba pero lo disfrutaba. Porque al fin había empezado a moverse, muy suavemente y sin atreverse a mirarle; la verdad era que nunca lo había visto así de avergonzado y era mucho decirse. Se comportaba como si se hubiera decidido a moverse solamente para acabar pronto con esto. Le hizo sonreír. Empezó a masturbarle al ritmo que había tomado el chiquillo, logrando que éste le mirara con miedo, por fin atreviéndose a encararlo aún si de inmediato volvió a ver el suelo con tal de no observarle a él.

Era desesperante. Él mismo se moría por volver a las estocadas más rápidas y fuertes a las que estaba acostumbrado porque este niñito le provocaba más placer por sus movimientos involuntarios que por los que estaba consciente. Pero poco a poco el ritmo iba aumentando, no demasiado, aunque pretendía alentarlo acariciándole más rápidamente. Sin embargo, el Moyashi era demasiado infantil, debería de saberlo ya. Parecía estar mucho más concentrado en evitar cruzarse con su mirada que en mover las caderas. Resopló, ahogando después un ligero gruñido por más de esos tímidos movimientos inconscientes. Al parecer tendría que esperar un poco más hasta que el mocoso se sintiera con más confianza; sólo esperaba que no tuviera nada que ver con su apareciencia como lo venía anunciando el jodido conejo, eso de que las mujeres embarazadas a veces se sienten inseguras por su aspecto.

Allen volvió a mirarle, deteniendo sus fallidos intentos por complacerlo, todo porque había empezado a acariciar su vientre. El bebé se estaba moviendo. Y bastante, incluso le parecía algo raro que no se hubiera percatado antes cuando tenía tan cerca esa parte de la anatomía del chiquillo contra su cuerpo. Observó de reojo al Moyashi. Al fin le estaba observando fijamente, con las mejillas rojas y algunas lágrimas empapando sus mejillas. Nada fuera de lo común, aunque no por eso menos hermoso. Lo que le sorprendió fue que el niño se inclinara de nuevo hacia él, como si buscara besarle. Se apoyó en uno de sus codos, atrayendo el rostro del muchachito con la mano libre, concediéndole ese deseo con gusto. Estúpido niñito, con un sabor tan dulce como siempre. Se relamió los labios a pesar de eso.

- ¿Kanda? ¿Qué...? ¡Ah!

Había terminado por tirarlo en la cama al sacárselo de encima. El menor le miró con un gesto ofendido y apenado, cosa que provocó que chasqueara la lengua al percatarse que el niño seguro pensaba que había terminado. Otra vez demostrando demasiada ingenuidad.

Separó sus piernas para penetrarlo de una vez, arrancándole un gemido que se acercaba más al dolor que al placer, por lo que esperó unos segundos más para que el inglés se acostumbrara antes de volver a embestirle. Lo tenía frente a él, recostado de lado, con las manos fuertemente aferradas a las sábanas mientras él sostenía una de sus piernas para ayudarse con el impulso de penetrarle una y otra vez. Le estaba pidiendo que bajara la velocidad, que le dejara recostarse del todo, pero no se lo permitió. Empujó con más fuerza aún, aprovechando la momentánea distracción del chiquillo por ahogar uno de sus gemidos para subirle el vestido y poder acariciar su pecho, esa acción que tanto detestaba.

Lo estaba insultando de nuevo. Pero poco podía hacer pues ni siquiera podía utilizar sus manos para defenderse porque al parecer necesitaba aferrarse a la sábana cada vez de una embestida especialmente fuerte le llegaba. Cosa que a él le daba campo libre, por lo que podía acariciarle directamente prácticamente sin reestricciones. Por eso aprovechó al inclinarse sobre el cuerpo del pequeño, introduciendo en su boca una de sus tetillas para usar su lengua, provocando un gran quejido de disgusto por parte del menor. De nuevo volvía con la cantaleta de que le dolían mucho, pero eso era difícil de creer. Después de todo, seguía estando excitado, ¿no? Succionó un poco más, buscando probarlo de nuevo.

Leche materna. Era definitivamente un enfermo, pero esa ya era una discusión saldada desde hace tiempo. Aunque, más que por eso sabor (tan exageramente dulce), era porque ver la expresión del niño lo valía. Y pudo verla de nuevo. Saboreó el pequeño chorro tibio que entró en su boca, todo sin dejar de mirar la expresión de horror del Moyashi. Otra vez se había quedado sin habla. Sólo podía tartamudear, ya ni siquiera resistiéndose a las suaves embestidas que seguía dándole. Lamió su labio inferior, hundiéndose a profundidad repentinamente, logrando que el muchachito gritara.

Siguió empujando, introduciéndose una y otra vez para correrse dentro del niño de nuevo, para terminar con broche de oro esta sesión tan placentera. Su respiración se agitaba cada vez más pronto, cosa que le hizo sonreír con malicia. Pero, estando a punto del orgasmo, Allen consiguió apartarse de él, por lo que terminó sobre los muslos del pequeño, quien ya se había encogido ligeramente. Le miró, furioso. ¿Cómo se atrevía? Y el enfado no hizo más que aumentar cuando le observó detenidamente: el niño estaba respirando agitadamente, totalmente sonrojado, sí; pero entre los dedos con los que trataba de cubrir su rostro pudo ver la gran sonrisa triunfal que adornaba la cara infantil. Apretó los dientes.

- Moyashi. Jodido mocoso...

- Cállate, idiota. Eres un maldito pervertido, ya te dije que no me toques ahí y sigues haciéndolo. ¡Y te comes la comida del bebé, bastardo!

La mirada ofendida y avergonzada del menor hizo que su furia bajara un poco. Seguía mascullando algo entre dientes, tal vez maldiciendo su suerte y a todas las sustancias que corrían por su sangre y que ahora le hacían sentirse así. Se acercó a él, apartando algunos mechones blancos de su rostro ante la curiosidad cautelosa del niño. Sonrió nuevamente, obligándole a levantarse sólo para que se recostara sobre él, tirándose en la cama de una vez. Adoró el ligero gritito del chiquillo y la manera en que se había aferrado con fuerza a él, como si hubiera pensado que lo iba a tumbar de la cama.

- Gritas como una nena, Moyashi.

- Al menos no parezco niña con ese cabello que tienes, estúpido Bakanda - le oyó decir ahogadamente, pues había hundido el rostro en uno de sus hombros, justo como lo hacía cuando se sentía apenado por estar así.

Lo ignoró. Lo ignoró porque empezó a acariciarle el cabello suavemente, enredando sus dedos entre los cabellos de anciano de este niño. Luego le acarició la espalda, sintiendo como la respiración del pequeño se tranquilizaba poco a poco. Seguro que ahora se quedaría dormido, ya no tenía excusa para ir a ducharse. Después de todo, había evitado que se corriera dentro, el pequeño bastardo. Ya se vengaría por esto.

- Mhm... Kanda.

- ¿Qué?

Le extrañó que le llamara, sobre todo porque parecía estar a punto de caer dormido en cualquier momento. Pero el Moyashi se revolvió entre sus brazos, levantándose poco a poco de la cama.

- Tengo que ir al baño.

Chasqueó la lengua.

- Che. Si no me corrí dentro, idiota. Todo porque eres un quejica y no aguantas nada...

- Calla, imbécil - Allen se había bajo ya de la cama después de limpiarse con las sábanas revueltas, luciendo sonrojado nuevamente -. Es por culpa del bebé, no tuya. Aunque en realidad también es culpa tuya indirectamente.

Otra vez estuvo tentado a reírse, pero no lo hizo. Aunque eso no evitó que le sonriera con descaro. Claro que sabía que el bebé estaba presionando todos sus órganos internos desde que había crecido tanto. Incluyendo la vejiga, por supuesto. A saber qué otro tipo de complicaciones vendrían en cuanto su vientre creciera aún más. Sabía que una de ellas sería una movilidad cada vez más limitada, cosa que él sabría aprovechar.

- Te esperaré aquí para la segunda ronda, Moyashi.

- Duérmete ya, Bakanda.

Le vio terminar de vestirse, como le había observado con aire ofendido nuevamente antes de arroparse con el suéter y salir de la habitación. Se recostó del todo en la cama, cerrando los ojos para esperar al pequeño imbécil.

De pronto recordó lo que le habían dicho la mujer y el conejo. Sobre el día que era hoy. Era el 24 de diciembre, en unas cuantas horas sería 25. ¿Y eso qué? Agradecía estar de mudanza y no tener que ver a todo mundo celebrando como idiotas; sobre todo no tendría que soportar los intentos de los demás por intentar que socializara. Pero lo sabía. Sabía qué pasaba el 25 de diciembre. ¿Cómo no saberlo? Sonrió sombríamente.

Después de llevarle al tratamiento por la mañana, no dejaría salir al Moyashi de su habitación en todo el día.

-o-o-o-o-o-o-

Se lavó la cara con agua tibia, buscando despejarse luego de esa sesión de sexo tan agotadora. Había sido su culpa. Él había provocado a Kanda y éste había sabido aprovechar que había accedido a que lo tomara sin oponerse. Eso hasta que se le había ocurrido hacerlo en esa posición. Negó con la cabeza frenéticamente, sintiendo cómo se enrojecía nuevamente. Estúpido Bakanda. Maldito tipo insasiable.

¡Y seguía tomándose la comida de su bebé! Se dio un pequeño golpe contra la pared, intentando olvidar aquello. Era una de las cosas más vergonzosas que se le habían ocurrido a Kanda. Eso y hacerle comerse su propio semen (maldito bastardo). Frunció el ceño, guardando la pasta de dientes para terminar con su aseo antes de dormir. Esperaba que Kanda se hubiera dormido ya, aunque era un sueño imposible y lo sabía. Pero esperaba poder dormir un poco esa noche. Su niño estaba quietecito otra vez, dormido, por eso se sentía más relajado. Como siempre, estar con Kanda le ayudaba no sólo a él, sino también al bebito. No tenía idea de cómo ese pervertido lograba que se sintiera mejor cuando estaba con él, que su bebé se relajara cuando estaba cerca. Algo debía tener, algo debía de hacer para haberle vuelto tan dependiente de él. Sí, algo de eso debía ser.

Resopló, dándose cuenta de que estaba pensando tonterías nuevamente. Suspiró con suavidad, acariciando su vientre, alegrándose por sólo sentir algunos ligeros movimientos en su interior. Tal vez sí podría descansar, cosa que necesitaba desesperadamente. Y dormir con el japonés en la misma cama le gustaba mucho, aún si no era tan cómodo por lo grande que estaba. Soltó una ligera risita, de buen humor al haber decidido olvidarse de todas las vergüenzas que el pelinegro le hacía pasar. Al menos ya venía su recompensa y podría acurrucarse contra el mayor para sentirse cálido de nuevo.

Caminó fuera del baño a paso lento, esperando no perderse a pesar de que ya se sabía el caminio prácticamente de memoria, aunque ser precavido nunca estaba de más en ese aspecto. No quería terminar perdido en la noche en la Orden. Debía de ser positivo y no pensar en que se iba a extraviar, porque si no...

Se detuvo de pronto, visualizando una figura frente a él que le hizo paralizarse. Los latidos de su corazón se aceleraron notoriamente en cuanto reconoció a la persona. Se estremeció ligeramente cuando escuchó esa voz con acento inglés, disfrazada de amabilidad y educación. Esa sonrisa tan perturbadora. No pudo evitar cerrar los ojos con fuerza cuando escuchó su nombre en los labios de ese sujeto.

- Buenas noches, Allen Walker.

+ Continuará +

Notas finales: Tres horribles semanas de retraso. Oh, por Dios, lo siento. Pero seguro que se repetirá hasta que termine la maldita tesis, así que pido disculpas de antemano. Por cierto, lo de Lenalee pensando que Kanda era chica cuando llegó a la Orden es canon según el fanbook de Hoshino-senseii. Y sí, la leche materna es generalmente dulce, a menos de que comas algo que altere el sabor, pero son alimentos bien específicos (lol, Allen come de todo). ¿Que cómo sé que es dulce? Hum, le pregunté a mi madre de nuevo. Y la verdad no quiero saber cómo es que ella lo sabe, así que me contentaré con su respuesta. Nos vemos en la próxima entrega que espero que sea más o menos pronto. Espero *se despide antes de morir*.