Crespúsculo no me pertenece
Capítulo Decimotercero:
Despierto y veo que todo está bien
Es la primera vez en mi vida que todo está bien
Despacio miro a mi alrededor y me sorprendo
Pienso acerca de las pequeñas cosas que hacen la vida genial
No cambiaría nada por esto
Ese es el mejor sentimiento
Primera Parte
Bella
Hubiera deseado no despertar jamás, permanecer en sus brazos eternamente, por primera vez desde que lo había conocido su cuerpo me parecía tan cálido y tan blando que escapaba a las apreciaciones que me había formado con anterioridad. Abrí mis ojos lentamente sintiendo como deslizaba sus dedos por mi espalda, y dibujaba trazos con ellos por todo el largo de mi columna vertebral. Estaba literalmente en el cielo y no quería bajar por nada en lo absoluto de vuelta a la realidad. Traté de mantener cada caricia, cada beso, cada gemido que había escuchado de sus pétreos labios en mi memoria. Y creo que si no hubiera sufrido de la manera en que lo hice jamás hubiera apreciado como lo estaba sucediendo en este momento.
Traté por todos los medios que él no se percatará que estaba despierta para que siguiera acariciándome pero me delató el sonido pesado y dificultoso de la respiración, que extrañamente, se me había dificultando a cada segundo que pasaba.
— ¿Bella, que sucede?
Me preguntó preocupado tomándome en sus brazos y separando mi cuerpo de su torso desnudo. Cuando hizo eso un dolor me cruzo como un puñal de lado a lado y profería un indeseable grito de dolor, abrí mis ojos como platos, sentí como todo el aire de mis pulmones se había escapado completamente dejándome desvalida de provisión para hablar.
— ¿Bella?
Insistió ahora con pánico, tomo entre sus resistentes brazos mi cuerpo frágil y lacio, cuidadosamente me recostó contra el suelo y a duras penas lleve mi temblorosa mano hasta el origen del dolor. Con un movimiento ansioso me quito las cobijas y sus ojos topacios se endurecieron, la facción de su rostro se tenso y la expresión de tortura no pudo ocultarla.
— Tengo que llevarte de regreso
Fue todo lo que dijo y lo hizo con un hilo de voz, en un segundo se incorporó del suelo y comenzó a recoger la ropa tirada. Giré mi cabeza para verlo y aunque traté de decir algo, simplemente no pude, no podía articular palabra alguna no solo producto del dolor sino que con cada minuto que pasaba menos aire podía inhalar. A ratos se me perdía el reflejo de su cuerpo mientras se vestía y era increíble que no me sonrojará al ver su cuerpo desnudo, aún en ese estado pude comprobar que el era más que hermoso; un verdadero dios griego en todo el sentido de la palabra finalmente y al cabo de unos segundos se me acerco devuelta ya completamente vestido.
— Voy a vestirte ¿Puedes levantarte?
Me pregunto poniendo su mano detrás de mi espalda para ayudarme a enderezarme, traté por todos los medios de no quejarme pero su oído era biónico porque aunque profería gemidos sin sonido, cada vez que daba uno, sus dientes sonaban y comprobaba con ello que él estaba bastante consciente de las heridas que aparentemente nuestra noche de pasión había causado. Y era increíble como mi noche mágica se había tornado otra vez en amargura y desilusión.
Corrió conmigo en su espalda todo el trayecto de vuelta, y aunque trato de hacerlo lo más cuidadoso posible, el dolor se intensificaba con el solo hecho de él dar un paso siquiera, jamás había sido buena manejando ni el stress ni el dolor, esté era cada vez más fuerte, y para cuando llegamos hasta su casa creo que tantas señales de dolor habían adormecido la sensación en mi cerebro. Con la perspectiva un poco más clara, noté que Edward iba a entrar por la puerta de la cocina que daba justo a la sala de estar, mis ojos se abrieron como platos cuando noté que sus hermanos estaban sentados viendo la televisión.
— No
Suplique por lo bajo sujetando su mano, me miro confundido y yo apunte hacia el interior de la casa por el ventanal
— por favor, entremos por otro lugar
Le pedí y con los ojos traté de explicarle cuan bochornoso sería si sus hermano se enterarán de lo que me había pasado. Dudo un momento pero finalmente accedió a mi petición.
— Dolerá aún más
Me advirtió.
— No importa, lo resistiré
Contesté sacudiendo mi cabeza levemente, prefería mil veces que me cargará en su espalda mientras subía por el árbol, a que todo mundo supiera lo que había pasado la noche anterior entre nosotros.
Me subió a su espalda y apreté mis labios cuando sentí la punzada profunda en mi cuerpo, trepo por el árbol y para suerte mía esta estaba abierta de par en par, dio el salto preciso y piso su habitación con elegancia. Una vez dentro ladeó mi cuerpo para bajarme de su espalda pero mantuvo mi brazo rodeando su cuello, puso su propio brazo por mi espalda y me sostuvo por la cintura, manteniendo de esa forma todo el peso de mi cuerpo en el suyo.
— Tú padre me asesinará esta vez
Comentó con una risa nerviosa, y yo me sonreí también ante la idea de lo que haría Charlie si me viera llegar con el cuerpo completamente cubierto de moretones y adolorida como estaba, de seguro creería que mi amado Edward me había golpeado como todo un abusador.
Pero si los golpes se sintieran de la misma forma en que yo había sentido anoche, me presentaba de voluntaria para que me azotaran de por vida. Cuando pensé en la noche anterior, un rubor inundó mis mejillas y levante mi vista tímidamente hasta encontrarme con aquellos ojos topacios que tanto amaba. Aproximo mi cuerpo hasta el sillón de su habitación y estaba por sentarme cuando la puerta se abrió y los ojos de Alice se encontraron con los míos.
Lo que sucedió después fue inevitable y bochornoso hasta decir basta, hubiera preferido agonizar eternamente en el bosque que haber pasado por el medico de cabecera que estaba teniendo desde que mi "suegro" había aparecido en mi vida. Ahora no podría mirarlo a los ojos siquiera, tendría que pasar una década completa.
Edward y Alice me ayudaron a salir y me sentaron de vuelta al cómodo pero estrecho sillón que adornaba la habitación de mi ángel. Por segunda vez y para mi desgracia todos los Cullen faltantes estaban esperando en la habitación de Edward el veredicto del padre de familia, apenas cruce el umbral de la puerta del baño advertí lo que más temía en mi interior, los ojos de Emmett brillaron y noté como dejo los discos de música aún lado acercándose ansioso hasta donde estaba.
— ¡Vaya noche hermanita!
Exclamó entre risas pero su comentario causo el efecto contrario a lo que el hubiera deseado en el resto de su familia.
— No seas desubicado Emmett
Le reprendió Esme quitándolo de encima, su sonrisa fue cálida y sus ojos me reflejaron ternura. Yo enarque mis cejas y me sonreí, a esta altura ya no podía hacer nada, todos se habían enterado de lo que hubiera preferido guardar en secreto. Y Emmett recibió el castigo por partida doble, puesto que también Rosalie lo reprendió con un golpe en el brazo, este le profirió una mirada de niño arrepentido.
La habitación quedo en un silencio sepulcral y advertí que mi amado Edward se sentó al lado contrario del sofá, quedando al revés de mí, nuestros cuerpos quedaron hombro con hombro pero casi de espaldas. Lentamente corrió mi cabello para dejar al descubierto mi cuello, y yo tragué saliva ansiosa, no pude evitar estremecerme y las imágenes de lo que había sucedido en Volterra se me vinieron a la mente, mi cuerpo comenzó a temblar.
— Te amo
Me susurró rozando levemente sus labios contra el lóbulo de oído, me estremecí al sentí su halito gélido en la piel desnuda de mi cuello, y exclame un leve gemido cuando sus dientes blanquecinos, por segunda vez se hundían como dos perfectas navajas ávidas de mi sangre. Una angustia se apoderó de mi cuerpo que trato de luchar por escapar pero Edward puso su mano debajo de mi brazo atrayéndome hacia su cuerpo de manera segura, gentil pero firme. Sentí que sus dedos se enterraron en mi piel y cuando lo hice también advertí que aceleró la succión de mi sangre, estaba saciando su sed conmigo y mi corazón se entumeció ante la idea que otra vez, Edward me dejaría morir como lo había hecho en Volterra.
En cuestión de segundos la fuerza abandono mi cuerpo y ya no pude luchar, mi vista se nubló y la imagen frente a mí se distorsiono, a lo lejos, pero muy lejos se distinguían las reacciones de los demás, Esme enterró su rostro en el pecho de Carlisle quien la sujeto con fuerza y Rosalie simplemente no soportó la escena, salió de la habitación
— No puedo ser testigo de esto
Le sentí murmurar a lo lejos y noté como ella y Emmett se fueron.
Mi respiración se hizo más lenta y pesada, casi imperceptible. Increíblemente eso aminoró el dolor que había estado sintiendo. Mis brazos estaban completamente flácidos sobre mi regazo, y una sombra se acerco hasta nosotros, percibí un frió en mis muñecas, traté de aclarar la vista y resulto un poco. Los ojos topacios de Carlisle me miraban, tenía su dedo índice y pulgar puestos en posición estratégica para verificar mi pulso.
Mi corazón aún latía pero estos latidos eran cada vez más lejanos, y estaba claro que mi cuerpo mortal estaba agonizando. Cuando Edward se había alimentado aquella vez en Italia, la sensación había sido la misma, pero ahora había un detalle, mi corazón no estaba deteniéndose y no iba detenerse, no hasta que mi cuerpo estuviera completamente transformado. También sabía que me dolería incluso más de lo que había estado sufriendo hace unos minutos atrás – no será una muerte bonita – recordé aquellas palabras en mi mente.
— Hijo detente
Le susurró Carlisle cuando comprobó que mi corazón latía mortalmente despacio. Sentí como sus dientes dejaban de apretar y como su lengua dejaba de succionar mi piel, el contacto húmedo de su boca se quito y se separó lentamente. Sostenía mi frágil cuerpo entre sus brazos y si no hubiera sido por su mano protectora en mi nuca mi cabeza hubiera caído con todo el peso hacia atrás.
Cuando finalmente su rostro estuvo frente a frente con el mío comprobé que sus ojos se habían tornado, otra vez, de un rojo vivo. Baje mi vista por su rostro hasta la comisura de sus labios y de ellos afloraba un hilo de mi sangre que se abría paso sin control.
— Tres días mi amor, tienes que resistir tres días
Me pidió acunando en su pecho mi cuerpo inerte al que estaba escapándosele el último aliento de vida.
