Capítulo 24
Si no hubiera sido por su rápida reacción, hubiese terminado con un agujero en el estómago en vez de un insignificante rasguño en el costado izquierdo de su cuerpo.
Su vista se enfocó en la muchacha, que ahora se encontraba expuesta a la luz, y notó algo distinto: una marca alargada caía desde sus ojos hasta el final de su rostro…parecían lágrimas…lágrimas de sangre.
Sus pensamientos quedaron de lado cuando los ataques se reanudaron, y él, incapaz de tocarla, se limitaba a esquivarlos únicamente, lo que solo aumentaba el daño que recibía de su parte.
Luego de un buen rato, se hincó en el suelo, algo exhausto ya, mientras la observaba acercarse con la misma sonrisa retorcida en su rostro.
Había cambiado. Ya no "jugaba" con él tal como había hecho siempre, esta vez definitivamente estaba decidida a matarlo, que su objetivo fueran las partes vitales así lo demostraba.
Un obstáculo interrumpió su caminata, el monje le había lanzado un pergamino, aprovechando que estaba distraída con él.
Las cadenas blancuzcas que había visto antes surgieron de los grilletes que llevaba en sus manos, empezando a cubrirla, no obstante no fueron suficientes para calmarla: le bastó aplicar un poco de fuerza para librarse de ellas y ocasionar unas pequeñas grietas en el metal.
Su atención se dirigió ahora a la persona que la había agredido, a quien observó meticulosamente para después desaparecer frente a sus ojos.
Inuyasha la interceptó un minuto antes de que llegara a propinarle un zarpazo que podría haberle costado la vida al hombre, quien, junto con la exterminadora y el zorrito, prosiguió a montar a la nekomata para resguardarse en el cielo.
Ella lo empujó, haciendo que cayera y quedara descubierto, pero cuando estaba por lanzársele encima, un gran boomerang la distrajo, el cual nunca alcanzó su objetivo, puesto que una poderosa barrera lo detuvo.
Sonrió y estiró su brazo hacia donde se encontraba su atacante, señalándola, y el arma salió disparada en su dirección.
La gata se elevó para evitar la colisión, mas grande fue su sorpresa cuando, tras un gesto de la muchacha, el Hiraikotsu cambió su trayectoria.
— ¡Miroku! ¡Sango! —gritó el hanyou al verlos caer entre los árboles.
Una nueva embestida le hizo abstenerse de volver a quitar los ojos de su oponente, por lo que dejó sus preocupaciones a un lado.
Su mente no lograba dar con alguna manera de traerla de vuelta…siendo que habían fallado los pergaminos, ¿cómo se suponía que iba a hacer que regrese a la normalidad?
Estaba casi sobre él cuando, repentinamente, se alejó varios metros de un salto, posando su vista en algún punto en particular a sus espaldas.
Me arde...
El sonido de esas dos palabras resonó en su mente, despertándolo de su sueño en aquel pacífico lugar.
Esto…me está quemando…
No sabía por qué pero aquella voz le parecía sumamente conocida… ¿de quién se trataba?
Quema…me arde…arde demasiado….
¿Quemar? ¿Arder? ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué lloraba?
Duele…duele mucho… ¿por qué no se va este dolor?
Estaba sufriendo…y por alguna razón él se sentía parte de ese dolor también.
Yo…
Esa voz…
¡Ya no lo soporto!
La reconoció, la recordaba… ¿cómo habría podido olvidarla?
Abrió los ojos con pesadez y vio el cielo nocturno sobre su cabeza, ¿Cuanto tiempo había pasado dormido?
El ruido proveniente de una batalla alcanzó sus oídos, y los recuerdos de lo sucedido con Josekumaru se agolparon en su mente.
Sintiéndose adolorido, se levantó, y procedió a averiguar lo que estaba aconteciendo a su alrededor.
Se sorprendió al constatarse de la gravedad de la situación… ¿cómo habían terminado así las cosas?
En un instante, se dio cuenta de que ella lo había visto, y vio con confusión como se alejaba con rapidez… ¿acaso estaba rechazándolo?
—Kagome…
A pesar de que ya la había visto transformado antes, era la primera vez que se comportaba así, y también la primera que lo rechazaba de esa manera.
— ¡No te acerques! —le dolió oír eso cuando intentó aproximarse, tanto que no se percató del incipiente ataque que se avecinaba.
Su cara dio de lleno contra el suelo, comiendo algo de tierra en el proceso, no obstante eso era lo que menos importaba, puesto que había sido salvado.
— ¿¡Qué rayos haces Inuyasha!?
—Vaya hora que se te ocurre despertar bella durmiente…
— ¿¡Cómo me dijiste bestia!? ¡Repítelo otra vez y te juro que te golpeo!
— ¡Cállate! ¿¡Así es cómo le agradeces al que te salvó la vida!? —Ladeó el rostro con disgusto— La próxima ni me molestaré en hacerlo…
— ¡Nadie te pidió que lo hicieras en primer lugar! —Su conversación se vio interrumpida ante otro ataque, por lo que el ojidorado se vio obligado a poner distancia— ¿Qué le sucedió a Kagome? ¿Dónde está Josekumaru?
— ¿De qué demonios hablas? Ese desgraciado se esfumó hace tres días.
— ¿Tres días? ¿¡Quieres decir que he estado dormido por tres días!?
— ¡Es lo que dije! Al parecer te afectó mucho que Kagome poseyera tu cuerpo, sin mencionar que lo dejó muy lastimado.
— ¿¡Qué Kagome hizo qué!?
— ¡Vampiro tonto! ¿¡Es qué estás sordo que no escuchas!?
— ¡Deja de llamarme así! ¡Tengo un nombre sabes! — Nueva acometida de la chica— ¡Rayos, olvídalo! ¡Solo dime que es lo que causó que Kagome terminara así!
—Una piedra llamada Akai no se qué, uno de los sirvientes de Josekumaru dijo que quería hacer una prueba con ella.
— ¿Te refieres al rubí Akai Tsuki?
— ¿Lo conoces?
—No sé mucho al respecto, solo oí que fuerza a despertar el lado demoníaco de quien lo posea, sin embargo eso no explica por qué ella no nos reconoce…
—Cállate…—ambos voltearon en el preciso momento que se les arrojaba encima, acción que se vio interrumpida debido a la reaparición del boomerang, lo que la forzó a volverse.
— ¿¡Estás bien, Inuyasha!?
—Eso debería preguntarles a ustedes, Miroku.
—Nosotros estamos bien, solo fueron algunos rasguños…—la mujer reparó entonces en el muchacho— ¿Despertaste? ¿Pero cómo?
—Yo…escuché la voz de Kagome…
— ¿Qué?
—Ella está sufriendo…aún cuando estaba dormido podía saberlo…Kagome está llorando…
—Cállate…—Visualizaron sus ojos rojos en la oscuridad, demasiado próximos— Es tu culpa…—Cuando empezó a acercarse, se pusieron en guardia— Estorban…—Un campo de energía se extendió a su alrededor, ocasionando que todos, a excepción de Ichiro, salieran despedidos unos metros.
—Kagome…—fue lo único que alcanzó a decir él antes de ser atravesado por el pecho, tras lo cual ella retiró su mano mientras lo observaba retroceder.
Una leve palpitación se hizo presente, haciendo que se tambaleara un poco, sus ojos se fijaron en su mano ensangrentada.
—Este olor… ¿por qué? ¿¡Por qué el dolor no se va!?
— ¿Quieres saberlo?
Su atención se dirigió al joven que con esfuerzo intentaba levantarse, sosteniéndose de un árbol cercano con una mano, y cubriéndose la herida con la otra.
—Tú no puedes olvidarme…
—No…
—No puedes romper el vínculo que tenemos…
—No sigas…
—Porque…fuiste tú misma quien lo forjó…
— ¡Ya basta! —gritó, llevándose ambas manos a la cabeza, acrecentando la violencia con la cual las energías dispersas tanto dentro como fuera del campo chocaban.
—Kagome…—Tras haber recibido más daño, producto del inmenso poder que se agitaba a su alrededor, se levantó.
— ¡No lo digas!
—Kagome…—emprendió la dura tarea de llegar hasta ella a pesar de que sintiera todo su cuerpo pesado.
— ¡Deja de decirlo!
—Kagome…
— ¡Deja de decir mi nombre! —enloquecida debido al profundo dolor que la carcomía, volteó dispuesta a atacarlo, mas fue sorprendida al ser sujetada de ambos brazos.
Su respiración se detuvo por unos instantes al ser besada repentinamente, y un hilillo de sangre bajó de la unión de sus labios.
Las palpitaciones regresaron, cada vez más frecuentes, mientras embobada, observaba al frente, sin percatarse de su caída.
Y luego cerró los ojos, presa de la inconciencia.
El pánico lo invadió cuando, después de ser violentamente arrojado, no pudo ser capaz de penetrar en ese campo, aún utilizando a la Tessaiga roja.
La escuchó gritar de dolor, y notó una de sus manos ensangrentadas, al parecer había herido gravemente a Ichiro, aunque eso era lo que menos le importaba.
Antes de ser repelido por tercera vez, pudo observarlo caminar hacia ella, quien seguía revolviéndose en su lugar desesperadamente.
Unos segundos, solo eso bastó para levantarse y encontrarse con una escena que no esperaba volver a ver…que no quería volver a ver.
Aunque su pecho doliera, lo único que podía sentir era rabia, una enorme rabia dirigida hacia el sujeto que estaba besándola.
Odias que se acerque tanto a mí...por eso deseas verlo muerto.
Sacudió la cabeza en un intento de quitarse ese pensamiento de su mente, no era así, él no quería matarlo, bueno, en realidad sí, pero no en forma literal, tan solo…tan solo quería que dejase de ser tan cercano con Kagome…que dejara de ocupar el lugar que le pertenecía a él.
La buscó con la mirada, estaba inmóvil mientras una gran cantidad de energías abandonaban su cuerpo, generando que el campo empezara a debilitarse.
Cuando desapareció por completo, la vio caer inconciente sobre el muchacho, que no supo cuando, había terminado en el suelo, junto con un charco de sangre en torno a él.
Corrió hacia ella y, queriendo levantarla, estiró un brazo, sin embargo cuando estaba a punto de tocarla, sintió movimiento, estaba despertándose.
—Kagome…
Al sentirse llamada, sus ojos se abrieron, pestañeando un par de veces, y volteó hacia la dirección de donde provenía la voz.
— ¿Inuyasha? —Dijo al reconocerlo— ¿Por qué estás tan lastimado? —vio tristeza en su rostro y… ¿compasión?
Su nariz captó una esencia e instantáneamente supo qué había ocurrido…ahora tenía miedo…miedo de confirmar lo que realmente temía…que verdaderamente no era necesario porque sus sentidos no la engañaban.
El sentir a alguien debajo de ella y el calor en su mano era más que suficiente, sin embargo su vista se dirigió hacia allí casi instintivamente.
—I…chiro…—no pudo gesticular alguna otra palabra, se quedó mirándolo, notando a su vez el líquido rojo que había a su alrededor…y en su propia mano— Ya veo…—dijo al cabo de unos minutos, sentándose a un lado— Yo…—encaró al hanyou por segunda vez— Lo hice otra vez…
—Kagome…
Aún sonriendo, gotas de agua salada se deslizaban por su rostro y, aunque deseaba abrazarla fuertemente, se contuvo.
Inuyasha despertó al sentir los primeros rayos de luz del amanecer colándose entre sus ojos, y un leve bostezó se apoderó de él.
Recorrió con la mirada a sus amigos que permanecían dormidos, hasta detenerse en la causa de que la principal persona que estaba buscando no estuviese allí.
Habían sido dos días a partir de ese acontecimiento, y él no había despertado.
Kagome había estado distante desde entonces, se rehusaba a probar alimento y desaparecía durante la mayor parte del día, regresando por la noche a comprobar el estado del medio demonio, para después desaparecer nuevamente.
Él tampoco se había acercado, comprendía a la perfección su deseo de estar sola, sin embargo quería estar a su lado…tal como ella lo había hecho cuando le sucedió lo mismo.
Eso le había llevado a debatirse si sería lo correcto ir a hablarle o no, puesto que había especificado que no se molestase en buscarla.
Había estado dudando esos dos días pero luego de pensarlo mejor, se dio cuenta de que no tenía por qué hacerle caso, después de todo ella siempre terminaba buscándolo aunque él le dijese que quería estar solo.
¿Cómo es que había tardado tanto tiempo en notar semejante estupidez?
Se bajó del árbol, procurando no hacer ruido, y se encaminó hacia el sitio donde sentía su olor más fuerte, por suerte no se había alejado mucho.
— ¿Puedo permanecer a tu lado?
Se escuchó a sí misma hablando, y un recuerdo abordó su mente.
—En verdad… ¿te quedarás conmigo?
Esto es…
—Sí…
La escena donde ella lo tomaba de la mano desapareció, y aquel día regresó a su memoria, viéndose caer, llorando y con una sonrisa en su rostro.
—Adiós…Inuyasha…
Pero el que estaba allí no era el hombre de ojos dorados que conocía…sino otro con unos color verde agua, que la veía con tristeza.
Abrió los ojos sobresaltada, y respirando agitadamente se sentó sobre la rama en la que había estado durmiendo hasta ese momento.
¿Qué clase de sueño había sido ese?
—Kagome…—giró el rostro, hallando a la persona que creía haber visto parada sobre la rama de un árbol vecino— ¿Por qué…estás llorando?
— ¿Eh? —llevó una mano a su cara, comprobando lo que le había dicho…
¿Por qué?
—Es por ese idiota ¿no es verdad? —Sonaba dolido y enojado a la vez, mas después recordó la verdadera causa detrás de su comportamiento— Discúlpame Kagome, yo no quise…
—Esta bien…Inuyasha…no es eso…—dijo limpiándose con una manga— Yo solo…recordé algo que sucedió hace mucho tiempo…
Algo que ya está en el pasado…
No respondió, haberla visto así le había quitado los ánimos que había reunido para hablar con ella, a pesar de eso no iba a darse por vencido tan fácil.
—Kagome ¿por qué no regresas? —No hubo respuesta— Yo…digo los demás están preocupados por ti…
—Recuerdo haberte dicho que me dejaras sola…
—No puedo hacer eso…ya han pasado dos días y no has comido nada ¿es que quieres enfermarte?
—Los demonios no se enferman…mucho menos los vampiros…—al ver que él iba a objetar, agregó— Además no necesito comer…aunque haya sido una pequeña cantidad de sangre, es más que suficiente para mantenerme con energía por al menos tres días.
—Aún así no deberías pasar por alto que tienes una parte humana y…—recayó en algo importante— Espera un momento, ¿a qué te refieres con sangre?
Si estaba hablando de beber sangre, significaba que debía haberla tomado de Ichiro, ¿pero cuándo y donde había sucedido que él no se había enterado?
—Oye…—lo ignoró, por lo que saltó hacia la rama donde se encontraba— Kagome…—ante su falta de contestación se puso frente a ella— ¡Escúchame cuando te estoy hablando!
—Inuyasha, ya te dije que…—se detuvo de repente y, tras unos pocos segundos, se llevó la mano derecha a la base de su cuello.
— ¿Kagome? ¿Qué es lo que…?
—Está despierto…—él se quedó mudo al escucharla, y así permaneció mientras la observaba bajarse y salir corriendo en dirección al campamento.
Cuando se quedó completamente solo, golpeó con fuerza el tronco del árbol, provocando que cayeran algunas hojas y volaran un par de pájaros.
—Esa Kagome…—dijo irritado y apretando con fuerza los dientes— Dejándome aquí hablando solo porque el estúpido de Ichiro se acaba de despertar…no se lo perdonaré…
Bajó, dispuesto a seguirla y hacer que se disculpara, aún sabiendo que en realidad no era motivo suficiente, ya que él la había tratado de igual manera.
Kagome…
Hola a todas otra vez!
Parece que esta vez pude actualizar más rápido que la anterior xD
¿Qué les pareció el capítulo?
Quería ir avisando que si me tardo en subir el siguiente es por la facultad. Dentro de dos semanas terminan las clases y estoy llena de trabajos, así que es posible que me retrase considerablemente, espero que puedan comprenderlo uwu
Y casi me olvido de aclarar, otra vez, que Akai Tsuki significa Luna roja, genial nombre para un rubí no? xD
Y respondiendo las reviews...owo
A vale molinar: tanta conmoción te causé? xD
A Leesli De Taisho: Me alegra que te haya gustado y no te preocupes, cuando pueda intentaré hacer un dibujo de Ichiro :3 (por cierto, me tiraste muy buena idea porque en verdad pensaba hacerlo de manera diferente, pero lo puse en este capítulo, eso que esperabas ewe)
A serena tsukino chiba: todo se da por alguna razón jeje muchas gracias por tu comentario, espero que te haya agradado el capítulo nwn
A Maria: bueno, en este capitulo solo hay dos de tus preguntas contestadas, con respecto a las otras tendrás que esperar para saberlo ewe
A Tian 24: cuando hablo de del rubí de sus ojos me refiero a como estos son comparables a la belleza de un rubí, que es una piedra preciosa de color rojo, es solo una comparación. Muchas gracias por tu comentario nwn
A Brenda: si, lamentablemente a mí también me gusta la actitud de Kagome hacia Inuyasha (soy tan sádica buajajaja) Waaa de verdad lo crees? Muchas gracias! Yo pienso que debo mejorar en algunos aspectos más mi escritura ;w; Me alegra que te haya gustado el dibujo nwn
Y hasta aquí llego.
Como siempre les agradezco por leer y por sus reviews.
Me encanta esta historia y me alegra que a ustedes les guste también (yo y mi imaginación...no tengo remedio xD)
Nos estaremos leyendo la próxima nwn
ScarletSide
