Nueva Generación.

Capítulo 25: Malos hijos.

Jiu y Celestia se encontraban detrás de una rejilla de ventilación que daba al laboratorio de Videan.

Ambos observaban como la científica-doctora operaba a Raquel con una preocupada Anni observando sentada a unos metros.

-Ella sabe que estamos aquí, ¿no?- susurró el niño sin despegar sus ojos de la escena.

-¿Videan? Puedes estar seguro.- contestó la niña. –Pero no quiere echarnos o bien no tiene tiempo para preocuparse por nosotros.-

-Supongo que no tiene tiempo.- él tenso la mandíbula. –Sí yo no me hubiera distraído, Raquel no estaría en ese estado.- se culpó.

-No eres Dios, Jiu… No puedes controlar todo…- dijo ella en tono suave, que instantáneamente lo calmó.

Odiaba el poder de su voz sobre él.

Si Celestia quería calmarlo, solo tenía que poner esa voz dulce y todos sus nervios se calmaban, si quería enfadarlo, solo tenía que poner esa voz altanera y levemente más chillona que ponía cuando fingía ser Megami, si quería alegrarle el resto del jodido día, solo tenía que reír, con esa malditamente melodiosa risa suya.

Pero Jiu se encargaría de que no lo supiera, aun no confiaba del todo en ella, no podía dejarla saber el poder que tenía sobre él.

-No seré Dios, pero soy lo más parecido a él que hay en la Tierra.- bromeó para aligerar el ambiente.

La oyó bufar.

-Yo te relacionaría más con Lucifer…- masculló entre dientes.

Él río.

-Los dos sabemos que me amas, Cely.- guiñó un ojo.

Ella se sonrojó levemente, de no ser por lo pálida que era de seguro no lo hubiera notado.

-Ya quisieras. Y dirígete a mí como Megami aquí dentro.- ordenó más que pedir.

-Olvídalo. Me gusta más tu nombre real. Ce-les-ti-a.- enfatizó cada silaba.

Ella pareció fruncir el ceño, aunque no estaba seguro por la maldita mascara.

-Solo no me metas en problemas.- luego de decir eso volvió la vista al frente.

Aunque no le gustara admitirlo, Celestia en ciertos aspectos era más… fría que él.

Parecía insensible y antipática incluso con su propio hermano.

Como si… como si nadie le importara.

Sacudió la cabeza y decidió que luego pensaría en eso, ahora tenía que estar concentrado en Raquel.

Para su sorpresa, la tal Videan era realmente buena en lo que hacía. Admitía que no era un experto en medicina, solo había tenido tiempo de estudiar lo básico y algunas que otras enfermedades y procedimientos de curación, pero ella realmente parecía saber lo que hacía a pesar de ser algo de lo que normalmente se encargaban los mundanos ese tipo de cirugía.

Por supuesto que no se podía tratar con magia, la magia era demasiado lenta y se salía de control con el mínimo descuido, así que no quedaba otra más que recurrir a técnicas mundanas, ya que no era buena idea trazar runas sobre el vientre de una embarazada.

Luego de lo que le parecieron años al pelirrojo, finalmente la científica mandó a llamar a Anni.

-El bebé sobrevivirá.- informó haciendo que los dos hermanos de ojos verdes pudieran respirar tranquilos. –Pero por desgracia ahora la señorita Beller tendrá que seguir un delicado proceso para asegurarse que nazca con la mejor condición de salud posible.-

-¿Quiere decir que ahora es un embarazo delicado?- su hermana se llevó una mano al pecho.

-Y mucho.- se ajustó los lentes de sol que nadie tenía idea por qué los usaba. –Debe estar con alguien en todo momento, no la pueden descuidar. De ahora en adelante, que solo viaje con portales esfera. Los otros portales son peligrosos para ella. Tiene absolutamente prohibida cualquier tipo de actividad física. La dieta sigue siendo la misma recomendada para cualquier embarazada, solo asegúrense de que no coma tanta comida basura. Debe permanecer en reposo por al menos unas dos semanas de ahora en adelante. Que se mantenga recostada. Luego que de un par de caminatas siempre en compañía de alguien unas veces a la semana para mantener la salud.- a medida que decía todo eso la de lentes lo escribía en una libreta que una de sus chicas le había dado. El pelirrojo también tomaba nota mental por las dudas que su despistada hermana acabara perdiendo la información. –Eviten ponerla nerviosa. Es muy importante que se mantenga tranquila. Puede que tenga tendencia a desmayarse una que otra vez, sí eso pasa, que aumente la cantidad de alimento. Debe tomar mucho líquido e ir al baño regularmente. Y sobre todo, debe contar con el apoyo de la familia.-

Anni se había puesto pálida, muy pálida, intercalando la mirada entre la inteligente mujer y su parabatai, y Jiu supo que estaba pensando lo mismo que él.

Ya no podían seguir ocultando el embarazo de Raquel.

.

-Mabel…- murmuró Ben sin poder salir del shock de lo que acababa de presenciar.

Mabel no lo miró, sin embargo, solo volteó a ver a su padre y le dijo unas palabras en ruso que Clary no llegó a entender.

-¡Mabel! ¿Qué pasa contigo?- chilló Russ preparando su mano para lanzar un hechizo.

-Apresurémonos, padre. Una patada no detendrá a Brun Krill por mucho tiempo.-

El vampiro abrió un portal esfera, y Russ, perdiendo la paciencia, lanzó el rayo contra la vampiresa traidora y el que decía era su padre, congelándole el pie a ella y los dos pies a él.

El vampiro desconocido chasqueó la lengua, mientras se libraba fácilmente del hielo y ayudaba a su hija a librarse del suyo. Pero en ese tiempo, por supuesto que ya todo el Team Anni, aun sin su líder presente, se puso en posición bloqueándoles el paso al portal.

Clary, sin embargo, se quedó sosteniendo a Simon, y Jace se quedó con ella, pero Alec y Magnus si fueron a apoyar a los demás.

-Bely… ¿Por qué estás haciendo esto?- preguntó Ben con voz dolida.

Ella no le sostuvo la mirada.

-Apártense, por favor.- rogó con voz ahogada.

-¡Traidora!- chilló Ellie ya recompuesta, lanzándose contra la que se suponía era su amiga.

Kith la siguió, Kiatsuki, al verlo, tomó su maso de pinches de su exageradamente grande bolso y lo siguió también con Tomiko pisándole los talones.

Ellie se lanzó contra Mabel, Kith contra su padre y Kiatsuki y Tomiko lo cubrían, pero aun así, estaban en obvia desventaja contra el poderoso vampiro.

Los demás estaban indecisos sobre ayudar o no.

De todos ellos, Ellie y Kith eran probablemente los más fríos y calculadores, que no se dejaban llevar por los sentimientos, y eso los hacía los únicos capaces de hacerles frente a Mabel ahora.

Kiatsuki y Tomiko no eran parte de su grupo, así que quizás les costaba menos actuar.

-¡¿Qué está pasando aquí?!- el gritó de parte del Jace adulto los hizo a todos voltear sorprendidos en su dirección.

Los padres de Anni, Isabelle, Kevin y Misaki habían regresado, pero lo que más impacto a Clary, fue la versión madura de Alec que venía con ellos.

El padre de Mabel, aprovechando la distracción, tomó a su hija de la muñeca y la jaló hasta el portal, pero, en ese momento, lo que parecía una flecha hecha de energía blanca cayó justo a sus pies, haciéndolo pegar un salto hacia atrás.

-¡Te encontramos, Delloway!- se oyó una voz burlona desde uno de los árboles, antes de que tres figuras cayeran ante ellos.

El vampiro desconocido pareció palidecer. Una expresión de puro pánico abarcó el rostro de Mabel.

-¡Padre, corre!- suplicó mientras lo cubría con su cuerpo cuando una flecha se dirigió hasta él.

Su padre no dudó en obedecerla corriendo hacia el portal mientras la flecha atravesaba el hombro de su hija.

-¡No!- gritó Ben corriendo hacia Mabel para auxiliarla.

El tipo que disparaba las flechas de energía blanca fue a perseguir al vampiro Delloway, disparándole flechas tratando de impedir que cruce el portal, pero no alcanzo a hacerlo. El Delloway se metió al portal que se cerró justo en las narices del arquero.

-¡Maldita sea! ¡Se nos volvió a escapar!- graznó el arquero. Era un tipo que aparentaba unos diecinueve o veinte años, tenía el cabello de un extraño azul oscuro y el flequillo que cubría casi toda su frente y un poco de su ojo derecho, justo la punta de los mechones que cubrían levemente ese ojo estaban tintadas de un color celeste brillante, su piel era blanca y sus ojos levemente rasgados, aparte, de que uno era gris, y el otro azul. -¡Y ustedes de nuevo no me ayudaron en nada!- señaló a los otros dos que venían con él.

Los otros dos también parecían bastante jóvenes. Uno tenía un extraño cabello blanco tirando a gris con un peinado revuelto pero que se le veía bien, su piel era levemente más oscura que el arquero, era también un poco más bajo que este, y sus ojos eran uno azul y el otro verde. Y el otro parecía algo mayor que los otros dos, era más alto que estos y también de complexión más delgada, usaba unos lentes cuadrados que le daban un aire intelectual y tenía los dos ojos de un color tan azul como su extraño cabello, este mismo estaba peinado prolijamente hacia atrás con unos cuantos mechones cayendo por un lado de su rostro.

Los tres eran muy guapos, los tres tenían parecido y estaban en muy buena condición física, y los tres parecían ser brujos.

El de lentes se ajustó los mismos, mirando al arquero como quien mira a un niño tonto.

-Te lo dijimos, Tai, solo te cubriremos la espalda, pero no esperes que participemos en esta tonterías.- habló el intelectual.

El más bajito de los tres, ese de cabello blanco tirando a gris, solo dio un seco asentimiento.

El arquero, Tai, hizo un puchero.

-Pero bien que cuando lo atrape también querrán el dinero.- se cruzó de brazos.

-No digas idioteces, no es que lo queramos, solo te alentamos a gastarlo en los tres.- volvió a decir el de gafas mientras el otro asentía.

-¡Aun así…!...- Tai no pudo seguir hablando porque, sin previo aviso, Ben, convertido en lobo, se lanzó a atacarlo.

Sin embargo el de un ojo gris y el otro azul solo puso su mano frente a él y un campo de fuerza color naranja se extendió en forma de triángulo protegiéndolo del ataque del Kyle que, al chocar con el campo, reboto mientras se sacudía teniendo pequeños estremecimientos en su cuerpo, aparentemente lo había electrocutado.

Ellie, furiosa, quiso atacar al que ahora se confirmaba era un hechicero, pero el Jace adulto la frenó, al mismo tiempo que la Clary mayor se dirigió a Ben para decirle algo que lo hizo volver a su forma humana y mirar sorprendido a los tres desconocidos.

-Los conozco.- susurró Jace al oído de Clary. –Son los tres maestros.-

-¿Los tres maestros?- inquirió en otro susurro.

-Así es, señorita viajera en el tiempo.- habló Tai, que aparentemente tenía un súper oído para haberla escuchado. –Permíteme presentarme. Soy Hakuro Taiyo. (N/A: Se pronuncia Taiyou.) El hermano menor.- hizo una exagerada reverencia.

-Yo soy Hakuro Taichi. El hermano mayor.- dio una pequeña inclinación de cabeza.

Ambos miraron al de cabello blanco, que no les estaba poniendo ni la más mínima atención, solo miraba distraído los edificios del lugar. Suspiraron.

-Y él es Hakuro Tak. El hermano del medio.- lo presentó Taiyo de mala gana. –A mí, llámenme Tai, por favor.- sonrió.

-A mí llámenme Hakuro.- se ajustó los lentes, muy formal.

El menor y el mayor miraron al del medio, que ahora miraba con una expresión de nada el reloj en su muñeca.

-Y a él no lo llamen de ningún modo.- bufó Taiyo. –No es una persona muy sociable.-

-Los tres maestros.- Kevin los miraba del mismo modo que Simon miraría al autor de su historieta favorita. -¡En Nueva York!-

-Y atacándonos.- alegó Misaki con su habitual ceño fruncido. -¿Qué hacen aquí? ¿Por qué atacan a estos niños, maestros?- a pesar de que habló respetuosamente, seguía teniendo ese aire intimidante.

-Oye, oye… El niño lobo se me tiró encima.- se defendió Taiyo.

-¡Usted atacó a Mabel!- lo acusó el licántropo.

-Esa niña se interpuso para salvar a Delloway.- habló esta vez Hakuro.

-¿Delloway?- la pelirroja mayor se oyó confundida.

-El padre de Terrence y Mabel, mamá.- aclaró Max, tenso.

-¿Qué?...- abrió los ojos como platos. -¿Sigue vivo después de tanto? ¿Y vino aquí?- se oyó espantada.

-¿Qué quieren con él?- dijo el rubio mayor.

-Como bien sabrá, señor Herondale, nosotros somos caza-recompensas. Y nos ofrecieron una muy buena por el señor Delloway.- la sonrisa de Taiyo parecía imborrable.

-¿Quién?-

La sonrisa del arquero se agrandó.

-Sheeky.-

La mayoría palideció. Clary no entendía nada.

-¿La reina hada?- chilló Misaki, atónita.

-¿Reina hada?- Clary miró interrogante a su novio. -¿La reina Seelie…?...-

-No es la única reina de las hadas, Clary, ellos tienen como quince reyes desde hace miles de años…-

-Oh…- no sabía nada de eso.

De hecho, no sabía nada de muchas cosas, pero parecía que su copia adulta si, le agradaba la idea de no vivir en la ignorancia por siempre.

-¿Qué puede ella tener en contra del padre de Mabel?- preguntó Russ mientras se acercaba a examinar a la herida Mabel.

-No hacemos preguntas amiguita, solo cumplimos el trabajo.- Taiyo guiñó un ojo.

-Una de sus flechas hirió a nuestra amiga.- dijo la de ojos violetas, olvidando por completó la traición de Mabel. –Las heridas de sus flechas solo las puede curar usted a una velocidad suficiente para salvarla de emputarle el brazo, por favor, cúrenla.- rogó.

-No es mi culpa que ella se atravesara. No voy a…-

-Suficiente Tai.- calló Hakuro. –Tak.- llamó a su otro hermano, que había estado apoyado contra un árbol con los ojos cerrados como meditando. –Cura a la chica vampira, por favor.- pidió.

Tak se despegó del árbol y caminó con pasó tranquilo, desplegando elegancia con cada movimiento.

Al pasar por su lado, Clary sintió como si cada centímetro de su piel se helara por los dos segundos que le tomó pasarla, y, por el estremecimiento de los demás, supo que les pasó lo mismo.

Era como si la sola cercanía con él fuera peligrosa.

El aterrador hechicero de pelo blanco tenía el aspecto de alguien de veintiún años, y la verdad era bastante atractivo, pero su mirada era como sentir el filo de un cuchillo rozando tu cuello, frío y mortalmente letal.

Se arrodilló grácilmente junto a Mabel y posó su mano unos centímetros más arriba de donde había sido herida, solo por tres segundos, antes de levantarse y volver sobre sus pasos.

Clary se alejó unos buenos metros antes de que pasara por su lado, pero aun así un pequeño escalofrío la recorrió cuando sus ojos se posaron en ella por un milésimo de segundo.

Ahora que lo pensaba, sus ojos parecían más uno color esmeralda y el otro aguamarina.

-Ya no sangra.- exclamó sorprendida la Krill.

¿Cómo era posible que la haya curado tan eficientemente en tan poco tiempo?

Sin duda merecían la fama que parecían tener.

-¿Qué haremos con ella cuando despierte?- indagó recelosa Ellie.

-¿De qué hablas?- habló Isabelle.

-Ella defendió a su padre que nos atacó a Terrence y a mí.- explicó Simon.

-Atacó a Brun. Y peleó conmigo.- masculló entre dientes la Lewis menor.

-¿Mabel?- el Jace mayor no se lo creía.

¿Y quién si? La tranquila Mabel… nadie se lo hubiera esperado.

Anni parecía quererla tanto… Clary daba gracias al cielo que no estuviera allí.

-¿No la… tiene bajo su control o algo?...- murmuró la mayor de ojos verdes esperanzada.

-No.- negó rotundamente la voz de Terrence a sus espaldas. Él y Brun, los dos completamente recompuestos, venían caminando tranquilamente, aunque Terrence si cojeaba ligeramente. –Mabel hizo aquello por voluntad propia.- aseguró.

Todos se hicieron un lado para dejarlo avanzar hasta su hermana, pero no la miró enojado o siquiera reprobatoriamente, sus ojos solo emanaban dulzura al ver a su hermanita.

-¿Por qué?...- indagó Russ.

-A pesar de que nuestro padre quiso hacerle algo imperdonable, no fue capaz de odiarlo verdaderamente jamás. Ella es así.- suspiró.

-Hay que comprenderla.- agregó Brun aunque miraba receloso a Mabel. –La llevaremos a casa y veremos qué hacer cuando despierte.-

Terrence la tomó en brazos y le dedicó una mirada de muerte a Ben antes de dar la vuelta con Brun siguiéndolo, que también jalaba a Russ por la muñeca.

-¿No nos dirás nada, muchacho?- preguntó curioso Taiyo. –Después de todo, también es tu padre al que queremos matar.- le recordó.

El vampiro no lo miró.

-Ese hombre no es mi padre. No me afecta en nada si existe o no.- musitó fríamente.

-Ya veo…- Taiyo sonrió levemente.

-Max.- llamó Terrence sin voltear antes de alejarse mucho. –Avísame si Raquel vuelve, por favor…- pidió con voz suave.

Max asintió aun a sabiendas de que no podía verlo.

-Seguro.-

Los Delloway y los Krill finalmente se fueron sin más palabras.

-Eso fue intenso…- Taiyo se rascó la barbilla. -¿No les parece, hermanos?- miró a sus mayores.

-No es tu asunto, Tai.- habló Taichi. –Luego te disculparas con la niña vampira.- mandó.

-Tsk. Como sea.- se encogió de hombros. –De todas maneras, quiero hacerle unas preguntas.-

-No despertara hasta dentro de unas horas.- suspiró el mayor de los tres. -¿Podemos quedarnos en su Instituto, Herondale?- los miró.

-Será un honor…- murmuró Jace adulto secamente. No parecía contento con la idea.

-Por supuesto que lo será.- habló Misaki. –Tenemos algunas cosas que charlar.-

-No nos gusta inmiscuirnos con nefilims.- aclaró Taiyo sin perder la sonrisa.

-Estoy segura que les interesara lo que tengo que decir.- prometió.

Taiyo y Hakuro compartieron una mirada.

-Supongo que te escucharemos, entonces.- asintió Taiyo. –Vamos, Tak.- llamó a su frío hermano siguiendo a Misaki hasta el instituto.

Tak lo siguió sin demostrar el más mínimo sentimiento. Clary está vez sí que se alejó mucho sin importar ser grosera.

Hakuro Tak realmente le daba terror.

-¿Dónde están Anni y Jiu?- inquirió la pelirroja mayor mirando en todas direcciones.

Todos miraron a Max.

-Eh… en Rusia.- sonrió nerviosamente.

-¡¿Qué?!-

.

-¿Cuándo podremos llevárnosla de regreso a casa?- preguntó Anni a Videan mientras tomaban el té junto con Jiu, Megami, King, y un par de Justicieros más.

-En cuanto despierte, no te preocupes.- tranquilizó la científica.

-¿Cómo mierda quiere que no nos preocupemos? ¿Cuándo va a despertar?- gruñó Jiu, que no tomaba té y solo devoraba pastelillos.

-En unos minutos, o horas, o mañana. No se impaciente, señorito Herondale.- sorbió de su té.

-Ella tiene razón, maravilla. Hay que ser pacientes…- murmuró Anni mientras su mano temblaba al sostener la taza de té.

Jiu rodó los ojos y se cruzó de brazos sin decir ni una palabra más.

-Como sea.- habló una mujer llamada Blunde, que también tomaba té. -¿Quedó claro eso de que si abren la boca se mueren?- les dedicó una mala mirada.

Jiu no se inmutó, pero Anni se encogió en su lugar.

Aquella mujer tan alta con esa personalidad tan ruda verdaderamente intimidaba.

-No diremos nada. Después de todo ayudaron a Raquel.- Anni bebió tímidamente de su té.

-La sola información de que nuestra guarida está en Rusia puede causarnos problemas.- advirtió King. –Eviten decir que se toparon con nosotros. Inventen que fueron a un hospital mundano.- sugirió.

La rubia asintió sin mirarlo.

-No se preocupen. No diremos nada. ¿Verdad, maravilla?- miró a su hermanito con una ceja en alto.

-¿Cuándo has visto que alguien me saque información?- bufó el pequeño. -¿A mí? El todopoderoso y gran…-

-Sí, sí, ya entendimos, galán…- todos voltearon sorprendidos al oír la voz de Raquel.

Ella estaba tomada de la mano de una niñita que debía ser de la edad de Adely.

Se veía pálida y ojerosa, aparte de que su cabello era un desastre, pero aun así estaba bien erguida y con la cabeza en alto.

-¡Quely!- Anni de inmediato corrió hacia su amiga y la abrazó con exagerada delicadeza.

Raquel soltó a la niñita para corresponder el abrazo.

-Hola, nena…- le palmeó la espalda.

-¡Me tenías preocupada como el infierno, nena!- riñó separándose para mirarla con el ceño fruncido.

-Lo siento, lo siento.- rió suavemente, luego se puso seria. –Nena… ¿Qué pasó conmigo?- preguntó preocupada. –El bebé…-

-Está bien, Quel.- la interrumpió Anni. –Pero está delicado.- suspiró.

Compartieron miradas que solo entre ellas entendían, y Raquel lo supo.

-Ya no podemos seguir con la farsa… ¿no?- se lamentó.

-No, nena… Lo siento.- volvió a abrazarla, esperando que ella llorara.

Pero ella no derramó ni una lágrima. Solo se quedó mirando al piso hasta que la soltó.

-¿Qué hacías con la señorita Beller?- preguntó Megami a la niñita castaña de ojos color hielo que se parecía mucho a Mike.

-Fui a buscar a Videan y me encontré a la señorita Raquel.- explicó con su infantil vocecita. -¿Estuvo mal, hermana?-

Al oír a la niña llamar hermana a Megami, Jiu de inmediato posó toda su atención en la pequeña.

-No, olvídalo.- negó con la cabeza. –Ven, toma té y come unos pastelillos.- habló con la voz más dulce que Anni le había escuchado.

Fue una voz casi maternal la que uso, su tono de hielo de siempre derritiéndose con su hermanita.

-Se me antojan uno de esos pastelillos también.- murmuró Raquel con la voz ronca.

Anni rió.

-Come con toda confianza.

Ya luego volverían a casa.

.

Los tres hermanos miraron a Misaki con distintas expresiones en el rostro.

El mayor la miraba como si estuviera loca.

El del medio como si fuera el más insignificante de los insectos.

Y el menor como si estuviera frente a su nueva mejor amiga.

-¿Debra Blizzard?- chilló el mayor. -¿Quiere que casemos a la bruja loca?- la miró espantado.

-Podemos con ella, Hakuro.- aseguró Taiyo risueño.

-¡Por supuesto que podemos con ella! Pero ¿no lo sabes? ¡Es de las más escurridizas que hay! Y ya tenemos varios pedidos atrasados.-

-Tsk.- chasqueó la lengua. –Oye, Tak. ¡Di algo!- volteó a ver al frío hermano.

Tak solo se encogió de hombros.

Ambos hermanos restantes bufaron.

-Olvídalo, Tai.- Taichi se ajustó los lentes. –Tenemos demasiados pedidos atrasados para sumarnos uno más.-

-¡Oh, vamos! ¡Los nefilims pagan bien!- insistió. -¿Verdad?- volteó a ver a Misaki.

-Si la capturan en menos de un mes… podemos darles hasta diez reliquias reales.- negoció.

Taiyo pareció babear.

-¡Diez reliquias reales nefilims! ¡Con eso podríamos comprar a Estados Unidos!- celebró. -¡Vamos, Hakuro, di que sí!- rogó.

-No creo…-

-Aceptamos.- la voz de Tak, grave, fría, y extrañamente jovial aunque seria, congelo a todos en la biblioteca.

Los otros dos hermanos lo miraron con la boca abiertísima de que haya hablado, y más aceptando aquella oferta.

-Tak…- murmuró Hakuro ajustando sus lentes nerviosamente. –Sé que tienes todo el derecho a tomar esta decisión, puesto que casi nunca te dejamos decidir a ti, pero… ¿Seguro?- indagó.

Tak solo asintió.

-¡WOW!- celebró Taiyo, antes de lanzarse a abrazar a Tak como si fuera un niño chiquito. -¡Eres el mejor, hermano!-

Tak se lo quitó de encima con una mueca de fastidio.

-Bien…- Taichi se ajustó los lentes. –Esto será interesante.-

Misaki miró al matrimonio Herondale.

-Hay que comunicárselo a la señorita Consul.- les dijo.

Estos asintieron.

-Yo lo haré.- asintió el Jace adulto. –Clary, tú ve por Thai y Denisse. El pobre Harry ya debe estar harto de hacerles de niñero.- sonrió levemente a su esposa que se retiró del lugar.

Desde que Adely había desaparecido, el Jace mayor apenas y sí alcanzaba a sonreírles a su mujer y a sus hijos de vez en cuando.

Mientras que los dos padres de Jiu se iban a hacer lo suyo, Clary pensó en ese tal Harry que tan a menudo mencionaban.

-¿Quién es Harry?- preguntó a Max.

-¿Eh?... Ah…- tartamudeó un poco, recién saliendo de sus pensamientos. –Es el hermanito de Raquel.- informó distraídamente.

-¿Otro hijo de Kevin?- pestañeó.

-No. Es hijo de la madre biológica de Raquel.- dijo Kevin metiéndose en la conversación al oír su nombre.

-¿Qué?- chilló Clary sorprendida al recordar la palabras que Anni le había dicho al respecto de la madre biológica de su parabatai.

"Raquel no quiere saber nada de ella".

-Probablemente Anni ya te contó cómo están las cosas entre Quely y su madre…- suspiró el Beller. –Es muy complicado todo el asunto, para ser sincero.-

-Explícame.- exigió, luego se arrepintió pensando que quizás no quería hablar de eso. –Es decir, si quieres…- se corrigió.

Él sonrió como si hubiera sabido que iba a hacer eso.

-No hay problema. La madre de Raquel, Grelia, estaba casada con Bruce Grey, y tuvieron tres hijos. Dos de esos son mayores que Raquel y el otro, Harry, que tiene once, es el menor y el último que tuvieron antes de que Bruce muriera.- Clary pudo comprender de eso, que Grelia había estado con Kevin aun casada. –Cuando Bruce murió, Grelia quiso contactarse con Raquel, quién sabe por qué razón, pero Quely no estaba interesada. Harry, al conocer la existencia de Raquel por medio de sus hermanos, insistió en conocerla, pero Raquel no quería tener nada que ver con él. Pero era un niñito muy persistente. Finalmente la hermana de Harry, Kairi, se contactó con Raquel para decirle lo mucho que Harry estaba interesado en conocerla, y que no mencionaría a su madre si se encontraban. El niño solo no quería perder a otro pariente. Finalmente Raquel se conmovió y dejó al niño conocerla. Se cayeron bien y Harry viene a visitarla constantemente, a veces Kairi también viene con el pequeño.- explicó alegremente.

Clary se sorprendió de que la situación no pareciera afectarle. ¿Era Kevin siempre tan comprensivo?

-¿Cómo se llevan ellos?- inquirió interesada.

-Ha llegado a considerar a Harry realmente como un hermano. Pero con Kairi no tienen tanta confianza, se llevan bien pero no al extremo de ser como hermanas. Y el otro hermano no está interesado en Raquel ni Raquel en él.- dijo como hablando del clima.

-Ya veo…- ¿todo en el futuro tenía que ser tan complicado?

-Ya llamé a la Consul.- entró el Jace adulto de pronto. –Ha decidido venir, llegara en unos minutos con un portal esfera.- informó a Misaki, que asintió.

-Si nos aseguran las diez reliquias.- habló Taiyo. –En un mes les aseguramos tener a la bruja empalada.- aseguró con su eterna sonrisa.

-Estoy seguro que a la Consul Nubdew estará encantada de contar con su ayuda, tres maestros.- afirmó.

-¿Quién no estaría encantado?- rió el arquero, a lo que el mayor de sus hermanos lo golpeó en la cabeza. -¡Oye!-

Justo en ese momento la pelirroja mayor entró a la biblioteca cargando a Denisse con un brazo y sosteniendo la mano de Thai con el otro, seguida por un niño que Clary ya había visto antes, el que le había informado a su copia madura que habían traído a Denisse, y una mujer que sí que era la primera vez que veía.

El niño parecía tener la edad de Jiu, aunque era levemente más bajo, sus ojos eran grises, su piel blanca y sus cabellos negros lacios.

Debía ser Harry.

La mujer era muy parecida al niño.

Tenía los ojos grises grandes y brillantes, su piel era tersa y blanca casi al punto de que la confundiría con un vampiro, su largo cabello negro hasta por debajo de la cintura estaba atado en una coleta alta, dejando dos gruesos mechones libres caer por los lados de su rostro hasta la cintura, a pesar de que era un poco más bajita que Clary, tenía una buena delantera que la recatada chaqueta negra que usaba no alcanzaba a cubrir, se notaba en buena condición con unas piernas largas enfundadas en un jean negro ajustado, sus cejas eran delgadas y su expresión seria, sus ojos parecían decir "no me caes bien y yo no te caeré bien", tenía la nariz pequeña y sin ninguna imperfección, y sus labios eran finos y rosados. No tenía ni una pizca de maquillaje y aun así era hermosa.

A Clary de inmediato no le cayó bien.

-¡Kairi!- exclamó Kevin sorprendido mirando a la joven. –No sabía que estabas…- murmuró rascándose la nuca.

Así que era la media hermana de Raquel… no se parecían en nada.

Tal vez la naricita y los labios perfectos, pero por lo demás, nada. Incluso aunque tenían las dos el cabello negro, parecía ser un negro diferente, el de Kairi era de cierta forma más oscuro aparte de perfectamente lacio.

-Vine a llevarme a mi hermano, señor Beller.- habló con voz amable, su voz no era gruesa ni nada por el estilo, pero en ese tono tan indiferente sonó realmente dura.

-Es una lástima que Quely no esté aquí.- lloriqueó Harry. –Me hubiera gustado despedirme.- hizo un puchero.

-Te despedirás después, niño llorón.- dijo bruscamente y sin una pizca de delicadeza Kairi.

-¡No me estés llamando así frente a otras personas!- se quejó Harry con las mejillas encendidas.

-Da igual…- la de ojos grises miró por toda la sala, fijando sus ojos en los tres brujos. -¿Y esos?- los señaló.

-¿Cómo que "y esos"?- chilló Taiyo indignado, mientras que Hakuro reía y Tak solo alzaba una ceja. -¡Somos los tres maestros!-

-¿Quiénes?- se cruzó de brazos.

Taiyo rechinó los dientes.

-¡Yo soy el único y poderoso Taiyo, el guapo hermano menor!- se presentó en pose galante. –Y ellos Taichi y Tak.- los señaló como si no fueran la gran cosa. –Tú, preciosa, puedes llamarme Tai.- la recorrió de arriba a abajo con la mirada.

Kairi hizo una mueca de asco.

-¡¿A quién llamas "preciosa"?!- escupió la palabra con asco.

-Deja en paz a la señorita, Tai.- regañó Hakuro.

-Idiota.- volvió a hablar sorpresivamente Tak, mirando de reojo a Kairi mucho más disimuladamente que su hermano menor.

Aunque Clary lo notó.

-Disculpen…- Lucily, Clary ya casi se había olvidado que ella se quedaba en el instituto, asomó la cabeza tímidamente. –La señorita Raquel, la señorita Annaisa, y el señorito Jiu, han llegado.- dijo solemnemente.

Los Jace y Clary adultos y Kevin, junto con Max, se levantaron como resortes y corrieron fuera de la biblioteca.

-¿Un ángel caído?- preguntó Tak abriendo levemente los ojos, siendo la primera vez que decía más de una palabra en una oración.

La viajera en el tiempo se sorprendió de que la notara.

Lucily miró a Tak directamente a los ojos, y sus pupilas castañas se dilataron al hacer contacto con los ojos bicolor del frío mago.

Clary recordó algo de que la chica ángel podía ver el futuro de las personas al mirarlas directamente a los ojos, y no solo eso, sino que también toda su vida.

-¿Cómo lo sabes?- el Alec mayor preguntó sorprendido.

Pero Tak no podía apartar sus ojos de los de Lucily, como si supiera que ella estaba viendo toda su vida.

Una lágrima se deslizó de los ojos de la ángel.

-Tuviste una vida muy triste e injusta…- susurró conmovida. –Pero tendrá un desenlace feliz.- sonrió felizmente.

-¿Qué quieres decir?- por primera vez demostró un sentimiento, la ansiedad. -¿Qué viste?-

La caída del cielo negó con la cabeza, aun sonriente.

-Si te lo digo, es muy probable que no pasé… solo te diré que encontraras a alguien que te hará feliz.-

Tak la miró extrañado, como no creyéndole, pero luego miró a la nada, pensativo.

-¡Aw!- Taiyo lo codeó con una mirada picara, arruinando el momento. -¡Nuestro hermanito se enamorara!- gorjeó.

El frío hechicero creo una espada con energía celeste en su mano e hizo amago de decapitar a su hermano menor, pero el mayor los detuvo.

-¿Puedes ver el futuro?- preguntó Harry emocionado revoloteando alrededor de Lucily. -¿Puedes ver si Adely volverá?- la esperanza brillaba en sus ojos.

La Fairchild supuso que eran muy amigos.

-Lo siento…- dijo apenada la ángel. –Yo solo veo la vida de una persona. No el futuro en general.- se lamentó.

Harry hizo un puchero mientras sus ojos se aguaban.

-No seas llorón, niño.- Kairi lo jaló de las orejas. –Vamos, ahí llegó Raquel, podrás despedirte.-

Empezó a salir fuera de la biblioteca jalando a su hermano, pero Lucily la frenó sosteniéndola suavemente de la muñeca.

-Tú también encontraras a alguien que te hará feliz.- le sonrió angelicalmente.

Kairi la miró en shock por unos segundos, luego miró a Tak, y luego se fue a pasó apresurado refunfuñando algo acerca de las idioteces que se le cruzaban por la cabeza, jalando a su hermanito con ella.

Lucily solo sonreía.

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Su tía Clary se había lanzado a abrazar a Jiu apenas lo vio ahí parado extendiéndole los brazos como niño chiquito. Su tío Jace abrazó a Anni sin tanta efusividad para luego darle un sermón y sumarle unas semanas a su castigo.

Raquel solo tuvo ojos para su padre en cuanto lo vio llegar, y de inmediato le pidió hablar a solas.

Ya era la hora.

-Realmente estaba preocupado, Vaquerita.- dijo su padre sentándose en la cama de ella. –Te ves mal…- agregó mirándola. –Y no en el sentido de que no estés hermosa, siempre estás hermosa, me refiero… te ves mal de salud.- se apresuró en aclarar.

-Lo sé, papá.-

Se sumieron en un incómodo silencio en lo que Raquel juntaba valor para hablar.

Ella normalmente era una persona directa.

Pero este era un tema que requería mucha delicadeza.

-¿Qué querías decirme, Vaquerita?- la animó a hablar.

Ella tragó saliva.

Se directa, se directa, pensaba. Nunca era bueno dar vueltas.

"Estoy embarazada" solo eso tenía que decir.

"A pesar de todas las advertencias que me has hecho fui lo suficientemente estúpida".

"Te falle".

"Perdóname".

"Te decepcione".

-Soy la peor hija del mundo…- solo alcanzó a susurrar mientras las lágrimas se deslizaban de sus ojos.

Su padre de inmediato se paró de la cama y corrió a abrazarla para reconfortarla.

-¿Qué dices, cielo? ¡Claro que no!- rechazó la idea.

-Soy tan estúpida…- sollozó.

-Hija…-

-Te fallé, papá…- se lamentó. –Yo… yo…- sentía un nudo en la garganta. No debía dar vueltas. –Estoy… embarazada…-

Kevin se separó de ella como si quemara.

-¿Qué?...- murmuró con los ojos abiertos como platos.

-Estoy embarazada, papá.- musitó resignada a ya haberlo dicho.

Él se la quedó mirando por los cinco minutos más largos en la vida de Raquel, hasta que luego soltó una incrédula y seca risa.

-Dime que bromeas.- siseó en tono bajo, con una sonrisa temblorosa. -¡DIME QUE ES UNA PUTA BROMA!- la sonrisa desapareció.

Ella saltó ante su grito. Era la primera vez que su padre le gritaba…

-No…- solo alcanzó a susurrar.

El pelinegro empezó a pasearse por la habitación jalándose de los cabellos como llamando a la cordura mientras Raquel solo se empequeñecía en un rincón de su habitación tratando de volverse lo suficientemente pequeña para desaparecer.

-¡¿Qué estuve haciendo todos estos años Raquel?!- volvió a gritar. -¡¿Qué estuviste haciendo tú?!- golpeó con furia su puño contra la pared, mientras las lágrimas no dejaban de correr por los ojos de la chica mientras cubría su rostro como una niña asustada. -¡¿No te había advertido yo, miles de veces, a cerca de esta misma mierda, niña?!- no la miraba, solo se paseaba por la habitación bramando a viva voz mientras Raquel quería morir. -¡Es mi culpa! ¡Te he consentido demasiado! ¡Todos me dijeron que no debía ser tan blando contigo! ¡Pero no! ¡Yo confiaba en ti! ¡YO CONFIABA EN TI!- le recriminó a lo que ella sollozó más fuerte.

-Lo siento, papi…- se disculpó entre llantos. –Lo siento…- él la odiaba, lo sabía, lo había decepcionado.

Era una mala hija.

-¡¿QUIÉN FUE EL HIJO DE PUTA?!- finalmente volteó a verla. Al verla en ese estado, sentada abrazando sus rodillas y con el rostro empapado de lágrimas mientras se sostenía los lados de su rostro, su ira se aminoró pero no desapareció. -¿Quién fue?- exigió saber en tono más suave pero aun molesto.

Raquel no pudo negarse a contestarle, ella fue la que le falló.

-Terrence.- confesó rendida, mientras no dejaba de llorar, abrazando más sus rodillas.

Entonces Kevin salió disparado de la habitación, con los puños fuertemente apretados, dejándola ahí, sola en aquel rincón, llorando.

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-¿La reina Sheeky?- inquirió Brun cruzado de brazos. -¿Qué podría tener en contra de tu padre?- miró a Terrence.

-No lo sé…- negó. –Hace años que no sé nada de ese bastardo.- bufó.

-Mandare a uno de mis hombres a concertar una cita con ella.- masculló Brun. –Averiguare que rayos está pasando aquí.-

-Aun no puedo creer que Bely te atacara, hermano.- murmuró Russ decaída. –No lo entiendo…-

-Mabel nunca olvidó los días en que nuestro padre nos quería. Antes de la muerte de nuestra madre.- admitió nostálgico.

-Es normal que lo haya defendido de personas que lo quieran asesinar supongo.- defendió Brun, aunque frotándose la garganta en el lugar donde lo había pateado.

-¿Qué haremos cuando despierte?- indagó la menor.

-Hablare con ella.- se ofreció el vampiro. –La haré entender que ese hombre ya no es nuestro padre.-

Los hermanos Krill compartieron una mirada, luego, la mirada de ambos se dirigió a un estante donde había una foto de un hombre de cabello negro y una mujer de cabello blanco abrazados.

Terrence comprendió que un padre o una madre no era alguien fácil de olvidar, costaría convencer a Mabel.

Los dos hermanos se pusieron a hablar de cosas triviales mientras el vampiro permanecía perdido en sus pensamientos.

Estuvieron así varios minutos hasta que Brun decidió ir a ver como estaba Mabel.

En cuanto se fue, Russ lo miró y abrió la boca para hablar, pero unos golpes en la puerta la frenaron.

Él se levantó para abrir pero ella se le adelanto diciéndole que probablemente era alguien buscando a su hermano.

-¡¿Dónde está?!- escuchó rugir desde la puerta a ¿el señor Beller?

No, no era posible, el señor Beller era uno de los hombres más tranquilos que conocía.

-¡Espere! ¡Señor Kevin! ¡¿Qué le pasa?!- chilló Russ con voz atemorizada mientras sostenía a Kevin que había entrado a la sala.

Los ojos celestes del nefilims lo miraron con rabia asesina.

-¿Qué es esta payasada, señor Beller?- lo miró indignado. –No debería venir aquí a asustar a la pobre Russ.- reprendió.

Kevin rió con una risa que se le antojó escalofriante.

-¿Te atreves a decirme eso… después de lo que hiciste?...- siseó como si estuviera a punto de matar a alguien y bañarse con su sangre.

-¿Lo qué… hice?...- preguntó sin entender, retrocediendo un par de pasos.

-¡EMBARAZASTE A MI HIJA, HIJO DE PUTA!- le gritó antes de lanzarse a golpearlo.

Terrence sintió el puño impactarse dolorosamente en su nariz, pero eso apenas lo sintió.

Lo que lo impactó más dolorosamente, fue definitivamente la noticia.

Continuara...

MUCHAS, PERO MUCHAS GRACIAS POR TODOS SUS COMENTARIOS! TTTwTTT

Los personajes de Cassie n.n

Ahora, pueden seguir dejando sus preguntas, pero haré la secuela de preguntas a los personajes despues del cap 26 c:

Lamento dejarlo hasta ahí... en realidad no xP bueno, los tres maestros tienen un papel muy necesario en el fic... digamos... q evitaran la muerte de cierto alguien ;D

Espero q les haya gustado... mi chantaje es... NO PIENSO SUBIR NINGUN CAP 26 HASTA LOS 285 REVIEWS! Bl

Ya vamos por el cap 25... WOW! :'D

COMENTEN!

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!