Itachi Uchiha POV

Volví a casa tras mi paseo por los viñedos de mi familia y sonreía, porque era la primera vez que había compartida algo privado y muy personal con alguien, porque ni mi padre conocía mis intenciones de arreglar aquella casa para irme a vivir allí, seguramente no lo permitiría, pero yo quería ir a ese sitio, me gustaba estar entre los viñedos, me gustaba el campo, su tranquilidad y si hubiera podido… en este mismo momento habría mandado todo al cuerno y me habría quedado allí a vivir con Deidara, porque estaba empezando a gustarme ese chico y no entendía por qué podía gustarme tanto, yo nunca me había fijado en chicos.

Cuando entré por el comedor, la luz se encendió de golpe y supe que era mi padre que me esperaba para alguna de sus broncas ¿Qué era ahora? ¿Mi carcelero? Porque no me dejaba ni un segundo en paz, me estaba agobiando con estar tan encima de mí ¿No había dicho ya que me casaría con Konan y les daría un heredero? Pues que me dejase en paz de una vez ¿Qué más quería?

- ¿De dónde vienes Itachi? – preguntó con seriedad mi padre.

- De los viñedos – le comenté a mi padre

- ¿Qué hacías tú allí? – preguntó extrañado.

- La familia Kanemitsu estaba recogiendo la uva y como me encontré con Pain, decidí ir a ayudarles

- ¿No te importará que compruebe esa coartada, no?

- Puedes llamarles cuando quieras – le dije – aunque te recomiendo que dejes de hacerte el policía malo conmigo, porque se te da fatal

- No te hagas el gracioso conmigo Itachi – me regañó mi padre.

- ¿Tengo que llamar a un abogado para poder irme a dormir? – pregunté con ironía y mi padre se levantó para pegarme una bofetada. Sonreí - ¿Puedo irme ya?

- No seas tan prepotente.

- Es complicado, tuve un gran maestro en ser un cabrón – le dije echándole a él la culpa – ahora me voy a dormir.

Caminé hasta las escaleras y subí hacia mi habitación, tampoco es que tuviera sueño pero quería quitarme a mi padre de encima. La verdad es que no podía quitarme de la cabeza a Deidara y sonreía como un imbécil cada vez que recordaba algo de él ¡Creo que me estaba enamorando de ese chico! Y no era bueno, pero tampoco podía evitarlo, tenía algo que me atraía inevitablemente hacia él desde el primer día que le vi, desde aquella primera vez tras volver de Alemania me despertó.

Me gustaba su cabello inusualmente rubio con aquellos ojos azules, sinceros e inocentes que tenía, me gustaba su forma de comportarse, porque sé que me odiaba por lo que le hice pero aún así, no quería nunca quedar mal con nadie, se había venido conmigo cuando se lo pedí de forma triste y es que creo… tenía un grave problema, no podía decir que no a alguien que le pidiera algo de forma lastimera. Quizá me daba un poco de miedo que alguien se aprovechase de esa debilidad que tenía, porque sabía que podían aprovecharse… ¡yo lo hice! Lo seguía haciendo.

Fui imbécil en muchos sentidos, fue imbécil por hacer aquella estúpida apuesta con Hidan, fue más imbécil de pensar que sería fácil con alguien como Deidara sin darme cuenta, de que no era yo el cazador sino el cazado, porque su inocencia y dulzura me estaban cazando a mí, me estaba enamorando de él. Fui un capullo cuando le violé, porque aunque sabía que no volvería a hacerme caso, tenía tantas ganas de hacerle mío, que no pude evitarlo y me di cuenta del daño que le estaba haciendo cuando ya era demasiado tarde para evitarlo.

De aquel día, sólo recuerdo que me dejé llevar por la lujuria, que dejé que mis instintos más primarios me controlasen, recuerdo cuando acabé y le vi en el suelo llorando desconsoladamente y me dolió tanto verle así, me dolió tanto saber lo que le había hecho que tuve que irme rápido, porque no soportaba ver llorar aquellos hermosos ojos azules que tenía.

Desde aquel día, sus ojos habían cambiado, por lo menos hacia mí, sus miradas ya no eran inocentes y dulces, estaban vacías e incluso veía miedo en ellas, me tenía demasiado miedo. Había tratado de arreglar las cosas pero creo… que esto llevaría demasiado tiempo, porque aún no sabía cómo iba a conseguir que volviera a confiar en mí, que me creyese, que me quisiera como yo le quería a él y es que ahora tenía otro problema… Konan.

Tenía un compromiso al que acudir, tenía que casarme con Konan sabiendo que mi corazón era de Deidara y no lo soportaba, porque si antes me daba igual cumplir la voluntad de mi padre, ahora no quería hacerlo, me habría encantado bajar las escaleras corriendo, salir por la puerta, coger el coche y conducir hasta casa de Konan para decirle que todo se acababa, que todo había sido un montaje de nuestras familias, que no la quería ni iba a querer, que mi corazón tenía un solo dueño y era un rubio de ojos azules al que no le habría importado vivir en un campo de viñedos en la casa que yo construía. Pero no podía hacerlo.

Llegué al pasillo de arriba y miré hacia la habitación de mi hermano con la puerta cerrada. Caminé hasta allí para abrirla con cuidado y comprobar que realmente estaba bien. La luz estaba apagada y la luz del pasillo se coló por la habitación permitiéndome verle en la cama durmiendo. La verdad es que me alegraba de haber podido solucionar las cosas con Sasuke, porque mi padre ya había hecho demasiado daño en esta familia, estas cosas no pasaban cuando mamá vivía, ella sabía cómo controlar el carácter de nuestro padre, pero yo no podía, me sentía como si no fuéramos sus hijos, para él, sólo éramos un negocio más que poder controlar.

Así me sentía al menos, un negocio más como el de los Kanemitsu había hecho con mi padre para vender sus vinos en nuestra empresa siendo socios o como cualquier otro empresario con el que llegar a acuerdos, porque hasta conmigo tenía que hacer acuerdos, como casarme con Konan. A veces sentía que no tenía una escapatoria, me sentía solo y perdido, obedeciendo a mi padre y sus intereses, siendo siempre el hijo perfecto que buscaba, recayendo sobre mí las expectativas de ser un Uchiha, porque todo estaba condicionado, desde pequeño yo debía sacar las mejores notas en el colegio, el deportista estrella, debía ser un gran músico al menos tocando un instrumento, debía ser el Uchiha perfecto, llevar el apellido bien alto, casarme con una chica, tener hijos, seguir con la empresa…

Todo esto me agobiaba, porque no sentía que era yo mismo, ¿Quién era Itachi Uchiha? Itachi era un chico moreno de ojos oscuros que disfrutaba de pequeño saliendo a jugar al parque con los amigos, que se llenaba de barro hasta arriba, era ese chico que odiaba el violín y detestaba practicar todos los días el piano, era el que se pasaba las tardes estudiando solo en su habitación para satisfacer los caprichos de mi padre de ser el mejor estudiante mientras mis amigos jugaban en el parque o en la calle del barrio, yo era ese que se volvió arrogante porque era un Uchiha y debía estar a la altura, pero ahora mismo… era el que se había enamorado de un chico, de un criado, de alguien sin dinero, que no sabía ni siquiera leer, que no sabía nada de la vida, pero del que me encantaba esa inocencia.

Quería vivir lejos de la ciudad para mayor complicación a los intereses de mi padre, quería seguir la empresa familiar pero no de la forma en que mi padre la llevaba, me gustaría ser como los Kanemitsu, mancharme las manos con las uvas, recogerlas a mano, hacer el vino y embotellarlo, no que lo hicieran por mí unas máquinas, quería llevar la empresa a lo más alto del modo más tradicional posible. Mi padre y yo… éramos completamente opuestos.

Miré de nuevo a mi hermano dormido y decidí irme yo también a dormir cuando escuché la voz de Sasuke que me llamaba pidiéndome que entrase un rato con él. No pude evitar cerrar la puerta tras de mí y me senté en el borde de la cama donde me había dejado un hueco. Le acaricié el cabello mientras se restregaba los ojos con las manos y se le veía feliz.

- ¿Y esa sonrisa? – le pregunté sonriendo - ¿Has arreglado lo del instituto?

- Algo así – me dijo – salgo con alguien

Aquello me sorprendió un poco pero recordé las palabras de Deidara de que necesitaba que le entendiesen, quizá mi hermano crecía más rápido de lo que a mí me gustaba y estaba ya en esa edad de fijarse en alguien. Sé que yo era muy proteccionista con todo lo referente a mi hermano, pero Deidara tenía razón en algo, a veces, debía aprender a soltarle la rienda y dejar que él cometiera sus propios fallos como yo cometí los míos en mi adolescencia.

- Me alegro – le dije - ¿Será un buen chico, no? – le pregunté un poco preocupado.

- Sí – me dijo – es el capitán del equipo de Hockey.

Vale aquello me preocupó un poco, porque yo era capitán del equipo de hockey universitario y sé perfectamente cómo éramos, la mitad de mi equipo eran unos mujeriegos y la otra, unos cabrones, como yo. También es verdad que muchos de los de mi equipo venían de familias ricas y eso no era bueno, se creían superior a lo demás. Tenía por lo menos un par de chicos que no eran así y parecían buenos chicos, nunca me dieron ningún problema, así que podía salir cualquier cosa de esa relación, podía ser un gran chico el que estuviera con mi hermano o el mayor cabrón de todos.

- Ten cuidado ¿vale? – le comenté – tómatelo con calma, el amor no es un sprint, es una maratón.

- Lo sé – me dijo – Iré con calma – me sonrió como si quisiera contarme muchas cosas – me besó delante de todo el instituto encima de una mesa de comedor –me empecé a reír y es que no pude evitarlo.

- No está mal para arreglar el problema

- Creo que me asusta un poco iniciar algo con él, tengo miedo que pueda pisotearme como lo hizo el anterior.

- Sasuke… a veces hay que arriesgarse por lo que uno quiere, disfrútalo y no te preocupes por lo que pueda salir mal en la relación, preocúpate cuando salga y en caso de que no funcionase, recuerda lo bueno… como el beso encima de la mesa – le dije sonriendo y mi hermano sonrió conmigo también.

Me levanté para irme dándole un beso en la frente para taparle mejor como hacía cuando era más pequeño y empecé a caminar hacia la puerta de nuevo.

- Itachi… ¿Te quedas a dormir conmigo hoy? – me preguntó y me sorprendí porque no me pedía lago así desde niños.

- Claro – le dije – hazme un hueco.

Me acosté en la cama tapándome con las mantas y le di la espalda a mi hermano mientras miraba en su mesilla de noche la luz del despertador marcando la hora. Ni siquiera me había puesto el pijama, pero me dio igual, ya mañana tiraría la ropa a lavar, ahora no quería perderme ni un segundo de la buena relación que empezaba a tener de nuevo con mi hermano.

- ¿Te pasa algo? – me preguntó.

- No quiero casarme con Konan – le dije sincerándome.

- No estás enamorado de ella ¿verdad?

- Ni un poco – le dije – Me estoy enamorando de alguien – le confesé – de alguien especial con el que he metido la pata hasta el fondo.

- ¿Ella no te quiere? – me preguntó.

- Él – le dije y se sorprendió incorporándose un poco para mirarme y sonreí – no me mires así, sé lo que piensas, es una locura. Me gusta un chico y ésta es la primera vez que lo reconozco en voz alta – le aclaré – pero no me quiere, le hice mucho daño y creo que me odia.

- Sabrás arreglarlo Itachi, tú siempre arreglas las cosas, eres un Uchiha – me dijo.

- No sé si quiero ser un Uchiha – le dije, porque no quería sentir el peso de mi padre sobre mí, no quería tener que cargarles este peso a mis futuros hijos, no quería ser como mi padre.

- Ya somos dos, pero no podemos elegir la familia en la que nacemos – me dijo Sasuke antes de quedarse dormido.