Para la gente que no entiende algunas cosas: "Hall of Mirrors" se lee así, no es un problema de redacción ni nada.


Disclaimer: Los personajes de One Piece no me pertenecen a mí sino a Eiichiro Oda. Yo soy dueña de mis OC y mi historia.


CAPÍTULO XXV [Saisho no - 最初の- Parte 3]

La cabeza le daba vueltas y le dolían los brazos y el cuello. Sentía que tenía el padre de todos los mareos montado sobre un carrusel pirata. ¡Qué gusto asqueroso tenía en la boca! Era como si hubiese metido el trago largo a una pileta de petróleo. Abrió los ojos y ahí sí se asusto: no tenía ni idea de en dónde estaba. Respiró profundo y miró a su alrededor intentando recordar lo que había pasado. Sayaka se miró las manos, encadenadas, y recordó la casa de subastas. ¿Por qué siempre terminaba encadenada en algún lugar gris y sucio? Esta vez el problema no eran las cadenas. No eran tan gruesas como las que habían usado en Furland ni tampoco explotaban como el colar de Shabondi, pero aun así no podía moverse, estaba muy mareada. ¿Veneno? Ese desquiciado de Galba la había drogado y la había encerrado en esa especie de laboratorio-mazmorra-del-mal donde había un olor a tóxicos nauseabundo y la ventilación suficiente como para tener que enamorarte de ese olor o morir en el intento. Intentó abrir un poco más los ojos para ver si había alguien más con ella y fue entonces cuando vio su sombra, pero enseguida volvió a dormirse.

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Haru estaba de vacaciones en la fábrica junto a Liv, sin darle mucha importancia a lo que ella estaba diciéndole. Le mostró la sala en donde almacenaban las materias primas y los solventes, luego la sala de mezclas, la de envasados y un sin fin más de lugares que Haru pasaba por alto hasta que llegaron al lugar de almacenamiento, donde tenían el producto final listo para su distribución. Los envases no eran la gran cosa, eran en sí, botellas de vidrio moldeado en forma de reloj de arena, con una etiqueta roja y negra que decía "Blackout" y un líquido negro y espeso dentro. Liv le ofreció uno para que Haru lo pruebe a modo de finalización del recorrido de la fábrica, argumentando que era casi un crimen no darle a probar el producto tan famoso de Merkel luego de haberle mostrado la compleja elaboración que tenía.

Él nunca había tenido la oportunidad de probarlo, estaba demasiado concentrado en evitar que Aki y Natsu hagan una estupidez. Entonces leyó la lista de ingredientes y por primera vez prestó su atención a algo más que a su dulce anfitrona. Reconoció unas cuantas plantas y flores con las que se había elaborado la bebida, de hecho, eran un tanto ordinarias. Luego pasó a las del nombre que menos le sonaba, pero las recordó enseguida de un libro de botánica que mostraba plantas prehistóricas, entre ellas, la Carniborus Cartesious. Era una especie extraña de planta carnívora de unos cinco metros de altura, que al comerla —si no lo hacía ella antes, claro— producía cierto estado alucinógeno. En el único lugar que seguía existiendo era Little Garden.

Lo último que leyó lo desconcertó: Haru tenía muchísimos conocimientos sobre química, pero jamás había escuchado los nombres de los solventes que usaban para mezclar toda esa ensalada de plantas. Sospechoso.

Rápidamente destapó la botella y bebió la mitad del contenido casi de un solo trago. Miró a Liv y con toda la seriedad que podía darle a la situación de hablarle al amor de su vida, dijo:

—¡Liv-chan, necesito ir al baño!

Bueno, eso no había sonado de lo más varonil y adulto posible, pero necesitaba quedarse solo y no involucrar a su futura esposa en una misión de espionaje. Créase o no, estaba priorizando el plan.

Le devolvió la botella y le dijo que iba a tardarse un rato porque «el Blackout le había caído un poco mal», nuevamente, en un tono tan varonil como podía salirle a alguien que prácticamente estaba dando a entender que se hacía encima. Él había memorizado todo lo que decía en la etiqueta de la botella, pero estaba seguro de que no estaban todos los datos ahí y tenía que ver cuales eran los ingredientes reales detrás de esa fachada. Recordaba que en el segundo piso tenían unas oficinas, podía ver ahí si encontraba algo que sirviera y alguna información de dónde guardaba Wolf sus documentos importantes. ¡Tenía ahí su pista!

Se metió en el cuarto de baño y espió por la mirilla. Liv seguía ahí, con una carpeta con folletos en la mano izquierda y jugando con un mechón de su rizado cabello castaño con la otra mano. No parecía tener intensiones de moverse de ahí. Entonces, Haru intentó buscar una salida alternativa y miró a su alrededor: un cuarto de baño público de tres metros por dos, con unos tres cubículos para responder al llamado de la naturaleza enfrentados a un gran espejo que ocupaba la mitad superior de la pared. No había ni una ventana aunque estaba perfectamente iluminado, higienizado y climatizado por un conducto de… ¡ventilación!

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Sayaka ahora disimulaba estar dormida, no iba a cometer el mismo error. Tampoco necesitaba usar los ojos porque sabía que ése estaba ahí. Lo sentía. Él no se movía pero ahí estaba, mirándola. Lo segundo que notó fue que estaba desarmada, no había ni rastros de su recién restaurada katana. Lo tercero, era que definitivamente la habían drogado, porque se sentía muy pesada y casi sin fuerzas para moverse y también estaba muy mareada; pero concluyó que el mareo se debía a una cuarta cuestión, relacionada con ese dolor insoportable acompañado por el calor en la nuca: la habían golpeado y por eso se había desmayado. No recordaba para nada cómo había sucedido eso y si había sido efectivamente Galba el que la había golpeado o no, pero ahora tenía asuntos más importantes que atender. Entonces, ése le habló:

—De nada sirve fingir, Saberlight, yo puedo oler el miedo —dijo Wolf y ella abrió los ojos.

—Será el tuyo, si no, no me tendrías atada —replicó.

—El miedo es un gran sentimiento. Nos obliga a hacer grandes cosas y nos muestra como somos.

—¿Entonces te obliga a atar chicas para obligarlas a escuchar estupideces? Consíguete un amigo.

—Es curiosa la forma en la que actuamos en situaciones desesperadas —dijo, acercándose despacio—. Tú estás muerta miedo en este momento y lo único que encuentras para defenderte de mí es atacarme… Claro que con tus limitaciones —siguió, señalando las cadenas.

—¿Tu técnica de pelea es matar a la gente de aburrimiento? —dijo, fastidiada.

—No, no. Yo no peleo, simplemente observo. Amo a los seres humanos, jamás podría hacerles daño y eso te incluye a ti.

—Típico, amas a alguien y luego lo encadenas. ¡Pero qué tipo más normal!

—¡¿Es que no lo entiendes?! Decenas de centenares de años pisando esta tierra y aún no ha aparecido especie alguna que pueda superarnos. Nos adaptamos, crecemos o nos encogemos, siempre estamos en movimiento. Somos la evolución, ¿no lo ves? Todo lo que ves aquí en este cuarto es producto de la mano del hombre, incluso las cadenas que te impiden moverte. Sólo basta que diga lo que los demás quieren escuchar y tengo a todos a mi alrededor besándome los zapatos, odiándome, amándome o temiéndome. Pero aún así, dentro de tanto acto previsible, los seres humanos no dejan de sorprenderme.

—¡Suéltame y te daré mi opinión de la raza humana!

—No necesito hacer eso, ya tengo la información necesaria sobre ti como para deducir qué es lo que piensas de lo que sea, aunque eso no es para nada interesante. Caso contrario es ese extraño poder regenerativo que tienes. Te han dado un buen golpe en la cabeza que podría haberte desangrado y sin embargo, unas horas después, estás quejándote de tu suerte como si esa vara no hubiese partido tu sien. Y por eso estás aquí. Muy pronto amarás este lugar tanto como lo amo yo.

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Haru ya se había recorrido medio edificio por el conducto de ventilación y había descartado unos cuantos lugares, cuando se detuvo a mirar por una rejilla; esto era muy llamativo.

Abrió los ojos casi para que se le salgan y nunca supo cómo hizo para no gritar como niño cuando los vio: había cientos de jaulas llenas de una especie de animales bípedos peludos. Tenían un pelaje espeso y pegajoso, garras largas y ojos amarillos. Aullaban como lobos y atacaban los barrotes intentando golpear al de la celda de al lado. Estaban histéricos. Estaban oliéndolo.

«¡Hombres lobo!» pensó Haru, muerto de miedo. Definitivamente era por ahí por donde tenía que ir. Siguió deslizándose unos cuántos metros más hasta que encontró otra rejilla por la que bajarse. No era tan idiota como para meterse en la boca del lobo —casi literalmente—, pero lo que sí podía hacer era bajarse en una habitación que esté cerca de esa jauría.

Una vez verificado que no haya nadie, bajó y cayó golpeándose la espalda contra el suelo. Otra vez hizo un enorme esfuerzo para no gritar. Llegó a lo que parecía ser un laboratorio, donde estaba lleno de frascos con trozos de quién sabe qué y tarros humeantes. Entonces los encontró. Ahí estaban todos los documentos que venían a buscar. Desordenados, apilados, manchados, apilados, había de todo distribuido en dos libreros viejos y una mesa de madera vieja. Pero del otro lado del muro, los Hombres Lobo de Haru estaban tratando de explotar los barrotes con los aullidos. Era cuestión de segundos hasta que alguien aparezca ahí. Tenía que ser práctico, así que agarró una de las mochilas que había en el suelo, vació su contenido y le puso los libros y carpetas más importantes que le podían entrar para volver a meterse por el conducto.

Empezaron a escucharse pasos al otro lado, acercándose. Él se dio cuenta de que era muy fácil dejarse caer de un agujero que daba al suelo, pero muy difícil volver a subirse sin hacer una fila con mesas, sillas y los libros que tendría que sacar de la mochila para hacerse una escalerita. Eso no lo había tenido en cuenta para nada. Entonces tuvo otro plan. Abrió la tapa de uno de los cubos de basura y ahí se metió.

«Pasos cortos, rápidos y regulares, es alguien muy bajo» se dijo y escuchó con más atención para averiguar a dónde se dirigía. «No hace mucho ruido pero tampoco disimula estar aquí, así que está solo, es encargado del lugar y conoce el sector, hasta diría que trabaja con los Hombres Lobo. Ese andar es tan… ¿Lindo?» se distrajo. Fue ahí cuando la puerta se abrió y Liv entró, con una expresión absolutamente diferente a la que había conocido Haru. Ahora se la veía enojada, con el ceño y hasta la nariz fruncida. Parecía otra chica, pero él la seguía encontrando aún más linda que la primera vez que la vio… y de esto no hacía mucho a decir verdad.

La vio mirar hacia arriba y él maldijo a todo la estupidez humana, «¡dejé la rejilla de ventilación abierta!». Pero ella no hizo más que hacer un paneo general con la vista sobre el lugar y luego irse y cerrar la habitación con llave. Ahora sí que tenía que volver por la rejilla.

Saltó del cubo de basura y lo usó como base para hacer una escalera. Él no era para nada estúpido y sabía que ella no podía simplemente haber dejado pasar el tema de la rejilla. Además, por su expresión, seguramente se había pasado la última media hora buscándolo evidentemente sin éxito. Para que vuelva a esa habitación podían faltar minutos o quizás horas, tal vez ni siquiera volviera hasta la noche, pero seguramente iba a volver. Esta iba a ser la última vez que Haru iba a tentar de semejante forma su suerte, pero la única manera que tenía para salir era haciendo una torre de trastos para subir a la rejilla y así dejarse en evidencia: por más que pudiera patearla para que caiga y luego cerrar la entradita, Liv iba a darse cuenta que alguien había estado ahí.

Siguió arrastrándose hasta que pudiera encontrar al fin una forma de salir de esa fábrica sin ser visto, lo cual no iba a ser nada fácil. Pasó una hora dentro de un sin fin de lugares, y lo peor fue que en más de la mitad la rejilla de ventilación estaba completamente soldada, de manera que era imposible abrirla para salir. «Voy a morir aquí dentro», se quejó.

Como un milagro de la vida llegó hasta un punto en el que podía salir y no había nadie a la vista: el almacén de stock de Blackout. Se tiró sobre las cajas y trató sin éxito que su caída sea lo menos sonora posible. Estaba feliz de poder volver a estirar las piernas y no sufrir el calor que hacía en ese conducto tan estrecho. Miró hacia los lados y corroboró que no había nadie cerca o al menos lo suficientemente cerca como para haberlo visto caer. Ahora tenía que encontrar una salida. «Ágil como un ninja y silencioso como un asesino, ¡Haru-sama se dirige hacia su destino final!.» El pobre necesitaba darse ánimos de cualquier tipo, pero la realidad era que estaba muerto de miedo y nunca había estado en un lugar peligroso él solo.

—¿Qué haces aquí, Harusama-chan? ¿Te has perdido? —dijo Liv, asomándose tranquilamente desde detrás de una de las montañas de cajas.

—¡Liv-chan! Es… Es… Cómo era el… ¡Ayúdame! —dijo, aunque le costó horrores no morir infartado.

—¿Qué ha pasado? ¿Te sientes bien?

La voz de Liv sonaba tan tierna que desconcentraba a Haru y lo hacía olvidar de que probablemente ella era su enemiga.

—Si quieres puedo llevarte junto con tu amiga, ella ha estado preguntando por ti.

Eso hizo a Haru volver en sí. No podía responder cualquier estupidez ahora porque Liv podría estar sacándole desde mentira a verdad. ¿Pero qué iba a decirle entonces? Era obvio que esto iba a terminar mal y ella en ese momento estaba invitándolo a ir seguramente a un lugar apartado y no para declararle su amor, precisamente. Tenía que actuar rápido, ¡rápido! Podía ir al baño otra vez y correr el riesgo de que la ex-amordesuvida crea que él sufría de diarreas. Claro, cualquier cosa era mejor que seguir mirando sus ojos color falso. Sí, falso, Haru sabía desde el primer momento en que la vio que ese color de ojos era del tipo que dan los lentes de contacto de mala calidad; un color verde muy lindo, pero también muy artificial. ¡A improvisar!

—¿Sufres de miopía, Liv-chan? ¿O sólo querías cambiar tu color de ojos?... ¡No me malinterpretes! Yo solamente… ¡Soy mejor que un oftalmólogo! ¡Te los dejo como nuevos!

Bueno, al menos lo intentó.

—Harusama, ven conmigo que tu amiga está esperándote —dijo, mucho menos amable.

—¡Antes pasemos por el baño!

—Me temo que está en reparación. Ahora si…

—¡Necesito un inodoro! —dijo, horrorizado por lo que estaba diciéndole, pero no tenía mejor idea.

—Mi trabajo es guiar, no servir, o no al menos a ti. Por favor, ven conmigo, Harusama —dijo e intentó tomarlo del brazo, pero Haru se echó de un salto hacia atrás.

—¡Se me va a escurrir el desayuno por el pantalón! —dijo agitado y metiéndose por completo en su papel.

—¿Por qué no funciona contigo? —dijo extrañada y volviéndose a acercar.

Haru se alejó dando saltitos y agarrándose el estómago como si en verdad estuviera haciéndose encima. Mientras tanto, pensaba en lo que decía Liv y se convenció de que tenía que dejar de hablar y huir de ese lugar cuanto antes, buscar a Natsu y Aki y rezar por que el submarino esté lo suficientemente cerca —y arreglado— como para escaparse de allí.

Ella empezaba a impacientarse, no entendía qué era lo que estaba pasando y por qué ese enano estaba dándole tanto trabajo. Miró su reloj de pulsera y corroboró que eran más de las ocho y media de la noche. En la fábrica ya no habría nadie y sólo quedaba cierto puñado de individuos.

—¿Te interesan mis ojos? —dijo ella, quitándose los lentes de contacto— ¡Aquí te va una muestra gratis y con agregados!

Entonces Liv empezó a encorvarse, el pelo de la cabeza se extendió hacia el resto del cuerpo, las uñas se convirtieron en garras y los dientes en colmillos. Lo único que quedaba de lo que le había mostrado a Haru antes de transformarse eran los ojos amarillos como fuego, rabiosos y con sed de sangre.

—¡Eres una mujer lobo! —dijo y se echó a correr hacia atrás.

Esa era una mala decisión, pero era mucho mejor que hacerle una embestida a una bestia peligrosa. Es que la única salida que había hacia donde Haru estaba yendo, era la rejilla por la que salió y luego cajas y cajas de botellas de Blackout. «¡Ágil como ninja, silencioso como asesino y astuto como un estratega!» se repetía mientras corría a toda velocidad hacia la pared. La mochila le pesaba muchísimo y lo movía hacia ambos lados, pero no perdía estabilidad.

Atrás venía Liv, azotando el aire con sus garras y pisándole los talones a Haru, quien al estar a un metro de la pared dio un salto y se impulsó hacia las cajas, escalándolas después para llegar a la cima. Liv se chocó la pared y empezó a gruñir, furiosa. Ella no podía trepar como Haru, pero sí podía tirar todas las cajas abajo.

Antes de que ella lo deje fuera de su lugar seguro, él saltó sobre ella y mientras las cajas le caían encima, entonces él se dirigía a toda velocidad hacia la puerta más cercana. Ya no era tiempo de disimular sino de sobrevivir. Cuando atravesó la puerta no se sintió para nada mejor, no sabía hacia dónde tenía que ir y escuchaba a Liv siguiéndolo desde atrás. Era cuestión de segundos para que lo alcance, el pasillo era amplio, pero no había nada para arrojarle y las piernas de Liv ahora eran mucho más largas y fuertes que antes. Hizo lo único que se le ocurrió en ese momento, y que sabía que iba a lamentar después:

—¡Tsundere-chan! ¡Ayúdame estés donde estés!

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Sayaka estaba mareada pero claramente podía escuchar a Haru gritándole el que estaba por convertirse en su segundo apodo. Eso la puso el triple de molesta, y eso iba más allá de cómo la estaba llamando o que ella casi estaba respondiendo a ese sobrenombre. El problema era que prefería ir a ayudar al enano antes que seguir escuchando a Wolf y sus delirios de científico loco, sumado a que éste le había traído las nuevas de que Natsu y Aki acababan de aceptar el unirse a su milicia personal. Eso no podía ser, no, no; ni en un millón de años. No entraba en la cabeza de Sayaka que esos dos que formaban parte del fan club de Law se estuvieran pasando de bando. ¿Es que la estaba tomando por estúpida o qué?

Mientras ella pensaba esto, Wolf le acercó un Den Den Mushi que proyectó el video de dos personas sentadas en una mesa bebiendo de forma muy natural lo que parecía la dotación de Blackout para un año. Y eran Natsu y Aki.

—¡¿Qué les hiciste, bastardo?! —gritó ella.

—¿Yo? Creo que fui un hijo deseado, pero eso siempre estará sujeto a la duda —dijo riendo—. Y en cuanto a tus amigos, ellos vinieron por su propia voluntad. Una persona que ya conoces los invitó a beber en un lugar más cómodo, ya has visto que ustedes no tienen donde dormir y es ya horario del toque de queda en nuestra isla. Deberías agradecer nuestra hospitalidad.

—¿Qué les diste? —dijo, impaciente.

—Te repito, mi estimada, no les he dado nada. Quizás el sujeto 41 les haya facilitado un poco de nuestra producción, pero te aseguro de que ellos son muy felices ahora.

Y en ese momento la puerta estalló y Liv cayó rodando y se chocó contra la pared. Haru se las había podido arreglar para que ella se golpee sola al parecer. De todas formas, al pasar corriendo vio a Sayaka encadenada y tuvo que detenerse.

—¡Prometo que volveré por ti! ¡Voy a buscar…

—¡Los demás están drogados! ¡Estás solo! ¡Lárgate! —le gritó ella y Haru palideció.

—¡Livy, tráeme a ese enano! —gritó Wolf a Liv, y esta se incorporó y volvió a perseguirlo.

Ya era tarde, Haru había desaparecido de su vista pero para nada de su olfato. Liv levantó el hocico mirando hacia arriba y se echó a correr otra vez.

Sayaka estaba atónita:

—¡¿Qué demonios era eso?!

—¿Livy? —respondió Wolf, levantando el desorden que había hecho Liv con el choque— Ella es el sujeto número 1 y además tuvo la suerte de ser también el primer sujeto exitoso. Está conmigo desde su nacimiento. Supongo que fue mi suerte de principiante, porque sólo volví a tener éxito con los sujetos 41 y 74, aunque el último murió súbitamente y aún estoy investigando qué fue lo que…

—¡Secuestraste a una bebé y la convertiste en una cosa peluda!

—¡¿Cómo se te ocurre decir algo así?! ¡Livy es mi hija!

—¡Eso es peor!

—Ella se ofreció voluntariamente para el experimento y sigue ayudándome con este proyecto. Vamos a crear a los soldados perfectos, a seres sin ningún tipo de remordimiento a la hora de matar o seguir órdenes pero sin deshumanizarlos.

—A mí no se me hacía muy humana esa cosa…

—¡¿Quién querría soldados enteramente obedientes, que sólo sigan órdenes y no hagan más que cumplir su trabajo sin desempeñarse en el resto de las actividades de la vida?! Livy y yo estamos creando seres que pueden amar, crear, construir y a su vez son completamente sumisos a la orden que les de su amo, que es lo único que tienen que no es enteramente una parte normal. Imagínate a un hijo amoroso destrozando los intestinos de su padre sólo porque el amo así se lo ha pedido. ¡Incluso podría decidir si quiero que él lo llore o no!

—Es divertido jugar a ser un dios, ¿no?

—¡¿Dios?! ¡Un dios es perfecto y por lo tanto sus creaciones también lo son! ¡Mis creaciones son defectuosas, incluso los sujetos 1 y 41! Verás que Livy no puede dominar su transformación durante la noche, y peor aun, cuando se transforma tiene que estar aquí adentro donde puedo controlarla, de lo contrario su sed de sangre haría que masacre a toda la ciudad. Y eso considerando que ella es lo más cercano a la perfección que tengo, ella aún conserva su racionalidad. El sujeto 41 tiene una especie de desvío y trastorno de la personalidad, y el resto no me hacen prácticamente caso a menos que los haga matar a alguien. Verás que es mucho el trabajo que tengo que hacer.

—Voy a arrancarte los ojos —dijo, seria.

—No, no, no. No vas a hacer eso. Tú vas a quedarte aquí y me ayudarás a perfeccionar mis investigaciones porque tengo grandes planes para ti. Quizás duela un poco al principio, pero luego de los primeros litros de Blackout tú misma me pedirás hacerte las pruebas.

—¡¿Qué demonios es esa porquería?!

—¿Blackout? Uno de mis mejores inventos, tengo que admitirlo. Aunque la Marina nunca lo terminó de entender, decían que era demasiado inhumano, ¡qué ignorantes ante los asuntos de la ciencia! Es por esa razón que cometen estupideces como gobiernos tiránicos cuando se puede controlar a la población y que ésta aun sea feliz. Todos podemos sacar nuestra parte con esto.

—¡Les lavas el cerebro y luego los conviertes en asesinos!

—¡Pronto apreciarás el arte del entendimiento! ¡Mira! ¡Conoce a tu nuevo compañero! Espero que te nos unas muy pronto.

Alfer Wolf se retiró del lugar y al mismo tiempo entró Galba, vistiendo igual que la primera vez que lo conoció en la escuela de la Marina, a modo de bufón.

—¡Tú! —gritó ella, colérica— ¡Tú me engañaste, pedazo de mier…

Galba hizo que se ahogue metiéndole una botella de Blackout en la boca y le dijo:

—Bienvenida, hermanita.

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Haru tenía un excelente estado físico. Era de los que pensaban que un cuerpo sano equivalía a una mente sana, entonces se la pasaba entrenando sus pequeños músculos practicando artes marciales en sus ratos libres. Claro que en su vida había conseguido noquear a alguien o ganar por su fuerza física una pelea, él tenía que conseguir la forma de que sus enemigos «se derroten por su torpeza», como él decía, y si eso no era posible tenía que escapar. Haru corría a más no poder.

Corría. Eso era lo que hacía ahora, con la espalda y las piernas muy doloridas. Sus pies eran un tanto chuecos, así que se los había torcido al correr unas cinco veces en los últimos cinco minutos. Nada de todo esto hacía que se desconcentre en aprovechar la mínima situación para escapar de Liv.

Y vio a Lydia persiguiendo a dos criaturas más. ¡Qué alivio!

Él no podía dejar que Lydia lo vea fuera de un lugar techado, en horario del toque de queda y con una mochila llena de objetos robados sacados de la fábrica de Wolf —era obvio que Haru venía de ahí— y que ella no le apunte primero a él y después a Liv. Tuvo que improvisar. Hizo un alarido de lo más agudo que le saliere y con la capacidad para ser escuchado en toda la isla. El objetivo era atraer a los otros monstruos hacia él.

Y lo consiguió. Pronto los dos que Lydia estaba persiguiendo, a unos 150 metros, empezaron a correr hacia él y Liv, que venía pisándole los talones se desesperó más por atraparlo antes de que lo atrapen los que venían ahora por él. Cuando Haru quedó bien en el medio de los tres atacantes, se agachó en posición «bolita» y se hizo tan pequeño que los tres monstruos chocaron entre sí y él tuvo tiempo para correr en otra dirección, así podía escapar también de Lydia.

Haru escuchó dos disparos y apretó los dientes mientras más corría. Fue el tercero el que hizo que una lágrima le corriera por la mejilla y le prometa un trozo de plomo en el cerebro a Wolf.

Ahora no sabía qué hacer. Tenía que volver y salvarlos a todos, ¿pero cómo? No era fuerte, no tenía ningún tipo de poder y sus piernas eran muy cortas. Si volvía definitivamente iban a matarlo. Pero ahí estaban sus amigos, no podía hacerles esto. «¡Si tan solo el capitán estuviera aquí!» se lamentó.

—¡Ey, tú, pequeño! ¿qué haces que no has vuelto a la posada? ¿Dónde están tus amigos? —dijo Lydia, y Haru, cayendo de rodillas, quebró en llanto.

—¡Ayúdeme, señora! ¡Tienen secuestrados a mis amigos!

—¿Quién? ¿Dónde?

—¡Sígame, por favor! —le dijo y la arrastró unos cuántos metros en dirección a la fábrica, que muy lejos no estaba.

—Espera un segundo —lo detuvo—, ¿tus amigos están en esa fábrica? Nadie está allí por las noches…

—¡Créame! ¡No hay tiempo!... ¡¿Qué fue eso?!

—Son ellos. Quédate a mi lado, pequeño —dijo Lydia, y se puso delante de Haru.

Empezaron a escucharse aullidos y unas sombras negras que salían de atrás de la fábrica, como de los costados. Desde la entrada principal, salía Galba, con una mano empapada de sangre y otra sosteniendo una botella de Blackout que bebía sin parar.

Lydia palideció.

—¿Alba? ¿Eres tú, hijo?

—¿Alba? Galba no conoce más que el anochecer, los gusanos y las criaturas de la noche —contestó Galba, y los demás monstruos se quedaron detrás de él.

—¡Alba! ¿Qué sucede? ¿No me recuerdas? —dijo Lydia, asustada.

Haru encontró su momento para intervenir:

—¡Es Wolf el que los controla! ¿Ahora lo ve? Adentro están mis amigos encerrados y…

—¡Lárgate! Yo me encargaré de esto —interrumpió Lydia.

—Yo puedo ayudarla, señora, son demasiados y…

—¡Lárgate!

Cada vez eran más los monstruos detrás de Galba e iba a ser imposible derrotarlos a todos sin morir en el intento, pero era lo único que se podía hacer.

«Quince contra dos, esto se pone cada vez peor. Van a atacar primero a Lydia-san, ella es la más peligrosa para ellos y yo estoy desarmado y soy pequeño, soy más fácil de derrotar. Eso me da la ventaja. Pero ¿cómo escapamos de estos bichos? No les podemos ganar pero Lydia-san no va a querer hacer un plan de escape, que es lo único que nos garantiza sobrevivir para poder volver con más personas… Tampoco puedo dejarla sola… ¡Maldición!»

Galba era el único que seguía teniendo aspecto humano, era eso y el hecho de que sea su hijo lo que hacía que Lydia no quiera dispararle. Ella no entendía nada y no quería aceptar lo que estaba pasando. Sólo creía que él se había vuelto contra el pueblo y estaba organizando una especie de plan maléfico con los demonios o algo así.

Entonces uno de los monstruos cayó al suelo de un tiro, pero este no había salido del fusil de Lydia, sino del de Alex, que venía con cuatro oficiales más en rescate de Lydia y su amigo. Eso puso furiosas a las bestias que se dispersaron y comenzaron a atacarlos a todos.

Haru casi gateando se trataba de escapar de tamaña trifulca. Los monstruos tiraban mordiscones y azotaban con sus garras mientras que los oficiales esquivaban y disparaban a la vez. Sólo Lydia y Galba permanecían quietos.

Cuando Haru estaba a punto de entrar a la fábrica, uno de los monstruos saltó sobre él y casi lo desgarra con su mandíbula, de no ser porque milagrosamente algo lo chocó y lo tiró unos metros lejos de Haru. Cuando él se incorporó y vio con claridad lo que era esa sombra negra que lo había salvado, se dio cuenta de que era otra de esas criaturas la que se le había tirado para salvarlo y ahora luchaba contra el otro. ¿Se peleaban por comerlo? ¡No! Haru supo desde el primer momento que esa bestia que había aparecido, la segunda, era Liv.

Liv peleaba de forma feroz contra el otro, que la mordía cada vez más fuerte. Ambos se empujaban y se golpeaban y era sabido que no iban a detenerse hasta terminar el uno con el otro. Pero Liv estaba muy malherida, tenía el costado casi destrozado por completo y a duras penas podía seguirle el ritmo al otro. Sumado a eso, los oficiales y Lydia estaban teniendo problemas con los monstruos que quedaban vivos y se estaban quedando sin balas.

Liv dio un aullido agudo y cayó al suelo, volviendo a su forma humana. Haru se olvidó completamente del otro monstruo que ahora se incorporaba para matarlo y se quitó su chaqueta e hizo con ella presión sobre la zona herida de Liv. Entonces el monstruo se partió en dos y cayó a su lado, igual que los demás.

—¿Qué d-d-d-demonios acaba de p-p-p-pasar? —dijo Alex.

—¡Es ese pirata! —dijo otro oficial.

Entonces apuntaron con sus armas hacia el que acababa de llegar.

—Este es un pésimo momento para que un pirata se meta en Merkel —dijo Lydia—. Normalmente soy más tolerante, pero hoy tengo que decirte que te vuelvas por donde viniste o te voy a enseñar lo que…

—Eso mismo voy a hacer y no necesito su permiso —dijo Law y le arrojó a uno de los oficiales un periódico—. Haru-san, necesito un informe.

—¡No podemos hacer eso, Lydia-san! —dijo un oficial.

—¿Cómo que no? ¿Eres estúpido o qué? —dijo ella.

Entonces le dio el periódico que acababa de recibir y vio una de las noticias destacadas en la tapa. Casi se desmaya. Esto se estaba complicando cada vez más.

—¡Trafalgar Law, Ouka Shichibukai!


¡Buenas tardes, noches, mañanas o madrugadas! ¿Cómo dicen que andan? ¿Ah, sí?, yo también (cri cri).

Bueno, dejando de lado mi faceta esquizofrénica, tengo que decir que al fin pude terminar este cap, ¡yaiiiiii! Tengo ganas de volver a meterme en la trama de OP así poder avanzar en la historia, pero hay que romper un par de cosas antes, evidentemente.

Bueno, nos olemos :D

-Nami