24. Confusión.
-Edward, Edward…
Ya estaba Alice allí otra vez, mirándole fijamente sin pestañear, en cuclillas sobre la cama y pareciendo… un vampiro. Después se reía y decía que no le iba a morder, pero seguro que se relamía pensando en su cuello.
-Edward, despierta.
Notó como le tocaba el brazo con su fría mano y como le movía ligeramente. ¿Por qué no se iba a cazar? Seguro que lo necesitaba. O de compras. Seguro que habría visto un par de zapatillas nuevas en una revista sin las que él no podría seguir viviendo o un pantalón vaquero de una marca que no sabía pronunciar o una cazadora para que no pasara frío cuando tenía que correr por el bosque bajo la lluvia. Eso incluso mejor. Sería capaz hasta de dejarle su Volvo para que se perdiera.
-Edward…
Iba a abrir la boca para decir que le dejase en paz o que llamaría a Esme y antes de que terminara de pronunciar su nombre estaría allí para defenderle, pero apenas tuvo fuerzas para exhalar aire, tirar de su edredón de plumas y taparse la cabeza mientras se apretaba más contra la almohada. Así oyó una puerta que se cerraba y después arrancar el motor de un coche. ¿Le había hecho caso? Bien por Alice, por eso era su hermana favorita. Pero después se dio cuenta que su edredón tenía un tacto y un peso distinto al que recordaba, lo mismo que su almohada y que la almohada a la que se aferraba también le aferraba a él.
Abrió los ojos y sólo se vio envuelto por el cabello castaño de Bella con su olor a fresa. Claro que el edredón no era el suyo y tenía un tacto extraño porque apenas estaba tapado por la manta. Y no solamente Bella le aferraba su mano, sino que encima la suya estaba poco caballerosamente a la altura de sus pechos, bien acomodada allí en medio.
La quitó de golpe y se incorporó.
Ella, aún dormida, solamente carraspeó, murmuró algo y usó la mano que ahora no sujetaba nada para tirar de la manta y arroparse.
Siempre le había fascinado ver a Bella dormir. Era una de las mejores cosas de sus días que no tenían fin. Antes incluso de que se convirtieran en pareja. Desde el accidente de Tyler la había observado día tras día, le encantaba cómo daba vueltas cuando estaba nerviosa y más le gustaba como le llamaba en sueños. Pero verla desde esta perspectiva era aún más increíble. Se había tumbado con ella en infinidad de ocasiones – con miedo incluso de que su piel fría le causara cualquier daño- pero verla al despertar por la mañana a su lado le daba tanta felicidad que su corazón podía bailar.
Pero… ¿dónde estaba Alice? La había oído hablar, estaba seguro. Y podía notar cómo le miraba. Otra sensación humana que no le gustaba nada: esta confusión cuando no sabía si algo era real o no.
Sobre todo al ver que su ropa había desaparecido de encima del radiador de Bella y ahora había un montón de prendas sobre la silla del escritorio. Habría disfrutado de lo lindo al ver dónde había tenido la mano…
Suspirando, se volvió a recostar en la cama y se acurrucó en los cabellos de Bella. Los olió para impregnarse bien de ese olor la fresa. Después le pasó suavemente un dedo por el brazo desde el hombro hasta el codo e incluso se lo besó. Lo mismo que la coronilla y la nuca. Así fue cuando ella volvió a carraspear y se rió:
-¿Qué es tan divertido?- preguntó Edward.
-Que no quiero abrir los ojos por si no eres real y no estás aquí.
Él también se rió e incorporándose sobre ella le besó sonoramente en la mejilla. Bella abrió los ojos y se giró para respondérselo en los labios.
-Buenos días- añadió él.
Ella repitió otro beso y así le llevó las manos a la nuca para juguetear con su pelo. Con el nuevo pelo enmarañado de Edward que era más divertido que verle la cara de sueño.
-Esto es como una mañana de Navidad- respondió Bella sonriente.
-¿Qué significa?
-Pues…- buscó las palabras adecuadas- cuando eres niño, te despiertas la mañana de Navidad que sabes que tienes un montón de regalos esperándote, quieres levantarte rápido para verlos pero si lo haces la Navidad ya se ha acabado.
-Tiene que ser una sensación increíble. Nosotros nunca celebramos la Navidad. Supongo que no poder cenar en familia y no poder despertarte a abrir regalos ha contribuido a esa decisión- dijo divertido.
-Seguro que este año la celebraréis. Esme empezará a cocinar de un momento a otro y seguro que Alice ya ha salido de compras.
Sonrió imaginándoselo. Seguro que Alice ya había visto esa conversación y estaría en un Centro Comercial de Seattle tras dejarle la ropa. Y Esme estaría devorando libros de cocina y de decoración para convertir la residencia de los Cullen en un escaparate navideño.
Aunque esa sensación no sería tan buena como Bella decía si el resto de su familia – Jasper, Emmett y Rosalie – no volvían de su destierro voluntario y si la persona más importante en su vida tampoco estaba allí.
-Me encantaría pasarla contigo. Quiero pasar mi primera Navidad desde 1918 contigo.
Bella dejó de sonreír para mirarle a los ojos y le besó, lentamente, sin dejar de acariciarle los cabellos enmarañados. Después, con voz firme, contestó:
-La pasaremos juntos. Aunque tenga que amordazar a Charlie para que te deje entrar en casa.
Feliz se rió y se recostó poniendo la cabeza en su pecho.
-¿Eso significa que podré hacerte regalos? Es una costumbre.
Suspiró y le dio un toquecito en el hombro para que se incorporara, así que supo que ya había matado el momento, como por la noche. Antes de que sus ojos encontraran su cara supo que iba a ver ese rostro de Bella con el ceño fruncido y sus labios convertidos en una línea fina, cuando estaba molesta por algo.
-No quiero regalos. Lo sabes. Y menos después de lo que pasó en…- no pudo continuar, quedándose sentada en el borde de la cama, dándole la espalda.
-Bella…
-Prométemelo. Que no habrá regalos. Que no gastarás dinero.
-Es mi primera Navidad. ¿De verdad me lo estás pidiendo? No pude regalarte nada por tu cumpleaños. ¿Y tampoco puedo hacerlo en Navidad?
-De verdad- se volvió seria- Quiero que me lo prometas. Yo ya he tenido el mejor regalo esta Navidad. Si sigo recibiendo cosas quizá no sea justo y todo se vuelva contra mí.
-¿De…- dijo confuso- qué estás hablando?
-De ti- se volvió- De que te fuiste y no tenía nada y ahora estás aquí. Y tu corazón late y te has quedado a dormir conmigo. ¿Crees que puedo pedir algo más?
La voz de Bella se quebró en ese mismo momento así que antes de verle caer ninguna lágrima la estrechó para abrazarla.
-Puedes pedir todo lo que quieras porque para que mi corazón latiera y poder dormir contigo pasé todo lo que pasé. Y tú pasaste lo que pasaste. A partir de ahora estaremos cada una de las Navidades juntos. Y no vamos a discutir año a año los mismo, ¿verdad?
-Sí- musitó.
-Oh, Bella- suspiró divertido- Mi Bella…
Ella sólo negó con la cabeza para seguir sumergida en sus brazos.
-¿Y si no me gasto dinero? No puedo hablar por Alice, pero yo te lo prometo. Hay algo que quiero que tengas. Algo mío que tengo desde hace mucho tiempo. ¿Tienes algo en contra de eso?
Sorbió la nariz y con los ojos enrojecidos, le miró.
-Supongo que no- respondió- Pero no lo envuelvas.
Se echó a reír.
-No lo envolveré y no dejaré que lo abras delante de Jasper. Porque ahora nos querrá atacar a los dos.
-¿De dónde te sale este nuevo sentido del humor macabro?
-Creo que de Alice- añadió igual de divertido.
