CAPÍTULO XV: LAS CLASES

Mako se paseó entre sus alumnos. Éstos estaban sentados por parejas, unos enfrente de otros. En la mesa entre ellos, había varios objetos. El ejercicio era simple, a una orden suya, debían coger un objeto. Si los dos se lanzaban hacia el mismo, ganaban un punto, si no, restaban uno.

-Esto no tiene ningún sentido- dijo uno de los pilotos frustrado- es todo cuestión de suerte.

-Quién tiene enfrente es su compañero. Piense en las cosas que sabe de él. Por ejemplo, su color favorito. Cómo es la decoración de su casa, si prefiere los materiales naturales como la madera, o si prefiere materiales como el acero y el metacrilato. Si es una persona a la que le gustan los ambientes tranquilos, o si en cambio se siente cómoda entre el ruido. Observe la forma en que está sentado ahora mismo. ¿Parece estar cómodo en esa silla de plástico o todo lo contrario? Ve, no es cuestión de suerte cuando se tienen tantas pistas.

-Ya pero en ese caso, quienes tienen una relación anterior tienen ventaja.

-Es cierto- admitió Mako- y ese es uno de los motivos por los que se prefiere que los pilotos tengan una relación personal anterior. Pero eso no quiere decir que no puedan tener excelentes resultados aún si no es ese su caso. Simplemente, tienen que hacer el esfuerzo de conocer a esa persona. Ahora mismo, están pasando prácticamente las 24 horas del día juntos. Aprovechen cada minuto de ese tiempo.

-Pero si se trata de escoger el objeto que elegiría la otra persona y los dos hacemos lo mismo. ¿Al final no resultaría en que los dos volveríamos a escoger dos objetos distintos?

-Es que no se trata de escoger el objeto que elegiríamos nosotros, ni de escoger el que elegiría el otro. Se trata de escoger lo que elegirían los dos. Se trata de tener en cuenta al otro, pero sin olvidarse de uno mismo.

-Entonces, no se trata sólo de conocer al otro, sino también de conocerse a uno mismo.

-Exacto. Ahora, quiero que repasen con su compañero cada uno de los objetos. Hablen sobre ellos, qué sensaciones les producen, porqué prefieren unos u otros. Si hay alguno que les recuerde alguna experiencia vivida, hablen sobre ella. Después volveremos a repetir el ejercicio.

Los alumnos se pusieron a la tarea. Mako, se sintió satisfecha. Era la primera vez en las dos semanas que llevaba dando clase, en la que había avanzado realmente. Realmente, le gustaba dar clase. Cuando Herc, se lo propuso no le vio demasiado sentido, ya había suficientes instructores para eso. Pero Herc insistió, le dijo que le vendría bien distraerse, aunque fuera un rato. Al final había aceptado por eso. En un principio no había querido separarse de la cama de Raleigh. Los médicos habían dicho que las primeras 48 horas serían determinantes. Pero esas dos días pasaron sin que ocurriera nada, y luego tres. Para cuando Herc fue a hablar con ella había pasado una semana sin ninguna novedad, y ella se estaba volviendo loca.

Aun así era duro cada vez que tenía que separarse de su lado, pero sabía que no podía estar en aquella habitación todo el tiempo, más cuando no se sabía cuánto tiempo estaría en ese estado. Y aunque le doliese no estar junto a él cada minuto sabía que Raleigh no habría querido que estuviese ahí sin hacer nada. Habría querido que hiciera lo que estuviera en su mano para luchar contra los kaijus. Puede que en este momento ella no estuviera en condiciones de subirse a un jaeger, pero no tenía excusa, por grande que fuera su dolor, para no a ayudar a los que sí.

Tenía el consuelo, eso sí, de que Raleigh rara vez estaba solo, ya que tanto Herc como Yong pasaban tanto tiempo con él como les era posible. Incluso Gottlieb, se acercaba siempre que podía. Aunque en estos momentos era el que más ocupado estaba de todos. Estaba trabajando a destajo para implementar los últimos descubrimientos en el modelo de predicción. Las mejoras servirían para planificar mejor la estrategia de defensa. Por ejemplo, Herc podría situar a aquellos pilotos con menos experiencia en zonas donde la probabilidad de que un kaiju de categoría superior era menor, de esta forma tendrían más opciones de supervivencia. Y de esta manera quizás podrían luchar una nueva batalla. E iba a haber muchas.

-Señorita Mori- le llamó alguien interrumpiendo sus pensamientos

-¿Sí?- respondió Mori girándose hacia su interlocutor

-Disculpe, pero requieren su presencia.

-Ah, será el señor Hansen- respondió Mako mirando su reloj- por favor, dígale que estoy terminando mi clase y que me reuniré con él en unos diez minutos.

-El señor Hansen ha insistido en que quería verla inmediatamente. Me ha dicho que le dijera que es en relación al señor Becket.