Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.


Capítulo 24. All Out Of Love

I wish I could carry your smile in my heart

For the times when my life seems so low

It would make me believe what tomorrow could bring

When today doesn´t really know, doesn´t really know

All Out Of Love – Air Supply


Salí de la oficina de Dimitri antes de golpearlo en la cabeza con el adorno de su escritorio.

¡No puedo creer que vaya a llamar a la perra del parque para salir! ¿Cuál es su problema?

Le envié un mensaje a Lissa, diciéndole que necesitaba beber un poco. No habíamos tenido tiempo de encontrarnos desde que volví de la luna de miel y yo necesitaba calmarme. Tenía ganas de arrojar al suelo todo lo que había en mi escritorio, tenía ganas de volver a su oficina y comenzar una pelea, tenía ganas de mandarlo de vuelta a Siberia… no, eso no…

Lissa parecía curiosa, pero aceptó salir conmigo sin cuestionar. Pude haber invitado a Mía a venir con nosotras, pero quería un momento a solas con mi mejor amiga. Lo necesitaba.

Primero, la rubia fácil le llama de nuevo ¿Cuánto tiempo pasó al teléfono con ella? Y después, estaba la chica del parque… él no parecía tener una vida tan agitada mientras no estábamos casados.

Una súbita voluntad de llorar comenzó a embargarme, lo cual hizo que mi rabia se encendiera aún más. Decidí simplemente salir de ahí, no correría el riesgo de llorar delante de él.

– Rose – Me llamó.

– Estoy de salida – Murmuré guardando mis cosas en la bolsa.

– ¿Cómo? – Apareció en la puerta de la oficina, luciendo genuinamente sorprendido.

– Lissa me está esperado – Me encogí de hombros – Te veo más tarde en casa.

– ¿Vas a tardar? – Él respiró profundamente.

– No lo sé – Le ofrecí una sonrisa desafiante – Voy a beber con Liss.

– ¿Irán solo ustedes dos? – Me miró.

– No sé, Adrian suele aparecerse cuando el asunto es bebida – Mentí con la esperanza de provocarlo.

– Diviértete – Murmuró dándome la espalda.

– Lo haré – Respondí de forma petulante antes de salir con pasos obstinados.

Caminé hacia el ascensor totalmente irritada ¿Quién piensa que es para hablarme así? ¡Y ni siquiera le importó si voy o no a beber con Adrian!

– ¿Está todo bien? – La voz de Mía llamó mi atención.

– Todo bien – Respondí.

– ¿Te vas? – Ella frunció el ceño.

– Si paso otro segundo mirándole la cara, voy a enloquecer – Rodé los ojos.

– Que bueno que no vives en la misma casa que él – Se rio.

– No me recuerdes ese detalle – Murmuré entrando al ascensor.

Cuando las puertas se cerraron, respiré profundamente intentando calmarme, sintiéndome deprimida ¿Por qué tenía que enamorarme de él? ¿No puede volver a ser solo mi jefe al que adoraba provocar?

Me fui directamente a casa, sintiéndome cada vez más dispuesta a ponerme mi pijama y dormir. Luego de enviarle otro mensaje a Lissa, ella decidió encontrarme allí. Llegamos juntas al edificio, echaba de menos a mi amiga.

– ¿Cuál es el problema? – Lissa preguntó en medio de un abrazo.

– Problema, ninguno – Mentí – ¿Subimos?

Me acompañó en silencio hasta el apartamento, observándome durante todo el recorrido.

– Entonces… – Comenzó tan pronto como nos sentamos en el sofá de la terraza – ¿Me contarás qué está pasando o tengo que empezar a adivinar?

– No está pasando nada – Miré el edificio de enfrente.

– Rose, ¿estás mintiéndome a mí o a ti misma?

– ¿Por qué no puedes dejarlo pasar? – Gemí.

– Porque tú obviamente no estás bien… deberías hablar en lugar de cerrarte – Dijo.

– Es solo que… – Pensé por un momento.

Ella tiene razón, voy a terminar enloqueciendo si no converso con nadie, pero entonces tendría que contarle todo… o encontrar un término medio.

– ¿Es solo que…?

– Dimitri y yo…

– ¿Dimitri? – Frunció el ceño – ¿Se pelearon?

– De cierta forma – Respiré profundamente.

– Ya han discutido antes – Me tranquilizó – Estoy segura que hoy mismo se arreglarán…

– Yo no estoy tan segura.

– Porque en lugar de salir conmigo hoy no lo invitaste a cenar – Sugirió.

– Él va a estar ocupado con la perra del parque – Acabé soltándolo sin querer. Y ahí se fue la discreción.

– ¿Perra del parque? Rose, ¿de qué estás hablando? – Ella abrió los ojos.

– No debí haber hablado – Me mordí el labio.

– Rose – Insistió.

– Él conoció a alguien en Central Park – Decidí descubrir el juego.

– ¿Qué? – La rubia gritó – Acaban de casarse.

– Lo sé, es solo que…

– ¿Es en venganza por la historia con Adrian? – Rodó los ojos – ¿Cómo puede hacerlo? ¡Y contártelo!

– Liss, nuestra situación es complicada…

– Tu padre va a matarlo…

– Mi padre no va a enterarse de esto – Exclamé – Liss, no es realmente culpa suya.

– Te está traicionando…

– Dejé que sucediera – Traté de explicarme.

– Rose, ¿cuál es… vas a culparte? – Me miró – El único culpable es él.

– No… yo literalmente dejé que esto sucediera – Gemí ocultando la cara entre mis manos – Dimitri y yo tenemos ese acuerdo.

– ¿De qué estás hablando?

– ¿Recuerdas las cosas que Adrian dijo? – Respiré profundamente – Nosotros dos no estamos realmente involucrados… me casé con él para mantenerlo en los Estados Unidos.

Vi la expresión de choque plasmada en la cara de mi amiga. Pasó unos minutos sin decir nada, solo absorbiendo la información.

– Dime que estás jugando – Balbuceó.

– Todo fue un acuerdo – Continué.

– ¡Rose, eso es un crimen! – Exclamó.

– No podía dejar que lo deportaran – Elevé la voz, recibiendo una mirada sorprendida a cambio.

– Él te gusta – Constató – Fue todo un acuerdo, pero te gusta.

– Yo…

– Admítelo – Lissa rodó los ojos.

– Es difícil escuchar a alguien que te gusta, hablar de otra persona – Suspiré.

Lissa me envolvió en un abrazo, apoyando la cabeza en mi hombro tratando de confortarme.

– ¿Por qué no hablas con él? – Sugirió – Tal vez sienta lo mismo.

– Si lo sintiera no estaría saliendo con otras personas – Negué – ¿Tienes idea de cuán doloroso es declarársele a alguien y no ser correspondido? No voy a hacer eso.

– No estás segura, Rose – Respondió.

– Odio esto – Hipé – No quiero sentirme así, quiero ser feliz…

– Eso vendrá con el tiempo, creo – Se alejó para observarme.

– ¡Pero lo quiero ahora! – Insistí.

– Ok… – Ella se levantó.

– ¿A dónde vas? – Pregunté.

– Solo espérame aquí – Sonrió, desapareciendo dentro del departamento. Estuve a punto de ir detrás de la rubia cuando volvió al balcón luego de unos minutos, cargando la botella de vodka ruso de Dimitri y dos pequeños vasos – Estaba buscando tequila, pero creo que esto servirá – Sonrió poniendo todo sobre la mesita y sentándose en el suelo.

– ¿En serio? – Sonreí.

– Me dijiste que necesitabas beber – Guiñó, sirviendo las primeras dosis. Bebimos algunas dosis en silencio y pude sentir mi sobriedad irse con cada una. Eso era realmente fuerte y probablemente me daría una resaca de los infiernos después, pero no me importó en ese momento – Ok, tengo una pregunta – Exclamó visiblemente alterada – Dices que todo fue una fachada, ¿nunca había sucedido nada entre ustedes?

– Nunca – Confidencié.

– ¿Y cómo fue cuando tuvieron que besarse por primera vez? – Ella se rio animada.

– Extraño – Sonreí al recordar. Hace tanto tiempo que no lo beso.

– Los dos se veían algo extraños ese día en los Hamptons – Provocó luego de otro trago – Estaban bien animados…

– Ahhh, ese día – Me reí. El alcohol claramente ya había afectado mi juicio.

– Ustedes dos nunca… ¿ya sabes? – Inquirió.

– Bueno…

– Lo sabía – Golpeó sus palmas – Tenía la certeza de que no se habían detenido en los besos.

– Es difícil compartir una cama en un lugar hermoso y que no suceda nada – Me ruboricé. La depresión de antes fue sofocada por el alcohol, llevándome a un estado bobo de alegría.

No recuerdo mucho después de eso, Lissa continuó haciendo sus preguntas y yo respondía de la mejor manera que podía.

Sentí una mano en mi hombro, sacudiéndome suavemente. Abrí los ojos tratando de ubicarme, completamente confundida. Aparentemente me había dormido en la mesita. La botella de vodka estaba casi vacía y ya era de noche. Me enderecé sintiendo el mundo girar a mi alrededor.

– Ah, qué mierda – Gemí. Dimitri me observaba con una expresión vacía – ¿Dónde está Liss?

– Christian vino a buscarla – Respondió seriamente.

– ¿Qué hora es? – Murmuré, intentando en vano levantarme.

– Tarde – Respiró hondo – ¿Qué le pasó a tu mano?

Observé la sangre seca alrededor de un corte superficial. Traté de recordar algo sobre eso, fallando miserablemente.

– No sé – Gemí al sentir su brazo envolverme para ponerme de pie – ¿Llegaste ahorita?

– Fui a pasear con Libby; ustedes todavía estaban despiertas cuando llegué – Explicó.

Fue a llevar a Libby a pasear… esa información me alcanzó como un rayo ¿Se vio con ella?

– ¿Llamaste a la chica para salir? – Le pregunté con ironía, recibiendo una mirada dura a cambio.

– Le contaste a Lissa sobre nosotros – Acusó ¿Cómo lo sabe?

– ¿Estuviste escuchando mi conversación? – Me quejé.

– Era un poco difícil no oír a las dos borrachas hablando tan alto – Rodó los ojos.

– No respondiste mi pregunta – Cambié de tema, intentando hacerle olvidar aquello. Ni siquiera sé lo que oyó – ¿La llamaste para salir?

– No voy a hablar de eso contigo – Murmuró, guiándome a mi cuarto.

– ¿No la llamaste? – Solté una risa nerviosa – ¿Vas a salir con ella el fin de semana?

– Ya te dije que no voy a hablar de eso contigo, menos cuando estás borracha – Respiró profundamente.

– No estoy borracha – Me defendí – Creí que me contarías las cosas… ¿no somos amigos?

– Te contaría si no fueras corriendo a decírselo a Lissa – Contestó – ¿En qué estabas pensando?

– Ella es mi amiga – Me solté de él, apoyándome en la pared.

– ¡Sabes lo que puede suceder si le cuenta esto a alguien! – Exclamó.

– Tú puedes ser deportado, lo sé – Rodé los ojos.

– ¡No Rosemarie, tú puedes ser apresada! – Alzó la voz antes de respirar profundo y cerrar los ojos – Realmente puedes ser atrapada, ¿entiendes eso?

– Ella no va a contárselo a nadie – Balbuceé ¿Por qué está tan enojado? No es como si Lissa fuera a contárselo a la gente.

– Ve a tu habitación – Declaró.

– ¿Quién eres? ¿Mi padre? – Protesté enojada.

– Solo toma un baño y duérmete – Ordenó alejándose – Vas a estar pésima mañana.

Mi voluntad era seguirlo solo para contrariarlo, pero no podía ni quedarme de pie sin apoyarme de la pared, así que hice lo que mandó.

Al día siguiente terminé quedándome en casa por la mañana, yendo a trabajar solo por la tarde. Dimitri parecía estar realmente molesto conmigo, pasamos la semana entera distantes el uno del otro. Él conversaba solo lo esencial, saliendo justo después de la cena para pasear a Libby y probablemente para encontrarse con esa mujer…

Hablé con Lissa al día siguiente y me aseguró que no contaría nada a nadie, ella tampoco recordaba muchas cosas. En serio, ¿qué pudo haber escuchado el ruso que lo dejó tan molesto?

Con el paso de los días me sentía cada vez más deprimida, probablemente culpa de mi período y la situación con Dimitri lo empeoraba todo. El viernes me desperté un poco desconcertada, no entendía bien lo que estaba pasando hasta que el dolor me alcanzó. El cólico estaba pésimo, me hizo rodar por la cama hasta caer al suelo. Libby, que había decidido que mi cama también era la de ella, me observó con curiosidad mientras yo gemía de dolor.

– Si no te levantas te retrasarás – Dimitri surgió por la puerta de mi cuarto, frunciendo la cara en seguida – ¿Estás bien?

– Tengo dolor – Solté las lágrimas que se acumularon en mis ojos.

– ¿Qué te duele? – Se apresuró hacia mí – ¿Quieres ir al hospital?

– Quiero mi medicamento para el cólico – Lloré.

– ¿Dónde está? – Preguntó, comprendiendo lo que ocurría – Lo traeré.

– En mi bolsa, en el armario – Le indiqué. Dimitri entró al armario volviendo luego con el remedio en las manos, me lo entregó antes de salir para buscarme un vaso con agua. El ruso no tardó en regresar, ayudándome a sentar para beber el agua con el comprimido – Puedes adelantarte – Sorbí – Iré más tarde…

– No – Negó, acostándome de nuevo – Te haré un té; hoy te quedarás aquí.

– Va a pasar pronto y…

– No voy a cambiar de idea – Me cortó – Solo descansa y a la hora del almuerzo traeré algo para comer.

– Ok – Suspiré encogiéndome en la cama.

Libby corrió detrás de Dimitri cuando salió para hacerme el té. Con todo el cuidado que él estaba teniendo conmigo ni parecía que estuviera tan enojado como en los últimos días.

Podría cuidarme así para siempre, a mí no me importaría.

– Toma – Dimitri volvió luego de unos minutos – ¿Vas a estar bien aquí sola? Si quieres, te llevo a casa de tus padres.

– Me voy a dormir – Le aseguré, sentándome para beber el té, sintiéndome confortada con todo este cuidado.

– Puedes llamarme si necesitas algo – Dijo – Regreso para el almuerzo…

– Gracias – La súbita gentileza del ruso me hizo sonreír.

Él se fue a la oficina y yo volví a dormirme bajo el efecto del remedio. Casi dos horas después Dimitri llegó con el almuerzo; me sentía mejor y conseguí salir de la cama. Almorzamos juntos y parecía que esa complicidad de nuestra primera semana en casa había regresado. Vimos una película por el resto de la tarde y luego tomé un baño. Volveremos a estar bien…

Estaba anocheciendo cuando volví a la sala, Dimitri no estaba ahí, oí el ruido de la ducha que venía de su habitación. Me había puesto un conjunto de chándal y me acomodé en el sofá, tal vez podamos pasar la noche viendo algunas de esas películas antiguas que tanto le gustan, sería genial…

Fui a la cocina tratando de encontrar algo para comer, me encontraba buscando en los armarios cuando escuché los pasos de Dimitri entrar en la cocina.

– ¿Sabes qué es molesto? Tener ganas de comer pastel de chocolate a esta hora – Comencé, girándome hacia él – Crees que… ¿vas a salir?

Estaba completamente arreglado y me observaba un poco desconcertado.

– Tengo un compromiso – Explicó – ¿Pedirás algo para cenar?

– ¿Vas a salir con ella? – Me mordí el labio, sintiendo que mi corazón se estrujaba ¿Lo hará?

– Sí… – Suspiró – Iremos a cenar…

– Ohhh – Fue lo único que conseguí decir.

Eso es… la historia de mi vida, estar enamorada de mi marido y que él no demuestre el más mínimo interés.

– ¿Vas a pedir algo? – Insistió con su pregunta anterior.

– No… – Me obligué a responder. Obviamente no iba a comer nada, no lo conseguiría con el estómago así de revuelto.

– ¿Estarás bien sola? – Él desvió la mirada, visiblemente incómodo.

– Claro – Me obligué a sonreír, a pesar de tener la voluntad de llorar – Veré algunas películas y tomaré una copa de vino o una botella, ya sabes… será un tiempo para mí.

– Estás bien con esto, ¿verdad? – Preguntó preocupado mientras yo caminaba a la sala.

– Nunca estuve mejor – Volví la cara para limpiarme una lágrima, acomodándome en el sillón cerca de la ventana – ¿Volverás hoy?

– Sí… – Se acercó.

– ¿Me avisarás si pasas la noche en algún lugar? – Pedí – No quiero estar preocupada por eso…

– Yo no voy…

– Puedes divertirte – Lo interrumpí deseando quedarme inmediatamente sola. Realmente necesitaba este lugar vacío – Tengo un poco de cólico, creo que voy a irme a dormir.

Dimitri se limitó a quedarse allí parado, mirándome por lo que parecía una eternidad antes de acercarse.

– Volveré pronto – Besó mi cara, girando para salir.

Permanecí en el mismo lugar, mirando por la ventana hasta que oí la puerta delantera cerrándose.

Él realmente se fue.

No pude contenerme más después de eso, las lágrimas rodaron por mi cara mientras un dolor surgía en mi estómago, pareciendo que un agujero había sido abierto ahí.

Voy a tener suerte si vuelve antes del amanecer, seguramente va a pasar la noche con esa chica.

Yo ciertamente perdí esta.


¿Puede ser esto más triste y complicado…? Lo sabremos más adelante.

Gracias por leer, seguir y comentar, sobre todo a las chicas bellas que lo hacen más de una vez. Todos sus comentarios son bien recibidos.

Besos, Isy.