Capítulo 25: Ninjas y samurais

(Opening: Awake and alive - Skillet)

01 de Marzo. Frontera del país Helado y el país del Rayo

Mientras los jóvenes hombres y mujeres, samuráis y ninjas, se relajaban tranquilamente en los baños de sus respectivos géneros, otros miembros de dichos grupos preferían disfrutar de su momento de relajación en el restaurante de la posada.

Es en ese lugar que los jonin de la hoja, Kakashi y Gai, se encontraban comiendo y bebiendo para relajarse. Para el ninja de la máscara resultaba entre aburrido y molesto escuchar una y otra vez los retos y relatos de la bestia azul, todos competentes a sus habilidades físicas.

Para poder comer y beber Kakashi no lleva su máscara, de manera que su rostro está expuesto y poco le importa realmente. Su mirada se despegó de la comida para plantarse en cierta persona que estaba al fondo de la habitación.

En dicha zona estaba el mismo Demonio de Hielo, Gadi Enoshima, otro miembro del equipo samurái. Aunque no se le ve mal acompañado, pues comparte el momento con dos bellas mujeres, ataviadas con kimonos sugerentes. Se sientan a los lados del samurái mientras se ríe y las abraza de forma poco caballerosa.

–Ese idiota no dejaba de retarme, una y otra vez, y otra vez decía lo mismo "Estas loco, es momento que alguien te de tu merecido" –relataba Gadi acerca de una pelea que tuvo ya hace varios años con otro samurái.

–Cielos, ¿y no te asustaste? –cuestionó una de las mujeres de forma coqueta mientras acariciaba el pecho del samurái.

–¿Miedo? Esa palabra no existe en mi vocabulario. Yo jamás escaparé a un reto, sin pensarlo dos veces me lancé sobre ese imbécil. No tuve que hacer uso siquiera de mi espada, era un debilucho –respondió mientras reía y daba un gran trago a su copa–. ¡Maldición, esto sí que está bueno! ¡Oye, amigo, trae otra botella! –llamó al mesero.

–Debes de ser muy fuerte, acabaste con él solo con tus puños –comentó la otra mujer mientras se acercaba a él besando su cuello.

–Preciosa, ustedes no tienen idea de lo que soy capaz –lamió sus labios para luego besarla de forma lasciva–. En verdad, no tienen idea de lo que soy capaz –le susurró al oído haciéndola sonrojarse un poco.

Qué suerte tiene ese sujeto, son un par de chicas muy lindas –pensó Kakashi al verlo, y sobre todo al ver cómo eran ellas las que más deseosas estaban.

–Menudo grosero, ¿no crees? –cuestionó Gai a su compañero. La bestia azul también había sido testigo de los deslices del samurái con ese par de mujeres, y, a diferencia de Kakashi, a él no parecía agradarle tal escena.

–¿De qué hablas, Gai? –cuestionó Kakashi.

–De lo irrespetuoso que está siendo con ellas –explicó él–. No me agrada ver esa clase de escenas en un lugar público –espetó con cierta seriedad.

–Qué más da, amigo. Además, parece que a ellas no les molesta lo que él hace, solo míralas, se ven muy animadas –en el fondo Kakashi quisiera ser ese sujeto en ese momento.

–Sí, lo que digas. Pervertido –no muy conforme, pero tampoco es que pudiera o debiera hacer algo, así que no le dio más importancia y volvió a seguir comiendo.

–¡Oye, maldita sea! ¡¿Dónde está mi botella?! –exclamó Gadi ante la tardanza de la mesera.

Tan rápido como pudo una chica, que era otra mesera, se acercó con la botella que el samurái exigía. Al verla Gadi sonrió de lado, una sonrisa maliciosa.

–Mierda. Por la diosa del sol, ¿que tenemos aquí? –sonrió mirándola de pies a cabeza.

La chica se intimidó ante la perversa mirada del hombre. No era necesario preguntar, a simple vista se notaba que es bastante joven. Viste un lindo kimono blanco con flores rosas, que se ajusta a su delgado cuerpo.

–¿Qué edad tienes, lindura? –preguntó, casi ignorando a las dos mujeres que tenía con él.

–d-diecinueve, señor –respondió titubeando.

–Sabes, eso suena muy bonito –rápidamente se levantó encarándola. Él samurái le sacaba bastante en altura, pues ella era algo baja–. Me gustan las jovencitas, como tú. Qué tal si te quedas conmigo, y me haces compañía también.

–No, no puedo hacer eso –negó asustada.

–Oye, déjala en paz, ella aún es muy joven –alegó una de las mujeres que estaban con él, aunque la verdad es que le daba un poco de celos.

–Sí, ¿Acaso no tienes suficiente con nosotras? –cuestionó la otra de brazos cruzados.

–Créanme, ustedes no son suficiente para mí –las miró de reojo con una enorme sonrisa–. Los hombres como yo, necesitamos muchas mujeres para saciarnos, ¿sabes? –eso se lo dijo a la chica–. Y tú me gustas mucho. No aceptaré un no por respuesta.

–¡Oye, déjala en paz! –exclamó Gai levantándose de su mesa en un instante.

Todos volvieron a verlo, sorprendidos por la repentina interrupción del ninja, que, obviamente desconocen que es un ninja.

–¿Perdón? –preguntó Gadi sorprendido–. ¿Dijiste algo, cabeza de hongo?

–Lo que escuchaste, idiota. Deja a la chica en paz –insistió con una gran seriedad, mirando con fieros ojos al samurái.

–Debo admitir que ya me estaba incomodando la forma en la que tú y el otro sujeto me miraban –respondió riendo mientras se acercaba a Gai–. Llegué a pensar que eran de esos raritos que no les gustan las mujeres. Pero veo que me equivoqué. Dime, ¿Por qué debo dejar de hacerlo?

–Odio a las personas como tú –gruñó Gai acercándose también–. Creen que pueden ir por allí y hacer todo lo que quieran porque son fuertes. Pues no, así no son las cosas. Será mejor que te retires de este lugar o tendremos problemas.

–¿Me estas retando, cabeza hongo? –el samurái, amante sin escrúpulos de la violencia, sonrió enormemente al encarar al ninja, con quien por cierto, solo había un par de centímetros de diferencia en sus estaturas.

–Gai, basta, no es el lugar, ni el momento… –Kakashi se levantó para evitar que su amigo hiciera algo imprudente. Sin embargo, en ese momento notó algo, algo muy particular que Gai parecía ignorar– ¿Qué está pasando?

En el momento en que Gadi se levantó y se acercó a ellos, extrañamente, la temperatura del lugar comenzó a descender, hasta el punto que el frio se hizo notorio.

–Me encanta cuando me retan, por que disfruto ver a un imbécil que creyó ser valiente, morir en el suelo –la sonrisa socarrona de Gadi desapareció, dando paso a una mirada más seria y asesina.

–Pues esta vez será diferente. Esta es la última advertencia, vete ahora, o esto se pondrá muy violento –advirtió Gai apretando los puños.

Gadi no estaba dispuesto a eso, en el fondo, ansiaba poder luchar. Encaro mirando a los ojos al ninja, e igual apretó los puños, y la temperatura descendió aún más, hasta el punto en que podían verse los alientos de los allí presentes.

–¿Qué está pasando? –cuestionó Kakashi mirando en todas direcciones si entenderlo.

–¿A caso la calefacción está fallando? –dijo la mesera temblando un poco.

–¿Es alguna clase de jutsu? ¿En qué momento lo activó? –se preguntaba a sí mismo Kakzshi.

En una sola fracción de segundo, ambos se atacaron con un poderoso puñetazo derecho dirigido al rostro del rival. El impacto resonó en el lugar, sorprendiendo y asustando a los presentes.

–Hijo de puta, sí que eres fuerte. Eso me dolió mucho –dijo Gadi con el puño de Gai en rostro.

–Lo mismo digo, imbécil. No eres débil –respondió Gai con el puño de Gadi en su mejilla, al tiempo que una delgada línea de sangre escapaba de su labio.

–¡Gadi! –se escuchó la voz de una mujer entrando al lugar–. ¿Qué diablos estás haciendo? –era la misma Miri, quien había llegado solo vestida con una bata de baño y el cabello aun humedo.

–Solo me divierto, señorita Shimazu –explicó sonriendo mientras retiraba su puño de la cara del ninja, a lo que Gai hizo lo mismo.

–Pues no es el momento –se notaba que estaba muy enojada, se acercó a él de brazos cruzados–. La señora Ayako te lo advirtió, no queremos problemas. Ahora te ordeno que vengas conmigo y dejes de lado tus tonterías.

Enoshima se sorprendió y la miró ante esa palabra "te ordeno"

–¿Qué me vez? –reprendió molesta–. ¿A caso se te olvida que eres un sirviente de mi padre? ¡Obedece!

–…Claro, señorita, Shimazu –no podía creer la forma en la que le había hablado, pero quisiera o no, ella tenía la razón. Dejó de lado su conflicto mirando de reojo a Gai–. Nos volveremos a ver, cabeza de hongo, lo prometo.

–Te estaré esperando, imbécil –respondió a la amenaza mientras limpiaba la sangre de su labio.

Y tal como apareció el frio, desapareció, volviendo rápidamente a la cálida temperatura normal del lugar. Mientras se retiraba Miri cruzó miradas con Kakashi.

Se miraron a los ojos por un segundo. La chica era hermosa sin duda, su cabello rubio platinado hace un maravillo juego con sus grandes y grises ojos, el ninja no pudo evitar perderse en esos orbes preciosos. De igual manera, la samurái se perdió en los ojos oscuros del apacible ninja de cabello platinado, tenía el rostro más atractivo que había visto, así como esa cicatriz que le da cierta rudeza, terminando ella también por ruborizarse. Poco duró ese duelo de miradas pues ella salió del lugar junto a Gadi.

–Debo admitir que ese sujeto sí que es fuerte –bufó Gai sobando su mejilla–. Estoy seguro que no me golpeo con toda su fuerza, aunque yo tampoco lo hice.

–¿Quiénes son ellos? –fue lo único que musitó Kakashi sin dejar de mirar la puerta por la que salieron.

Por otro lado nos dirigimos a las habitaciones de los jóvenes samurái. Más concretamente en la que se encuentra Hiroshi, Akira debería estar con él, sin embargo había salido a comer algo, de manera que el Fujigawara estaba solo. El chicho vestía únicamente su pantalón, de manera que su torso estaba expuesto. Se hallaba en un balcón solo mirando el inmenso bosque.

En ese momento alguien entró en la habitación. Era Yura, quien pensaba que se encontraría con ambos de sus compañeros.

–Hiroshi, Akira, ¿vamos a comer algo? –preguntó al entrar, para darse cuenta que solo el primero estaba allí.

–Akira se te adelantó, fue con Ayako-sensei a comer hace unos minutos –dijo Hiroshi con una leve sonrisa volteando para verla.

–…Si –dijo ella. Los ojos de Yura se habían perdido, por un instante, en el torso de su amigo. Detallando cada musculo, desde su plano abdomen hasta sus fuertes brazos. No era la primera vez que lo miraba así, y tampoco era la primera vez que se sonrojaba al hacerlo.

–¿Yura? –cuestionó él al no tener respuesta. Por la leve oscuridad no notó el rubor en las mejillas de ella.

–Sí, si ya…pensé que estarían juntos –agitó su cabeza para salir de ese trance–. ¿No vas a cenar hoy?

–No, la verdad no tengo hambre. Pensaba en disfrutar de la vista un rato más y luego dormirme, mañana por la mañana debemos retomar nuestro camino hacia ese lugar llamado "Aldea Oculta de las Nubes" que nombre más raro, ¿no? –tranquilamente volvió su mirada al bosque, recargado en el barandal del balcón.

–Deberías comer algo, aunque sea poco, necesitaras energías para el viaje, Hiroshi –sugirió ella acercándose a su lado.

–Vamos, pareces mi madre, cuando hablas así –rio Hiroshi, ante esa costumbre que tenía ella para con sus amigos.

–Solo me preocupo por ti, tonto. Cuando estemos luchando no quiero que te debilites –bufó cruzándose de brazos algo ofendida.

–Solo bromeo –dijo él acercándose para abrazarla de forma afectuosa–. Tú eres la que cuida de Akira y de mí siempre, eres como nuestra hermana mayor. Y no lo digo solo por la edad –rio.

–Sí, su, su hermana mayor –sonrió ella, con un enorme sonrojo, ante esos fuertes y cariñosos brazos. Le miró de reojo, y solo pudo suspirar al ver su bello rostro–. Hiroshi, has cambiado mucho desde que éramos niñosmusitó mientras sonreía.

–¿Tú crees? –sonrió él–. ¿Crees que me he vuelto más apuesto?

–Sí, claro –rio ante la pregunta a manera de broma, pero era para disimular que tenía la razón.

–Qué mala eres. Nos es fácil mantenerse en forma, ¿sabes? Todos los días debo trabajar bien estos músculos para que se mantengan firmes y en su lugar –la abrazó solo un poco más fuerte y de forma juguetona.

–Sí, pero hay un musculo que no sueles ejercitar mucho, ¿verdad? –se sonrojó mas pero supo disimularlo.

–¿Cuál? –cuestionó extrañado.

–Pues el cerebro, tonto. Deja de pensar tanto en músculos, un samurái no solo es fuerza. Necesitas astucia, inteligencia y estrategia, eso es incluso más importante.

–Hablas como Akira –rio él–. Pero les doy la razón.

Akira, Hiroshi y Yura se conocen desde que eran solo unos niños, los tres quedaron bajo la tutela de Ayako durante la terrible guerra Sengoku, fue su sensei quien siempre buscó que esos tres huérfanos se volvieran tan unidos como si fueran hermanos, y lo logró. Ahora esa tercia de samuráis tiene una relación muy cercana entre ellos. Y Yura, quien es mayor que ellos por dos años, puede decirse que es quien está a la mando y los dirige. A su vez ellos siempre la han visto como su hermana mayor, pues les dice que hacer y se preocupa por ellos.

Mientras ese par seguían abrazados, la sensei pasó por allí, se asomó por curiosidad a la habitación, donde pensó que solo estaría Hiroshi. Para verlos abrazados a los dos, y reír por las tonterías que él decía.

–Yura…ahora entiendo el motivo de tus preguntas cuando estábamos en el baño –se dijo así misma Ayako, sonriendo enternecida. Luego miró a Hiroshi detalladamente, no pudo evitar sonrojarse también, aunque no es que viera de esa forma a su apreciado alumno, más bien era que le traía recuerdos–. Hiroshi, eres el vivo retrato de tu padre, si tuvieras el cabello corto diría que eres él –suspiró con una orgullosa sonrisa–. Hideki, Nana, su hijo ha crecido mucho, ya es un todo un samurái –eso fue todo lo último que dijo, cerró la puerta con delicadeza y se retiró.

Al mismo tiempo algo similar ocurría en una habitación no muy distante. En ella estaban Sakura y Naruto, recostados en diferentes futones. Ambos tenían intensiones de descansar, pero no lo lograban, sus mentes estaban ocupadas en otras cosas.

–Naruto –llamó ella con una suave voz.

–¿Si?, Sakura –respondió él mirándola de reojo, por un momento una fantasía pensó se haría real.

–¿De qué crees que se trate esta misión? Es decir ¿Quién es esa mujer y por qué debemos protegerla? –preguntó ella.

–…N-no lo sé –respondió con cierta decepción–. Kakashi dijo que tenía información que los akatsukis desean, no me imagino que será, pero no será para algo bueno.

–Sí, es verdad. Si nos topamos con ellos tendremos que enfrentarlos, ¿estaremos a su nivel? –cuestionó dudosa la pelirosa–. Cuatro de ellos acabaron con la aldea de la arena, deben ser muy fuertes.

–Quizás, no lo dudo, por algo son tan peligrosos y nadie podido capturar a uno de ellos. Sin embargo, recuerdo que uno de ellos fue vencido por ese samurái que capturamos y luego escapó.

–Entonces la cuestión es, o ese akatsuki era débil o ese samurái era muy fuerte –alegó–. De cualquier forma, a hora que lo mencionas, los samurái también son un problema al que no nos hemos enfrentado de verdad.

–Por suerte, no nos han atacado. Me intriga saber ¿cómo son? ¿Cómo es una pelea contra ellos? Y lo más importante ¿De dónde y por qué vinieron? –respondió el rubio con la mirada fija en el techo.

–Cuando luchamos contra ese sujeto en la aldea de la arena, pude notar que no estaba luchando con toda su fuerza, quizás estaba cansado o realmente no quería hacerlo, no lo sé, pero, si hubiera deseado matarnos, tal vez, lo habría logrado.

–¿Tenias miedo? –preguntó Naruto mirándola.

–No, claro que no. Solo que, me hizo pensar. ¿Todos los samurái son así de fuertes? Porque si es así, entonces eso si me asustaría un poco –confesó con un poco de vergüenza.

–No tienes de que preocuparte, Sakura. Si debes enfrentarte a ellos no lo harás sola, yo estaré contigo ayudándote y protegiéndote –aseguró con una sonrisa mientras la miraba.

–No digas eso, ya no soy una niña, Naruto, puedo protegerme yo sola –rio ella ante las palabras de su compañero, que la hicieron ruborizarse, más que nada por la forma en la que lo dijo.

–Aun así, Sakura. Yo te protegeré y no dejaré que nadie te lastime, nunca –insistió, aunque eso lo dijo un poco más bajo para que no lo oyera–. Por cierto, no te lo había dicho, pero te vez muy linda hoy.

–Gracias, Naruto –sonrió y lo miró–. Te has vuelto más amable y lindo, eres un gran compañero y amigo. Yo también cuidaré de ti cuando estemos en combate –le dedicó una sonrisa, pero era una sonrisa de amigos, no lo que el rubio deseaba–. Mañana saldremos temprano por la mañana, ya es hora de descansar. Hasta mañana, Naruto.

Dio la espalda a Naruto y se dispuso a dormir. Sin más que hacer, él tuvo que hacer lo mismo.

–Hasta mañana, Sakura –suspiró él.

La noche fue fría, aun dentro de la posada. Al día siguiente, por suerte, no hubo más roces entre ambos grupos, los ninjas salieron más temprano que los samuráis, de forma que no se toparon. Sin embargo, sus caminos se cruzaran tarde o temprano, después de todo, ambos grupos buscan a la misma persona, que a su vez, también es buscada por un par de akatsukis sanguinarios.

02 de Marzo. Konoha.

A primera hora de la mañana un mensaje urgente llegó a la oficina de la hokage, apenas lo leyó mandó a hablar a dos equipos de jóvenes ninjas. Una vez allí les informó de la situación.

–Me llegó un reporte. Diez ANBU que exploraban la frontera norte, desaparecieron la mañana de ayer. No tenemos certeza de que fue lo que ocurrió, por eso necesito que ustedes se encarguen de investigar y saber qué fue lo que ocurrió –informó la hokage a los líderes de los equipos con los que hablaba.

–¿Dónde fue que desaparecieron para ser más preciosos? –preguntó el apacible, y algo vago, Shikamaru Nara mientras veía un mapa. Detrás de él sus fieles compañero, Choji e Ino, el primero comiendo una papas como es normal.

–Justo en la frontera entre El país del fuego y el País de los campos de arroz –respondió con seriedad Tsunade.

–¿El país de los campos de arroz? –Cuestionó Shikamaru–. ¿No es allí donde están los samurái?

–Así es, de manera que son los primeros sospechosos de dichas desapariciones –advirtió ella.

–No se preocupe, Hokage, nosotros nos encargaremos de eso, y encontraremos a los desaparecidos. No hay nada que Akamaru y yo no podamos encontrar –aseguro con una confiada sonrisa Kiba Inuzuka, secundado por Shino y Hinata.

–Me alegra oír eso, muchachos. Por cierto, sé que esta es su primera misión sin sus maestros, sin embargo, me temo que, por el riesgo que esto supone, he asignado a Azuma y a Kurenai para que los asistan, pero, en calidad de auxiliares. Quiero me demuestren que son dignos de portar la banda ninja de la hoja, ¿entendido? –dijo con firmeza.

–¡Entendido, Hokage, no la decepcionaremos! –dijeron los seis al instante, mientras hacían una reverencia y se retiraban del lugar.

Viajamos rápidamente a la zona en la que los ANBU desaparecieron. ¿Quién o quienes podían ser los causantes de dichas desapariciones?. En una torre de vigilancia, la cual debía ser custodiada por los ANBU desaparecidos, vemos lo que ocurrió.

Los alrededores de la torre estaban cubiertos por los cuerpos de los ANBU y otros ninjas. Todos muertos, atravesados, decapitados, empalados o con golpes muy severos. Dentro, de la torre cuatro figuras desayunaban tranquilamente.

–Estos ninjas son inútiles, pero comen muy bien. ¿Miren esto? Es salmón, salmón enlatado, parece que para ellos es una comida cualquiera –decía Akame Mori, heredera del clan Mori e hija de Yuu. Mientras comía varias latas de ese salmón.

–Sí, vaya que son débiles. Solo mírenlos en el suelo, con su sangre regando las hermosas plantas y el verde césped. Una guerra contra ellos no será un reto para la Gran Alianza. Solo espero que haya ninjas que sean capaces de ofrecerme una gran batalla que valga la pena –dijo con una gran frialdad Nogunada Oda, el joven daimyo de su clan. Mientras desde la ventana miraba los cadáveres y le daba una pasividad aterradora.

–Si existe ninjas fuertes, lucharan conmigo. Yo me propuse ejecutar a los líderes de las naciones, es mi deber como hijo del Shogun, mi nombre debe quedar en la historia como un samurái legendario –dijo Kenta Ashikaga, hijo del mismísimo shogun Ashikaga.

–Será muy divertido verte luchar con ellos. Solo llevamos una semana en este lugar y miren a cuantos tontos ninjas hemos e eliminado, espero que lleguen más –sonrió Hikari Takeda, hija de Kamagure Takeda. Ella estaba tranquilamente sentada en las piernas de Kenta mientras este la abrazaba y acariciaba su cabello.

–Espero que vengan pronto, y entre más sean mejor. Regar su sangre sobre la tierra comienza a gustarme –sonrió Nobunaga.

Continuara…

(Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)