Enredado en las palabras


Yoisho: una palabra sin significado, se usa cuando te tiras en una silla luego de un largo día laboral. Propuesta por SkuAg


25.

Gabumon levantó la cabeza. El departamento había estado tanto tiempo en silencio que el chillido de la silla caló hasta lo más hondo de su mente y se quedó allí hasta que amaneció el reconocimiento. Se asomó a la sala principal, sólo para asegurarse que el padre de Yamato estuviese bien y no se sorprendió cuando lo vio frotándose los ojos. Solía llegar cansado en los últimos días del verano, quizá más que en otras épocas del año, y al verlo sentado solo en su sala, Gabumon sintió una punzada de tristeza. Se preguntó qué sentía Yamato al ver a su padre así, hundido bajo el peso de un mundo del que no formaba parte. Se preguntó si había alguna razón particular para trabajar hasta el cansancio y si tan solo era algo que los digimons no comprenderían.

—¿Se encuentra bien? —preguntó. No estaba realmente seguro sobre cómo dirigirse al padre de Yamato.

Hiroaki Ishida tenía el ceño tatuado en su cara pero sus ojos eran amables.

—No sabía que estabas aquí, Garumon.

El digimon soltó un bufido para esconder su risa.

Hiroaki torció la esquina de la boca en un gesto que había visto reflejado en Yamato. Era un pequeño toque de diversión y un poco más que una pizca de frustración.

—¿No es así?

Gabumon sacudió la cabeza.

—Está cerca —lo consoló.

Hiroaki se quedó en silencio un minuto, simplemente mirándolo. Estudiándolo. Era algo que Gabumon reconocía en su compañero también, esa necesidad de ver más allá de lo que roza la superficie. Y en Takeru también lo había visto.

—Inspiraste el nombre de la banda de Yamato, ¿sabes?

Gabumon movió la cabeza, un poco confundido. ¿Sabría el nombre de la banda realmente?

TeenAge Wolves —dijo Hiroaki, como si le hubiese adivinado el pensamiento, pero la sonrisa se le desvaneció rápidamente—. Lobos adolescentes, mejor dicho. Aunque Yamato era un pre-adolescente cuando inició… Supongo que es apropiado. Creció muy rápido. Natsuko y yo… Nosotros...

Dejó escapar un suspiro y se pasó una mano por la cara.

El padre de Yamato no solía actuar así y él no tenía idea qué decirle. Este era un tema muy privado, muy delicado, para todos los involucrados. Yamato, su padre… Incluso Takeru y su madre, la madre de ambos. A Gabumon le resultaba extraño lo fácil que era separarlos en esas opciones. El padre de Yamato. La madre de Takeru. ¿Era tal vez por los apellidos? Quisiera poder imaginarlos como una imagen unificada pero él encontró las dos mitades de la foto cuando ya estaba rota y los bordes no encajaban con facilidad. Era un tema inaccesible en el mejor de los casos, la punta del iceberg y Gabumon respetaba los límites. Los de Yamato, por supuesto. Los de su familia.

Pero, ¿y si era lo que el padre de Yamato necesitaba? Un oído que no sea su hijo mayor, alguien que supiera pero que no hubiese sido parte de ese pasado que arrastraba. Gabumon era, para todo ello, una buena y accesible opción. Eligió la silla que estaba delante de Hiroaki, la distancia de la mesa entre los dos, y se sentó. Si su acompañante estaba sorprendido por el gesto y la familiaridad, no lo demostró. Pero Gabumon no tenía tan buena lectura de ese hombre como tenía de Yamato. Lo que era comprensible, porque él había pasado mucho tiempo mirando a Yamato, tratando de entender

Esta sería una conversación que el señor Ishida podría tener con su digimon, se encontró pensando. Quizá. Tal vez algún día.

—Hoy sería nuestro aniversario —murmuró.

Gabumon ladeó la cabeza.

—De nuestra boda —clarificó, torpemente y era como si una represa se hubiese roto de repente. Con una mano frotándose el cuello, las palabras se enredaron unas con otras—. Nos casamos jóvenes. No recordaba el día, nunca lo recordé, hasta… fue durante el verano, y eso sí lo recordaba. A Natsuko le gustaba el verano, siempre le gustó. —Sonrió—. Solía decirle que era por su nombre.

—¿Por su nombre?

—Natsuko significa niña del verano —le explicó, tranquilamente. Se movió para buscar algo entre sus bolsillos y Gabumon notó que sus movimientos eran más torpes, desarticulados. El cigarrillo permaneció apagado—. Supongo que por eso jamás duraríamos. No podría seguir casada con alguien del otoño más que unos años.

Su voz cambió en la última parte y Gabumon no se sentía verdaderamente equipado para esa conversación. Tal vez nunca lo estaría. Pero, por alguna razón, se alegraba que Yamato no estuviese presente.

—¿Hiroaki es otoño? —preguntó, aferrándose a un puerto seguro.

Otoño extendido —dijo, simplemente. Y luego calló por mucho tiempo.

Gabumon no se movió.