He aquí otro cap. al final algunos comentarios importantes.

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"Niños, la ficción es la verdad que se encuentra dentro de la mentira

y la verdad de esta ficción es muy sencilla: la magia existe."

Eso, Stephen King

XXIV

La triada de las grandes bestias

- ¡Draco! – Llamó. Sus manos temblaban tanto que no podía ni moverlo. - ¡Draco! – Mojó su rostro. - ¡Draco! – No podía ser, no podría imaginarlo. ¡Era su culpa! ¡Había sucumbido por su culpa! - ¡Draco! – Y nadie hizo nada para despegarla de su aferramiento. Gritó, lo llamó muchas veces, pero su cuerpo seguía inerte, rígido sobre el negro piso del museo.

Harry pateó la escultura más cercana, apretando los dientes y reteniendo las lágrimas. Con la cabeza dándole vueltas, con el coraje y la impotencia y todo sobrepasado por la culpa. No podía ver a Hermione llorar e hipar sobre el cuerpo de Draco. Desgarrándose Millei cayó de rodillas y se cubrió el rostro con las manos, negando. Ron se hincó al lado de Hermione, lívido, casi en shock, diciendo no, no, no una y otra vez. Era su culpa, culpa de ellos.

- Lamento haberte odiado tanto. –Dijo en un susurro, arrepentido, mirando el apacible rostro de Draco. Se emitió un gruñido de algún lugar. Harry se giró y abrió mucho los ojos.

- Yo también Weasley. – Dijo con voz pastosa Draco. Hermione se tragó el llanto y levantó la húmeda mirada hacía él. Draco abrió los ojos con la pesadez de un gran sueño. Millei dejó caer más lágrimas y casi gritó de alegría. Harry sí lo hizo y Ron comenzó a reír estúpidamente. Hermione se lanzó a abrazarlo con más ímpetu y lloró más fuerte. Draco la abrazó y la beso hasta que se tranquilizó. – Calma aún no me muero – Dijo e intentó incorporarse. –, pero esa cosa me dejó muy confundido. - Harry y Ron lo soltaron cuando pudo sostenerse en pie. Entonces Draco se quedó serio y los miró extraños. Algo no cuadraba ahí. Luego se miró así mismo. Se tocó el rostro, observó sus manos y le echó una mirada al resto del cuerpo. No podía creer que siguiera vivo, sin quemadura alguna. - ¿Y el fuego? – Preguntó de pronto. Los demás lo miraron intrigado. Nadie se veía achicharrado.

- ¿Qué fuego? – Preguntó Harry.

- El fuego que… Cuando destapé la urna… - Todos guardaron silencio, asombrados. La urna estaba abierta y de su interior emanaba una radiante luz. Ninguno se había dado cuenta por que creía a Draco muerto.

- Lo hemos logrado. – Dijo Ron. – Está abierta. Teníamos razón, Draco es el tercero. – Dijo más aliviado. – Creo que eso se ha ido de mí.

- Aún no Weasley. – Dijo Millei.

- ¿Hu?

- Creo que deberían, los tres, tomar la luz. – Dijo Millei.

Los tres se miraron. Harry asintió. Cortaron la distancia y sin decir nada extendieron las manos para intentar "tocar" la luz. No tenían un segundo así cuando tres ases de luces salieron de su interior. Blanco, plata y oro subieron y desaparecieron antes de golpear el techo. Un crujido como de madera se escuchó, y tembló un poco bajo sus pies. Mientras sostenían la mirada arriba, empujados por una entidad invisible, Draco, Harry y Ron, salieron volando hacía atrás. Draco se levantó, por segunda vez del suelo, menos aturdido que la ultima vez. ¿Qué rayos había sido eso?

- ¿Están bien? – Preguntó Millei.

- ¡Draco! – Gritó Hermione y señaló sus manos.

Draco tenía grabado en las muñecas, sobre las venas, una fina línea que espiralmente formaba un triangulo y que terminaba en la punta. Harry y Ron miraban asombrados los suyos. Ron tenía una especie de rombo dividido por una línea horizontal y dos vértices en ella con dirección a la izquierda. Y Harry tenía una alargada pluma de cabeza. No pudiendo mirar más los estremeció un golpe y una explosión que derrumbó las gruesas puertas de madera que los encerraban. Las puertas azotaron, y mucho escombro y polvo tuvo que esparcirse antes de que pudieran ver a Voldemort desfilar con un grupo de Mortífagos hacía ellos.

Todos empuñaron sus varitas, pero Draco vio con horror como su varita desaparecía, como si se fundiera en su mano y el símbolo brilló con luz propia, luego se dio cuenta de que a Harry y Ron les había pasada lo mismo. Voldemort reflejaba una expresión peculiar, miraba a su alrededor y aspiraba como una serpiente a su presa. Draco pudo ver a su derecha la mascara que cubría el rostro de su padre, su platinado cabello se desparramaba fuera lde a capucha negra.

- Mal, mal, muy mal… - Dijo Voldemort chistando la lengua. – Veo con terrible decepción… - Sus ojos llamearon un rojo más intenso que el normal. – que mis planes han sido arruinados por un grupo de mocosos. – Los mortífagos los rodearon, sólo eran unos cuantos, pero Draco sintió una gran desesperación al no tener varita, estuvo a punto de pedirle a Hermione la suya, pero eso no serviría de nada.

- Demasiado tarde Voldemort – Dijo Harry de pronto.

- Harry Potter… insulso, ¡Todos ustedes! – Y de un movimiento de varita una ráfaga los hizo caer al suelo. Voldemort caminó a sacadas hasta la urna, brincándolos en el camino y pateando a Ron.

- ¡Ha! – Gritó el pelirrojo.

Pero cuando Voldmeort miró la urna, ésta estaba abierta, vacía y sin luz. La rabia lo inundó tremendamente y Harry lo supo, puesto que algo en él lo sintió, sólo que esta vez la extraña cicatriz no le ardió.

- ¡Pagaran muy caro! ¡El viejo Dumbledore se arrepentirá el resto de su vida! – Y levantando la varita apuntó a Hermione. No hubo tiempo para nada, salvo para adivinar lo que sucedería. - ¡Crucio! – Dijo Voldemort con placer y Hermione comenzó a retorcerse en el suelo dando fuertes alaridos de dolor.

- ¡No! – Gritó Draco. Voldemort le cerró el paso antes de ponerse de pie. Lo miró fijamente y Draco supo que nunca en su vida vería algo igual al rostro de Tom Riddle.

- Lucius, me pregunto si aún podéis reconocer a tu hijo. – Nada más que los gritos de Hermione se escucharon, su padre no respondió. Draco estaba llenó de impotencia, lo estrangularía con sus manos si pudiera. ¡Qué le torturara a él y no a ella! – Yo no… – Rió. – Draco, Draco… habrías sido de los mejores… si tan sólo te hubieras decidido… por el lado correcto.

- Estoy donde debería de estar. – Contestó iracundo. Voldemort terminó de torturar a Hermione. Cayó inconsciente.

– Veo que el joven Potter te ha convencido. – Voldemort clavó la varita en una de sus mejillas, muy entretenido. – Mala elección, ¡Y peor involucrarte con una sangre sucia! – Levantó la varita, listo para darle lo que se merecía, pero Draco alzó el brazo en un alto y la varita de Voldemort salió desprendida de su mano, rozó el aire como por el resultado de un expelliarmus. Giró en el aire, sobre la cabeza de Voldemort y, a escasos palmos de él, se desintegró. Voldemort rugió, sin embargo la cicatriz de Harry no ardía. Y todo sucedió muy rápido. – ¡Atacaos! - Ordenó Voldemort

- ¿Cómo lo hiciste? - Preguntó Harry a Draco.

- ¡No lo sé! – Alcanzaron a decir antes de que las maldiciones se lanzaran sobre ellos. Draco levantó la mano, casi imaginando que tenía la varita entre los dedos.

- ¡Expelliarmus! – Gritó y la varita de Avery salió fuera de su mano.

- ¡Desmaius! – Rugió Harry, imitándolo y un pesado hombre azotó en el negro suelo. - ¡Son las marcas! – Gritó Harry dándose cuenta de lo que podían hacer sin varita. Harry miró a Voldemort, rezagado con el padre de Draco, al que quitó la varita. Él y Draco vieron su oportunidad, o eso creyó Draco, por que en ese momento el padre de Goyle le cerró el camino.

- ¡Petrificus totalus! – Había magia saliendo directo de sus manos.

- ¡Harry Potter! – Rugió Voldemort. Se harían frente. Harry sin necesidad de varita y Voldemort con la de su más leal vasallo.

Ron se encontraba en un gran aprieto, dos mortifagos estaban contra él. Lanzando maleficios que en su vida conocería e intentando darle a alguno de ellos. Cuando se vio acorralado en un extremo de la sala y vio venir la intensa luz verde hacia él. Echó a correr y cuando se dio cuenta estaba en el otro extremo de la sala, sin saber cómo había llegado tan rápido usando sus propias piernas. Luces saltaban por doquier, Draco intentaba burlar a Goyle para llegar al lugar dónde su padre estaba de pie, sin siquiera moverse. Millei se había levantado y estaba haciendo levitar el cuerpo desfallecido de Hermione hacía la salida, sin ser advertida. Entonces su mirada se fijó en la pelea de Harry, estaba a punto de ser envuelto en las olas flotantes que Voldemort había creado en el aire, pero apenas hubo Harry desaparecido en ellas, cuando retrocedieron empujadas por algo más fuerte y desaparecieron. Un violento viento sopló, y todos se detuvieron en la pelea. Las ráfagas que Harry estaba creando lanzaron a Voldemort por el aire. Algo inexplicable le estaba ayudando.

- ¡LA CHICA! – Se alzó la potente voz de Voldemort.

Ron miró a los dos mortifagos que se acercaban a Hermione y Millei. Ron echó a correr de nuevo, hubo tomado a una cuando una gran explosión barrió polvo. Se encaramó sobre el frágil cuerpo, para protegerlo. Había demasiado polvo en el aire, provocándoles una tos seca y desesperante.

Harry hiso uso una vez más de sus ráfagas, el polvo se esparció lejos y la habitación se aclaró. Descubrió a Draco a menos de un metro de él, tosiendo con fuerza, Ron estaba lejos, tirado en el suelo y alguien estaba de bajo de él. Entonces Voldemort habló.

- ¡Tengo a la chica! ¡La ultima heredera! – Ron se puso de pie y vio a Hermione, aun desmayada y sangrante bajo él. ¡Millei no estaba en ningún lugar! ¡Los mortifagos habían desaparecido junto con ella! – Tendrán que renunciar al poder y entregarme el libro si queréis verla viva. – Harry esperó a que dijera algo más, pero la voz había desaparecido, junto con Millei.

- ¡Padre! – Gritó Draco, corriendo tras él. Lucius Malfoy era el único que quedaba, caminaba hacia la salida, con aire taciturno, perdido. - ¡Detente!

- Te odio. – Alcanzó a leer en sus labios Draco y un anillo de fuego se prendió a su alrededor, sin siquiera pensarlo. Draco le cerró el paso, pero cuando llegó al lugar y el fuego se esfumó, ya no estaba él, sólo su mascara. Draco la levantó. Se reunieron con Hermione y Ron.

- Hermione. – Llamó Draco. Entre todo, Millei y ella eran las más afectadas. – Tenemos que llevarla de regreso al castillo o a San Mungo. – Harry asintió. Tomó la mano de su amiga, mientras Draco intentaba cargarla.

Algo extraño sucedió. Harry irradió una luz dorada, las heridas de Hermione dejaron de sangrar y recobró el color. Los tres guardaron silencio y un momento después Hermione abrió los ojos. No quedaba ni el mínimo rasguño de la tortura de Voldemort. Draco hundió la cabeza en su hombro y respiró aliviado mientras la sostenía en brazos.

- Disculpen – Interrumpió Ron. –, pero aquí sucede algo muy raro. No sé si me he vuelto loco o es que en verdad soy más rápido que un trueno.

- No eres el único. – Contestó Harry.

- ¿Qué sucedió? – Preguntó Hermione. Los tres se encogieron de hombros.

¡Crush! ¿Qué sucedía ahora? El edificio comenzó a templar. ¡Estaba por derrumbarse!

- ¡Corran! – Gritó Ron, cogió la urna y un momento después había desaparecido.

Los demás entraron en pánico, yendo tras él. Vieron como el techo se venía abajo, era ilógico que un edificio muggle resistiera la fuerza de tanta magia. Draco pensó que no encontrarían el camino. Brincaron las voluminosas esculturas, y evitaron los cuadros que se les venían en cima desde las paredes. Bajaron precipitadamente la quebradiza escalera y vieron el ventanal destrozado al frente. Draco y Harry se vieron por una fracción de segundo. Draco tomó a Hermione de la cintura y se lanzó por el ventanal en picada. Harry lo siguió, justo cuando Ron llegaba como un flash rojo a su lado. Si no morían aplastados por el museo, seguramente morirían por la caída. Draco vio pasar una luz dorada a su lado, antes de que Hermione se soltara de su amarre. Moriría si no hacia algo, la calle se acercaba cada vez más. De nuevo el crepitante fuego lo invadió y un milisegundo después, planeaba bajo ella. Hermone emitió el peor grito de su vida y calló sobre el lomo de un gran dragón plata. El dragón se movió hacia arriba y Ron calló casi en cima de ella. Ambos se aferraron a él. El dragón levantó el vuelo y vieron que un fénix volaba a un costado de ellos.

- ¡Draco! - Gritó desesperada Hermione y antes de que intentara soltarse del dragón le respondió.

- Aquí estoy. – No era su vos normal, era como si algo la hubiera embotellado, ¡Embotellado dentro del Dragón!

- ¡Madre Santa! – Dijo Ron.

- Dra-Draco…

- Soy yo – se volvió a escuchar -, y el del lado, creo que es Harry. – Dijo casi en risa.

- Mírate grandulón. – Se escuchó la voz de Harry embotellada en el fénix, como si fuera una conciencia. – De la que nos salvamos.

- ¿Cómo es que han terminado así? – Dijo horrorizado Ron. La ciudad se alejaba bajo ellos, como diminutas luces.

- Deberíamos bajar. – Dijo Harry.

- Allá abajo. – Dijo Draco. – Veo una cueva. – Ron y Hermione miraron hacia abajo, pero en la espesura de la noche y las nubes negras no podían ni ver sus pies colgando del lomo de ¿Draco?

- Sí… - Contestó Harry y planeó más fuerte.

- ¡No! – Ordenó Hermione, que odiaba volar.

- No pensaba hacerlo – Contestó Draco. No tardaron en llegar a la cueva mencionada. Harry estaba sobre la rama de un gran árbol. Draco aterrizó un poco brusco, Ron calló sin remedio al suelo y Hermione se deslizó por una de sus alas. - ¡Mirarme! ¡Soy un monstro! – Dijo alarmado. Mirando sus garras y agitando sin consideración las alas.

- Ja… - Dijo Harry desde el árbol. – Al menos tú no encogiste. – Todo tenía que ser una pesadilla, tal vez Voldemort los había matado, por que eso era totalmente irreal. - Me pregunto si podremos volver a la normalidad. – Dijo Harry, deseando fervorosamente volver a ver su rostro frente a un espejo, y no una bola de plumas y pico. Hermione y Ron lo vieron cubrirse de una luz dorada y luego el Harry normal calló dolorosamente del árbol.

- Eso parece… - Dijo Draco, realmente aliviado y un segundo después, tras una intensa luz plateada, estuvo de pie con sus ropas rasgadas por la batalla. Ron terminó de desplomarse en el suelo. Cansados, mallugados y confundidos bajo un negro cielo tupido de grandes brillantes. Intentando entender lo que en pocos minutos había sucedido estuvieron en silencio.

- Les fue transferida la magia de la urna. – Dijo Hermione, después de pensar un poco. Draco elevó una ceja a su lado. – ¿Recuerdan lo que decía el libro?

- ¿Aquello de los animales? – Preguntó Ron. Hermione asintió. - ¿Y qué se supone? ¿Qué ahora seremos como bestias?... – Dijo algo disgustado. – Bien, si Harry es el fénix y Draco el dragón… eso nos deja…

- Al unicornio. – Dijo Hermione mirándolo. Harry y Draco soltaron una risotada.

- Seguramente te veras muy mono. – Dijo Harry.

- No creo que el dorado te siente bien. Un bebe. – Dijo Draco.

- Al menos no tengo picos en la cabeza. – Bufó Ron.

- Aún…

- ¡Este no es momento! – Dijo, crispada, Hermione. – Debemos regresar al colegio y contarle a Dumbledore lo que sucedió, tenemos que rescatar a Millei. – Todos miraron al suelo. La momentánea alegría se esfumó dejando sólo realidad.

- Tenemos que aparecernos en Hogsmeade y de ahí caminaremos hasta el castillo. – Dijo Harry. Y antes de que terminaran de tomarse de la mano, en un ¡Ploff!, Albus Dumbledore apareció.

- ¡Profesor Dumbledore!

- ¡Voldemort!

- ¡Se llevó a Millei! – Su presencia provocó un escándalo incomprensible.

- Calma, calma, tranquilos. – Pidió.

- Profesor, Voldemort se llevó a Millei. – Dijo Harry y la mirada de Dumbledore se ensombreció tras sus gafas.

- De acuerdo, regresaran al colegio. Quiero que Madam Pomfrey les de una mirada antes de que podamos continuar.

- ¡Pero estamos perfectamente! – Rezongó Draco.

Sin contar a Hermione los otros tres estaban lejos de verse bien. Tenían rasguños sangrantes, el pelo despeinado y la ropa convertida en harapos. Hasta Draco tenía un aspecto fatal, los mechones de cabello le colgaban por los lados enredados. Sucio y despeinado, nada Malfoy.

- Señor Malfoy, creo que su novia y yo discrepamos de su idea. – Era evidente que Hermione estaba de parte de Dumbledore.

Desaparecieron y aparecieron en medio del silencio del pueblo que dormía a esa hora. Subieron hasta la alta reja, mientras se turnaban para explicar a Dumbledore lo sucedido. Cuando llegaron Hagrid les abrió, Fang se lanzó sobre Ron y lo llenó, a él y a Harry, de baba. Lo mismo intentó con Hermione y Draco, pero Hagrid pudo quitarlo a tiempo.

- Válgame Harry, parece que se les cayó encima el mundo. – Dijo Hagrid, observando el lamentable aspecto de los tres chicos.

- De hecho. – Musitó Harry.

Pasaron a la enfermería y Madam Ponfrey los atendió, primero a Ron. Harry tocó sus heridas disimuladamente y éstas se cerraron inmediatamente, se sintió como nuevo. Draco le lanzó una mirada de auxilio. Lo jaló de un codo que tenía a la intemperie y sus heridas también se cerraron. Sin embargo, para su mala suerte, después tuvieron que luchar contra Madam Pomfrey ante la declaración de revisión profunda, para encontrar posibles heridas ocultas.

- Querida Poppy. – Interrumpió el escándalo, el profesor Dumbledore a su regreso, que había montado Draco al verse acosado por la terca enfermera y rojo por la pena ante la presencia de su novia. – Creo que los chicos ya están bien, necesito llevarlos arriba, tenemos asuntos que arreglar. – Y dicho esto los cuatro salieron corriendo tras el director.

- ¿A dónde vamos profesor? – Preguntó Harry.

- A la torre de astronomía. Lo siento pero tendrán que narrar lo que sucedió hoy a alguien más. – Harry estaba a punto de preguntar a quién, cuando vio aparecer por un pasillo a Snape con Goyle. Draco se sintió una escoria, el peor amigo de todos cuando su mirada se topó con la de Greg, así que mejor la bajó.

Te odio. Recordó a su padre.

- Remus viene en camino con él, no sé lo ha dicho, pero no dudaría que lo descubriera en el trayecto aquí. – Dijo Snape uniéndose a ellos.

- ¿Hablan del señor Crow? – Preguntó Draco. Dumbledore lo miró severo por encima de las medias lunas y luego asintió.

Te odio

Has caído muy bajo Draco.

Los cuatro se miraron afligidos. Goyle lo codeó. Le estaba exigiendo una respuesta con la mirada. Draco no pudo más que negar con la cabeza, ya bastante sufrirían al contárselo a su padre, Greg no necesitaba escucharlo dos veces. Llegaron a la puerta y salieron a la fresca noche. Draco ignoraba la hora, su reloj se había quebrado en la pelea, pero estaba seguro que era de madrugada y que no le sorprendería ver salir el sol en cualquier momento.

- Severus... – Comenzó a hablar el director.

- Lo he hecho señor, ya deben de estar llegando. – Dumbledore volvió a asentir. Draco se sentía fuera de lugar, igual que los demás.

- Por cierto, algo muy importante. – Dijo como acordándose de algo. – A veces me pregunto dónde tengo la cabeza. – Dijo Dumbledore sonriéndoles tontamente y Draco tuvo el impulso de decirle "Sobre el cuello, profesor." – Harry muéstrame tus muñecas. – Harry miró a Ron y a Draco. Draco pensó en las extrañas imágenes que tenían gravadas. Harry extendió los brazos de modo que la luz permitiera a Dumbledore ver los grabados. Dumbledore los observó un momento, chistó la lengua y dijo felizmente: - El fénix. ¿Ron? – Ron hizo lo mismo. – El unicornio… bien, bien. – Deliberó más gustoso y tendió la mano hacía Draco. – Entonces nos queda el dragón… - Dumbledore tomó sus muñecas con las manos. – Veo que es bastante indicado. – Bromeó, pero a Draco no le pareció gracioso.

- Profesor, perdone, pero creo que todos tenemos…

- Dudas, lo sé Harry, y se los explicare. La urna contiene grandes poderes mágicos – Rió. - , pero creo que eso ya lo saben, como saben que son en parte de tres criaturas mágicas.

- Profesor, quiere decir que Draco, Harry y Ron, poseen el poder mágico del fénix, el unicornio y el dragón… - Dijo Hermione.

- Algo así, señorita Granger. Por ejemplo, ya han visto como Harry ha podido curar sus heridas.

- Por que el fénix tiene poderes curativos. Sus lágrimas son capaces de combatir el veneno de basilisco. – Dumbledore asintió.

- Pero, yo. – Dijo Ron, afligido. – He podido moverme muy rápido…

- El unicornio es muy rápido, por eso es muy difícil atraparlo, creo que su agilidad ha aumentado señor Weasley. – Ron sonrió apenado.

- Profesor. – Llamó Snape a lo lejos. – Alguien se acerca. – Dijo preocupado.

Draco elevó la vista al cielo negro. La luz de la luna iluminaba un punto que crecía cuanto más se acercaba.

- Oh, no. Será el señor Crow. ¿Qué le vamos a decir? – Dijo Hermione a su lado.

- Es una sola escoba. – Dijo Snape con la misma voz de preocupación. Dumbledore no apartó la vista para decir:

- Calma Severus, nadie que no desee entrar al colegio con buenas intenciones lo hará. – En la lejanía podía decir que sólo era una escoba. ¿Viajaba el señor Crow sólo? O ¿Lupin lo había dejado? ¿Le había pasado algo? Draco pudo ver telas negras ondeando en el aire. Deseaba que llegaran pronto, que terminaran de explicar que Millei ya no estaba con ellos.

- A un lado. – Dijo Dumbledore. Todos se pegaron un poco a la pared. La figura negra aterrizó en un forzado freno. La persona se descubrió el rosto y Draco vio asustado el estado en que se encontraba su prima.

Nymphadora Tonks soltó la escoba, se tambaleó y Harry y Draco corrieron a ella. Tonks tenía heridas en el rostro, su piel estaba cetrina y por el tacto Draco pudo deducir que había bajado mucho de peso.

- Señor Weasley, vaya por Madam Pomfrey, por favor. – Ron salió echó un rayo. Si Draco no hubiera estado tan concentrado en Tonks, aseguraría que Ron había desaparecido en vez de haber salido corriendo.

- ¿Esta viva? – Fue todo lo que pudo decir. Snape asintió.

- Aún.

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Al principio, cuando comencé a escribir la historia, ya saben uno le busca un titulo, el mio es bastante odioso y típico, pero tenía otra idea, pensaba llamarlo Draco Malfoy y la triada de las grandes bestias. Bastante largo ¿No?, pero bueno, la mayoría de la genete me preguntaba que era un triada, bueno su nombre lo dice es de tres, pero me entraron las dudas, así que lo cambie. Pequeño dato.

También quiero decir que la frase de King, que está al principio, es una de mis favoritas, espero que les haya gustado, especialmente a ti Diana.

Ailad.