No sé qué decir xD... gracias a las que me dejan review, y a las que leen esta cuestion :')
By Iris
CAP 25: ASÍ SON LAS COSAS
"¿Por qué está pasando esto?"
Se llevaba preguntando un largo rato con la espalda apoyada en el tronco de un árbol, mirando hacia el letrero con insistencia esperando que pasara lo que le habían prometido, pero nada, sus nombres, sus caras y todos los recuerdos seguían intactos en su memoria. Se restregaba el cabello una y otra vez un tanto nervioso sin poder tener las manos quietas.
Estaba solo, con puta idea de dónde estaba, y le vino una duda a la cabeza, ¿Volvía con los vampiros, o se iba al sur? Si volvía, tendría que esquivar todas las preguntas que le hicieran, si se iba, iría con su abuela, eso se ve bien hasta allí, pero… seguiría siendo un vampiro.
"No me queda de otra, tengo que volver". Por ser como ellos estaba atado a estar con ellos. Le parecía que una frustración así, y peor, debe estar sufriendo Daniel hace mucho tiempo. Pero dejando eso de lado, de todas formas sabía que extrañaría mucho a los chicos, y...
"Martín" Se sonrojó al pensar en el rubio, lo hizo y el corazón de inmediato le palpitó más fuerte y rápido. Quería pensar que estaba desesperado buscándolo, y que en cuanto llegara lo abrazaría con todas las fuerzas que tenía mientras besaba con ansias sus labios. Después de esa imagen mental el ardor en sus mejillas fue aún peor.
"Claro que primero tengo que encontrar el camino". Dio un suspiro al presentir que era mucho lo que iba a tener que caminar. Finalmente se levantó sacudiendo la tierra de su ropa y emprendió marcha siguiendo el camino de tierra.
"A alguna parte tendré que llegar"
Y estuvo vagando más de cuatro horas sin llegar a esa parte…
-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-
- Sebas… ¡Sebastián! ¡Mírame de una puta vez! –Le gritó a su hermano antes que dejara el salón. El chico de lentes se giró con lentitud y le mostró a Martín una de sus típicas caras sin expresión, colocó una mano en la cadera y la otra movió un mechón de pelo tras su oreja.
- ¿Qué queres?
- ¡¿Pero qué mierda les pasa a todos aquí?! ¡Los chicos me miran como si fuera un forro o algo así! ¿Qué pelotudeces les dijiste? –Avanzó hacia él, y quedaron a un metro de distancia. El menor de los hermanos frunció el ceño, trató otra vez de irse pero Martín lo sujetó del brazo- ¡¿Y ahora por qué mierda estás enojado conmigo?!
- ¡Ash! –Sebastián se liberó de un jalón y miró de costado a su hermano- Si prestaras un poco más de atención lo sabrías… –Dijo con rabia.
- ¿Ah? –El más alto se quedó boquiabierto y un tanto confundido, pero pronto recordó la discusión del otro día, y su semblante se volvió serio- Che, no puede ser… ¿Me tenes celos, Sebastián? Pero, ¿Por qué, boludo? –Su hermano continúo en silencio agachando levemente la cabeza y oprimiendo sus labios- ¡Por favor! ¡Vos siempre eras el que me decía que no me involucrara más de la cuenta con las mujeres que conocía! ¡Que no fuera con ellas más de una vez! ¡¿No te acordas del escándalo que me hiciste en Lima, pelot…?!
-¡Argh, ya cállate! ¡Sé lo que dije! Pero vos decime, ¿Acaso Manuel es una de tus mujerzuelas? Que yo recuerde a ninguna de ellas la mirabas así…
-¡Ya pará con eso! ¡¿Qué mierda podes ver en los ojos?! ¡Eso es una de tus porquerías románticas!
- Vos sos el primero en decirle a todos que yo soy un insensible, ¿Y ahora me llamás romántico?... Vos no queres que hable solo porque te está dañando la verdad.
- ¡Ja! ¿Y cuál sería esa según vos? –Preguntó tratando de sonar seguro e indiferente.
- Que sos un cobarde, siempre lo fuiste, y parece que siempre lo serás, todo lo que has hecho ha sido por orgullo, te mueves por eso y no sos capaz de aceptar y tomarte en serio un sentimiento más fuerte, Martín, y últimamente te estás escondiendo en Victoria para ocultar la idea de que te estás enamoran…
- ¡Ya basta! ¡No tenes ni puta idea de lo que decís! –Ahora el que huía era Martín con ambas manos dirigiéndose a sus oídos para no escuchar, y Sebastián le seguía el paso de cerca mientras le sacaba en cara un par de cosas.
- ¡Ya es hora de que la dejes en paz! ¡Murió hace años! ¡Hace mucho tiempo Victoria está muerta, Martín! ¡Deja de usarla! –Sostuvo a su hermano de los hombros y lo puso contra la pared para que lo mirara- ¡De nada sirve que sigas odiando a Arthur! ¡Y tampoco deberías enterrar a Manuel por su recuerdo! ¡Está muerta! ¡Ya nada pudiste hacer para salvarla! –Y entonces el chico lo miró, y con rabia le estampó su puño en la cara. Sebastián estuvo desconcertado apenas unos segundos, pero su hermano pronto lo despabiló al tirarlo al piso para seguir golpeándolo con furia.
- ¡¿Y vos qué vas a saber?! ¡Jamás has tenido estos problemas! ¡Nunca has querido a nadie! ¡Y nunca nadie te va a querer a vos! –Martín había cerrado sus ojos y por eso no vio cuando Sebas le devolvía los golpes con uno solo. Le golpeó bajo el mentón y con eso se lo quitó de encima, quedaron ambos tendidos en el piso mirando al techo, uno más tranquilo que el otro pero quietos ambos. Hasta que Sebastián se sentó y abrazando sus rodillas comenzó a hablar.
- … nunca del modo en que lo haces por Manuel, pero claro que he querido a alguien, boludo, te quiero a vos… –Martín se sentó también mirando solamente el suelo al igual que el otro rubio- Sos mi hermano después de todo, por eso te digo estas cosas, no quiero que te hagas más daño solo por tus estupideces –El mayor rió después de escuchar lo último- … y lo otro… bueno… -La voz de Sebastián tembló, por eso Martín giró su mirada hacia él y vio cómo su hermano poco a poco iba escondiendo la cabeza entre sus rodillas- Tal vez… bueno, tal vez tengas razón en eso… -No hubo sollozos pero luchaba por contener las lágrimas que se amontonaron rápidamente en sus ojos. Su hermano a un lado se quedó de piedra por un momento, y lo que acabó haciendo fue abrazarlo y recargar su cabeza en el hombro del otro.
-Perdonáme… no lo decía en serio –Le acarició el cabello y pronto rió suave en su oído- ¡Y claro que yo te quiero también! Pelotudo de mierda… -Logró sacarle una leve sonrisa a Sebastián.
- Pero sabes… de verdad ya… ya quiero dejar el tema de Manu a un lado, ¿Y una pareja?, Sebas, eso me traería muchos problemas, lo entiendo ahora… ¿Estás de acuerdo, verdad?
El chico de lentes terminó de secar sus lágrimas y volvió la expresión seria a su rostro.
- Martín, mejor… hacé lo que queras, boludo…
-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-
- Well, is here, ¿Right? –El hada verde que se posaba en su hombro asintió unas dos veces y voló a su cabeza. Arthur examinó su alrededor buscando la dirección que debía tomar- Debe ser un hechizo fuerte, aunque bien oculto –Podía sentir una sutil presencia de magia en ese lugar, pero estaba muy bien disimulada, y ya llevaba un buen rato buscando un camino que lo acercara al campo de protección para poder analizarlo mejor. Estaba concentrado en eso, por ello no notó cuando el hada lo abandonó, se dio cuenta minutos después al preguntarle algo que ella no respondió.
-¿Y esta pequeña dónde se metió ahora? -Estuvo a punto de ir a buscar a su amiga, pero pronto lo reconsideró- Ella sabe regresar –Y siguió andando. Quería ver rápido si descubría alguna forma de anular el hechizo de protección, tenía algunas cosas que debía decirle a Manuel.
-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-
- A mí no más se me ocurre meterme al bosque con un camino al frente po weon, voy a llegar a chuchuncocity así como voy, o a una zanja tal vez… -De un manotón apartó la rama que trataba de inmiscuirse en su pelo. "Esto me pasa por no volar, si lo hiciera me sería más fácil encontrar… algo, ¡Siquiera un pueblo! Voy a terminar armándome una choza en el bosque pa vivir…". Iba mirando a cualquier lado, y por estar distraído su pie cayó hasta el fondo en una pequeña trampa que el agua y las raíces habían formado, donde vivían un par de tarántulas y otros bichos que lo hicieron gritar.
- ¡Ah! ¡Chucha! –Se alejó sacudiendo un pie y dando saltos con el otro. Terminó tropezándose y cayó de espaldas al suelo- ¡Osh! –Se quedó un ratito allí tomando consciencia del dolor en sus pies y en lo tirante que se sentían los músculos de las piernas.
"Ah... no me haría mal un descansito, si total, más que de hormigas no me voy a llenar". Entonces se acomodó un poco en el hueco en que cayó, estaba mirando el movimiento de las hojas que lo adormecían un poco cuando una cosa verde y brillante se posó en su pecho de repente- ¡Ah! –Se paró enseguida y retrocedió hasta que su pie volvió a toparse con algo y cayó sentado sobre un tronco caído. Allí quieto pudo ver que solo se trataba de un hada verde que le parecía familiar.
- ¿Y tú… qué querí? –Le habló y la pequeña criatura se acercó a jalarle la ropa para levantarlo. Manuel suspiró y resignado se levantó para seguirla en su vuelo por el bosque, así estuvo un rato mientras pensaba en un par de cosas, como para dónde lo estaba llevando esa cosa.
"Y si…"
Paró de golpe y sus ojos se abrieron más de lo normal mirando a la luz verde que seguía alejándose.
"Seguro me está llevando con Arthur". Tembló un poco pensando en eso dando un paso atrás. Comprobando de nuevo que su memoria estaba bien, recordó lo que le había dicho Martín la vez que discutieron.
… Ese no te quiere ayudar, ¡Lo único que busca es tu alma!…
- Cresta –Dio otro paso atrás viendo que el hada paraba de volar y se volteaba hacia él.
… Seguramente su reserva de energía ya se está acabando…
"¿Me quiere comer? ¿Qué onda?". Se giró y alcanzó a dar tres pasos antes que el hada se colocara delante de él- ¡Aléjate de mí! –Sacudió sus manos tratando de alejarla como se hace con las moscas e intentó correr en otra dirección, pero ella volvió a interponerse- ¡Ya, déjame en paz! –Estuvieron yendo de un lado a otro por un momento, como Manuel no quería dañarla no se atrevía a darle algún golpe, pensaba que se podría quebrar al solo tocarla. Pero el hada luego se cansó y enfada pescó del pelo al muchacho y comenzó a jalarlo con una fuerza que más bien era para algo de un metro noventa en vez de escasos diez centímetros.
- ¡Ah! ¡Ah, no! ¡Para! ¡Para! ¡Duele, duele, duele! –Lo tiró por unos veinte metros y de pronto lo soltó, y mientras el chico masajeaba su cabeza se puso frente a su cara con las manitos en su diminuta cintura- Ok, ok, voy contigo –La criatura sonrió complacida y siguió volando con el chico detrás- Weona salvaje –Murmuró levantando el dedo de en medio a la espalda del hada.
"Esto está mal weon, ¿Cómo chucha voy a escapar si sucede algo? Me tirará unos polvitos y quedaré tieso tirado en el suelo como perro muerto, ni gritar chuchas voy a poder weon oh… Martín, mierda, te odio por meterme ideas en la cabeza". Lo último no era cierto, y más que solo ideas le parecían ahora que eran dichos de su "pareja", al menos creía que eso eran. "¿Cómo sabrá mi alma? ¿Será rica?". Quiso golpearse al pensar eso. Intentó recordar con el mayor detalle la casa de Arthur, tal vez había una ventana que pudiera usar para escapar o una lámpara de pie que pudiera lanzar. "Na de eso, voy a tener que pelear". Sacar sangre como lo hizo esa vez en el bosque, con garras y dientes peleando por salvar su pellejo, o esta vez su esencia.
"Soy más fatalista, quizás esta loca no lo conozca y me esté llevando a un manantial para beber agua y comer vides mientras las ninfas o sirenas adornan mi cabello…". Sonrió con ironía, algo tan lindo no sonaba para su destino. "Me comerán vivo…". Con esa terrible imagen caminó unos metros más hasta recordar que primero debía ser humano para que eso pasara. "Y como soy una wea rara, no me sucederá nada por el momento". Quiso reír triunfante para burlarse de alguien, pero…
"Quizás ya descubrió cómo volverme humano…". Un temblor subió de sus pies a la cabeza remeciéndolo completo. Y con miedo renovado siguió caminando detrás del hada. Hasta que la pesadilla se cumplió y estuvo frente a la casa de Arthur, un escalofrío lo dejó hecho piedra.
- Ay, no… -Susurró entrecerrando los ojos mientras miraba a las ventanas buscando la silueta del caballero inglés que ya tenía grabada. Sintió un jalón en su brazo y sin dignarse a mirar al hada que tiraba de su ropa avanzó tan lento como si tuviera pesos de cien kilos atados a sus pies.
"Que vaya tan sumiso a mi ejecución, mi abuela estaría decepcionada". Pensó en arañar y patear como lo haría un buen Gonzales Rodríguez en cuanto estuvo dentro. Se quedó en la salita en completo silencio tratando de escuchar los pasos de alguien, pero al parecer Arthur no estaba en casa, y eso lo calmó un poco. Avanzó con cautela y revisó el baño de abajo, el comedor, subió la escalera y echó una ojeada al segundo piso, fue al cuarto de las pociones y tampoco encontró a nadie. Finalmente entró a la cocina al estilo hollywoodense y al no ver a nadie se convenció de estar solo con las criaturas mágicas.
- Bueno –Dijo apoyándose en el mesón de cocina- Repondré energías, y me iré sin que se dé cuenta –Concluyó, y al instante fue a husmear en el refrigerador algo que pudiera engullir sin tener que poner al fuego. Y mientras comía se distrajo hablando con las hadas y conejos verdes con alas que revoloteaban a su alrededor. Lamentablemente se distrajo mucho en eso.
- ¡Chicos! ¡Ya estoy en casa!
No reaccionó siquiera a meterse bajo la mesa, se congeló sentado allí con el pan que se había hecho entre los dedos y metido a la boca. Cuando Arthur entró a la cocina recién había dado la mordida, tragó el trozo con dificultad mientras sostenía la mirada penetrante de las orbes verdes.
- … ¡Manuel! –El inglés sonrió de oreja a oreja y se acercó. Como perro asustado Manuel trató de correr lejos, se levantó y dio unos cuantos pasos pero Arthur lo atrapó entre sus brazos antes de llegar a alguna parte.
"¡Ah!"
Manuel se mordió el labio en un intento de acallar el grito que sentía venir. "Actúa natural, actúa natural". Palpó las manos blancas que lo rodeaban y cuando el brujo lo soltó le sonrió.
- ¿Pero cómo…? ¿Cómo fue que llegaste aquí? ¿Los lobos te soltaron o escapaste? Cuéntame –Tomándolo suavemente de las manos hizo que se sentara nuevamente a la mesa junto a él.
- Eh… -Comenzó a dudar, dudar, dudar, ¿Arthur le diría a los demás, cierto? Pero… por alguna razón estaba seguro que Arthur sabría cuando le estuviera mintiendo. Pensando en esto continuó en silencio.
- … ¿Qué sucede? –El inglés posó su mano sobre la del chileno mirándolo con preocupación. Manuel no sabía ya hasta qué punto llegaba su paranoia pero la mano de Arthur al principio le pareció tan fría como la de los chicos del clan, un escalofrío le recorrió la espalda- Pareces… ¿Asustado?...
El moreno mantenía tieso el cuello y miraba al rubio de costado, tardando en pestañar.
- Arthur… ¿Por qué quieres ayudarme, eh? ¿Por qué eres tan amable… si soy solo un extraño? –Preguntó al fin moviéndose un poco en el asiento. El brujo estuvo mirándolo en silencio un corto instante hasta que sonrió y suspiró.
- ¿Qué dijo ahora Martín de mí? -El rubio se mantenía bastante tranquilo con los brazos cruzados frente a su torso y recostado levemente hacia atrás. Manuel por su parte quedó medio perplejo.
- ¿Cómo sabes que…? –Quiso callarse antes de terminar, pero entendió que era algo obvio para el inglés- ¿Cómo sabes que fue Martín?
- Uhm… -El brujo se frotó la sien cerrando los ojos con una media sonrisa- Ese chico siempre ha tenido una actitud difícil, desde mucho antes de ser un vampiro.
- ¿Eh? ¿Lo conoces desde antes? –Lo interrumpió Manuel mirándolo con asombro- Pero, entonces… ¿Cuántos años tienes, Arthur?
- ¡Ja, ja! ¿Yo? Bueno, tengo quinientos veinticinco años…
- ¡¿Qué?! –Saltó golpeando la mesa y con los ojos desorbitantemente abiertos mirando al hombre, había quinientos años que no le cuadraban. Miró a Arthur detenidamente, la cara y el cuerpo, y no le calzaba, se posaba en su rostro una expresión de espanto que divirtió a Arthur.
- Je, je, no te extrañes, es normal que magos de cierta categoría vivan mil años o más.
- ¡¿Mil años?! ¡¿Te parece poco?!
- Mi padre vivió novecientos setenta y tres…
Manuel volvió a sentarse aún con la boca abierta y acariciando su cabello. Golpeó la mesa un tanto ansioso mirando al rubio- Arthur, ¿Qué pasó entre ustedes? ¿Por qué Martín te desprecia tanto?
- ¿Qué te ha dicho él?
- Nada –Cabizbajo agachó la cabeza- Martín nunca quiere decirme nada… -Arthur asintió levemente con la cabeza como diciendo "entiendo".
- ¿Qué te ha dicho de mí? –Cuestionó y el moreno sintió un aire helado en su espalda- ¿Por qué ahora desconfías de mí? –El rubio sostuvo su mejilla sobre la mano manteniendo los ojos sobre el chileno.
- Es que… -Manuel desvió por un segundo su mirada a un lado.
- Dime, así puedo intentar justificarme –Le sonrió amigable, consiguiendo calmar un poco la angustia del chico.
- … ¿Robas el alma de chicos como yo? –Hubo silencio después de eso, de aproximadamente un minuto y no más.
- Sí, cada cierta cantidad de años debo hacerlo –Respondió con calma- ¿Es eso lo que te molestaba?
- ¿Por qué lo haces?
- No es por maldad, te lo aseguro, pero las necesito para vivir, si no las obtengo en el tiempo indicado mi cuerpo y mi mente irán deteriorándose, y en diez años ya no existiré –Le explicó con la misma calma- Pero la que robe, debe de ser de un humano, un mago u otra criatura no me servirán de nada, así que puedes estar tranquilo, también, faltan unos quince años para que necesite de eso, y a esas alturas habrás sobrepasado los dieciocho hace mucho, solo bajo esa edad me son útiles… ¿Te tranquiliza, o necesitas saber algo más? –Arthur le sonreía igual que siempre, no le parecía falso ni nada, por eso el temblor de sus manos se había ido.
- Pues, quisiera saber… -Se sintió un poco avergonzado y con un poco de temor, pero la curiosidad le carcomía por dentro- Martín… ¿Qué tuvo que ver contigo? Habla con demasiada intensidad y desprecio cuando se trata de ti, ¿Tiene que ver con esto…? –Y allí fue bajando la voz tomándole el peso a lo que pudiera significar. "Arthur… ¿Mató a alguien que Martín conocía?".
Esperando a que el moreno terminara de sacar conclusiones el rubio se mantuvo en silencio, cuando Manuel volvió a mirarlo, habló.
- Como creo te diste cuenta… sí…
"¿S-sí?". Los ojos del chileno se abrieron de par en par y su rostro se tornó un poco más pálido que lo normal.
- … Mi padre necesitaba un alma, y la conseguimos dentro de la familia de Martín…
"Su familia...". Un poco de tristeza apareció en la cara de Manu al pensar en ese rubio. "Martín…"
- Y… ¿Quién fue?...
- Su prima, y su prometida…
"¿Prometida?". Una leve presión apareció en su pecho.
- ¿C-cómo se llamaba?
- Victoria… mi padre la usó, pero desde entonces me odia y me culpa por todo, la quería mucho al parecer, en más de trescientos años no ha podido olvidarla, creo que por eso es como es, you know, tiene amantes pero jamás tomará en serio a ninguna…
Todo ese discurso dejó más que dolido a Manuel, con la cabeza gacha y la mente ida. "Lo mismo que dijeron las chicas". Mordió su labio y sintió picazón en los ojos, pronosticando llanto pero que supo controlar antes que fuera un hecho.
- Martín quiere algo contigo, ¿Te has dado cuenta, no?
"¡Ja! ¿Cómo me pregunta eso? Si supiera…". Volvió a mirar al rubio y asintió con la cabeza.
- Manuel… -Arthur acercó su silla a la del chico y sujetó delicadamente sus dos manos- No dejes que ese chico juegue contigo, aunque, puedo ver que ya sientes algo por él… –A pesar que Manu tuvo la intención de negarlo, no lo hizo, al brujo casi no podía mentirle- Páralo, por favor, olvídate de ese chico, solo te harás daño tratando que él sienta algo importante, Martín tiene demasiados asuntos que no ha resuelto aún, ¿Me entiendes?
Lo hacía, y por ello tenía unas ganas enormes de llorar y golpear algo. Volvió a asentir mirando hacia abajo las manos de Arthur que rodeaban las suyas. Algo que le parecía bueno entre todo eso; ya no sentía frías las manos inglesas. El rubio acarició el dorso de estas por un rato, y cuando las soltó volvió a hablar.
- Bueno, Manuel, hay otra cosa que necesitaba decirte, ven –Estiró su mano hacia el chico, y cuando este la tomó lo llevó hasta el cuarto donde preparaba sus pociones. Pronto estuvieron sentados frente a frente, Manuel sobre una mesa y Arthur en una banqueta.
- ¡¿Ya sabes qué pasa conmigo?!
- Tranquilo, no completamente, pero, como te prometí estuve haciendo algunas pruebas y…
"Esto me suena a charla médica". Miró a Arthur acercarse a un estante y tomar dos frascos alargados, uno lo dejó a su lado en el mesón y el otro se lo entregó en las manos- ¿Qué es esto?
- Bébelo, quisiera comprobar una teoría…
El muchacho dudó, bastante, antes de atreverse a probarlo. Cuando el líquido llenó su boca sintió un sabor amargo y asqueroso que lo hizo escupirlo.
- ¡Wuack! ¿Qué es esto? –Acercó el brazo a su boca limpiando sus labios con la manga de la chaqueta que traía.
- Era como imaginé –Murmuró Arthur con una sonrisa- La infusión está hecha con una hierba extraña que crece en América, esta no tiene sabor para alguien que no esté relacionado con la hechicería, por eso muchas brujas la usan para envenenar a las personas que las traicionan en algún trato.
- ¡¿Envenenar?! ¡Querías matarme! –Manuel se levantó asustado. No llegó a ningún lado porque el rubio lo sostuvo firme de los brazos.
- ¡Claro que no! Tenía el antídoto a mano por cualquier falla, y esto no hace nada si no se ingiere en una cantidad mayor –Con ello el chileno se calmó un poco, pero seguía mirándolo con un poco de temor- Además lo sentiste, es un sabor insoportable que te hace escupirlo de inmediato…
- ¿Entonces…?
- Mi conclusión… -Volvieron a sentarse- Es que ya tenías un embrujo sobre ti mucho antes que te tocara la de los vampiros, creo que desde siempre la has traído, y te protege, he tratado de lanzarte un encantamiento de obediencia dos veces en la última media hora y no lo consigo, es un escudo muy fuerte el que posees…
- Pero… -Estaba algo confundido aún, aunque lentamente iba procesándolo todo- ¿Pero entonces…? –Y le surgió una duda cuando entendió a medias- ¿Por qué no rechaza por completo esta maldición? Arthur, sigo en la mitad, no soy vampiro ni humano… ¿Es porque mi hechizo no es tan fuerte para eliminarlo?
- Eso no lo sé.
- ¡¿No lo sabes?! ¡¿Por qué no?!
- Es magia distinta a la mía, yo tengo enseñanza europea, no conozco los hechizos americanos en profundidad, los brujos somos reacios a compartir nuestros secretos con otros de un territorio diferente.
- ¿Entonces ya no puedes ayudarme más? –Sintió un poco de angustia al pensar que ese tema quedaría hasta allí, o que debería buscar ayuda con algún otro mago y exponerse más. Así que la respuesta de Arthur le agradó bastante.
- Trataré de hacerlo –Aseguró con seriedad, pero después sonrió y posó un dedo en su barbilla- Además, me ha surgido curiosidad por este tema, sin duda la persona que lo hizo debe ser muy poderosa –Manuel abrió grande los ojos al escucharlo.
- Vaya, siendo así… -Hizo una pausa- ¡No entiendo! ¿Qué tengo que ver yo con brujos? ¿Y por qué tendría este hechizo? Es extraño…
- ¿No lo sabes? Para mí es casi evidente –El rubio se relajó en la silla y cruzó una pierna por encima de la otra y recargó un brazo sobre esta- En tu familia debe haber alguien como yo, quizás varios, y tú tal vez seas uno, pero aún no has podido ni aprendido a usar tu magia, y con esta maldición a cuestas te será casi imposible ahora, pero hay atisbos, que puedas ver a mis amigos es una muestra de ello…
- Uhm… -Manuel movió la boca de un lado a otro balbuceando un poco- Creo que me estás dando mucho crédito, la única en mi familia que podría ser bruja es mi abuela, pero ya me habría dicho algo o yo la habría descubierto hace años… -Finalmente soltó una carcajada, sí creía en la posibilidad de que la señora fuera una hechicera- Gracias Arthur, eres de mucha ayuda…
- No te preocupes –El inglés le sonrió amigable.
- Pero, entonces… ¿Aún crees que pueda sacarme la maldición?
Una sonrisa más ancha se posó en el rostro del brujo- Sí, he intentaré averiguar cómo… -Después de minutos mirando hacia algún otro punto, Arthur bajó la pierna levantada y golpeó ligeramente la mesa- Bueno, ya estás aquí, tengo que decirle a Miguel y…
- ¿Los chicos están buscándome? –Preguntó rápidamente. El rubio estuvo callado un segundo con un semblante intranquilo sin dirigirle la mirada directamente.
- No, ya no…
Sintió algo chocándole contra el pecho- ¿Cómo que "ya no"? ¿Y Martín qué…? –Iba a decir algo como "Qué anda haciendo este maraco", pero la vergüenza lo silenció, aunque ya lo había dicho y Arthur lo notó.
- … Manuel, te lo dije –El chico posó una mano sobre su hombro- A Martín ya no le importa, en cuanto se dieron cuenta que yo debía participar de esto desistió, le dijo a Miguel que se olvidaran de buscarte, a ese chico… no le interesas.
Estuvo por darle un golpe en la cara por la ira y pena que le abatió el cuerpo, pero el inglés no era quien se lo merecía. "Bueno… con todo, debí esperármelo…".
- Miguel me habló en secreto, los lobos tienen un hechizo protegiendo su territorio, ahora debo ver la forma de deshacerlo para que…
"Para que ellos entren"
- ¡No! –Gritó de inmediato tomando las manos de Arthur con firmeza- ¡No lo hagas! Por favor –Se veía en la cara del brujo lo desconcertado que esa petición lo dejó.
- Pero, ¿Por qué?...
- No lo hagas, por favor no lo hagas, mien… ¡Miéntele a Miguel!
- ¿Qué? –Arthur abrió sus ojos y la boca ante tal idea- ¿Por qué? Y… ¿Cómo quieres que lo haga? ¿Qué diría?
- Dile… dile –Manuel se tomó a penas unos segundo para idear algo- Dile que no eran ellos, no sé, que el Trauco, la Fiura o alguna otra criatura protegen su casa con eso, pero no trates de romper el hechizo, no los lleves con ellos, por favor, n-no querría que le pasara algo a Dani o a… -Mordió su lengua y se golpeó mentalmente al darse cuenta de lo que estaba diciendo.
- ¿Qué…? –El inglés miró la cara del moreno que cada vez descendía más huyendo de él- ¿Pasaste tiempo con los lobos?
- … No le digas a Miguel –La voz con que lo dijo al rubio le sonó tan tierna que sonrió y acarició el cabello oscuro del chico.
- Está bien, no le diré nada, solo la mentira que tú me pides –Manuel levantó la cabeza mirándolo con agradecimiento y renovada simpatía- Pero, ¿Cómo fue todo, te dejaron ir así como así?
- Bueno, no tanto, creyeron lo que tú, que era brujo y… antes de que me fuera me dieron a beber algo por eso, así supuestamente me olvidaría de todo como debe ser… -Dejó de hablar por un momento, pensando- Debí olvidarlo todo, pero no fue así –Comentó al aire y luego miró al rubio- ¿Este hechizo me protegió de eso, Arthur?
- Probablemente –El inglés volvió a desordenar el pelo del chileno- ¿Lo ves? Debes venir de una familia muy poderosa, pequeño…
-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-
- ¿Ya te vas? –La voz de Luciano sonó algo afligida.
- ¿Eh? Ya volveré, cielo, tú cuida a los niños –Se burló Francisco recibiendo un empujón, caminó hacia la puerta con una mochila llena de mercadería colgándole del brazo, una vez allí miró hacia atrás topándose con los ojos de su amigo- Tranquilo, Daniel ya entendió, por eso ha estado así, cuando se le pase déjalo tranquilo unos días, ¿Sí, jefe? –Sonrió y el brasileño también, entonces se fue a buscar al señor que le ofreció llevarlo al exterior.
"Ah… me pregunto si Miguel estará libre, sería bueno divertirme un poco después de todo esto". La sonrisa de tonto enamorado le trajo una hora interminable de bromas y preguntas de parte del caballero.
"Si tuviera su celular podría llamarlo". Con eso se dio cuenta de algo extraño, ¿Por qué no tenía el número del chico? Ya habían salido varias veces pero no le había dado su celular ni le había pedido el suyo. Y añadiéndole a eso, tampoco sabía con certeza la edad de Miguel, dónde vivía, la verdad… es que no sabían mucho uno del otro, porque él tampoco le había dicho mucho, y el otro tampoco preguntaba nada. "Tienes que hacer algo con eso, Francisco". Si quería llegar… a una relación más seria, tenía que empezar por conocer un poquito más al chico que invitaba a su casa. "No es que lo vaya a hostigar preguntándole el nombre de su madre o algo así". Se rió ante ese pensamiento, y empezó a imaginar cómo y qué le preguntaría a Miguel la próxima vez que pudieran verse, teniendo claro que seguramente él debería responder lo mismo después.
"Con tal que no me pregunte de Taquito, estará todo bien, ¡Ja, ja, ja!".
…
- "Dejarlo en paz" –Se repitió en un susurró mirando al segundo piso. Daniel había vuelto a encerrarse en su cuarto minutos después que Manuel se hubo ido, y Luciano tenía miedo de que no saliera en un buen tiempo más- Es fácil decirlo, Francisco, pero ven a soportar eso tú aquí –Volvió a murmurar. Fue a sentarse al sillón sin querer irse todavía.
"¿Acaso se suponía que lo dejara verse con esa bestia nada más? Eso no es seguro, para nadie, ¡Quién sabe lo que estaba planeando ese chupasangre! Y… ¿Qué cosas sabrá? ¿Qué le habrá dicho Daniel?". Revolvió su pelo gruñendo por lo bajo.
… ¿Qué le habrá dicho de nosotros?...
- ¡No, no, no! –Exclamó bajito negando con la cabeza. "Daniel no sería tan tonto como para hacer eso". Pero después de unos segundos apretó los dientes afligido, recordando que los esperpentos tenían sus trucos para conseguir cierta información- No… -Se cubrió de miedo que le heló el cuerpo. "No, no, no… Daniel no diría nada, ¿Verdad?... no, no, no, por favor…".
Levantó la cabeza al sentir que alguien bajaba las escaleras, miró y allí venía Daniel pisando con energía cada escalón. El chico de ojos verdes le dedicó una fugaz mirada y siguió hacia la entrada.
- ¿Dónde vas? –Preguntó Luciano inmediatamente.
- Al bosque… -Daniel se detuvo con la mano en el pomo de la puerta y se giró a Luciano- ¿Tienes algo que decir?
… cuando se le pase déjalo tranquilo unos días, ¿Sí, jefe?...
- … está bien, pero vuelve antes que oscurezca –Terminó diciendo con un esfuerzo enorme para sonar comprensivo y calmado, intentando ocultar toda la angustia que sentía. Daniel se quedó perplejo un instante, mirándolo algo extrañado, pero al final sonrió, asintió y salió. Luciano se tendió sobre los cojines suspirando sonoramente.
- Por favor… que no haga nada estúpido…
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- ¿Estás listo para irte? ¿O prefieres quedarte conmigo esta noche?
- ¿Ah?... ahm… -El moreno apenas movió la cabeza al escucharlo, y apretó más sus piernas contra su pecho sentado en el sofá de la sala. No tenía ganas de irse, y tampoco muchas de quedarse. Siguió sobre los almohadones y recargó su cara sobre las rodillas. Arthur se acercó al chico que mostraba un semblante bastante deprimente.
- Manuel… ese chico no merece…
- Calla, ¿Sí? No tienes que decirme algo que ya me quedó claro, ¿Bien? –Dijo rápido enterrando el rostro entre sus brazos y suspiró con pesar, sintió la mano de Arthur sobre su cabello, y se dejó acariciar por el mago un largo rato, tratando de no llorar.
"¡Ah! ¡Por favor! Me siento como un idiota". Pensó primero restándole importancia al asunto, tratando por un instante de creer en verdad que no había sentido nada muy importante. Luego de gastar su tiempo en vano, mejor pensó; "Puede que Martín no sea tan indiferente, tal vez sí me quiere pero…", y dejaba el pero para después, cuando se le ocurriera algo.
La mano del inglés dejó de moverse en su cabello y entonces levantó la cabeza para mirarlo.
- ¿Entonces? ¿Qué haremos? –Le preguntó el rubio con tranquilidad.
Manuel siguió en silencio por al menos diez minutos más, pensando un montón de cosas e imaginándose otras, hasta que respondió rendido- Tendré que volver algún día… mejor llévame ahora a esa casa… –Volvió a suspirar al terminar de hablar.
En poco tiempo estuvieron en camino volando en la… escoba de Arthur. Un par de risas se escaparon de su boca ante esto, y seguía divertido aferrándose con fuerza a la espalda de Arthur, no iba muy preocupado respecto a que era solo un palo lo que le sostenía varios metros sobre el piso, la verdad le estaba resultando fácil mantener el equilibrio sobre esa cosa y resguardar sus partes de cualquier golpe, eso consiguió más comentarios del europeo reafirmando su conclusión sobre sus predecesores. Manuel estaba tratando de hacerse a la idea que en su familia hubo o hay un brujo escondido por ahí, y le gustaba la idea, sí, sería genial ser como Arthur… o bueno, en parte nada más.
Creyó divisar la casa en un momento, una mancha grande y negra entre los árboles, su cuerpo comenzó a tiritar inmediatamente.
- ¿Estás bien?
Balbuceo una respuesta y desvió su mirada hacia abajo, tratando de olvidar lo que aparecía enfrente. "Martín". Le hervía la sangre y se enfriaba su espalda al pensar en él. "¿Qué dirá cuando me vea allí?". Frunció el ceño y enterró los dedos en la ropa de Arthur. "Tal vez se le caiga la cara de vergüenza al maldito". Lo odió con fuerza por un instante y segundos después quiso llorar. "¡Ash! ¡Pero qué tonto soy!".
- Veremos qué pasa… -Susurró esperando que el viento que corría a su alrededor no dejara al rubio escucharlo. Dio un largo suspiro y se recargó en la espalda de Arthur, enterrando su cara en el chaleco que traía puesto.
"Al menos estoy conociendo a Martín un poco más, aunque sea gracias a otra persona".
-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-
"No puede ser" Fue lo primero que todos pensaron al verlo entrar junto al rubio a la sala. Martín y Pedro estaban a punto de entrar a discutir cuando eso pasó, hubo silencio de inmediato y los ojos se abrieron levemente en todos ellos mirando al par que se ubicaba al lado de la puerta.
Martín se quedó en su lugar asegurándose que ese chico en verdad era el chileno que conocía. "Manu". Fue a sonreír, pensando en abrazarlo de inmediato, pero una estocada se clavó en su pecho al recordar lo que había dicho hace poco, y ayudó el hecho de mirar bien al acompañante del castaño para que se mantuviera en el mismo sitio, mirando fríamente al muchacho.
"Bueno, al menos… no es tan hipócrita como podría serlo". Manuel también lo miraba, él con tristeza, demostrando un poco más lo que sentía en ese momento, a pesar de todo sí se había ilusionado pensando que tal vez Martín lo recibiría con el mismo afecto que le tuvo minutos antes de separarse, pero allí estaba, para confirmar eso que le advirtió Arthur.
- ¡Manuel! –Pero al menos los demás no actuaron así de indiferentes ante su llegada, las chicas fueron directamente a abrazarlo y darle un par de coscorrones por meterse en líos nuevamente, después llegaron Pedro y Sebastián para darle una abrazo amistoso y una palmadita en la espalda. Y cuando se disponían a preguntarle qué fue lo que pasó el jefe se adelantó.
- ¿Cómo lo encontraste, Arthur? –Miguel se acercó al círculo que se había formado, a Manu le sonrió cálidamente por un momento y tocó su hombro, pero después su rostro se colocó más serio.
Al escuchar la pregunta, los dos recién llegados intercambiaron una rápida mirada y el mayor habló- La verdad yo no fui, una de mis amigas lo ubicó en el bosque y lo llevó a mi casa, lo encontré en mi cocina mientras se devoraba casi toda mi comida… –Varios rieron- … antes de eso me encontraba haciendo un pequeño encargo… –Al decir esto miró a Miguel directamente con una sonrisa cómplice, y el chico entendió.
- Está bien. Con permiso chicos, tengo que preguntarle un par de cosas a Manuel –Iba a dar el paso y acercaba el brazo hacia el trigueño, pero se detuvo dando un salto ante las quejas que se oyeron de parte de los allí reunidos.
¡Puede contarnos a todos lo que pasó allá! ¡No es un secreto de estado, Miguel!...
"Y no te acercas…". El chileno no escuchaba casi nada de lo que decían, miraba por el rabillo al rubio que seguía apartado, ese que le interesaba más que viniera a recibirlo. "¿Por qué actuaste tan bien? De verdad pensé que me querías…".
- Manuel, ¿Me escuchas?
Miguel lo despabiló cuando le tocó el brazo. Se volteó a mirarlo un tanto perdido- ¿Eh? ¿Qué?
El vampiro abrió la boca para hablar, pero por unos segundos no emitió ningún sonido. "Pobre…". Miró de soslayo a Martín que mantenía sus brazos cruzados y miraba a la ventana para no toparse con la cara del chileno- Ven conmigo, tengo muchas cosas que preguntarte…
Manuel tragó saliva y lo siguió sin reclamar, ambos chicos salieron al pasillo seguidos por el brujo a quién también irían dirigidas algunas preguntas. "Bien, Arthur, es hora del show".
…
- ¡Regresó! ¡Vaya! ¡De verdad que esos cabrones no le hicieron nada! –Exclamó Itzel aliviada junto al resto que comentaba cosas parecidas. Julio y Martín eran los que se mantenían más apartados del círculo que se formaba.
- Si Manuel escapó, significa que podría saber el camino hacia la guarida de los perros –Comentó Sebastián en una oportunidad. Las sonrisas en el rostro de los chicos fueron diferentes después de eso, eran más afiladas y un tanto malvadas.
Julio miró bien esas caras, y un escalofrío recorrió su espalda al saber lo que pensaban. "Manuel no los puede llevar con ellos". Se giró hacia la pared empuñando sus manos con fuerza. "Antes, lo mato".
Martín seguía mirando por la ventana, y en el reflejo de esta pudo ver a Sebastián acercarse, dio un paso para irse pero su hermano lo sujetó del brazo.
- ¿De verdad no vas a decirle nada? Sé que estás feliz porque volvió…
- Vos sabés, Seba, que si lo tratara como antes sería un completo farsante –Le respondió mientras miraba el piso.
- No del todo, porque ni vos sabés bien lo que queres, hermano…
El de ojos verdes apretó los labios alejándose de Sebastián- Ya te dije lo que quería, no jodas más con el tema…
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Miguel los miraba serio, cubriendo la mueca de su boca con la mano, golpeaba la mesa con los dedos creando el único sonido que ahora se escuchaba en el cuarto. Frente a él estaba Manuel, cada vez más nervioso con la mirada del mayor, y detrás estaba Arthur, más cercano a la puerta.
- ¿De verdad… eso es todo, Manuel?
La voz de Miguel lo hizo estremecerse, tragó duro y asintió- Así es… -El movimiento de los dedos del vampiro se detuvo y con eso su sonido, se recargó en su silla mirándolo con ojos afilados. No le creía, al menos eso le daba a entender al chileno.
- Despertaste en una cabaña esta mañana…-Repitió para comprender- estuviste perdido tres días, ¿Te lo dijo Arthur? –Miguel se levantó.
- Me lo comentó… -Creyó que le temblaba la voz, pero era solo su imaginación, nada de qué preocuparse.
- Debe haber estado inconsciente todo este tiempo, pudieron darle algo para tener el tiempo suficiente de huir…
- ¿Uhm? ¿Tú crees? –Bordeó el mesón y quedó frente a frente a esos dos, se recargó en este y cruzó los brazos frente a su torso. Finalmente suspiró- Está bien, aunque pensé que podrías decirme algo más de esos perros…
"Oh, claro que puedo". Se mordió la boca por dentro mirando hacia otro lado por un segundo. "No pensí en weas, agila'o".
- Bueno, Arthur… –Ahora el rubio recibió la mirada del vampiro- ¿Cómo va el encargo que te di?
El mago desvió levemente su mirada hacia el chileno, luego de eso comenzó a hablar- Estaba encargándome de ese tema esta tarde, pero lamento informarte que el asunto no es como pensábamos.
- ¿De qué hablas?
- Bueno, resulta… –El inglés comenzó a reírse- que ese no era un conjuro de los lobos, más bien, un grupo de centauros está instalado en esas tierras y no quieren ojos fisgones asomándose por allí… -Se acarició la barbilla con su mano- Me topé con ellos y tuve que darles muchas explicaciones, je, je…
El rostro de Miguel se afiló, y Manuel tiritó- ¿Entonces no tienes ninguna pista de esos pulgosos?
Arthur negó con la cabeza- Lo siento…
¡Pam! El vampiro golpeó el mesón con fuerza y se recargó sobre este- ¡Carajo! –Gritó con rabia dándole la espalda. Manuel dio un respingo y un paso atrás al escucharlo, Arthur le tomó de la mano por un segundo para tranquilizarlo.
- Tal vez quienes los atacaron eran solo un grupo sin clan, tal vez estaban de paso cuando se toparon con Martín y Manuel, piénsalo Miguel, has estado diez años aquí con tu clan y nunca se han percatado de ninguna madriguera, seguramente eran solo una pequeña manada nómade…
Manuel sabía que no estaba bien admirar a alguien por cómo decía una mentira, pero en ese momento no le importó y miró al brujo con respeto e idolatría, a él le gustaría siempre sonar tan seguro y relajado a la hora de engrupir.
- Uhm, por lo que dices… debe ser eso… -El jefe se notaba algo decepcionado al no tener pista de ni a quién perseguir, y eso hizo que a Manuel le ardiera algo dentro del estómago y apretara la mandíbula.
- Hijo de… -El inglés le dio un golpecito con el brazo para que se controlara. Casi al instante Miguel se giró hacia ellos y miró al chileno cálidamente, lo que dejó un poco desconcertado al chico.
- Bueno, Manuel, lo importante es que estás de vuelta –Le sonrió- Ve a tu cuarto si quieres descansar, o puedes ir a la cocina, traje un poco de comida que puedes tomar si aún tienes hambre –Le habló como le hablaría su madre, o su tía si tuviera alguna, Manu asintió repetidas veces y se giró hacia Arthur.
- Tú ya te vas, ¿Cierto? –El brujo asintió- Bueno, gracias por todo, Arthur, nos vemos pronto –Extendió la mano al frente y el europeo sonrió.
- Claro, Manuel, cuídate –Se despidieron y el chico salió.
…
- ¡Ah! –Al estar afuera suspiró, agotado, se recargó por un momento en la puerta recuperando las fuerzas en sus temblorosas piernas- Oh, por dios… -Volvió a exhalar. "Al menos… salió bien… salí de esto, que era lo primero". Cuando se recuperó, rápidamente guió sus pasos a la cocina, aunque asaltó el refri del mago todavía le quedaban huecos que llenar.
-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-
- Sigo sorprendiéndome de cómo este chico cae a tus manos siempre, ¿Le lanzaste algún hechizo para que no se separara de ti? –Preguntó burlón el vampiro sentándose tras su escritorio.
- Como si eso fuera posible –Murmuró divertido para sí, se acomodó en la silla frente a Miguel- Pero bueno, ahora está de vuelta para lo que sea que quieras hacer –Rió frío después de hablar- Me asustas, Miguel, no termino de entender para qué lo quieres contigo.
- Bueno, ese no es tu problema.
- Va siéndolo, creo que Manuel estaría mejor conmigo, y podría sacarle más provecho de lo que tú lo has hecho –El rubio siguió sonriendo pero Miguel frunció el ceño.
- Ni siquiera lo pienses, Manuel es uno de los míos, no es correcto siquiera que pienses en tener a un vampiro de aprendiz, Arthur… –La mirada del moreno se volvió sombría, mostrando unas orbes rojizas que se posaban detenidamente en el rostro del inglés- Vete a otro lado a conseguir compañía y deja al chileno en paz.
- ¡Ja, ja, ja! Miguel, sabes que mientras Manuel sea como tú no podría irse conmigo.
- Y no habrá opción para que eso pase alguna vez –Se levantó y miró hacia la ventana, por el reflejo del vidrio podía ver la posición y expresión del mago a su espalda- Sabes perfectamente que de esta maldición no hay vuelta atrás…
-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O -o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-
Manuel salía de la cocina una hora y media después, cuando Arthur ya se había ido. Iba subiendo la escalera cuando escuchó las voces de Martín y Miguel en el segundo piso. Se quedó quieto mirando hacia arriba y escuchando atento lo que decían.
- Estás a tiempo de arrepentirte, Martín, habla con él…
- ¿Estuviste conversando con Sebas? ¡Ya déjenme en paz!...
El chileno subió despacito cada escalón para no hacer ruido, y pegado a la barandilla de la escalera se ubicó detrás de una repisa sin que lo notaran.
- Manuel no sabe nada de lo que pasó aquí estos días, ¡Vamos! Puedes volver con tu chilenito si aún lo quie…
- ¡No! ¿De acuerdo? ¡Grabalo en tu cabeza! ¡¿Queres?!
- ¡Osh! Estabas tan entusiasmado con el chico, hasta estaba pensando dejar que te fueras a Argentina unos días con él.
"¿Ah?". Manuel quiso reírse en ese momento. "Este weon quiere que me violen".
- ¿Por qué de pronto estás tan insistente en que esté con él? –Martín posaba las manos sobre su cadera mirando al mayor con el ceño fruncido.
- Para que no se vaya con Arthur…
La sinceridad de Miguel dejó perplejos a los otros dos que estaban escuchándolo. El rubio abría los ojos a más no poder y su labio tembló sutilmente- ¿Pero de qué estás hablando? –La rabia comenzaba a picar en su estómago y agravaba su voz.
"¿Irme con Arthur? ¡¿Pero qué chucha se le metió en la cabeza?!". Estaba por salir a pedir explicaciones cuando Martín volvió a hablar.
- Bueno, a mí me da igual lo que haga che, que se vaya donde quiera el chileno de mierda…
"¿Ah?"
- ¿De verdad no te importa? ¡Pensé que lo queri…!
- ¡Pues te equivocaste! Con todo lo que pasó, ¡Es obvio que no quería tanto al pibe ese! ¡Por favor! No sé qué mierda se me pasó por la cabeza cuando lo besé, no es ni la mitad de atractivo que cualquiera de las mujeres con las que he estado...
"Martín, eres un…"
- … Es solo un huaso insignificante, de cualquier forma no habría durado mucho interesado en alguien como él…
"… un maldito infeliz, no puedo creer que estoy…"
- … si vos o mi hermano creen que Manuel habría podido hacerme olvidar lo que pasó con Arthur y Victoria están equivocados, tendrás que conseguir a otro que me distraiga, el chileno no es tan especial…
"… que estaba enamorado de ti…"
- ¡Y además…! –Manuel cerró los ojos, listo para recibir las puñaladas que venían, pero…
- Creo que ya es suficiente –La voz de Miguel sonó un poco temblorosa. Martín se quedó en silencio, percatándose de a poco que el mayor miraba por sobre su hombro- Manuel, vete, no tienes que seguir escuchando esto…
El rubio sintió que todo el peso de su cuerpo caía a sus pies, se giró de inmediato topándose con el chileno que tímidamente asomaba su cabeza detrás del mueble- M-Manu… -Una punzada espantosa apareció en su pecho al notar los ojos tristes del chico que se mantenían pegados al piso. Dio un paso hacia él sin pensar y alargó su mano para tocarlo- Manu… yo…
Una fugaz mirada fue lo único que consiguió del moreno al tocar su hombro, eso y que de un manotón lo alejara de él, pronto el chico se fue corriendo hacia su habitación sin mirarlo de nuevo, quiso llamarlo pero un nudo se formó en su garganta al verlo alejarse por el pasillo. Un escozor apareció en sus ojos y miró a Miguel con ira- ¡¿Desde cuándo sabias que estaba ahí?! ¡¿Por qué dejaste que me escuchara?!
El mayor lo observaba con verdadera lástima, y por los problemas que vendrían tal vez se sintió un poquito arrepentido, un poco tan solo, porque- Ya que esta es tu decisión, ibas a tener que decírselo tarde o temprano, de todas formas tendrías que herirlo…
