Hola. Me disculpo por la tardanza, pero estuve tan emocionada post-película que mis musas se fueron de viaje. Es una lástima que ya hayan acabado pero finalmente se cierra un ciclo en nuestras vidas pero para mirarle el lado amable nos quedan estas historias.
Este capítulo fue difícil de escribir porque lleva mucho crecimiento, espero que les guste y nos vemos en los reviews.
Disclaimer: Sí, ya soy ingeniera pero aún no soy dueña de Harry Potter y Co.
Realidad Innegable # 24: Más Sabe el Diablo, Por Viejo Que Por Diablo
Aunque quienes le acompañaban en la mesa no tuviesen ni idea, Rose habría prestado todos sus apuntes para la redacción del profesor Thompson a cualquiera que desinteresadamente se le acercara con una taza de humeante chocolate caliente.
Alzó sus ojos y pudo ver a Ralph leyendo 'Hechizos Blancos Contra Magia Negra' a su lado mientras Jerry discutía en susurros con Albus acerca la mejor forma de hacer no sabía cual movimiento para un hechizo cualquiera de defensa. Junto a ellos, Marie escribía con la cabeza gacha, concentrada e ignorándolos a todos.
Rose no pudo evitar quedársela mirando, había algo que no le terminaba de convencer de la actitud de Marie y podía jurar que era sólo su imaginación pero le daba la impresión que…
Un trozo diminuto de pergamino se deslizó por la superficie de la mesa que la separaba de Ralph, era como si una suave brisa lo hubiese empujado hasta sus apuntes.
Da la impresión de que Marie está escondiendo algo, ¿Cierto?
Rose se giró sorprendida y con los ojos abiertos de par en par a ver a su amigo que alzó su vista del libro y se encogió de hombros. A veces, le parecía que Ralph podía leer su mente.
Ella tragó en seco y asintió levemente mientras trataba de concentrarse nuevamente en su trabajo, pero apenas podía hacerlo. Desde que regresaron en el Expreso de las vacaciones de navidad, Rose tuvo el presentimiento de que su amiga no estaba siendo del todo sincera.
Todos acababan de sentarse dentro de un compartimiento vacío, cuando sus primos James y Dominique entraron unos instantes a molestarles más que a saludarlos, se marcharon rápido, luego de dejarle a Albus unas bombas fétidas, pastillas vomitivas y Merlín sabría qué otras cosas.
Albus, Jerry y Ralph estaban riendo y discutiendo acerca de todas esas bromas cuando la puerta del compartimiento se abrió nuevamente y la cara sonriente de Timothy Bletchley se asomó para saludarlos mientras, detrás de él, Scorpius Malfoy y Emily McDouall agitaban levemente sus manos a modo de saludo y les sonreían.
Rose, algo sonrojada por la visión de Scorpius, les saludó de vuelta antes de que se marcharan. Cuando se giró a ver a Marie, ya estaba con la cabeza vuelta a la ventana, mirando sin mirar el paisaje helado.
"¿Te sientes bien". Preguntó Rose dedicándole un momento de escrutinio y logrando que Ralph se girara a verla.
"Perfectamente". Fue toda su respuesta sin dejar de ver por la ventana. Luego, como dándose cuenta de lo que hacía, se giró y le sonrió. "No pasa nada, Rose".
Ella asintió pero Ralph tenía un par de teorías así que habló casualmente:
"Y ¿Cómo te fue en tu viaje?". Él le miró con sus penetrantes ojos azules y le sonrió dejándola confundida. Marie frunció el ceño y dijo sin pensar:
"¿Cuál viaje? ¿De qué estás hablando, Summerby?" Ralph sonrió de una manera, que Rose sólo pudo calificar de escalofriante y se alzó de hombros.
"No lo sé. Tú fuiste quien le dijo a Scorpius que no podías asistir a su cumpleaños porque estabas de viaje con tus padres".
"Ah, ese viaje…". Y Rose la miró como si fuese la primera vez que la veía en la vida.
Ya había pasado casi un mes desde aquello y, aunque estaban casi en febrero, la Biblioteca y su calefacción defectuosa era lo que le hacía desear un buen chocolate. Alejó su vista de su pergamino otra vez y la posó preocupada en Marie. No podría seguir estudiando, ya había perdido el hilo.
Su mejor amiga era casi la misma de siempre. Casi.
Pero Rose tenía un defecto, uno acerca del cual el Sombrero Seleccionador le advirtió en su primer día en Hogwarts, la curiosidad tenía a veces un gran poder destructor pero a ella no le importaba.
Había decidido que descubriría que le estaba pasando a Marie Hanks. Lo haría como que se llamaba Rose Weasley.
Sin embargo, a pesar de su determinación, era poco lo que había conseguido tras un par de semanas. Había días en los que su mejor amiga actuaba con naturalidad pero otros, se comportaba huraña y de mal humor, lo cual era tan raro como para que hasta Hugo lo notara:
—¿Desayunaste escregutos de cola explosiva, Hanks? —le dijo su hermano menor una mañana que se acercó a Rose y ella a saludarlas cuando se cruzaron en un pasillo del tercer piso y ella le miró con desdén y no le respondió.
Lo único que hizo a estas palabras fue musitar algo como que ella se largaba y dejó a Rose con aun más interrogantes de los que tenía antes.
—¿No crees que Marie está un poco extraña últimamente? —le preguntó a Hugo que ya se alejaba entre los demás estudiantes de segundo que tenían Historia de la Magia.
—No lo sé—fue toda su respuesta mientras se alzaba de hombros y se despedía con la mano—. Se supone que tú eres su amiga. Deberías saberlo.
Y aunque a Rose no le gustó, el enano tenía otra vez la razón.
Esa noche, luego de la cena, se dedicó a buscarla por los pasillos pues no estuvo con los chicos y ella. Aquello ya le había parecido el colmo, pero se abstuvo de decir nada.
No entendía por qué su amiga se comportaba de esa forma, ella también tenía problemas: Aritmancia estaba peor que nunca, no había terminado sus trabajos de Transformaciones, tenían entrenamientos de Quidditch día de por medio y a Miller, el capitán, no le importaba que ella sólo fuese suplente. Se suponía que estaban una a la otra para apoyarse pero ahora Marie sólo se dedicaba a lanzar miradas amargas y suspirar fastidiada.
Su vida no era fácil, además de los deberes de la escuela debía soportar la omnipresencia de Scorpius Malfoy en cada lugar al que iba, era como una sombra que le perseguía en cada clase o rato libre que tuviera, cortesía de Albus.
Si las sensaciones que él le despertaba hubiesen sido desagradables, entonces habría sido más fácil para ella dejarlo pasar, pero esa cómoda calidez que se instalaba en su cuerpo cada vez que sentía su perfume cerca era imposible de ignorar.
El pasillo por el que caminaba, estaba inusualmente solo y silencioso. No había cuadros en las paredes y ni personas en los pasillos, lo que la hizo pensar en qué tanto se habría desviado de sus usuales rutas. Pudo reconocer las escaleras que llevaban al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras y se ubicó instantáneamente. En ese momento una figura salió de una pequeña puerta empotrada y casi invisible en la pared.
Su cabello desordenado y su figura alta no fueron fáciles de distinguir hasta que se siguió acercando y un par de brillantes ojos almendrados acompañados de una sonrisa pequeña e inusual en él, fueron iluminados por la luz de la luna.
—¡Rosie! —y su voz dejó casi entrever un rastro de nerviosismo— ¿Qué haces sola por aquí?
Ella evaluó con la mirada a su primo James, se notaba que había estado haciendo de las suyas y que se sentía como si le hubiesen atrapado. No tenía ganas de entrar a discutir con él por lo que sólo dijo:
—Busco a Marie. ¿La has visto? —él pareció un poco afectado y se rascó la nuca incómodo. Se alzó de hombros y quiso hablar pero Rose no supo nuca que iba a decir cuando la figura de su amiga se deslizó desde detrás de la puerta en la que instantes antes había estado su primo.
Rose Weasley era muy inteligente pero había cosas que simplemente aun no podía entender del todo bien. Miró interrogante a James que no dijo nada y empezó a caminar por el pasillo, ignorando su encuentro. Quiso hacer un par de preguntas pero él ya le hacía un gesto de despedida con la mano y la oscuridad del corredor se lo tragó tan pronto dio la vuelta en la esquina.
Avanzó un par de pasos hacia Marie que aun la veía impasible, estaba igual que como se comportaba antes de uno de sus acostumbrados ataques de antipatía de las últimas semanas.
No sabía qué palabras serían las indicadas en aquel momento y se sentía como la gran intrusa en un momento que debía haber sido privado, pero la curiosidad siempre lograba ganarle la partida por lo que se apresuró a abrir la boca para hacer unas cuantas preguntas. Sin embargo, la voz amarga de Marie la interrumpió antes de que alcanzara a pronunciar algún sonido:
—Supongo que querrás saber que hacía dentro de un armario de escobas con tu primo James. Bueno, debo aclararte, antes que nada, que no es de tu incumbencia—Rose la miró alarmada e intentó hablar otra vez pero fue nuevamente adelantada por ella—. Pregúntale a él si tienes tantas ganas de saber, en cualquier caso no creo que te diga nada. De mi parte, tampoco te daré explicaciones.
Rose se sentía aturdida por aquel comentario y finalmente soltó aprovechando el silencio de Marie:
—No quiero explicaciones. No tienes por qué dármelas—su amiga sonrió burlona y negó con la cabeza.
—Claro que sí quieres oír lo que pasa. Siempre quieres saberlo todo y no creas que no me he dado cuenta que me has convertido en tu objeto de estudio las últimas semanas. Ya párala, Rose.
La pelirroja observó la figura de Marie de pie frente a ella, con los brazos cruzados y los labios apretados mirando por los ventanales en los que se filtraba la luz de la luna. No sabía muy bien que decirle así que intentó disculparse:
—No eres ningún objeto de estudio, simplemente quería descubrir qué te pasaba. Has estado actuando extraño desde que volvimos de las vacaciones de Navidad—Marie llevó sus ojos oscuros hasta Rose y bufó:
—Claro que he estado extraña. Con sólo preguntar habría bastado para que te contara, Rose—ella se apresuró a intentar decir que le había preguntado pero la cortó nuevamente—. Preguntarme cuando estábamos solas, no con los chicos o en el dormitorio con las demás o en medio de la cena. ¿De verdad, aun no captas como va esto de la amistad?
—Tienes razón, pero no pensé que…
—¿Qué? ¿Qué no sería tan importante como tus problemas y por eso podría hablarlo delante de todos? Lo siento, te recuerdo una vez más que el mundo no gira a tu alrededor.
Cada palabra pronunciada por Marie en aquella última frase, había llegado hasta ella y le había herido como un puñal filoso. Tenía razón, no había hecho más que actuar egoístamente como siempre y ahora su mejor amiga estaba a punto de no serlo más.
—Lo siento, no pensé… Creí que no me contarías, que tendría que averiguarlo. Yo sólo creí…—balbuceo Rose con nerviosismo frotando sus manos una contra la otra y bajando la mirada sin ningún buen argumento que esgrimir.
—Lo sé. Pensaste que todos somos iguales a ti y que no bastaría preguntarme a solas '¿Qué te ha sucedido?' para que yo te contara que estoy saliendo a escondidas con tu primo desde el verano aunque ya tiene su novia. ¿Por qué habría de hacerlo? Ser amigas no es un motivo lo suficientemente lógico y racional para ti como para contar tus secretos a otra persona ¿Cierto? —un nudo pesado y doloroso se instaló en medio de la garganta de Rose y por más que luchaba por deshacerlo no lo logró. Abrió la boca en un par de oportunidades pero ningún sonido salió de ella—. Jamás me has contado nada realmente importante, nunca hemos compartido algo verdaderamente especial, siempre debo sacarte las palabras casi que con hechizos. Esto no es exactamente una amistad real— sus palabras lograron herirla tan profundamente como Hugo lo hizo aquella vez. Sus ojos se llenaron de lágrimas pero no dejó que corrieran por su rostro—. Creo que has vuelto a descubrir que el mundo no funciona exactamente como piensas. Tómate tu tiempo, yo también lo haré. Necesito pensar que tanto bien puede hacerme seguir siendo amiga de una persona tan egoísta como tú.
Y sin más, Marie llorando en silencio, dejó a Rose dejó de pie en el pasillo solitario mientras comenzaba a darse cuenta que su amiga tenía razón. Al parecer el mundo no funcionaba exactamente como ella pensaba.
Habían pasado dos días desde aquello y hasta ese momento nadie había notado que había dejado de hablarse con Marie Hanks lo que había puesto a pensar mucho a Rose acerca del concepto en el que las personas que la rodeaban ponían su capacidad para relacionarse con los demás.
En la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, la última de la tarde del jueves, estaban aprendiendo hechizos aturdidores trabajando en parejas. Como era de esperarse, la clase del profesor Thompson fue entretenida al extremo de dejar la mitad de los estudiantes inconscientes.
Los ganadores de los duelos terminaban de acomodar en una fila en el suelo a sus compañeros aturdidos. Rose puso la mochila de su primo bajo su cuello y giró su cabeza para observar como Scorpius dejaba suavemente junto a Albus el cuerpo inerte de Emily McDouall.
—Creo que no le hará mucha gracia cuando despierte—comentó él logrando arrancarle una sonrisa. Más allá, Ralph trataba de reanimar a Timothy dándole suaves puntapiés y Marie exhausta dejaba a Jerry junto a ellos. Miró a Rose un par de segundos y sin decir nada más fue a buscar su varita en el pupitre contiguo. Scorpius las miró un par de segundos y añadió en un susurro, como adivinando que nadie lo sabía—. ¿Todo está bien ente ustedes?
Pero antes de que Rose pudiese contestar que todo estaba perfectamente –mintiendo una vez más acerca de sus sentimientos-, el profesor Thompson llamó la atención de su clase, o al menos de la mitad despierta.
—Chicos, ahora aprenderemos a reanimar a alguien que ha sido aturdido, lo cual siempre resulta bastante útil. El hechizo es 'Enervate' y veamos como practicaremos esos movimientos con la varita…
Rose, de pie y al final del grupo de estudiantes que se amontonaron frente a la pizarra, no le estaba prestando mucha atención al profesor, en parte porque ya conocía toda la teoría que explicaba y en otra porque sentía la mirada fija de Malfoy encima. Podía deducir que él también sabía todo lo que estaban enseñando a sus compañeros puesto que su atención estaba centrada sólo en ella y muy lejos de la pequeña multitud de estudiantes de la que estaban separados por varios pasos.
Giró un poco su cabeza y lo miró de reojo para encontrar su semblante casi tan distante como siempre pero sus ojos se veían algo preocupados, como si a él le afectara de alguna forma lo mal que ella se encontraba. De algún modo, sintió que su corazón se encogió un poco en su pecho y un dolor agudo y desconocido cruzó su cuerpo pues sólo quería echarse a llorar en sus brazos sin importarle quiénes eran ni dónde estaban.
Sus ojos notaron una fila más adelante la figura concentrada de Marie en las palabras del profesor Thompson y no tardaron en ser asaltados por un par de lágrimas. Volvió rápidamente su mirada al frente y parpadeó muchas veces para evitar que las pequeñas gotas se escaparan, logrando que Scorpius se llenara de determinación.
Los dedos inquietos de su mano izquierda se movieron tentativamente buscando los de Rose, que dio un pequeño respingo al sentir el tacto cálido cerca de su muñeca. Scorpius avanzó lentamente, como si ella fuese a desaparecer si hacía un mal movimiento.
Rose sintió cada poro de su cuerpo erizarse a medida que el contacto sus manos crecía y una calma llenarla lentamente, como si la piel de Scorpius fuese un bálsamo para curar todas sus heridas y llenarla de valor para enfrentar todos sus problemas.
Llevó sus ojos cafés hasta los de él y en ese momento sintió que cada espacio vacío entre los dedos de su mano derecha había sido rellenado por los suyos, se le ocurrió entonces que para eso habían estado diseñados siempre.
Scorpius apretó un poco más su agarre y Rose sintió como sus dedos entrelazados era el menor de los consuelos que le pedía pero el único que podía tener. Sus ojos grises la miraron por largos segundos mientras nadie se tomaba más tiempo del necesario para ver hacia la última fila y verlos de pie con las manos unidas. O al menos, eso pensaron.
Luego, cuando la pequeña multitud comenzó a dispersarse y se separaron para colocarse frente a sus parejas de clase y reanimarles, no pudieron evitar pensar que sus manos se sentían un poco más vacías ahora que antes.
El salón se estaba llenando de murmullos y movimientos de varita no tan acertados. Pero nadie hacía ningún movimiento si el profesor no estaba a su lado pues quería evitar "accidentes". Hasta ese momento nadie lo había hecho muy bien y los aturdidos seguían echados en el piso.
—No les pasará nada. Dejemos que duerman un rato—comentó mientras llegaba hasta el lugar de Rose—. Sigan practicando, chicos.
Cuando llegó su turno, tuvo éxito con el hechizo a la primera oportunidad, lo que le mereció diez puntos para Gryffindor y una felicitación pública. Scorpius lo hizo después de ella y también lo consiguió con lo que el profesor Thompson le palmeó el hombro al tiempo que le sonreía y le daba 10 puntos a Slytherin también.
Albus se sentó en el suelo algo confundido y por las maldiciones que susurraba, Rose podía decir que todo el cuerpo le dolía terriblemente. Sus ojos verdes se movieron hasta su lado derecho y pudo observar a Emily McDouall tratando de incorporarse apoyándose en el suelo. Sintió algo cálido cerca de sus dedos y descubrió que sus dedos rozaban la mano de la chica por lo que se apresuró a quitarla.
Se levantó de un brinco y terminó entre Scorpius y Rose que le miraron interrogantes:
—¿Y bien? ¿Cómo se siente ser aturdido? —preguntó el Slytherin dejando entrever un rastro de burla en sus palabras. Albus no estaba de muy buen humor pero sólo levantó una ceja y contestó mirando sin querer como Emily se ponía de pie y se sacudía polvo inexistente de su falda y su túnica.
—La próxima clase podrás preguntárselo a Rose. No volveré a perder—Scorpius esbozó una sonrisa pequeña y asintió a su amigo para luego guiñarle un ojo a la chica que se quiso morir de la vergüenza y pudo olvidar por un rato el montón de problemas que aun tenía con su ex mejor amiga, que unos pasos más allá ayudaba a levantarse a Jerry que había sido reanimado con éxito a la segunda oportunidad…
—Señorita Weasley, ¿Puede regalarme un segundo, por favor? —Rose se giró hasta donde se encontraba su maestro y con un gesto de cabeza le indicó a su primo y a Jerry que se adelantaran.
—Dígame, profesor—dijo ella haciendo más presión sobre el agarre a la correa de su mochila sobre su hombro. Caminó hasta donde él se encontraba, sentado tras su escritorio y, al igual que cada vez que un profesor la llamaba a solas, se imaginó lo peor.
El profesor Thompson era un hombre tan increíblemente joven que durante su primera clase ni siquiera podían creer que él sería su maestro. Tan pronto lo comentó en su casa, su madre le dijo que Jeremmy Thompson había terminado sus estudios en Hogwarts al mismo tiempo que Teddy. El por qué ella lo sabía, bueno, eso sí era todo un misterio.
Sin embargo, Rose sabía que esa generación de chicos había sido llamada "Los huérfanos". El tema era mencionado en el libro que Malfoy le prestó en primero: Teddy y su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras hacían parte del grupo de magos y brujas hijos de la guerra, nacidos desde el regreso de Voldemort hasta el final de la batalla de Hogwarts.
—Primero, discúlpame por ser tan entrometido—comenzó él mirándola con sus ojos azul claro a través de las gafas cuadradas que estaban posadas un poco torcidas sobre su nariz y logrando sacarla de su ensimismamiento—. Pero hace un par de noches no pude evitar escuchar la conversación que la señorita Hanks y tú tuvieron frente al pasillo que trae hasta este salón.
Rose se enrojeció de física vergüenza y no supo que decir mientras sus orejas tomaban una tonalidad escarlata:
—Yo… señor, lo siento…—el profesor la miró un poco confundido y se puso de pie avanzando lentamente hasta donde ella se encontraba.
—¿Por qué te disculpas? —preguntó siendo claramente sincero—. Fui yo quien escuché una charla totalmente privada y quien ahora trae a colación el tema—Rose alzó la vista hasta él que le sonreía quedamente y trató de hablar pero él la interrumpió-. No quiero incomodarte más con este tema, pero he decidido hablarte de esto porque de algún modo…—carraspeó un poco incómodo y fue su turno para sonrojarse—… Bueno, cambiando algunas penosas circunstancias de mi pasado, me recuerdas mucho a mí cuando tenía tu edad.
—¿Señor…? —musitó Rose con asombro al joven que retrocedió pasos completos hasta llegar a su escritorio y la miró por encima de la montura de sus gafas. Él se alzó de hombros y continuó.
—Tuve una conversación parecida a esa, pero no tomé las decisiones acertadas en su momento y aun me arrepiento de eso—Rose no tenía ni idea de que iba todo eso pero por alguna extraña razón comenzó a sentir cierta empatía por su profesor de Defensa—. A veces es difícil hablar cuando sentimos que no van a entendernos o que van a juzgarnos pero ¿Sabes? Cuando lo haces, siempre, sin excepción, te sientes muchísimo mejor.
Rose se quedó de pie en medio del salón observando la mirada clara y seria de su joven profesor mirándola desde detrás de sus gafas y le recordó a alguien que ya había visto antes pero que en aquel momento no pudo identificar. Asintió torpemente y murmuró una excusa antes de salir por la puerta hasta el corredor vacío.
No estaba muy segura de si había entendido bien lo que el profesor había querido decirle, o si él también era tan egoísta, presumido y reservado como ella. Tal vez le quedaron dudas acerca de si realmente se parecían o qué tanta carga del pasado ajeno de sus padres cargaban en sus hombros. Comenzó a correr con un rumbo fijo mientras el sol comenzaba a ponerse y teñía de naranja las paredes grises del castillo.
Lo único que Rose pudo sentir en las palabras de su profesor, fue un consejo de los labios de alguien que jamás se había tomado el trabajo de dirigirse a ella en términos fuera de lo académico, y que sin embargo había logrado leerla mejor de lo que nunca lo habían hecho personas tan cercanas a ella como su primo Albus o su hermano Hugo. Su cara se había enrojecido por la carrera y su túnica abierta se movía libre a su paso veloz por entre estudiantes que salían de sus clases de la tarde y que se dirigían a tomar el té en el Gran Salón.
Sabía que tenía que hablar, que estar siempre callada no era una opción. Pero no era fácil, de ninguna manera. Por eso empezaría por el menor de sus problemas, porque había otro, más grande y más rubio que le esperaba al final de aquel largo camino.
Subió hasta la torre como una exhalación y murmuró la contraseña tan rápido que ni siquiera ella misma se entendió. Cruzó la sala común sin saludar a Albus, ni Jerry y faltaron sólo centímetros para tropezar con Ralph que caminaba hacia los chicos desde los dormitorios.
Saltó de dos en dos las escaleras de caracol y tan pronto llegó a puerta de la habitación de las chicas de cuarto, toda su determinación pareció esfumarse. Empujó la puerta suavemente y, mientras su corazón latía desbocado y respiraba pesadamente, avanzó con lentitud.
Estaba hecha un desastre, su cabello había salido de su amarre, estaba comenzado a sudar y toda su piel estaba rojiza. No podía siquiera comenzar a hablar y sus jadeos sonoros llamaron la atención de la única chica que se encontraba en el lugar, tumbada sobre su cama, leyendo el último número de 'Corazón de Bruja'.
Caminó hasta quedar a los pies de la cama y logró que ella le mirara con algo raro que parecía preocupación revuelta con una seriedad mortal.
Rose sabía que Marie estaría allí sola porque no le gusta el té negro que sirve a esa hora en el comedor, sólo el verde; tampoco se soporta a Annie Rogers que está en la cama al lado derecho suyo y que los jueves de cada semana le llega el nuevo volumen de su revista favorita.
Rose sabía eso y también que no le gusta el pollo frito ni las patatas hervidas, que odia a la profesora Sinistra de Astronomía y que según ella, Andrew Rogers, hermano mayor de Annie y capitán del equipo de Quidditch de Ravenclaw, es el chico más guapo de la escuela.
Rose no necesita decir lo que sabe porque sabe muchas cosas y conocer es su forma de querer, aunque a veces no fuera tan sencillo de comprender. Ella quería a Marie y sólo se dio cuenta en aquel momento en el que pareció que la había perdido y que se había quedado sin su mejor amiga.
Fue por eso que, poniendo su mano derecha sobre su pecho tratando de calmar un poco su respiración y sintiendo latidos desesperados romperle las costillas, finalmente se decidió a hablar y quitarse todas esas toneladas de peso, dolor y prejuicios que debía cargar sola diariamente. La miró a los ojos oscuros fijamente y soltó por fin:
—Me gusta Scorpius Malfoy.
Y Marie primero alzó las cejas como si le estuviese jugando una mala broma pero luego comenzó a incorporarse en la cama.
—¿De qué estás hablan…?
—Me gusta Scorpius Malfoy—repitió como si decir aquellas palabras una y otra vez le hiciera las cosas más sencillas.
Su amiga la miró como calibrándola pero dejó su revista a un lado y se puso de pie:
—¿Hablas en serio? —y no pudo ocultar la sorpresa que llenaba su voz. Rose asintió sonrojándose ahora de pena y terminó dejando a Marie boquiabierta y a punto de soltar un grito de emoción que resonaría en cada rincón de la torre de Gryffindor:
—Me gusta Scorpius Malfoy y ya me ha besado.
Y Rose estuvo segura, en medio del alarido y el abrazo de Marie, que el profesor Thompson sí que tenía la razón.
Espero que les haya gustado. Rose está creciendo y madurando aunque le cueste montones, como a todos.
Uno de los personajes de importancia en el futuro que mencionaba en el capítulo 20 era el Profesor Thompson. Ya veremos cuál es el otro ;D
Nos leemos en los reviews,
Saludos,
Londony
