El gran día había llegado. A pesar de lo tarde que se había acostado la noche anterior, Mary Evans se levantó muy temprano aquel sábado, para prepararle un desayuno especial a su primogénito, así que con más energía de lo habitual, se dedicó a cocinar, cantar, despertar a la familia y bailar por los pasillos de la casa.
Sunshine por su parte se había despertado igual de feliz que la madre de Sam; faltaban solo unas horas para el cumpleaños del rubio, lo que significaba que se encontrarían en el lugar perfecto, para que ella pudiera expresarle todo su amor a través de una canción. Saliendo de su habitación se encontró con su institutriz, quien traía el vestido que la asiática usaría esa noche. Traído directamente desde New York, una etiqueta de Dolce&Gabbana colgaba de una lujosa caja, bellamente decorada. Dando pequeños saltos y aplaudiendo Sunshine recibió la caja y seguida de Beatriz, su institutriz, fue a probarse el vestido.
Recatada y elegante como era, Beatriz no pudo evitar enjugarse una lagrimilla, al ver a Sunshine enfundada en semejante vestido. Sin duda la pequeña niña que un día le habían presentado, estaba convirtiéndose en una hermosa mujer y se alegraba de estar presente en ese proceso.
No tan animado como las dos organizadoras, pero sin duda expectante, Kurt se desperezaba a las siete y treinta de la mañana, repasando mentalmente lo que haría ese día. Limpieza facial, rutina de ejercicio, desayuno, retirar ropa de la tintorería… ¡Comprar el regalo para Sam! De un salto se puso en pie y decidió que no tenía tiempo para limpiezas faciales así que comenzó a hacer ejercicio, para después tomar desayuno y luego ir a comprarle un regalo a Sam.
A las ocho menos quince minutos, Blaine tomaba su teléfono móvil y marcaba el número de Harmony.
- Buenos días precioso – murmuraba con voz queda la muchacha
- Buenos días princesa – respondía Blaine con una grave voz matutina - ¿Cómo dormiste?
- Excelente… tuve un sueño realmente reparador – Harmony miró la hora en el reloj de su mesita de noche - ¿Sucede algo?
Al otro lado de la línea se escuchó un largo suspiro, seguido de un minuto de silencio que a la ojiazul se le hizo eterno.
- ¿Blaine?
- No estoy muy seguro de querer ir a la fiesta de cumpleaños de Sam – soltó el moreno Anderson de un golpe.
Harmony se quedó en silencio, pues no entendía el por que de la situación. Terminando de despertar, se acomodó en la cama y habló.
- ¿Y eso a que viene amor?
Tras un leve titubeo, y con muy poca elocuencia Blaine respondió
- No creo que me pueda sentir cómodo, después de ya sabes… - Blaine volvió a titubear – todos los momentos incómodos que se dieron entre nosotros a causa de Kurt, las malas caras de Sam y…
- Pensé que eso estaba superado – interrumpió Harmony con tono triste.
- Si, está superado, pero siento que sería cínico de mi parte ir a celebrar con Sam, luego de todo lo que ha pasado… - La voz de Blaine fue apagándose a medida que hablaba.
- ¿Quieres que vaya sola entonces? – Harmony recurría a todos sus recursos para conseguir que Blaine la acompañara.
El moreno guardó silencio. No quería que su novia fuera sola, pero tampoco quería aparecerse por la fiesta. ¿Qué haría?
- No se trata de que quiera que vayas sola es solo que…
- ¿Entonces de qué se trata? – volvió a interrumpir la ojiazul
- No me sentiría bien
- ¡Pero estarás conmigo! – dijo Harmony alterada - ¡eso debería ser suficiente para que te sientas bien!
El corazón de Blaine dio un vuelvo al notar la similitud que tenía esta escena, con otra que habían vivido él y Sebastian, durante el tiempo que estuvieron juntos. La única diferencia es que, en aquel entonces, Blaine estaba en el lugar de Harmony, rogándole a Sebastian que se sintiera bien con su compañía. Es por esto que empatizando con la ojiazul dijo.
- Tienes razón amor, no sé en que estaba pensando… yo… creo que iré contigo
- Gracias amor… sabía que podía contar contigo – respondió Harmony, celebrando en silencio al otro lado de línea.
- Te quiero, nos vemos más tarde… ¿Paso por ti a las siete y media? – consultó el moreno antes de colgar.
- Si cariño, a esa hora creo que estaré lista… adiós
- Adiós.
Blaine cortó la llamada y se quedó contemplando el cielo de su habitación. Suspirando largamente, comenzó a asumir que tendría que ir a la fiesta de Sam y tratar de disfrutar mientras estuviera ahí. ¿Qué tan malo podía ser?
Caminando con Carole tomada del brazo, Kurt pasaba en frente de todos los escaparates de las tiendas, sondeando con velocidad los regalos que podría hacerle a su novio.
- ¿Es músico verdad? – consultó Carole, tratando de seguir el paso del castaño
- Así es, pero quiero regalarle algo menos obvio que eso.
- ¿Qué más le gusta?
- La guerra de las galaxias, Avatar, imitaciones, matemática, química… - enumeró Kurt
- Es todo un fr…
- ¡No digas la palabra con "EFE"! – advirtió Kurt – es solo que sigue disfrutando de su infan… Oh Dios mío – dijo de pronto el castaño, soltando el brazo de Carole y acercándose a una vitrina.- Ese es el regalo perfecto para Sam, y sin pensarlo dos veces entró a la tienda, para comprar lo que había en vitrina.
…
- ¿Ya estás listo? – consultó Mary, de pie al otro lado de la puerta de Sam, consultando la hora en su reloj.
- Ya casi – respondió con voz queda el rubio, mientras terminaba de anudar su corbata.
Contempló su reflejo en el espejo y lo que vio lo dejó totalmente conforme. Un estupendo traje negro resaltaba el color de su piel y cabello, a tiempo que marcaba su bien formado cuerpo, ajustándose perfectamente a cada recoveco de su anatomía.
Al abrir la puerta de su habitación, Mary Evans tuvo que contener sus ganas de llorar; su pequeño niño ya estaba hecho todo un hombre. Si fue tan solo ayer, cuando sostenía entre sus brazos a un bebé, con una discreta pelusilla rubia como cabellera y unos impactantes ojos verdes.
- ¿Mamá?
La voz de Sam la sacó de su ensimismamiento y la trajo de vuelta a la realidad. Tomando del brazo al rubio primogénito, caminó hacia el living, donde estaban su padre y sus hermanos y luego de recibir un par de elogios por parte de su progenitor y de sus hermanita, los cinco se montaron en el auto y se encaminaron hacia la celebración del cumpleaños.
Aguardando en el living de su casa, Finn esperaba a que Kurt estuviera listo para irse juntos al cumpleaños de Sam. Habían decidido ocupar el automóvil de Hudson, así no tendrían problemas de estacionamiento.
- ¡Vamos Kurt que aún tenemos que pasar por Rachel! – vociferó Finn, mientras miraba a Burt con algo de ansiedad.
- ¿Por qué tardará tanto? – preguntó Burt, mirando hacia las escaleras
- Ropa – dijo simplemente Finn – debe estar revisando que los pliegues de su Kilt estén perfectos.
- Para tu información, Finn no usaré un Kilt – Kurt aparecía por fin en el living de su casa vistiendo una traje negro, bastante sencillo - ¿Vamos?
Kurt se acercó a su estupefacto padre para despedirse. Finn por otro lado tardó en reaccionar y poniéndose rápidamente de pie, siguió a su hermanastro hacia la salida.
Durante el trayecto hacia la casa de Rachel, Finn no soportó más la curiosidad y cuando un semáforo les dio rojo, preguntó
- Kurt… ¿A qué se debe tu cambio de… ya sabes…estilo?
Con la vista fija al frente, el castaño Hummel explicó
- Digamos que la madre de Sam es un poco quisquillosa. Sam no quería que tuviera problemas con ella en su cumpleaños, así que decidí variar un poco en mi estilo para no verme tan obviamente gay frente a su madre.
- ¿Estás molesto, verdad? – Finn sentía que estaba caminando sobre huevos
- Para nada. – respondió cortante
- Ok, como tú digas – y no preguntó más.
Pasaron por la castaña Berry y luego se encaminaron a la fiesta de cumpleaños de Sam.
Al llegar al lugar se percataron de que eran los últimos tres en llegar. Ya se encontraban ahí el señor Schue vestido muy elegante; Sunshine por otro lado, enfundada en su costoso vestido Dolce & Gabbana, que llamó la atención de Kurt apenas entró en la habitación. Mercedes, Puck y todos y el resto de los chicos del coro se voltearon para ver a Kurt que con su atuendo, llamó más la atención que Sunshine en su vestido. ¿Qué le había pasado al pomposo Kurt? Quinn observó recelosa desde un rincón y notó que las miradas de Sam y el castaño se cruzaban fugazmente. El trío de recién llegados se incluyó rápidamente a la fiesta y uno a uno pasaron a dejar sus regalos a la mesa que estaba destinada para esto, dejando sus buenos deseos y felicitaciones en un libro que estaba sobre ésta.
Notando que la totalidad de los invitados había llegado, Mary Evans se subió a un pequeño escenario que habían montado junto a Sunshine y tomando el micrófono pidió la palabra.
- Quiero agradecer a cada uno de ustedes por estar aquí esta noche, celebrando los diecisiete años de nuestro querido hijo, Sam. – El coro prorrumpió en aplausos y vítores para el festejado y una vez que se hubieron callado, Mary volvió a hablar.- Todo lo que ven, está a vuestra disposición para ser degustado, y se preguntaran porque hay un escenario, y porque hay una máquina de karaoke. – La rubia sonrió de manera pícara – pues pensé que si todos los invitados a la fiesta son los chicos del club glee… más de alguno querrá deleitarnos con una canción, así que durante toda la noche, me estaré acercando a cualquiera de ustedes para que nos cante una canción.
La idea de la rubia pareció gustarle a todos los invitados que, en un pensamiento colectivo, comenzaron a buscar en sus repertorios una canción para cantar.
- Para abrir la ronda de canciones, me gustaría dejar en este lugar a mi colaboradora en la organización de esta fiesta. Querida, si no hubiera sido por ti, muchas de las cosas que vemos aquí no estarían – dijo llevándose una mano al pecho y poniendo cara de agradecimiento – Dejo con ustedes a Sunshine Corazón.
Entre aplausos, la pequeña asiática subió al escenario, llamando la atención de todos. Se veía verdaderamente despampanante. Agradeciendo a Mary, tomó el micrófono y habló.
- Para mi es un gusto poder ayudarte Mary, sobre todo si se trata de Sam – dijo mirando al rubio que se puso como un tomate en menos de un segundo. – La canción que quiero interpretar, es en parte un regalo para Sam. Espero que te guste.
La música comenzó a sonar y la mirada de todos los que sabían acerca del romance entre Kurt y Sam, se centraron en el primero, esperando que el muchacho saltara al escenario y tratara de estrangular a la asiática.
Al lado de Kurt, Puck le apretó un brazo para llamar su atención. Con curiosidad Hummel miró.
- ¿Todo bien? – susurró
- ¿Lo dices por ella? – Kurt puso cara de que no le importaba – no me va ni me viene lo que haga. Sé que Sam no siente nada por ella.
- Estupendo.
Sam miró con atención el semblante serio de Kurt y luego miró a Sunshine.
Suena ~ Solo por ti
No me preguntes porque
Porque te miro así
(Descaradamente (a juicio de Mercedes) Sunshine volteó a mirar al rubio)
Si tiembla mi voz
O de nervios empiezo a reír
Si te preguntas porque
Se agua mi mirar
Es que mi amor se desborda
Y cae como un manantial
Solo por ti, amor de mi alma
La luna que excita mi mar y lo adormece en calma
(Puck miró a Kurt y se admiró del temple con el que estaba enfrentando la situación. A su lado Mercedes quería subir y hacer que la muchacha se tragara el micrófono)
Solo por ti, amor de mis sueños
La unión de la esperanza y de todos mis deseos
Solo por ti
No me preguntes porque
Porque te toco la mano
Si repito que te quiero
Te juro que no es en vano
(Al lado de Sam que disimulaba muy bien su cara de mortificación, Mary sonreía ampliamente)
Si te preguntas porque
No dejo de acariciarte
Es que mi amor se desborda y
Sobre tu cuerpo se convierte en arte
Solo por ti, amor de mi alma
La luna que excita mi mar y lo adormece en calma
(Quinn dirigía su vista de Sam a Kurt, que parecía estar muy tranquilo. Luego observaba resoplar a Mercedes y se preguntaba el por qué de tanto enojo)
Solo por ti, amor de mis sueños
La unión de la esperanza y de todos mis deseos
Solo por ti
No me preguntes porque
Escribo tu nombre mil veces
Como puedo contar el tiempo juntos
Días, horas, semanas y meses
Solo por ti, amor de mi alma
La luna que excita mi mar y lo adormece en calma
(Blaine y Harmony miraban con expectación a Hummel, como esperando que el muchacho rompiera a llorar en cualquier momento, pero nada de esto pasó. Al contrario, Mercedes parecía más exaltada que el castaño, y veían como a su lado, Puck le hablaba rápidamente al oído, tratando seguramente de calmarla.)
Solo por ti, amor de mis sueños
La unión de la esperanza y de todos mis deseos
Solo por ti
Todo el coro aplaudió, unos con más ánimo que otros y en seguida Mary subió al escenario para agradecer a Sunshine y dar la fiesta por iniciada.
Tratando de cambiar su semblante Kurt, en compañía de Finn y Rachel, se acercó a Sam para felicitarlo.
- Feliz cumpleaños Sam, espero que sean muchos años más – Dijo Kurt, abrazando al rubio.
- Perdón – susurró el rubio al estar abrazado con Kurt.
- Descuida – respondió rápidamente.
Mientras Rachel y Finn saludaban al festejado, el padre de Sam se acercó al grupo. Por fin conocería en persona al chico que le había robado el corazón a su hijo.
- Papá, ellos son Rachel Berry, Finn Hudson y Kurt Hummel – dijo el último nombre con un tono de inconfundible añoranza.
- Mucho gusto – Estrechó las manos de cada uno, y cuando saludó a Kurt, le dirigió una mirada especial, gesto que llamó la atención del castaño. – Tú debes ser el hijo de Burt Hummel, Sam me ha hablado mucho de ti – agregó guiñándole un ojo a su hijo – con su permiso, creo que mi esposa me necesita.
Peter abandonó el grupo para ir a ver que necesitaba su esposa y apenas se hubo marchado, Kurt se volteó a mirar a Sam.
- ¿Así que le has hablado mucho a tu padre de mi, eh?
- ¿Estás bien? – consultó de inmediato el rubio, obviando la presencia de Finnchel
- Creo que nosotros nos retiramos – dijo Finn
- No, quédense. Así mi madre no estará al asecho de Kurt – aconsejó el rubio.
- No me has respondido – insistió Kurt con una sonrisa picarona
- La verdad, es que él sabe que tú y yo somos novios
La cara de espanto de Kurt fue épica.
- ¿CÓMO?
- Lo que acabas de oír – confirmó Sam
- ¿Y no te dijo nada? – consultó Rachel, uniéndose a la conversación de pronto
- ¿No quiso matarte? – acotó Finn
- Me dijo que ya lo sabía y no, no quiso matarme – Sam sonrió y miró a Kurt que de un momento a otro se había puesto más blanco de lo que era.
- ¿Por qué no me habías contado? – logró decir el castaño
- Lo olvidé por completo
- ¿Cómo puedes olvidar algo así? – reclamó Kurt, poniendo cara de reproche
- Es que cuando estoy contigo, olvido todo lo demás – Sam dijo esta frase con la vista clavada en sus zapatos.
El corazón de Kurt se conmovió y Rachel le propinó un codazo a Finn, a modo de reclamo - ¿Por qué tú no me dices cosas así? – susurró, recibiendo un par de hombros levantados como respuesta.
Luego de que Sam enfrentara la mirada de Kurt, se habían quedado en silencio, mirándose fijamente, como si nada más en el mundo existiera.
- ¿Se divierten, chicos? – Sunshine apareció entre Sam y Kurt cortando todo el momento.
- Si, si… ¿Son camarones esos que veo ahí? – Kurt señaló a la mesa de comida y se excusó, dejando a Sam con Sunshine y Finn, seguido por Rachel.
Peter estaba de pie junto a su mujer, esperando que ésta dejara de hablar con uno de los mozos y saber que era lo que quería.
- ¿Qué te pareció la canción de Sunshine? – consultó la mujer, adivinando la respuesta.
- Un tanto… obvia. – declaró Peter – querida, ya habíamos hablado de este tema, sabes que Sam no podrá corresponder a Sunshine…
- Aún no termino de entender porque no puede. – interrumpió la rubia – la única explicación que le veo, es que él tenga una novia, y hasta ahora no me ha presentado a nadie…
- Cariño, deja de controlar a nuestro hijo – sugirió el rubio
- Bueno, si tiene una novia, no pasa de hoy sin que me la presente. – y dicho esto dejó a su esposo para ver algunos detalles relacionados con el pastel.
Peter suspiró profundamente, y rogó al cielo para que la celebración no terminara en lamentación.
En otro lado de la fiesta, Mercedes masticaba trozo de pavo ahumado, canalizando de esa forma su ira. Junto a ella Puck y Harmony la miraban un tanto asustados.
- Mercedes por favor, mantén la compostura – susurró la ojiazul, a tiempo que recibía de manos de Blaine un vaso de soda.
- ¿Aún enojada? – Blaine sonrió divertido, pero la sonrisa se le cortó cuando vio la mirada de odio de la morena.
- ¿Quién se cree que es? Le dedicó una canción de amor al novio de mi amigo… DE MI AMIGO – recalcó, masticando con fuerza.
- SHHHHHHHHH – susurraron Harmony y Puck. – Recuerda que nadie sabe que Sam… tú ya sabes – dijo Harmony mirando a todos lados.
- ¿En serio? – Blaine se mostró interesado en el tema de pronto, pero nadie más habló de eso.
Reunidos cerca de la mesa de la comida, Artie, Quinn, Joe y Sugar hablaban de la voz de Sunshine.
- Creo que debemos influenciarla para que se cambie a McKinley – sentenció Sugar
- ¿En que instituto creen que vaya? – intervino Artie
- ¡Hey Sunshine! – Quinn decidió tomar el toro por las astas y llamó a la pequeña asiática. Pero lejos de interesarse por su voz, supo por su canción que la muchacha quería algo con Sam y no iba a permitir que alguien le hiciera la competencia. Sabiendo a que instituto asistía, sabría más o menos a quien se enfrentaba.
En un momento Sunshine se encontraba al lado de ellos, sonriendo como de costumbre.
- Queríamos felicitarte, tienes una gran voz – comenzó diciendo la rubia Quinn
- Verdaderamente fascinante – recalcó Artie
- El club glee de tu instituto debe estar feliz de tenerte – continuó diciendo la rubia.
- Creo que si jajaja – rió nerviosa entre tanta alabanza.
- Y dime Sunshine ¿En que instituto estás?
- En el instituto para señoritas "Perpetuo Socorro" – respondió Sunshine, sin percibir la malicia con que preguntaban
De inmediato la cara de Artie, Quinn, Sugar y Joe se desfiguró. ¡Ella sería su competencia en las seccionales!
- Creo que seré vuestra competencia en las seccionales – confirmó Sunshine con una sonrisa, carente totalmente de malicia - ¿si? – dijo levantando la vista – disculpen, creo que Mary me necesita.
Se alejó del estupefacto grupo y se acercó para hablar con Mary.
- Estamos jodidos – sentenció Artie
- No seas tan pesimista, con un poco de Rachel esa pequeña no querrá cantar nunca más en su vida – aseguró Quinn haciendo un perfil de la muchacha en su mente. Si iba a un instituto católico, seguramente era una empollona de primera. No había mucho que temer.
El resto del grupo se quedó pensando en lo que serían las próximas seccionales.
- Dime, Mary - dijo Sunshine llegando al lado de la rubia
- La canción que cantaste fue maravillosa
- ¿No crees que fue demasiado?
- Para nada – mintió Mary guiñándole un ojo – estoy segura que después de esto Sam caerá rendido a tus pies.
Mary dejó a Sunshine con cara de ilusión y se fue a atender otros asuntos de la fiesta. Pero su conciencia seguía remordiendo y ahora estaba peor que antes. ¿Cuál era el sentido de hacerle ilusiones a esa pobre muchacha? Sospechaba que Sam tenía algo con alguien del coro. ¿Habrá vuelto con Quinn? Si eso era así sería maravilloso. ¿O estará con Mercedes? Cualquiera de las dos opciones le agradaba… Pensando en esto, se acercó a Mercedes y la invitó a subir al escenario para que interpretara una canción.
Sin pensarlo dos veces, la morena tomó el micrófono y busco en la máquina de karaoke un tema, que solo con el título, ya decía muchas cosas.
- Esta canción – comenzó a decir mientras sonaba la introducción – va dedicada a todas esas parejas que están destinadas a ser solo amigos… ¡todos a bailar! – y Just Friends, de Amy Winhouse comenzó a sonar.
Apenas escuchó la palabra "Bailar", Sunshine corrió a los brazos de Sam y se colgó de su cuello para luego comenzar a moverse el ritmo de la música. El rubio miró exasperado a su alrededor, deseando que alguien hubiera llegado antes que Sunshine para bailar, pero nada de eso había ocurrido. Britt y Santana saltaron a la pista de baile, seguidas de Rory que se emparejó con la rubia y Puck que tomó a la latina para bailar. Quinn bailaba con Joe, maldiciendo por lo bajo a Sunshine, que se le había adelantado para sacar a Sam a bailar… necesitaba un momento a solas con el muchacho, para confirmar sus sospechas. Finn fue por Rachel y olvidándose de Kurt salieron a la pista de baile. Éste último se acercó al señor Schue que en un costado de la pista, meneaba su vaso de refresco al son de las trompetas.
- ¿Disfrutando de la fiesta señor Schue?
- Si, dentro de lo que puedo ¿No bailas? – consultó el docente, bebiendo refresco.
- No – sonrisa – digamos que la única persona con la que quiero bailar, está vigilada por su madre, y atrapado en los brazos de cierta muchacha…
- Entiendo – interrumpió el señor Schue. – No te preocupes, ya llegará la hora en que no tengan que esconderse – guiño.
- Eso espero… - suspiró Kurt – Un momento, ¿usted sabe que…? – indagó Kurt, sorprendido.
- Los he visto irse juntos un par de veces, aparte de verlos en los pasillos entre clases, sé que no son muy evidentes pero créeme, él se comporta de la misma forma en que me comportaba yo cuando salía con mi ex esposa. Tal vez no lo notes, pero te mira de una forma especial – aseguró Will, haciendo que Kurt sonriera estúpidamente.
Ambos guardaron silencio, mientras veían a los chicos moverse al ritmo de la música. El último acorde la canción sonó y después de haber descargado parte de su enojo cantando, la morena Mercedes bajó del escenario, siendo ovacionada por sus compañeros. Al instante, las luces del salón verde se apagaron y por una puerta entraron funcionarios del hotel plaza con un pastel bellamente decorado en rojo y blanco, con un contorno de mazapán que simulaba ser una cinta de regalo y sobre él, una gran vela con un incandescente número diecisiete.
Perdido entre el grupo que se había formado alrededor del pastel, el señor Schue comenzó a cantar cumpleaños feliz, seguido por el resto del coro que adornaba la canción con bellas armonías y uno que otro melisma. La familia de Sam escuchaba fascinada mientras que el rubio solo sonreía agradecido de estar con sus amigos y familia en ese momento. A su izquierda, Mercedes cantaba, mientras le frotaba la espalda y a su derecha, Rachel le sonreía feliz. Buscó con la mirada a Kurt y lo vio sonriendo detrás de Sunshine, junto a Puck.
- Muy bien hijo, antes de apagar las velas, debes pedir un deseo – Dijo Peter, de pie frente a él.
Cerrando sus ojos con fuerza, Sam pensó en lo único que quería hacer realidad en ese momento. – Que mi madre acepte mi relación con Kurt – y con esto en mente, sopló las velas.
Todos a su alrededor comenzaron a aplaudir y los funcionarios del hotel comenzaron a servir rebanadas para todos.
Rodeado por Mercedes, Rachel, Finn, Puck, Sunshine y Kurt, Sam recibía felicitaciones nuevamente. Mary se acercó a su hijo y sin un dejo de remordimiento preguntó.
- ¿Qué deseo pediste, hijo?
- Mamá sabes que los deseos no se dicen o sino nunca se cumplirán – respondió Sam, agradeciendo a la persona que inventó esa regla con respecto a los deseos de cumpleaños.
- Podría apostar que pediste algo relacionado con la chica que te quita el sueño – comentó Mary de forma pícara, y de inmediato todos miraron a Sam, expectantes.
- Claro, claro – Sam estaba a punto de retirarse del grupo, cuando su madre dio el golpe final
- Maravilloso ¿Está ella presente?
La mirada de Sam se dirigió rápidamente a Kurt y esté no hizo más que bajar la cabeza. Sunshine sonrió ilusionada y adelantó su posición para ubicarse junto a Sam, esperando ser nombrada por el rubio, pero antes de que él pudiera abrir la boca para decir algo, Mercedes se puso a su lado, tomó de su mano y para la sorpresa de todos miró a la madre de Sam y dijo.
- Bueno, señora Evans, no queríamos que se enterara de esta forma pero…
- Sam y Mercedes están saliendo desde hace mucho tiempo ya – aseguró Rachel
- Meses – acotó Finn
- Son el uno para el otro – terminó diciendo Puck, mientras le seguía el juego a su novia.
El castaño había levantado la vista no sabiendo muy bien como reaccionar. Viendo a Mercedes tomada de la mano de su novio agradeció el tener una amiga que de alguna manera pudiera cubrirle la espalda, sin embargo la situación lo entristecía, aunque no quisiera reconocerlo.
Sunshine miró la escena, lentamente bajó la cabeza y con un quedo "permiso" se retiró de en medio del grupo. Mary la vio salir de ahí, pero el alivio de saber que Sam tenía novia y no novio no la dejó moverse.
- Pero yo creí que Mercedes estaba con… - balbuceó Mary apuntando a Puck – creo que alguna vez los vi caminar del brazo por el centro comercial…
- Somos solo amigos – indicó Puck, mientras abrazaba a Kurt y le guiñaba un ojo a la rubia cuarentona.
- ¡ooh! Ya veo – dijo Mary – ahora entiendo porque tienes tan buen gusto para la moda. – concluyó, asumiendo que Puck y Kurt eran pareja. - ¿Por qué no me habías contado nada Sammy?
- Pues porque… yo… - la mirada de Sam no podía apartarse de Kurt.
- Habíamos decidido tomarnos un tiempo para decirle a nuestros padres – se excusó Mercedes
- Querida, puedes ir tomar té cuando quieras… - invitó Mary, tomando a Mercedes del brazo y caminando con ella hacia la mesa del buffet
El resto del grupo vio a Mercedes alejarse en compañía de la madre de Sam y se tensó.
- Kurt, perdón, no sospeché que mi madre fuera a llegar tan lejos – el rubio se acercó a su novio y lo tomó de las manos
- No te preocupes – Kurt trató de sonreír pero sus ojos vidriosos eran innegables – sabíamos que esto podía pasar…
- Hey Evans, aléjate de mi novio – dijo Puck, tratando de alivianar el ambiente
- Con permiso – Kurt se deshizo del abrazo de Noah – creo que necesito ir al baño.
- Kurt – murmuró Sam y cuando iba a seguirlo, Puck lo detuvo
- No te preocupes, yo voy con él.
Finn y Rachel se acercaron al rubio que parecía más que apesadumbrado y trataron de consolarlo.
En la terraza del salón verde, Sunshine lloraba desconsolada. ¿Por qué Mary le había dicho todas esas cosas? ¿Por qué Sam le había coqueteado de esa forma? ¿O es que lo había inventado todo en su cabeza? Abrumada por estas interrogantes, sollozó con más fuerza que antes y miró la noche estrellada de Lima. No iba a entrar de nuevo a la fiesta, no podía mirar a Sam a la cara sin derrumbarse, no podía mirar a Mary a la cara sin pedirle explicaciones… rebuscó en su bolso de mano y tomando su móvil llamó a Beatriz para que la recogiera y la llevara a casa. Necesitaba descansar.
