Hola. Bueno. Ahora SÍ es éste el final. Lo subi hace unas semanas, y fue una locura porque parte del final se borró (sospecho que lo subí incompleto) y bueno...

En fin, discúlpenme, pero al final no pude evitar poner NaruSaku, ¡creo que estoy obsesionada! Si a alguien le interesa tengo otros dos fics : Medianoche, que es el amor de mi vida y cuya continuación empezaré pronto y Track 04 mi primer NaruSaku.

Muchas gracias por seguirme todo este tiempo. =)


Disclaimer: Naruto no me pertenece a mi sino M Kishimoto y blablablá.


Your Embrace

Capítulo final.

Tiene que admitir que está nerviosa.

Con cierta tristeza, contempla sus uñas destruidas: un desastre. Para sí misma, confiesa que esto no es lo que se había esperado, – después de todo, ha pasado tanto tiempo – había pensado que tal vez, quizá, podía haber algo diferente en ella. Se mira por última vez en uno de los miles de espejos en el edificio, checando que su maquillaje esté en orden – lo suficientemente en orden para cubrir cualquier sonrojo – y que su apariencia sea tan normal como puede llegar a serlo. Los nervios, el sonrojo, las ganas de morderse aun más las uñas. Esto no debería estar pasando. No después de nueve años.

Nueve años. No suena a mucho tiempo, al menos no cuando lo piensa así. Pero ella, todo en ella, ha cambiado. Su pelo es aun corto, ya que jamás tuvo la fuerza de voluntad para dejarlo crecer y perder el tiempo en cepillarse una larga cabellera. Sus ojos — y su piel — siguen siendo blancos, pero ella cree que ya no son tan insípidos. Cree que ella ya no es tan simple, que su vida ya no es tan aburrida y que el color blanco ya no es tan desabrido. Su ropa… bueno, ciertamente no está usando la falda del uniforme. Pantalones formales negros, tacones bajos y una camisa blanca, formal.

Entra a la pequeñísima sala de reuniones con aire resignado, nerviosa y con ganas de golpear a alguien.

No son cambios significativos, aquellos que Sasuke Uchiha contempla con sus ojos oscuros cuando ella al fin abre la puerta y se da cuenta, con horror, que el espejo era en realidad un cristal, y que Sasuke fue testigo de su rápido, pero obvio, chequeo general. Se ruboriza pero él no lo nota, pues el maquillaje está bien aplicado y cumple su propósito. Los cambios que Sasuke ve son más profundos. El pelo corto habla de una persona cómoda consigo misma, una persona práctica, una persona muy como ella. Sus ojos blancos, su piel pálida, su sonrisa impecable sonríen con todo ese color blanco que ha ganado color sin decir nada. Su ropa explica poco a poco su nueva vida, de la necesidad de una apariencia cómoda y presentable.

Su nuevo yo habla del mismo viejo yo que se ha completado, de la media naranja que se llenó, del ying que encontró su yang, de esa persona que estaba rota y ya se reparó. Sasuke sonrió arrogantemente, y Hinata nota que los años no podían más que acentuar la belleza de esa descarada sonrisa.

—Hyuuga — dice.

Hinata casi se sorprende de no escuchar un 'hn'.

—Sasuke — replica, calmada, mirándolo a los ojos.

No hay nada que la asuste ahí, y la calma se convierte en una sonrisa.

-o-

Sasuke no está muy seguro de cómo cuatro años y medio de carrera se convirtieron en seis, y luego en siete y luego en nueve. Konan está a su lado cuando, de nuevo en Japón, bajan del avión. No van de la mano. Sasuke está sonriendo y no para burlarse de alguien y no para demostrar nada. Solamente es así. Hay gente que sonríe y Sasuke es, ahora, de ese tipo de gente.

Nueve años. Parece una eternidad, en especial cuando contempla el nuevo aeropuerto, las grandes tiendas y todos los cambios sufridos desde la última vez que estuvo aquí. Su cabello conserva el mismo estilo –jamás ha logrado aplacar esa molesta 'cola de pato'. No hay muchos cambios, no para el observador casual. Su cara es más afilada que hace unos años, su porte más relajado, su mirada no está cargada ya con la pérdida de esa familia que no va a regresar, al menos no en esta vida.

En el aeropuerto lo esperan sus amigos. La pelirroja lleva el cabello tan largo como siempre, y de su mano van dos niños; uno de tres o cuatro años, con la tez morena y el otro, con el cabello rubio platinado, casi blanco – por una vez sin teñir – y una sonrisa de tiburón depositada en los labios. No muy lejos está Jyuugo, está solo y su cabello es de un rojizo anaranjado. Sasuke no piensa en preguntar si está teñido o no. Por último, Naruto Uzumaki, con el cabello rubio bajo las orejas, los ojos azules brillantes, una pequeña barba – que no le va en lo absoluto – y un niño pequeño, también rubio, pero rubio frambuesa, casi pelirrojo.

—Creí que no querías mocosos con el cabello rosa, tarado — dice, y son las primeras palabras que pronuncia tras darle un muy masculino abrazo, que él mismo inicia.

Naruto conoce a Sasuke lo suficiente como para no decir nada y devuelve el abrazo, su zorruna sonrisa pintada entre las curiosas marcas parecidas a bigotes de zorro que no estaban ahí antes. Sasuke lo mira interrogándolo y Naruto sonríe aun más.

—Una apuesta — y se encoge de hombros.

Suiguetsu se rehúsa a abrazar a Sasuke – ni si quiera un abrazo de hombre a hombre – pero lo golpea afectuosamente en el hombro. Sasuke se acerca a Karin, y ella si le abraza, lanzándosele encima como si se tratase de nuevo de la preparatoria y el único objetivo fuese poner celoso a su, ahora, esposo.

—Si, Suiguetsu, ya veo el parecido — comenta, acariciando al moreno niño en la cabeza de manera juguetona, el sarcasmo aun inunda su voz profunda —. Eres increíble Karin. Sé que Suiguetsu es idiota, pero como lograste convencerlo de que es suyo se escapa de mi control.

—Ha, ha, ha. Es adoptado, Uchiha — replica rudamente Suiguetsu, sonriendo al niño que aunque les oye no hace mucho caso, pues está ocupado, jugando en su nintendo DS.

Él rueda los ojos.

—¿Se acuerdan de Konan? — cuestiona.

Todos asienten, menos Naruto. Sasuke los presenta. Suspira. Se sube al carro – uno separado del de sus amigos, un carro de la compañía. Vagamente, se pregunta por Sakura y por Ino, y aun que sigue negándolo después de tantos años, por Hinata. No sigue enamorado – no es eso en absoluto – pero supone que siempre ha sido fan de las historias inconclusas y nunca se dio cuenta de ello.

—No les hablaste de nosotros — reclama Konan, triste.

—Lo notaron igual. ¿Viste la mirada de Karin sobre tus manos? Hasta Suiguetsu ha de saberlo en este momento — replica Sasuke —. Claro que se dieron cuenta.

Sasuke y Konan se miran un momento. Sasuke se pregunta exactamente que le atrajo en ella – aparte de los preciosos ojos grises y el liso cabello oscuro – y Konan se pregunta porque es Sasuke quién está allí y no Itachi. El tiempo, ese que la ha atacado por la espalda e introducido a un remolino de emociones desconocidas, no la ha ayudado a sanar en absoluto. El fin de su relación con Sasuke – esa que le brindaba un escaso consuelo – la ha dejado parada en piso de nadie, y solo el día de hoy puede darle a su vida un poco de propósito.

—Tu novia no estaba ahí. La Hyuuga.

—Llevamos nueve años sin hablar en lo absoluto. Es completamente natural que no estuviese ahí — replica él de inmediato, y no miente. Sasuke nunca miente ya. No había esperado ver a Hinata ahí y aunque no miente, sí omite información. No la esperaba, es cierto, pero le hubiera gustado verla—, además, es la presidente de la compañía de su padre ahora. Debe estar ocupada.

El carro se detiene frente a una gran casa de madera. No huele mal, pero huele diferente. A perro. Y a vainilla. Sasuke sonríe. Ha estado esperando este momento. Los recuerdos lo golpean de repente y la sonrisa desaparece… una niña tras un buró que le pide que no le toque, Sakura gritando y su cuerpo que no sabe cómo reaccionar. La casa parece mucho más pequeña ahora, y es extraño porque él no ha crecido en lo absoluto desde entonces.

Sasuke oprime el timbre y Konan le dedica una sonrisa rota. Ambos están nerviosos, y la ansiedad no puede con ellos. Se oye ruido dentro de la casa, ladridos de perros.

Un joven de cabellos oscuros y curiosas marcas triangulares en las mejillas abre la puerta. Su sonrisa perruna delata su identidad, y Sasuke nota de inmediato que Kiba no ha cambiado en lo absoluto… si no fuese por esas marcas en las mejillas…

—¿Una apuesta, Inuzuka? — pregunta, alzando las cejas.

—Veo que ya te encontraste con Naruto — replica Kiba, sonriendo aun más —. Pasa, Uchiha. Mi hermana te está esperando — Sasuke duda un momento, mirando alrededor –. Hinata no está aquí.

Sasuke no dice nada, pero puede notar sus mejillas ardiendo. ¿Cuántos años se supone que ha retrocedido en el tiempo? Se siente como un mocoso y ha pasado tanto tiempo… es casi como si en lugar de tomar un avión hubiese subido a una máquina del tiempo.

Entran por el pasillo, caminando hasta el jardín. El jardín tiene poco de poético, aunque sea muy amplio. Hay cacharros y plantas, agujeros en la tierra y perros corriendo por todos lados. Hana Inuzuka está de pie junto al gran roble que está cerca de la casa, y sonríe abiertamente. A su lado hay un niño pequeño de cabello oscuro.

Shisui. Shisui Uchiha. Es alto para su edad y tiene un aire desgarbado. Sonríe nerviosamente y su sonrisa daría miedo – más que confianza – si no fuese por sus inmensos ojos chocolate, llenos de calidez. Tiene una mirada brillante y el cabello atado en una cola de caballo. Camina un poco y tropieza, e Itachi – su querido hermano – parece haber vuelto a la vida. Sasuke no puede creerlo y quiere llorar de felicidad, pero Konan le ha vencido. Se acerca al niño y el niño sonríe. Les reconoce de aquellas conversaciones telefónicas y por Skype.

—¿Tío Sasuke?

Sí.

En verdad ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvo en Konoha.

-o-

La reunión transcurre con calma. Sasuke le cuenta que se quedó en América más tiempo de lo necesario porque quería estudiar una maestría, y porque Kakashi aun estaba dispuesto a hacerse cargo de la empresa – aunque Sasuke preferiría que no, teme por la imagen de la empresa de sus padres con un sujeto tan informal como Kakashi a cargo. Hinata le cuenta que se ha hecho cargo de la empresa Hyuuga con la asesoría de su padre, Hiashi, y que Hanabi está profundamente involucrada en el proceso. Tanto, que hoy es vicepresidente.

A Hinata no le molesta esto, al contrario. Espera algún día, no muy lejano, dejar la empresa a cargo de su hermana y dedicarse a su familia, y tal vez a hacer algo más personal – el viejo deseo de ser más Hinata que Hyuuga aun no ha desaparecido. Sasuke sonríe demasiado y Hinata lo nota, Sasuke habla de su compromiso con Konan y un sentimiento molesto aparece en algún lugar de su estómago – y Hinata no se engaña – sabe que son celos, Sasuke pregunta por la familia de Hinata y por su música y por su terapia y por cosas que no debería preguntar, porque él es Sasuke y ella es Hinata y ha pasado tanto, tanto tiempo y hay un sentimiento cálido que la llena por completo y es que el tiempo pasa y todo cambia pero ella sigue siendo ella y él sigue siendo él.

Es algo increíble en realidad, reflexiona Hinata. Es increíble la manera en que fluyen las palabras, lo suave de su tono, la sonrisa en sus labios, el semblante en sus personas. Es como si fueran dos personas totalmente diferentes a las de entonces – ella ya no es una niña asustada y él ya no es un niño resentido – es como si hubieran vuelto a empezar. Él de nuevo la está llevando al cine, y ella de nuevo está respondiendo tímidamente a sus coqueteos. Sasuke se siente incapaz de retirar la mirada de los labios de Hinata – y ella lo nota. Está sonrojada, y empieza a temer que el maquillaje sobre su rostro se derrita con la temperatura de la sangre agrupada en sus mejillas.

Hinata busca su mirada cada vez que puede, mira sus labios y no sabe muy bien cómo reaccionar. Desvía la mirada, desvía el tema y ya no están hablando de América sino del acuerdo entre ambas empresas (los Uchiha y los Hyuuga son aliados desde antes de que el abuelo de Hiashi supiera decir 'mamá') de las renovaciones a hacer en el contrato y de las innovaciones en los proyectos de ambas firmas.

El rostro de Hinata cambia cuando habla de negocios. Su mirada deja de ser blanca y apacible y es casi gris, dura, plateada, como acero. Habla de manera firme, y las palabras se pierden en sus labios. Puede no estar dispuesta a decirlo, pero Hinata ama su trabajo. Jamás pensó hallar consuelo, propósito y confianza en números, publicidad, cuentas y finanzas. Pero el sube y baja de la bolsa de valores de Hinata es ahora su desayuno cada día, su comida por las tardes y su cena en las noches.

Hinata ama ver los números, llenos de ceros y puntos decimales, subir y bajar; ama predecir los nuevos cambios en la bolsa e indicar el rumbo a seguir. Hinata ama la empresa pero, como siempre en su vida, quiere más. Por supuesto, no lo dice en voz alta, pero Sasuke puede leerla como a un libro abierto y se pregunta si siempre fue así o si fue algo que sucedió en nueve años separados, o en estas horas (¿en verdad han sido horas?) juntos.

Sasuke rellena los espacios que ella deja vacíos – Hinata no conoce ni la mitad de bien las finanzas de la empresa Uchiha de lo que conoce las de empresas Hyuuga – pero se da cuenta que en su voz falta la magia que llena la voz de Hinata cuando habla de negocios. A Sasuke no le gustan ser presidente de su empresa y, lo puede ver tan claro como él la ve a ella, nunca le gustarán.

Cuando la reunión termina, Sasuke se va y Hinata se queda con una sensación de vacío en el estómago. Sasuke sonríe, orgulloso de redescubrir a Hinata. De pronto las palabras de Konan tienen más sentido – Hinata sigue ahí donde parece que siempre estuvo, y él ni si quiera se molesta en negarlo ante su conciencia. No tendría sentido. Siempre lo ha sabido.

-o-

Parece una absurda casualidad del destino que Kō haya terminado con ella solo días antes de que Sasuke volviese y Hinata no puede creer en serio que esto le esté pasando de nuevo.

—Pareciera cosa del destino — declara en la privacidad de su cuarto a Shino. Se siente de nuevo en secundaria.

Shino sonríe.

—Solo que sea una mala broma del destino — comenta Shino —. Yo en tu lugar no confiaría demasiado en los Uchiha.

Hay algo siniestro en el tono de Shino que le recuerda a Hinata de otro Uchiha; uno de cabellos largos y tez pálida, ojos que en su memoria son rojos y una sonrisa torcida que asemeja a una media luna. Pero Hinata no le tiene miedo – no hay nada que él pueda hacerle ya – y después de todo no es como si fuera a cometer, o dejarse a sí misma cometer, el mismo error dos veces. Sasuke no es su tío, y su tío no es Sasuke. No tienen mucho en común y después de todo Sasuke es él que llena de nuevo sus sueños, no Madara.

—No sé, a mi el Uchiha no me parece tan mal.

Hinata mira con incredulidad a Kiba quién sale del baño subiéndose la bragueta descuidadamente. Él suelta una carcajada.

—Bueno, ustedes no lo han visto tanto como yo, ¿a qué no? — se defiende ante los rostros de incredulidad de sus amigos — Y hay que reconocer que se porta muy recto en la casa todo el tiempo. Jamás había visto a Shisui encariñarse tan rápidamente con alguien. Ya saben el trabajo que le costó si quiera dejar que Hinata le tocase.

Hinata le saca la lengua. Es cierto que, después de conocerla, a Shisui le había costado trabajo confiar en ella, más que nada porque se mostraba receloso de los extraños ojos blanquecinos. Hinata había pasado algunos años en Tokio – viviendo con Kō – ajustando la empresa, y cuando había logrado establecer una relación en forma con el niño, éste ya tenía casi cinco años. Era un sujeto receloso por naturaleza, pero se parecía tanto a Itachi que a Hinata le daban ganas de llorar.

Por supuesto que Hinata no conoció nunca bien a Itachi, pues solo hablaron una o seis veces en casa de Sasuke, y sin embargo la idea de un niño huérfano desde el nacimiento y de un hombre que hubiese muerto tan joven le partían el corazón. A veces podía llegar a ser tan… sentimental.

—Eso o te estás volviendo blando, ¿no semental? — se burla Shino.

–Oh, ¡cállate!

—¿Sasuke ha estado en tu casa? — pregunta Hinata reflexionando en las palabras de Kiba.

Las burlas le tocan ahora a ella. Al parecer la ansiedad es obvia en su voz; el uso del primer nombre de su viejo amor, en lugar del absurdo 'Uchiha' que habpia usado ultimamente; y también notan el vivo y obvio interés. Por supuesto que ella tampoco ha hecho nada por disimularlo.

—Está ahí casi todos los días. Al parecer le interesa su sobrino — replica Kiba —. Konan también suele pasar seguido por ahí.

Hinata alza la mirada con interés por segunda vez al oír el nombre de una mujer salir de los labios de su mejor amigo. Se ha cansado de buscarle una pareja estable a Kiba, ya que el chico nunca superó por completo que Sakura le dejase y se fuese con Naruto, y sin embargo no parece que Konan le llame la atención. Sigue concentrada en su línea de pensamiento, aunque a Kiba no le gusta que ella quiera hacer de su casamentera, y no entiende muy bien a que se refiere su amigo de lentes cuando habla de nuevo.

—O le interesa ver a quién se puede encontrar en casa de su sobrino — añade Shino, malhumorado.

Tras él Kiba rueda los ojos y el reloj de péndulo suena indicando las tres, por lo que Shino se pone en pie. Tami (su esposa) y los niños (sus niños) lo esperan para comer en casa (su casa).

—Cuídate del Uchiha, ¿quieres Hinata?

Eso es lo único que dice su amigo de lentes oscuros antes de cerrar la puerta tras él.

-o-

Sasuke y Hinata se vuelven a encontrar después de unos días.

Hinata está en casa de Kiba a pesar de las 'advertencias' de Shino, que de cualquier manera no tienen mucho sentido, y Sasuke está en el jardín, jugando un juego que Hinata no conoce, con Shisui. Hay risas – de parte de los dos – que se escurren a través del delgado material del que están hechas las paredes en casa de Kiba. Sasuke no sabe que ella está aquí y Hinata no supo de la presencia de él hasta que llegó y escuchó la suave risa de Sasuke – ¡Sasuke! ¡Riéndose! – y ahora está congelada en la cocina, sin saber si interrumpir o no, sin querer parecer desesperada, sin poder lograr serenarse a sí misma.

Después de todo, Sasuke es solo un chico.

Encantador. Y atractivo. Y, sinceramente, es más que un chico. Es más que un chico porque es su primer amor, porque no lo había visto en años y porque parece que él la pone nerviosa. Bueno, no es que parezca, más bien así es y a ella no le gusta admitirlo. Ni si quiera para sí misma.

—Entonces, pasáremos todo el día en la cocina… — comenta Kiba al aire — ¿o piensas reunir el valor y salir, linda? – le cuestiona Kiba al cabo de un rato.

Ella le dedica una mirada asesina, aun indecisa entre salir o no salir.

Por un lado, tiene muchísimas ganas de verlo. Ha sido muy agradable reencontrárselo el otro día, en la oficina. Él la escuchó con atención y no la hizo menos por ser mujer cuando empezó a hablar de negocios – era increíble lo retrógrada que era la mentalidad en Japón respecto a ciertos aspectos – además de que le había contado interesantes historias de América y escuchado con gusto las actualizaciones de ella respecto a sus amigos, aunque Hinata sabía muy bien que la vida de Shino, Sai, Kiba y Kō no podían importarle menos al pelinegro aun si lo tratase.

Por otro lado, tiene muchísimo miedo de verlo. No se ve precisamente bonita – solo lleva unos pants holgados color caqui y una blusa de tirantes negra – y no se siente precisamente bonita tampoco. Y además, no sentirse bonita la hace sentirse estúpida. ¿A qué clase de persona le importan estas tonterías? A ella no. No se acuerda muy bien si a Hinata-preparatoria le importaban estas banalidades, pero a Hinata-adulta normalmente le importan un bledo. Se decide por su personalidad de Hinata adulta y sale al jardín, evitando si quiera mirarse al espejo y seguida muy de cerca por Kiba.

Saluda a Hana, a Sasuke y a Shisui. El último parece entusiasmado y con su inmensa sonrisa torcida le presenta a su "Tío Sasuke" y poco después a la "Tía Konan".

El nombre de Konan, de nuevo, capta la atención de Hinata. Esta es, después de todo, la mujer que ha estado comprometida a Sasuke durante seis años, aun si el compromiso ya terminó. Konan es, para decirlo en una palabra, preciosa. Lleva el largo cabello negro azulado hasta la cintura, como lo hacía ella en preparatoria, antes de todo el lío con Madara. Tiene ojos grises, sorprendentemente claros para no ser de un Hyuuga. Lleva una flor del jardín tras la oreja, sin duda un regalo de Shisui, y un corto pero holgado vestido negro con detalles en rojo.

–Hinata Hyuuga, mucho gusto – se presenta ella, sin dejar de mirarla, solo que esta vez a la cara.

No puede haber sido muy cortés esa barrida de pies a cabeza, después de todo. Aunque, para ser justos, Konan hizo exactamente lo mismo con ella.

–Konan – responde la chica simplemente, sin dar apellidos.

Se forma un silencio, no tenso, pero de gente que no tiene mucho de qué hablar. Shisui, que después de todo no es un bebé, ya se cansó de jugar a ser el juguetito de los adultos y tiene ahora hambre. También, dice acusando a Hinata, tiene muchísima tarea que hacer y sale del jardín, adentrándose a su casa.

Ayudarle con la tarea es, predeciblemente, el trabajo de Hinata. No solo es la única que aun usa la mayoría de sus conocimientos escolares – Kiba siendo un veterinario, Sai un pintor, Naruto un idiota y Shino padre de dos – sino también es la única con la paciencia para tratar con un niño de nueve años. Y es que como no falla nunca en recordarle Hana, Hinata es buena con los niños porque siempre ha sido la niñera de sus amigos. Hinata no está de acuerdo. Tanto Sai como Naruto como Kiba son perfectamente agradables y maduros.

Kiba dice que irá por algo de comer, de preferencia Ramen por si pasa Naruto por ahí, y Konan se ofrece a acompañarle. Hana declara que se va a tomar una siesta y Sasuke se ofrece a ayudarle a Hinata con la tarea de Shisui. Hinata acepta, sonriente.

Caminan por el pasillo en dirección al cuarto del niño pequeño los dos luchando contra recuerdos que no quieren tener en cuenta por el momento.

–¿Vienes seguido por aquí, entonces? – pregunta Sasuke.

–Al parecer no tanto como tú – replica Hinata sonriendo aún –. Gracias. Shisui siempre ha necesitado un padre y Kiba es… bueno…

–¿Kiba? – ofrece Sasuke son una sonrisa.

Hinata asiente. Se hace otro silencio. Hinata decide romperlo.

–Es muy bonita.

–¿Quién? – cuestiona Sasuke. Sonríe cuando se da cuenta de quién habla Hinata – ¿Konan? Sí, lo es.

Hinata lo mira casi con reproche – aunque sabe que no hay nada que reprochar y que no le reprocharía nada aun si lo hubiera – y quiere decir algo más pero Sasuke se ríe. ¿De ella? Hinata está a punto de preguntarle, pero él se detiene y golpea la puerta de Shisui. Se escucha un gruñido del otro lado. Sasuke supone que significa que pueden pasar, porque Hinata abre la puerta y juntos se adentran en el tenebroso terreno que es el cuarto del pequeño.

El cuarto es un desastre y huele fuertemente a perro. Hay cinco camas para cachorros, tres de las cuales están ocupadas por pequeños perros Akita, dos negros y uno color miel. Las otras están vacías. En las paredes hay poster de algunos anime. Y la cama, al estilo americano, es azul con estrellas amarillas. Hay manga regados en el piso. Shisui está en su escritorio que se nota relativamente ordenado comparado con el resto del cuarto y tiene sus libretas a un lado.

—¿Ustedes dos andan? — pregunta el niño de inmediato.

Sasuke niega con la cabeza al mismo tiempo que Hinata tartamudea un no. Sasuke la mira intrigado. ¿Todavía tartamudea?

Sí, Hinata aun tartamudea pero solo cuando está nerviosa. Y en este momento está muy nerviosa. Mira con expectación a Shisui esperando que diga algo más. Sasuke no la está mirando pero algo en que él haya negado de manera tan seca una relación, que claro que ella sabe que no existe, le está doliendo en algún lugar entre el pecho, el orgullo y el pasado.

—Bien. Porque Hinata es mía — declara Shisui tímidamente. Parece estar muy consciente, y avergonzado, de lo grosero que está siendo aunque es obvio que es más importante proteger su propiedad.

Hinata sonríe cálidamente. Shisui la declaró su novia en el momento que se enteró que su novio la había dejado por otra. No entendía muy bien como es que la 'habían dejado' por otra, pero estaba dispuesto a cuidar de ella porque era la única con el suficiente cerebro y tiempo libre como para ayudarlo con su tarea.

—Muy bien, entonces. ¿Qué tienes de tarea? — pregunta Sasuke, alzando una ceja.

—Geografía…

El día se acaba entre mapas, plastilina y una guerra con pintura que, por supuesto, no hizo maravillas ni por la colcha estrellada ni por los perros Akita.

-o-

Sasuke la invita a cenar al día siguiente, pero Hinata se rehúsa, con muchas más ganas de ir al cine que a un restaurante elegante. Sabe que no es una buena idea intentar revivir una cita que ha sucedido hacía casi diez años, pero nada pierde con intentarlo y después de todo, eso de cenas elegantes y blablablá siempre le han parecido patrañas. No hay nada de divertido o de romántico en una aburrida reunión en un restaurante con códigos apretados e incómodos.

La cita está arreglada para las cinco en una plaza relativamente desconocida, y por lo tanto pacífica. Hinata está a punto de salir del cuarto, sus dos mejores amigos están afuera, listos para asesorar su atuendo.

Shino insiste en que no vaya demasiado provocadora y Kiba exige que Hinata haga lo que ella quiera, que ellos no deberían de estar ahí, y en que qué si en verdad piensa que ellas son el equivalente a Sakura y a Ino. Hinata los ignora, vistiéndose de manera formal pero no excesiva. Lleva una falda larga al estilo bohemio y una playera tejida. Shino debe haber decidido que va decente y Kiba no dice nada, pues está demasiado ocupado frunciendo el entrecejo y haciendo muecas.

Hinata lo mira con reproche.

—¿Y bien? — pregunta.

Nadie contesta y ella suspira. Los hombres pueden ser tan tercos. Ella hace cosas de niños con ellos, va a partidos, ve revistas de automóviles e incluso le ha tocado hojear Playboy una o dos veces con ellos. ¿Tanto les cuesta ayudarle en esto?

—Ya te dije que no me da buena espina que salgas con el Uchiha.

—Y no somos niñas.

—Y yo no soy niño, pero voy contigo al estadio en los fines de semana, ¿no? — reclama Hinata.

—Eso es diferente — reclama a su vez Kiba.

—¿Cómo?

—A ti te gusta el fútbol — replica Kiba.

—¡Y una mierda! ¿A quién le va a gustar un juego de maricones corriendo tras una pelota? — exclama Hinata, indignada. Kiba se hace pequeñito. Hinata nunca se enoja, pero cuando se enoja no para.

Shino, sabiamente, decide interrumpirla a medio discurso, antes de que empiece a atacarlo también a él.

—No me gusta esa playera — dice al fin, y es obvio el trabajo que le ha costado decirlo —. Tiene demasiado escote y el café con negro se ve aburrido.

—Y no queremos que Mr. Animado-Uchiha piense que eres aburrida, ¿verdad?

Hinata se muere de risa ante sus comentarios. Lo que más le da risa, sin embargo, es verlos intentar ser buenos amigos y actuar como mujeres para ella.

—¡Son los peores mejores amigos del mundo! — Dice, muriéndose de risa — Increíbles. Ya me voy.

Y se va, riéndose y murmurando acerca de amigos que hablan de ropa aburrida y de cómo debió haberse aguantado el orgullo y haber llamado a Sakura.

Sakura y ella, lamentablemente, no están ya en tan bueno términos como lo estuvieron un día. Tiene algo que ver con que la joven de cabello rosa haya dejado a Kiba por Naruto – y el resentimiento de Hinata sigue aunque hayan pasado años desde entonces – pero tiene mucho más que ver con las profundas diferencias entre ambas, que se han aumentado con el tiempo y, tras el nacimiento de la primera hija de Sakura, se han vuelto imposibles de ignorar, al menos para Hinata.

Hinata reflexiona sobre esto mientras se encuentra en el elevador, pero se concentra de nuevo en su apariencia cuando sale.

Sasuke la está esperando afuera, y lleva puesto unos jeans holgados y una camisa blanca con delgadas líneas azules. Se ve atractivo y a Hinata las mariposas le empiezan a revolotear el estómago de una manera más que agradable. Recuerda la primera vez – Sakura y Naruto se habían equivocado de cine y de hora – y ella había quedado sola con Sasuke y un agradable tamborileo en su corazón. Recuerda los accidentes en el cine, el flirteo inocente, el momento en que se había quitado la playera, el beso frente a su casa.

—Uchiha — saluda ella, imitando su voz.

—Hinata — saluda él con una imitación admirable del semblante y la voz calma de Hinata.

¡Se les da tan natural! Flirtear con Sasuke es como respirar – es un acto casi inconsciente y totalmente necesario.

Hinata está perdida en su cabeza y Sasuke la mira, preguntándose que está pensado. Los saludos obligatorios siguen. ¿Cómo estás? Bien, gracias. ¿Y tú? También. Hinata lo mira un momento cuando se hace de nuevo el silencio, y es ella esta vez quién se pregunta que está él pensando. Sasuke sostiene un debate consigo mismo – ser un caballero y portarse como si tuviese veintisiete años o saltarse las formalidades, retroceder en el tiempo y solo besarla.

—Está haciendo calor, ¿no? — comenta Sasuke, atormentado.

Hinata siente esa espinitas que precede a la risa y sonríe.

—Definitivamente —replica —. Aunque no tanto como en California, supongo.

—Tienes razón, no tanto —afirma Sasuke —. Te sorprenderías de la cantidad de veces que contemple la posibilidad de simplemente ir desnudo por las calles.

Hinata ríe un poco, consciente de Sasuke observando cada uno de sus gestos. Está nerviosa, siente las manos húmedas pero – increíblemente – no se sonroja. Casi se siente como una heroína mientras deja pasar un momento, como contemplando la posibilidad aunque en realidad solo está calmando los nervios.

—Aun así… —suspira Hinata —Hace mucho calor para ser septiembre.

—¿En verdad estamos hablando del clima?

Hinata asiente y se ríe.

—Para ser justos, en verdad hace calor.

—Y estoy seguro de que la vida de la Srta. Heredera no es tan interesante como para hablar de ello —añade Sasuke.

—O tal vez no quiere hablar de su muy interesante vida con la competencia.

—Y, para que se entere la Srta. Heredera, a la competencia no le interesa saber de su vida.

—Podríamos seguir hablando del clima, entonces —asegura Hinata alegremente.

Sasuke sonríe de nuevo y cada una de sus sonrisas es como un suspiro de aire fresco para Hinata. Ella no sabía – o no recordaba – lo bonita que era esa sonrisa, con los perfectos dientes alineados asomándose tras los delgados labios. Su mirada se pierde un instante en el adulto rostro de Sasuke y los años que han pasado ya no importan en lo absoluto – o tal vez si importan, pero no de la manera en que deberían.

Una verdadera revelación para la joven Hinata para quién desde hace tiempo todo importa tanto, que de pronto nada es lo suficientemente importante.

—Bueno, si en verdad debes saber, me divorcié hace dos años — declara Hinata, dejando a Sasuke algo desubicado —. De Kō. Fue un escándalo. La señorita heredera casándose con el chef.

—Pero no debió haber sorprendido a nadie — comenta Sasuke —. Siempre has pensado con el estómago.

Hinata rió, y vio que se habían detenido de nuevo en el cine. Sasuke la guiaba sin guiarla, llevándola hasta el lugar donde se vendía la comida. Cuando la señorita preguntó, Sasuke ordenó crepas – del mismo tipo que habían ordenado hacía casi diez años.

—Hablando de pensar con el estómago… — ríe Hinata — ¿Me leíste la mente o estabas desesperado por unas crepas?

—Un poquito de las dos. No dijiste porque se divorciaron.

—Lo encontré con otra — susurra Hinata en respuesta. Alza la mirada y se encuentra a un Sasuke atónito —. Oh, me lo merecía. Me había estado portando horrible. Supongo que solo estuve con el por capricho, me case por capricho y al final me divorcié por capricho.

—No suena mucho a ti.

—No, supongo que no.

—No me hablaste de esto en la oficina — reprocha Sasuke, recordando que había creído volver a conocerla y ahora no conocía nada.

—Bueno, acababa de cortar con Kō, de nuevo, no estaba de humor — explica ella, nerviosa. Lo miró un momento, pero no leyó nada en la sonrisa inmóvil y los serios ojos negros —. Y, dicho sea de paso, aun espero esa justificación del chico de dieciocho años besuqueándose con una pelirroja en frente de mi.

—Creció un poco y le da vergüenza hablar de ello — replica Sasuke —. ¿Así que acaban de terminar? Dijiste que se habían divorciado hacia dos años.

Hinata habla un rato de su relación con Kō — omitiendo la mayoría de los detalles, recuerda muy bien el vacío en el estómago que ella sintió cuando él le hablo de su relación con Konan. La conversación pronto vuelve a rumbos seguros

¿Qué tan absurdo es preocuparse por cosas que quizá él no está sintiendo?

Hablan de las películas en cartelera. ¿Cuál verán? Hinata, por su parte, quiere ver una de acción, Sasuke una de horror, y al final entran a una comedia romántica. La protagonista es rubia y tiene unas piernas espectacularmente largas. Hinata mira de reojo a Sasuke, preguntándose que tan cliché y obvio sería molestarlo por ello en este momento. Al final, decide que vale la pena por completo. Él se le adelanta.

—¿No me vas a decir que es normal que las vea? — pregunta él, burlón — Después de todo, soy un chico en crecimiento.

—Quizá a los lados Uchiha — se burla ella de regreso —. Y no, no te diré nada, porque hoy no tienes tus manos en mis piernas.

—¿Es eso una invitación?

Hinata se vuelve a sonrojar hasta las orejas, lanzándole una mirada furibunda.

—Y sé que estás sonrojada, no importa cuánta base te hayas puesto.

—Oh, ¡cállate! — le riñe ella, aun avergonzada — Hay gente aquí intentando ver una película.

La película sigue. Hinata está nerviosa. ¿Qué tan infantil sería intentar tomarle la mano? ¿Se reiría? ¿Y besarse? ¿No sería infinitamente más adecuado besarse?

—Hinata.

Ella lo ignora, tomando un sorbo de su café. Hace mucho rato que la crepa ha desaparecido, y olvidaron comprar palomitas.

—Hinata.

Ella se gira, intentando parecer irritada.

Él la besa.

—¿No se supone que debías hacer esto cuando me dejaras en mi apartamento?

—No me sentía con ganas de esperar — susurra él contra los labios de ella.

-o-

Una voz irritante la despierta del sueño que ha ido perdiendo profundidad con los segundos que rodaban como gotas de rocío. La voz canta, y hay vagas notas acompañándola. Hinata se remueve entre las sábanas, molesta. La estúpida tonada se vuelve más desesperante cada segundo. En especial porque la está despertando de un dulce sueño.

Fastidiosa, decide.

Así es la jodida tonada. Yo quisiera. Ha despertado por años con el sonido de esta canción. Que supieras. Jamás esperó que llegaría el día en que se hartaría de ella. Cuanto extraño tu presencia aquí. ¡Pero es que ha sido un sueño tan perfecto!

Y no puedo, no me atrevo y es que si te veo no sé que decir…

Sasuke había vuelto de América. Sasuke había ido a las oficinas de la empresa Uchiha, Sasuke había conocido a su precioso sobrino, Sasuke había estudiado con ellos y la había llevado al cine, se habían besado, habían platicado y habían… Habían, habían, habían. Ha sido un buen sueño. Toma el celular, apagando la tonada que la fastidia tanto en este momento y se levanta.

Y ahí… en la cama, está él.

Totalmente desnudo, totalmente él y totalmente despierto.

—Estás aquí — susurra Hinata.

—No quería arriesgarme a ir por el desayuno y encontrarte cuando regresara.

A Hinata le entra una risa tonta, y tocando sus mejillas, siente que está llorando. Él la mira extrañado, pero ella lo besa en la boca y entre suspiros, solo hay una cosa en la mente de ambos.

"Lo mejor, viene después del final."


Gracias por leer. ^u^

Para ser sinceros, me gustaba más el otro final, pero como se me perdió...

Besos,

Lilamedusa.

PD: ¡OMG! ¡Mi primer multichapter acabado!