"JIGEN NO HANASHI"

Libro III

Ángeles de solo un ala

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-Gracias por todo señor, ha sido un placer conocer su planeta.

Dijo el dragón blanco mientras estrechaba la mano del rey Paris en la sala del Trono en Céfiro.

Paris.- Gracias a ti por traer a mi hija de visita, no sabes como nos alegraste a varios.

El rey de cabellos verdes volteó a ver a su familia, hijas, sobrinos, amigos, todos sonriendo y asintiendo ante sus palabras, finalmente abrazó a su hija por última vez mientras deseaba en lo profundo de su corazón que fuera feliz, ella devolvió el abrazo, estaba por decir algo cuando repentinamente, una columna de luz se dejó caer justo en el medio del recinto, de su interior salieron una mujer rubia con gafas que, por lo demás, era idéntica a la jovencita entre los brazos del rey, era la Guerrera del Viento que no venía sola, a su lado había un muchacho pelirrojo de finas facciones y mirada inocente… Shigeru Momonari.

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Cap 14.- Revelación

Luin.- ¡Mamá!... ¿Qué hace ÉL aquí?

Van.- ¿Quién es él?

Paris.- El hijo bastardo de mi ex esposa.

La rubia arrugó un poco el entrecejo al escuchar aquel apelativo que tanto odiaba, no se dio cuenta de que la sala comenzó a vaciarse en cuanto hizo acto de presencia, solo notó que su segunda hija estaba tomada de la mano de un hombre alto de cabellos negros y ojos de granate así como rencor en la voz del que antes fuera su marido.

Anaís.- Te he pedido muchas veces que no le digas así Paris.

Shigeru.- No te preocupes madre, los otros hijos de mi padre tampoco son muy queridos que digamos.

Paris.- ¿Qué hacen aquí?

Anaís.- Shigeru quería hablar contigo de negocios… y preferiría que conozca a todas sus hermanas antes de que intente acostarse con alguna.

Paris.- No me interesan sus planes de mejora, Nuevo Céfiro está bien tal como está… si acaso necesitamos otro Guru con al menos 300 años de experiencia, ¿tú conoces alguno?

Anaís.- ¡Muy gracioso!

Slanzar no entendía muy bien lo que sucedía, lo único que había alcanzado a hacer había sido colocar a Luin detrás suyo al escuchar a la mujer rubia decir que ese hombre que venía con ella podía deshonrarla, estaba atónito ante el tono calmado y el intento de desprecio en las voces de los padres de su prometida, entonces cayó en la cuenta de que ya no visitarían la Luna Fantasma, por un momento sintió una ligera decepción, pero luego se recompuso cuando el silencio fue demasiado obvio.

Anaís.- Luin, querida, ¿qué haces tú aquí?

Luin.- Esta es mi casa.

Anaís.- Si, lo se, pero ¿no te tocaba venir en un par de semanas?

Luin.- Eso no te importa mamá.

Paris.- Luin, no le contestes así a tu madre.

Luin.- Lo lamento… vine a ver a papá, íbamos a visitarte pero te nos adelantaste mamá.

Anaís.- ¿Nos? Ah, ya veo…

Shigeru.- Él debe ser la razón de su visita la vez anterior, ¿verdad madre?

Anaís.- Shigeru, se más discreto por favor.

Shigeru.- Yo solo decía.

Van.- ¿Visita anterior?

El rey de Fanelia observó interrogativamente a la sacerdotisa de ojos verdes, notó un dejo de tristeza en aquella mirada esmeralda justo antes de ver un par de ojos idénticos observándolo severamente desde demasiado cerca, notó que estaba siendo examinado con insistencia, por alguna razón, se sintió nervioso muy a pesar de que la dueña de aquellos otros ojos verdes era más bajita que él, si le había parecido una mujer frágil y delicada cuando la vio aparecer de la columna de luz, ahora le parecía amenazante, el título de guerrera le quedaba a la perfección, estaba pensando en lo idénticas que eran madre e hija cuando de forma inesperada sintió un golpe en la mejilla y la cara ardiendo, ¿Qué demonios le pasaba?

Luin.- ¡MAMÁ! ¿QUÉ HACES?

Paris.- Oye no, ese muchacho es mi invitado, no puedes venir y abofetearlo así como así.

Anaís.- Puedo venir y hacer lo que me de la gana… además me la debía.

Van.- ¿Me perdí de algo? ¿Cómo puedo deberle nada si acabo de conocerla?

Luin.- No lo se, mamá nunca había sido tan…

Anaís.- TÚ eres el responsable de que mi hija llegara ahogada en lágrimas hace casi un mes, no se que le hiciste, pero eso era lo menos que merecías.

Shigeru.- ¡Madre, no hagas esas cosas que das miedo!

Slanzar ni siquiera se movió de su lugar, solo paseaba la mirada de la pelirroja a la rubia y de regreso viéndolas discutir mientras pensaba… empezaba a dilucidar lo que había sucedido justo después de que Luin se marchara sin despedirse, tuvo la sospecha de que la joven había conocido a quien ahora acompañara a la guerrera del viento ese día y por eso su enojo y su desencanto, suspiró entonces, lo único que alcanzó a hacer fue apartar a la que lo venía acompañando desde el día anterior mientras se inclinaba frente a la que acababa de llegar.

Van.- Le ruego me disculpe, jamás fue mi intención lastimar a su hija, yo solo intentaba hacer lo más conveniente para los dos en aquel momento.

Anaís.- Bueno, al menos tienes modales, ¿Cómo te llamas?

Van.- Van Slanzar de Fanel, señora, imagino que usted es Anaís.

Anaís.- Si, así es, Anaís Hououji, y me gustaría saber exactamente que sucedió porque desde que llegó alterada a mi casa no la he vuelto a ver.

Shigeru.- Si me lo permites, madre, reaccionó exactamente igual que tu ex esposo cuando me vio y…

Anaís.- Shigeru, no te incumbe… vete directamente a mi habitación y espérame ahí, no quiero encontrarme con que estás haciendo de las tuyas por el planeta.

Shigeru.- Como ordenes madre.

El pelirrojo se fue como si nada mientras Paris, Anaís, Luin y Van se quedaban en la sala del trono, los dos mayores observando fijamente a los jóvenes visitantes esperando una explicación, si bien, Paris sabía la razón de que su hija hubiera estado de visita en casa hasta el día de su cumpleaños, no estaba al tanto de que hubiera ido a dar a casa de su madre llorando, y una cosa era cierta, si Anaís decía algo, seguramente debía ser cierto.

Un poco más tarde el ambiente se había vuelto más cordial, todo había quedado aclarado, incluso la existencia de Shigeru, a pesar de que Anaís juraba no recordar ese embarazo o haberlo dado a luz, si recordó haber salido una vez con el padre del joven luego de perder las esperanzas de volver a Céfiro el año anterior a su reencuentro con el soberano del planeta, fue así que, aprovechando la calma, el ryuujin volvió a hacer la misma pregunta, esta vez a la mujer rubia con gafas tan parecida a Luin.

Anaís.- ¿Mi permiso? No se si dártelo, ¿crees que mereces a mi hija?

Paris.- Anaís, no seas tan mala, tu padre me preguntó exactamente lo mismo cuando decidimos casarnos.

Anaís.- Y ahora entiendo porque te lo preguntó, en todo caso no es contigo con quien estoy hablando.

Van.- ¿Merecerla? Bueno, yo, no lo había pensado.

Anaís.- Me estás pidiendo permiso para "cortejar" a mi hija por año y medio para luego casarte con ella, ¿y no sabes si la mereces? Mi hija es joven, inteligente, fuerte, independiente, sabe más cosas que todos los que estamos en esta habitación, sin olvidar lo hermosa que se ha vuelto y lo más hermosa que se pondrá en unos cuantos años, si de mi depende, no permitiré que cualquiera se la lleve.

El pelinegro se quedó callado en ese momento, pensando cual sería la mejor manera de contestar, sopesando bien para no decir nada equivocado por apresurarse, entonces su concentración fue rota por aquella voz tan familiar contestando por él.

Luin.- … es valiente, responsable, lo suficientemente maduro para llevar a cuestas el peso de un reino que tuvo que ser reconstruido luego de una guerra, tiene el corazón noble y vela por el bienestar de su gente a cada segundo del día, para mi eso lo hace merecedor mamá.

Anaís.- Tú estás enamorada de él, no eres de fiar para eso, cuando uno está enamorado no hace más que ver la perfección en la persona que ha elegido, muchas veces incluso pasas por alto sus defectos… y eso puede ser un grave error a la larga.

Van.- La verdad es, que no se que contestarle para que se sienta tranquila, amo a su hija, si bien es cierto que he antepuesto las necesidades de mi reino antes que las mías o las de ella, puedo asegurarle que nunca la abandonaré, velaré por su bienestar y el de los hijos que lleguemos a tener y no volveré a lastimarla, eso se lo juro.

Anaís.- ¿Estás consciente de que mi hija tiene un pasado verdad?

Van.- Por supuesto.

Anaís.- ¿Cambiarías de opinión con todo lo que me acabas de decir si el pasado le hiciera una visita inesperada?

Van.- No señora, yo nunca rompo mis promesas, se que lo que su hija haya hecho en un pasado ya quedó atrás, si se le presentara en persona mi obligación es permanecer a su lado.

Anaís.- Hablas muy bien, se nota que eres un noble… de acuerdo, tienes mi permiso, pero debo advertirte que estaré monitoreando a mi hija, puedes esperarme en tu reino cualquier día y a cualquier hora, mi obligación como madre es protegerla y cuidarla después de todo.

Paris.- Pero Anaís, no puedes viajar hasta su planeta, el anillo solo te permite cruzar el portal hacia acá y a tu planeta de origen.

Anaís.- Podré hacerlo pronto, no te preocupes.

Luin.- Hem… bueno, mamá, lo lamento mucho pero debemos marcharnos.

Anaís.- ¿Tan pronto? Pero si acaban de llegar.

Luin.- No, ¡tú acabas de llegar!, nosotros ya nos íbamos cuando llegaste, además tenemos asuntos que atender.

Anaís.- ¿Aun sigues molesta por lo de Shigeru?

Luin.- Un poco, si… tardaré un tiempo en aceptarlo.

Anaís.- Comprendo… haré lo posible para que lo conozcan mejor tú y tus hermanas, no es una mala persona, solo es… especial.

Luin.- No entiendo.

Paris.- Hija, ustedes dos ya se iban, créeme, después tendrás tiempo para conocer mejor a tu… "hermano"… por ahora cuídense, yo debo hablar todavía con tu madre sobre los proyectos de mejora que NO pienso implementar.

Van.- Gracias señor, un placer conocerlos a los dos.

Paris.- Igualmente.

Anaís.- De todas formas te estaré vigilando.

Luin.- Si, bueno, adiós papá, hasta luego mamá, debemos irnos.

La sacerdotisa tomó con urgencia la mano del ángel, con la otra mano tocó su brazalete y ambos desaparecieron en el acto, cuando pudo volver a respirar se sostuvo sobre sus rodillas sin apenas percatarse de donde habían aparecido exactamente, tenía los ojos cerrados, no tardó mucho en sentir una mano grande y cálida acariciarle la espalda con cuidado, reconfortándola por unos segundos.

Van.- ¿Estás bien?

Luin.- Si, gracias.

Van.- No deberías juzgar a tu madre de ese modo, estaba en su derecho.

Luin.- Si, claro, una cosa es salir con alguien y otra muy distinta tener un hijo con otro.

Van.- Ya te dijo que no recuerda bien que pasó.

Luin.- Si, claro, ahora resulta… ¿Cómo te sentirías si dentro de un par de años llego con un niño que resulte ser hijo mío y de Trunks.

No dijo nada, pero si jaló a la pelirroja para abrazarla con fuerza, jamás, en lo que llevaba de conocerla, la había notado tan alterada… ni siquiera cuando le dio aquella paliza a Rockford.

Van.- ¿Te sientes mejor ahora?

Luin.- Si, gracias… ¿Dónde estamos?

Van.- En una de las torres… está anocheciendo, pensé que Céfiro estaba más sincronizado con Gaea que los otros planetas.

Luin.- Generalmente lo está, tal vez debí calmarme un poco antes de transportarnos.

Van.- No comprendo.

Luin.- Uno no lo nota, pero es posible viajar más despacio, más rápido o en contra del torrente del tiempo si no se tiene cuidado, en realidad esta es la segunda vez que me pasa esto.

No dijeron nada más, solo permanecieron abrazados hasta asegurarse que la noche hubiera caído, necesitaban descansar de todo antes de continuar con sus vidas.

-¿Está usted seguro de lo que dice Majestad?

El jefe Orgen se encontraba en el despacho del Castillo del Samurai completamente estupefacto, frente a él se encontraba el rey quien había vuelto con la sacerdotisa luego de ausentarse por tres días.

Luin.- Orgen San, tanto el Gran Guru del planeta Céfiro como yo tuvimos muchos problemas para lograr obtener esta información, uno de los sacerdotes de Escaflowne está detrás de los disturbios con los hombres topo y muy seguramente estará detrás de otros disturbios futuros si no logramos encontrarlo antes.

Orgen.- Pero es que eso es imposible sacerdotisa, no pudo haber sido ninguno de mis hermanos.

Van.- Orgen San, tú conoces mejor que nadie a todos y cada uno de los sacerdotes que sirven a nuestro Dios, solo te pido que me digas quienes cumplen con las características que la sacerdotisa te ha mencionado ya.

Orgen.- … está bien Majestad, lo haré, pero dudo que sea alguno de mis hermanos.

Luin.- Es por precaución Orgen San, estoy segura de que, si le pregunto a la esfera por alguien en específico, el velo caerá, en ese caso, si no es ninguno de los que usted nos nombre, la esfera me lo confirmará.

Orgen.- De acuerdo entonces… Majestad, antes de retirarme, hay un asunto que quisiera tratar con usted.

Van.- Por supuesto, ¿de que se trata?

Orgen.- Temo que, debemos tratarlo a solas...

Luin.- Eso me recuerda… debo avisar a mi maestra de unas cosas, si me disculpan.

La pelirroja salió del recinto en ese momento, portaba las ropas blancas que utilizaba para consultar a la esfera y durante su entrenamiento en el Templo, las miró por un instante antes de suspirar, probablemente no tendría que volver a utilizarlas después de…

-¿LUIN?

La aludida volteó solo para encontrarse con la hermana menor del rey, se sonrojó un poco al recordar que no había hablado con nadie desde la noche anterior, ni siquiera había podido bajar a tomar el desayuno puesto que Van le había encargado estar lista para hablar con el Jefe del Consejo apenas saliera el primer rayo del sol.

Luin.- Hola Merle, ¿Cómo estás?

Merle.- Bien, ¿Cuándo volvieron? ¿Cómo les fue? ¿Alguno de tus padres puso objeción con sus planes? Espero que no, mi hermano es el mejor hombre que podrías encontrar en cualquier lado.

Luin.- Jejeje, bueno, llegamos ayer en la noche, disculpa que no te avisara, nos fue bien, y pues, de hecho todos tenían algo que objetar pero, a fin de cuentas, se quedaron tranquilos.

Merle.- ¿Y porque tendrían que objetar algo?

Luin.- Porque ustedes son unos anticuados, ninguno de mis padres esperaba que fueran a pedirles permiso para algo así.

Merle.- Ya veo.

Luin.- ¿Cómo está Ren San?

Merle.- Bien, ha sido muy lindo desde que… ¡no le digas a mi hermano!

Luin.- Yo no lo haré, ustedes deben decirle… por cierto, creo que los vio besarse durante su fiesta de cumpleaños.

Merle.- ¿COMO? … ay no, estamos en problemas.

Luin.- Si yo fuera tú, hablaría con Ren San para que se apresure a pedirle "su permiso" a Van, con todo lo que le dijeron mis padres… especialmente mamá Anaís, creo que está lo suficientemente sensible como para aceptar.

Merle.- ¿Estás segura?

Luin.- Completamente.

Merle.- Bien, entonces, etto… vuelvo en un rato.

Luin.- ¡SUERTE!

La chica gato solamente levantó una mano sin parar en su carrera por los pasillos, por suerte traía ropa de Egzardia encima en lugar de aquellos vestidos fanelianos o asturianos que Van le pedía utilizar, esos vestidos no la dejaban correr a cuatro patas como la ropa de Egzardia, un par de ojos verdes estaban contemplando las suelas de los zapatos de Merle desaparecer tras uno de los muros cuando repentinamente la puerta del despacho se abrió, Orgen se despidió del rey antes de echar una mirada severa a la pelirroja y marcharse con apenas una despedida… ¿qué había pasado?

Van.- ¿Podrías entrar un momento por favor?

Luin.- Si, claro… ¿Qué sucede?

Van.- Al parecer el consejo se enteró del motivo de mi ausencia… están preocupados.

Luin.- ¿Tan mala esposa creen que voy a ser?

Van.- No, eso es lo último en lo que piensan… de momento no puedes volver a acercarte al templo de la montaña, y no hagas caso de los comentarios que escuches.

Luin.- ¿Por qué? ¿qué es lo que está pasando?... Van, si no me dices no estaré preparada.

Van.- Creen que me embrujaste para subir al trono, se que es estúpido pero, ten en cuenta que desconocen mucho sobre ti… también temen que hayas inventado lo del oráculo y que unirme a ti traiga mala suerte al reino.

Luin.- ¡Por Kami Sama! … pero no tienen nada para sustentar eso.

Van.- No, no tienen nada que lo sustente… por eso yo tampoco pienso volver a acercarme al templo antes de casarnos a menos que sea necesario, mi padre también tuvo que enfrentarse al Consejo de Ancianos y a los nobles cuando decidió unirse a mi madre… casi no tengo recuerdos de ellos pero… si recuerdo que antes de que mi padre muriera, siempre se veían felices cuando estaban juntos… también recuerdo que los sacerdotes culparon a mi madre de haberle dado mala suerte a mi padre y que por eso hubiera muerto… la culparon también de la desaparición de mi hermano durante el ritual para subir al trono… y se dedicaron a hablar pestes sobre ella cuando desapareció, por fortuna Balgus estuvo ahí conmigo para explicarme como eran las cosas en realidad, dijo que no permitiría que la ignorancia de unos cuantos me envenenara la mente y el corazón.

Luin.- Comprendo… ¿quieres que siga llamándote Majestad cuando estén otras personas cerca?

Van.- No… entre más pronto ponga al tanto al Consejo de Ancianos, a los nobles y a las personas de mi entera confianza, más llevadero será todo esto, tendré que hablar también con Kanti y el resto de la servidumbre para asignarte una habitación propia… y tengo que buscar una forma de poder visitarte de vez en cuando.

Luin.- Eso último es imposible.

Van.- ¿Y como voy a cortejarte si no puedo verte?

Luin.- Yo vendré a ti, no te preocupes, es más fácil para mi venir cada tanto a que encuentres un modo de visitarme y además adivinar en que planeta estoy.

Van.- Eso es verdad.

Luin.- Además tienes el comunicador, puedo avisarte cuando vendré y tú puedes seguirme pidiendo que venga, solo que, ya no lo uses solo para casos de emergencia, también por si quieres verme y ya.

Van.- Lo haré.

La tarde transcurrió tranquilamente, para la noche había una especie de festejo en el castillo, no solo se había dado la noticia de que el rey había comenzado a cortejar a la que sería la futura reina de Fanelia, también su hermana adoptiva había comenzado a ser cortejada por el mismísimo capitán de la guardia del rey, Kanti era la más feliz de todos, no paraba de soñar con que pronto se celebrarían dos bodas en el castillo, mejor aun, no deberían tardar mucho en empezar a haber niños jugando en los jardines o correteando por los pasillos, era una maravilla que no pensó que podría ver tan pronto…

El informe de Orgen no tardó en llegar, para el anochecer tanto el ryuujin como la sacerdotisa obtuvieron una lista completa con nombres y descripciones de los sacerdotes, Luin se sorprendió de la cantidad… más aun, se sorprendió de que aquel joven sacerdote de ojos dispares y piel moteada estuviera en la lista, del único del cual no se sorprendieron, el que más sospechas levantó entre ellos, fue aquel sacerdote que jamás había podido ocultar su desprecio hacia la familia real… Barum.

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Notas de la autora:

Y estamos en la recta final, retomando el asunto policíaco, ¿Quién será el monje detrás de todo esto? en cuanto pueda escribir el siguiente cap, lo sabrán, si, lamento informarles que ahora si ya me alcanzaron, el siguiente cap está a la mitad todavía, trataré de terminarlo pronto porque es el penúltimo capítulo de esta historia ya que este es el último libro de esta historia, así que pronto develaré que significa el nombre de la misma, lo que vendría en el libro IV (El nacimiento del nuevo oráculo, la verdad sobre Shigeru Momonari, la siguiente guerra en Gaea y otras paranoias) no lo publicaré, al menos no en esta línea, pienso retomar el fanfic "El Portal" donde se quedó, nada más que logre encontrar mis respaldos de dicha historia que era, en realidad, el origen de esta otra, prometo respetar lo que otros autores contribuyeron para dicho fanfic, pero esta vez lo enriqueceré un poco más con mi punto de vista de cada relato.

Mil gracias a shizuka22 por sus comentarios, no se, pero siempre me imaginé a Ferio muy abierto a muchas cosas, la influencia de Caldina no debe ser muy buena en ciertas cosas xD, en fin, espero que este cap te haya gustado, y por adelantado, una disculpa porque para el siguiente si no se cuanto vaya a tardar... esperemos que no mucho.

Camila, como ya había dicho, me dió mucho gusto volver a leerte, espero te guste este cap cuando lo leas ^^ y bueno, sigo apoyándote desde aqui, tú puedes.

SARABA