Capítulo 23: Revelaciones
—Helia, ¿qué pasa? —preguntó Musa al terminar de cerrar la puerta de la habitación de las Winx, en donde se encontraban las dueñas de ésta y sus respectivos novios.
—Estás muy raro desde ayer —añadió Timmy colocándose las gafas—. Ni si quiera has comido.
El peliazul estaba de pie. Su largo pelo desarreglado ocultaba parte de su cara. A pesar de esto, todos podían imaginarse cuál era y la mayoría se alegraban por no poder verla; les entristecería aún más de lo que ya estaban.
—Y ahora nos reúnes a todos aquí —dijo Stella, quien se abrazaba fuerte al brazo de Brandon—. ¿Por qué?
Helia no habló. La decisión que había tomado no era la más correcta y tampoco fácil de explicar, pero ellos tenían que saberlo. Eran sus amigos, probablemente los mejores que había tenido nunca.
Notando la tensión del ambiente, Bloom intervino:
—No pasa nada Helia, estamos aquí para ayudarte. Di lo que tengas que decir.
Sus palabras hicieron efecto, porque el chico retiró sus alborotados pelos hacia los lados dejando al descubierto su cara; que para sorpresa de todos, solo refleja seriedad y determinación.
—Tengo la sensación de que El Consejo no está haciendo nada —argumentó el novio de Flora—. Y lo peor de todo es que tampoco he hecho nada para cambiar eso.
—Es que El Consejo no nos hace caso —intervino Sky—. Ya he intentado hablar con mis padres pero ellos solo dicen que están haciendo todo lo posible. Aunque sinceramente yo tampoco los veo muy implicados en el tema.
—Entonces, ¿qué otra cosa podemos hacer? —preguntó Layla.
—Hay una cosa que podríamos intentar —respondió Helia—. Nos pondría en peligro a todos y no hay altas probabilidades de que funcione. Cuéntales Tecna.
Todos dirigieron la mirada hacia ella, quien se sintió un poco avergonzada y habló:
—No sé si recordáis la vez que cree una máquina para abrir un agujero en la barrera de Alfea por un tiempo limitado. Pues lo que había pensado era hacer lo mismo, lo que pasa que habría que realizar un agujero mucho más grande. Además nos enfrentamos a una magia más poderosa, por lo que hay posibilidades de que salga mal.
—Esta es la única idea que tenemos. No os voy a obligar a venir conmigo —añadió Helia decidido—, pero yo iré.
—Helia, claro que te ayudaremos. Flora es nuestra amiga y haríamos lo que sea por ayudarla —dijo Brandon con una sonrisa tranquilizadora.
—Es peligroso —advirtió el peliazul—. El Consejo…
—Lo sé, pero eso no es novedad para nosotros —aseguró Bloom—. Ya hemos pasado muchos peligros antes. Flora haría lo mismo por todos nosotros y ha sido una de las mejores amigas que he tenido en mi vida —hizo una pausa—. Lo haremos, ¿verdad chicos?
Y al coro, surgieron sonrisas y caras de aprobación. Estaban a unos pocos pasos de encontrarla, si todo salía bien. Aunque eso ahora no importaba, los corazones de los presentes se habían encendido.
—Gracias, muchas gracias.
Desperté gracias a unas gotitas de algún líquido que aterrizaban en mi cara. Tenía los brazos y piernas adoloridos con marcas de cadenas. Me levanté con algo de dolor de cabeza y frotándomela, me di cuenta del lugar donde estaba. Una celda más cuidada de lo normal con una cama, la mitad de una pequeña mesa, cadenas y alguna que otra rata merodeando por los alrededores. La única luz que había, era la que provenía de afuera.
Otras gotas del misterioso líquido volvieron a aterrizar, pero esta vez en mi pelo. Algo asqueada lo toqué, era algo pegajoso y al parecer tenía algunos sólidos de regalos.
—¿Qué demonios es esto?—pregunté intentando deshacerme del líquido sin mirarlo.
Y sorprendentemente, una voz conocida me respondió:
—Mejor no preguntes.
—¡Nathan!
Fui lo más rápido que pude a su lado. Estaba oculto en el lugar más oscuro de la celda, acostado. Al llegar a su lado me percate de una mancha considerable de sangre destacaba en lo que le quedaba de camisa.
—Ni te atrevas a tocarme con esa cosa—me advirtió con una pequeña sonrisa—. He de decir que también tiene un olor desagradable.
—¡Agh! Es verdad.
Hubo un gran silencio mientras me deshacía de los últimos restos del líquido, estado que cambió con una pregunta del rubio.
—Y bien, ¿cómo estás?
—¿Cómo te atreves a decirme eso con la herida que tienes en el pecho? —le repliqué sorprendida.
Nate se rio y luego se sentó a mi lado cruzando las piernas. Le miré con una mezcla de rabia y alivio.
—¿Qué te pasa, idiota? ¿Por qué te ríes?
—Los hombres lobo tienen una gran capacidad de regeneración, ¿ves?
Se quitó los harapos que llevaba puesto, mostrando su bien trabajado cuerpo. Algo musculo y lleno de cicatrices de todos los tamaños. Tenía razón, su herida ya estaba casi cicatrizada.
—Esta es una de las pocas ventajas de ser un monstruo —añadió.
Fruncí el ceño.
—No eres un monstruo —le repliqué al hombre lobo—. Solo eres una especie diferente.
—¿Por qué dices eso tan tranquilamente? ¿Ni siquiera te damos miedo? —preguntó Nathan triste, bajando la cabeza—. Si hasta en la escuela os enseñan lo peligrosos que somos.
—Ya, ¿y? He conocido a varios de ellos y me han demostrado lo contrario. Emily, Karel, Rick, tú… Me habéis protegido sin ni siquiera conocerme. No sois malas personas y…
La voz de Nate, algo alterada, me detuvo.
—Espera, espera. ¿Cómo que sabes que ellos también lo son?
—Lo supuse —respondí con sinceridad, tocándole el hombro—. Trasmitís un aura parecida. ¿Sabes? Desde el principio sabía que erais diferentes y nunca me importó.
—No lo entiendo, todos odian a los hombres lobo desde hace muchísimos años. ¿Por qué tú no?
—No tengo ninguna razón para hacerlo.
—Pero hemos hecho muchas cosas horribles, matado gente…
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. La idea de matar nunca me había agradado del todo. Sabía que los hombres lobo eran los causantes de varios asesinatos que se producían al año pero también sabía que había una buena razón para ello.
—Lo sé, pero lo hacías para protegeros ¿verdad?
El chico asintió.
—¿Ves? Solo tenéis una mala imagen en la sociedad y aunque ésta os odie, yo no lo haré. Porque no tienen razón, ni siquiera se molestan en comprobar lo que dicen por ellos mismos. —Nate no respondía, seguía mirando al sucio suelo—. Oye, ahora también me tienes a mí. Soy tu amiga.
Después de esas palabras pasó algo que me sorprendió bastante. El hombre lobo se abalanzó hacia mí para darme un fuerte y cálido abrazo. Yo lo correspondí con gusto, en esta situación tan problemático ese gesto era la mejor medicina para olvidarlo todo por unos instantes y disfrutar del momento.
—¡Oooh! ¡Qué tierno! —exclamó una voz femenina de fuera.
Ambos nos giramos a la vez y con sorpresa nos dimos cuenta de que esa persona era la princesa de Linphea, Krystal.
—¿Krystal, qué haces aquí? ¿No te habías ido?
La princesa sonrió, acercándose más a los barrotes de la celda.
—Algo así… Lamento haberles interrumpido en ese momento tan amoroso —esta última palabra la dijo asqueada—. Perdónenme, pero no soporto ese tipo de amor que tenéis ustedes dos.
—¿Qué? —preguntó Nathan confundido.
—¡Oh, vamos! Ya sabéis, el amor fraternal de las familias y demás.
Me estaba haciendo un gran lio en mi cabeza, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Solo llegue a decir:
—¿Familias?
Krystal nos miró por un momento, descifrando nuestras caras. Solo le tomó un par de segundos volver a hablar.
—¡Oh! Entonces no lo sabéis…
—¿El qué? —preguntó Nathan ansioso.
—Bueno, sois hermanos.
—¡¿Qué?!
Hola, hoy sí que os traigo un capítulo puntual ¿eh? A pesar de ser un poco pesado al principio, al final han hecho una gran revelación que resuelva la duda del millón de: ¿con quién se quedará Flora? A ver, son hermanos, por supuesto que ya no los voy a juntar ni nada. Más tarde se explicarán más cosas de su situación y de sus sentimientos más adelante. Espero que la próxima actualización sea dentro de una semana, aunque supongo que será así si no ocurre nada malo por mi vida.
Respuestas a los comentarios:
Linda098: muchas gracias, me encanta que os guste. Así hacéis que este hobby mío me apasione aún más.
Guest (16/8/2014): me alegro mucho, tranquilo/a lo continuaré y terminaré. ¡Eso seguro!
Nos vemos pronto.
Happyfunnygirl
