XXIV.

Kwan Suk tomó al abogado Bo del brazo y lo arrastró hasta el despacho de Hee Soo, lo sentó bruscamente frente al escritorio y encendió una computadora portátil, colocándola enfrente de él.

—Comunícate con Masaaki —ordenó severamente detrás de él.

El abogado sonrió, exhaló y negó un poco con la cabeza. Inmediatamente comenzó una videollamada, instantes después, el líder yakuza apareció en la pantalla...

—Tardaste mucho... —dijo Masaaki con cara de aburrimiento, llevándose un pedazo de sushi a la boca.

—Los cachorros son lentos como polvo en la Luna y tontos como mulas... —Bo resopló.

—Me doy cuenta —sonrió—. Vaya, hermano, te han dejado hecho mierda —comentó divertido alzando una ceja al notar su rostro golpeado.

—Son muy emocionales —Bo rió por lo bajo y su hermano rió más fuerte...

Woo Bin observaba la escena desde atrás, horrorizado de que la golpiza que le habían propinado les pareciera algo gracioso. Un poco más al frente, la presidente Kang torció ligeramente la boca.

—Basta de charlas amenas —ordenó Kwan Suk colocándose frente a la cámara—. Hay asuntos que hablar.

—Song Kwan Suk —Masaaki dio una palmada—, por fin das la cara; ya que no la diste por tu padre, me da gusto que la des por tu hijo.

—Cállate.

Masaaki sonrió una vez, y como cada vez que sonreía, nadie podría decir que lo hacía ni con burla ni con sorna...

—¿Qué es lo que quieres? —se aventuró a decir el doctor Yoon entrando también en la vista de la cámara— ¿no es suficiente todo lo que hiciste en el pasado? ¿Por qué has vuelto?

—Presidente Yoon... —contestó claramente satisfecho— ha pasado tanto tiempo.

—No el suficiente.

—Sin embargo aquí estoy, cumpliendo mis promesas, como siempre.

—¿Qué es lo que quieres? —repitió en un tono más fuerte.

—Lo que yo quería ya lo hice —contestó llevándose otro trozo de sushi a la boca—, ahora sólo queda el asunto pendiente con Yoon Ji Hoo y es todo, después de eso, mi hermano y yo nos iremos a vivir a Europa.

—¿Qué tienes con mi nieto? —el doctor Yoon frunció el ceño— Déjalo en paz, maldita sea, él no te ha hecho nada.

—Él lo sabe —se encogió de hombros—; yo se lo dije personalmente, de frente, yo estuve a treinta centímetros de él cuando le expliqué que tenemos una deuda.

—Mi nieto no tiene ninguna deuda contigo, pedazo de basura. Te lo repito: déjalo en paz.

—Lamentablemente no puedo hacer eso, presidente Yoon, su nieto tiene que contestar a mi pregunta.

—¿Qué pregunta? —intervino nuevamente Kwan Suk

—Él sabe qué pregunta.

—¡Tú...! —Woo Bin avanzó un paso dispuesto a hacer pelea, pero su padre alzó su mano en señal de silencio y lo miró duramente; el joven volvió a retroceder al recordar que su padre le había permitido estar ahí con la condición de que no abriera la boca.

—No estás en posición de pedir ver a nadie —Kwan Suk habló con total calma—, tenemos a tu medio hermano, por lo tanto las condiciones son nuestras.

—No —Masaaki negó ligeramente—. Yo tengo a la señorita Min Seo Hyun, quien no está lista para morir, en cambio mi hermano sí lo está; las condiciones son mías.

Se hizo un instante de silencio en el que Kwan Suk solo gruñó y tomó aire antes de continuar.

—Muéstrala.

Masaaki sonrió nuevamente y movió la web cam a una posición en que Seo Hyun era visible. Woo Bin se tapó la boca y la nariz con ambas manos al verla; ella estaba sentada en un viejo sillón, con el cabello suelto y enredado cayendo por su hombro derecho, su rostro estaba pálido, sus ojos cansados y su mejilla golpeada, aún así, se notaba consciente y al tanto de la conversación.

—Hay una solución —volvió a hablar el abogado Bo, levantando un poco los brazos—, de acuerdo al código, si ustedes me matan, mi hermano tomará venganza matando a la señorita Min y se ahorrarán problemas —rió apuntando a su propia cien con su mano simulando una pistola y un disparo— ¡bang!

—Ese sería el camino corto —asintió Masaaki serenamente.

Woo Bin se dobló un poco sobre sí mismo al empezar a sentir nauseas, no podía creer que realmente le diera igual vivir o morir; no había demostrado miedo ni nerviosismo en ningún momento, al contrario, daba la impresión de estarse divirtiendo...

—Sin embargo de verdad tengo que hablar con el nieto del presidente Yoon, es un asunto muy serio.

—No asesinaremos a tu medio hermano —Kwan Suk se cruzó de brazos y resopló— partiendo de ello, ¿qué quieres?

—De acuerdo —el líder yakuza mordió sus palillos— podemos hacer esto; liberaré a la señorita Min Seo Hyun si entregan a mi hermano, nos entregan identificaciones y documentos falsos y boletos de avión hacia Europa para mí y para mi hermano y llevan a Yoon Ji Hoo para que se resuelva nuestro asunto aprovechando la reunión. Muy fácil.

—Demasiadas cosas —el padre de Woo Bin entrecerró los ojos—. No hay trato.

—¿Quieres declarar guerra entonces?

Se hizo un silencio en el que volteó lentamente a mirar tanto a Hee Soo como al doctor Yoon, analizando con cuidado la situación.

—Este es el trato —dijo Kwan Suk cruzando sus brazos—, liberarán a Min Seo Hyun, luego, tu medio hermano y tú abandonaran Corea de inmediato y no volverán a pisar mi territorio.

Masaaki dio una nueva palmada y suspiró satisfecho.

—Hay trato. No volveremos a pisar tu territorio.

—Hee Soo —Kwan Suk se giró hacia la presidente— ¿cuándo puedes tener los documentos falsos?

Ella resopló fastidiada.

—Dame unas seis horas —ella desvió la mirada alzando las cejas con los brazos cruzados.

—En ese caso —el líder yakuza comenzó a desesperarse alzando los brazos—, nos vemos a las tres de la madruga en el tercer edificio del kilómetro cuarenta y seis de la carretera a Chuhan. Estamos.

La video llamada se cortó antes de que pudieran replicar. De inmediato, Kwan Suk tomó nuevamente al abogado Bo del brazo y lo arrastró de vuelta al sótano, encerrándolo una vez más, luego, volvió sus pasos y se encontró con su hijo esperándolo

—¡No puedo creerlo! —gritó Woo Bin furioso y lleno de incredulidad— ¡¿Lo vas a dejar irse?! ¡¿Vas a permitir que se salga con la suya?!

—¿Tú que harías? —preguntó sin perder la compostura.

—¡No lo sé! —bramó frustrado— ¡Pero jamás lo dejaría ir! ¡No lo dejaría ganar!

—¿Tú aún no lo entiendes, verdad? Él ya ganó. No toleraré que una acción tuya nos lleve a una guerra.

—¡Pero su Clan desapareció hace años! ¡Sólo son esos hermanos y quizá tres gatos! ¡Somos mucho más fuertes que ellos como para hacerlos pedazos!

—No tienes idea de si son fuertes o débiles; no tienes idea de lo que una guerra significaría. Te engañaron todo el tiempo; te hicieron creer que estaban lejos cuando estaban en tu nariz y por eso te aplastaron, ya hicieron lo que quisieron hacer y tienen a tu amiga como boleto de salida. Él ha ganado y a mí lo único que me interesa es que se largue de aquí.

—No puedes hacer esto, papá —negó con la cabeza comenzando a sentirse desesperado—. No puedes dejarlo ir, no puedes.

—Tu orgullo herido no vale una guerra.

—Pero si los dejas ir van a volver, son capaces de volver en otros veinte años, vamos a vivir siempre cuidándonos de cuándo volverán a aparecerse y...

—No has aprendido el Arte de la Guerra aún, todo lo que dices sólo te conduce a la derrota; no estás listo para enfrentarlo, ya lo demostraste, has dejado y estás dejando que tus emociones te controlen; ellos no quieren una guerra, querían jugar, han jugado y ahora se retirarán.

—¡¿Cómo sabes que se retirarán realmente?!

Su padre tomó aire y lo miró fijamente.

—Masaaki lo dijo —antes de que su hijo pudiera replicar siguió hablando—. Dime ¿qué mentira han dicho hasta ahora?

Woo Bin cerró la mandíbula anonadado recordando todo lo que sabía y, efectivamente, no habían mentido nunca; habían hecho parecer todo diferente, Bo se infiltró en Shinhwa y llevó torcidamente el caso de Jan Di pero de decir una mentira, jamás ninguno de los hermanos dijo ninguna mentira...

—Si vuelven estarás listo —continuó empezando a caminar—, pero por ahora lo único inteligente que puedes hacer es retirarte.

Se dio la vuelta y se marchó dejando a su hijo sin palabras y sin argumento alguno.

0o0o0

—Masaaki quiere verte —murmuró Woo Bin cuando llegó junto a Ji Hoo—, en la madrugada; quiere cambiar a su hermano por Seo Hyun y quiere que vayas.

Ji Hoo se quedó en silencio pero no pareció sorprenderse en lo absoluto y tomó aire.

—Por su puesto que... —continuó Woo Bin ante no recibir respuesta— no es necesario que vayas; no tenemos por qué dejar que sigan jugando con nosotros...

—Iré —espetó sin mirarlo.

—No sabemos qué es lo que va a hacer, es demasiado peligroso como para...

—Sé lo peligroso que es ese sujeto —interrumpió girándose para verlo— y sé muy bien lo mal que está su cabeza; él debió de haber permanecido en un hospital psiquiátrico, no en una prisión.

—Exactamente por eso no considero que debas encontrarte con él.

—¿Se te ocurre otra forma de que nos deje en paz?

Woo Bin no supo qué responder, sólo alzó los hombros y negó levemente con la cabeza. Ji Hoo sonrió y empezó a caminar para marcharse...

—Ji Hoo... —Woo Bin le habló con toda la calma que pudo— ¿cuál deuda? ¿de qué hablan?

—No lo sé —Ji Hoo se detuvo y se encogió de hombros—, no puedo saber lo que esos hermanos piensan...

—Masaaki asegura que habló contigo.

—Woo Bin —Ji Hoo lo miró fijamente—, hasta hace unas semanas yo pensaba que mis padres habían muerto en un accidente, obviamente no tenía idea de que Masaaki y Bo existían y desde que lo sé no ha habido un solo día en que no esté contigo o con Joon Pyo, dime, ¿cuándo crees tú que hablé con ese asesino?

—Es por eso que te estoy preguntando —contestó mirándolo seriamente.

Ji Hoo sonrió.

—Tú lo sabrías, te has dedicado a investigar y averiguar sin descanso todo lo que pasa, yo en cambio me he dedicado a beber y a deprimirme —empezó a caminar en reversa para irse— ¿cómo puedes creer que hablé con él...?

—Yoon Ji Hoo... —Woo Bin entrecerró los ojos— si acaso hay algo que no me estás diciendo entonces no tienes ningún derecho de estar enfadado con Jan Di.

En respuesta, Ji Hoo negó con la cabeza y salió del lugar.

0o0o0

El doctor Yoon se sentó y suspiró con pesadez. Ji Hoo se hincó con una sola rodilla frente a él. Hablaron en voz muy baja.

—No quiero que vayas.

—Lo sé —Ji Hoo lo miró a los ojos—, pero tengo que ir; quiero ir.

—Perdí a mi hijo y no soportaría perderte a ti...

—No me perderás.

—Eso fue exactamente lo que dijo tu padre —el doctor cerró los puños—, él los conocía, él dijo que no les tenía miedo y él me aseguró que estaría bien. Esto es de hecho un deja vù.

—¿Qué tanto estaban involucrados mis padres? —el joven negó un poco con la cabeza.

—Jamás llegué a saberlo, pero al parecer bastante —se tomó unos segundos—. No me malintrepetes, pues yo amé a tu madre como a mi propia hija, pero ella fue una mujer con muchos secretos turbios y un pasado que nunca estuvo claro, no hubo ningún momento en el que yo dudara de su bondad ni dudé de que amó a tu padre sin ninguna condición, pero aún así ella...

Ji Hoo permaneció pasmado, mirándolo fijamente...

—¿Ella inició todo...? —preguntó al fin ante el silencio de su abuelo.

El doctor asintió una vez, Ji Hoo se acercó un poco más a él sin levantarse y lo tomó de la muñeca.

—Esto se terminará pronto, abuelo —y sonrió un poco, con mucha calma.

0o0o0

—Geum Jan Di —Woo Bin no quería empezar a desesperarse pero ya sujetaba la bocina con toda su fuerza—, tienes que decirme cuál es esa maldita deuda; ya no puedes guardarte más cosas, tenemos sólo algunas horas.

—¡Te lo juro! ¡No lo sé! —gimió angustiada al otro lado de la línea— Durante todo el tiempo que estuve con Masaaki traté de averiguarlo, fue por esa la razón por la que me fui con ellos; intenté que cancelaran la deuda.

—Es que no tiene ningún sentido Jan Di, debes de saber algo.

—Te juro, sunbae, que si lo supiera de verdad te lo diría. Yo cuando enfrenté a Bo le dije que era imposible que Ji Hoo tuviera una deuda con ellos porque él era un niño muy pequeño cuando ocurrió lo de sus padres y Bo contestó que no era así exactamente...

—Por más que lo pienso —Woo Bin se mordió el labio—, no encuentro la lógica... si tú te fuiste para tratar de pagar la deuda entonces eso de que Masaaki habló con Ji Hoo debió de haber sido antes...

—Pero cuando yo me fui, Masaaki estaba en la cárcel —Jan Di completó perdiendo la voz...

—¿Entonces cuándo...? —llenó sus pulmones de aire— sólo queda... que fuera antes de ir a la cárcel... —silencio— hace más de veinte años.

0o0o0

—Yo iré —habló Ji Hoo con una total calma— y no quiero que vengan conmigo.

—No hay manera —gruñó Joon Pyo cruzándose de brazos—. Yo iré contigo. Y no acepto ni escucharé ni me importará lo que alegues; no vas a ir tú solo a encontrarte con ese demente.

—No voy solo —replicó con tono de cansancio y fastidio—, el padre de Woo Bin irá y sus matones también.

—Sabes a lo que me refiero —Joon Pyo frunció más el ceño—. Iré contigo.

—Obviamente iré contigo también —agregó Woo Bin entrando a la habitación; aún no estaba de acuerdo con que Ji Hoo fuera, pero si estaba determinado, entonces no podía hacer otra cosa más que acompañarlo—; jamás te dejaríamos ir sin nosotros. ¿Acaso lo olvidas? Somos los Tres Mosqueteros y lo prometimos siendo niños cuando jugábamos a combatir el mal... nunca nos dejaríamos solos.

—Esos eran juegos —replicó Ji Hoo negando un poco.

—Y con más razón ahora que es real...

La televisión estaba encendida y en ella, estaban las noticias del hotel que había estallado; habían tenido que estar al pendiente de todo lo que se dijera en público respeto a los hechos...

—¿Qué ocurrirá con lo del hotel? —preguntó Joon Pyo desviando el tema— se le ha dado cobertura en todo el mundo del ataque.

—Así es —Woo Bin resopló—, realmente se lucieron con esa explosión...

—¿Cuántos muertos van...?

Woo Bin negó.

—No sé... lo último que oí es que había por lo menos cincuenta...

Joon Pyo estaba a punto de decir otra cosa, cuando en las noticias enfocaron a Ha Jae Kyung saliendo de la comisaría para dar un comunicado de prensa...

—Jae Kyung sabrá manejar esto —dijo Woo Bin tomando el control y subiendo el volumen...

En la pantalla, ella estaba envuelta en un muy grueso abrigo que escondía su brazo herido sin problemas, rodeada de micrófonos de varias cadenas de radio y televisión nacionales y extranjeras, hablando elocuentemente, afuera de los edificios de la policía.

—¡¿Qué demonios?! —Joon Pyo refunfuñó— ¿Por qué has mandado a la mono a hacer esto?

—Alguien del Grupo JK debe de dar la cara por lo sucedido —Woo Bin entrecerró los ojos—, y mejor ella que sus padres...

...El Grupo JK está profundamente consternado y lamentamos terriblemente esta tragedia —Habló Jae Kyung frente a los micrófonos—; en todos nuestros años de historia jamás había ocurrido un hecho similar. Sabemos que no hay forma de compensar las pérdidas humanas, por lo cual nos embarga una profunda pena, claramente cualquier gasto tanto hospitalario como funerario será cubierto en su totalidad por el Grupo y las familias afectadas serán debidamente indemnizadas de por vida...

Las preguntas de los reporteros se amontonaban y sonaban todas al mismo tiempo.

—...La investigación policiaca ha comenzado ya, por el momento aún no contamos con pistas ni conocemos el móvil que llevó a este atentado tan despreciable, sin embargo podemos asegurar que el autor será hallado y condenado por sus actos...

Jae Kyung dirigió su atención a un reportero en particular y luego contestó;

... No recibimos amenazas de ningún tipo, así como ningún indicio de que podía ocurrir algo así; nos ha tomado por completa sorpresa; no tenemos conocimiento aún de si este ataque fue perpetuado para atacar al Grupo JK o a algún huésped o si sencillamente fue un ataque al azar; no lo sabemos...

El reportero insistía;

... Hasta el momento no hay ninguna evidencia que nos haga sospechar que fue obra de la Yakuza; este es un asunto que ahora corresponde a la policía, los mantendremos informados conforme avance la investigación. Gracias por su atención.

Jae Kyung se giró y empezó a caminar al lado de sus guardaespaldas con la marabunta de periodistas detrás de ella y las cámaras la enfocaron hasta que se refugió en una camioneta negra.

—Tal como lo dijo, las víctimas y sus familias van a recibir una muy fuerte cantidad de dinero —volvió a hablar Woo Bin— y todo parecerá un ataque al azar de algún loco, conseguir un chivo expiatorio no será difícil; éste asunto quedará en el olvido pronto.

0o0o0

Joon Pyo dio varias vueltas por su habitación, pensando y reflexionando profundamente, luego, se quedó largo rato observando su pared de madera rota; él mismo había arrojado un cuchillo con tal fuerza que se había clavado y había cuarteado el panel cuando se prometió a sí mismo que mataría a quien fuera que estuviera haciéndole daño a sus amigos, antes de aún tener idea de qué pasaba, y había ordenado que el daño no fuera reparado para asegurarse de recordarse siempre su promesa. Ahora, el tiempo había llegado, esa misma noche se encontrarían con la mente maestra todo y estaba determinado a destruirlo definitivamente.

Todo tenía que acabarse por fin esa noche...

0o0o0

Ji Hoo fue al hospital cuando por fin la presidente permitió que las puertas de su mansión se abrieran y pudieran salir, preguntó en recepción, tomó el elevador y entró a la habitación de Dae Hyun; él estaba inconsciente, conectado a una máquina que le ayudaba a respirar, una joven chica de cabello muy largo y algo ondulado acariciaba lentamente su mano, al verlo, ella sonrió y saludó.

—Hola, Ji Hoo sunbae.

Ji Hoo la miró preguntándose quién era ella y por qué lo conocía y al verla a la cara notó unos cuantos raspones en su rostro. Ella lanzó un bufido sarcástico, se levantó y le extendió la mano.

—Soy Ahn Min Ji. Enfermera. He trabajado para ti y tu abuelo por un año.

Se avergonzó por no haberla reconocido; era su enfermera sarcástica. La ubicaba solo por su uniforme blanco, su cabello recogido y su maquillaje, ese día no llevaba nada de eso, por lo tanto, a primera vista, no había tenido ni idea. Ella rió.

—Vaya, de verdad tus ojos sólo sirven para ver a Jan Di... pero brutal, ¿eh?

—¿Cómo está Dae Hyun? —preguntó ignorándola y mirando al joven en la cama.

—Tú sabes; no se puede saber, puede despertar ahora mismo o en diez años o nunca —se encogió de hombros sonriendo tristemente—. Todo fue... tan extraño; estaba siendo una gran noche, estábamos atendiendo a una joven familia y de pronto algo me dejó sorda y todo se vino abajo...

—¿Nadie te ha dicho nada...?

—Unos hombres vestidos de negro estuvieron aquí, dijeron que venían de parte de la familia Song —lo miró a los ojos, de las pocas veces que ella hablaba con seriedad—, dijeron que fueron Yakuzas y yo asumo que... —volvió a sonreír sarcástica— es por el mismo asunto que tiene a Jan Di encerrada en Japón, ¿eh?

Ji Hoo no contestó, sólo asintió levemente.

—Así que es verdad... Jan Di sí estaba con yakuzas... ¿y Jan Di? ¿Cómo está ella? ¿Volverá pronto a casa?

Él se quedó otro rato en silencio, observando al joven que yacía inconsciente en la cama y finalmente contestó:

—No lo sé...

Ella se tomó un momento para mirarlo.

—Tus ojos ya no brillan —susurró. De nuevo, él no respondió— ¿Puedes esperar años a que alguien vuelva a ti? ¿Qué haces cuando a una persona a la que quieres sólo le queda la esperanza de que la esperes? ¿Eres tan fuerte para dejar pasar tu vida sólo por esa persona? ¿Eso es correcto?

Él reflexionó acerca de cuántos años podrían pasar antes de que Jan Di volviera... ella se volvió a sentar junto a Dae Hyun y apretó su mano...

—Estoy hablando de Dae Hyun y yo, claro —ella le guiñó un ojo, aún así su expresión era triste—; él era famoso tanto entre estudiantes de medicina como de enfermería por ser el mejor y yo me pasé toda la carrera suspirando por él; cuando me enteré que trabajaríamos juntos casi muero de felicidad y ¿sabes? Justo la noche en que pasó esto... él me había invitado a salir... soñé tanto ese momento que deseé que el tiempo se detuviera para siempre en ese instante... y así fue; se detuvo...

Ji Hoo se acercó a la cama también y lo miró con compasión; lo detestó toda la Universidad por ser cercano a Jan Di pero finalmente fue quien ayudó a su abuelo con la clínica y terminó por pagar por un asunto en el que nada tuvo que ver; lo entendía ahora; Dae Hyun fue el último que vio a Jan Di antes de desaparecer y fue él quien les dio la pista de buscar en periódicos viejos y fue por eso que había sido un blanco. Se arrepentía mucho de cómo lo había intimidado a propósito y deseaba profundamente que despertara...

—¿Su familia?

—Estuvieron aquí esta mañana... regresarán pronto.

—Diles que todos los gastos correrán de mi parte —dio un pequeño suspiro y caminó a la puerta—. Tienes mi teléfono; llámame de inmediato si despierta.

—Ji Hoo sunbae —ella lo detuvo justo antes de que abriera la puerta y volteó a verla—, aún si tienes que esperar años; nunca sueltes la mano de Jan Di —al decir eso, apretó la mano de Dae Hyun y sonrió— y cuando vuelva a ti, no la dejes ir.

Él sonrió un poco también y asintió casi imperceptiblemente antes de salir del cuarto.

0o0o0

En la amplia habitación de Joon Pyo, todos se sentaron en el suelo formando un círculo, excepto Yi Jung quien permaneció solamente sentado en la cama pues no podía agacharse más. Ji Hoo y Jae Kyung habían regresado apenas minutos atrás.

—La última vez que estuvimos sentados en un círculo fue en una fogata —Woo Bin sonrió con la mirada en el suelo— y debo decir que es uno de mis mejores recuerdos; nunca olvidaré lo mal que Joon Pyo contó nuestra historia...

Todos sonrieron.

—Y mi deseo es volver a prender el fuego y volver a contar nuestra historia y que Jan Di y que Seo Hyun estén con nosotros... ¿y por qué no? Quedarnos a acampar, en tiendas de campaña y todo eso.

—Como acampan los pobres —completó Joon Pyo alzando una ceja.

—Exactamente —Woo Bin rió levemente—, como pobres...

Se quedaron todos callados, mirándose a veces de reojo, sonriendo un poco a momentos, alzando y bajando la vista, hasta que finalmente, el príncipe Song dio un fuerte respiro y continuó hablando...

—Mi padre va a dejar que los yakuza se marchen...

—¿Cómo...? —Yi Jung negó un poco torciendo su expresión—¿Qué significa eso...?

—El viernes en la madrugada haremos un intercambio; Seo Hyun noona por el abogado Bo y les permitiremos marcharse...

—¡No pueden dejarlos marchar! —Jae Kyung levantó de inmediato la voz— ¡Esos malditos han arruinado nuestras vidas!

—Sí damos guerra será peor... —Woo Bin contestó sin mirarla, ella apretó los labios enojada y estaba a punto de seguir alegando cuando él continuó— La cosa aquí es que el líder yakuza quiere ver a Ji Hoo y Joon Pyo y yo hemos decidido acompañarlo...

—¿Quiere verte para qué...? —Yi Jung lo miró confundido pero Ji Hoo no dijo nada ni levantó los ojos.

—Así que nosotros tres... —Woo Bin siguió hablando ignorando la pregunta— es decir, ya que iremos a encontrarnos con unos asesinos locos no sabemos realmente qué pueda pasar, aunque mi padre y muchos de mis hombres estarán con nosotros y yo realmente espero que podamos hacer el intercambio y que desaparezcan para siempre... aún así... —él sonrió mojándose un poco los labios con la lengua y ladeando la cabeza— podríamos no regresar...

—Espera —Ga Eul parpadeó varias veces negando con la cabeza— ¿Qué quieres decir con eso, sunbae? —su respiración se contuvo— No estas sugiriendo que esto es una despedida... ¿verdad...?

Nadie le contestó por un momento hasta que Ha Jae Kyung volvió a sobresaltarse.

—¡No se atrevan a despedirse! —la voz empezó a quebrársele— ¡Si hacen eso es porque creen que no van a volver!

—Vamos a volver, mono —Joon Pyo le gruñó—, para el amanecer estaremos de vuelta.

Ella se giró hacia él y lo miró apretando los dientes...

—¿Puedes asegurarme con total certeza que ustedes tres van a volver?

Joon Pyo gruñó nuevamente pero no contestó a la pregunta; y ante eso, Ga Eul abrió los ojos asustada y tomó a Woo Bin del brazo.

—¡Woo Bin sunbae! ¡No tienen que ir! ¡Tienes un ejército propio! —negó fuertemente agitando su cabeza— ¡No vayan!

—Tenemos que ir por noona —murmuró Woo Bin.

—¡Que vaya alguien más! —espetó Ga Eul frunciendo el ceño.

—Si yo no voy... —habló Ji Hoo por primera vez— nunca nos van a dejar en paz.

—¡¿Pero por qué?! —Jae Kyung gritó enojada— ¡Ga Eul tiene razón; no vayan! ¡Con un demonio, siguen en su juego! ¡¿En serio van a ir a meterse a un agujero donde ellos tienen el control?!

—No tenemos alternativa —Woo Bin siguió hablando con voz baja.

—Siempre hay alternativa.

—Mono, basta —Joon Pyo gruñó nuevamente—. No pasará nada.

—Me rehuso a quedarme a escucharlos —ella se levantó bruscamente— ¡No me despediré de ustedes para obligarlos a volver! —se dio media vuelta y salió azotando la puerta tras de sí.

Inmediatamente, Joon Pyo se levantó también y la siguió hasta el pasillo. Al alcanzarla, la tomó de su brazo sano, obligándola a girarse hacia él; tenía los ojos rojos y se mordía los labios con fuerza.

—Estas llorando otra vez.

—¡No estoy llorando! ¡Estoy...! —se jaló hacia atrás para soltarse— ¡Estoy muy enojada!

La jaló nuevamente y la abrazó, apretándola con fuertemente contra él, ella gruñó, escondió su rostro y tembló un poco, pero no lloró, seguía esperando a que él contestara que efectivamente tenía la certeza de que iba a volver, pero no dijo nada, tan solo la sostuvo.

0o0o0

Ji Hoo se quedó largamente mirando la ventana. No mucho tiempo atrás él estaba bastante feliz; había estudiado medicina por seguir a su abuelo y por su puesto para estar cerca de Jan Di, cuando empezó a estudiar no le llamaba especialmente la atención, ninguna carrera le llamaba en realidad y por eso, de hecho, no le importaba, pero con el correr de los años se había dado cuenta de lo mucho que le gustaba y de lo bien que se sentía aprendiendo, además Jan Di lograba, a veces, contagiarle su alegría y entusiasmo.

Y se sentía en paz. Tenía a su abuelo, que era toda la familia que sentía necesitar. Tenía a Jan Di y cada día se convencía más de que ella y Joon Pyo no se casarían y sí, lo hacía feliz, no lo admitiría en la vida, pero lo hacía feliz.

Y de pronto, algo pasó. Tan rápido que ni siquiera era capaz de asimilarlo aún; seguía pareciendo una pesadilla...

—¿Estas planeando algo estúpido? —la voz de Joon Pyo lo sacó de sus pensamientos y se giró lentamente hacia él— Creo que sabes bien de lo que los hermanos chupasangre esos quieren contigo pero no quieres decirlo porque... no sé por qué, eres un tipo raro, pero buen mentiroso no eres.

—¿Y qué hay de ti, Joon Pyo? —Ji Hoo sonrió recargándose en la pared— ¿Tú también quieres ir a hacer alguna maniobra estúpida?

—Yo voy a cuidar tu trasero.

Ji Hoo sonrió nuevamente y Joon Pyo bufó una risa sarcástica. Se quedaron mirándose largo rato; no eran necesarias las palabras entre esos dos, sabían que todas sus diferencias ya habían quedado atrás, no estaban molestos el uno con el otro; si esa noche iban a morir, no lo harían estando enfadados.

—Solo quiero que esto se acabe —Ji Hoo sonrió mirando al suelo—; ha sido demasiado ya; los días son largos, las noches eternas y a veces siento que esto no tendrá un final...

Woo Bin se acercó también a ellos, caminando con lentitud.

—Ya es casi la hora —susurró y levantó sus brazos hacia sus amigos; en cada mano, sostenía un chaleco antibalas que los otros dos observaron por varios segundos antes de tomarlos...

0o0o0

El reloj marcaba las dos de la madrugada con diecisiete minutos en el recibidor de la mansión Shinhwa. El sonido de las armas siendo cargadas hacía temblar a Ga Eul, Yi Jung la abrazó, atrayéndola suavemente hacia él, pero ella seguía aterrorizada y en el momento en que al menos quince camionetas negras se estacionaron frente a la gran fuente, se sintió mucho peor...

—Tomen —Woo Bin entregó a Ji Hoo y a Joon Pyo un arma a cada uno—, tengan cuidado, la tracción es muy fuerte... —se descolgó una mochila del hombro —Ji Hoo, creo que esto es todo lo que pediste...

Ji Hoo tomó la mochila y revisó el contenido; suero, vendajes, antibióticos, alcohol, agujas e hilos para suturar, entre algunas otras cosas y sin decir nada, asintió a Woo Bin con la cabeza.

—Es un asco que te pierdas la diversión, bro —dijo Woo Bin dirigiéndose esta vez a Yi Jung—, pero te traeremos una cabeza de recuerdo.

Ga Eul se estremeció.

—Tranquila, sis —le sonrió fraternalmente—, estaremos bien, ya verás.

—¿Has logrado ya localizar al prometido de Seo Hyun? —preguntó Joon Pyo guardando su arma dentro de su chaqueta de cuero negro.

—Sí —asintió el príncipe Song— abordó su vuelo hace algunas horas pero no podemos esperarlo.

La presidente Kang hizo su entrada seguida del secretario Jung; se acercó al padre de Woo Bin, quien se encontraba terminando de cargar su último revólver y le entregó un sobre bolsa amarillo.

—Aquí están los pasaportes y los pasajes.

Kwan Suk los revisó rápidamente dando su visto bueno y volviéndolos a guardar.

Goo Joon Pyo miró a Jae Kyung y le dedicó una leve media sonrisa, luego miró a los demás presentes hasta que su vista se posó en su madre, quien sólo le asintió, luego, él dio media vuelta, y seguido de sus dos amigos, salió de la mansión y abordaron una de las camionetas junto al padre de Woo Bin.

Ga Eul se separó de su novio y se acercó a la ventana para mirar; había muchos hombres en trajes negros y todos se veían armados y peligrosos, recargó su frente contra el cristal y suspiró. Jae Kyung se posó junto a ella, le sonrió triste y la abrazó con su único brazo mientras los autos arrancaban y se marchaban.

0o0o0

Seo Hyun estaba adormilada por el agotamiento, acostada en el colchón mullido, no obstante, estaba ansiosa y llena de pesadillas; si había entendido bien, estaban a punto de intercambiarla por el abogado Bo. Había estado escuchando el sonido de armas cargándose y había escuchado también muchos autos de motores feroces fuera... Había perdido la noción del tiempo por completo; ya no podía calcular cuánto llevaba allí, respiraba profundamente y trataba de pensar todo el tiempo en sus mejores recuerdos. Sentía frío, su cuerpo temblaba, su largo y enredado cabello negro caía sobre su rostro. Al oír un portazo abrió los ojos y escuchó gritos en japonés, aunque ella hablaba ese idioma no era capaz de comprender lo que decían. La puerta del pequeño cuarto se abrió de golpe y por primera vez desde que estaba allí vio luz, luces intensas de varios autos fuera de la casa y sintió que le lastimaban los ojos.

Masaaki entró y la tomó del brazo, obligándola a ponerse de pie, ella se quejó levemente, se sentía mareada y débil y le costó trabajo apoyar los pies en el piso, había estado todo ese tiempo con la misma ropa y aún llevaba puestas sus botas de tacón. A empujones cruzaron los dos cuartos que los separaban de la calle y la hizo subir al asiento trasero de un automóvil negro.

Veía borroso. Trataba de mantenerse erguida sobre el asiento y no desvanecerse. Arrancaron y notó que varios autos los seguían, no pudo contar cuántos eran, pero al menos podía ver el reloj del auto. Viajaron durante veinte minutos por una carretera desolada con apenas unos cuantos postes de luz y ninguna clase de edificio.

La obligó a descender de nuevo y distinguió que estaban entrando a un complejo de edificios que lucía abandonado...

0o0o0

Cuando llegaron eran las tres de la madrugada en punto y no parecía haber nadie, observaron los edificios y Kwan Suk ordenó a algunas personas entrar a revisar.

—¿Vamos a entrar? —Woo Bin se dirigió a su padre comenzando a sentirse nervios— No tenemos que entrar... ¿o sí?

—Escuchen bien —Kwan Suk se dirigió a los tres jóvenes—; no importa lo que pase, no importa lo que oigan ni lo que vean; deben quedarse en silencio y no hacer nada brusco ni extraño ¿me entienden?

Los tres asintieron...

—¡¿Me entienden?! —repitió en tono autoritario y alzando la voz.

—Sí.

Esta vez, estuvo conforme con la respuesta.

Uno de los hombres salió del edificio y le confirmó que había alguien adentro.

—Nos van a encerrar allí dentro —Woo Bin dio un paso atrás—. Si entramos no vamos a tener salida.

—Tranquilo —dijo su padre calmadamente— ¿no lo has aprendido aún? Les encanta asustarte.

Los tres tragaron saliva, parecía todo peor ahora, la noche era oscura, empezaba a caer una llovizna helada que seguramente se convertiría en nieve al día siguiente y el viento era tan frío que cortaba la piel.

El padre de Woo Bin abrió la puerta de una camioneta, tomó al abogado Bo del brazo y lo jaló bruscamente, obligándolo a caminar a su lado; comenzaron a adentrarse a paso lento en el edificio, se sentía mucho silencio y sus pasos resonaban a pesar de que pisaban con cuidado. Entraron a un recibidor, había una recepción en donde aún había unas cuantas pinturas colgadas y rotas y luego subieron al primer piso, siguiendo a uno de los guardaespaldas, llegando a un largo pasillo lleno de moho y puertas quebradas y hasta el fondo varias personas estaban de pie.

Se acercaron más y pudieron reconocer a Masaaki Takeru y a Min Seo Hyun al frente de todos; ella estaba con la cabeza agachada y cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el líder la obligó a ponerse de rodillas y le colocó el cañón de su arma en la nuca. Kwan Suk hizo exactamente lo mismo con el abogado Bo.

—Aquí está todo lo que querías —Kwan Suk habló en voz alta—; tú medio hermano y tus documentos —levantó un sobre bolsa amarillo el cual uno de sus guardaespaldas le había extendido un instante atrás y se lo entregó a Bo—, ahora largo y jamás vuelvan.

—Jamás volveremos a pisar su territorio —Masaaki sonrió, asintiendo satisfecho, enfundó su arma, tomó del brazo a Seo Hyun y la levantó— Ya puede irse, abogada...

Ella tembló, sentía sus piernas muy débiles y avanzó lentamente. Bo también fue soltado y también empezó a caminar. Ambos, al cruzarse, se detuvieron un segundo para mirarse; ella con un dejo de desprecio, él con perturbadora diversión...

Woo Bin caminó un par de pasos, alzó su mano hacia ella y se sintió aliviado cuando logró alcanzarla. La acercó hacia él, la rodeó con un brazo por los hombros y la dobló hacia atrás, pasando su otro brazo debajo de sus rodillas y la levantó. Dio media vuelta y caminó de regreso.

Seo Hyun suspiró dejando caer su cabeza en el pecho de su viejo amigo y cerró los ojos agotada.

El abogado llegó al lado de su hermano y asintió. Masaaki alzó la voz en este momento.

—Podemos finalizar ahora esto —dijo con una sonrisa de satisfacción y dirigiendo su mirada a Ji Hoo— Yoon Ji Hoo, debo preguntarte ahora; ¿has decido tomar tu derecho o has decidido no tomarlo?

Tanto Joon Pyo como Woo Bin observaron a su amigo con la misma expresión de sorpresa, duda y curiosidad, por su parte, Ji Hoo no había variado su expresión.

—He decidido no tomar mi derecho —contestó firmemente mirando al líder yakuza a los ojos.

Joon Pyo abrió la boca desconcertado y le habló tratando de no gritar.

—¿Derecho? ¿qué derecho? —estaba enojado y con justa razón, pues finalmente, Ji Hoo sí sabía lo que pasaba.

Masaaki sonrió.

Todo fue muy rápido; Masaaki llevó su mano a la funda de su arma y, al verlo, Kwan Suk sacó la suya y disparó al techo en advertencia.

En ese mismo momento, la lluvia de balas estalló por ambos bandos con su espantoso estruendo. Woo Bin, aún sosteniendo a Seo Hyun se arrojó al suelo y la arrastró hasta entrar por una de las puertas rotas y Ji Hoo los siguió. Una vez que la chica se encogió sobre sí misma con las manos en la nuca; el príncipe Song desenfundó también su arma y se asomó una vez más al pasillo; las balas rebotaban en las paredes y le era difícil enfocar un solo punto, volvía su vista de un lado a otro para no perder de vista a sus amigos y sin saber exactamente cómo actuar. Estuvo totalmente aturdido durante los primeros segundos de aquel escándalo eterno y confuso...

De pronto, todo cesó. Woo Bin, de rodillas en el piso, sosteniendo con fuerza su arma, observó el pasillo, moviendo rápidamente los ojos con la respiración agitada; había algunos hombres caídos de ambos bandos pero ninguno era alguno de los hermanos, a quienes no veía por ninguna parte, su padre estaba de pie gruñendo maldiciones.

—¡Demonios, Ji Hoo! —gritó Woo Bin cuando recuperó su voz y pudo levantarse para entrar a donde Ji Hoo y Seo Hyun estaban —¡¿Qué demonios fue eso!? ¡¿Qué maldita sea pasa?! —se acercó violentamente hacia él— ¡Y no te atrevas a decirme que no tienes idea porque...!

Ji Hoo también de pie, lo interrumpió ignorando sus preguntas por completo.

—¡¿Dónde está Joon Pyo?!

La mueca de enojo de Woo Bin desapareció en ese momento y se giró a todas partes buscándolo; no era ninguno de los que habían sido derribados, se asomó por las otras puertas cercanas y no estaba en ninguna de ellas.

—Demonios... —Kwan Suk escupió llegando hasta su hijo y jalándolo de un brazo— han subido —y señaló con la cabeza las escaleras de emergencia del fondo del pasillo.

Ji Hoo corrió sin esperar ni un segundo más, subió a prisa las escaleras principales que estaban detrás de ellos y, de inmediato, Woo Bin, su padre y más de sus hombres lo siguieron.

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Joon Pyo no los contó; subió quizá cuatro pisos y no veía nada pues era todo negro y frío y confuso y aterrador, sin embargo fue capaz de seguir a Masaaki hasta que entró en un uno de los apartamentos y lo persiguió por varias habitaciones. El abogado Bo y los demás japoneses se habían separado en algún momento. El líder yakuza se detuvo de pronto y lo encaró; Joon Pyo le apuntó el arma.

—Tú... —murmuró sin respiración— me prometí a mí mismo que te mataría... y te mataré sin duda alguna.

Masaaki asintió sonriendo;

—Dispárame entonces —dijo calmadamente. Joon Pyo se quedó quieto, tratando de que su mano no temblara y sin ser capaz de apretar el gatillo—. En vez de contar tus planes en voz alta, debes actuar —alzó una ceja y sonrió—. No tienes la sangre tan fría como creías tenerla, ¿eh? Anda, mátame —bufó sarcásticamente y esperó un par de segundos— Mátame o te mataré yo.

Pero el joven heredero simplemente no pudo hacerlo. Masaaki negó decepcionado y de un muy veloz movimiento, le disparó en el cuello.

Joon Pyo cayó de rodillas tras un alarido de dolor llevándose ambas manos a la herida, soltando su arma, intentando detener toda la sangre que empezó a brotar sin tregua. Dolía mucho; como si se estuviera quemando y sintiéndose cada fracción de segundo más débil y fuera de la realidad.

Masaaki se acercó aún más y puso el cañón del arma en la frente de Joon Pyo; el joven cerró los ojos con fuerza; había sido su error mortal no disparar primero, pero finalmente no había podido hacerlo, no había tenido las agallas suficientes y esa cobardía le terminaría por costar la vida. Escuchó claramente el dedo del asesino en el gatillo y entonces sonó el disparo.

Joon Pyo abrió los ojos sorprendido y miró a Masaaki escupir sangre por la boca, desvió su vista y se encontró con Ji Hoo apuntando su arma, y había humo saliendo del cañón de ésta...

—¡No! —Joon Pyo gritó pero su voz se desgarró de dolor; Ji Hoo no podía disparar, Ji Hoo no podía mancharse las manos así...

Masaaki dio media vuelta quedando de frente a Ji Hoo y se miraron largamente, el más joven seguía apuntando.

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El auto se había volcado y estaba empezando a arder en llamas. Ji Hoo temblaba y lloraba con fuerza; no entendía qué había pasado, sólo sabía que sus padres estaban muertos y su instinto de supervivencia lo obligaba a empujar con sus pequeñas manos los cristales para terminar de romperlos... Le dolió mucho, pues los trozos de vidrio se enterraron profundamente en sus palmas, pero logró salir arrastrándose antes de que el fuego lo alcanzara, dejando a su paso las huellas de sus manitas sangrantes...

Cuando estuvo un poco más lejos, notó que dos hombres caminaban hacia él, habían bajado de la camioneta con la que habían chocado. Ji Hoo los miró horrorizado y fue la primera vez que vio los ojos de Masaaki Takeru.

—El niño está vivo —dijo el otro hombre—, terminemos con esto.

Y le apuntó con su arma. Ji Hoo gritó llorando totalmente aterrorizado, tratando de echarse para atrás, pero ni siquiera era capaz de levantarse, entonces, Masaaki tomó el antebrazo del hombre y lo hizo bajar la pistola.

—No estás siguiendo el código —le reprendió mirándolo duramente, el hombre tragó saliva.

—Lo... siento...

Masaaki se acercó más al niño y se agachó hasta quedar de cuclillas frente a él...

—Esto no debió pasar así —le habló mirándolo fijamente a los ojos—; has visto morir a tus padres. Va en contra de nuestro honor matar enfrente de los hijos, eso significa que acabas de obtener el derecho de cobrar venganza...

Ji Hoo lo miraba con los ojos desorbitados y apenas y entraba aire a sus pulmones, las lágrimas y su voz se habían cortado...

—Cuando seas lo suficientemente mayor, cuando puedas defenderte y tomar tus propias decisiones —continuó el asesino—, nos volveremos a ver y tendrás que contestarme si quieres cobrar tu derecho... si tú me matas mi Clan no tendrá derecho a vengarse de ti, pero también recuerda, que la próxima vez que nos veamos, probablemente o morirás tú, o moriré yo...

Se levantó y dio media vuelta comenzando a caminar de nuevo a la camioneta.

—No lo olvides —dijo frenándose y mirándolo por última vez—, tú y yo ahora tenemos una deuda pendiente...

Entonces Ji Hoo perdió el conocimiento cayendo sobre el pavimento, golpeando su cabeza y, tras todo ello, no volvió a mencionar ni una palabra en semanas. Empujó hasta lo más profundo de su mente esa charla y por veinte años logró bloquearla por completo, volviendo sus recuerdos simplemente un muro blanco.

Todo aquello lo había recordado poco a poco apenas unos cuantos días atrás...

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Masaaki sonrió; el primer disparo que había recibido en alguna parte de su costado derecho ahora le impedía empuñar su arma bien.

Woo Bin llegó corriendo tan rápido como sus piernas le permitieron y sus rodillas perdieron fuerza al llegar a esa habitación. Logró sostenerse del marco de la puerta para no caer al piso...

—¡No, Ji Hoo! —gritó exhausto tratando de alcanzarlo— ¡No! ¡No!

—¡Ji Hoo, no! —gritó también Joon Pyo empezando a notar la perdida de sangre al sentir sus ojos nublarse...

Y Ji Hoo disparó tres veces más en el pecho de Masaaki.

El líder yakuza se desplomó en el suelo con los ojos en blanco.