Fuego Oscuro no me pertenece, es de Christinne Feehan, los personajes de Sakura Card Captor son propiedad de Clamp, yo hago esto sin fines de lucrar.
Letras cursivas: para conversaciones telequineticas, pensamientos y/o recuerdos.
Letra normal : es para el resto de la historia.
Espero y disfruten leyendo esta pequeña adaptación, y de antemano agradezco los comentarios que gusten dejar. :·)


Chiharu emergió del remolque, confirmando la creencia de Saku de que Shaoran era capaz de comunicarse en privado con cada miembro de su familia como hacía con ella. Debía haberles puesto al tanto de lo que había pasado durante su sueño y las coartadas que Sakura había dado para cada uno de ellos.

Yukito casi cayó hacia atrás mientras observaba la aproximación de Chiharu. Su boca realmente se abrió de par en par, su mirada se deslizó por las caderas y el brillo de su pelo azabache. Chiharu sonrió a Yukito con su estilo dulce y tímido cuando Saku los presentó. Parecía inusualmente hermosa, una belleza exótica que podía dejar a un hombre sin aliento. Ciertamente, Yukito tenía el aspecto de alguien al que habían golpeado en la cabeza con un dos-por-cuatro, mientras tartamudeaba un saludo a la música morena.

- Que agradable por su parte unirse a nosotros, Señor Tsukishiro. - Dijo Chiharu suavemente, su voz tan suave y gentil como la brisa que los rodeaba. - Espero que Saku se haya ocupado de todas sus necesidades. Tenemos bastantes refrigerios en el autobús.

Yukito se pasó una mano por el pelo rubio, despeinándolo incluso más de lo que había hecho su largo paseo.

- Oh, sí, seguro. Ha estado genial.

- ¿Y el camión está arreglado, Saku? - Preguntó Chiharu cortés, intentando no sonreír ante la reacción de Yukito hacia ella. Había pasado bastante tiempo desde que alguien la había hecho sentirse hermosa y deseable. Sabía que eso era culpa suya, por haberse estado escondiendo del mundo, pero ahora, con Yukito Tsukishiro haciéndola sentir viva de nuevo, estaba súbitamente feliz.

- Sin problemas. - Replicó Sakura.

Chiharu extendió una mano y capturó la derecha de Sakura, volviéndola para examinar los nudillos raspados. - Estás sangrando. Te has hecho daño. - Había una tremenda preocupación en su voz, en su expresiva cara. Levantó la mirada hacia Yukito, con una sonrisa sexy y traviesa en los labios mientras cubría con la palma de la mano los nudillos de Sakura, aliviando los arañazos. - ¿Sabe Shaoran que tienes una visita?

Sakura sintió que el color abandonaba su cara. Chiharu sabía muy bien por qué estaba allí Yukito Tsukishiro. Sólo estaba burlándose sutilmente de ella. Chiharu sonrió a Yukito.

- Shaoran está loco por Saku, y es un hombre muy celoso. Quizás deberías pegarte a mí para que pueda ofrecerte mi protección.

Yukito parecía contento con esa idea.

- ¿Crees que necesito protección?

- Oh, absolutamente. - Le aseguró Chiharu, flirteando descaradamente. - Shaoran nunca permite que nadie se acerque a Saku.

- Eso no es verdad, Yukito. - Al menos Sakura esperaba estar diciendo la verdad. Shaoran permitía a otras mujeres a su alrededor. Al parecer sólo ponía objeciones a los hombres.

- ¿Esto es una fiesta? - Touya salió a zancadas del bosque, con una mochila sobre los hombros y una pequeña tienda pulcramente plegada en un saco entre las manos.-¿Por qué no he sido invitado?

- Porque te pones muy gruñón cuando intentamos despertarte. - Le saludó Chiharu, guiñando un ojo hacia Sakura. Se puso de puntillas y rozó la barbilla de Touya con un beso. - Está bien. Te perdonamos. Puedes unirte a nosotros si quieres. Saku ha invitado a un amigo.

Touya instantáneamente ofreció su mano libre a Yukito, con una sonrisa de bienvenida en la cara.

- Mi nombre es Touya. Cualquier amigo de Saku es amigo nuestro. - Se frotó la barbilla pensativamente, sus ojos vagaron de Yukito a Sakura y de nuevo de vuelta. - ¿Sabe Shaoran que estás aquí? ¿Le has conocido?

Yukito miró intranquilo a Sakura.

- Empiezo a pensar que venir aquí no ha sido tan buena idea. ¿Cómo de celoso es este guardaespaldas?

Touya rio suavemente.

- Shaoran tiene sus manías con su pequeño amorcito.

- ¡No soy su "pequeño amorcito"! - Negó Sakura ardientemente. - No soy nada suyo.

Sé que puedes oír cada palabra que se está diciendo. Estás haciendo sufrir a Yukito deliberadamente. ¡Ven aquí ahora mismo! se quejó a Shaoran.

No es sólo Yukito Tsukishiro el que parece estar nervioso. Respondió Shaoran complacientemente. Y eres mía, toda mía.

Realmente necesitas abandonar la tierra de la fantasía, Shaoran.

Touya tuvo la audacia de despeinar el pelo de Sakura como si fueran viejos amigos.

- Definitivamente eres el único amor de Shaoran, y él no es muy bueno compartiendo.

Chiharu asintió solemnemente.

- Es cierto. No creo que haya aprendido cuando era niño. - Sus ojos oscuros estaban iluminados con travesura, algo que todos los que la rodeaban estaban agradecidos de ver. – En realidad, Señor Tsukishiro... ¿o puedo llamarte Yukito?... yo te protegeré.

Yukito volvió a pasarse la mano por el pelo.

- Ningún hombre está dispuesto a compartir a la mujer que ama, Chiharu. Pero Sakura y yo nos conocimos hace sólo unas pocas horas en la ciudad. Le traje algunas noticias que todos vosotros deberíais oír. Pero el guardaespaldas no tiene nada de qué preocuparse. No estaba cortejándola.

Los ojos de Touya se volvieron súbitamente duros y fríos.

- Espero que no te hayamos dado una falsa impresión de Shaoran. Nunca se preocuparía. No es su estilo. - La voz, incluso más que las palabras, cargaban una amenaza.

Sakura gimió en voz alta, deseando conocer lo suficiente a Touya como para golpearle en la cabeza. Extendió la mano para tranquilizar a Yukito, que parecía como si hubiera tropezado con un nido de víboras. Touya se movió de repente, colocando deliberadamente su cuerpo sólido entre Sakura y el humano. Chiharu tomó el brazo de Yukito y le condujo hacia algunas sillas colocadas bajo los árboles.

La oscuridad caía rápido. Los murciélagos empezaron sus rituales de cada noche, asaltando a los insectos, haciendo acrobacias en el cielo. Se había levantado una brisa fresca, haciendo susurrar amablemente las hojas en los árboles. Tomoyo y Eriol, completamente ataviados con botas de de excursionista y mochilas, se acercaron de la mano al interior del círculo. Ambos parecieron sorprenderse de ver a un visitante, pero Sakura sabía que su sorpresa era fingida. Eriol colocó su cuerpo protectoramente delante de Tomoyo incluso mientras ofrecía la mano a Yukito al ser presentados. Yukito parecía nervioso mientras murmuraba un saludo.

Este era el hombre que la sociedad creía absolutamente que era un vampiro. Yukito le estudió atentamente, recibiendo la impresión inmediata de puro poder. Eriol Hiragizawa era enormemente fuerte, casi cuidadoso para no aplastar los huesos de Yukito cuando se estrecharon la mano. Era imposible decir su edad; su cara parecía intemporal. Físicamente era casi hermoso, de una forma puramente masculina, como las estatuas griegas de los Dioses.

- ¿Eres un fan del talento de mi mujer? - Aventuró Eriol.

- Vino aquí con Saku. - Ofreció Touya con una sonrisa. Las cejas de Eriol se arquearon.

- ¿Con Saku? Entonces no tiene que conocer todavía a Shaoran, Señor Tsukishiro.

- No empieces. - Dijo Sakura. - Lo digo en serio, Eriol. Vamos a dejarlo ya. Shaoran no es en realidad el ogro que todo vosotros os pensáis. No podría importarle menos si tengo a una docena de hombres aquí de visita.

Ni siquiera te arriesgues con este, mi amor, dijo Shaoran suavemente en su mente, el crujido de sus dientes blancos era audible.

- ¿Quieres que tenga lugar una matanza? - Bromeó Touya.

Sakura levantó la barbilla con desafío.

- Shaoran no es así en absoluto.

Shaoran llegó saliendo a zancadas del bosque, alto, elegante, el poder personificado. Yukito en realidad ya se estaba poniendo en pie. El guardaespaldas era el hombre más impresionante que hubiera visto nunca. Su cuerpo ondeaba con fuerza contenida. El poder rezumaba de cada poro. Su pelo negro como la medianoche estaba echado hacia atrás y atado en la nuca con una cinta. Los planos duros y ángulos de su cara parecían tallados en granito. Su boca sostenía una latente sensualidad y un golpe de crueldad. Sus ojos negros lo cogían todo, los detalles más pequeños, aunque nunca dejaban la cara de Sakura.

Shaoran avanzó silenciosamente, como una pantera al acecho, directamente junto a Sakura, su brazo la rodeó posesivamente, arrastrándola bajo su hombro. Inclinó la cabeza para encontrar su boca suave y temblorosa con la dura de él.

- Pareces cansada, pequeña. Quizás deberías echarte y descansar antes de que nos pongamos en marcha esta noche. Has estado trabajando todo el día.

En ese momento su perfecta boca tocó la de ella, Sakura olvidó sus burlas y se abandonó a la química que chispeaba entre ellos. Su brazo se deslizó a medio camino rodeándole la cintura, sus dedos se enterraron en su camisa.

- Estoy bien, Shaoran. Ese camión está listo, así que podemos salir tan pronto como necesitemos. Traje aquí a este hombre para hablar contigo.

Los ojos negros enseguida descansaron sobre la cara de Yukito Tsukishiro. Involuntariamente Yukito se estremeció bajo la mirada helada. Era como mirar a una tumba, los ojos de la misma muerte.

Yukito sentía como si el guardaespaldas pudiera leer todos sus pensamientos y le estuviera juzgando digno o indigno... y era su vida misma lo que estaba pendiendo de un hilo. Vio como el guardaespaldas cuidadosamente, deliberadamente se llevaba la mano derecha de Sakura a la boca, su lengua se movía lentamente, casi eróticamente sobre los nudillos arañados, esos ojos negros y ardientes nunca dejaron la cara de Yukito. Yukito podía sentir a Chiharu a su derecha, cerca aunque sin tocarle. Era consciente de que ella estaba conteniendo el aliento.

- Soy Yukito Tsukishiro. - Se presentó a sí mismo, agradecido de tener todavía voz. Sakura había estado diciendo la verdad sobre este hombre. Iría tras cualquiera que intentara apartarla de él, y nunca se detendría. El guardaespaldas, como había supuesto antes, era el tipo de hombre que era más que implacable, que no tenía misericordia.

-Shaoran. - Replicó el guardaespaldas brevemente. Sus manos cayeron sobre los hombros de Sakura y la empujaron hacia su cuñado. - Eriol, quizás deberías llevarte a las tres mujeres mientras hablo con este caballero. Tomoyo, por favor cuida de las necesidades de los felinos, y asegúrate de que Sakura come antes de que se vaya a la cama.

Chiharu se acercó más a Yukito, desafiando por primera vez en su vida a Shaoran. Me quedaré aquí y escucharé. Levantó la barbilla beligerantemente. Sin advertir que Takashi estaba allí, su apuesta cara era una retorcida máscara de furia. Literalmente apartó a los otros hombres y aferró el brazo de Chiharu, tirando de ella bruscamente para alejarla del humano. Sus ojos ardían de rabia.

- ¿En qué estás pensando, Shaoran, para permitir que este hombre venga a nuestro campamento mientras nuestras mujeres están desprotegidas? - Exigió, obligando a Chiharu a retroceder a pesar de su resistencia. Su cuerpo era una sólida muralla de músculo, presionando el más suave de ella lejos del grupo.

- ¡Cómo te atreves a tratarme de este modo! – Siseó Chiharu, ultrajada.

Takashi volvió la cabeza, su negra mirada ardía.

- Harás lo que ordeno en esta cuestión. Tienes bastante sentido común como para no ponerte en una posición vulnerable.

- Takashi, ¿has perdido la cabeza? - Exigió Chiharu.

Él gruñó, una baja advertencia que retumbó en el aire, sus dientes blancos se apretaban como los de un depredador.

Me niego a discutir contigo. Si no quieres soportar la vergüenza, Chiharu, harás lo que digo ahora mismo. ¿Crees que no sé qué buscaste activamente la compañía de este hombre?

Chiharu retrocedió hacia la protección de los árboles, en parte porque Takashi no le estaba dando elección y en parte porque esta atónita. Takashi era el más informal de todos los hombres. Tendía a encontrarlo todo divertido, y flirteaba vergonzosamente con todas las humanas, disfrutando de su imagen de playboy de la banda.

No tienes derecho a decirme que hacer, Takashi. Si deseo buscar a mil hombres, es mi derecho.

Al infierno con eso. Takashi literalmente la alzó por la cintura y la llevó a lo más profundo del bosque.

- ¿Quién es este hombre, que de repente deseas estar con él? Nunca antes has mostrado interés por los hombres humanos.

La barbilla de Chiharu se elevó.

- Bien, quizás eso ha cambiado.

- ¿Qué ha cambiado? ¿Qué ha hecho este hombre, embrujarte? Te lo advierto, Chiharu, no estoy de humor para esta tontería. Le tocaste. Pusiste la mano en su brazo, flirteaste con él. - Sus ojos ardían.

- ¿Y eso es un crimen? ¿Debo recordarte todas las veces que he sabido que estabas con humanas? No te atrevas a juzgar mi comportamiento. Este hombre me hace sentir hermosa, deseable, como una mujer, no como una sombra ignorada. Me mira, y me siento viva de nuevo. – Se defendió Chiharu.

- ¿Esa es la razón? ¿Te hace sentir viva? Cualquier hombre puede hacer eso, Chiharu. - Soltó Takashi.

- Bien, él es el que quiero. - Dijo ella desafiante.

La mano de él se cerró sobre su garganta, sus ojos oscuros furiosos.

- He esperado pacientemente a que te recobraras, he sido tan amable como sabía que debía ser. Pero esto no te lo permitiré. Si te atreves a acercarte a ese hombre, le haré pedazos con mis manos desnudas. Ahora entra en el tráiler, donde sé que estás a salvo, y quédate lejos de él.

Chiharu parpadeó, sorprendida y abría los ojos de par en par ante su extraña explosión.

- Me voy, pero no porque me lo ordenes. No quiero hacer una escena delante de un extraño.

Takashi la empujó hacia el autobús.

- No me importa por qué estúpida razón hagas lo que te ordeno. Sólo hazlo. Ahora. En serio.

- ¿De dónde has sacado la idea de que eres mi amo y señor? - Le lanzó indignada sobre el hombro mientras se dirigía a la caravana.

- Simplemente recuerda que lo soy, Chiharu. - Soltó él y vigiló para asegurarse de que ella hacía lo que ordenaba antes de volver a unirse a los hombres, que interrogaban a Yukito.

Saku y Tomoyo encontraron a Chiharu en la puerta del autobús. Tomoyo pasó un brazo alrededor de los hombros de Chiharu.

- ¿Takashi estaba muy enfadado?

- No le conoces. - Dijo Chiharu. - como yo. ¿En qué estaba pensando para amenazarme de ese modo? Como si fuese su hija, su pequeña hermanita. ¿Tenéis idea de con cuantas mujeres ha estado él? Es asqueroso, eso es lo que es. Me pone enferma, la forma en que los hombres tienen semejante doble estandart... uno para su propio comportamiento y otro para el nuestro. La única razón por la que le he hecho caso es porque este asunto concierne a tu seguridad, Tomoyo. De otro modo le hubiera dicho que se fuera derechito al infierno. Puede que aún lo haga. De hecho, puede que simplemente me largue después de vuestro próximo concierto. Necesito unas vacaciones de ese idiota.

- Quizás debería irme contigo. - Aventuró Sakura. - Shaoran es incluso peor que Takashi. ¿Qué les pasa a estos hombres?

Tomoyo rio suavemente.

- Son mandones y dominantes y con frecuencia un grano en el trasero. Eriol siempre está intentando imponerme su ley. La cuestión es, que tienes que plantarles cara.

Chiharu se pasó una mano por el pelo con agitación.

- Saku y tú, quizás, pero yo no pertenezco a nadie. Debería poder hacer lo que deseara.

Sakura se hundió en una profunda silla acolchada. Ambos leopardos se le enredaron inmediatamente alrededor de las piernas.

- Yo no pertenezco a Shaoran. ¿De dónde saca todo el mundo la idea de que soy su novia? E incluso si así fuera, no tendría porque hacer una maldita cosa que el dijera.

- Sakurita. - Dijo Tomoyo gentilmente. - no puedes desafiar a Shaoran. Nadie puede, ni siquiera uno de nosotros, y somos muy poderosos. Encontrar a tu compañero no es como un matrimonio humano. Los instintos más poderosos se ponen en marcha. Cada uno de nosotros tiene un único auténtico compañero, así como tú eres la de Shaoran. Debes ser la otra mitad de su alma. La luz de su oscuridad. No puedes cambiar eso simplemente porque lo temes.

Chiharu asintió mostrando su acuerdo. Cogiendo un cepillo, se movió para recoger el pelo de Sakura y poder deshacer la gruesa trenza cobriza.

- Shaoran es siempre tan gentil contigo, pero hay una gran oscuridad en él. Debes entender lo que es él. No puedes pensar en él como humano; no es humano. Es bastante capaz de imponerte su voluntad en cuestiones que afecten a su salud y seguridad. Los hombres siempre protegen a las mujeres.

- ¿Por qué? ¿Por qué son tan dominantes? Me pone de los nervios.

Tomoyo suspiró suavemente.

- Shaoran a salvado nuestras vidas una y otra vez. La primera vez sólo tenía seis años. Ha hecho cosas milagrosas, pero las hizo, tuvo que creer implícitamente en su propio juicio, y con eso llega una cierta arrogancia.

Sakura soltó un bufido poco elegante, pero una parte de ella era consciente de que Tomoyo estaba diciendo la verdad. Había visto retazos de la vida de Shaoran en sus recuerdos, había oído algunas de sus historias, y la dejaban atónita, su implacable resolución por mantener con vida a su familia.

- Eriol me contó que la raza de los Cárpatos se extingue. - Continuó Tomoyo. - Hay pocas mujeres... poco menos de veinte, contando a Chiharu y a mí misma. Nosotras somos el futuro de nuestra raza. Sin nosotras, los hombres no tienen ninguna posibilidad de sobrevivir. Solía ocurrir que una mujer esperaba un siglo antes de establecerse con su pareja e incluso más para tener niños. Pero ahora los hombres no tienen más elección que reclamar a sus compañeras cuando son simples principiantes. Debes ver por qué es de vital importancia para todos ellos que estemos protegidas. - Dijo Tomoyo.

Sakura sintió que su corazón se saltaba un latido. Era más fácil no pensar demasiado en lo que se había metido. Cuando Tomoyo pronunció las palabras en voz alta, conoció el terror que estaba esperando a un latido de corazón para reclamarla. Se mordió con fuerza el labio inferior. Ambas mujeres oyeron su repentino latido de corazón. Era humana, no una Cárpato, y no se sentía a salva en su mundo. Tomoyo se hundió de rodillas delante de Sakura.

- Por favor no nos temas. - Dijo suavemente, persuasivamente. - Eres nuestra hermana, una de nosotros. Nadie de nuestra familia te haría daño. Es más, Shaoran daría su vida por ti. Está dando su vida por ti. – Sus ojos oscuros se llenaron de lágrimas.