Capítulo 25: Entre conflictos y verdades

El tiempo pasaba para mí como si de una suave brisa se tratara. No podía negarlo, me agradaba esa sensación que en ese momento me recorría el alma. Era tan cálida… Me sentía tan segura… Nada que ver con Kaien… Me sobresalté al pensar en él. Kaien… Casi le había olvidado, y eso no podía permitírmelo. Miré a Hidan, y pude ver sus intensos ojos violetas contemplándome interrogante.

- Gomen, no quería despertarte. Creí haber escuchado un grito de Yami – le mentí, esperanzada de que se lo creyera. Cosa que, proviniendo de él, no me extrañaría en lo absoluto.

- Ya veo, yo no he escuchado nada – me dijo, con expresión seria.

En ese momento recordé que Hidan también se había metido en la conversación que habíamos tenido los miembros de Akatsuki. Eso quería decir que después de todo Hidan no era tan patoso como pensaba. ¿Se habrá dado cuenta entonces de lo que esconde mi corazón? Si lo sabe, es muy listo porque no lo sé ni yo misma… Ni siquiera sé la respuesta al por qué estoy ahora mismo aquí, junto a Hidan…

De repente, escucho un grito inconfundible en la lejanía de mi mente, en un susurro estridente. Yami. Mis patas se movían solas y se precipitaron hacia la ventana abierta, seguidos por Hidan. Al parecer yo no era la única que se había dado cuenta. A la vez que mi cuerpo se encogía, preparándose para el salto que me haría caer como a unos cuatro metros, mi mente se conectaba a la de Yami.

Sentí un dolor agudo en mis costillas. Pensé que había caído mal pero después comprendí que se trataba de un dolor mental, no de uno físico. Ese dolor intenso pertenecía a Yami. Entonces, la visión de una gran ciudad se vio cambiada por una habitación pequeña. En ella se hallaban dos personas, una pelirrosa furiosa y un molesto pelinegro mirándome directamente a los ojos con esa mirada roja. Aunque más bien estaba mirando a Yami.

Entonces, Sasuke se acercó a Yami, se agachó para estar a su altura y la cogió del cuello. Yami se debatió hasta que consiguió soltarse y se abalanzó contra él con uñas y dientes. Para desgracia mía, Yami solo pudo hacerle unos pequeños cortes en su pálido rostro. Justo lo que podía hacer un simple gato y Yami lo sabía. Ella y yo lo sabíamos. Yami podría haberle hecho mucho más daño si hubiera querido, pero de haberlo hecho nos hubieran descubierto. Y esto era algo que no podíamos haberle dicho a Itachi, ya que si se lo hubiéramos dicho él no hubiera estado tan quieto. De repente, sentí como una fuerte presión en mi cuello, lo que me obligó a salir de mis pensamientos.

- * ¡Yami! ¡Tienes que escaparte de su agarre como sea! ¡Te estás quedando sin oxígeno! * - le gritaba tan fuerte como podía, ya que al estar conectadas yo también me estaba quedando sin oxígeno - * No importa si nos descubren… yo… no puedo perderte… *

- * Lo siento, pero no puedo hacer que nos descubran. Es mejor que muera uno a que muramos todos, ¿no te parece? * - Yami empezó a decir frases incoherentes. Ya a penas le llegaba oxígeno al cerebro, por lo que no podía pensar con claridad… Ella se dio cuenta, por lo que ahora me mandaba sus sentimientos. Animo. Cariño. Amor…

- (Espera. Me está diciendo que… No puede ser… ¡Yami!) – pensé, asombrada.

Le iba a preguntar directamente, pero me di cuenta de que ya me hallaba saltando hacia la ventana de la habitación donde percibí que se encontraba Yami. Lo que vi me dejó sorprendida. En ese momento se encontraba Yami en el suelo mirando fijamente a Sasuke, quien estaba tirado en el suelo. La joven pelirrosa yacía sentada encima del chico con sus manos aprisionándole el cuello.

- Ni se te ocurra volver a tocarla – siseó la chica de forma amenazadora, a la vez que lo fulminaba con la mirada.

- Tan solo es un gato. Además, no pretenderás matarme, ¿verdad? – una sonrisa arrogante surcó sus labios a la par que sus ojos contemplaban a la joven de manera astuta.

- Si tan solo es un gato, no tiene sentido que malgastes tu preciado tiempo con ella y mucho menos que pagues tu mal genio con ella. De todos modos lo único que hacía era protegerme, me ha cogido cariño – Sakura se levantó y me miró primero con sorpresa, dandose cuenta de mi presencia, para después dedicarme una sonrisa. A continuación apartó su vista de mí para dirigirla nuevamente a Sasuke – Yo que tú me andaría con cuidado. Yami no es la única gata que está contra ti. Incluso me atrevería a decir que no tienes a nadie a tu favor, a excepción de Naruto. Deberías hacer todo lo posible para tenernos a tu favor, no al revés.

Vislumbré como un gato plateado se acercaba ágilmente a Yami. ¡Yami! Recordandome mi primera prioridad, me acerqué a ellos y comprobé su estado. Al verificar como unas cinco veces que se hallaba perfectamente, de un salto me situé en el hombre de la chica y miré con semblante serio al pelinegro.

- Por cierto, hemos quedado todos con nuestros gatos para dar un paseo. Hay que recordar que ellos no están acostumbrados a permanecer encerrados – le informó a la vez que se acercaba al espejo y se arreglaba un poco el pelo – Tengo que decirle a Naruto que no deje la ventana abierta. ¡Podríais escapar y haceros daño! ¡Yami! ¡Ooji! Vamos ya, sino llegaremos tarde.

Y nos fuimos dejando solo a un desconcertado y furioso Sasuke. Mientras Sakura saltaba y corría en dirección al lugar de la reunión, yo me acurrucaba en sus brazos junto a Yami e Hidan.

- (Ooji… jajaja, ¡vaya nombre le han puesto a Hidan! Aunque si le han puesto ese nombre a él… No me digas que a mi me han llamado…)

- Hime, Ooji, Yami. Ya hemos llegado, aunque parece que todavía nadie ha llegado… - murmuraba para si la chica. Al parecer, el lugar de reunión era la zona de entrenamiento – Tal vez debería haber ido a la casa de Naruto, seguro que está preocupado por vosotros…

- No te preocupes por él. Se lo tiene merecido – entre los arbustos salió el chico más odiado de toda la historia.

- Cállate, Uchiha – le espetó, a la vez que nosotros nos reencontrábamos con Sasori e Itachi.

- * ¡Menos mal que estáis bien! Pensé que había cargado toda su frustración con vosotros* - les dijo Yami, a lo que Hidan y yo asentimos.

- *Para nada. De todos modos no le dejaríamos. ¿Qué ha pasado? Estaba muy cabreado cuando llegó* - nos preguntó Sasori, realmente interesado en la respuesta al igual que Itachi. Aunque este último ya tenía sus ligeras sospechas.

- *Pues… Sasuke acosó a Sakura y Yami la defendió, llevándose unos cuantos golpes. Después Sakura atacó al chico y le dijo unas cuantas verdades* - resumí, rezando para que Itachi no ataque al chico y nos descubra. Para mi sorpresa y alivio, no lo hizo.

- *Pero Sakura no ha resultado herida, ¿no?* - nos preguntó Itachi sin cambiar su semblante inexpresivo, intentando ocultarme su preocupación por ella sin éxito.

- *Lo único que está herido es el orgullo del Uchiha* - respondió Hidan, aguantándose la risa mientras les mostraba las imágenes de su mente de los sucedido. El pelirrojo no tardó en acompañar a Hidan en sus risas.

- ¡Suéltame, estúpido Uchiha! – le gritaba la pelirrosa, quien se encontraba en el suelo bajo el chico. Éste la sujetaba fuertemente por las muñecas.

- No me lo hagas más difícil. Ambos sabemos que en el fondo lo estás deseando… - le susurraba al oído con arrogancia y deseo.

Sakura iba a gritar de nuevo pero fue acallada por el chico, sellando sus labios con un desesperado beso. Al principio pensé que terminaría cerrando los ojos y cediendo ante el Uchiha, ya que por lo poco que la conocí en el examen de chunnin, se notaba a la legua que estaba colada por el chico. Pero me equivoqué. Ella seguía intentando desesperadamente quitarse de encima al Uchiha sin mucho éxito.

Entonces sentí una ráfaga de viento golpearme dulcemente en el rostro. No necesitaba voltearme para saber de quien se trataba. A los pocos segundos, Itachi se encontraba en la espalda del chico, mordiéndole y arañándole en el cuello. Sasuke trataba de quitárselo de encima con un brazo, momento que aprovechó la joven para lanzarlo lejos y para coger a Itachi.

- Arigato, Itachi – le agradeció, abrazándolo lo menos fuerte posible para no hacerle daño.

Sasuke se iba a levantar, pero se vio interceptado por Yami, quien yacía sentada en sus rodillas, sin quitarle los ojos de encima. El chico la iba a apartar de un golpe, pero se detuvo a medio camino, contemplando con asombro a mi amiga, casi hermana.

- No puede ser, esa mirada… ¿es humana? Está cargada de sentimientos… - murmuraba para si, impresionado.

Al escuchar sus palabras, rápidamente apartó la mirada y se acercó más al chico hasta lamerle un hilo de sangre que salía por su boca. Todos la miramos incrédulos por lo que estaba haciendo, en especial yo.

- * ¡Yami! ¿Qué haces?* - le pregunté.

- *Nada malo. Tranquila, no es lo que parece. Solo quería despistarlo, ya has oído lo que ha murmurado. No podemos dejarnos descubrir tan fácilmente. Así que no te preocupes, ha este lo domestico en un momento* - sentí como sonreía interiormente y, tras inspeccionar un poco en su interior, supe que decía la verdad y que no albergaba sentimientos que no debía.

- *Tranquilos, ella lo domesticará. No nos dará problemas* - los tranquilicé.

- *Mientras no se acerque a Sakura, por mi bien* - no se había dado cuenta, pero al estar tan alterado por lo acontecido, su mente se volvió inestable lo que provocó que todos nosotros lo escucháramos - *Me cae bien, eso es todo*

Sonreí. Por mucho que pasase el tiempo, Itachi siempre sería Itachi. Ni siquiera Sakura podría cambiarlo, ¿o si? De todos modos, él seguiría siendo mi hermano mayor. Junto a Sasori, nos acercamos a ellos y ella empezó a acariciarnos, siendo Itachi el primero. Mientras lo hacía e Itachi ronroneaba, miré a Sasuke, quien tenía una mirada cargada de celos.

- (Seguro que se muere de ganas de estar en el lugar de Itachi…) – pensé, satisfecha de cómo iban las cosas.

De repente, escuché como el chico se levantaba mientras sostenía entre sus brazos a Yami y la acariciaba. Se acercó a nosotros a paso lento sin quitarnos la vista de encima y, justo cuando se escuchaba a unas voces acercándose, se dignó a romper el silencio.

- Esto no ha terminado. En algún momento estarás sola y ahí es donde apareceré. Y no finjas desagrado, se que deseas ese momento con todas tus fuerzas. ¿Por qué sino no me has cortado el beso? Sé de lo que eres capaz. Tu fuerza no se compara a la mía y sé perfectamente que podías haberme quitado si hubieras querido… - dicho eso, miró a un punto en concreto, en el que momentos después aparecieron los chicos que faltaban.

Yo corrí hacia Deidara y el resto de la organización y empecé a jugar con ellos mientras los ninjas hablaban entre ellos. Pero a pesar de todo, no me podía quitar las palabras del Uchiha y no podía apartar mi mirada de mi hermano mayor, quien desde entonces se encontraba solo, sumido en sus pensamientos…