Disclaimer: Nada de esto me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer, y la historia de Sarge's Girls. Yo solo me encargo de la traducción.


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Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


Capítulo 25: Bella

Seattle… miércoles, 12 de mayo de 2010, 4:13 a. m.

La sexy voz de Edward envió temblores de deseo hacia mi columna. Bajé las cobijas hacia mi cintura y me senté en la cama, apoyando mi espalda contra las almohadas y el cabecero. Dejé las luces apagadas, para que la habitación solo estuviera iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana.

Mi respiración se aceleró, así que mis palabras salieron un poco temblorosas y jadeantes cuando dije:

—¿En serio, sargento Masen? ¿Qué harías si pudieras tocarme en este momento? —Se suponía que debía ser burlón, pero se escuchó mucho más sensual, lo cual Edward claramente captó.

—Oh, bonita —murmuró lentamente con un gruñido—. No tienes idea de lo mucho que quiero poner mis manos en esa hermosa cabeza tuya. —Su voz era tan suave como la seda, como una cálida caricia para mis oídos—. Esos rizos están rogándole a mis dedos que se deslicen entre ellos. Sé que serán suaves, y sentirlos sería… mmm, tan agradable.

Cerré mis piernas, su voz le estaba haciendo cosas locas a ciertas partes de mi entrepierna.

—¿Q-Qué más? —pregunté, sintiendo mi respiración detenerse cuando hizo un suave sonido de apreciación.

—Tu piel se ve tan perfecta en estas fotos, Isabella. —Esta vez, se escuchó como un ronroneo, y no fue menos dulce para mis oídos—. Quiero tocarte en todos lados, recorrer ligeramente con mis callosos dedos tus brazos y a través de tus hombros para sentirlos bajo la yema de mis dedos. Seguiría tocándote, subiendo por tus piernas y estómago, para ver si cada parte de ti es tan suave como creo que es.

Mi mano libre se deslizó por mi estómago, el cual estaba descubierto porque la camisa se había subido cuando dormida me rodé para contestar la llamada. Mientras mis uñas ligeramente viajaban por mi piel más allá de mi ombligo, debí haber emitido un sonido, porque Edward gruñó de nuevo.

—Bonita, ¿qué estás haciendo? —preguntó suavemente—. ¿Estás tocando tu piel? ¿Estás viendo cuán suave es tu estómago? Dime, Isabella…

Casi jadeé.

—Sí —admití, sin molestarme en apartar mi mano de mí estómago.

—Oh, cariño —susurró, demasiado deseo en esas dos pequeñas palabras—. Ojalá ese fuera yo… Sabes que no me detendría allí, ¿cierto?

—Mmhmm —respondí, quitando las sábanas de encima y abriendo mis piernas, dejando que el frío aire me acariciara a través de mis bragas. Dios, quería tocarme, pero no había manera…

—Bonita, quería preguntarte sobre algo que mencionaste en uno de tus correos. Si no quieres responder, no lo hagas, pero es algo por lo cual he estado curioso desde que lo leí… —Su voz todavía era suave, tranquilizadora, pero claramente menos sensual que antes, sacándome un poco del trance en el cual me encontraba.

—De acuerdo —dije intrigada—. Adelante.

—¿Recuerdas cuando te pregunté sobre la única cosa que querías en ese entonces? ¿Recuerdas cuál fue tu respuesta?

Un poco avergonzada, asentí silenciosamente, antes de recordar que no podía verme.

—¿Sí? —respondí, aunque se escuchó más a una pregunta. Luego me di cuenta por qué estaba preguntando. Había dicho que si pudiera tener algo, desearía tener sexo rudo contra la pared…—. ¿Quieres saber si Mike y yo tuvimos sexo alguna vez?

Soltó una risa.

—Ahh… no. Estoy más interesado en saber cuánto tiempo ha pasado desde que alguien se interesó lo suficiente en asegurarse de hacerte… feliz y satisfacerte. —La caricia sensual regresó, gracias a Dios—. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste un orgasmo tan poderoso que se sintió como si tu cuerpo estuviera en llamas, bonita? Si estuviera allí…

Finalmente jadeé, mi mano se deslizó hacia abajo así que mis dedos se metieron por debajo del borde de mis bragas. Joder, quería tocarme, pero más importante, quería que Edward me tocara. Estaba a punto de contestarle, cuando escuché una voz balbucear algo en el fondo y luego Edward regresó, suspirando.

—Lo siento, Bella. Éste no es el lugar adecuado para esa conversación, incluso por más que quisiera continuar.

Riéndome suavemente, dije:

—No hay problema, cariño. Nada dice que no pueda usar mi imaginación cuando colguemos… —Lo estaba provocando y lo sabía.

—Quieres decir que vas a… —gruñó de nuevo—. Joder, Isabella.

—Esa esa la idea, sargento —dije con una risita.

—Mejor me voy, cariño, antes de que me meta en problemas. Tengo una… situación… de la cual tal vez tenga que encargarme si estoy solo en la ducha —admitió Edward.

—Oh, Dios —gemí, sintiendo que mis bragas se humedecían incluso más ante el pensamiento de Edward masturbándose en la ducha—. Si lo haces… espero un informe sobre eso —le dije, medio en broma.

—Mmm, lo mismo para ti, bonita. Si, cuando, te toques, serán mis manos en tu pequeño sexy cuerpo, ¿entendido? —preguntó, toda broma olvidada mientras su tono rasposo endurecía mis pezones.

—De acuerdo —dije, mi voz temblando penosamente.

Otro ruido se escuchó a través de la línea y él suspiró.

—Mejor me voy. Quiero ver si puedo ducharme antes de que alguien más llegue de hacer sus rondas nocturnas. Gracias por tus correos y por todo lo que hay en la caja, cielo. Esa fue la mejor sorpresa al regresar.

Sonreí, contenta de que hubiera disfrutado todo.

—Que pases buenas noches, cariño. Hablaremos pronto, ¿verdad?

—Tan pronto como pueda, lo prometo —dije firmemente.

Estuvimos en silencio por un minuto, ninguno de los dos queriendo colgar, hasta que finalmente dije:

—Adiós, sargento.

—Buenas noches, bonita…

Hubo un clic, y luego de un momento se escuchó el sonido que me hacía saber que había colgado.