Igual como que siento que esto está avanzando muy rápido, ya lo sé, pero no me lo recriminen u.u (Comentarios, quejas y sugerencias, abajo) xD

Hacerlas llorar era mi objetivo! Muajaja Ok no, lo siento, es la forma en la que tiene que avanzar


POV Marissa

Se veía completamente perfecta esa noche. Ella no se atrevía a mirarme a los ojos, tan solo cubría su desnudez con las sabanas y miraba hacia la ventana, no decía nada. De hecho al contrario de lo que esperaba, mientras lo hacíamos, no emitió sonido alguno.

Y me esforcé, de veras que lo hice. Alquile una habitación en uno de los mejores hoteles de la ciudad y pague una fortuna para que arreglaran el cuarto románticamente. Había velas con aroma, pétalos de flores y demás tonterías que harían que cualquier chica se derritiera en su primera vez, pero ella no.

La graduación había sido nostálgica, todos se abrazaban y lloraban; algunos porque se irían de Lima, otros porque no consiguieron entrar a una buena universidad (Hummel), otros porque no consiguieron graduarse (Puckerman). Claro que yo tampoco conseguí graduarme, pero no iba a llorar como una niñita por eso.

Después de salir de la ceremonia aburrida, ella se fue con los de Glee para celebrar y yo tuve que acompañarla por supuesto. La fiestecita estuvo divertida, dejando de lado que casi me agarro a golpes con Finn (otra vez). Luego de eso, tomamos un taxi y nos fuimos a nuestro hotel, tomamos champagne y demás licores finos. Pero era como si estuviéramos comiendo hotdogs en la esquina, ella estaba indiferente a cualquier cosa.

Tome una de mis píldoras que estaban sobre el buro, luego me recargue sobre mi codo para poder mirarla mejor; definitivamente se veía hermosa, pero no radiante, no tenia esa sonrisa que tanto amaba.

"¿Cuándo te vas a New York?" – le pregunte, ella pareció salir de su letargo.

"No lo sé, supongo que en unos días, tengo que buscar un apartamento" – por fin me miro y trato de sonreír.

"¿Has considerado mi propuesta?" – quería una respuesta, era lo que estaba esperando desde hacia dos semanas – "Todo podría cambiar, podríamos vivir juntas. Yo podría trabajar mientras tú estudias y con el apoyo de tus padres, tendríamos más que suficiente"

"Marissa, yo…"

"No digas nada, solo mira esto" – tome mi cartera y saque un anillo, era muy bonito, de oro blanco y una piedra azul muy bonita – "Ese día que te lo propuse, no lo tenia porque fue algo espontaneo, pero ahora… Rachel Berry ¿Quieres casarte conmigo?"

"Es muy bonito" – me miro totalmente sorprendida – "Pero no tenias que comprar algo tan costoso"

"Oh no te preocupes, era de mi abuela" – me justifique rápidamente – "Es una reliquia familiar, y ahora quiero que sea tuya, como yo lo soy"

"Marissa" – se incorporo en la cama y las sabanas resbalaron de su pecho, no pude evitar mirar, pero ella las coloco en su sitio rápidamente – "Si…"

Con eso bastaba, le puse el anillo en la mano izquierda y la bese tiernamente. Esa noche hicimos el amor dos veces más. Y supe que seria mía para siempre y ni siquiera el fantasma de Lucas podría arruinarlo más.

En la mañana fuimos a su casa, para darles la noticia a sus padres. Ambos nos felicitaron, pero supe que ambos estaban en desacuerdo, de todas maneras no importaba, ellos amaban a Rachel y la apoyarían en cualquier decisión. Desayunamos con ellos, mientras uno me interrogabasobre mis planes en New York y el otro admiraba el anillo de compromiso.

Desde que Clemence nos dejo, los arcanos nos vimos en la necesidad de hacer algo para poder subsistir sin el dinero de la francesa. Mis píldoras por ejemplo eran costosas, y mantener a una familia era más costoso aun. Y el nivel de vida que Sebastian tenia acostumbrado también se vio afectado, por lo cual, él fue el primero en proponer que hiciéramos algo al respecto. Y lo único que la mayoría sabia hacer era vender drogas o robar. No me quedo otra opción mas que seguirlos mientras asaltaban camiones en la autopista donde antes solo corríamos, o a robar establecimientos a las afueras de Lima donde ningún policía hacia acto de presencia. Lo ultimo mas intrépido que hicimos fue asaltar una joyería, ganamos mucho con eso y yo me quede con el anillo que dije que era reliquia familiar. Mi familia era demasiado pobre, si tuvieran un anillo así, seguro que lo habrían vendido mucho tiempo atrás. Después de lo de la joyería decidí dejar de frecuentar a los Arcanos, al menos como banda, pero me mantuve en contacto con Sebastián.

"Bueno, mi padre tenía un taller mecánico, se hacer eso" – le conteste al señor Berry – "También puedo trabajar en cualquier cosa que requiera conducir cualquier vehículo, desde una motocicleta hasta un camión"

"Ya veo, sin duda no te costara encontrar empleo" – note su sarcasmo, pero lo deje pasar.

"Creo que si me esfuerzo, encontrare un buen empleo señor" – me miro y pude ver su desaprobación a mis palabras – "Lo más importante es estar cerca de Rachel"

"Sin duda, eso es lo más importante" – intervino el otro señor Berry – "Y ¿Para cuándo planean la boda?"

"Cuando estemos en New York, ahí es legal" – dijo Rachel sonriente – "Pero invitaremos a nuestros amigos de Lima"

El almuerzo transcurrió sin más percances, con el buen señor Berry y mi prometida planeando la boda y el otro señor Berry hablándome de la bolsa de trabajo actual.

Mas tarde, Rach quiso visitar a Brittany. Así que fuimos para allá en mi motocicleta. La casa Pierce-Evans estaba casi abandonada, con tan solo un par de criados que se encargaban de las necesidades de la rubia y su bebé. Por lo demás la casa estaba mas que descuidada, lo pude notar en los jardines secos y las paredes cuarteadas. Esa casa no tenia ni la mitad del esplendor que tuvo cuando el señor Máximo y toda su familia vivían ahí.

En el jardín trasero, lo que antes había sido una piscina, se había convertido en un estanque para patos y la rubia estaba ahí con su bebé, mirado a los patitos nadar y arrojándoles pan. Una sonrisa se dibujo en su rostro cuando vio a Rachel.

"Noah se acaba de ir, si hubieras avisado que venias, seguro que se queda otro rato" – ese chico era el padre de la niña. Nos sentamos junto a la rubia – "Definitivamente es mi hija, le encantan los patos tanto como a mí"

"¿Cómo has estado?" – Rach acaricio a la bebé.

"Bien, excelente. Mi abuelo llamo para decirme que pronto estarán de vuelta" – error, la rubia no debió tocar ese tema, pude notarlo en el rostro de mi morena – "Al parecer podrán trasladar a Lindsay para que pueda estar aquí"

"Que bien" – la voz de Rach sonaba tranquila, pero sabia que no era así – "¿Y Noah se irá a los Angeles?"

"No, quiere pasar mayor tiempo con Beth" – contesto la rubia sin percatarse de nada.

"Rach y yo tenemos una noticia" – la tome de la mano, seria mejor cambiar de tema drásticamente.

"Si, así es" – mi morena sonrió – "Vamos a casarnos"

Cargue a Beth y camine con ella alrededor del estanque, mientras ellas se contaban los últimos cotilleos. A la niña le encantaban los patos, pero ciertos rasgos de ella me recordaban mas a Santiago López que a Noah Puckerman, si no supiera que Santiago era chica hasta podría decir que Beth era su hija.

Después de que supe lo de Lucas por la televisión y diversos medios mas, regrese a mi casa de campo (que en realidad pertenecía a Clemence) y le conté todo lo que sabia sobre el caso de Fabray a Lopez. Y ahí mismo, frente a mis ojos Santiago Lopez se convirtió en Santana, y me pidió que la ayudara en no sé que, pero me negué. Jamás ayudaría a Fabray. De eso hacia meses, no había vuelto a ver o a escuchar de Santana desde entonces.

En cambio el caso de Fabray estuvo en todos los medios de comunicación por un buen rato, tanto que Rachel y yo dejamos de ver televisión durante meses. Luego hace una semana anunciaron sin mucho glamour que la habían sentenciado a 50 años de prisión, pero fue una noticia por demás escueta, como si apenas quisieran hablar de eso. De hecho por la forma en que se había manejador el caso, a veces hasta pensaba que Fabray era inocente, pero todas esas pruebas que presentaron en su contra no podían mentir, ella era culpable.

Pero debo dejar de pensar en Fabray, ella se podrirá en prisión y yo me casare con Rachel, finalmente yo ganaba, después de todo yo gano.

POV Guardia de seguridad

Caras bonitas, para una penitenciaria horrible. Esas chicas no sabían ni la mitad de lo que les esperaba. Porque en la prisión de máxima seguridad Santa Rosa, hasta las mas rudas se quebraban, ese lugar era el mismísimo infierno, una de las prisiones con peor reputación del país; cada cuando las reclusas se amotinaban o se asesinaban entre ellas.

Daba gracias al cielo por no trabajar ahí. Mi única labor era transportar a las reclusas nuevas. Y esa mañana llevábamos a cinco chicas, la más bonita de todas era la que llamaba mi atención y no precisamente por su belleza, sino por el aura de tristeza que la acompañaba, no se veía nerviosa, más bien indiferente a todo, hasta daban ganas de abrazarla.

Viajábamos en un autobús para 30 personas, cada reclusa iba separada de la otra por más de cinco asientos y llevaban grilletes en los tobillos y las muñecas. Aparte del conductor solo estábamos otros dos guardias, claro que no me preocupaba mucho, viajaríamos a través de la ciudad y solo tomarías un tramo de autopista, pero estábamos relativamente a salvo, o eso pensé.

"¡Hey! ¿Por qué nos detenemos?" – pregunte al conductor, estábamos en la autopista, no teníamos por qué detenernos.

"Creo que atropelle a un motociclista" – contesto el tipo con toda la indiferencia posible, mire hacia la carretera y vi a una docena de motoristas, todos vestían de negro y tenían cascos.

Todo paso muy rápido, cuando me di cuenta el conductor estaba abriendo las puertas, intente sacar mi intercomunicador para avisar a alguien, pero me dispararon en la pierna y caí al suelo, los enmascarados de negro golpearon al otro guardia y lo dejaron inconsciente, otro me apunto a la cabeza y temí lo peor.

"No por favor, hagan lo que quieran pero no me maten" – dije desesperadamente.

Uno de ellos se rio de mi suplica pero no me dispararon. Solo se dedicaron a liberar a las chicas, luego sentí un dolor tremendo en la nuca y todo se volvió negro.

POV Santana

Golpee al guardia de seguridad cobarde que aun seguía consiente. Busque entre las reclusas, ella estaba hasta el fondo del camión hecha un ovillo, se veía tan pequeña, tan frágil. Tuve ganas de llorar, pero me contuve.

La tomé entre mis brazos sin ningún esfuerzo, había bajado mucho de peso, pero más tarde me preocuparía por eso. Bajamos del camión y la acomode en el sidecar de mi motocicleta. Lo que me pareció raro es que no se resistiera nada, no es como si tuviera fuerzas para hacerlo, pero al menos esperaba que me gritara o algo. Escuchamos sirenas a lo lejos, subí a mi motocicleta y condujimos al límite de la velocidad, lo último que deseaba era ser recapturada. Una vez que entráramos a la ciudad seria más sencillo, ahí teníamos un sitio para escondernos.

Por suerte, llegamos a tiempo al refugio, lo suficiente para despistar a las patrullas que nos seguían. Dentro de nuestro escondite, que no era otra cosa sino una bodega enorme, todos comenzaron a quitarse los cascos, estaban sonrientes, ¡Misión cumplida! Gritaron algunos, a mí también me hubiera gustado gritar eso, pero estaba muy lejos aun de terminar mi misión.

La ayude a bajarse del sidecar, y hasta entonces me quite el casco, ella me miro con incredulidad, creí que se iba a echar a llorar, pero lo que hizo fue abofetearme como pudo con las manos aun esposadas.

"Imbécil" – dijo, iba a contestarle, pero mi voz se quebró – "Creí que, que…"

No supe que creyó, porque en ese instante se desmayo en mis brazos. La llevamos a un sitio para que pudiera descansar. Me quede junto a ella en su cama improvisada, se veía mucho peor de cerca; con las ojeras marcadas, la piel reseca y el cabello quebradizo, esa no era la Quinn que conocía físicamente, pero sin duda seria la misma amiga que tanto amaba.

"Me han dicho que la prisión es un infierno" – dijo Clemence, se sentó junto a mí.

"Ella es mucho más fuerte que eso" – dije mientras sostenía la mano de mi amiga.

"Lo sé, pero ellos querían destruirla, le hicieron creer que estaba sola" – la francesa también tenia severas ojeras, de eso yo misma tenia constancia, la rubia se había pasado noches en vela leyendo reportes, memos y demás documentos que incriminaban a Máximo en un sinnúmero de fraudes y demás delitos.

"Pero ahora está conmigo" – sonreí levemente – "¿Seguro que ninguno hablara?"

"Confió plenamente en mis arcanos" – dijo Clemence orgullosa – "La única que pudo hablar o poner objeciones quizá fuera Marissa, por eso la saque del plan"

"Cuando Quinn despierte y sepa lo de Rachel con la pelirroja esa" – me estremecí, no quería ni pensar la reacción de mi amiga.

"Y peor ahora que se van a casar…"

"¡¿Qué?!" – fue Sebastian el que dijo eso – "No digas tonterías"

"Míralo por ti misma" – el castaño se acercó y me mostro el mensaje de Marissa en su celular.

"¿Qué acaso todos se volvieron locos?" – no podía ser, Quinn querría morirse con esa noticia.

"Mira, también me mando una foto"

La fotografía mostraba a una Rachel y Marissa muy sonrientes, con un estanque de patos al fondo, pero algo mas, Marissa tenía entre sus brazos a un bebé, a una bebé que pudo ser mía, pero no. Mis ojos se llenaron de lágrimas.

"Se llama Beth" – dijo Clemence dándose cuenta de mi reacción.

"Beth…"


(/faberryodesta)