capitulo 25
Era ya media mañana cuando Snape despertó, estaba solo en la gigantesca y mullida cama, el sol se colaba por entre las cortinas que cubrían la enorme ventana, no perdió tiempo; tras ducharse y vestirse bajó al comedor, Mina trabajaba moldeando un enorme trozo de barro y Armand la miraba atento y en silencio con un par de pergaminos con garabatos élficos trazados en ellos.
—¿por qué no me despertaron?—
—roncabas muy fuerte pá... ni cuando trabajabas en la escuela roncabas así— Le contestó sonriendo el niño mientras le acercaba una taza de humeante café.
—Armand ¿que es eso de hablarle así a tu padre?— Wilhemina miró mal al chico desde su lugar, apenas levantando el rostro, muy concentrada en su trabajo.
—lo siento mamá... pero es que papá roncaba mucho ¡a veces lo escuchaba desde mi cuna!—
—¿recuerdas aún esos días?— curioso se sentó al lado del muchacho que continuó observando el trabajo de Mina sobre el barro.
—Cuando mamá me trajo a pipa y los demás juguetes recordé muchas cosas— sonrió —¡y me va a enseñar como recordar más!—
—¿que haces?— la cuestiono, estaba muy silenciosa pero con una linda sonrisa dibujada en los labios.
—necesitamos un pensadero... ya que vamos a estar un tiempo ocultos aquí entrenando al niño... quisiera pasar algunas tardes analizando mis recuerdos, y también quiero que compartas los tuyos—
—me va a enseñar a hacer un hechizo de fuego y voy a cocer el "pensador"—
—pensadero...— le corrigió dulcemente — y si, voy a enseñarle hechizos básicos con las manos—
—¿ya logró algo?—
—cariño...apenas tenemos dos días juntos contando esta mañana... —
—pero me dio una ¿poción?— preguntó a Mina que asintió —me dio una poción para despertar mi sangre de elfo— sonrió tocándose las orejas— ¡ya me crecieron un poquito mamá!—
—Básicamente fue una receta que recuperé de mis viejos apuntes, además que rescaté nuestros pergaminos— le señaló unas hojas rotas y el atado de pergaminos llenos de polvo —Erick destruyó la casa de tu madre—
Severus sintió como le ardía el pecho por la furia que comenzaba a renacer... el maldito bastardo hibrido había destruido no solo la casa que quería heredar a Armand, era la casa de su madre y era su propiedad más querida...
—Sev, solo era una casa... los recuerdos de tu mamá siempre van a vivir en ti— suspiró terminando de moldear el pensadero, con un trozo de madera comenzó a dibujar sobre el barro fresco los símbolos que estaban en los pergaminos dibujados a lápiz —además si a esas vamos... también soy una bastarda hibrida— sonrió satisfecha con su trabajo.
—es diferente— gruñó sin dejar de verla, abrazando a Armand que se dejó mimar acurrucándose en los brazos de su padre.
— fuimos concebidos pensando en el mismo fin... tranquilízate... piensas a gritos— sonrió levantando el pesado cuenco para buscar algún error en el moldeado —ahora jovencito necesito que revises la madera del horno, vamos a encenderlo mientras el sol seca nuestro trabajo—
Durante algunas semanas vivieron en paz, los hechizos de ocultamiento así como protectores instalados por Arthanis, Jumble, Mina y Severus convirtieron a la cabaña y al bosque que los rodeaba en un fuerte inexpugnable, los pocos muggles que se atrevían a viajar a pie rodeaban el lugar atemorizados por la asoladora sensación que provocaba el valle y el pequeño bosque sin mencionar el riachuelo, los dementores al parecer ciegos o sordos pasaban de largo, a muchos metros de altura y los mortífagos, licántropos y vampiros, así como magos normales eran incapaces de sentir cualquier indicio de magia.
Armand practicaba desde muy temprano, salía a cazar con su madre y pronto dominó el Duum Mortuus, las maldiciones imperdonables finalmente fueron como un juego para él y con su padre perfeccionaron el sectusempra, todos ellos manejados impecablemente ya fuera con varita o con sus blancas manos.
Pociones sin embargo, era tan difícil como acertar un bombarda a un colibrí a diez metros de distancia con un ojo cerrado...¡era imposible trabajar con su padre! al final de su clase terminaba furioso con él, refugiado en la sala o en la habitación de su madre que le hablaba con paciencia, limando esas nuevas asperezas que nunca habían tenido padre e hijo. Llegaron a la conclusión que Armand no era tan bueno para pociones, pero que la habilidad dualística definitivamente la había heredado de Severus, además de su gusto por la lectura y de haber estado en Hogwarts obviamente la casa de Slytherin se habría llevado los trofeos anuales gracias al chiquillo.
—¿Crees que sea necesario hacerlo crecer más?— esa tarde Armand se había lastimado en su práctica de escalada de arboles, una rama se había enganchado en su chamarra haciéndolo caer casi cuatro metros, Mina le había arreglado el brazo fácilmente pero el niño quedó un poco asustado ante el dolor.
—no quisiera— confesó terminando de envasar una poción curativa —pero no se cuanto hayan hecho crecer a Merope—
—Si la enfrenta así de pequeño... me temo lo peor— Sev revolvía un líquido espeso y de color plateado en el calderito que hervía frente a él —sin embargo...—
—sin embargo nos hemos perdido los mejores años de su infancia— suspiró Wilhemina — creo que él deberá decidirlo—
—¡Pero si es un niño! esa decisión es muy importante—
—Cariño...es su vida... son sus habilidades... él debe decidir— miró de reojo hacia el dormitorio donde hacía la siesta Armand
—Creo que lo más apropiado entonces es hacer que vuelva Jumble— suspiró
—¿Jumble sigue vivo? nunca me has dicho lo que fue de él— con un toque de reproche lo miraba fijamente.
—Tuve que ocultarlo... moverme con un niño pequeño y un elfo domestico en un mundo muggle escondiéndonos de los cazadores que envió tu padre era muy difícil— respondió cansinamente —si siguió mis indicaciones Leeloo lo encontrará en pocos días—
—¿pues donde esta?— preocupada le mantuvo la vista fija, él solo sonrió.
Pinki junto con otros elfos domésticos apenas y podían mantener su modus vivendi desde que iniciara la guerra.
Hogwarts había caído semanas después de que cayera el ministerio, pocos profesores habían sobrevivido después del violento ataque, Voldemort había ordenado a sus jóvenes pupilos no dejar piedra sobre piedra, y exigió que los alrededores del castillo fueran delimitados con los cadáveres empalados de profesores y alumnos que presentaran resistencia.
Alumnos amigos de Harry se habían organizado en un pequeño ejército tras la desaparición de Albus, sabían que el ministerio no les daría apoyo alguno y muchos profesores habían huido junto con Sybill cuando corrió la voz de que se reconstruía la orden mortifaga.
El ataque fue imparable, jóvenes mortífagos liderados por Draco entraron fácilmente al castillo, revisando cada torre dieron con los pocos alumnos que permanecieron en el lugar, asesinando a los sangre sucia, controlando con imperius a los más pequeños sangre limpia.
Jumble apareció en Hogwarts cuando los elfos mal sobrevivían entre las ruinas, no podían irse por la fidelidad jurada a Albus, por obedecer las órdenes de Minerva de proteger a los niños más ahora no sabían nada de la profesora de transformaciones.
—¿cuantos quedamos Pinki?—
—solo doscientos treinta, pero la mitad esta herido— susurró ajustando el cabestrillo que le sostenía el brazo —el resto trata de mantener en pie algunos espacios, tenemos a muchos niños aquí—
—¿los profesores?—
— el amo profesor Hagrid no despierta, respira y cuesta mucho hacerlo comer, pero no despierta, los elfos de la casa de Ravenclaw lo cuidan, el pobrecito Fang está perdido en el bosque... o escondido, no sabemos— comenzó a sollozar — ¿por que te fuiste Jumble? ¿por que abandonaste a tus hermanos, a tu familia?—
—El amo profesor Snape me necesitaba, también la amita... pero ya estoy aquí, vamos a hacer algo para sobrevivir—
—¿que? nadie va a escucharte— gimoteo intentando dar un trago de la vacía botella de whiskey —nadie me escucha—
—¡Escucha tu primero Pinki!— enojado le arrebató la botella arrojándola lejos — El amo profesor Dumbledore está muerto, la ama profesora McGonagall ha desaparecido, no tienen amos, el más cercano es el amo profesor Snape—
—¿Y Hagrid?—
—El no cuenta, está herido, y debemos salvar a los que tienen todavía una oportunidad—
—Tú no eres mi primo— lo miró recelosa —Jumby no tenía ese espíritu—
—Lo tengo gracias a que mis amos me han enseñado que también podemos ser como ellos— Pinki sonrió burlona —Tenemos más poderes que ellos... Jumble no es esclavo, es amigo de la familia Snape—
—Te felicito entonces Jumble—besa—traseros — se burló un elfo que les había escuchado atentamente, era tan viejo que las arrugas en su rostro se confundían con los parpados y los labios, las orejas colgaban como alas de murciélago muerto sobre sus hombros —sobrevivimos porque los amos profesores nos dieron la orden—
—Entonces te doy el permiso de morir— respondió Jumble —si no ayudas, lo mejor es que te alejes—
—¡Jumble!—
—Los amos me han enseñado, los amos me dan permiso de ser yo, de tener días libres y gastar mi salario en lo que yo quiera— respondió a Pinki desesperado —ahora tenemos que ayudar al amo Hagrid, a los pequeños alumnos ¡levantar Hogwarts!—
—¿que tenemos que hacer... Jum?— una tímida elfa que no le hablaba desde cien años atrás que se conocieran se atrevió a preguntarle.
—¿cual es el sitio más seguro del castillo?—
—¡Los calabozos!— un joven elfito se adelanto animoso —el aula de pociones, el dormitorio del profesor Snape, y algunos dormitorios de alumnos—
—¡Bien! los que estén sanos lleven las estufas, hay que calentar los calabozos, los que solo tengan un hueso roto aparezcan colchones, mantas, lleven medicinas, comida a la oficina del profesor Snape— ordenó veloz.
—¡El profesor se molestará Jumble!— Pinki estaba aterrada por los cambios en su primo —te va a castigar—
—Díganle entonces que yo soy responsable— chillo a dos centímetros de la nariz de su prima —pero ahora es importante cuidar y rescatar a más sobrevivientes—
—Sé que hay algunos escondiéndose en el bosque prohibido, en algunas casas de Hogsmeade— otro elfo ya anciano se le acercó —¿quieres que vaya por ellos?—
—El amo profesor Dumbledore siempre abrió las puertas del colegio a quien necesitara ayuda... sigamos con su costumbre— intervino otra elfa también de más de doscientos años —¿podemos traer víveres del pueblo?—
—¡Todo lo que sirva Krishtin— sonrió Jumble a su compañera.
En menos de una hora la vida había vuelto al colegio, los niños sobrevivientes ayudaban a los elfos a acarrear objetos, a limpiar lugares; los más avanzados en sus estudios comenzaron a organizar los materiales de enfermería.
Un contingente de seis elfos domésticos se internaron en el bosque, dieron con una cueva rodeada de algunas docenas de hijos de Aragog que les impidieron el paso, la pelea duró unos minutos, los seis elfos derrotaron fácilmente a las acromántulas y rescataron de la caverna al profesor Flitwich, Pomona y cinco niños se habían ocultado, como pudieron sobrevivieron en el bosque hasta que los hambrientos arácnidos los acorralaron en ese rincón oculto del bosque prohibido.
El grupo encabezado por Krishtin, la abuela elfa revisó Hogsmeade, dieron sepultura a los incontables cadáveres esparcidos por el pueblo, encontraron un grupo de magos y brujas ocultos en la casa de los gritos, entre ellos a Rosmerta que cuidaba de un par de brujas ancianas, un mago mal herido y tres adolescentes que a pesar de su juventud los habían defendido del ataque de los dementores y hombres lobo. Nadie más había sobrevivido.
Para cuando la familia Snape se reencontraba, Hogwarts era nuevamente un punto de encuentro, un refugio para quien lo necesitara, un escondite de las hordas asesinas de Voldemort.
