Another sad song

La cara que Regina le puso a Robin tampoco fue de las mejores. Resopló impacientemente. Como si se creyese el dueño de la casa, entró sin ser invitado, no iba a perder más tiempo.

«Robin, ¿cuál es el problema esta vez?» le preguntó ella

«Regina, quiero ver a mi hijo» antes de aparecer por allí, Robin se tomó una generosa dosis de whisky, pero sabía lo que estaba haciendo. Sus mejillas y cuello se iban enrojeciendo a media que se enfrentaba a su ex mujer.

«Roland está durmiendo, ya es muy tarde por si no te has dado cuenta» le dijo la morena

«No me interesa, quiero llevarme a mi hijo de aquí» dijo

«Robin, te prometí que mañana te lo llevaría a tu casa, ¿no podrías haber esperado?»

Él parpadeaba muy seguido, respiraba hondo. No conseguía mirarla sin recordar lo que el hijo le había contado. Se pasó la mano por la barba de unos días, miró hacia el pasillo, después para Regina de nuevo.

«Mi hijo no se va a quedar más aquí contigo»

Mills lo miró frunciendo el ceño

«Robin, ¿has bebido?» notó el olor a alcohol. Se acercó a él para confirmarlo «¿Qué es lo que te pasa?»

«¿No lo sabes? ¿Me vas a decir que no lo sabes?» preguntó algo exaltado «¿Te has visto con una mujer delante de mi hijo y piensas que lo voy a tolerar?»

La cara de Regina se puso roja de repente. Se asustó. ¿Cómo sabía él lo de Emma?

«¿Qué es eso? ¿Qué mujer?»

«Lo puedes decir, no necesitas esconderme que andas trayendo a una mujer para acá» dijo lo más calmado que podía «¿Por qué no confiaste en mí? Podríamos haber hablado sobre eso cuando hubieses querido. Si deseabas comenzar todo desde cero, ¿por qué no lo dijiste? Lo habría hecho todo como antes, como al comienzo…Estaba esperando que me pidieras que volviéramos. Pero haces esto, traer a una mujer a casa y lo que es peor, obligas a mi hijo a tener que lidiar con ello…»

«Robin, ¿te has vuelto loco?»

Desde el pasillo, escondida, Emma intentaba escuchar la conversación

«¿Acaso tienes noción de lo que has hecho?» Robin entrecerró los ojos. Regina y él estaban bastante cerca «No sirve de nada que lo niegues. Lo que estás haciendo conmigo y con nuestro hijo es absurdo»

«Espera un momento, no estoy haciendo nada equivocado ni contigo ni con él, Robin»

«Admítelo, no me escondas nada más. Nuestro hijo lo vio, Regina. Él me lo contó»

«¿Qué te contó?» Regina se puso las manos en la cintura

El hombre irguió las cejas, tragó en seco

«Tú…y esa mujer…» era difícil hablar en aquel momento «Esa…Emma» él gesticulaba como un loco

Regina, en un primer momento, se encogió. Hasta el nombre conocía. Se quedó mirándolo a la cara un momento, nerviosa. Movía la cabeza. Hubo un momento en que desvió la mirada de él, y se pasó las manos por los cabellos.

«No…eso no es…»

«¿Lo ves? Lo sabía, ni consigues responder» los ojos de él comenzaban a humedecerse

Regina resopló otra vez. Se dio la vuelta y comenzó a caminar en el otro sentido.

«No, Robin eso no es verdad»

«Estás haciendo algo muy feo…» Robin habló entre dientes «Entonces, ¿era eso lo que querías? ¿Vivir con otra persona?»

Cuando Regina se dio cuenta, ya estaba acorralada contra la pared más cercana del pasillo.

«No sé de lo que estás hablando»

Robin se enfadó tanto que estrechó la proximidad entre ellos. Le agarró el brazo y se lo apretó

«Sí lo sabes, lo sabes muy bien. Tú y tu novia…¿Te separaste de mí para eso?» preguntaba intimidándola

«Suéltame Robin, me estás haciendo daño» pedía Regina intentando soltarse de su agarre

«¿Acaso no tienes vergüenza?»

Apretó más el agarre, cuando…

«Suéltala» dijo una voz. Robin miró hacia un lado «He dicho que la sueltes»

Emma apareció de repente, acercándose a ellos deprisa

«¿Tú?» dijo el hombre mientras aflojaba su mano del brazo de la morena. Esta corrió hacia la rubia «No me lo puedo creer» la miró de arriba abajo. Observó a la mujer rubia, guapa, la mirada firme. Solo podía ser la tal Emma «Así que es verdad»

«Es mejor que salgas de aquí antes de que te saque a la fuerza» dijo Swan, ríspida

Miraba a Emma airadamente

«¿Te gusta ella, Regina? ¿Qué tiene ella que yo no tenga?» hablaba rápidamente

«No me gusta, la amo, que es muy diferente» dijo Regina impulsivamente aprovechándose de la protección de su novia.

«Me voy a llevar a mi hijo conmigo» dijo Robin, señalando su propio pecho. Ya se había recuperado. Swan fue más rápida y le interrumpió el paso

«No te vas a llevar a Roland de aquí» dijo Regina

«¡Es mi hijo!» la voz de Robin comenzó de nuevo a alzarse

«Es mucho más mío» replicó la morena

«¡Paren! Los dos» dijo Swan «Estate quieta, Regina, y tú…» miró a Robin «Es mejor que salgas, si no has venido a conversar correctamente es mejor que te vayas»

«¿Quién te piensas que eres para impedirme ver a mi hijo? ¡Sal de delante!»

«Solo pasarás por aquí por encima de mi cadáver» Emma se le enfrentaba de igual a igual

«¡No te tengo miedo!»

«Ni yo a ti, amigo» ironizó Swan

«¿Me vas a pegar? ¿Eres tan valiente hasta ese extremo? Venga, inténtalo. ¿Sabes lo que estás haciendo? Estás acabando con un matrimonio, mi matrimonio» Robin se llenaba el pecho de aire. Emma cerró los puños, se puso seria «¿Sueles hacer esto? ¿Seducir a las esposas ajenas?»

«Robin, para ya con eso» Regina intentaba contener a Emma para que no se echara encima

«La verdad es que tienes cara de que te gusten las mujeres…Y justo fuiste a escoger la mía…»

Intercambiaban furiosas miradas, Mills tenía miedo de lo que pudiera pasar.

«Para, Robin, vete…»

Emma soltó, impulsiva

«Ella fue mía mucho antes de que tú aparecieras»

El rostro de Robin se encendió de furia. Se fue hacia ella, pero se detuvo a mitad de trayecto, no era tan cobarde para hacer eso.

Regina se agarró a su novia intentando apartarla. Él se dio cuenta de que aquello estaba llegando demasiado lejos. Se tapó los ojos con una mano y se separó un poco para respirar, movía la cabeza de un lado para otro.

Anticipando su reacción, Gina consideró mejor decir la verdad.

«Robin, nunca lo supiste, pero Emma y yo ya nos conocíamos cuando comencé a salir contigo. La amo y ahora que la he vuelto a encontrar no quiero perder la oportunidad»

«¿Vas a tener el coraje?» preguntó él completamente desolado «¿Es por eso que quieres el divorcio?»

«No solo por Emma. Nuestro matrimonio nunca funcionaría. Nunca te amé» dijo la morena tensa «Tienes que aceptar que acabó. No tenemos nada en común a excepción de Roland. Mi vida, ahora, es otra, lo siento mucho, Robin»

Él bajó la cabeza, sufría con cada palabra que estaba escuchando. Había perdido la batalla. Cuando pudo, alzó la cabeza, se acercó

«¿La amas tanto?» le preguntó directamente a la morena

«La amo» Regina respondió rápidamente «Y no hay nada en el mundo que me convenza de lo contrario»

Las dos mujeres intercambiaron miradas. La manera en que en ese momento se miraron lo dejó mal. Tuvo que afrontar la realidad.

Finalmente asintió, y se limpió el rostro con la mano. Decidió marcharse y avanzó lentamente hasta la puerta. Antes de agarrar al pomo las miró, juntas. Regina parecía tan firme, tan convencida y Emma a su lado dispuesta a protegerla a toda costa. En ese combate, Robin fue dejado KO, no tenía más solución. Cerró la puerta sin esconder la vergüenza.

Regina soltó un suspiro de alivio. Estaba temblando cuando Emma la abrazó

«Ya pasó, listo. No va a volver»

Era difícil convencer a Mills de que estaba completamente libre de él, pero lo deseaba tanto, que creyó en Emma. La abrazó desesperadamente.


Al día siguiente, charlando con Regina, en su consulta, Zelena le relataba a la prima la extraña visita que Robin le había hecho el día antes. Emma estaba con la morena, y no estaba sorprendida ante lo que escuchaba. Asombrada al saber de la conversación mantenida entre su ex y su prima, Mills no sabía si preocuparse, sin embargo, ya era tarde para sentir odio. Regina le contó el episodio ocurrido la noche anterior. Aquella situación era desagradable.

Felizmente, Zelena tenía su teoría

«Robin es el tipo de hombre posesivo, lleno de limitaciones. Es muy dependiente, falto de afecto. Sabía que te iba a ser difícil librarte de él, Gina. Creo, de todas maneras, que no va a querer asomar la cabeza»

«Si no fuese por Emma, no sé lo que me habría hecho» dijo la ingeniera

«Le gusta intimidar, solo eso. ¿Nunca escuchaste ese refrán: perro ladrador, poco mordedor?»

«En aquel momento no lo hubiera creído, Zel» suspiró Mills

«Si Robin fuese mi paciente, jamás hubiera ido a tu apartamento»

Regina se rio levemente mirando a la prima

«Es probable, sueles curar los corazones partidos»

La pelirroja dijo que no con la cabeza, mientras recogía algunos papeles de encima de la mesa.

«No curo corazones partidos, les muestro a las personas que hay nuevas oportunidades. Todo lo que él necesita es ver que existe una forma de ser feliz sin ti. Pero tampoco será de un día para otro»

Emma entró, por primera vez, en la conversación

«Con un tipo como él, parece que eso no va a pasar»

«No podemos pensar de esa forma. Ya ha sido un enorme paso para él verte anoche, Emma. Ahora va a empezar a creer que se terminó, que ya no hay vuelta de hoja. No lo quiso ver a las buenas, lo tuvo que ver a las malas. ¿No me han dicho que estaba bebido? Es un cobarde, jamás hubiera ido estando sobrio»

«Pero a ti te vino a ver sobrio» dijo Regina

«Vino hasta mí creyendo que yo sabía algo sobre vosotras. Le mentí, pero aun así no se lo creía, estaba muy convencido de lo que Roland le había contado. Es más, creo que tienes que hablar con tu hijo, prima»

Gina se rascó la nuca, pensativa, miró a Emma de reojo, a su lado.

«Me arriesgué mucho llevando a Emma a casa. No quería dejarlo solo, no tenemos culpa»

«No, no la tenéis, lo que él debe estar pensando es que sois amigas. A esa edad aún no se puede imaginar una pareja de mujeres» completó la psicóloga

«Voy a explicarle la situación, pero creo que debe crecer un poco más»

«Regina, si le explica a un niño con palabras que pueda entender, en algún momento el niño entenderá. Haz el abordaje con calma»

Gina afirmó con la cabeza. Emma tocó la mano de su novia para consolarla.

«Cuando eso pase, estaré contigo» dijo la rubia

«Sé que sí» la morena sonrió apoyándose en ella

Zel al verlas, sonrió dulcemente

«¿Cuándo será la boda?»

Las dos se miraron

«¿La nuestra?» preguntó Emma, por un momento, sin entender

«Sí, la vuestra. Solo alguien muy idiota no percibe que habéis sido hechas la una para la otra»

Gina rio como una niña, escondiendo el rostro en el hombro de la rubia, por encima de su chaqueta.

«Ahm…» Emma se puso roja como un tomate «Es algo pronto para hablar de boda, ¿no?»

«Quizás. Habéis esperado mucho tiempo para volver a estar juntas» Zel hablaba como si fuese una broma, pero sabía que tenía toda la razón.

Aquello hizo que las dos se miraran con cariño y pensaran en las cuestiones que aún estaban pendientes en esa relación. La última barrera, el pasado, parecía haberse derrumbado, pero ¿estaría vencido completamente?


Al final de la semana, Regina conversó con su abogado para dar comienzo al proceso de divorcio por litigio. Sabiendo que se iba a encontrar con Robin en el tribunal al mes siguiente, Mills, después de una breve conversación por teléfono en la que él se disculpó por sus actos, dejó que Roland pasase más tiempo con el padre durante la semana además del tiempo que ya pasaban sábados y domingos.

Después de lo ocurrido, Robin no estaba dispuesto a discutir con su ex mujer, ni siquiera subía para recoger al muchacho. Los esperaba en el portón. El hecho es que intentaba no verla más. Para ella, aquello era una buena señal. Robin se estaba haciendo a la idea, como previó Zelena.

Regina se aprovecharía de la ausencia de Roland para quedarse hasta más tarde en la empresa y cumplir con los plazos de las obras de la isla y aceptar nuevos proyectos para la ciudad. Estaba tan hundida en el trabajo que apenas tenía tiempo para Emma, pero con la arquitecta las cosas no iban muy diferentes. Se veían todos los días en la empresa; cuando los compañeros de trabajo no estaban por los alrededores, aprovechaban para darse algunos besos y caricias, pero aun así, echaban de menos estar juntas, enamorar hasta tarde en la noche. Así que, Emma no quiso esperar más, ya hacía dos semanas del último encuentro decente, la echaba de menos.

Al final de la jornada del viernes, bajaban en el ascensor, solas, cada una apoyada en un lado del aparato, mirándose, exhaustas por pasar tanto tiempo sentadas en el despacho. Emma sonrió, vio el marcador del ascensor de reojo y se cambió del lado con su maletín en la mano. Gina pasó un brazo por el de ella, así como rozó su nariz en su chaleco gris.

No resistió, acordándose de lo que habían hecho en ese mismo ascensor meses atrás.

«¿Te acuerdas? Este ascensor…»

«Me acuerdo. ¡Y cómo me acuerdo!» Swan respondió riendo

«¿Cómo sabes a lo que me refería?» Gina soltó en el suelo su maletín y enroscó sus manos en el cuello de Emma

«Hasta hoy solo he entrado dos veces contigo en este ascensor, y una de ellas, fue aquella vez» Swan le besó la punta de la nariz «Escucha, quería verte más tarde»

«Hum…» Gina gimió «yo también, te he echado tanto de menos. ¿Vamos a casa?»

«Pensé en el hotel»

«¿Tienes miedo de dormir en casa?» Regina preguntó curiosa. Le acariciaba los hombros

«No, es que está Roland, no podemos arriesgarnos»

«Roland está con Robin. Pensé en hacer algo diferente hoy. ¿Vamos a bailar?»

«¿Bailar? Hum…No es mala idea. Te recojo a las nueve. Ponte bien guapa para mí» Swan puso una sonrisa encantadora

Gina no quería, pero necesitaba soltarla. Ya tendría tiempo de estar con ella más tarde, así que no se quejó cuando tuvo que despedirse y salir del ascensor.


No fue problema encontrar un sitio donde pudiesen bailar agarradas al son de una música romántica. Ya llevaban una hora allí, bailando lentamente. Emma se acordaba de cuando habían hecho eso en el restaurante italiano, ella era medio tímida a no ser que estuviesen solas, pero esa noche, ahí, en el pub del puerto, había muchas personas alrededor. Regina solo quería que el tiempo se detuviese. Dándose cuenta de la turbación de la novia, Mills la miró, apartando sus cabellos del rostro, tratando de calmarla.

«Eres tan tímida para algunas cosas, ¿lo sabías? No has cambiado»

«Ya, creo que no soy muy buena bailando» dijo Swan mirando hacia abajo «No bailo desde la facultad»

«Bailaste muy bien en tu cumpleaños, no mientas» Regina le recordó

«No es tan fácil, Regina» Emma miró hacia los lados con expresión preocupada «Hay mucha gente aquí, ¿no crees?»

La morena sonrió ampliamente, encantada. Sus ojos, fijos en ella, brillaban.

«Nadie nos va a molestar» se aferró a la rubia y la guio al ritmo de la canción que comenzaba.

The world was on fire and

No one could sabe me but you

It's strange what desire make foolish people do

I never dreamed that I'd somebody like you

I never dreamed that I'd lose somebody like you

Regina rozaba su rostro con el de ella. La música sonaba triste, un nudo se le puso en la garganta. Eso hizo que se estrechara más a la rubia.

«¿Qué ocurre?» preguntó Emma intentando mirarla y cuando lo logró, la vio emocionada «Hey, ¿qué es eso? ¿Estás llorando?»

Regina se apartó un poco para limpiarse las lágrimas que descendían por sus mejillas. Intentó esconder el rostro.

«No, ya pasó, solo recordé un cosa» su voz también estaba embargada

Emma agarró sus dedos para apartarlos, queriendo limpiar con los suyos la repentina tristeza de su amada.

«¿De qué te acordaste?»

No, I don't want to fall in love

(This love is only gonna break your heart)

No, I don't want to fall in love

(This live is only gonna break your heart)

With you

What a wicked game to play to make me feel this way

What a wicked thing to do to let me dream of you

What a wicked thing to say you never felt this way

What a wicked thing to do to make me dream of you

Un nuevo río de lágrimas. Era demasiado para Regina

«Tantas cosas…»

«Hey, calma, todo está bien. ¿No quieres contarme?»

Gina asintió, se tragó el llanto y la sacó de ahí.

No se fueron muy lejos, salieron del local, caminaron por la orilla del rio que cruzaba la ciudad por un lateral del pub.

Emma no era la única que sufría con los recuerdos del pasado. Regina también lo hacía, y mucho, especialmente cuando escuchaba esas canciones tan tristes. Estaba mirando hacia el agua, los edificios que tenía enfrente. A su lado, Swan, muy paciente, esperaba a que se sintiese mejor. Apoyaba una mano en su hombro mientras caminaban.

Mills rompió el silencio tras un suspiro

«Aquella canción…me provocó una angustia muy grande. Un deseo de llorar, de echar todo hacia fuera. Vinieron tantas cosas a mi cabeza, tanto miedo»

«¿Miedo de qué?» Swan se detuvo tras ella

«De estar en un sueño. De despertarme y volver a la pesadilla»

Emma tomó aire. Se imaginaba de lo que Regina estaba hablando.

«La pesadilla ya acabó, Regina. Hace mucho tiempo»

«¿La tuya ya acabó?»

Emma se quedó pensando por un momento

«Estoy segura de que sí»

«A veces me golpea una inseguridad muy grande. No sé si algún día lo entenderás. Tal vez pienses que siempre tocó este asunto para hacerme perdonar de una vez…»

«Regina, creo que primero te tienes que perdonar tú misma» dijo Emma, con mucha calma «Si no te perdonas a ti misma, no vas a dejar de sufrir»

«¿Y tú ya te has perdonado por lo que pasó entre nosotras?»

Emma afirmó, aunque algo recelosa.

«Lo estoy intentando»

«Todo lo que deseé mientras bailábamos hace un momento fue regresar atrás en el tiempo y nunca haber hecho ese viaje. Siempre fue lo que deseé desde que te perdí. Sufría siempre que escuchaba una canción que a ti te gustaba, leía tus frases, tus poemas, miraba nuestras fotos. Y así fue durante mucho tiempo»

Swan la miró con expresión de sufrimiento.

«Y no has muerto por eso, así como yo tampoco he muerto por las veces que lloré por ti. ¿Crees que habríamos sido felices si hubiéramos huido en aquella época? No, no lo hubiéramos sido»

La morena se giró hacia su novia

«Hace poco tiempo me dijiste que aquella Emma del pasado había muerto. Creo que nunca he sido tan feliz al escuchar que era mentira»

Swan se acercó un poco más

«Hace nueve meses era demasiado orgullosa para admitir que sentía algo por ti. Perdóname, Regina, no podía, estaba muy herida»

«No tienes que pedir perdón. Si estuviese en tu lugar, creo que no actuaría de diferente manera»

«Incluso sería peor»

Regina agarró la mano de Emma y le dijo

«He aprendido muchas cosas durante el tiempo en que hemos estado separadas, y una de ellas ha sido esperar» colocó la mano por encima de su pecho izquierdo, lograba sentir su corazón palpitar

«¿Fue por eso que no te rendiste aun comportándome contigo de manera fría e insensible?»

Gina asintió

«Sabía que volverías a ser mía desde el momento en que te reencontré»

Se abrazaron, fue inevitable. Y obviamente la cosa no se quedaría ahí. Se fueron al hotel, a su habitación preferida, donde terminaron la noche en la cama.

Poco a poco se abrían, caminaban a paso lento en aquella relación, pero, a fin de cuentas, se entendían. Cada día que pasaba, nada podía separarlas. Algo de lo que todos se fueron dando cuenta por muy discretas que fuesen. Llegó un momento en que ya no podían esconder lo que tenían.