Disclaimer: los Juegos del Hambre no nos pertenecen.
Historia para el foro "El Diente de León" - SYOT Colaborativo.
Capítulo 24: Preludio
Se sentía algo raro en el ambiente, algo diferente. Los humanos lo sentían y ellos también. Era un cambio apenas perceptible, de hecho, no había nada diferente cuando se miraba hacia el cielo negro repleto de estrellas, pero allí estaba.
Poco a poco, todos se detuvieron a observar. Humanos, dioses, ángeles y demonios, incluso aquellas criaturas que no parecían encajar en ninguna de las dos categorías, detuvieron la pelea y alzaron la mirada hacia el cielo, aguardando algo que sin lugar a dudas pronto llegaría.
En el Palacio del Sueño Eterno, Hypnos y Nyx se miraron entre sí con expresiones indescifrables en sus rostros. Era la misma expectación de todos, pero con algo más.
Mientras tanto, una densa neblina comenzaba a hacer acto de aparición, tapando poco a poco las estrellas, haciendo que mirar hacia arriba resultara confuso e inquietante.
Y todos lo supieron.
La hora había llegado.
Amethys Thousen, 17 años. Amber Thousen, Distrito 1
Repaso mi maquillaje, mientras espero a que me llamen al salón donde se hará la entrevista. Baco habla con mi padre y las cámaras filman cada rincón de nuestra casa. Dicen que es hermosa y no mienten, todo es hermoso en nuestro hogar, pero desde la muerte de mamá, soy incapaz de apreciarlo bien. Peor sabiendo que mi hermana está en una Arena, luchando por sobrevivir. Sé que es fuerte, me lo ha demostrado durante estos días, pero no puedo evitar preocuparme por ella.
—Amethys, ¿estás lista? —me llama mi padre—. Vamos a comenzar. —Finjo una sonrisa de inmensa felicidad y avanzo. Mi vestido verde brilla, haciéndome resaltar, y, al ver cómo me observan algunos de los encargados de filmar, sonrío de forma arrogante.
—Veo que Amber no es la única dispuesta a sorprendernos en estos Juegos. Estás hermosa, Amethys —me saluda Baco.
—Gracias Baco. Es un honor poder hablar contigo, hoy —saludo, solemne, y él se ríe entusiasta.
—¡El honor es mío! —responde con su entusiasmo habitual—. Dime, Amethys, ¿qué opinas del desenvolvimiento de Amber en estos Juegos?
—Bastante bueno, está haciendo un esfuerzo enorme teniendo en cuenta que está sola —. Sonrío satisfecha, debo admitir que al ver partir al del Dos y que luego su aliada fuese asesinada, me preocupé mucho por ella. Pero no solo tomó la decisión adecuada al huir, sino que tampoco parece dispuesta a derrumbarse, y eso es bueno.
—¡Cierto! Nos ha sorprendido bastante su pase a la acción matando a uno de los tributos más populares de los Juegos —. Sonrío al pensar en la muerte del arquero, ya había advertido que el muy ingenuo andaba deshidratado, al parecer tanto él como su mentora se descuidaron en ese aspecto y fue tan oportuno como favorecedor.
—Era de esperar. Es profesional —aporto como si eso fuese suficiente explicación—. Aunque me hubiera gustado que matara a la del Doce también —opino, no es que crea que la de la lanza le traiga problemas, pero sigue siendo una enemiga más a derrotar para ganar.
—Fue un acto de honor —explica él y yo niego con la cabeza.
—El honor no existe en los Juegos del Hambre, Baco. Amber debió matarla. Debió coger ese espejo y atravesarla con su espada igual. Es así como funciona el juego, ¿no? —Sonrío de forma tranquila y relajada, casi feliz. Debo admitir que no me molesta hablar del tema, los Juegos del Hambre me gustan, son un auténtico desafío de fortaleza y honor, lo único que no me gusta es que ella participe en el juego—. Matar a todos por vivir.
—Exactamente —concuerda Baco, al parecer entiende mi enfoque letal—. Bueno, háblanos de tu relación con ella. Por lo que sabemos quisiste presentarte voluntaria por ella en la cosecha, ¿por qué?
—Para protegerla y salvarla, obviamente. Amber y yo siempre hemos estado muy próximas la una de la otra, sobre todo después de la muerte de mamá. La cuido y protejo como si fuera una hija; y aunque sé que puede sobrevivir no puedo evitar preocuparme por ella y desear traerla a casa.
—¿Qué crees que harías en su lugar? ¿Cómo sobrevivirías?
—No es una pregunta fácil esa, Baco —respondo—. Me habría gustado conseguir la Cornucopia, teniendo en cuenta que sus dueños se fueron demasiado rápido. En cierto modo, entiendo por qué renunció a ella, su prudencia es inestimable. Pero los profesionales debieron intentar recuperarla. Tampoco me habría lanzado sobre aquella gárgola sin pensar, y ya lo de dejar huir al del Dos...
Niego con la cabeza, debo admitir que aquel momento me provocó mucha rabia, estaban heridas, casi incapacitadas, y él se comportó como un idiota, ¿qué le costaba esperar un poco antes de partir matar a alguien? Cosa que tampoco hizo, por cierto. Resulta gracioso cómo se dio todo, su muerte a manos de la nueva alianza me encantó.
—Cierto, lo de Geb fue algo sorpresivo. Todos nos esperábamos que volviese por ellas en algún momento, pero prefirió abandonarlas. ¿Cómo te sentiste al verla en aquel momento? ¿Temiste por el ataque de las gárgolas?
—Preocupada—asiento—. Son esos momentos en los que lamento no solo no haber ido en su lugar, sino también no poder cruzar la pantalla para acudir junto a ella, protegerla, ayudarla. No me fiaba de Geb, tampoco de Arya, pero demostró su valía al no solo lanzar aquella bomba para espantarlas sino también al quedarse con ella, y luchar a su lado contra la alianza de la del Cuatro. Sobre eso, creo que Amber no asumió bien la muerte de su aliada, debió responder al instante, matando a uno de sus dos contrincantes antes de huir, es lo que habría hecho yo. Aliado por aliada, aunque bueno, quizás entonces no habría tenido ocasión de huir.
Me encojo de hombros, aquel fue el momento en que más temí por ella, por su vida, mientras huía; me mordí el labio durante toda la escena, vigilando por la pantalla cómo mi hermana se escondía mientras hacía sus planes para estos Juegos, como si por hacerlo pudiese evitar que alguien la atacase mientras estuviese tan vulnerable.
—Hablando de aquello, hay algo que me gustaría preguntarte. Todos nos vimos sorprendidos por la última nota que recibió y su reacción. Dimitri, su escolta, ¿crees que hay algo entre ellos? ¿En algún momento en el distrito mostró fascinación por él?
Me río ligeramente, dudo mucho que mi hermana haya pensado mucho antes de soltar aquello, ella es tan inocente, tan transparente, admira demasiado al Capitolio, y a Dimitri todavía más.
Siempre ha soñado con casarse con algún capitolino rico y mudarse a la gran ciudad, cosa imposible… Yo por mi parte prefiero los Vencedores, ellos lo tienen todo entre sus manos, riqueza, poder, fama. Y no solo eso, si son astutos, como Iris, ni siquiera deben pensar igual que ellos, pueden camuflarlo todo en sus diversos talentos.
—En varias ocasiones, Baco —respondo sin dudar, no estoy segura de lo que siente mi hermana por él, pero creo que le favorecerá que crean que está enamorada de alguien de fuera de la Arena—. Amber siempre se ha sentido fascinada por la gente como ustedes, su vida, sus riquezas, su humor. Pero él siempre le ha llamado la atención y después de esa nota no tengo dudas de que a él también le importa ella.
—Es posible que sientan algo el uno por el otro, ¿entonces? —asiento con una gran sonrisa ilusionada que no hace más que intrigarles y emocionarles. Perfecto.
El presentador me sigue preguntando cosas sobre mi hermana, que se esconde tras la profesional de los Juegos, y yo entonces les hablo de su bondad y dulzura, de esos momentos en que me recuerda a mamá. La recuerdo abrazándome cuando me nota triste, convenciéndome a través de su cariño de seguir adelante, aunque mamá no esté.
Debo admitir que siempre temí que esos rasgos le impidieran sobrevivir, pero, después de lo que he visto en pantalla, es obvio que no. Así que me guardo mis temores y hablo de las razones por las que necesito que regrese con nosotros. Sé que puede hacerlo.
Jianna Tziolis, 27 años. Adler Rademacher. Distrito 3
La puerta suena cuando la golpeo y, mientras esperamos que nos abran, me giro para poder admirar lo mucho que ha crecido el distrito, cómo la tecnología ha seguido fluyendo por cada centímetro de tierra y cómo se puede ver, a simple vista, lo grandioso que es todo. Realmente he estado mucho tiempo lejos de aquí y todo ha cambiado.
Cuando por fin se abre, deja ver a un hombre con aspecto misterioso que nos mira entornando los ojos. Lleva el cabello gris pero la barba de tres días que se asoma en su rostro es de color negro, aún. Sus ojos profundos y oscuros nos observan, y terminan en mí. Me mira de arriba abajo y luego hace lo mismo con Baco, quien le regala una de sus encantadoras sonrisas.
—¡Hola!
Baco comienza a andar y hacer que el hombre retroceda en su propia casa. Yo entro con paso grácil tras ellos y me dedico a mirar el entorno. Parece mal cuidada y algo polvorienta, pero tiene diminutas piezas, engranajes y cables en las repisas. Es sin duda un lugar muy interesante.
—Qué bueno que nos abriste Vuk, como no contestaste nuestras llamadas pensamos que no estabas, ¡luego me dijeron que no puedes salir y decidí que viniéramos hasta aquí! —Mi acompañante mueve las manos con total soltura, lo que a mí me causa gracia.
—¡Qué encantadora casa! —suelto sin dudar y me muevo con total soltura por el cuarto de estar.
Vuk nos mira sin decir ni una palabra y luego de suspirar, termina asintiendo con la cabeza.
Después de unos minutos de hablar con él, terminamos sentándonos en el viejo sofá de tres cuerpos que tiene en el salón, mientras el equipo de grabación termina de ordenar las luces, cámaras y ángulos para poder grabar.
Siento el éxtasis correr por mis venas al estar en este momento. Arreglo mi cabello con las manos para poder darle movimiento y luego de chequear que mi maquillaje esté bien, me siento preparada.
Baco observa a todos y da la señal para comenzar a grabar.
—¡Buenas tardes a todos! —saluda a la cámara y me parece tan natural su hacer, que es casi como si hubiera nacido para esto —. Estamos aquí en el Distrito Tres, en la casa de uno de los tributos más populares de esta edición de los juegos; Adler Rademacher. Me encuentro aquí con su mentora, la preciosa Jianna Tziolis y el padre, el señor Vuk Rademacher. ¡Bienvenidos!
Baco parece dormitarse con su deslumbrante ser, hecho y nacido para poder estar en la televisión, para poder ser una estrella brillante en el espectáculo, nacido para el puesto que ostenta.
—Sé que están muy orgullosos del desempeño de nuestro chico rebelde. ¿No? ¡Ese aspecto de chico malo! ¿Siempre ha sido así?
Vuk nos mira a ambos como si intentara obviar el por qué estamos aquí y yo sonrió con suficiencia. Él no va a responder.
—¡Claro! La primera vez que lo vi me asusté, pero al menos yo siempre caigo con lo de su estilo. El chico guapo y rudo. Pero en su interior hay algo más ¿no lo ven?
Sé que en estas instancias hay que ser rápida, trabajar bien y poder deslumbrar. Lo aprendí luego de ganar los Juegos, a los espectadores les gusta ver alegría y brillo, les gusta divertirse y para eso estoy entrenada. Para ser lo que ellos quieren y les gusta ver.
—Toda la razón Jianna, estamos encantados con este chico. ¿Cómo creen que hará Adler ahora con lo que se viene?
Al observar a Vuk, puedo encontrar los mismos rasgos distintivos que Adler tiene, no físicos, por supuesto, es algo más de comportamiento: esos ojos que rehúyen a los demás, el tieso modo de andar, la boca bien cerrada y el cómo la vena del cuello se le marca ante la presión. Una sonrisa florece en mis labios; va a ser más entretenido de lo que creía.
—Estoy seguro que él y su aliada crearán un plan. ¡Son muy inteligentes! ¿No lo ven? Han logrado sortear muchas cosas. Son un dúo dinámico.
—¡Vaya que sí! Y hablando de ese dúo, ¿qué les parece la parejita que se ha formado ahí? ¡Yo veo química!
Mi sonrisa se ensancha, la conversación ha dado un giro interesante, sobre todo porque nos ha llevado a uno de mis temas favoritos.
—¡Claro que sí! A mí me encantan, con Lectro, el mentor de Mana, somos fans de ellos dos. ¡Que hermosa pareja! Ya les hemos puesto hasta nombre: ¡MADLER!
Aplaudo mientras reavivo la llama que quema dentro de mí, el cómo entre esos dos han logrado sacarse del cascarón y lograr cosas que pensé Adler jamás haría por su propia cuenta.
—¿Qué piensas Vuk? ¿Tú hijo se ve bien con esa chica?
La mirada inquisidora que lanza Baco me hace reír, el padre de Adler se ve mucho más callado de lo que es mi tributo y eso me asombra, sobre todo por cómo aprieta las manos.
—¡Él no es mi hijo! —brama de repente, su boca se abre y sus ojos expelen chispas de ira. Ambos nos quedamos callados y nos miramos, me giro a mirar a la cámara y pongo mi mayor cara de confusión para que los televidentes sientan lo mismo que yo. Es Baco el que decide picar aquello.
—¿Cómo que no es tu hijo? ¡Tienen el mismo apellido!
Vuk parece detenerse y suspira. Las palabras se le han escapado y no sabe cómo remediarlas.
—No es mi hijo. Yo… lo encontré…
Tiembla cuando la cámara lo enfoca desde más cerca, aprieta más el puño izquierdo mientras intenta esconderlo tras de sí. Enfoco mis ojos en él y luego miro a Baco, quien parece sonreír de una manera más sádica al no estar en la cámara. Le ha desnudado y era lo que quería hacer.
—¿Lo encontraste?
Deja la pregunta rebotando con malicia, Vuk abre y cierra la boca buscando una respuesta coherente que no lo deje aún más expuesto. Ya es tarde, y lo sabe.
—Lo abandonaron…
—¡Oh, pobre! —emito un chillido lastimero.
—¿Quiénes serían tan crueles de abandonar un bebé? —Baco baja el tono de voz para hacer parecer que siente lástima por la situación.
—Una rebelde… y un Agente de la Paz…
Y pica, Adler es hijo de una rebelde y de un Agente de la paz. Es la perfecta asimetría de la revolución y la represión de Panem. De lo que está bien y lo que está mal.
—¡Vaya! Es más, mucho más de lo que creemos.
Baco me ha robado las palabras de la boca, realmente mi tributo es más de lo que creía y la satisfacción de tenerlo es mucho mejor.
Owain Thorne, 22 años. Bounder Leger, Distrito Cuatro
―Yo tengo que estar en la entrevista, Owain. ―Muscly ha pasado las últimas tres horas diciendo la misma frase.
―No, por millonésima vez, no. Yo soy el mentor de Bounder, yo daré la maldita entrevista.
―Liva y Mags siempre me dejan, ¡soy el escolta!
―¡Pero yo no soy ellas! Además ¡Apestas! ―Muscly se lleva la mano al pecho con gesto horrorizado, mientras le tiembla el labio y los ojos se le aguan.
―No me vas a convencer con esa actuación.
El intercomunicador del piso suena y maldigo entre dientes.
―El equipo de preparación está aquí, no te entrometas.
―¡Owain! ―grita mientras me dirijo a recibir al equipo.
Decir que Muscly es un incordio es quedarse corto.
Estuvo deambulando por todo el complejo hasta que logró mezclarse entre el equipo, que, siendo otra bola de problemáticos distraídos, terminaron por incluirlo en los preparativos.
La llamada de Baco, para afinar los detalles de la entrevista, significó mi derrota absoluta delante del saco de esteroides, pues desafortunadamente, fue este quién contestó el interfono. Fue así como terminamos en el Capitolio y no en el distrito de origen de Bounder, como si pasó con los demás tributos. Da igual, porque las entrevistas no se transmiten hasta que se han grabado todas.
La entrevista se dará en una plataforma similar a aquella dónde presentaron a los tributos, sólo que ésta tiene de fondo la mansión presidencial, iluminada con un sinfín de luces de colores.
En el plató hay algunos otros mentores —aquellos que ya perdieron a sus tributos— y escoltas, en una esquina, en un cubículo apartado y ricamente decorado, se encuentran algunos patrocinadores, entre ellos la chica modelo que ha estado apuntando una enorme cantidad de dorados a la cuenta de Bounder.
―Owain, querido, ¿cómo te encuentras?
―¡Preciosa! Qué maravilla encontrarte. ―Ella se colorea mínimamente y responde a mi saludo con algo de plática insustancial, como es típico de los capitolinos.
―Ya sabes, yendo de aquí para acá. Además, ¿cómo perderle la pista a ese tributo tuyo? ¡Es un diamante en bruto esa chiquilla!
Sonrío arrogantemente, con el cigarrillo encendido pendiendo de mis labios.
―Venga, continua así, estoy más que seguro que se llevará un sobresaliente en ese Banquete.
―Le tienes mucha fe, ¿eh?
―Bueno, yo sé lo que cosecho. En otras cosas, he de suponer que estas aquí para acompañarnos en la entrevista ¿no es así?
Deja escapar una risita.
―Jo, ¿no te he dicho que no le pierdo la pista?
El alboroto se intensifica con la presencia de Baco. La chiquilla modelo se acerca con paso seguro al hombre. Este le sonríe ampliamente y, después de unos minutos, decido acercarme, con el incordio de Muscly pisándome la sombra.
Baco y la modelo platican de la última gran fiesta celebrada en el Capitolio.
―¡Pero si es nuestro adonis del mar! ¿Hace cuánto tiempo que no te veo?
―¡Tú sabes! Soy un hombre ocupado.
―¡Pero por supuesto que sí! Ya que estamos todos reunidos, ¿Por qué no empezamos esa entrevista? ―dice en tono confidencial. La chiquilla modelo sonríe y yo asiento como quien no quiere la cosa, al tiempo que exhalo la última calada de mi cigarrillo y lo apago, aplastándolo con el pie, antes de subir a la plataforma.
Nos acomodamos en mullidos sillones individuales de color aqua, supongo que en representación del Distrito. Algunos estilistas corren de su escondite para dar algunos detalles a nuestros rostros.
Mientras Baco toma posición, en las pantallas puedo observar lo que fueron las entrevistas a familiares. Sonrío cuando proyectan el Distrito Cuatro y la familia completa de mi tributo aparece en pantalla.
―Mis amigos, como todos saben hemos entrado a la recta final de estos espectaculares Juegos del Hambre, gracias a las habilidosas manos de los excelentes vigilantes de nuestra orgullosa Academia de Vigilantes. El especial del día de hoy, esta galardonado por aquellas mentes maestras detrás de nuestros asombrosos tributos de este año, y tengo el placer de presentarles a las grandes personas detrás de nuestra dinámica estrella, el Desastre Amarillo, la Tributo del distrito Cuatro ¡Bounder Leger! ―Baco mira directamente a la cámara y habla con la misma facilidad y soltura con la que nos abordó hace apenas unos minutos―. Permítanme presentarles, aunque ya ustedes lo conocen por supuesto, a Owain Thorne, mentor de este año, acompañado del fiel escolta del distrito, Muscly Roth.
Hago gala de mi sonrisa patentada, y saludo con la mano, casi en sincronía con Muscly. Baco continua.
―Pero estamos más que iluminados por nuestras estrellas, porque nos acompaña también, la hermosa Leinomi Karksen, asombrosa modelo de reconocidas marcas y estrella de redes sociales.
―Hola a todos, muchas gracias por invitarme, estoy sumamente honrada de estar aquí.
―Ay, pero con tantas estrellas empiezo a sentirme deslumbrado, no sé ni a quién preguntarle primero. ¿Quién nos aportará más información de esta interesante jovencita? Owain dime, ¿cómo describirlas a tu tributo?
―Bounder es como una flecha. Certera y ágil. Es una chica con muchas energías, es muy popular en el Distrito, tiene muchos amigos.
―Es encantadora, he visto el alcance de su popularidad en todo Panem, justo ahora es la única profesional en pie junto a la preciosa Amber. ¿Qué piensas acerca de ello? ¿Ves algún enfrentamiento cerca?
―Las situaciones en la Arena son impredecibles, pero ellas ahora tienen una historia, es probable que se encuentren en el Banquete.
―Eso sería alucinante de ver, ellas ahora son las más fuertes jugadoras, pero dime Muscly, tú fuiste la persona que nos mostró este prodigio de jugador cuando fue cosechada, ¿cómo la observaste al momento de presentarla?
―Bounder, desde el primer momento, sabia como ganar el favor de las cámaras. ¡Las acaparó completamente! Yo sabía que llegaría bastante lejos. Es de esos tributos que con sólo verlos puedes adivinar su destino.
―Una respuesta muy Acertada Muscly. Eso es algo que le ha ganado muchísimos patrocinadores, algo magnífico para ella. Leinomi, ¿cuál es tu postura en esta situación? ―Baco se dirige a la chica cuando ve que la plática se aleja demasiado lejos de ella.
―Oh, Baco ―responde con dulzura y una sonrisa deslumbrante―. No es tanto como una lucha encarnizada con Heath y Ragnar, de hecho, nos llevamos muy bien, es sólo que los tres tenemos distintos planes con respecto a nuestra chica, pero estoy segura de que lograremos un equilibrio, tenemos a Muscly igual, que es un maestro de la organización y Owain, él es uno de los mejores mentores de este año. ¡Mira nada más lo que ha hecho hasta ahora! ―Sonrío en su dirección, ampliamente, como forma de agradecimiento, Baco se ve especialmente intrigado así que pregunta:
―¿Podríamos tener un pequeño adelanto de esos planes?
Leinomi sonríe.
―¡Oh! Los chicos son algo reservados respecto a ellos, así que les guardaré el secreto. Por mi parte probablemente tendremos un par de sesiones y pasarelas, algunas portadas y cosas menores.
La entrevista continua con preguntas alternadas hacia los tres, después de aproximadamente unos veinte minutos, Baco se dirige a mí con una última pregunta.
―¿Qué deberíamos esperar de Bounder Leger en los próximos días en la Arena?
―Esperar algo de Bounder es una total pérdida de tiempo, es tan dinámica e impredecible que, incluso a mí, se me dificulta seguirle la corriente. Lo que si les puedo asegurar es que será sorprenderte y grandioso, como sólo ella podría hacerlo. No les sorprenda si se hace con la corona. ―Sonrío guiñando un ojo a la cámara.
―Escucharon amigos, no pierdan de vista a esta sorprendente chica, Bounder Leger del Distrito Cuatro. Muchas gracias por acompañarnos, ¡no se vayan! ¡Continuaremos con las entrevistas de nuestro sorprendente Distrito 5!
Krissel Atom/Jules Prescott, 44 años. Mana Prescott. Distrito 5
Ver las entrevistas, llegado este punto en los Juegos, es más una costumbre que un placer. No recuerdo haber disfrutado de esto o de los Juegos mismos alguna vez, por lo que a veces me siento perdida entre los elementos que me rodean. Trato de no prestar mucha atención a ello de todos modos, la migraña que me produce es en extremo desgastante.
Cuando vuelvo a centrar mi atención en el televisor, Baco, con su radiante sonrisa, está empezando a entrevistar a uno de los mentores del Distrito 5, Lectro Reed.
Por alguna razón que desconozco, el entorno me genera una extraña sensación de nostalgia.
—Buenos días Lectro —saluda animadamente Baco, mientras le hace una seña para que tome su lugar en el asiento al lado del suyo—. Por favor un plano a su espectacular cabello, producto de unos increíbles Juegos —exclama mirando hacia la cámara, emocionado, la cual de inmediato hace una toma del cabello blanquecino—, es como un constante recordatorio de que eres un campeón ¿no es así? —termina mirando al mentor con una sonrisa, acomodándose en su silla cruzando las piernas.
—Una buena forma de verlo, supongo. —Con paso lento, el chico toma asiento, mira aburridamente alrededor y termina por sacar una libreta negra.
Baco es, sin duda, una incorporación genial al personal de este año, pienso mientras observo la entrevista. Siempre llevando las cosas con calma y de forma animada, creo que alguien como Venus no habría estado tan relajada ante el último gesto.
—Y bien, dinos, ¿cómo ves a Mana en estas instancias? ¿Crees que puede ganar? —Los ojos verdes del entrevistador adquieren una expresión de genuina curiosidad.
—Tiene la misma probabilidad de hacerlo que los que quedan. —Lectro eleva apenas la mirada sobre su lectura—. Los Juegos siempre se han tratado de posibilidades, después de todo, y como estas se aprovechan.
—Es así, por eso nos han dado una gama tan amplia de campeones. Cosa que adoramos —declara Baco con una sonrisa radiante hacia la cámara—. ¿Crees que la Arena tiene que ver en eso, Lectro? ¿Qué tal te ha parecido la de este año? —continúa cuestionando al mentor.
—Sin duda es un factor determinante en algunos casos —dice el mentor mientras le dirige una mirada desinteresada pero honesta—. Esta ha sido de las más impresionantes y peligrosas de los Juegos, sin menospreciar que la más llamativa también. Es una de las razones por las que digo que en esta instancia todos tienen un igual de probabilidades —concluye, regresando su atención a la libreta.
—¡Ya lo ven, gente! La Arena de este año es hermosa y peligrosa. Una de las más, si no es que la más entretenida que han tenido los Juegos. Mis felicitaciones a los Vigilantes —declara Baco con emoción—. ¿Cuál crees que ha sido de momento el momento más difícil para Mana dentro de la Arena?
—Creo que tanto la separación de su alianza como el hecho de haber asesinado a la niña del Tres —contesta, tranquilo el mentor.
—Ambas situaciones fueron cruciales, cierto. Aunque al final pudo reencontrarse con alguien de su alianza.
—Es así —concede con parsimonia.
—¡Fue algo maravilloso! ¿Verdad, gente? —manifiesta Baco conmovido—. A todos nos emociona verlos juntos. Tienen una química muy palpable y son de un ver exquisito.
En un momento dejo de escuchar la entrevista perdiéndome en los alrededores del distrito, cuando la voz ansiosa del muchacho de cabello negro y puntas doradas reclama nuevamente mi atención.
—Ahora algo que ha estado carcomiendo a la audiencia desde que ciertos rumores se filtraron. —Picardía llena la voz del entrevistador mientras sus ojos verdes brillan ansiosos—. ¿Es verdad que Jianna y tú han hecho tan buenas migas como Adler y Mana? ¿Se imaginan, amigos? ¡Dos apuestos campeones juntos!
—No diré nada al respecto. —Con cara de aburrimiento, el mentor guarda su libreta en un bolsillo y sale de escena.
—Ya oyeron eso, amigos. ¡No lo negó!
Baco luce radiante al despedirlo a la vez que presenta a lo que parece ser una compañera de Mana Prescott llamada Uma.
—¿Estás disfrutando los juegos? ¿Cuál ha sido tu parte favorita de Mana hasta el momento? —Baco intenta hacer sentir cómoda a la tímida chica con una sonrisa.
—Sí… claro —la respuesta se escucha triste y para nada cierta—. Creo que cuando apareció el zorro y ella lo siguió. A Mana le gustan los zorros —cuenta con una imperceptible sonrisa.
—¡Oh! ¿Y qué otras cosas le gustan a Mana, Uma? —cuestiona curioso.
—Ella suele ser tranquila y calmada. Creo que estar al aire libre y el silencio. —La muchacha empieza a jugar con sus dedos.
—Y dime —Baco se acerca a ella con actitud cómplice—, ¿crees que le guste Adler? —cuestiona con indiscreción para sorpresa de la chica.
—Yo… no podría saberlo.
—Es cierto —concede con una pizca de desilusión—. ¿Y a ti qué te parece? ¿Te gusta? —recibiendo solo un gran sonrojo de la chica, él empieza a carcajearse—. Ahí lo tienen amigos, otra más que cae bajo los encantos del tributo del Distrito 3. Sin duda, uno de los más populares de este año y todos sabemos por qué —termina con un guiño a la cámara.
Decido prepararme un café en lo que Baco se divierte a costa del sonrojo de la chica. Cuando vuelvo a estar frente al televisor. Han cambiado, nuevamente, de entrevistado. Es un hombre, de edad cercana a la mía, con ojos entre un verde y un azul, idénticos a la de la chica del cinco. Aquella que me increpó en la sala de entrenamientos.
Ese sentimiento de vaga familiaridad me asalta de nuevo.
—Bienvenido, señor Prescott —Baco sonríe amablemente.
La angustia en la mirada del hombre no disminuye.
—Hola.
—¿Le alegra que Mana haya llegado tan lejos? —Al solo recibir un vago asentimiento continúa—. ¿Le emociona la idea de que su hija pueda ser Vencedora de los Juegos?
—Me emociona la idea de que vuelva —contesta mirándolo como si le hubiese hecho una pregunta estúpida.
—¡Por supuesto! —Baco asiente con solemnidad—. Y, dígame, ¿qué piensa del hecho de que su hija se haya vuelto tan unida a un muchacho? ¿Qué piensa de Adler?
—Yo… estoy agradecido de que Mana tenga a alguien ahí que le haga compañía, de momento. Creo que es un chico muy inteligente.
No estoy segura de si el hombre pensaba agregar algo más o no, cuando una mancha cobriza y blanca pasa como una ráfaga frente a ellos y la cámara no duda en seguirlo.
—¡Me ha mordido! —se escucha a alguien gritar.
Lo único que es posible apreciar es una esponjosa cola huyendo del lugar. Una sonrisa extraña empieza a bailar en mis labios.
—¡Vaya! ¿Qué fue eso? —Baco cuestiona entre risas mientras acomoda su cabello con una mano volviendo a sentarse en su silla.
—Es… un amigo de Mana —el padre de la chica contesta de forma suave, con una pequeña sonrisa—. Él la está esperando. Los dos la estamos esperando.
La entrevista relacionada a la tributo del Cinco termina en lo que empieza la que le sigue, la del chico, sin embargo no soy capaz de seguir prestando atención.
Es como si, de repente, algo me hiciera falta. Algo que no sabía que había tenido nunca.
Kelvin Thwyes, 38 años. Mazer Blitz. Distrito 5
Siempre es extraño ver mi hogar desde una perspectiva tan distinta, pero hoy lo es mucho más.
Toda esa gente pasando delante de cámara, llamándose "allegados" a Mazer, cuando eran quienes muchas veces lo aislaban. Me pregunto qué pensaría él si los viera. Aunque no creo que le importe; Mazer no es capaz de guardar rencor a nadie, porque no es capaz de mirar hacia el pasado más que para resolver sus propios intereses. El resto, de alguna forma, sólo lo descarta, igual que a estas personas.
Supongo que muchos quisieran tener esa capacidad de olvidar y seguir adelante, de decidir qué sentir y qué no, controlar cada aspecto de su vida. Para Maze, sólo es una rutina.
La gente en la plaza del Cinco luce inusualmente animada. Decenas de veces he visto la misma escena cuando uno de nuestros tributos llegaba a estar entre los finalistas, aunque al único al que he vuelto a ver con vida es a Lectro, con quien ahora compito de cierta forma.
La señora Blitz casi no puede responder preguntas, porque en ningún momento deja de llorar por su hijo menor. Su rostro compungido me recuerda tanto a Himmel...
Erder, en cambio, se mantiene tranquilo y respetuoso, simpático de a ratos, mostrando la misma confianza que su hermano menor cuando asegura que tiene plena seguridad en que éste puede ganar.
—¿Ése es su hermano? —murmura alguien tras el plató—. Es tan guapo...
—Increíble, ¿no? Ése chico hubiera sido muy popular como tributo... Lástima que no fuera cosechado cuando tenía edad... Dile al camarógrafo que quiero dos minutos más de ése Adonis en vivo —responde otra persona mientras la cámara hace un exagerado acercamiento del rostro de Erder, que mira la pantalla con algo de sorpresa, en un gesto que se parece mucho al que Mazer hace cuando algo le incomoda.
Sonrío, porque es extraño encontrar esa similitud entre esos dos, pues nunca conocí a dos hermanos más diferentes.
Erder irradia alegría, seguridad y vigor con su cabello como el oro, su cuerpo fuerte y sus brillantes ojos azules. Mazer es todo lo opuesto, tanto en lo físico como en su personalidad.
Los Blitz siempre fueron muy queridos y respetados en nuestro distrito, sobre todo el señor Blitz, el padre de Mazer. Cuando yo era joven ellos eran la familia perfecta, el matrimonio perfecto, con los dos perfectos y encantadores niños rubios, el cuadro ideal, hasta que la señora Blitz sorprendió con otro embarazo, y Mazer nació.
No recuerdo haber conocido otro niño tan adorable y extraño a la vez, con su cabello como el petróleo resaltando dondequiera que fuera con su familia, su piel tan pálida y esos enormes ojos azules (único rasgo que poseía de su familia) que parecían nunca parpadear. Recuerdo que no parecía encajar con los Blitz, pero, en contraposición, sus padres y hermanos le brindaban mucho afecto, a pesar de que el niño rara vez les correspondía con el mismo cariño.
Cuando yo lo conocí, el señor Blitz lo tenía en sus brazos. Mazer apenas tenía días de nacido, y ya miraba todo a su alrededor con una curiosidad poco común.
A veces quisiera ver las cosas como él lo hace, pero ése es un lugar demasiado solitario, sin espacio para nadie más que el mismo Mazer.
En cierta forma me recuerda a mí a su edad, delgado, introvertido y silencioso. Quizá por eso nadie se esperaba que me convirtiera en vencedor, porque nunca fui popular, mucho menos atractivo. Sólo era otro tembloroso niño de quince años, ojos grandes y rodillas huesudas, que tuvo demasiada suerte. No fue hasta que terminé de desarrollarme plenamente que todos voltearon a verme. Aunque hubiese preferido que nunca lo hicieran.
—¡Treinta segundos! —grita alguien, y Baco de inmediato se vuelve hacia mí, sonriendo.
—Bueno, Kelvin, sé que ha sido un largo tiempo, pero sabes cómo será esto, ¿verdad? —Asiento y Baco da un par de palmadas al aire, como intentando espantar insectos—. ¡Excelente! Por cierto, soy tu admirador —me guiña el ojo y entonces alguien empieza la cuenta regresiva, encendiendo la luz que indica que estamos en vivo para todo Panem, y la carismática sonrisa de Baco es instantánea—. Kelvin Thwyes, mentor de Mazer, ¿qué se siente que, por segunda vez, uno de tus tributos logre colarse entre los favoritos?
—Realmente no estoy sorprendido, Baco —respondo, adoptando una pose menos rígida para mostrarme confiado—. Mazer es por mucho el tributo más apto que me ha tocado entrenar.
—¿Y crees que podría ganar?
—Tengo plena confianza en eso.
Baco abre los ojos, alegremente sorprendido.
—Bueno, eso es entendible, ¿pero crees que aún podría ganar cuando debe competir contra tributos no sólo más populares, sino también más fuertes? Sobre todo, ahora que está completamente solo...
—Mazer no necesita ser popular ni tener la ayuda de nadie para sobresalir. Él mismo es su mejor arma —digo con calma, y el público aplaude—. Quizá carezca de habilidades de combate o fuerza, pero te aseguro que es un jugador nato, y el desafío que le pongan delante, él lo resolverá.
—Es lindo que pienses así.
—No es un pensamiento. Es la realidad.
—Quizá tengas razón... Ahora cuéntanos algo de ti. ¿Cómo está ese pequeñito tuyo...? ¿Cuál era su nombre...?
—Finn —respondo por inercia. Baco sonríe.
—Ah, sí. Ahora lo recuerdo. Curiosa elección. Pero pasemos a temas más agradables, ¿qué tal llevas la vida de padre soltero? Pronto harán ¿cuántos? ¿Cuatro años desde que murió tu esposa?
Tomo aire profundamente. Hace años que mis tributos no llegaban a los finalistas, así que me había evitado éste tipo de preguntas por un tiempo. Pero no puedo sentarme aquí y mirar a la nada; Mazer todavía me necesita.
—Cuatro años, efectivamente —concuerdo, acomodándome los guantes. No es que mis cicatrices me avergüencen, pero traen demasiados recuerdos que quiero evitar. Además, a la Presidente y muchos de mis seguidores no les gustan las imperfecciones físicas.
—¿Y no has pensado en volver a casarte? —inquiere Baco, y escucho como algunas mujeres sueltan exclamaciones.
—No. Creo que lo único que me interesa de momento es ayudar a Mazer a ganar los Juegos.
—Oh, sí. Volvamos a Mazer, el tributo revelación del año, ¿o me equivoco? —pregunta a la audiencia, que responde con aplausos y vítores—. Hemos vivido momentos épicos gracias a éste chico, pero dinos tú, como su mentor, ¿cuál es su secreto?
—¿Secreto?
—¡Sí! ¿Qué hace de Mazer, Mazer?
Vaya pregunta.
Es extraño darme cuenta de que nunca antes he intentado descifrarlo de esa forma. Mazer nunca fue un niño convencional que encajara en alguna categoría, ni siquiera cuando era un bebé de piernas regordetas que daba sus primeros pasos de la mano de su hermana. Siempre hubo en él algo distinto, aterrador y a la vez maravilloso. Himmel solía decir que era una especie de don.
Supongo que tratar de entender una mente como la suya es algo complicado, porque cada persona es un mundo, pero Mazer no, él es una isla, donde sólo llegan las personas que él quiere que lleguen.
Creo que eso lo hace ser quien es.
—No puedes comprender la esencia de alguien como él —respondo, sonriendo un poco, sólo lo necesario para mantener interesada a la audiencia.
Jelic Zeel, 45 Años. Rail Wildseed, Distrito 6
—¿¡Qué tal si hacemos una apuesta!? —gritó desesperada, mientras Trace la mantenía sujeta en el suelo—. ¿Qué tal si le robo el perfume a Tcheky? ¿Eh? ¿¡Que dicen!?
Tcheky era una peste andante, encargada del comedor de los Agentes de Paz, obsesionada con un asqueroso perfume, dolor de cabeza para todos aquellos que cruzaban el camino con ella. Todos los agentes deseábamos deshacernos de esa cosa, pero hay una ley no escrita que dice que nunca debes meterte con la gente que prepara tu comida.
—Si lo logro, me dejarán ir —suplicó con ansiedad—. Por favor ¡no tienen nada que perder! No tengo donde esconderme —añadió con amargura.
Me hizo gracia su desesperación, no era más que una ladroncilla mediocre, ya le habíamos dado una paliza hacía poco e incluso ella, sabía bien que no resistiría otra.
—Acepto —respondí, ante la sorpresa de mis compañeros—. Si lo logras, te dejaré ir, pero si fallas, personalmente te partiré el brazo por perder la apuesta y las dos piernas por atreverte a hacer una propuesta como esa. —Hice un gesto para que la soltaran y ella salió corriendo disparada.
El sujeto, el entrevistador, es un enclenque malcriado, he visto su estúpida sonrisa incontables veces, pero nunca imaginé tener que soportarlo cara a cara. Bufo con fastidio al escuchar mi nombre salir de sus labios, pronunciado con el estúpido acento del Capitolio cuando me anuncia para la dichosa entrevista.
—Rail, según los informes de nuestros investigadores, ha sido el tributo cuyos amigos han sido más difíciles de encontrar. —Pone una mueca ridícula para exagerar su sorpresa—. Y por ello es una sorpresa arrebatadora descubrir que ella es muy cercana a un Agente de Paz.
Escuchar la palabra "cercana", referida a Rail, hace que mi expresión se descomponga por completo.
—Cuéntanos, Jelic ¿Cómo es que un par tan singular como ustedes llegó a conocerse? —pregunta mientras parpadea insistentemente.
—Es una ladrona —respondo con fastidio—. Todos los Agentes de Paz la conocen y la han golpeado alguna vez —respondo acentuando la palabra "todos".
—Pero —responde alargando la palabra—, sabemos que tú fuiste la única persona que fue a despedirse de ella ¿Puedes decirnos que le dijiste o es demasiado privado? —dice mientras hace una mueca que parece enloquecer a su audiencia.
—Le dije que se iba a morir —respondo con franqueza, lo cual parece frustrarlo un poco en su intento de hacer parecer interesante nuestra "relación"—, solo fui porque me asignaron para escoltarla al tren.
Antes de que pueda abrir la boca decido aclarar algo.
—Ella es solo escoria, ni más ni menos; es lo mismo para mí patearla que patear una piedra por la calle, no hay diferencia entre romperle un brazo o romper una botella de alcohol —agrego con franqueza—. Lo único que la hace entretenida son sus patéticos esfuerzos por sobrevivir.
—Todos en el Capitolio han tenido el ojo puesto sobre ella desde que se hizo con nuestro premio súper especial de una cita nada más y nada menos que con Rowan Greyfox, nuestro Vigilante en Jefe. —El público hace un gran bullicio—. Ahora cuéntanos, ¿qué opinas del rendimiento de Rail en la Arena? —decide cambiar de estrategia y me molesta reconocer que ha dado en el clavo o que alguien debe de haberme investigado muy bien, una de las pocas cosas que logran soltarme la lengua es comentar los Juegos.
—Ha sido estúpida, tuvo a dos jugadores fuertes a sus pies, listos para rebanarles el cuello y no lo aprovechó —respondo molesto.
—¿Te refieres a sus aliados? —pregunta lo obvio para iluminar a los Capitolinos más estúpidos—. Creo que alguien no es partidario de las alianzas —dice haciendo un gesto de complicidad con la audiencia.
—Las alianzas en los Juegos son inútiles —respondo con convicción, es algo que aprendí durante el entrenamiento para ser agente—, de nada sirve tener a luchadores fuertes peleando juntos si no fueron entrenados para pelear sincronizados, porque entonces solo terminan entorpeciéndose.
—Entonces debió ser un alivio para ti cuando se separaron.
—Fue poco entretenido, hubiera preferido que se matasen entre sí, es más divertido cuando las alianzas terminan de esa forma.
—Nos contó un pajarito que eres aficionado a apostar sobre los resultados de los Juegos. —No es una pregunta, pero puedo leer en la sonrisa en sus labios que está esperando una respuesta más que evidente—. ¿Apostarás por Rail?
No puedo evitar soltar una risa áspera al recordar sus palabras.
—Eh, Jelic —preguntó con el mismo tono indeciso que usaba cuando era una niña estúpida—. ¿Apostarás por mí?
—Claro que no —respondí sin dudar y ella sonrió como solía hacerlo cuando estaba dolida—. Siempre apuesto por el Dos. ¿Esperabas otra cosa?
—Eres un hijo de perra, Jelic —dijo y retrocedió un par de pasos, previniendo un golpe mío—. Pero supongo que por eso me agradas, no tienes lástima o falsas consideraciones. Eres la persona más auténtica que conozco, tú realmente crees que somos basura y nos tratas como tal.
—No —respondo una vez más sin dudar.
—¿No crees que Rail pueda ganar? —pregunta, exagerando su sorpresa.
—No es más que un gusano —respondo, mientras en una pantalla muestran varias escenas de Rail en los Juegos.
Pero no puedes subestimar la voluntad de un gusano por sobrevivir.
Jeannie Goodkin, 45 años. Kenley Goodkin, Distrito 7
Un chico con atuendo extraño acomoda el micrófono por tercera vez desde hace cinco minutos. No me está mirando a mí, o por lo menos no parece que se dé cuenta de que estoy aquí, aunque yo traiga puesto el artefacto puesto. Se va después de un tiempo, murmurando muchas cosas que no logro entender. Por el tono que lo dice, debería alegrarme que no sepa qué ha dicho.
Nunca, ni en un millón de años, me visualicé en esta posición. Sentada en un banquito de madera, con una cámara inmensa apuntando hacia mi rostro y un joven apuesto preparado para entrevistarme. La razón: no podía ver a mi hija quedando en los finalistas.
No es como si dudara de sus habilidades o algo por el estilo. Solo que... su forma de ser, su carácter, me preparó en la Cosecha para darme cuenta de que, si la Arena no se la llevaba, ella encantada se dejaría vencer.
Tampoco es como si yo pudiera hacer algo. Los dioses decidieron que Kenley fuera de esa manera y sería una completa falta de respeto de mi parte contradecirlos. Eso también explica el porqué, si pudiera, no enviaría dinero para su patrocinio. Si ellos desean que muera de esa forma, así será. Por mucha ayuda que yo mandase. Es algo que mi esposo no entiende y por lo que hemos estado peleando demasiado últimamente.
Los dioses me dieron refugio cuando más lo necesitaba. Les debo mi vida y la de mi primera hija, Cami. Mi destino no era estar al cuidado de ella por lo que no me dio más remedio que darle su mejor oportunidad, oportunidad que claramente no era conmigo. Dejarla ir fue lo mejor que pude hacer.
—Baco Flickerman. —Me tiende la mano el joven, después de un rato. La luz roja de la cámara muestra que comenzaron a grabar ya y no me he dado cuenta—. Un placer.
—El placer es mío —respondo.
Me acomodo en mi lugar, mejorando mi postura y levantando mi rostro.
—Comencemos un poco emotivos, ¿extraña a su hija? —dice con una sonrisa que nada tiene que ver con la emotividad que quería darle a su entrevista.
—Cada día un poco más —le respondo firmemente—. No le deseo esta sensación a ninguna otra madre.
—Es comprensible —asiente con la cabeza—. Debe ser difícil, de un día para otro, el no verla rondar por la casa.
—Lo es.
—¿Qué hay sobre los padres del tributo masculino? ¿Llevan una buena relación?
Es aquí cuando las preguntas se empiezan a poner algo incomodas de responder. Antes de los Juegos, solo había visto a los padres de Brandon un par de veces, un saludo es lo único que llegamos a recibir del otro y eso por mera cortesía. Después de la precipitada muerte de su hijo se encerraron por unos cuantos días. Cuando decidí que era tiempo suficiente para dejarlos velar su cuerpo y sufrir su pérdida, los visité.
Mala idea. Estaban desgastados emocional y físicamente. No hablaron mucho, y cuando finalmente lo hicieron, me soltaron pestes acerca de Kenley. De cómo había traicionado a sus raíces aliándose con otras personas ajenas a su hogar. De cómo ella pudo haber salvado a Brandon, pero no quiso hacerlo. Esa noche me hinqué y recé ante la luna por el alma de mi hija, porque, en el momento en que subió a ese tren hacia el Capitolio, cambió. Pedí por su conciencia, que no está libre del pecado.
—He preferido mantener un poco la distancia desde nuestro último encuentro. Mancharon el nombre de mi hija y la trataron de escoria.
Esa noche pude sentir cómo pedían porque ella tuviera el mismo final que su compañero.
Temí por varios días que esa petición se convirtiera en realidad. Gran parte de estos años me he preguntado cada mañana, sentada en el borde de la cama, qué habré hecho mal para que mi familia pase por tan numerosas pruebas.
"El castigo por el pecado o malas acciones normalmente ve dirigido a los hijos", me había dicho un profeta, horas después de la cosecha. "Así que no pregunte qué tan mala suerte tiene, sino qué han hecho mal su esposo y usted".
Aún puedo sentir el cuerpo de mi tercer bebé en mi vientre, esperando por el día que jamás llegó a nacer.
—¿Cree que Kenley tenga lo necesario para ganar?
Mentir jamás ha sido mi fuerte. Tampoco es que tratara de hacerlo seguido. Mi estilo de vida exige cien por ciento sinceridad ante el prójimo. En momentos como estos, desearía dejar atrás eso y darles la respuesta de una madre que esperan.
Pero yo no soy esa madre. Nunca lo he sido para ninguno de mis hijos.
—¿Sinceramente? Creo que Kenley es muchas cosas, pero una ganadora no es una de ellas.
Baco Flickerman se queda en silencio, con la boca abierta ante mis palabras.
—¿Acaso está diciendo que no quiere que su hija regrese victoriosa?
—¡Por supuesto que no! —exclamo—. Me encantaría volver a verla. Ha hecho buen trabajo de mantenerse con vida y la felicito y la aprecio por ello. Pero no hay que olvidar que otros ocho están en la misma posición. Solo los dioses saben quién merece más ser el finalista. Más aún, quién merece ser el Vencedor.
La entrevista termina, durante media hora varias personas siguen dándome la misma mirada de desaprobación después de que salieran esas palabras de mi boca. El equipo recoge sus cosas y se disponen a irse, es entonces cuando Baco Flickerman se acerca a mí.
—Me alegró haberla conocido— toma mi mano y deposita un beso en ella.
—El sentimiento es mutuo.
—Solo un detalle— posa sus labios cerca de mi oreja—. Los dioses te abandonan cuando más los aclamas.
Renatta Clark, 19 años. Kinsey Alcott. Distrito 11
Fue sencillo decirle a mi hermanito, mirándolo a los ojos, que confiaba en él, que le creía capaz de regresar a casa. O eso pareció, antes de que se lo llevaran, antes de que todo esto empezara realmente.
Pero era mentira. Una mentira piadosa, pero falsa de cabo a rabo. De haber sido cierto no habrían ocurrido tantas cosas desagradables, no habría constatado que, en su ausencia, todo podía ir a peor.
Kayton no estaría detenido, sino dedicado a los campos de cultivo. Mamá continuaría tan amargada como siempre y amargándonos la vida a todos los demás. Amanda seguiría pegada a la televisión, mirando novelas rosas, y no se hubiese casado precipitadamente. Y yo… yo no estaría hoy tan sorprendida, al recibir una comunicación de nuestra alcaldesa en la que me ordena a volver a la que fue mi casa hasta hace tan poco para buscar ropa decente y arreglarme apropiadamente, dado que un entrevistador del Capitolio vendrá al distrito para saber más de Kin.
¿Cómo es que nunca nos dimos cuenta de lo importante que era Kin en nuestras vidas? ¿Cómo es que todo cambió tanto en estos pocos días desde que se fue…? Kinsey era el eslabón débil de nuestra familia, un chico demasiado ensimismado y contemplativo como para destacar en la carnicería que son los Juegos del Hambre, pero el cariño nos hace aferrarnos a una última esperanza e, insólitamente, ha llegado a los últimos nueve. Mi hermanito, el niño al que debí proteger durante todos estos años, realmente tiene una oportunidad de volver…
Me pierdo en mis pensamientos mientras hago, a pie, el camino a casa. Ahora que ya no cuento con la camioneta de Kayton, las distancias se han multiplicado, y el esfuerzo es agotador. Es claro que, de cara a Panem, nuestra tragedia debe quedar silenciada, por lo cual se me ocurre pedirle a Audrey que me acompañe a la entrevista, al fin y al cabo, es la mejor amiga de Kinsey, además, me ayudará a ocultar el hecho de que el papá de Kin ha acabado con la vida de su esposa. Eso puede perjudicar a mi hermano y es mala publicidad para el distrito. Dudo mucho que Amanda quiera involucrarse, lo ha dejado todo claro al irse por su cuenta sin importarle dejarme en el albergue.
Cuando llego a casa, hay dos agentes custodiando la entrada, una medida de seguridad para resguardar la propiedad, pues aún no se ha decidido a quien le darán el cargo de papá y todo lo que nos pertenecía; Nathan es la elección obvia, pero el devenir de los Juegos lo ha retrasado todo. Les entrego la comunicación oficial y me abren paso. Dentro todo luce exactamente igual, la televisión, encendida como corresponde durante la emisión de los Juegos, muestra el recorrido pausado y constante de los trenes, en uno de ellos, Kinsey está dormido, pero no con la expresión dulce que solía tener durante sus siestas, se remueve a cada instante en medio de un sueño tormentoso.
Tengo esperanza, pero no sustituye al miedo. Quiero que regrese a salvo, pero sé que el Banquete, más que representar una oportunidad, resulta ser un gran riesgo. El chico del Cinco va determinado a matar, y la del Seis no se queda atrás, también temo por una traición de su alianza, habiendo llegado tan lejos, un grupo de tres es excesivo.
La cita con el hombre del Capitolio es a las 3 de la tarde, él viajará en aerodeslizador a cada distrito con algún tributo aún vivo, para emitir un resumen de las entrevistas antes de que el Banquete tenga lugar. Subo a mi habitación y saco del ropero un vestido verde jade que aún no he estrenado y unos zapatos negros, sobre mi tocador resaltan unos bonitos pendientes que solían ser de mamá. Creo que no necesito nada más.
Corro al cuarto de baño para darme un breve, pero vigoroso baño. Desde que vivo en el albergue no he tomado una ducha en condiciones, allí no disponemos de agua corriente y el pozo más cercano está a unos cien metros. Los niños ayudan como pueden, pero les es difícil. Al ser un bien preciado, cada uno toma el mínimo necesario, las restricciones van más allá... la ropa y los alimentos... las subvenciones del Distrito son escasas y las donaciones muy esporádicas e inconstantes.
Empecé a ayudar en el albergue cuando terminé el colegio, es un lugar para niños abandonados, locos y unos cuantos ancianos, que sobreviven por la caridad de los pocos que están mejor. Gracias a ellos, ahora tengo un lugar para dormir y algo de comida, pero el trabajo es arduo. Estoy a cargo de 16 niños pequeños, que no me dan tregua.
Salgo de casa con el cambio de guardia y le pido a los agentes que se retiran que me acerquen al centro del Distrito, estoy de suerte porque aceptan sin hacerme suplicar.
La casa de Audrey, aunque pequeña, es bastante céntrica, afortunadamente la encuentro allí, pegada a la emisión de los Juegos. Acepta acompañarme, así que nos vestimos y arreglamos juntas. Después salimos al Edificio de Justicia, ubicado a unas cuantas cuadras, Kayton está recluido aquí y no en la prisión general del Distrito, otra consideración por ser quien es. Espero poder visitarlo cuando esto termine.
El chico que llega del Capitolio no tiene nada que ver con Venus Andros. Es un muchacho de mi edad, con los ojos verdes delineados en negro y los labios sonrosados y brillantes. Un montón de gente le acompaña, generando una caótica explosión de color y ruido; en medio de gritos y órdenes contradictorias, montan un escenario en la amplia sala de reuniones.
Los inmensos ventanales del fondo, decorados con bonitas vides cargadas de fruta, están abiertos de par en par, dejando ver al fondo una larga extensión de cultivos de caña, también conocida como "el mar verde". Ese es el paisaje que enmarca la entrevista, el sol empieza a descender en el horizonte, dándole un brillo dorado a todo el lugar.
El hambre me atenaza y no puedo evitar arrancar distraídamente unas uvas que están a mi alcance. Baco, así se llama el chico, ya aguarda sentado en un silloncito coqueto de color champán, con la cabeza inclinada hacia atrás, supongo que relajándose antes de iniciar el espectáculo. Nosotras nos sentamos frente a él, en medio hay una mesita en la que un pequeño aparato rectangular que emite una voz chillona típicamente capitolina: «Ya sólo te restan dos. Ánimo.»
―Ha sido frenético... Ocho distritos...
«En un par de horas estarás en casa»
El chico desliza el aparatito en un bolsillo de su chaqueta y empezamos a la señal del director, turnándonos para responder las preguntas, Audrey se destaca, haciendo quedar bien a Kin, yo en cambio me muestro tensa cuando la misteriosa mirada de Baco parece entender más allá de mis palabras.
―¿Todavía creen que Kinsey tiene oportunidad de regresar? ―pregunta Baco, sonriendo irónicamente.
―¡Por supuesto! ―repone Audrey de inmediato.
Yo me quedo congelada, traicionada por mis dudas, mientras un nudo en la garganta me impide responder y las lágrimas afloran en mis ojos.
―Seguro que sí, Renatta ―insiste Audrey apretando una de mis manos, dándome ánimos.
Lo cierto es que envidio su seguridad. Yo, definitivamente, no tengo tanta confianza, pero sonrío de todas formas porque, justo ahora, lo que menos necesita Kinsey es que su hermana de la cara en televisión nacional diciendo que no cree que tenga oportunidad. Así que imito a Audrey y decido fingir que sí, que sí creo que Kin puede regresar.
Tev Dunne, 46 años. Teva Dunne, Distrito 12
El equipo de producción está de aquí para allá arreglando el ambiente.
Han sido veinte años, pero teniéndolos a todos revoloteando a mí alrededor me hacen sentir que han sido mil.
Veo a Alaina, mi mujer, estirando su vestido, anticuado y estropeado, para verse mejor frente a las cámaras, aunque sus ojos rojos no se pueden ocultar. Me duele ver como toda su delicada belleza ha quedado tapada bajo una máscara de arrugas, preocupación y sufrimiento que ahora cubre su fina piel, y que se acentuó desde el día que se llevaron a Teva de su lado.
Busco con la mirada a mis tres hermosas hijas y allí las veo, detrás de las cámaras, el retrato fiel de su madre. Aun no entiendo por qué no son parte de la entrevista y menos aún por qué Sage está sentada al lado de mi mujer. Es la mejor amiga de Teva, pero no es parte de la familia. Sus hermanas tienen más derecho de estar aquí.
Todos están distraídos dando instrucciones, al parecer esto se va a alargar. Me levanto pidiendo disculpas y de paso permiso para ir al baño. Algo me dice que la disposición de las sillas me está dando un protagonismo que no quiero, y necesito estar solo.
Camino sin rumbo fijo por la pequeña casa, aunque se encuentra en la zona de los comerciantes, es diminuta y rústica, nada en comparación de dónde vengo. Caminar en línea recta me obliga a llegar a la habitación de Teva. Aún recuerdo el revuelo que se formó cuando Ara pidió dormir sola. Las preciosas gemelas siempre fueron inseparables, incluso para dormir. Pero Ara nunca estuvo de acuerdo en compartir nada, en especial con Teva.
No puedo culparla. Teva ha sido nuestro dolor de cabeza desde que llegó a este mundo...
El único cuarto disponible era el de las gemelas, pero hubiera incomodado a mis hermosas pequeñas. Teva me facilitó el trabajo de tomar la decisión, cuando ella misma propuso lo que yo venía pensando: mudarse al cuarto que servía de despensa al lado de la cocina.
Entro con mucho cuidado al recinto. Ahora recuerdo que desde que Teva tenía ocho años no he entrado aquí. Me sorprende ver lo que hizo con el espacio.
Sabía que Teva tenía el don de la creatividad. Alaina no paraba de contarme la genialidad de nuestra hija, pero esto es increíble.
—¿Qué te parece?
Me sobresalto al ver a mi mujer parada a mi lado.
—Ha pasado tiempo desde la última vez que vine a esta habitación.
—Desde que Teva preguntó por qué ella no podía ser el niño que tú querías que ella fuera…
Se me encoge el corazón.
— ¡Estamos listos! —El escolta rechoncho del distrito nos interrumpe y no puedo estar más agradecido con él. Mi mujer no debe pensar lo mismo, porque lo mira con tedio cuando este le vuelve a pedir que trate de "afinar" su "oxidado" acento capitolino.
—Timeus, ¿detalles de última hora? Eso debiste hacerlo ayer. Para eso te viniste antes. No dejas la costumbre "Tiempeus", ¿cuándo el tiempo será tu aliado? Deja que la encantadora señora sea ella misma, el Capitolio la va a adorar. —El chico se acerca con ademanes finos hacia mi mujer. La abraza con innegable sencillez y a mí me dedica una cordial sonrisa—. Soy Baco. Seré el presentador. No se preocupen, todo saldrá excelente —nos invita a caminar hacia la sala, donde ya todo el mundo está listo para empezar. Al llegar, se dirige a alguien del equipo y agrega—. Por favor, más luz hacia esta chica hermosa. Eres Sage, ¿verdad?
Sage no sabe qué hacer. Los nervios se apoderan de ella. En su cara la sorpresa es la misma que la mía. No sabe por qué ella está aquí en lugar de mis otras hijas.
—Soy Sage, sí.
—Me imagino que ya conoces la dinámica. No tienes que estar nerviosa. Si algo va mal, yo resuelvo.
Hasta yo debo creerle. Tal vez su estilo difiera totalmente del estilo desagradable y afilado de Venus, un cambio, para variar.
La entrevista comienza con mi mujer. Baco es amable, pero tiene un trabajo que hacer, así que no deja pasar la historia de cómo dos capitolinos como Alaina y yo terminamos en los confines de Panem. Mi mujer, con algunas trabas y tartamudeo, cuenta la historia corta y sin "resentimiento" que preparamos. Estábamos seguros que algo así no pasaría desapercibido. Luego pasan a hablar de lo increíble que Teva haya llegado hasta aquí. Yo estoy de acuerdo.
A veces, cuando veo el profundo sufrimiento de mi mujer, quisiera que todo acabara. A fin de cuentas, salir de allí no será una victoria y, conociendo a Teva, quizá sea peor… porque lo he visto, he visto su mirada perdida. La Teva que regrese será peor a la que se fue. Su muerte sería lo mejor…
—¿No lo cree así, señor Dunne?
—Disculpe, no he oído bien su pregunta.
—¿Que si no cree que de ganar Teva sería la mayor alegría para el único distrito que aún no tiene vencedor?
—Sería una inmensa alegría para nosotros, que es lo que nos importa —interrumpe mi mujer, mirándome directamente a mí y no a la cámara.
—¡Claro que sí! Cambiando de tema, Sr. Dunne, viéndolo bien, el parecido de Teva con usted es increíble. Teniendo cuatro hijas, tres de ellas iguales a su madre, ¿podríamos decir que Teva es la especial en su corazón?
Lo veo directo a los ojos, buscando el sarcasmo, pero no lo encuentro porque no está allí, sino en mí…
Nunca he cuestionado mis sentimientos hacia Teva. Sé que han sido muy distintos y no de una manera positiva, si los comparo con lo que siento hacia mis princesas. La quiero, no hacerlo me haría anormal, pero no puedo negar que ha sido diferente, porque ella es diferente.
Ver mi cara cada día en el rostro de Teva ha sido difícil. Ver que no hay conexión, devastador. Mi hija vive en un mundo que no entiendo y no quiero entender. Y va más allá de mi deseo frustrado de que hubiera preferido a un varón. A veces, es como haberlo tenido y eso me da miedo…
Hay algo en ella que no logro definir y sé que ni ella misma lo sabe. Su confusión me atemoriza y no quisiera ser yo quien descubra lo que pasa en el mundo profundo que ha creado en su interior.
—Es especial, no hay duda de eso —es todo lo que logro articular.
El brillo de los ojos de Baco me hace pensar que él sabe que lo es.
—Sage, sabemos que Teva para ti es muy especial. ¿De qué manera lo es?
—Es mi mejor amiga… —La chica está colorada.
—¿Solo tu mejor amiga? ¿No hay otra cosa más especial?
Conozco el cinismo de los capitolinos, yo fui uno de ellos alguna vez, pero es difícil encontrarlo en la voz de Baco. Pareciera que quisiera hacer un favor… a Sage, pero en especial a mí. El chico continúa:
—Veras, yo sé mucho de los amores especiales que se puede sentir, solo hay que darles forma y entonces todo queda más claro —se dirige a mí cuando agrega—. Es más fácil cuando tienes apoyo.
Le hace otra pregunta a Sage que la vuelve a poner incómoda. Veo el rostro de mi mujer y un sabio entendimiento se apodera de su expresión.
No consigo decir nada más durante el resto de la entrevista.
Oficialmente estamos al borde del Banquete y por ahora solo tienen que sentarse y disfrutar de lo que viene. No hay POV de Vigilante porque habría sido presentar un resumen de las entrevistas y no lo consideramos necesario.
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Una observación: hemos ordenado los POVs de este capítulo por número de distrito, sin embargo, algunas de las entrevistas se enfocaron en cosas dentro del Capitolio, por lo que no siempre se maneja un orden cronológico de realización, como habrán notado en los POVs de Bounder y Mana. Por si acaso estaban algo confundidos con la cronología del capítulo.
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Preguntas:
1. POV favorito.
2. Si fueras Baco, ¿qué pregunta te gustaría hacer sobre qué tributo?
3. ¿Qué enfrentamientos esperas para el Banquete?
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La dinámica de los reviews se mantiene: la idea es dejar comentarios personalizados en forma de feedback para quienes escriben. El respeto y la tolerancia serán más importantes que nunca porque ahora se pone más dura la cosa en cuanto a muertes y ya en cualquier momento puede caer cualquiera.
Manejemos el tema con madurez.
El seguimiento sigue siendo muy importante. Los personajes al día en este momento son: Amber, Adler, Bounder, Mazer, Mana y Kinsey.
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Les repetimos la lista de equipos:
Elenear28: Mana, Mazer, Rail y Kinsey
Coraline T: Adler, Bounder y Teva
HikariCaelum: Amber y Kenley
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IMPORTANTE: Como les decíamos al principio, pueden relajarse y disfrutar de lo que está por venir porque, para darles una vista más amplia de todo, lo que está por venir, nuestro esperado Banquete, será narrado por Rowan, Arah y Cherise; así que pueden tomarse un merecido descanso porque esta semana no tienen nada que entregar.
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¡Gracias por leer! Saludos E, Cora y Hikari.
