La otra Mujer

Capitulo 25

"Pesadillas"

Una mujer de larga cabellera negra se incorpora un poco de la cama. Era ya bastante el tiempo que llevaba sintiéndose así: mal.

Eran las diez de la mañana, jamás desde que trabajaba se había levantado tan tarde, pero de un tiempo a acá no le interesaba mucho si era temprano o tarde. Se levantó con dificultad de la cama y caminó a su tocador, observó su reflejo; No era la misma de siempre, no era la misma mujer feliz, algo había cambiado.

Caminó hacia el baño y lavó su rostro. Sus ojeras estaban bastante marcadas y su rostro pálido. Parecía que la vida se le iba lentamente del cuerpo ¿lo peor? No le molestaba en lo más mínimo.

El ruido del teléfono la hizo salir de sus pensamientos. Caminó hacia su buró.

- Hola- Dijo ella extrañada- ¿tú?...si, deja conseguir donde anotar.

La mujer de ojos amatista abrió su cajón para sacar una pluma y pedazo de papel. Anotó los datos que la persona le decía por teléfono.

- Voy para allá.

Rei colgó el teléfono y abrió su armario, sacó un montón de ropa y la guardó en la primer maleta que encontró. Dejó una nota sobre la cama y salió de prisa, solo se detuvo en el estudio a sacar unos papeles.

-000-

Regreso de la editorial en compañía de Raymond. A pesar de que su hermana ha vuelto él no se ha desentendido del trabajo. Lo veo un poco menos tenso. Imagino que lo tranquiliza más saber que su madre no está sola.

Llegamos a casa y me extraña el silencio en ella. Desde que Danielle volvió el silencio no era una característica de éste hogar.

- Okka-San. Regresamos- Grita Raymond- ¿Okka-san?

- ¿No te parece que la casa está muy en silencio?-Le digo.

De pronto escuchamos estacionase un auto, el Jeep Liberty de Motoki. Minutos después entran Danielle, Andy y Motoki.

- Hola, Hermanito- Saluda la pelinegra.

- Danielle ¿no estabas? ¿dejaste sola a Okka-San?- Reprocha el mayor de los Spencer.

- Salimos solo un instante, Ray- Explica ella- Fuimos a casa de tía Mako, nada más.

- No debiste dejarla sola- Reprocha Ray.

- Ray, calma- Pide Andy- Solo fuimos a casa de mamá por algo de comer. Mamá preparó una sopa para tía Rei.

- Si, amigo. Tranquilízate- Le pide Motoki- Solo fue un instante, seguro tía Rei está en su habitación.

En ese momento Satsu apareció por la puerta con algunas bolsas de víveres. Los ojos de Raymond se tornaron rojos y parecían salírsele del rostro.

- Satsu. ¿no estabas en casa?- Se escandaliza Raymond.

- No, joven Raymond. Hoy es martes. Es día que voy a hacer las compras de la cocina ¿lo olvidó? Salí desde temprano.

- Danielle. ¿saliste de casa dejando a Okka-San COMPLETAMENTE SOLA?- Se enfurece el muchacho de cabello negro.

- Calma, Ray. No pasa nada- Bufa ella.

- Inconsciente- Gruñe Raymond.

- ¡Ray!

El mayor de ambos no deja a su hermana continuar su explicación. Da media vuelta para subir las escaleras y entrar a la habitación de su madre. Vuelve dos segundos después con el rostro pálido.

- Okka San se fue...

- ¿qué?- Se extraña Danielle.

- Dejó ésta carta- Le explica su hermano mayor extendiéndole el papel que ella arrebata de las manos del chico de ojos amatista.

- trae acá- exige la pelinegra.- Queridos hijos: Me ausentaré unos días. No se preocupen. Estaré bien. Los quiere: Su madre.

Danielle arquea la ceja de la misma forma que lo hace Rei cuando algo no le parece. Luego arruga la hoja y la arroja al suelo.

- ¿qué demonios le pasa a mamá?- Bufa ella.

- Si no la hubieras dejado sola no se habría ido- Regaña Raymond.

- ¡tu siempre me culpas de todo!- Se queja la hermana menor- Mamá es mayor y toma sus decisiones.

- ¡está enferma, Danielle!- Le grita Raymond- No está en condiciones de viajar, no está en condiciones de estar sola. Es peligroso para ella.

- Mamá está deprimida. Eso es todo, Ray. No seas dramático- Gruñe la muchacha de ojos azules.

- Eres una inmadura y siempre lo serás. Tú no entiendes nada- Dice Raymond para luego dar media vuelta y subir las escaleras dejando a Danielle sola con nosotros.

- ¡ay, siempre hace lo mismo!- bufa la chica de melena corta y sale hacia el pórtico.

- Iré con ella- Nos indica Andy para luego salir tras la explosiva chica.

Motoki y yo nos quedamos a solas, en un incómodo silencio.

- y...¿cómo estás?- Me pregunta él.

- Bien.

- ¿quieres ir por un helado?- Me ofrece.

- No. Gracias. Prefiero descansar.

- Bueno...tal vez otro día...

- Tal vez.

Casi cierro la puerta en la cara del rubio, luego voy a la cocina y me sorprende no ver a Satsu ahí.

Tomo un vaso de agua y salgo, veo a Danielle cerca del lago hablando con Andy, por lo que puedo ver, él trata de tranquilizarla, se ve realmente molesta.

Prefiero no acercarme, se ve a leguas que a esa chica no le agrado nada, por lo que tomo el camino opuesto a donde está ella, un lugar de la casa a donde no había ido nunca.

Me topo con una construcción peculiar separada de la casa. Me dejo llevar por la curiosidad y me acerco, adentro puedo ver a Satsu orando. Intento asomarme pero ella se percata de mi presencia y se pone de pie prontamente para luego cerrar la puerta a sus espaldas, casi me saca a empujones de ahí.

- Señorita, usted no debe estar aquí- Me regaña.

- Lo siento, Satsu. No quise importunarte- Me disculpo- ¿qué es ese lugar?

- Es un lugar privado y le recomiendo no volver a pararse por aquí. Solo es para la familia, señorita- Explica la sirvienta.

- ¿entonces qué hacías tú adentro?- Le regreso.

- Los señores me lo han permitido. Y si se pregunta qué hago aquí; Vine a orar por ellos. La ausencia del señor es muy extraña y la salud de la señora está cada día más debilitada.

- Ya veo...- Digo mientras ambas entramos a la cocina- Les aprecias mucho. ¿verdad?

- A ambos les debo todo, Señorita- Me cuenta Satsu.

- No es la primera vez que me lo dices. Dime ¿qué es lo que les debes- Interrogo.

- Ellos fueron las primeras personas buenas conmigo.

- No te entiendo, Satsu.

- Es una historia larga, Señorita- Argumenta.

- Entonces ¿quieres un poco de té?- Le ofrezco mientras sonrío

Ella accede y yo tomo el té que ya estaba sobre la estufa para servir dos tazas. Satsu toma aire y luego me observa, veo en sus ojos el mismo pasado tortuoso que aun a veces puedo ver en Rei. Un nudo se ve en su garganta y las lágrimas se asoman por los ojos negros de esa mujer.

- No puedo. Perdone, señorita. Pero no puedo...

Satsu deja la taza de té que le había servido y sale corriendo. Yo me siento algo frustrada y decido ir a mi habitación.

Cierro la puerta con seguro y me tumbo sobre la cama. Observo la computadora de mi padre, hace días que lo la enciendo.

Tomo el equipo entre mis manos y la enciendo. Entro a aquel diario virtual que llevaba mi padre y lo abro. Imagino que ahora que no está Rei será mi padre quien me contará su parte de la historia...

Tokio 1992

Su sueño no era tan tranquilo como lo hubiera deseado. A menudo cuándo él estaba fuera de Tokio ella tenía problemas para conciliar el sueño.

Aunque su pareja salía muy a menudo de Tokio ella no terminaba de acostumbrarse a dormir sola. Sin darse cuenta solía abrazarse a la almohada y aspirar su aroma.

Sintió unas manos acariciar su silueta por sobre las sábanas. No quiso abrir los ojos por miedo a tratarse de un sueño de eso de los que no quieres despertar.

Aquella mano se deslizó de sus caderas a su pecho y de su pecho su cuello, pero algo en ese toque la hizo saber que no era el hombre que imaginaba el dueño de esas manos.

La mano que estaba en su cuello cubrió su boca con agresividad, haciéndola abrir los ojos sabiendo que algo no estaba bien. Fueron esos ojos llenos de odio, esa piel morena pero sobre todo ese olor, ese olor que la hicieron sentir repugnancia los que la ayudaron a identificar en medio de la obscuridad a aquella tosca figura.

- Chao Ragazza- Dijo aquella voz- ¿me extrañaste?

Rei sintió aquella sensación que creyó haber olvidado luego de tanto tiempo y se sentía igual que hace tantos años.

El ser repugnante levantó del cuello a la mujer de cabello negro, presionándola contra su pecho, hablándole en un pésimo japonés.

- ¿Me extrañaste, Ragazza?

Aquella mano impedía a la mujer de ojos amatista dar respuesta alguna. Sentía el mismo terror que cuan era una muchachita, solo que ahora sus miedos eran por motivos diferentes: Raymond y Danielle.

Il Diavolo se dio cuenta de la reacción de la mujer pelinegra que se esforzaba por soltarse de aquel hombre, de aquel monstruo. Él supuso lo que pasaba por la cabeza de su víctima y mostró sus manos ensangrentadas a Rei.

- Imagino que te preocupas per i vostri bambini. Ellos ya no nos molestarán.

- ¿qué les hiciste a mis hijos?- Interroga enfurecida ella consiguiendo liberar su boca de aquellas asquerosas manos.

- Ya no nos molestarán- Vuelve a repetir él- La pequeña me recordó mucho a ti. Lloraba de la misma forma que lo hiciste tú.

- ¡Maldita bestia, te mataré!- Asegura la mujer forcejeando con aquella impactante figura.

- No, Ragazza. Eso es lo que yo he venido a hacer- Se burla con risa sepulcral aquel hombre- A terminar lo que dejé pendiente.

Aquel hombre de piel bronceada sacó su vieja navaja del bolsillo, acercándola al cuello de Rei, sintió como si el tiempo hubiera regresado atrás.

Él movió la obscura cabellera de la mujer de ojos amatista, disfrutando al ver las huellas de su maldad plasmadas en el cuello de ella. Se acercó a olfatearla como un cazador y volvió a reír.

- Me encanta el olor del miedo.

- Suéltame, infeliz- Exigió ella, pero aun ahora que ya no era más una niña, sintió como su fortaleza no eran suficientes para librarse de aquellas manos que tenían el poder de cien bestias.

- Ragazza, aun no nos divertimos lo suficiente- comenta entre burlas el italiano- ¿recuerdas lo bien que lo pasábamos?

- me das asco- Escupió Rei forcejeando con aquel hombre y sintiendo como algo de sangre corría por su cuello.

- ya veo de dónde salió el carácter de tus chicos. Es una verdadera lástima que no les sirviera, murieron tan pronto-se ríe Il Diavolo- Pero cuando terminemos de divertirnos te reunirás con ellos.

Las palabras de aquel hombre cayeron en seco en la cabeza de Rei. Una furia jamás conocida antes se adueñó de ella, librándose de aquel hombre, empujándolo contra el suelo.

- Te mataré, te juro que mataré. Grita una y otra vez la pelinegra arrebatando de las manos de ese monstruo aquella navaja vieja, encajándolo una y otra vez en el pecho de ese hombre, sintiendo como las gotas de sangre brincaban a su rostro a sus ropas.

- Rei, Rei- sacude con preocupación el preocupado hombre inglés.

La mujer de ojos amatista abrió sus ojos. Parecía que su sueño había sido demasiado perturbador para ella, había estado frunciendo el ceño y desde unos minutos atrás se agitaba con desesperación.

- ¿dónde está?- Interroga Rei despertando con agitación.- Darien, los niños: Dany, Raymond.

- ¿dónde está quien?- Se preocupa él- Linda, tenías una pesadilla. Estabas gritando. No te preocupes, los chicos están bien, hace unos instantes regresé de sus habitaciones, duermen como angelitos.

- ¿una pesadilla?

- Si, linda. Solo una pesadilla- Tranquiliza el pelinegro removiendo un mechón de cabellos mojados de la frente de su mujer.

Él abrazó a la mujer de ojos amatista que estaba temblando. Un dolor, una punzada en el cuello la hizo llevarse la mano esa parte de su cuerpo, estaba mojada de ¿sangre?

- Rei, ¿te lastimaste?- Pregunta él revisando el cuello mojado de su mujer, levantando la almohada para buscar el objeto causante de aquella herida.

- No te preocupes, no es nada. Tal vez me lastimé con tanto movimiento- Dice ella.

- Tu herida es bastante vieja, amor. Aunque las marcas son demasiado profundas. Sigo insistiendo en que deberíamos buscar a algún cirujano plástico que las desaparezca.

- Por más que las borren de mi cuerpo jamás podría olvidar el infierno que viví- Cuenta ella con tristeza.

- ¿sobre eso era tu sueño?-Interroga él- ¿quieres hablar de tu sueño?

Rei desvió la mirada. Se veía perturbada con aquellas palabras.

- ¿te parece si lo hablamos mañana?- Pide ella- Ya es bastante tarde.

Él la conocía bastante bien. Sabía que no estaba lista para hablar de eso. Enredó sus brazos en la pequeña cintura de Rei y ella recargó su cabeza en el torso de él, tal vez tenían mucho por decirse pero esa noche no hablarían más del tema.

La mañana llegó más rápido de lo que hubiera imaginado. Cuando abrió los ojos el reloj marcaba las diez y se sobresaltó por ello, era martes por la mañana y debía de haberse levantado a llevar a los chicos al colegio. Darien no estaba en la cama, pero estaba segura que la noche anterior él había estado ahí ¿o lo soñó?

Se envolvió en la bata que tenía sobre la cama y fue al baño a lavar su rostro, tal como lo recordaba tenía una de sus heridas del cuello abiertas. Pasó una toalla húmeda para limpiar la sangre y lavó sus dientes.

Bajó las escaleras siendo seducida por el olor que provenía de la cocina, no lo soñó; Darien estaba ahí.

El alto pelinegro estaba ya sentado en el comedor leyendo el periódico y el desayuno servido. Rei se acercó al hombre sentado en la cabecera y besó suavemente sus labios, él hizo algo más y tiró de la cintura de ella, haciéndola caer sobre sus piernas.

- debiste despertarme- Reprocha ella apenas ha separado sus labios rojos de la boca de su esposo.

- Preferí que durmieras, tuviste un sueño bastante intranquilo- Explica Darien- Fui a llevar a los chicos a la escuela, creí que dormirías hasta tarde.

- No debiste preocuparte, fue solo una pesadilla- Minimiza Rei.

- Tal vez, pero desde que estamos juntos jamás habías tenido una pesadilla tan perturbadora. ¿está todo bien?

- Si. Nada de qué preocuparse- Dice ella sonriendo fugazmente al hombre ante ella, luego se levanta y toma su lugar en la mesa, él le sirve algo de jugo y café- Me encanta que estés aquí.

- Sabes que daría mi vida por no tener que separarme nunca de ti.

- Lo sé. Pero es tu trabajo y ambos lo supimos siempre- Recuerda la pelinegra- Lo entiendo, solo...a veces es difícil no tenerte a mi lado.

- Siempre pienso en ti, lo sabes ¿verdad?- Interroga Darien mirando con sus ojos azules a la mujer a su derecha.

- Lo sé.

Rei desvía la mirada y toma un pan tostado de la mesa para colocar sobre él los huevos revueltos que Darien preparó.

- Extraño a tu madre- Confiesa ella.

- ¿tan mal cocino?- Ríe el pelinegro.

- No, no. No es por eso. Solo es que me he acostumbrado tanto a tenerla aquí con nosotros que cuando se va a visitar a Seiya se siente un vacío en casa. Con ella es con quien charlo cuando tú te vas a Londres.

- Con ella y con Mako- Corrige Darien.

- Si, con ella y con Mako.

- Amor. Sé que no te gusta hablar del tema Pero creo que debo insistir, necesitas conseguir ayuda. Cuando mamá sale de viaje veo que se complican más las cosas para cuidar a los chicos, tú te vas a la editorial, yo al banco y a veces siento que Danielle terminará incendiando Mako´s Garden. - Dice él.

- Sabes que no me gusta. No me agrada tener gente extraña en casa. -Recuerda ella- Además, me las puedo arreglar sola.

- Trabajas demasiado, la casa es inmensa y necesitas a alguien que te ayude con los chicos- Insiste Darien.

- Lo pensaré ¿te parece?- Ofrece ella dando por terminado el tema.

- Bien...Pero piénsalo de verdad ¿quieres?- Pide él.

- Sí, claro...-Reniega Rei mientras toma el periódico entre sus manos- ¿qué hay de nuevo en Tokio?

- Los mercados caen, la temperatura aumenta y mi zudoku es complicadísimo- Cuenta el de ojos azules mientras da un sorbo a su café.

- Eso dices siempre y lo terminas en dos segundos- Se ríe ella.

Rei hojeó el periódico buscando algo de interés, la verdad era que leer malas noticias no le gustaba mucho. Darien tenía razón, nada interesante venía en aquel papel, hasta que llegó a la nota central que la hizo arrojar el periódico al suelo con clara muestra de horror. Darien notó inmediatamente su reacción, la vio palidecer, la vio temblar y supo que algo no andaba bien con Rei, sin preguntar nada se levantó a tomar el periódico para encontrarse con la nota que había asustado tanto a su mujer "Policía descubre un cadáver más"

A grandes rasgos la nota hablaba sobre una jovencita que habían encontrado cerca de los basureros de la ciudad. Había sido degollada y encontraron en ella múltiples muestras de tortura y sodomía, pero sobre todo, con siete heridas en el cuello. Una vez más el asesino misterioso había hecho de las suyas. Al parecer no era el primer cadáver de fémina que se encontraba policía en la última semana. Parecía tratarse de algún asesino serial.

Sin darse cuenta la mandíbula le temblaba. Un escalofrío le recorría la piel.

- Rei, ¿estás bien?- Pregunta él tomando su mano.

- Iré a darme un baño- Responde ella sin esperarse a escuchar la réplica.

Subió las escaleras hasta llegar a la habitación. Entró al baño quitándose el camisón. Abrió la ducha helada y se metió bajo el chorro de agua. No sintió lo frío ni sintió nada más.

Creyó que el agua le ayudaría a poner en calma sus pensamientos, pero no fue así. La cabeza le daba vueltas, sus labios se secaron, una fuerte opresión en su pecho la hizo sentir que el aire le faltaba, no podía respirar, esa angustia que sentía iba mucho más allá de lo que había sentido antes, ese terror, ese miedo la paralizaron.

No se percató de la presencia del hombre de espalda ancha que se metió a la regadera para abrazarla con fuerzas, no se necesitaban palabras para saber que algo la tenía muy mal.

Al sentir el contacto de aquellos brazos se sintió desmoronar. Las lágrimas corrieron por sus ojos y el llanto vino después, no sentía más que el calor de aquel cuerpo que la sujetaba como si la vida se le fuera en ello, luego de eso no fue consciente de sí hasta que despertó una hora después en su cama, Darien la observaba con preocupación.

- Hola- La saludó intentando ocultar su preocupación, sentado en el otro costado de la cama.

- ¿qué hora es?- Le pregunta Rei llevándose las manos a la cabeza.

- Casi es medio día, amor. No te preocupes, ya avisé a la editorial que tienes un resfriado y no te presentarás hoy. Yo tampoco iré al banco- Dice él.

- Darien, tengo que ir. Tengo mucho trabajo pendiente y...

Él colocó su dedo índice sobre los labios de ella impidiendo que continuara su argumento.

- y nada, puedes trabajar desde casa por el día de hoy. No te dejaré salir así, aun luces pálida- Cuenta él acariciando la mejilla de Rei- ¿fue la nota del periódico la que te puso así?

Interroga el pelinegro notando como el rostro de su mujer se turba con la pregunta.

- Es él, Darien- da por toda respuesta la mujer de ojos amatista.

- ¿estás segura?- Pregunta el pelinegro.

- Si. Las cicatrices de esa chica son iguales a las mías, la tortura...- ella se atragantó al tocar el tema- y está en Tokio. Está aquí.

- ¿Te preocupa que pueda hacerte algo?- pregunta él

- No- Responde ella ganándose la sorpresa de Darien- Me preocupa que le haga algo a Dany o a Ray o incluso a ti...

- Eso no pasará- Asegura él- Ya no estás sola. Ya no eres esa niña desprotegida a la que alguna vez lastimó.

- No sabes el demonio que es él, Darien. No lo sabes

- Tal vez no. Pero aun así, él no volverá a lastimarte. Te pondré una escolta para que te cuide a ti y a los niños.

- No es necesario.

- Claro que lo es. Ese tipo es un sanguinario y no me arriesgaré ni un décimo a que les pase algo, me moriría- Asegura Darien- Además. Hablaré con el jefe de policía. Estoy seguro que con una buena recompensa para quien de información, no faltará quien lo delate.

- ¿de verdad harías eso?- Se sorprende la pelinegra.

- Por ustedes lo haría todo, lo sabes- Promete él besando su frente.

- Si. Lo sé.

Ese día ninguno de los dos salió de casa. Makoto y Andrew recogieron a Raymond y a Danielle de la escuela y los llevaron de paso. A los niños les extrañó que sus padres no propusieran llevarlos al parque o por un helado pero la pasaron bastante bien jugando en el jardín.

Para Rei por más que se esforzaba en relajarse le era imposible. La imagen de aquel hombre italiano apareciendo por el cancel de la casa la aterraba cada minuto más, sabía que no tendría paz hasta que ese hombre estuviera tras las rejas.

Tal como Darien lo prometió, al día siguiente media docena de hombres vestidos con traje negro aguardaban en la puerta de su casa, ella intentó relajar el momento preguntando si era una especie de "regalo especial" pero no lo eran, se trataba de su nueva escolta de guardaespaldas, dos de ellos vigilarían la casa de planta en todo momento mientras dos más irían al instituto de los niños a vigilar y dos más acompañarían a Rei a la editorial, la idea no le agradaba en lo absoluto pero tampoco le agradaba saber que Il Diavolo estaba en Tokio.

Ir de compras al centro comercial con cuatro escoltas no era precisamente la cosa más cómoda del mundo, pero los chicos crecían de prisa y las compras de ropa para ellos no podía esperar más.

Los hermanos Hansford fueron dejados en el área de juegos junto con Raymond, es por demás decir que dos de los escoltas tuvieron que hacerla de niñeros con muy malos resultados. Motoki y Andy eran terriblemente traviesos e hicieron ver sus suerte a aquellos pobres hombres.

En las tiendas infantiles Sayuri y Danielle hacían berrinche al negarse a medir las ropas que sus madres les elegían. Esas chicas estaban más que acostumbradas a trepar árboles y correr por los jardines por lo que unos vestidos largos no eran su elección favorita de ropas.

Luego de que Rei y Makoto entregaran a las niñas un centenar de ropas para medirse y enviar a los escoltas a vigilar los probadores, Makoto aprovechó el silencio para encarar a su amiga.

- ¿me quieres decir qué es lo que pasa?

- ¿por qué lo dices?- Finge Rei.

- Ni la familia real de Inglaterra viaja con tantos guardaespaldas, Rei. ¿qué es lo que pasa?- Insiste Makoto.

- Fue idea de Darien. Sabes cómo es de exagerado- Desvía la pelinegra.

- No me preocupa su exageración. Él siempre lo ha sido. Lo preocupante es que tu aceptaras. Te conozco, sé que a menos de tener una razón de peso, ni loca aceptarías semejante locura. ¿qué pasa?

- Pasa...-respira la pelinegra- Pasa que él volvió.

- ¿él?- Duda Makoto- ¿de quién hablas?

- De quién me hizo éstas cicatrices- Explica la pelinegra recogiendo su cabello y mostrando las marcas en su nuca- Él está en Tokio, Mako.

- Il Diavolo...-Murmura Makoto con preocupación- ¿crees que el asesino de los periódicos sea el mismo?

- No lo creo. Estoy segura- Dice con seriedad la pelinegra.

- Bueno, pero aunque así sea. Él no podría reconocerte, han pasado tantos años...

- tal vez, pero no dejo de tener esos sueños. Me da pavor que un día aparezca e intente hacerles algo a los chicos- Explica Rei.

- No pasará, amiga. Calma. Verás que un día de estos dan con él. Dice Andrew que el British International Bank ofrece una suma bastante fuerte de recompensa a quien de información o entregue a ese hombre y ahora entiendo el porqué.

- él cree que servirá de mucho. Yo solo quiero que todo termine. Me aterra pensar que pueda hacerle algo a mi familia. - Explica la escritora.

- Nada les hará- Tranquiliza Makoto.

La conversación de aquellas mujeres fue interrumpida por el grito de terror de Danielle. A pesar de no estar la madre de la niña a más de diez metros del probador, fue una distancia eterna la que recorrió.

Los escoltas llegaron cinco segundos después de aquella pantera que encontró a su hija con esos ojos azules abiertos como platos, casi paralizada.

- Dany, ¿qué pasa?- Le pregunta Rei que abraza a la niña que rompe en llanto.

- Un señor se acercó, Tía- Explica Sayuri que también se veía agitada- hablaba muy extraño, llamó a Dany "Ragazza"

- ¿qué?- Interroga la madre de la niña palideciendo

- Pero no te preocupes, yo lo mordí y con el grito de Dany salió corriendo- Explica triunfal la pequeña rubia.

- ¿qué ustedes no estaban cuidando a las niñas?- Regaña Makoto a los guardaespaldas.

- Solo nos descuidamos un segundo, señora- Se apenan los hombres de negro.

- Mako, Vámonos. Ya no estoy tranquila aquí- Pide Rei levantando en brazos a la niña de ojos azules.

- Si. Vamos por los chicos- Apoya la castaña tomando en brazos a la niña rubia.

Ambas madres salieron de la tienda departamental con las pequeñas y los chicos revoltosos. Era tanta su preocupación que no notaron en ningún momento que alguien las observaba desde las sombras...

-000-

Las horas se le hacían eternas a aquel hombre de ojos azules para regresar a casa. No lo tenía nada tranquilo saber que aquel malnacido estaba en Tokio, menos aun que Rei hubiera decidido salir de compras con los chicos con todo lo que pasaba. Por más que lo había intentado no consiguió que su mujer se quedara en casa, con todos sus esfuerzos apenas y logró que aceptara que cuatro escoltas los acompañaran al centro comercial.

Rei decía que no quería ser presa de sus miedos pero para él, su mayor miedo era perderla.

El sonar de su teléfono lo hicieron salir de sus pensamientos.

- Diga- Contestó de mala gana mientras sujetaba el portaretratos con la foto de él y su familia- ¿qué quieres, Endymion?. No, no es un buen momento. No puedo ir a Londres ahora...Si, sé que también son mi familia pero ahora son Rei y mis hijos los que me necesitan aquí.

Un silencio se hizo por parte del hombre de cabellos negros que bufó

- Tomaré el primer vuelo por la mañana.

Darien colgó el teléfono con tal fuerza y tal coraje que terminó astillándolo y dejándolo inservible. Nada le molestaba más que tener que ir a Londres.

Esa noche al llegar a casa le extrañó no encontrar a los chicos jugando en la sala o a Rei en alguna parte de la planta baja, la casa estaba a obscuras.

Encontró a su mujer sentada en el piso de la habitación con las luces apagadas, miraba hacia al suelo pero se notaba que su pensamiento estaba mucho más allá de eso.

- Rei...¿qué ocurre?- Le preguntó mientras encendía la luz.

- Quiero que cambies a los escolta- Exigió Rei con seriedad.

- ¿por qué?- Se extraña él.

- ¡Porque esos imbéciles no sirven para nada!- Se enfureció ella mientras se ponía de pie y se sentaba en su tocador.

- Si tu lo quieres los cambiaremos, Pero dime por favor, ¿qué ocurre?

- Ese hombre estuvo a punto de hacerle algo a nuestra hija en el centro comercial, si no es por Sayuri...

- ¿estás segura que era él?

- ¡No estoy loca, Darien!- Se enfureció ella- ¡claro que era él! Me encontró y no descansará hasta que termine su propósito

- Rei, amor. Tranquila. No estoy diciendo que estés loca. Eso solo que en los últimos días has estado muy intranquila y tal vez el cerebro te jugó una mala pasada- intenta calmar él abrazando por la espalda a la pelinegra.

- ¿desde cuándo me crees tan idiota?- Reclama ella mientras se pone de pie empujando a su pareja, caminando a la puerta.

- ¿a dónde vas?- Pregunta él extrañado.

- Dormiré en la habitación de tu hija. Tal vez para ti éste peligro no es real pero para nosotros es más que palpable.

Ella dio media vuelta cerrando la puerta de la habitación dejando a Darien a solas con sus pensamientos, lanzó una maldición por lo bajo y luego salió tras su mujer, encontrándola en el pasillo.

- ¡Rei!- La llamó.

- ¿qué?

-No me gusta cuando haces las cosas de ésta forma- Reclama él acercándose a su mujer, poniéndose de frente.

- ¿cómo estoy haciendo las cosas, Darien?- Pregunta ella en un tono molesto.

- Así. Molestándote por todo y dejándome fuera de esto- Evidencia él- Sabes que para mí los chicos y tu son lo más importante, no me gusta que me trates como si para mí no lo fueran.

- Y yo detesto que dudes de lo que te digo. Si te estoy diciendo que era Il Diavolo es porque lo era ¡no estoy loca!- Se desespera ella.

- Es que me gustaría de todo corazón que estuvieras equivocada, amor- Responde él con sinceridad ganándose la mirada sorpresiva de ella- Me aterra la idea de que un hombre tan sanguinario se acercara tanto a Dany o a ti...

- Fingir que no pasa no va a servirnos de mucho...

- Lo sé. Perdóname... - Pide él abrazándose a ella, reflejándose en sus ojos amatista- Te prometo que ese hombre no volverá a hacerte daño...

- No puedes prometer algo así

- No importa lo que tenga que hacer, Rei...ese hombre no cumplirá su cometido.

- Papi, mami...-Los llamó una suave voz

- Danielle, ¿te despertamos?- pregunta la madre algo apenada.

- Oí sus voces- Acepta la pequeña.

- Ibamos a ver cómo estabas- Le dice el padre tomándola en brazos.

- ¿Puedo dormir con ustedes?- Interroga Danielle- Tuve pesadillas

- Claro que si- Acepta Rei alborotando el cabello de la niña- Vamos a dormir.

- ¿Okka-San?- Se escucha la voz de Raymond al final del pasillo

- Ray, ¿qué ocurre?- Le pregunta Rei extrañada.

- ¿También puedo dormir con ustedes hoy?- Pide tembloroso el chico.

- Claro que si, campeón. Ven con nosotros.

El chico Corrió a abrazarse a su madre y los cuatro entraron a la habitación. Aunque Raymond no lo decía abiertamente, también tenía miedo. También había escucha hablar de todos esos asesinatos y también al igual que su madre, llevaba días teniendo pesadillas sobre un hombre fétido de acento italiano que entraba a su casa para asesinar a sangre fría a todos los que vivían ahí, aunque claro; eso era algo que Raymond no le había contado a nadie.

Conforme los días pasaban, la situación empeoraba en Tokio. Lo que empezó como un simple chisme, una nota amarillista llegó a convertirse en una psicosis colectiva en toda la ciudad. Todos los días aparecía un cadáver más en las zonas solitarias de Tokio, todos esos cadáveres eran muchachitas no mayores de quince años y claro está todas ellas mostraban claras muestras de tortura sodomía y sobre todo esa horrible cicatriz en sus cuellos antes de ser degolladas.

La gente dejó de salir a las calles, los parques estaban solitarios y la policía nerviosa, otros bancos apoyaron la iniciativa del British International Bank y ofrecieron algunas cantidades más de recompensa a quien presentara al Diavolo, vivo o muerto...

Darien consiguió despertar la furia de su padre ya que a pesar de sus amenazas no había conseguido que su primogénito volviera a Londres, nada lo haría mientras ese asesino estuviera solo por las calles.

Esa mañana como desde hacía varios días, Raymond y Danielle no se fueron al colegio en el transporte escolar, mucho menos se fueron con los Hansford, sino que fueron los escoltas los encargados de llevarlos a la escuela y quedarse cuidando la escuela desde afuera "por cualquier cosa".

Rei se había vestido ya para ir a la editorial. A pesar de su miedo no podía mantenerse prisionera en aquella casa, tenía que salir a la realidad. Su pareja no se observaba tan contento con su decisión pero la respetaba, si por él fuera tendría a su familia en una burbuja, pero sabía que eso era imposible.

Esa mañana ambos disfrutaban de su desayuno en silencio, ella bebía su taza de café y él paladeaba sus huevos estrellados con tocino, Rei estaba tan desconcentrada de la realidad que había olvidado reñir a su esposo por haber elegido un desayuno tan grasoso.

Ella miraba en silencio el fondo de su taza y él hojeaba el periódico, frunció el ceño en silencio y lo hizo a un lado intentando ser discreto, no lo logró.

- ¿qué ocurre?- Pregunta Rei Rompiendo el silencio.

- Nada. Es sol que no me interesa seguir leyendo- Dice él.

- Entonces dame el periódico, tal vez encuentre algo que me interese- Pide ella, él lo aleja más.

Rei gruñe y se pone de pie para alcanzar el pedazo de papel, luego de un ligero forcejeo, ella consigue quedarse con el periódico. Lee en silencio y palidece. La nota de otra mujer más encontrada degollada en la carretera víctima de aquel sanguinario asesino eran la primera plana del periódico.

- Una más...-Murmura frustrada.

- Lo atraparán, Rei- Intenta alentar él mientras toma su mano- Te lo prometo.

- No puedes saberlo- reta ella.

- Ya te lo dije. Trabajo en ello, amor. Nada les pasará a los chicos ni a ti- Promete determinante el hombre de ojos azules.

- ¿y cómo trabajas en ello, Darien?- Interroga la mujer de ojos amatista enfurecida- ¿con tu dinero?

Aquel hombre de ojos zafiro intentó decirle algo, pero se detuvo. Detuvo sus palabras y cambió su gesto. Sabía lo que pasaba por la cabeza de aquella mujer que tan bien conocía y luego le regalo una suave sonrisa.

- Confía en mí, Amor. Nada malo les pasará, me encargo de su seguridad.- Dice él mientras abraza y besa la frente de su mujer, ella intenta decir algo, pero termina por abrazarse también a él, lo necesita.

Su momento fue interrumpido por el timbre del teléfono. Él se soltó de mala gana. Ella se acercó curiosa, la persona del otro lado de la línea hablaba más de lo que el banquero lo hacía, su gesto lucía descompuesto, luego colgó y observó a su mujer con evidente preocupación.

- ¿qué pasó? ¿quién era?- Interroga ella.

- Era el Teniente Kobayashi- Murmura él casi en un susurro analizando la reacción de su mujer- Encontraron a otra mujer más...Está viva.

Rei abrió sus ojos tanto como le fue posible y luego de recuperar el aliento articuló:

- Quiero verla

- El teniente imaginó que así sería. Dio autorización para dejarnos entrar a su habitación. Imagino que quieres ir ahora mismo.

- Si, voy por mi bolsa.

Darien suspiró. Sabía perfectamente que su mujer era terca y que no lograría convencerla de no ir, lo único que podía hacer era acompañarla al hospital para asegurarse de que nada le pasara.

Al llegar al hospital les pareció extraño ver tan poco movimiento en aquel lugar, había algunos guardias pero por fuera parecía que todo se llevaba con naturalidad.

Se acercaron al teniente Kobayashi que los condujo a la habitación de la desgraciada víctima. Antes de entrar Rei se detuvo en seco y miró a aquél hombre.

- Teniente, ¿de verdad espera proteger a esta chica con solo dos guardias en la puerta?- Reclama Rei.

- Claro que no, Señora Spencer- Sonríe él- Pero es justo por ello que necesitamos ser discretos con esto. Nadie salvo ustedes y los guardias saben que ésta desafortunada muchacha sobrevivió. No queremos que el regrese a terminar con lo que empezó.

- No lo entiendo- Se extraña ella.

- ¿ve a las personas que están en las puertas del elevador? ¿las que están sentadas en la sala de espera? Son agentes encubiertos. Todo el hospital está lleno de ellos, pero no queremos despertar sospechas.

- Lo entiendo y discúlpeme- Se apena la pelinegra.

- No se preocupe, en su situación puedo comprender...

Rei se sorprendió al escuchar las palabras y miró con recriminación a su esposo que lucía nervioso.

- No, no fue él quien me lo dijo, Señora Spencer- Interviene el teniente- Deme algo de crédito. El sumo interés de su esposo porque atrapemos a ese hombre, su nerviosismo y sobre todo esas cicatrices que usted se esfuerza tanto por ocultar son las que me dieron la respuesta.

- ¿podemos entrar a ver a la chica?- Interviene el pelinegro.

- Claro. Pasen por favor. Ella es Satsu Lee. La única sobreviviente de Il Diavolo hasta ahora, bueno...oficialmente-Aclara el teniente.

- ¿puede darnos algo de privacidad?- Pide el banquero.

- Por supuesto, estaré afuera- Ofrece el teniente mientras sale y deja a solas a aquel matrimonio, Rei se acerca a la chica que tenía el cuello prácticamente cercenado, ella no la mira directamente.

- Hola, Satsu- Saluda Rei a la chica que voltea su cabeza hacia el otro lado- Me llamo Rei.

- Salgan de aquí- Dice la muchacha con dificultad debido a sus heridas.

- No. No nos iremos- Responde seca la pelinegra- Tu y yo tenemos más en común de lo que imaginas, Satsu.

- No veo que puedo tener en común con una señora como usted- Refunfuña la chica llevándose la mano al cuello.

Rei miró a la muchacha clavando sus ojos amatista en los negros de la paciente. Luego retiró su larga cabellera del cuello, mostrando su nuca desnuda a la muchacha que difícilmente llegaba a los dieciséis años.

- ¿usted también?- Se sorprende la chica que la mira sorprendida.

- Si...Yo también, Satsu...Yo también- Confirma la mujer de ojos amatista abrazando a la muchacha que rompió en llanto al contacto de aquella mujer con la que había empatizado.

- Amor, creo que ustedes necesitan hablar a solas- Murmura el hombre de ojos zafiro- estaré afuera, más no lejos.

El hombre de cabello negro salió en silencio dejando a ambas mujeres, pasaron varios minutos antes de que la chica de ojos rasgados pudiera detener su llanto, cuando lo consiguió se soltó de la escritora que se sentó al lado de la cama.

- No eres la única, Satsu- Animó Rei.

- él iba a matarme hoy, si no consigo escapar, él...él...

La muchacha volvió a quebrarse en mil pedazos rompiendo en llanto.

- él no volverá a lastimarte, Satsu- Asegura Rei con seriedad- nadie más volverá a hacerlo.

- Nada puede asegurarlo, señora- corrige la muchacha- Usted lo dice porque es una mujer rica, con familia ¿pero yo?

- No siempre fui lo que ves ahora, Satsu. Si me hubieras conocido antes tal vez no darías un Yen por mí.

- Pero usted tiene una familia. Yo no- Dice la muchachita.

- No te preocupes, Satsu. Todos tenemos una familia, verás que te ayudamos a encontrarla. Volverás con ellos y todo estará bien- Promete la pelinegra.

- ¡No!- Se intranquiliza la muchacha- ¡Con ellos no!

- Cálmate, por favor- Le pide la guapa mujer recostando a la chica de nuevo.

- Más me valía haber muerto- Dice la chica- Mis papás me vendieron cuando tenía ocho años. En china es algo muy natural la venta de niñas por cualquier precio, somos basura, simple mercancía.

- No vuelvas a repetir eso- Regaña la madura señora- Que ellos te trataran así no significa que lo seas.

- Es difícil creer algo así cuan has vivido toda tu vida escuchando lo contrario ¿no lo cree?- Menciona la muchacha, Rei la observa identificando en Satsu algunos rastros de aquella niña que alguna vez fue- Mi madre tuvo cinco hijas, yo la de en medio; Mis hermanas mayores sufrieron mi misma suerte y estoy segura que mis hermanas menores no distaron mucho de ello, no quiero volver a ver a mi familia, más me valía haber muerto.

- No vuelvas a decir eso- Regaña de nueva cuenta la de ojos amatista- En ésta vida podemos tener más de una familia. Tal vez tu familia de sangre no fue para ti lo que debieron, pero tendrás una nueva familia, ya lo verás.

- ¡Por favor! No venga a contarme historias, señora- Pide entre burlas la muchacha.

- En primera, no soy "Señora", Para ti soy Rei y punto. En segunda, Ya tienes una familia, cuando los doctores digan que puedes irte, vendrás con nosotros.

- ¿y su elegante marido lo permitirá?- Pregunta con incredulidad la muchacha.

- Mi elegante marido es un gran hombre, Satsu. Y no rebatirá mi decisión. Con nosotros tendrás un futuro, estarás segura. ¿aceptas?

La muchacha calló un segundo, analizaba el rostro de Rei buscando algo en ella que delatara su maldad, no lo encontró. Una sonrisa sincera se colgó de ambos rostros, luego Satsu asintió. Desde ese momento Satsu se volvió parte de la Familia Spencer, desde ese momento le debió su eterna gratitud a aquella mujer de ojos amatista.

-000-

Pasan dos semanas antes de que los doctores dieran de alta a la joven Satsu. Cuando los doctores dieron su alta se sorprendieron, esperaban que esa muchacha durara al menos un mes hospitalizada, pero al parecer, su buen humor ayudó a que se restableciera más pronto de lo esperado.

Aquel martes por la mañana Rei y su inseparable pareja recogieron a la chica. Satsu jamás había visto casas tan hermosas como las de la zona residencial donde vivía aquel matrimonio. Rei le había contado casi toda su historia, le contó de Darien y de los dos pequeños que tenía, de su editorial y de el miedo que también sentía ella a veces cuando las pesadillas sobre Il diavolo la despertaban. No sabía por qué, pero con aquella desconocida se sentía más en familia de lo que se había sentido con su madre en China.

Aquel lago artificial rodeado de cerezos la hicieron sentir en el mismo paraíso. Ahora podía entender como hacía Rei para alejar sus demonios luego de asomarse por su ventana. La elegante pero discreta casa de los Spencer era impresionante, a pesar de su tamaño podía sentirse como un hogar, un verdadero hogar.

Rei había destinado una de las habitaciones de la planta alta a Satsu, pero ésta lo rechazó. Odiaba subir escaleras y odiaba aun más aquella cama estilo occidental que habían puesto en su habitación.

Fue una de las habitaciones de la planta baja la que hizo a la chica sentirse más cómoda a pesar de la insistencia de Rei, Satsu prefería estar lejos de aquella familia y darle su privacidad aun cuando la pareja insistía en lo contrario.

Los días pasaron, Satsu se fue sintiendo como en casa y finalmente un día pudo despojarse de las curaciones de su cuello, sus heridas físicas habían sanado, más no sus heridas emocionales, las cuales seguían jugándole malas pasadas; Sobre todo en las noches que al igual que Rei hace muchos años despertaba en las madrugadas presa de terribles pesadillas aunque cada vez eran menos frecuentes.

Aquella tarde los chicos Spencer habían regresado a casa temprano, no fueron con la familia Hansford como lo hacían casi siempre. Darien había tenido que ir a una conferencia a Kioto. Como era Jueves no había podido llevar consigo a sus hijos y tampoco a Rei que había regresado a trabajar a la editorial.

A Satsu le llamaba mucho la atención la relación de la señora y el señor Spencer. Jamás había visto a un matrimonio tan enamorado y sobre todo de tantos años. Él había salido desde el lunes por la mañana y regresaría el viernes pero todas las mañanas y todas las noches, puntualmente a las siete marcaba a casa para hablar con su mujer, cuando los chicos estaban cerca los comunicaba por cinco o diez minutos, pero pasaba prácticamente una hora charlando con él. A veces se retiraba a charlar por teléfono desde la habitación y otras tantas lo hacía en la sala o en la cocina. Todas esas veces lucía totalmente enamorada como una adolescente. Satsu no podía evitar preguntarse ¿ese sería el verdadero amor?

Para Satsu una madre jamás fue sinónimo de amor. Su madre la vendió a un tratante de blancas que la trajo a Japón y éste la vendió a un burdel de mala muerte en las zonas de tolerancia de Tokio. Lo mismo había pasado con todas las niñas de su aldea y seguramente lo mismo seguiría pasando.

Rei no era como todas esas madres. Era una madre amorosa, tal vez algo dura y no muy expresiva como la señora Makoto, pero definitivamente adoraba a esos pequeños.

Aquella noche, luego de hacer las tareas de Raymond y charlar un largo rato por teléfono con el señor Spencer, hicieron lo que hacían casi todas las tardes. Se tiraron en la alfombra de la sala con la chimenea encendida a leer.

Las horas de lectura eran tiempos de convivio familiar para los Spencer. Esa noche estaban leyendo la Petición de Danielle "La logia del Caos". Historia que emocionaba mucho a la pequeña Danielle. Satsu no lo reconocería pero estaba igual de emocionada que la niña de ojos azules escuchando la historia desde un sillón.

Rei leía en voz alta poniendo emoción a las cosas:

El rostro de Artemis se crispa de miedo y mientras la mujer de negro con la tiara lunar en su frente escapa por el ducto de ventilación, solo puede gritar con todas sus fuerzas.

-¡CUBRANSÉ!-en el instante en que tanto él como la guardia caen al suelo con las manos sobre su cabeza, y el rey Endymion, escapando de su turbación, reacciona y cubre con su cuerpo el desmayado cuerpo de su esposa, esperando en desenlace. Los escondidos ciudadanos que estaban en la sala gritan aterrados.

-4, 3, 2, 1…-un sonido agudo se escucha por la sala acompañado del trueno de una detonación…

- ¿y qué más, mami?- Interroga Danielle emocionada.

- Y usted, señorita. Va a ir a lavarse los dientes. Es todo por hoy- Ríe Rei mientras la niña hace una rabieta.

- No, Okka-San. Eso no es justo. Dejaste la historia detenida en la mejor parte- Se queja el hijo mayor.

- Lo siento, Ray. Pero ya es tarde. mañana tienen escuela- Recordó ella.

- Solo un poco más, solo hasta que sepamos si explotó la bomba- Pide el chico de ojos amatista.

- Por favor- Suplica Danielle

- No. Saben que no me convencerán ¿verdad?- Aclara la mujer de ojos amatista.

- Al menos te haremos sentir culpable- Se divierte la niña

- Gea Danielle, ¿de dónde sacas esas ideas?- Se indigna intentando ocultar su risa la mujer de cabello negro.

- a veces escucho cuando hablas con papá- Ríe la nena de ojos azules- Por cierto, mami ¿qué es el punto G?

- Este...es un lugar de comida peruana- Responde apresuradamente la mujer de ojos amatista mientras sus mejillas se colorean de carmín- Ahora a dormir.

- ¿ y dónde queda?- Se une Raymond- ¿por qué papá y tu nunca nos han llevado?

-este...es un sitio al que no dejan entrar niños. Ahora, suban a lavarse los dientes- Insiste Rei- Y a ponerse las pijamas y Danielle. No uses la pasta dental para hacer figuras en el espejo.

- Bien...-Bufa la niña.

- Iré con ellos, Señora- Se ofrece Satsu.

- ¡qué dejes de llamarme "Señora" Satsu!- Reniega la pelinegra- eres muy terca, niña.

- Es por respeto, Señora- Aclara la muchacha china mientras toma a los niños de la mano- Vamos, niños. Hora de dormir.

Rei negó con la cabeza. Esa noche estaba muy cansada para discutir con Satsu sobre su insistencia por llamarla "señora" o por su auto imposición a ser la niñera de Raymond y Danielle.

Había estado teniendo problemas financieros en la editorial y eso aunado a que Il Diavolo siguiera libre ocupaban sus pensamientos casi todo el tiempo.

Caminó hacia la cantina y tomó una copa de vino tinto, sentándose en el sofá junto a la chimenea. A pesar de ser de noche su cerebro no descansaba en lo absoluto. Tenía que preparar los uniformes de los niños para el día siguiente, lavar los trastes de la cena y cuando todo estuviera en calma idear una idea para sacar a la editorial de las deudas que había contraído últimamente, la gente ya no leía tantos libros como antes y eso repercutía directamente en el corazón de la Editorial Fénix.

Rei observaba el fuego en silencio mientras jugaba con su copa de vino. Los movimientos oscilantes del fuego la hacían sentirse relajada y pensar...

- Hola, Ragazza- Murmura una voz a sus espaldas- ¿me extrañaste?

Rei brincó del sillón para encontrarse de frente con Il Diavolo. Aquel hombre que le había arrebatado su infancia de un solo tajo, aquél que era el culpable de sus pesadillas desde hace más de quince años.

- ¿qué hace usted aquí?- Interroga Rei buscando algo con qué defenderse.

- Vamos, Ragazza. ¿me hablarás con tantas formalidades luego de todo lo que pasó entre nosotros?- Interroga él con cinismo en un muy mal japonés.

- Aléjate de mí. Maldita basura- Exige ella- Tengo una guardia completa de guardaespaldas en la puerta que entrarán en cuanto yo se los indique.

- Jajaja- Retumbó la risa de aquél hombre en toda la casa- ¿con esos peleles pensabas detenerme? ¡Ragazza, por favor! sono tutti morti. No hay nadie aquí que pueda salvarte.

- No estoy sola, Diavolo. ¡Y ya no te tengo miedo!-Asegura la pelinegra.

- jajaja. Claro que estás sola. ¿o acaso te servirán de mucho esos bambibi tuyos? ¿o hablas de la prostituta que recogiste?

- ¿cómo sabes de ella?- Interroga Rei alejándose a pasos lentos de aquel enorme hombre.

- Solo tú has escapado de mi, Ragazza- Explica Il Diavolo acercándose lentamente a Rei- Esa niña china fue solo el anzuelo.

- ¿anzuelo?- Se extraña Rei mirando a su alrededor con discreción.

- Claro. Ya te había visto antes. En el centro comercial, vi a tu piccolo ragazza. Es igual a ti- Se saborea el hombre bronceado- Pero debía confirmarlo. Sabía que si eras tú no te resistirías a conocer a otra sobreviviente como tu...

- Infelíz- Gruñe la pelinegra tomando el tridente de la chimenea y poniéndose en guardia.

- nunca imaginé que esa basura me facilitaría las cosas. Ahora sé dónde vives y claro, te tengo a mi merced, a ti y a tus bambini- Se saborea el hombre italiano- Carne fresca...Una gran noche.

- Eso no pasará. Primero te mato- Amenaza ella atacando a aquel hombre con el tridente, él se mueve, pero Rei alcanza a cortar su mejilla.

- Eres valiente, Ragazza- Se burla él, pero un nuevo golpe inesperado de ella lo hace caer al suelo.

- ¡Mami!- Se escucha la voz de Danielle desde las escaleras.

- ¡Danielle!- Grita Rei asustada viendo como Danielle, Raymond y Satsu miran asustados desde las escaleras- ¡Satsu, lleva a los niños a su habitación y enciérrate con ellos, no salgan!

- Pero señora...- Intenta argumentar la mujer de ojos amatista.

- ¡Ahora! ¡Y llama a la policía!- Exige Rei, Satsu obedece.

La mujer de ojos amatista da media vuelta olvidándose por un segundo que aquel hombre italiano estaba a sus espalas, tirado.

Al girarse se encuentra con el hombre italiano tirado en el suelo, corría sangre por su boca y ella se acerca para cerciorarse si está vivo o muerto.

- No me matarás tan fácil. Ragazza- Se burla él abriendo los ojos y tumbándola en el suelo, colocándose sobre ella- ¿no te trae esto buenos recuerdos?

- Suéltame, Idiota- Exige Rei mientras forcejea con aquel monstruo. A pesar de haber pasado tantos años, él sigue teniendo las mismas fuerzas de mil bestias- La policía llegará en cualquier momento y te detendrán.

- Entonces vamos a divertirnos antes ¿te parece?- Se ríe aquel hombre con ojos de noche mientras mueve el kimono rojo de la editora.

- Suéltame o te arrepentirás- Amenaza Rei forcejeando con aquella bestia.

Il Diavolo rió pero su carcajada se vio detenida por un gruñido de ¿dolor?

El hombre italiano se quedó en silencio soltando de su agarre a la mujer de ojos amatista para llevarse la mano a la espalda y retirar un pequeño objeto punzocortante.

- ¿pero qué diablos?- Reniega él poniéndose de pie algo aletargado.

- Yo que tú, como buen italiano diría mis últimas plegarias- Lo llama una femenina voz a sus espaldas- Lo que te inyecté con mi cerbanta es el veneno de una de las víboras más letales conocidas hasta ahora.

Il diavolo descubrió que en las escaleras se encontraba una chica vestida de negro, con un pasamontañas cubriendo su rostro y desentonando con su imagen atemorizante unos tenis converse negros.

- jajaja. No me hagas reír, Ragazza. Esto no podría matar ni a una mosca.

Il Diavolo empezó a tambalear tan pronto como cerró la boca. Su visión era doble y se sintió atontado.

- ¿decías algo, "querido"?- Pregunta con maldad la peculiar chica con la cerbanta en la mano.

- Maldita estúpida- Bufó el hombre bronceado mientras se ponía de pie. Sintió como un florero se estrellaba en su cabeza, cuando volteó vio que era Rei la autora material.

- Ahora si te sientes muy valiente, Ragazza- Amenazó Il Diavolo dando un fuerte puñetazo al abdomen de la pelinegra que cayó de rodillas.

- Ey, Diavolo- Lo llamó una nueva voz- Te reto a combatir con alguien de tu tamaño.

Una muchacha ensartada en una armadura de kendo apareció por el pasillo de la cocina. No podía verse su rostro debido al men de su armadura, pero se notaba a leguas que era una mujer la que portaba entre sus manos aquella afilada katana.

- ¿qué diablos?- Se molesta el alto hombre- Tu ni siquiera me llegas al ombligo.

- Entonces será una tarea fácil para ti. ¿no?- Reta con acidez el peculiar personaje.

- Te dejaré jugar con esa Katana. Alguna ventaja debes de tener para poder superar a Il Diavolo- minimiza él.

- Pelearemos en igualdad de circunstancias- Asegura la guerrera arrojando una Katana a los pies de Il diavolo- Por lo que sé eres diestro con los filos.

- piensas en todo, Ragazza- Ríe el italiano recogiendo la Katana del suelo y poniéndose en guardia- En agradecimiento te prometo que no te dolerá...mucho.

Una mueca se dibujó en la boca de la guerrera y pudo escucharse una risa debajo de su men.

Él tiró el primer ataque, como era de esperarse su golpe fue alevoso, intentando degollar a la chica ensartada en su armadura de kendo de un solo movimiento. Para su desgracia, aquella muchacha era bastante diestra en sus reflejos y alcanzó a esquivar el golpe, aunque el sofá de los Spencer quedó destrozado.

- En definitiva no será una pelea limpia- Ironizó la guerrera, de su cuello pendía un collar con un fénix plateado.

- Ésta es una batalla a muerte ¿no?- Reta el alto hombre

- Claro...

La guerrera y el italiano continuaron peleando. Ella era diestra con la katana, pero Il Diavolo no jugaba limpio, ella tuvo que esforzarse para mantenerse a salvo de los movimientos alevosos de aquel criminal. Durante su batalla varios de los muebles de la sala de los Spencer sufrieron la misma suerte que el sillón. Era como ver a David pelear contra Goliat, aun así, "David" había propinado un buen par de golpes a "Goliat".

Rei observaba desde el suelo la batalla, al parecer su brazo se había quebrado durante el forcejeo con Il Diavolo. Seguía sin entender nada ¿quiénes eran esas mujeres?

La mujer de la cerbatana observaba divertida la batalla entre la guerrera de la armadura de Kendo y el hombre italiano. Se había aburrido y había optado por sentarse en uno de los pilares de la escalera y sacar una paleta de caramelo para observar la pelea.

- ¿te diviertes, querida?- Pregunta con ironía la chica con la katana mientras respira con dificultad.

- Un poco- Responde burlona la chica de los converse- ¿acaso necesitas mi ayuda?

- para nada. Me estoy divirtiendo mucho- disfruta tu chupa chups.

La Muchacha de los converse levantó los hombros en señal de desinterés mientras seguía disfrutando de su paleta, algo colgaba de su mano ¿un brazalete con búhos?

En un movimiento decisivo. La chica con el collar de fénix consiguió tomar distancia con Il Diavolo. La suficiente como para prepararse para un ataque certero en el cuello de aquel monstruo que parecía no inmutarse, pero su Katana no logró el objetivo ya que Il Diavolo cayó arrodillado con una decena de perforaciones que lo atravesaban desde la espalda casi al mismo tiempo que el ventanal de la sala explotaba en pequeños pedazos, un borbotón de sangre salió de su boca y el hombre incrédulo cayó tirado al suelo muriendo casi al instante.

La risa malvada de la chica de los converse se escuchó por toda la casa. La de la armadura de Kendo bufó mientras por las ruinas del ventanal entraba una chica vestida de ropa ajustada negra y un antifaz al igual que la muchacha de la cerbanta y la de la armadura de kendo ocultaba su rostro, pero ella estaba ataviada en unas zapatillas altas aleopardadas y un camafeo colgando de su pecho. Una Mark 23 en la mano derecha y una pose increíblemente cínica a pesar de no mostrar su rostro.

- ¡Made!- Reclama la del collar de fénix- arruinaste mi batalla.

- No es por nada, Eboli. Pero estaba empezando a aburrirme de verlos pelear.

- ¿Cómo vas a aburrirte, Made? Apenas y acabas de llegar- Se burla de muchacha de la cerbanta.

- No me ayudes, Hibou pendeja- Se ríe la muchacha del camafeo- ¿acaso crees que es fácil caminar por el pasto con éstos bellos tacones?

- méndiga. Si no es mi culpa que te pusieras esos tacones para venir a trabajar. Yo por eso me vine cómoda- Finge ofenderse la del brazalete de búhos caminando hacia sus dos compañeras, Rei las miraba aun desconcertada.

La chica con la armadura de Kendo descubre sobre la mesa ratona (o lo que queda de ella) la edición especial de "La logia del caos" y sonríe de lado.

- Usted tiene muy buenos gustos, Mon ami- dice la guerrera a Rei mientras la ayuda a ponerse de pie.

- Definitivamente los tiene- Apoya La chica de los tacones señalando en el librero todos los libros de Madeimoiselle Rosseau.

- ¿bueno que ustedes planean quedarse a tomar el té?-Las regaña la muchacha de los converse- Es hora de irnos.

Las otras dos asienten y hacen reverencia. La de los zapatos de leopardo sale con la misma elegancia que la caracterizaba y su Mark 23 en la mano derecha. La Muchacha de la cerbanta salió después de ella negando con el rostro.

Rei dolida de su brazo les llamó.

-Esperen ¿quiénes son ustedes? ¿de qué trabajo hablan?- interrogó la editora.

- El trabajo es algo personal. Confórmese con saber que somos unas buenas amigas suyas- Explica la muchacha de los converse alejando.

- Apurense, babosas- Llamó la del camafeo- La policía no debe tardar en llegar.

- Lamentamos el desorden- Se disculpó la chica de armadura de kendo saliendo por el ventanal que salieron sus amigas, pudo verse que se dolía un poco, seguro debido a la batalla con Il Diabolo.

Rei las vio subir a tres motocicletas Honda Fireblade CBR 100 y desaparecer tal como llegaron.

Sobre el piso aquel hombre que era la materialización de todas sus pesadillas, de todos sus miedos y ahora, finalmente, después de tanto; estaba muerto...

-000-

La paz volvió a Tokio. Con la noticia de que Il Diavolo había sido asesinado a sangre fría por tres matonas a sueldo las personas volvieron a su vida normal; Lo mismo hizo Rei que solo conservó a uno de sus escoltas para ayudarla a trasladarse de su casa a la editorial debido a su brazo quebrado que había sido un daño minúsculo comparación de lo que pudo haber pasado.

Esa tarde luego de llevar a los niños a la escuela e ir a la Editorial decidió hacer algo diferente; Su paz, su tranquilidad ahora que su peor pesadilla se había esfumado era mucha así que decidió compartirla con alguien más.

Pidió a su chofer que la llevara al British Internatinal Bank para hablar de negocios con una persona ahí.

Al entrar saludó a las personas y se dirigió a las oficinas principales donde la secretaria de Darien la reconoció de inmediato y la saludó educadamente.

- Señora Spencer, buenas tardes.

- Buenas tardes. Vengo a ver a Darien ¿está ocupado?

- Para usted jamás lo está- Contesta emocionada la joven muchacha- Pero está atendiendo a unas personas, si le parece en cuanto salgan le digo que usted ha llegado.

- No, por favor- Pide Rei- Quiero sorprenderlo, mejor esperaré afuera, No le digas nada ¿quieres?

- Como usted diga, Señora- Aceptó la muchacha.

Rei se acercó a los sillones más cercanos a la oficina de su esposo desde donde podía verse con quienes se encontraba. Tres muchachas charlaban con él mientras el banquero les entregaba tres cheques, luego de que cada una tomo el suyo sonrieron de lado y se despidieron de él mientras salían charlando.

- De aquí directo comprar mi Porshe- Dice emocionada la muchacha de corta cabellera castaña mientras jugaba con su cheque llamando con su tono de voz fuerte la atención de Rei.

- Buena idea, Iraís- La llama otra chica de lacia cabellera negra que portaba un dije de ¿fénix?- Yo prefiero un Mazda rx8, Con lo que cobramos me puedo dar ese gustito.

- Ah, por favor, Clarina, Iraís. Ustedes no saben disfrutar la vida, babosas. Yo me voy en un crucero a ligarme güeritos y tener sexo desenfrenado.- Se burla una tercer chica de pelo negro y lacio que portaba unas zapatillas aleopardadas y un camafeo.

- A mi me espera alguien en Montecarlo- Confiesa maliciosa la joven de cabello corto.

- ¿y tú, Clarina?- Pregunta con una sonrisa malévola la muchacha de tacones de leopardo.

- Disculpen...-Las interrumpe la mujer de ojos amatista que escuchó su plática.

Las tres chicas la observaron guardando silencio, se veían nerviosas.

- Yo las conozco- Aseguró Rei.

- ¿A nosotras?- Interrogaron con falsa ingenuidad las chicas- Para nada, nosotras solo venimos de paso.

- Tu brazalete...-Toma La mujer de ojos amatista la mano de la chica de cabello corto, observando su brazalete con búhos- Hibou...

- ¿cómo?- Pregunta con voz temblorosa la chica de cabello corto- ¿cómo me llamó?

- Hibou- Confirmó Rei observando el nerviosismo de las tres muchachas- Hibou es "Búho" en Francés, como tu brazalete.

Las tres chicas respiraron aliviadas inventando un pretexto cualquiera para salir corriendo del banco.

Rei negó con la cabeza mientras entraba al privado de su esposo que levantó la vista y sonrió emocionado al observar a su mujer aparecer y caminar hacia él. Ella lo besó apasionada y luego se sentó en su regazo.

- Hola...-Dijo él tras recuperar el aliento- Que sorpresa más agradable.

- Vine a secuestrarte. Tu y yo solamente por el resto del día, Mako se quedará con los chicos hasta mañana- Explica ella con un tono de lujuria en sus palabras.

- MMhhmm. Me parece perfecto ¿y si le pedimos que los cuide el fin de semana?- Ofrece él- Me encantaría llevarte de fin de semana a donde tú quieras, pero solos...

- Me encanta la idea- Apoya ella enredando sus brazos en el cuello de él, acerca su rostro al de Darien para besarlo, pero se detiene- Darien...

- ¿sí?- Dice el pelinegro intentando finalizar el beso que ella interrumpe alejando la boca de él de la suya.

- ¿quiénes eran esas chicas que salieron de tu oficina cuando llegué?- Cuestiona directa.

- Rei. ¿estás celosa?- Rió él intentando desviar la atención de su mujer, algo que Darien usaba con frecuencia cuando no quería hablar de un tema.

- Las tres son chicas muy bellas, no lo puedo negar- Acepta la pelinegra- Pero dudo que sea emocional el motivo que las trajo a cobrar esos cheques.

Darien guardó silencio por un segundo y luego sonrió de lado.

- Tal vez planeábamos hacer un ménage à trois mientras una filmaba- Ríe él al tiempo que ella le da un codazo en el estómago y se pone de pie.

- Qué gracioso, Darien- Bufa ella mientras él tira de su cintura para hacerla caer de nueva cuenta sobre sus piernas.

- Es broma, amor- Aclara él- vinieron a hacer un trabajo especial, pero solo vienen de paso.

Ella observó las pupilas zafiro de su pareja mientras acomodaba los cabellos de su frente, no era necesario decir más al respecto. Ahora lo comprendía todo, aquellas asesinas a sueldo, estas chicas apareciendo en el banco cobrando las cifras escandosas que alcanzó a ver en la chequera del escritorio de su esposo y un Darien renuente a explicarle la verdad. Al parecer en ésta ocasión la justicia tuvo la ayuda de tres asesinas a sueldo pagadas con dinero del British International Bank...

¡Hola!

Les traigo un capitulito más de "La otra mujer" con un regalo más para mis amigas sádicas del fénix clan a las que les debo mucho mucho de lo que en esta historia se cuenta. Ésta es mi forma de agradecerles, chicas.

El fragmento de historia que le cuenta Rei a sus peques es un cachito robado de "La logia del Caos" de "Leonor de Eboli" que a mi me encantó y que les recomiendo mucho. (Clararina, anótame a la cuenta otro copyright :P)

Las obras de Mademoiselle Rosseau no hay que explicarlas mucho. Son los fics de mi amigocha que aun no actualiza pero de la que esperamos que pronto lo haga porque la marquesita y vita la esperan ansiosas y claro, sus nuevos proyectos que serán geniales :)

E Iraís, ahora te estrenas como matona a sueldo. Espero que sea de tu agrado ésta pequeña participación dentro de "La otra mujer" ¿qué tal?

Miss Serena: Gracias por tu Review. Me alegra que te guste a pesar de no ser un "Serena-Darien"

Hikaru: Amiga, de nueva cuenta ¡Bienvenida a Fanfiction!

Diana: Yo también adoro a nuestro Darien, ¿cómo no querer a éste canijo?

Sir Charles ¿qué tal? Fue cortito pero nuestras chicas si que saben darle matarile a la gente ¿recuerdas que te había hablado de éste capitulo? Por fin conoce la luz

Gracias a una personita que me hizo el favor de dejarme Review, aunque fuera anónimo. Espero que ésta historia esté siendo de su agrado, señorita :)

Bien. Amigos y amigas. Es todo por ésta semana. Me retiro a Dormir porque anoche me desvelé un poquito

¡Nos vemos pronto!