Las semanas pasaron, sin demasiadas novedades, algunos planes del director les permitieron pasar bastante más tiempo juntos, durante uno de los desayunos al recibir el correo y ver una carta de Harry y Ron, Hermione sintió un escalofrió en el estómago, una extraña sensación, una sensación de que debía decírselo cuanto antes.

Corrió hacia las mazmorras y tocó la puerta sin saber realmente por que se sentía tan agobiada.

-adelante…

-Severus!

-Hermione! Pasa algo?- el hombre se levantó al verla entrar corriendo.

-debo contárselo!

-que… el que… a quien?

-lo nuestro! A Harry y Ron!... creo que … no se siento que debes saberlo…- Severus se acercó a ella y peinó los rizos castaños hacia atrás pensativo.

-esa decisión es tuya no mía… pero quiero que tengas es cuenta que podrían no… probablemente no se lo tomen…

-no me importa.

-Hermione no quiero que te hagan sufrir por esto… por mí, no sé si deberías…

-quiero hacerlo, quiero saber si realmente siguen ahí para mi… o simplemente se acabo.

-como te hagan sufrir no voy a poder… controlarme.

-podrás.

-no podre.

-he de hacerlo…

-entonces adelante…- Hermione lo abrazó y no tardo en fundirse en un suave beso con él.

-puedo escribir la carta aquí? Contigo?- él asintió e hizo que un trozo de pergamino pluma y tinta volasen hasta su mesa desde un estante. Hermione comenzó a escribir, después se la dejó leer y él volvió a asentir sin mucha expresividad.

-para el señor Harry Potter Osiris…- el cuervo pareció mirar a su amo y Severus le hizo un ademan con la mano. El ave negra salió volando hasta desaparecer entre las nubes.

-Hermione pasó esa mañana ayudando a Severus con algunos ensayos, en un par de día terminarían los exámenes y simplemente no era capaz de concentrarse, al menos eso la tendría centrada. De pronto un ruido se escuchó en la ventana, Severus le abrió la puerta al ave tras levantarse del lado de Hermione, le tendió una carta con la firma de Harry.

-solo espero que ese Potter sienta alguna clase de aprecio por su vida…

-Severus! Espera a que la lea…- el miró por la ventana, dándole una galleta al cuervo el cual grazno feliz. Cuando el hombre se dio la vuelta vio que había dejado el papel abierto encima de la mesa, tenía la mirada perdida y no sonreía.

-Hermione?- el hombre se acercó, lentamente, hasta hacerla levantarse y acercarla a él.

-Hermione…

-Harry dice que lo entiende… pero que Ron no debe enterarse o lo pasaré mal… que…- su voz tembló.

-que…

-que será mejor que dejemos de escribirnos pero que espera que sea feliz…

-maldito demagogo, arrogante, estúpido…- Severus se dio la vuelta furioso.

-no… Severus- él la miró y volvió a acercarse, de pronto el hombre vio en su mirada aquella necesidad de la que le había hablado Dumbledore… ella también se sentía sola… él sabía lo que era aquello, y la quería… no quería que pasase por lo mismo.

-es mejor para mi, es mejor que sepa que ellos no quieres saber nada de mi…

-Hermione…- a voz de él sonó segura, pero ella sintió su miedo.

-Hermione Jane Granger… - susurró… posiblemente por última vez.

-Severus?- la chica no comprendía nada hasta que lo vio bajar a su altura.

-Hermione… Jane Granger… insufrible sabelotodo… - los ojos de Hermione se abrieron por completo- te casarías conmigo?

La pluma callo dejando los ensayos teñidos de verde esmeralda, miró los ojos negros llenos de sentimiento esa vez, llenos de miedo y de valor al mismo tiempo, se levantó y se abrazó a él con fuerza, llorando como hacía tiempo que no lo hacía…

-por supuesto que si… Sí! Si quiero Severus!- él sonrió. Como pocas veces. Sinceramente.


Otra mañana de invierno sentado y corrigiendo mientras aquellos inútiles intentaban arreglar sus desastres, intentos de pociones y mejunjes asquerosos, la vio pasar por la filas, ella era dura también, pero siempre tan dulce… tras unos minutos la clase acabó y ella se acercó a él, besándolo en cuanto el último alumno había salido.

Una de las pálidas manos de él se posó sobre la curva de dos meses que comenzaba a formarse en el vientre de su mujer, de su salvación, de su vida. Y simplemente pudo pensar en lo agradecido que estaba de que ella lo hubiese salvado aquel fatídico día. De poder abrazar a la eterna encapuchada como a una amiga, como iguales, y no como a una obligación.

Ambos caminaron hasta aquella pared de las mazmorras, quizá aquella contraseña que él había elegido no fuese casualidad, eso pensaba siempre Hermione con una sonrisa al escuchar su profunda y grave voz pronunciarla. Quizá cada vez que la susurraba en aquellos pasillos le agradecía lo que pasó en aquella guerra. Volvió a escuchar su voz.

-Ad mortem…

A la muerte…