Dean había decidido no decirle nada a su hermano del accidente de Lindsay, hasta que supieran algo más. No quería que en su estado de semiinconsciencia y con los fuertes dolores que arremetían contra él, se enterara que su novia estaba en apuros. Bobby salió disparado hacia donde estaba ella, con la ayuda de Cass darían con la chica en seguida. Carolina se quedó junto al muchacho, cuidando de él y asegurándose de que su estado no empeorara, mientras Dean buscaba algo que les pudiera servir para acabar con el demonio o por lo menos detenerlo el tiempo suficiente.
Se encerró en su despacho, estaba fuera de si, incapaz de pensar con claridad porque todo aquellos se les estaba yendo de las manos. Había tenido diez años felices, siempre y cuando no pensara que para eso había tenido que morir su hermano. Era lo más egoísta que había pensado nunca y se prometió no decírselo nunca a nadie. Ahora se daba cuenta que quería que las cosas fueran de otra manera. tal vez si Sam no hubiera muerto, podría haberse casado igualmente, ser feliz con Carolina, tener a los niños y Sam podría haber conocido a Lindsay. Los dos podrían haber llevado una vida normal, como cualquier civil.
Se dejó caer en la suya, sabía que se estaba mintiendo a si mismo, pero era más fácil eso que pensar que tenía que elegir entre vivir una tranquila con la mujer a la que amaba y ver morir a su hermano, estar toda la vida con Sam a su lado. No se podía creer que las dos cosas fueran incompatibles.
Pero ahora tenía a Sam con él, podía volver a cuidar de él y si acababan con ese maldito demonio, tal vez ser todos felices no era tan imposible. Tal vez Lindsay y Sam podían casarse y tener niños como habían hecho Carolina y él, tal vez…
Dean jamás había creído en el tal vez, tan solo le servía lo que tenía delante, la realidad que conocía y la que ahora mismo tenía frente a sus ojos era bastante desoladora. Abrió el ordenador, hacía tanto que no había búsquedas para encontrar información para matar demonios, que casi lo había olvidado. Pero pronto se dio cuenta que aquello era para él como montar en bicicleta para el resto del mundo, una vez que lo aprendes, nunca se olvida y en cinco minutos estaba mirando las páginas de diez años atrás. Había libros nuevos, o más bien libros antiguos que habían sido encontrados recientemente, hechizos, conjuros, brujería de todo tipo, pero nada que le fuera útil a simple vista.
La llamada a la puerta lo sobresaltó. "Adelante." Sus dos hijos aparecieron en la puerta, cogidos de la mano y con el rostro descompuesto por el miedo. "Eh, chicos, ¿Qué pasa?" Les llamó para que se acercaran y sentó a cada uno de ellos en una de sus rodillas. "¿Va todo bien?"
"¿El tío Sam se va a morir?" Preguntó John, con un hilo de voz."
"No, claro que no."
"Pero está enfermo, nos lo ha dicho mamá."
"Si, está enfermo, pero entre todos vamos a ayudarle a que se cure enseguida."
"Yo no quiero que se muera." Dijo Elizabeth, mordiéndose el labio como siempre hacía Dean cuando estaba preocupado.
"No se va a morir, mi vida, Sam es muy fuerte, siempre lo ha sido, tendríais que haberlo visto cuando era tan pequeño como vosotros. Se enfrentaba a todo lo que se le ponía por delante sin miedo y sigue siendo igual, todo un luchador."
Levantó la vista al ordenador, había lanzado una pregunta con la esperanza de que alguien le pudiera ayudar y se dio cuenta, que alguien le había contestado. "Chicos, ¿Por qué no subís a vuestro cuarto y le hacéis unos regalos a Sam?, le encantan los dibujos y seguro que cuando se despierte, el encantará verlos."
Los dos niños le dieron un beso en la mejilla y salieron corriendo del despacho. En cuanto estuvo solo, Dean clavó la mirada en el ordenador y leyó lo que aquel extraño le había escrito.
"Necesito saber la forma de acabar con demonio, un antiguo ángel sin las armas apropiadas. Un conjuro, un maleficio, cualquier cosa sería válida."
Había esperado muchas chorradas como respuesta, pero nunca algo como eso.
"Si el equilibrio entre el bien y el mal se mantiene, es posible eliminar los poderes de un demonio con los poderes de un ángel. Uno por otro, el yin y el yang." Estaba más que seguro que eso no le iba a hacer ninguna gracia a Cass.
O –
No había forma de que Bobby se acostumbrara a los saltos de Castiel, siempre le revolvían el estómago, pero no tenía tiempo para coger el coche y llegar hasta donde fuera que estuviera su hija. Se dejó guiar por el ángel y un segundo más tarde de desaparecer de casa de Dean, estaban en mitad de la carretera. Miró a su alrededor y encontró el coche volcado en la parte baja de un terraplén.
Los dos echaron a correr y se arrodillaron junto al automóvil. "¡Lindsay! Lindsay cariño, ya estamos aquí."
Bobby se fijó en el rastro de sangre que llegaba hasta la carretera y se estremeció al pensar en las consecuencias. No podía perder a su hija, no después de haber pasado tantos años ocultándole el mundo sobrenatural y todos los peligros que había más allá de lo que todo el mundo veía. Así no podía pasar, no por culpa de un maldito demonio.
"Está viva." La voz de Castiel le devolvió a la realidad y vio a su amigo sacando lentamente, el cuerpo de la chica de debajo del coche.
Tenía la cara cubierta de sangre y una pierna puesta en una posición muy poco natural, no había duda de que estaba rota. Bobby fue hacia ella y la tomó en sus brazos. Se parecía tan poco a la niña que había jugado entre los coches del desguace de pequeña. ¿Cómo se podían haber estropeado las cosas de esa manera?
"¿Puedes llevarnos al hospital?" Ni siquiera levantó la cabeza de Lindsay para preguntarle a Castiel, temía que si dejaba de mirarla el cuerpo de su hija se desvaneciera entre sus manos.
"Está demasiado débil, su cuerpo no podría soportarlo."
"Entones, habrá que llamar a una ambulancia o tal vez tu…"
"Se trata del trabajo de un demonio, no puedo curar eso, aunque quisiera. Habrá que esperar que los médicos puedan salvarla."
"¿Esperar que los médicos puedan salvarla? Cass, ¿Qué quieres decir con eso?" Preguntó Bobby a punto de perder el poco control que le quedaba y con el teléfono en la mano pidiendo una ambulancia. "Vamos, Lindsay, tienes que aguantar, tienes que hacerlo por mi y por Sam."
De repente, la chica abrió los ojos y protestó a causa del dolor en la pierna. "Papá."
"Estoy aquí cariño, todo va salir bien."
"En el coche hay algo…" Lindsay intentó incorporarse y darse la vuelta hacia la coche, pero no lo consiguió, el dolor era demasiado acuciante en todo el cuerpo y apenas le dejaba respirar, estaba casi segura, que tenía alguna costilla rota.
"Quieta, no te muevas que al final te vas a hacer daño."
"En el coche, busca en el coche, papá. He encontrado algo para detener al demonio."
Bobby lanzó una rápida mirada a Castiel, por nada del mundo iba a separarse de su hija, no hasta que supiera que estaba bien, que se iba a poner bien. El ángel se levantó y fue hasta el coche. El automóvil estaba en una situación horrible, pero se esforzó, le dio la vuelta y abrió la puerta. Miró en el interior, había sangre por todos lados pero tras unos segundos de búsqueda vio unos papeles bajo el asiento de Lindsay. Los cogió y les echó una rápida mirada. Eran una fotocopias de libros antiguos, algunos los conocía, otros no los había visto nunca. Pero en una de las hojas, Lindsay había remarcado una parte en concreto, un conjuro mucho más antiguo que el propio Castiel, algo que sabía que provenía de su propio padre y que servía para detener ángeles y demonios renegados, la forma de quitarles los poderes y castigarlos con la mortalidad de los seres humanos para siempre. Había escuchado leyendas sobre hechizos similares creados por dios, pero jamás había visto uno y había llegado a creer que eran historias para meterles miedo.
Escuchó el sonido de la sirena de la ambulancia acercándose, así que no era el momento de hablar con Bobby de lo que habían descubierto. Sin embargo, Castiel se dio cuenta de lo que aquello significaba para él. La decisión de su vida, la elección que jamás había creído posible tener que tomar.
"Un ángel por un demonio, los poderes de ambos erradicados, borrados por el bien de la existencia. Muerte del ser eterno, vida normal y muerte caminando por la tierra."
