Julio 1978
La realidad la golpeó
Sabia que tenía que hacer
Se levantó de golpe y detuvo a la elfina.
-¡Pinky espera!- la castaña caminó hacia la figura que le llegaba a la cadera.
-¿Si? ¿Necesita algo?- preguntó con sus ojos saltones mas abiertos de lo normal.
-No, ¡si!, si…
Hermione calló. No sabia muy bien como preguntar. Formuló muchas propuestas en su cabeza hasta que finalmente optó por una.
-¿Podrías decirme si conoces a estos elfos…?
-¿Cuáles señorita Granger?- preguntó Pinky entusiasmada por poder ayudar.
-Mas bien… quería saber si la familia Mckinnon, los familiares de los Potter, tenían elfos domésticos trabajando para ellos.
-¡Claro que los tienen!- espetó contenta la criatura- mi hermana Dixie y mi Primo Timothy. Hay otro pero no lo conozco bien. Se llama Xilo.
-Oh, eso está muy bien- Hermione se lamentaba tanto la situación de los elfos, y se lamentaba no poder levantarse con sus principios de liberación de los elfos, pero esto es extremadamente importante.- ¿También conoces a Kreacher?
-¡Por supuesto que si! Es amigo del primo del amigo de Timothy…- explicó muy feliz la elfina. Verdaderamente no entendía por que pero eso no importaba en esos momentos.
-Pinky… si te pido algo… ¿crees poder convencerlos?- preguntó muy nerviosa la castaña. Odiaba darle ordenes a la criatura.
-¿A que se refiere señorita Granger?- preguntó con clara duda Pinky. El tema se estaba poniendo algo incomodo para la castaña.
-Ven, por favor, toma asiento…- rogó la de ojos chocolates encaminando a la elfina domestica hacia una de las sillas de la biblioteca. Hermione no pudo sentarse, estaba muy nerviosa. Caminaba de un lado a otro. Tal vez lo que le pida a Pinky le causaría muchos problemas y controversias para con sus amos, los Potter, pero realmente necesitaba su ayuda.
-Pinky, necesito que me escuches con mucha atención.
-Pinky obedece. Pinky ayuda- sonreía de oreja a oreja, las cuales eran muy grandes.
-Pinky, necesito que hables con Dixie y con Timothy, y también con Xilo si es necesario. Diles que no pueden despegarse de sus amos.
-¿Por qué?- preguntó con curiosidad la elfina, como si le estuvieran contando un cuento.
-Algún día… probablemente hasta mil novecientos ochenta y uno, pero mas vale prevenir que lamentar, ¿no?- la pregunta fue retorica pero la elfina asentía con consentimiento a lo dicho- en fin… algún día, alguien intentará matarlos… y debes de pedirles a los elfos que cuando esto suceda, deben sacarlos de su hogar, lo antes posible.
-¿Apareciéndose?
-¡Si! Así…- Hermione entristeció ligeramente al recordar a Dobby, pero no podía pensar en eso ahora.- necesito que hables con ellos. Mañana partiremos por unas horas con los Weasley. Debes ir al hogar de los Mckinnon y hablar con ellos. Debes hacerlos jurar que protegerán a sus amos… Pinky, asegúramelo.- rogó la castaña con ojos llenos de emociones.
-Claro que si, señorita… mañana iré a hablar con Dixie y Timothy. También con Xilo.
-¿Puedo pedirte guardar el secreto de los señores Potter? No creo que te pregunten pero por si acaso…
-¿Esto es para proteger a la familia de mis amos?- Hermione asintió- entonces si.
-Gracias Pinky… ahora el tema de Kreacher.
-Es muy enojón.
-Si, lo se…- Hermione rió por el comentario. Ella misma lo pensaba.- tal vez, lo que te pida con el es mas complicado…
-Dígame señorita.
-Necesito que hables con Kreacher… que le hables de su amo Regulus. Dile… que algún día, el joven Black le pedirá que lo acompañe a una cueva. Así dile, que una cueva… que será durante mil novecientos setenta y nueve. Pídele que te informe en cuanto le pida eso. Oblígalo a que te lo prometa. Dile… que sino su amo morirá.
-¿Morirá?- preguntó asustada la elfina.
-No si nos lo dice… así lo podremos salvar.
-Cuenta con mi ayuda, señorita Granger.
-Gracias Pinky… entonces ya sabes.
-Así es… Kreacher y la familia Mckinnon.
Principios de Octubre 1978
Todos estaban estáticos. Fueron apenas hace unos segundos en los que habían posado sus miradas sobe la rubia familia.
-¡Charis!-¡Marlene!- gritaron al mismo tiempo Charlus y Lily, respectivamente.
No tardaron en levantarse y correr al lado de sus seres queridos. El resto de los residentes, simplemente se quedaron de pie muy sorprendidos como para reaccionar.
Marlene tenía un gran corte en el brazo que dejaba escapar un poco de sangre, pero nada grave, y una ceja partida que había dejado un delgado rastro de líquido rojo. Llevaba roto su pantalón y el cabello hecho un verdadero desastre. Se veía, no cansada, no asustada, mas bien irritada. Robert, el padre de Marlene, tenia unos rasguños en el rostro pero nada mas. Su túnica muy desacomodada y le faltaba un zapato. Se veía muy cansado. Charis, estaba temblando ligeramente mientras abrazaba a su hijo menor, nombre que Hermione no conocía, pero ambos se veían bien.
-¿Qué sucedió?- preguntó Charlus acercándose hacia su cuñado.
-Mortifagos y el mismísimo lord Voldemort- dijo en un tono de no creérselo ni el mismo.
Lily y Dorea jadearon de la sorpresa.
Rápidamente, la madre Potter, los guió a los sillones para acomodarlos y empezar a curarlos, empezando por la hija, que era la que mas sangraba.
-¡Pinky!- gritó Dorea y de repente su elfina apreció junto a ella.
Los enormes ojos de Pinky se abrieron aun mas ante la escena. Veía de sus familiares elfos, a los miembros de la familia Mckinnon para después parar sobre los ojos asustados de Hermione.
-Por favor… trae escancia de díctamo y un poco de hidromiel para Jonathan.
Con que así se llamaba el hermano menor de Marlene. Eran muy parecidos. Los mismos rasgos pero en masculino. Incluso los mismos ojos, que eran como los de su madre. Azul muy claro. Debía de tener unos ocho o nueve años máximos.
-¿Qué hacia Voldemort en tu casa?- preguntó Dorea viendo a Robert.
-No lo sabemos… los Mortifagos dijeron que habían ido a matarnos. Empezaron los hechizos cuando nuestros elfos domésticos nos sacaron de ahí. Fue extraño, estábamos en-
Hermione apagó todo el sonido. No era posible. Esto no debería de estar sucediendo. Aun no al menos… faltaban años para que mataran a los familiares de James. Los eventos… se estaban alterando. Hermione comenzaba a perder el control en su interior pero la imagen que presentaba a los demás era de una bruja algo conmocionada por los eventos, pero tranquila. Su interior gritaba en terror. No… no podían estar cambiando los sucesos así de drástico. Su respiración se comenzó a agitar. Su piel emanaba pequeñas gotas de sudor en su nuca y en las palmas de sus manos… la voz de Moody resonó en su cabeza, como hace un año.
«Marlene Mckinnon, asesinada dos semanas después de haber sido tomada la fotografía. Voldemort borró del mapa a toda su familia...»
¡Ni siquiera habían tomado la fotografía de la orden del Fénix! Hermione sentía presión, sentía miedo. Si los eventos comenzaban a cambiar… tal vez intenten matar mañana a los Potter… o tal vez jamás. Pero no lo sabia.
-Hermione, ¿estas bien?- preguntó Sirius haciéndola salir de sus pensamientos. El próximo auror estaba a su lado, con los brazos en los hombros de la castaña, en una forma que se veía muy incomoda.
-Si… es solo que… un poco nerviosa… no es nada- Sirius asintió ante la respuesta entrecortada por parte de su bruja, pero en sus ojos vio el miedo que sentía. No dijo nada. No era el lugar.
Hermione regresó la vista al padre de los Mckinnon, que apenas estaba terminando de contar detalladamente la cronología de los suceso ocurridos en su hogar.
-… Finalmente, después de que pararon con el hechizo, llegó Xilo con los demás. Nos tomaron y nos sacaron de ahí. Xilo… se quedó para distraerlos… seguramente…
Hermione se tensó al escuchar las palabras del alto señor rubio. Sin poderlo evitar, las lagrimas se formaron en sus ojos y comenzaron a caer por sus mejillas. No necesitó que terminara la frase para entender a que se refería. Todos levantaron la mirada para observarla. A esto, la castaña colocó las palmas de sus manos sobre su rostro para que no la vieran llorar… algo así.
-¡Hermione!- susurró Sirius mientras la abrazaba- todo estará bien… están bien.
Hermione sabia que todos ahí presentes creían que la castaña lloraba debido a lo sucedido, pero la verdad es que lloraba al sentirse culpable. Culpable de haber mandado a una criatura que merecía ser libre a morir. Se sentía responsable de su muerte. Sirius siguió consolándola hasta que se calmó lo suficiente como para dejarla sentada en el sillón que habían estado ocupando mientras jugaban ajedrez y se iba a prepararle un té para que se tranquilizara.
Marlene estaba sentada con Lily de brazos cruzado y claramente enojada. James conversaba con Charlus y Robert mientras que Dorea ayudaba a Charis a calmar a Jonathan que después de ver a Hermione llorar, se había puesto a llorar también, evidentemente asustado por lo que le acababa de pasar.
-Te lo juro Lily… lo mataré- estaba roja del enojo la rubia. Estaba conversando en susurros con la pelirroja para no molestar a los demás.
-Vamos Marls… relájate- la calmaba en susurros la señora Potter.
-¡No me puedo calmar Lily!- gritó en un susurro que iba dirigido solo para Lily pero que fue escuchado por todos. La ignoraron.- que me ataque a mi es una cosa… pero, ¿Jonathan? Solo tiene nueve años… es un niño.
-A ya-sabes-quien no le interesa si es un anciano, auror o niño… creo que no le importaría matar a un bebe- Hermione levantó la vista con profunda tristeza… si tan solo Lily entendiera sus propias palabras…
-Aquí tienes, amor- el te que le llevó Sirius sabía extraño.
-Creo que se te pasó el azúcar, Sirius- dijo Hermione mientras que tomaba unos buenos tragos de la pequeña taza. Sirius solo sonrió.
-¿Cómo te sientes?- preguntó mientras la abrazaba y la atraía hacia el.
-Mejor…- y era la verdad. Seguía alterada pero ya estaba mas controlada. Por dentro y por fuera.
-Me gusta escucharlo.
Los parpados de Hermione comenzaron a pesar. Quería dormir… tenia la enorme necesidad de cerrar los ojos y dormir. Descansar por horas. Su mano comenzó a aflojar el agarre de su taza, la cual tomó Sirius antes de que cayera al piso. Su cuerpo se aflojó y se enterró mas al cuerpo de Sirius. Sabia muy bien esta sensación…
-Black- trató de regañar la castaña pero ya se estaba yendo al inconsciente.
-Lamento haberte dado poción del sueño, amor… pero debes descansar…
Hermione sintió la gran necesidad de abrir los ojos. Así lo hizo. Estaba obscuro. Reconocía el techo. Era el techo de su habitación en la mansión Potter. Extraño. No recordaba como había llegado ahí. Miró hacia abajo. Traía su ropa. No se había puesto la pijama. Ni siquiera de había metido entre las sabanas. Simplemente tenía una ligera cobija sobre ella. Se sorprendió. Ahora si no entendía nada.
Un ligero ronquido a su izquierda la hizo levantar su vista asustada pero su expresión se relajó al ver al mago. Había muy poca luz en la habitación. La luz que entraba por la ventana proveniente de la luna, y una vela encendida sobre su buró. Pero podía verlo muy bien.
Junto a su cama, había una silla grande. El respaldo era alto y los antebrazos era amplios. La silla era de un color lila con detalles dorados. Hermione estaba poniendo atención en el mago que dormía plácidamente en esta.
Sirius estaba con la cabeza inclinada hacia atrás, con mechones de su cabello sobre su rostro y los labios ligeramente abiertos. Su torso estaba recargado pero ligeramente torcido. Seguramente amanecería con un dolor de espalda. Sus brazos descansaban sobre el antebrazos correspondiente del sillón. Hermione alcanzó a ver un pergamino en su mano. Estaba arrugado y lo agarraba con fuerza. Hermione se preguntaba por qué. Sus piernas estaban… separadas. Las rodillas se encontraban lo mas lejos posible de la otra. Una pierna estaba estirada y la otra estaba flexionada. Hermione estaba segura… escucharía al mago quejarse durante todo el día de dolor de espalda.
Hermione notó algo… algo extraño. Sirius tampoco llevaba pijama, estaba vestido. Pero no era la misma vestimenta que llevaba durante el día.
-Sirius- susurró la castaña mientras giraba sobre la cama y se colocaba en su costado. Sus manos se aferraban a la cobija.
El peli negro no contesto. Ni siquiera se movió. Hermione decidió intentarlo otra vez.
-Sirius- susurro aun mas fuerte. El oji gris simplemente dejó escapar un largo ronquido. Hermione abrió los ojos en sorpresa pero rió ligeramente.
-¡Sirius!- dijo ahora si mas fuerte pero no lo suficiente como para despertar a alguien en otra habitación.
-¿!Que- preguntó sorprendido el pelinegro, enderezándose rápidamente en la silla con ojos muy abiertos debido a la sorpresa y la boca continuaba estando ligeramente entre abierta. Su cabello se movía junto con el, que volteaba a todos lados tratando de ver en donde estaba. Cuando por fin se dio cuenta y vio a la castaña observándolo se relajó en la silla y paso la mano que no tenía el pergamino sobre su rostro.- Mione…
-Sirius- volvió a decir muy sonriente la castaña. Eso fue divertido.
-¿Como estas?- preguntó con tono cansado y los ojos entrecerrados.
-Bien… descansada- dijo muy aliviada. Su cuerpo se sentía ligero y su mente estaba despejada. Recordaba perfectamente que había sucedido hace… ¿hace cuanto exactamente?- ¿Sirius? ¿Cuánto tiempo llevo dormida?
-Una eternidad si a mi me preguntas… pasar un día entero en esta silla no es tan cómodo como parece. – comentó sin mirarla mientras sobaba su cuello y cerraba sus ojos fuertemente.
-¿Un día? ¿llevo todo un día dormida?- preguntó impactada sentándose en la cama, apoyándose en sus palmas, que estaban sobre el colchón ligeramente detrás de ella.
-Si…- sonrió de lado el pelinegro viéndola divertido.- puedo decirte que de vez en cuando dejabas escapar un ronquido o dos…
-¡Yo no ronco!- espetó ella mas asustada y avergonzada que enojada.
-Eso dices tu, por que no te escuchas mientras duermes…- dijo apoyando sus codos en sus rodillas y acercándose a ella con una mueca divertida.
-¡Que yo no roco, Black!- gritó ella mientras le lanzaba un cojín a su cara.
-¡Hey-
-¡No fue tu brazo de bateador, así que cállate!- rio la castaña ante los ojos blancos del pelinegro.
-¡Pero esta es mi arma mortal!- exclamó mientras moví su mano libre frente a su rostro en círculos, para dar énfasis a su "arma mortal".
-¡Ya quisieras, Black!- reía la castaña mientras doblaba sus rodillas y las atraía a su pecho para envolverlas con sus manos.
-¡Oh vamos! A ti te mató- le giñó el ojo y Hermione quedo con los ojos en blanco.
Mejor no dijo nada y simplemente rió negando con la cabeza algo avergonzada. Obviamente la mataba… peor el no se enteraría de eso. Agradecía mentalmente a la obscuridad que prevenía que Sirius viera su rojez. Decidió cambiar de tema.
-¿Qué es eso?- preguntó levantando su mentón para señalar el pergamino que tenía Sirius en la mano. El pelinegro siguió su mirada y se quedo mirando la carta fijamente. Hermione en ese momento se dio cuenta de que tal vez no debía de haber preguntado.
-Me la mandó mi prima Andrómeda… ¿Sobrina de Pandora?- trató de hacerle entender de quien se trataba- extraño, ya que es mucho mas grande que ella pero ese no es el punto… llegó esta mañana.
-¿Y… que dice?- preguntó muy nerviosa
-Mmm… - dudó el heredero Black- la verdad no mantengo mucho contacto con mi familia, ni siquiera con Andrómeda… pero me informó de algo que pasó en la familia.
Regulus.
Ese fue el primer pensamiento de la castaña… los Mckinnon habían sido atacados mucho antes de tiempo, tal vez las acciones de Regulus también han sido modificadas. Su corazón comenzó a acelerarse y rogaba por que Sirius no se diera cuenta.
-¿Pa-Pasó algo malo?- preguntó jugando con sus dedos y evitando la mirada de su novio. Si eran verdad sus suposiciones… no sabría que hacer. Habría fallado.
-Mi padre… falleció. – Hermione se arrepintió en cuanto dejó escapar un suspiro de alivio bastante alivio. Sirius la miró extrañado.
-¡No…! Yo.. e… lo siento… es que… pensé… ya sabes, que … iba a ser… algo mucho… ¿Peor?- su rostro estaba rojo de la vergüenza y la incomodes. Era casi como cuando comenzaron a convivir en quinto año en Grimmauld Place. Hermione dudaba mucho al hablar con el adulto ex convicto… la ponía nerviosa y hablar así. Como lo hacia ahora.
Sirius rio.
-No tienes por que disculparte, acepto que yo también pensé que iba a ser algo peor…
Hermione se puso a pensar. Sirius una vez le había dicho que su padre había muerto poco después que Regulus lo hiciera… pero si Regulus estaba aun con bien y en Hogwarts… por que suponía que estaba en su sexto año… ¿por qué murió y por que ahora?
-¿Cómo murió?- preguntó con ojos muy abiertos la de ojos chocolates.
-No lo dice muy bien- Sirius levantó la carta para volver a leerla.- simplemente que falleció… espero que haya sufrido-
-¡Sirius! Tal vez lo odiabas pero es tu padre…- lo regañó la castaña. Sirius sabía de lo que había pasado con sus padres así que ya no dijo nada. Simplemente la miró. Vio como la castaña se relajaba y recargaba su espalda en la cabecera de su cama.
-¿Cómo está Marlene y su familia?- cuestionó la castaña sin mirar a su novio.
-Mejor… algo asustados, principalmente Charis… Marlene, te la puedes imaginar…
-Furiosa
-Furiosa
dijeron ambos al mismo tiempo causando que soltaran una ligeras risitas.
-Me alegra que estén con bien- y con vida pensó la castaña. Sirius pudo ver la felicidad y el alivio en sus ojos. Era bueno que se encontraran sano, pero no entendía por que tanto el alivio de su novia. No le dijo nada.
Sirius se levantó se su silla y rodeó la cama de Hermione para dejarse caer sobre el espacio libre junto a ella. Fue tal la fuerza del pelinegro que el cuerpo de Hermione rebotó ligeramente sobre la cama. Ella seguía con la espalda recargada en la cabecera y las piernas flexionadas. Sirius en cambio tenia las manos detrás de su cabeza y las piernas estiradas. La observaba divertido y enamorado.
-¿Qué crees que haces?- preguntó con una ceja levantada la de ojos chocolates.
-Pues… creo que es justo que después de pasar veinticuatro horas en esa incomoda silla, merezco un descanso en una cama.
-Tienes tu cama, Sirius – la castaña se cruzó de brazos y lo dijo con un tono de sabelotodo.
-Pero la tuya es mucho mas comod—la palabra del oji gris se cortó cuando este giró y quedó con la cara enterrada entre los cojines. Dejó de moverse.
-¿Sirius?- preguntó ligeramente irritada la castaña.
No hubo respuesta.
-Sirius- dijo ligeramente mas fuerte mientras le picaba las costillas con su dedo. Sabia perfectamente que estaba despierto, pero si actuaba como dormido, ella no tendría mas opción que dejarlo dormir ahí.- ¿qué quieres para tu cumpleaños?
Como por arte de magia, el peli negro brincó para sentarse frente a la castaña. Hermione rió al ver su cara de niño pequeño.
-¡Que bueno que lo mencionas!
-¡No! Ahora que tengo tu atención, puedes pasar a retirarte y dormir en tu propia cama- dijo Hermione con una sonrisa en sus labios mientras apuntaba a la puerta.
-¡Pero allá es muy solo!- señaló como niño pequeño, con su forma única de señalar: con dos dedos. Hermione rodó los ojos.
-Si tu no te vas, me iré yo- refunfuñó la castaña.
-¡Hermione!- reprochó Sirius frunciendo los labios.
-¡Sirius!- imitó divertida la castaña mientras dejaba ver su dentadura en una amplia sonrisa.
-De verdad que no eres divertida-mascullaba Sirius por entre sus dientes mientras se ponía de pie y se dirigía hacia la puerta. Hermione lo veía con los ojos abiertos al igual que su boca- no se como me enamoré de ti.
Hermione alcanzó a lanzar uno de sus cojines rumbo al pelinegro que se dio cuenta y rápidamente, mientras reía, cerraba la puerta haciendo que la esponjada forma chocara con la puerta en vez de su objetivo. Sirius abrió la puerta y metió su cabeza para sacarle la lengua a su bruja, para desaparecer una vez mas.
-… feliz cumpleaños a ti…- terminaron de cantar todos. Sirius se encontraba en la cabecera con un gran pastel frente a el.
Todos estaban presentes, por que Sirius así lo quiso.
Las chicas y los chicos, los Prewett, los Weasley, los Mckinnon. Todos. Estaban aplaudiendo con mucha alegría por el cumpleaños numero veinte del heredero Black.
-¡Ahora los regalos!- exclamó con una mirada maliciosa.
-¡Sirius!- lo reprendió la castaña, que se encontraba a su lado.
Todos rieron ante la escena.
-Tenías que conseguirte a una mandona- rió James al odio de su mejor amigo.
-¡James!- regañaron Lily y Hermione, que habían escuchado al animago. Ambos pelinegros miraron a sus brujas con mirada de disculpa e inocencia.
Los regalos comenzaron a abrirse. Una escoba por parte de Dorea y Charlus, un set de pociones por parte de Remus, que se había unido con Marlene y Dorcas para comprarlo. Los Mckinnon simplemente lo felicitaron, al igual que los Prewett. Lily y james le regalaron unos libros de tácticas de duelo muy interesantes. ¿Libros? Eso de tener una esposa come libros esta afectando a James. Pensó Sirius pero aun así estaba muy agradecido y se prometía leerlos. Al menos la contraportada. Los Weasley le habían regalado un suéter que tejió Molly. Era rojo con una gran "S" dorada. Hermione no pudo evitar soltar una risotada que fue desentendida por todos los presentes. Algunas cosas nunca cambian. Alice y Frank le dieron un juego de ajedrez mágico, que Hermione observó con desaprobación.
Finalmente, Hermione le dio su regalo.
Sirius muy emocionado comenzó a abrirlo, bajo la mirada expectante de todos.
Cuando el papel estaba por el suelo, Black soltó una risotada parecida a un ladrido.
-¿Qué es?- preguntó curiosa Alice mientras se ponía de puntitas y estiraba su cuello tratando de alcanzar a ver lo que tenía el pelinegro en sus manos.
-Veo que algunas cosas no cambian.-Sonrió Sirius.
Sirius dejó en la mesa la bolsa de caramelos que le había dado Hermione y se levantó a abrazarla.
-Que mal reglo Hermione- exclamó James con un poco de decepción en su mirada. Esperaba algo mas… diferente, simplemente diferente.
-¡James!- regañaron Lily, Dorea y Remus al mismo tiempo.
Hermione simplemente rió abrazando a su novio. Los demás no entendían pero ellos si. Lo mismo le había regalado el año anterior. Los mismos caramelos que siempre comían durante sus conversaciones en la ventana de aquel pasillo abandonado de Hogwarts. Era algo especial para ellos. Para los demás simplemente eran dulces.
-Feliz cumpleaños Sirius- susurró la castaña de la misma manera que lo había hecho hace exactamente un año. La diferencia, es que ahora lo besó.
Diciembre 1978
Faltaban unos días para navidad. Dorea estaba algo alterada mientras hacia los preparativos para la pequeña cena que tendrían en su casa. Irían todos los que fueron al cumpleaños de Sirius, además de unos compañeros del trabajo de Charlus, y si estaba disponible el mismísimo Dumbledore.
Hermione estaba sentada en la cocina con Dorea, que preparaba el menú para la cena. Estaba con un pergamino entre las manos con varios platillos y postres. Hermione conocía algunos, pero no a todos. Al fin y al cabo, en Hogwarts, simplemente comía, no el preguntaba a nadie por los nombres de los platillos.
Hermione Leía con cuidado la carta que le había llegado esta mañana. Era del profesor Dumbledore. Le estaba poniendo nerviosa las palabras del director. Leyó una vez mas el documento.
Señorita Granger.
Espero que se encuentre bien en el hogar de los Potter. Creo que entenderá, que después de lo sucedido con Voldemort hace unas semanas, me he puesto a pensar en su… situación. Se que estará de acuerdo cuando le digo que algún día, sus amigos sabrán que les ha estado mintiendo, en especial el señor Black. Incluso me atrevo a decir, que el hecho de mentir será peor que su origen. Tendrá que decirles la verdad tarde o temprano. En épocas como estas, nuestra fortaleza son los amigos. Utilice los suyos. Ellos la ayudarán a vencer.
Atentamente.
Dumbledore.
-¿Te encuentras bien cariño? Estas algo pálida- le preguntó Dorea observándola por sobre su pergamino.
-Perfecta- contestó. Demasiado rápido. Dorea la ojeó un segundo y regreso su mirada a el menú para tomar su pluma y tachar varias cosas.
Ambas brujas levantaron la mirada de sus pergaminos para ver a Charlus entrar por la puerta que daba al jardín.
-Buenas noches, familia- sonrió el padre de James dándole un beso en la mejilla a su esposa- Hermione… deberías dormir, te ves cansada.
Hermione sonrió. Imaginaba como se veía… ambos ya habían mencionado algo acerca de su imagen.
-¡Llegamos!- exclamaron James y Sirius al mismo tiempo mientras entraban por donde había entrado el señor Potter.
-¡Hermione!... ¿cómo es que siempre que llegamos, tu ya estas aquí?- preguntó muy cansada la pelirroja mientras que se sentaba junto a la castaña.
Hermione dobló la carta y la guardó en la bolsa de su túnica.
-Llegué hace apenas unos minutos…- sonrió la castaña mientras abrazaba a su novio y le daba un pequeño beso en la mejilla.
-El entrenamiento, fue ¡Mortal!...- suspiraba cansado Sirius. Hermione simplemente sonreía de oreja a oreja.
Todos los que estaban en la cocina pararon un segundo al escuchar que alguien tocaba la puerta principal.
-¡Pinky!- la elfina apareció con una sonrisa y ojos saltones- ¿Podrías abrir la puerta por favor?
-claro, señora Potter.
La elfina salió campante por la puerta que daba al recibidor. Todos esperaron en silencio hasta que llegara la criatura a anunciar quien había ido a esas altas horas de la noche.
La puerta se abrió de repente y entró Pinky aun muy sonriente.
-Lo buscan, señor Potter.
-¿A mi?- Pinky asintió
-¿Quién podría ser a esta hora, Charlus?- preguntó Dorea sin levantar la mirada que había fijado una vez mas en el ya revisado menú.
-No lo se… iré a ver.
Charlus comenzó a caminar y dejó la puerta entre abierta detrás de el. Perfecto. Así podrían escuchar de quien se trataba.
-¡Charlus! Perdona la hora…- la voz… Hermione la conocía.
Sin poder detener sus impulsos, se levantó de la mesa y abrió la puerta. Cuando salió de la cocina al recibidor, alcanzó a ver la espalda de Charlus, tapando a cualquier persona con la que hablaba.
-¡Nada! Eres bienvenido a todas horas en mi hogar- comentó Charlus ladeando la cabeza, dejando a Hermione ver una cabellera larga platinada.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
-Que amable…- la voz.
-¡Por favor! ¡Pasa! ¡pasa!- Charlus se hizo a un lado.
Ojos grises y chocolates se unieron.
-¡Usted debe de ser la señorita Granger! es un placer conocerla por fin- y Lucius Malfoy sonrió con malicia.
